LAS HUMANIDADES X: sobre la Religión Perenne y Universal de los utópicos

FeatheredSun

 

Siguiendo la línea del capítulo anterior, podemos añadir que Olives realiza una síntesis de su visión de la religión en el capítulo de “La ciudad cautiva” dedicado a la Utopía de Tomás Moro.  Su sintonía con este autor (que forma parte de la corriente más clásica y ortodoxa del humanismo platonizante del Renacimiento[1]) queda patente desde el primer instante: representante de la  «teología platónica»[2] -o de «filosofía mística»[3]-, demuestra que el humanista va mucho más allá del racionalismo o del idealismo y que adquiere un compromiso tan grande con la Verdad, con su interiorización y vivencia, que es capaz de ofrecer su vida por ella[4].

 

Este santo patrono de políticos y gobernantes recoge en su obra un sentido superior de la religión[5] y describe, con detalle, una religión ideal y perfecta, “concebida por la Academia platónica de Florencia, que filosóficamente pone los fundamentos de la naciente Europa.  A pesar de ciertos rasgos aparentemente heterodoxos, se la debe considerar una religión «católica», en el sentido de que conecta con principios verdaderamente universales y conformes a la doctrina tradicional”[6].

 

Esta visión moreana de la religión (punto de encuentro entre el cristianismo, la teoría platónica y el resto de la sabiduría ancestral de Occidente[7]), que coincide esencialmente con la de Olives (aunque éste amplía su comparatismo a las tradiciones orientales), pivota sobre dos goznes que trataremos a continuación:

 

  1. El reconocimiento de la unidad esencial entre virtud y placer (y la revalorización de éste último, la voluptas)
  2. La idea de la religión Única y Superior, de la coincidencia esencial y metafísica que subyace a todas las grandes religiones y filosofías espirituales de la humanidad.

 

El cristianismo que propone Tomás Moro, a diferencia de la vivencia vulgarizada del mismo que se impone entre sus contemporáneos, reconecta su tradición religiosa con la voluptas de los epicúreos, con idea de placer[8].

 

Pero –aclara Olives- se trata de los goces del alma (animi voluptates, que satisfacen planamente el espíritu del hombre), no de la voluptuosidad o lujuria propias del vulgar hedonismo[9] y que son consideradas un vicio, una peligrosa perversión del placer sensible.  El goce sensual no es, para Moro, más que un bien relativo que debe ser ordenado[10], un punto de referencia para acceder analógicamente, platónicamente, mediante la hermenéutica simbólica, al placer en sí: al goce espiritual, a la sabiduría metafísica que persigue el humanismo clásico-tradicional[11].

 

Este «hedonismo espiritual»[12] propio de los humanistas cristianos, hace de la religión una guía para la más placentera de las vidas, tanto en este mundo como en el más allá.  Partiendo de que la creación del mundo y del hombre es un acto de desbordamiento de amor por parte de Dios, una irradiación gozosa de su Bondad y Hermosura tendente a la felicidad de la criatura, ponen más énfasis en la experimentación del placer espiritual que en la ascesis (a la que en ningún momento desestiman sino que incluyen como medio), en el poder transformador de la experiencia como práctica de desarrollo de la personalidad y de religación con la divinidad[13].

 

Para este humanismo cristiano, la virtud –que consiste en la fuerza interior que permite vivir en sintonía con la naturaleza[14]– no es un fin en sí misma sino que desempeña una función subsidiaria: es un medio para llegar a la felicidad, estado natural del alma para el que hemos sido creados.  Fruto de esta armonía con la naturaleza surge el auténtico placer que acompaña a la virtud, “el movimiento o estado del alma o del cuerpo[15] donde nos complacemos guiados por la naturaleza”[16].

 

Sin embargo, este acceso a la divinidad, a la Verdad, a la Felicidad, al Gozo, a lo Bueno y Bello, no es –en opinión de los humanistas- exclusiva de una época o religión.  Aunque generalmente se haya pasado por alto, pertenece al núcleo intelectual de las grandes tradiciones espirituales de idea de la «religión Única», de la coincidencia esencial y metafísica que subyace a todas las grandes religiones y filosofías espirituales de la humanidad.

 

En este sentido, Olives menciona la religio vera de la que habla San Agustín, el sanathana dharma del hinduismo, el akalika dhamma del budismo therevada, la philosophia perennis et universalis medieval, las doctrinas islámicas del tasawwuf, la Doctrina de la Unidad de Ibn Arabí, la perennis quaedam philosophia de Leibniz, la Tradición Primordial de Guénon y Coomaraswamy, la Perennial Philosophy de Huxley y, mediante una extensa cita, la síntesis que de esta idea hace Nicolás de Cusa, cardenal y humanista católico: “Hay pues una sola religión y un solo culto para todos los seres dotados de entendimiento, y esa religión se halla prepuesta a través de la variedad de ritos.  Tú has enviado a las diversas naciones diversos profetas y maestros, unos en tiempo, otros en otro tiempo.  Mas es ley de la condición de los hombres terrenales que un largo hábito se convierta para nosotros en segunda naturaleza, sea tenida por verdad y defendida como tal.  De allí nacen grandes disensiones, cuando cada comunidad opone su fe a las otras fes.  Y al ver que resulta imposible hacer desaparecer esa diferencia entre los ritos, y que tal diferencia parece incluso deseable para aumentar la devoción –apegándose cada religión con mayor cuidado a sus ceremonias como si ellas fueran de mayor agrado a tu Majestad-, que al menos, ya que tú eres único, haya una sola religión, un solo culto de latría”[17].

 

Esta visión humanística de la religión, que sólo puede comprenderse desde su propia práctica[18], no pretende ser una alternativa ni una superación de las tradiciones religiosas existentes.  Por el contrario, procura ayudar a profundizar en cada una de ellas, trascendiendo la superstición o excesiva literalidad, ofreciendo una hermenéutica simbólica que permite captar y vivenciar su profundo contenido, más allá de sus condicionadas formas culturales[19], descubriendo a Dios más allá de los nombres y cultos particulares que se le confieren en uno u otro contexto[20], pero lejos de desnaturalizadores sincretismos como el que parece inspirar la New Age[21].

 

Un sintético resumen de estos profundos contenidos, de los principios de la «religión única», es recogido por Olives en el mismo capítulo: “Primero: la creencia en la unidad del Ser universal, manifiesto al mundo mediante su Providencia.  De este principio deriva la creencia en la sacralidad del universo, la cosa pública, o cosa común, y la vida social conjunta.  Segundo: el alma humana es inmortal y su estado natural es la felicidad, así como el estado natural del cuerpo es el goce de la salud, a todo lo cual coadyuva la religión, la cual está al servicio del hombre, y no al revés.  Tercero: hay una religión única, tal como la razón superior lo hace ver, la cual es común a la naturaleza humana, estando más allá de las formas culturalmente condicionadas.  Cuarto: todas las religiones particulares, incluido el cristianismo, son aceptables puesto que emanan de un mismo principio absoluto, al que nombran de distintos modos.  Eso significa que las distintas religiones, más allá de sus diferencias de forma coinciden en la unidad de su origen divino y trascendente”[22], y en el fin hacia el que tienden: la religación personal con ese Dios único y, a través de Él, con el cosmos, el prójimo y uno mismo.

Mejor nos iría a todos si lo tuviéramos bien presente.

 

 


[1] Olives:2006, 347

[2] Olives:2006, 350

[3] Olives:2006, 408

[4] Olives:2006, 341

[5] Olives:2006, 340

[6] Olives:2006, 363

[7] Cfr. Olives:2006, 349

[8] Cfr. Olives:2006, 363

[9] Cfr. Olives:2006, 365

[10] Cfr. Olives:2006, 367

[11] Cfr. Olives:2006, 364-365

[12] Olives:2006, 366

[13] Olives:2006, 366-370

[14] Notas de la conversación mantenida con el autor el 11-05-11

[15] Nos recuerda Olives que los humanistas del Renacimiento, lejos del dualismo del que se suele acusar al mal comprendido platonismo, defienden la religación con el propio cuerpo y consideran la vivencia de la experiencia de la salud como un goce prioritario puesto que es “lo que hace apacible y deseable la condición de los vivientes, y sin ella no es posible ningún otro placer” (Olives:2006, 368)

[16] Olives:2006, 367

[17] Cusa:PF, 4, citado en Olives:2006, 377

[18] Cfr. Olives:2006, 378

[19] Cfr. Olives:2006, 370

[20] Cfr. Olives:2006, 51

[21] Cfr. Olives:2006, 383

[22] Olives:2006, 376

LAS HUMANIDADES I: potencial humano y crecimiento personal

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[Este capítulo y los siguientes que iremos ofreciendo bajo el título LAS HUMANIDADES son fruto del trabajo de investigación inédito, realizado por Joaquín Muñoz Travé, que lleva por título “Las Humanidades como método para el desarrollo del potencial humano en base a las aportaciones de José Olives Puig al mundo académico”. Recogemos dichos capítulos  del blog de J.Muñoz meditacionesdeldia.wordpress.com,  donde están siendo publicados desde el pasado Octubre. Remitimos también a la publicación original a quien quiera consultar las referencias bibliográficas y las citas]

Las Humanidades (los estudios sobre lo más propio del ser humano) están en crisis…  Y tal vez por ese motivo estemos sufriendo una crisis cultural y económica como la que nos azota.  Pero pocas voces se oyen que reclamen atención para ellas.  Una de las voces que sí lo hace es la de mi maestro y amigo José Olives Puig.  Hace unos años, tuve la dicha de coincidir con él en la Universitat Internacional de Catalunya: él como catedrático, yo como alumno.  Esta coincidencia ha sido uno de los hitos que ha marcado mi vida porque, a través de su enseñanza y ejemplo descubrí que otro mundo era posible…  Gracias a las Humanidades.

Hablar de Humanismo -en el sentido en que lo hace Olives y la Academia Florentina- significa establecer al hombre como “idea clave, como lugar de concreción de todo el saber y, sobre todo, como su campo de cultivo prioritario”.  Este antropocentrismo -bien entendido- resulta un eficaz medio para no perderse en una situación histórica de rápidos y profundos cambios…  Ya que permite enraizarse en lo más profundo de uno mismo.  El pensamiento clásico-tradicional descubre en el antrophos la imagen arquetípica de todo lo demás, el locus por donde se establece el contacto con lo universal, y explota este hallazgo como nexo y fuente de nuevos saberes, en sintonía con el lema délfico de “conócete a ti mismo y conocerás el mundo y a los dioses”.

Esta visión del hombre supone reconocerlo como sujeto y objeto de conocimiento al mismo tiempo, lo que posibilita su transformación por medio del conocimiento que adquiere de sí mismo.  En este sentido, la finalidad de las humanidades es “la investigación de la naturaleza humana en aras de saberla reconocer y ayudar a desarrollarla”.  Es éste el mismo objetivo que tenía la filosofía para los antiguos, como tan bien ha estudiado y explicado Pierre Hadot.  Para ellos -y para nosotros- todo conocimiento, toda ciencia y todo saber “deben estar al servicio del hombre, y no a la inversa, tal y como ocurre cuando se cae en la barbarie del especialismo”.

Puede decirse por tanto que es propio de las humanidades el tomar al hombre como centro y contemplarlo “desde el punto de vista de su posible perfeccionamiento mediante el conocimiento, la cultura y el refinamiento de sus formas de pensar y de sentir”.

Toma así un nuevo significado la expresión “cultivo de las humanidades”…  Más bien habría que decir “el cultivo de la persona humana mediante las humanidades, las cuales -en este sentido y siguiendo con la metáfora agrícola- son comparables al abono necesario para el crecimiento personal”.  Comparto plenamente con Olives el convencimiento de que la cultura es un modo de cultivo de la personalidad, tendente al crecimiento, desarrollo y perfeccionamiento de la naturaleza humana.

Porque, mal que nos pese, la mayoría de nosotros no somos más que seres humanos en bruto, en germen, en potencia…  Meras sombras de lo que podemos realmente llegar a ser.  ¡Qué razón tenía Pico de la Mirándola al escribir su “Discurso sobre la dignidad del hombre”!  El ser humano ha sido dotado por su creador de la capacidad de vivir olvidado de su propia naturaleza -incluso de vivir en contra de ella-, cayendo en formas degradadas de existencia que le sitúan, incluso, por debajo de los animales…  O puede arraigarse en su propia esencia, viviendo una vida buena, realmente digna, conforme a su naturaleza y al modelo divino con que ha sido creado…  Elevándose a las más altas cimas, despertando la chispa divina que reside en su interior, iluminando y transmitiendo su calor a su vida y a la de quienes le rodean.

En este sentido, “el desarrollo de la personalidad humana aparece como la principal exigencia y como el fin último de la vida”.  No es sólo un derecho, es el deber que corresponde a la gran suerte y oportunidad que supone haber nacido.  Un deber que, libremente, cada ser humano decide -o no- asumir.  Decisión que le llevará por el camino de la felicidad mediante el desarrollo del potencial humano, o por el de la involución e indignidad -o, incluso, indignación- personal.

Las humanidades, por tanto, ya no se sitúan sólo en la dimensión del conocimiento más o menos erudito sino en la del yo y el ser: consisten en un proceso de metamorfosis que aumenta nuestro ser y nos hace mejores, actualizando las potencialidades de nuestra personalidad mediante un cambio de conciencia que Olives -atendiendo a su etimología- ha dado en llamar metanoia.  Ésta implica una reconstrucción de uno mismo que conlleva “el progresivo reconocimiento de la propia alma, o ser interior del hombre”.

La base del enfoque humanístico consiste, pues, en convertir todo conocimiento en una fuente de crecimiento personal, no meramente intelectual; en el compromiso y la práctica del conocimiento de sí mismo al más puro estilo socrático.  Resulta reseñable la similitud de este planteamiento con la noción germana de Bildung o con la de paideia griega, tan propias del pensamiento clásico-tradicional.

Por paideia se entendía -en la Grecia clásica- aquella educación que le otorgaba a uno un carácter verdaderamente humano, haciéndole apto para ejercer sus deberes y derechos cívicos, al dotarlo de un conocimiento y control sobre sí mismo y sus pasiones “al estilo de las antiguas iniciaciones y misterios”.  Se trataba de una educación fiel a su sentido etimológico (del latín ex-ducere, “conducir hacia fuera” o “hacer salir”).  Esto es, hacer explícito lo que se encontraba dentro, escondido, latente…  Se trata de “hacer germinar y crecer la semilla divina que el hombre lleva dentro, reconociendo a lo que hay detrás de la máscara que es la persona, desvelando el ser.  Así desarrolla la auténtica personalidad, la cual, con el trabajo, va siendo cultivada y compartida.  Es en este sentido que Sócrates compara el arte del filósofo con la mayéutica , que es el arte de la comadrona, el del alumbramiento del discípulo deseoso de aprender”.

Esta noción -que se transmitió a los romanos a través, esencialmente, de la escuela de los estoicos- es la razón de ser que dio lugar a las Humanitates, esto es, a las humanidades entendidas en su sentido clásico-tradicional…  Como arte de vivir o -como gusta llamarlas Pierre Hadot- como “ejercicio espiritual”.
Hadot afirma que la filosofía antigua -que forma parte de las humanidades tal y como aquí las estamos proponiendo- implica unos ejercicios que suponen un cambio de la visión del mundo y una metamorfosis de la personalidad que son producto, no sólo del pensamiento, sino de la totalidad psíquica del individuo.  Una metanoia que sitúa al hombre en la perspectiva del Todo.

Olives es, en mi opinión, menos académico y más divulgativo al aclarar: “es característico de las humanidades el combinar el cultivo de las formas más elevadas de conocimiento con el ejercicio de la virtud práctica, de acuerdo con el viejo lema de las letras y las armas en boda simbólica. (…) Las humanidades hacen referencia a ciertas formas de pensamiento y práctica orientadas al desarrollo de la felicidad y la conciencia del hombre, en aras del bienestar de las comunidades humanas.  Este tipo de tarea tiene por tanto que ver con lo intelectual y, al mismo tiempo, con la espiritualidad”, con la indagación, conocimiento y adecuación a los ritmos del universo, del cuerpo y del alma.

Este modo de entender las humanidades implica considerarlas un arte de vivir, un arte que -como tal- supone acción además de contemplación.  Primero aprender a pensar bien; después, aprender a vivir en consonancia con lo que se ha aprendido.  Nos encontramos, por tanto, en el terreno de la Virtud, ante el arte de regirse a uno mismo y a los demás, ante el Arte Regia.

Podemos concluir afirmando que las humanidades nos ayudan a ser persona, a conocer el propio talento y a desarrollarlo, mostrándonos que es ésta la principal manera de ayudar a los demás y ser felices al mismo tiempo.

Cambiaremos el mundo cambiándonos a nosotros mismos…  Y, para ello, es necesario recuperar las humanidades.

Comentarios de alumnos a La Ciudad Cautiva, cap.VI: la Ciudad Utópica.

Incluyo a continuación los comentarios-lectura de los alumnos del Master (UIC-2011) de Iniciación a la Investigación en Ciencias Sociales, Humanas y Jurídicas, en la asignatura “Ciudad, persona y civilización: claves para el conocimiento del mundo contemporáneo”.

Joan Rabal Bosch.: Este capítulo dedicado al Renacimiento y a la Utopía de Tomás Moro ha sido uno de los que más me ha gustado de todo lo que he leído hasta el momento, ya que refleja de una forma muy interesante el cambio en la mentalidad de la época, que supuso la separación del cristianismo del poder político y el ascenso de los príncipes y monarcas absolutistas que sentaron las bases de las sociedades actuales en las que vivimos. La contraposición de Utopía, como representante de la tradición clásica y el platonismo, defendida también por los integrantes de la escuela de Florencia, con las ideas expuestas en El Príncipe de Maquiavelo, nos da una idea de la situación que se vivía en Europa con este cambio de mentalidad  (…) Tomás Moro es uno de los pensadores más destacados de la historia, y creo que en los programas educativos  de escuelas y universidades no se le presta la atención que merece. Su obra más conocida, Utopía, que algunos sitúan como obra precursora del comunismo, presenta una sociedad ideal cercana en muchos aspectos a las ideas platónicas. Especialmente interesante me ha resultado el tema -controvertido para algunos comentaristas de la obra moriana- de situar el placer como el bien supremo del alma, así como la idea de (…) un solo Dios que se manifiesta de diferentes maneras en las diferentes culturas y religiones.

Gemma Alsina.:

“Tomás Moro como pensador forma parte de la corriente más clásica y ortodoxa del humanismo del Renacimiento. Fue defensor de la fe católica, de sus instituciones y de la autoridad del Papa de Roma”. (LCC,pág. 374)

Pablo Díaz Hevia.:  En primer lugar he aprendido y descubierto a nivel histórico como los reyes absolutistas ponen división entre los reinados y la Iglesia. He deducido que esto es debido principalmente a su falta de capacidad para el buen gobierno y esto  lo relaciono con la falta de autogobierno personal. Una persona que es incapaz de gobernarse a sí misma (…) es imposible lógicamente que pueda gobernar un país. Ante esto aparece la figura notable de Tomás Moro con “Utopía” donde denuncia todo lo que está pasando y crea líneas para volver al buen camino. (…) Presenta ideas platónicas y clásicas que van más allá del pragmatismo y por supuesto de la ingeniería social o comunista. Tanto Moro como San Agustín o Platón son grandes humanistas y personas a seguir y a estudiar en nuestros días. Ojalá revolucionemos todo este mundo con estas teorías tan aplicables en el mundo actual como en la época de cada uno!


Imagen de la Insula Utopía en la ed. princeps

(aportada aquí por MªJosé Díez)


Beatriz Lucaya
Forcada.: Tomás Moro es uno de mis personajes más respetados en la historia, por lo que este capítulo me ha resultado especialmente interesante. Estamos en un momento en el que la mentalidad se ha vuelto materialista e individualista, parece que fuese el momento histórico de Sir Tomás Moro coetáneo al nuestro. Observo como en muchos momentos de la historia se intenta recuperar la antigua idea de ciudad…Enrique VIII utiliza el poder de una manera absolutista, convirtiéndose de este modo en un tirano y dejando de lado el verdadero sentido de (…)servicio, prevalecen sus caprichos a las verdaderas necesidades del pueblo. Se produce una ruptura entre el dirigente y la comunidad. No es de extrañar que posteriormente el pueblo se rebele contra tales tiranías.

Sergi Font: <la rebel·lió règia està> molt relacionada amb els tres punts que explica Joan Milton: supèrbia, rebel·lió i caiguda. (…)Pel què fa a la primera gran revolució, és l’ambició la que porta a substituir a l’autoritat religiosa i col·locar-se al seu lloc.

J.O.P.: Aquest és un procés arquetípic de l’ànima (tant la individual com la col·lectiva, tant a nivell humà com a nivell còsmic). El poema de Milton explica la antiga tradició judeocristiana de la rebel·lió de Lucifer, que efectivament té origen en la supèrbia (en creure que estem separats de Déu). Aquest mateix mite el trobaràs explicat meravellosament al conte de Tolkien, “La música dels ainur” en el Silmarilion. Aquest mateix procés de rebel·lió-caiguda afecta a tots nosaltres en tant que éssers humans. També queda reflectit una i altra vegada en els cicles de la història: una mateixa tragèdia que es va representant una i altra vegada amb diferents personatges. Lo important és reconèixer la pauta en nosaltres mateixos i rectificar-la inmediatament. Aquesta mateixa pauta l’hem estudiada amb els simbolisme de l’expulsió del Paradís i el simbolisme de l’Aliança o Pacte.


Evaristo Aguado Raigón.:

No deseo comenzar a hablar de mis sorpresas, de mis convicciones y de lo que podríamos ampliar sin hacer un breve elogio de Tomás Moro.

En 1966 obtuvo seis óscars la película “Un hombre para la eternidad”, una brillante biografía de Moro que va desde su nombramiento como Lord Canciller del Reino hasta su muerte. Causó un gran impacto porque en ella, se veía a un hombre elegante, laico que cristianizaba el mundo, defensor de la verdad, del bien, de la Ley eterna y de las leyes justas de los hombres, tolerante, comprometido con los más desfavorecidos de la fortuna, amoroso padre de familia y preocupado para que sus hijas fueran humanistas, nada “encizañador” porque, además de todo esto era un gran santo. El beato Juan Pablo II lo proclamó patrón de los políticos. Tomás Moro como Tomás Becket defendió “el honor de Dios”

Hace unos veranos, paseando por Brujas, encontré, por casualidad, la casa donde Moro vivía cuando visitó a Erasmo de Rotterdam en 1515 e intercambiaban opiniones sobre los ataques de Dorp. Sentí emoción al recorrer sus estancias y tener tan cerca sus objetos personales.

La época de Tomás Moro, se caracterizó por el descontento del mundo en general y de la sociedad en particular. La Utopía nació del malestar y de la impotencia, de la sensación de los ciudadanos de no poder cambiar a mejor. Pero aunque en la Utopía hay cierta protesta, lo que hay sobre todo, es un juego. Me apasiona ver como Moro inventa un mundo cerrado, completo.

Daniel Huchet : Me he sorprendido al descubrir la transcendencia de la idea de ciudad utópica de Tomás Moro (amén de su biografía), vinculada a la concepción clásica de ciudad ideal y su influencia posterior.  <Me ha interesado la idea de que > placer y virtud pueden coexistir perfectamente: no son incompatibles

DEL CASAMIENTO DE VIRTUD Y PLACER

MªJosé Díez.: Tópico de la mitología clásica es el aparente dilema que debe encarar el héroe: la difícil elección entre virtud y placer.


Virtud y placer como meras opciones antagónicas

Epicuro enseña la necesidad de la templanza para poder realmente disfrutar del placer.

J.O.P.: Excelentes imágenes! que mucho ayudan a la hermenéutica… cuando se tienen las claves del simbolismo las imágenes (la iconografía) nos puede revelar contenidos tanto o más que las palabras. Te felicito!

MªJesús.C.: De la segunda parte del capítulo me ha sorprendido la valentía de Tomás Moro, immerso en la sociedad absolutista que hemos comentado abocada al vicio, a la guerra y a la caza, a la hora de defender el concepto de placer, el bien supremo del alma,  y su compatibilidad con la virtud. Me gusta la definición que hace de la virtud como medio para llegar a la felicidad, es decir que para gozar es necesaria la virtud. Me parece muy dulce la expresión “los goces del alma” y el sentido espiritual que se le da, alejado de toda perversión; y la afirmación de considerar el placer como la mayor parte de la felicidad humana: el goce no se contradice con la religión porque el estado natural del alma está hecho de amor, felicidad y belleza que son muy satisfactorios.  Por otro lado me ha hecho reflexionar la afirmación de que el placer implica la sociabilidad humana ya que hay personas que, ejemplarmente, viven su fe y goce espiritual alejadas de la sociedad.

Pablo D.H.: He aprendido y me ha aclarado muchas ideas referidas a la virtud y placer. A veces se entiende como algo totalmente opuesto, pero una es complemento de otra. He descubierto como siendo una persona virtuosa puedes tener acceso al placer. Ese placer no es un placer sensitivo, es un placer real donde entran en juego todas las dimensiones de la persona (emocional-afectiva, transcendental, social…).

MªJosé Díez Chueca.: El placer sensible que satisface, al igual que la alegría más profunda, sólo se logran cuando no se buscan directamente, la experiencia muestra, que así como el dolor temido es siempre mayor que el dolor real, el placer buscado con exclusividad es siempre menor que el placer gozado, quedando una deuda de sensaciones que se intenta saldar por otros medios. A lo largo de todos los tiempos lo habitual en los hombres era ocupar el tiempo en las obligaciones (casi siempre trabajosas) y gozar del placer solamente de modo ocasional. Y de aquí es fácil dar el salto de considerar como injusto todo lo que desagrada o de considerar como derecho todo lo que agrada… Así, la búsqueda del placer inmediato provoca un egoísmo crónico que se convierte en insolidaridad (o falta de caridad para hablar con un lenguaje más clásico), y por este camino se llega, casi siempre al delito. Por otra parte, la acumulación de placeres “empalaga” y crea aburrimiento, de dónde vemos la paradoja que hace de “la civilización del placer” una civilización de personas aburridas… El remedio, entonces, resulta peor que la enfermedad. El círculo vicioso que comienza con una vida vacía provoca un aburrimiento inicial que intenta contrarrestarse con una intensificación de la vida de placer, que por el hastío termina produciendo más aburrimiento y vaciando más aún de contenidos la vida de las personas.

El goce no se contrapone con la religión: “Cuanto más comprehensivos se tornen los placeres y las virtudes, más ampliamente habrán de coincidir…” “Cuando un placer o una virtud llega a abarcarlo todo, solo en los estados de éxtasis, la bondad se hace indiferenciable de la felicidad”.

“Acá no hay sentir, sino gozar sin entender lo que se goza“ (Vida 18, 1)

(Imagen del éxtasis de StªTeresa por Bernini, aportada aquí por MªJosé D.)

Tatiana Cucurull.:

“El placer de comer y beber, y las complacencias que procuran los placeres del mismo género, creen <los utópicos> que deben ser buscados, pero únicamente para conservar la salud, y que tales complacencias no son dulces en sí mismas, sino en la medida que nos defienden de los secretos ataques de las enfermedades”(LCC, cap.VI)

El comer, beber y similares no son placeres como comúnmente podemos entenderlos, sino que el placer de estos actos se encuentra en el bienestar posterior, puesto que son los que nos hacen estar físicamente fuertes y nos ayudan a prevenir todo tipo de enfermedades. Obviamente el concepto de comer y beber se entiende en su justa medida y no debe ser entendida como glotonería. De esta manera el cuerpo se siente sano y libre de dolor, a la vez que mediante un “buen placer” ve reforzada su salud.

J.O.: “La segunda modalidad de placer corporal es especialmente interesante, por la poca atención que vularmente se le dedica y porque se debe a ella la conexión de lo material con lo espiritual. Consiste en el placer que se tiene al vivenciar directamente la experiencia de la salud (…), un estado quieto y equilibrado (o erguido) del cuerpo (…) con todos los humores en adecuado temperamento (…), esa conformación armoniosa, que confiere a la mente un sentido de complacencia y satisfacción…<<Tal bienestar -leemos en Utopía muchos utópicos tiénenlo por el supremo placer, y la mayoría lo considera como la base y fundamento de toda felicidad. La salud es lo que hace apacible y deseable la condición de los vivientes y sin ella no es posible ninún otro placer (…) Que la salud sea un placer en sí misma o que lo haga nacer como el calor nace de la llama, es cosa que no tiene importancia, quienes gozan de una salud inalterable nunca carecerán de placer(…) y se engañan por completo quenes sostienen que la salud no puede sentirse>>”. (LCC, pp.366 s.)

Beatriz Lucaya F.: …punto a destacar es el sentido que se da al placer : ”no hay felicidad en todo placer: solamente en el que es bueno y honesto”. La idea de que el placer de comer y beber sólo debe ser en cuanto se dirige a conservar la salud y prevenir las enfermedades … me parece increíble esta manera de enfocarlo. También la idea de prevenir antes que curar. Si no tenemos salud no es posible gozar de ningún otro placer, pienso en que Enrique VIII padecía gota y no gozaba de salud por lo que era difícil que gozara de ningún otro placer.

Evaristo A.R.: …Como sorpresa <de la lectura> un tema ya tratado: para los utópicos el placer está por encima de la virtud. ¡Claro!, es lógico, Tomás habla de aquellos placeres que no engendran ningún mal. Él ve con claridad que el placer es el bien supremo del alma. Para los cristianos, el fin último de nuestros esfuerzos es el goce. ¡Qué risa me dan aquellos que pintan el cristianismo de color negro y tintes amargos, de dolor y sufrimiento buscado!

Sergi Font:…es parla molt de l’estat ideal de felicitat i de benestar. Això implica fer treballar…Una fotògrafa, en un to de queixa contra el seu fracassat matrimoni deia: “ Ningú ens va explicar que les relacions s’han de treballar, que cal fer feina perque funcionin. Jo mirava les pel·lícules de Disney i s’acabaven en el casament”. Actualment no som conscients que l’esforç és el què ens pot portar a aquesta felicitat.

J.O.P.: Sí, però més important que això encara: la idea tradicional de la utopia, les illes afortunades, etc., ens recorda que la felicitat pertany al nostre ésser veritable, a l’essència divina que som tots nosaltres, de manera real, aquí i ara. Son les projeccions de la ment, la contínua distracció cap al passat i cap al futur, lo que ens allunya de lo bo i real… encara que al principi això sembli mentida! Esforç, sí! però que sigui esforç de consciència, de despertar, d’estar atent. No un esforç partint dels esquemes rígids que ens programen com si fóssim màquines: no l’esforç de l’ase enganxat al carro seguint la pastanaga que mai podrà atènyer!


SOBRE LA “RELIGIÓN ÚNICA Y SUPERIOR

Evaristo Aguado Raigón. La parte que más me ha atraído del Capítulo VI de La Ciudad Cautiva es el “La religión única y superior”. El lord canciller podría haber inventado que todos los habitantes de Utopía practicaban un cristianismo  puro pero esto entraba en colisión con su tiempo. Crea una religión utópica, con respeto a la libertad de todas las confesiones religiosas. Proclamó la libertad de que cada uno profesara la religión que quisiera, admite las sectas. Pero para la mayoría de lo utópicos hay un solo Dios que es Padre. Y establece los principios de la religión. Y vemos en ellos los mismos que el hinduismo o el budismo acepta: Unidad del Ser Universal y su Providencia, alma humana inmortal y su estado natural es la felicidad, religión única común a la naturaleza humana, todas las religiones particulares son aceptables puesto que emanan de un mismo principio absoluto.

En mi vida estos principios me han llevado al respeto a la libertad de las religiones particulares de los demás y sobre todo a soñar en que llegue un día en que todos los hombres estemos unidos en el amor y la adoración en ese Ser Supremo, Padre Providente.

Pablo D. H.Me han llamado mucho la atención y los encuentro de un gran valor los cuatro principios de la religión única:

1) Creencia en el Ser universal-Providencia

2)El alma humana es inmortal y su estado natural es la felicidad

3) Hay una religión única que es común a la naturaleza humana

4)Todas las religiones son aceptables puesto que emanan de un principio absoluto.

Daniel H.: Quisiera poder aclarar el punto referido a la “religión única y superior” y la conveniencia, en este punto, de diferenciar entre los conceptos de religión Vs. creencia.

J.O.P.: Me parece muy acertada tu propuesta de distinguir bien entre los dos niveles de la religión, para contribuir a la comprensión de este punto tan difícil y olvidado, que se refiere a lo que Tomás Moro llama “la religión única y superior de los utópicos”, y el pensamiento clásico tradicional ha llamado con otros nombres a lo largo de los siglos; punto que hemos optado por exponer en éste capítulo de La Ciudad Cautiva, aunque brevemente, con rigor intelectual y respeto a la ortodoxia.

Desde el punto de vista corriente hoy día las religiones no son más que sistemas de creencias (y prácticas) distintos unos de otros, abocados continuamente a la competencia (por conseguir fieles e influencia) y a la guerra (por el menosprecio recíproco entre ellas, más o menos inconsciente según los casos). Desde este punto de vista -que es el punto de vista religioso en sentido corriente- no hay “religión única y superior” que sea posible por encima de todas ellas, ya que cada una se considera única y superior. A lo sumo, se toleran unas a otras, y codescienden meritoriamente a reconocerse algunos valores humanos y morales entre ellas, y a reunirse en actos públicos de oración compartida, colaboración cívica, etc.

Desde un punto de vista más real y plenamente humano, la religión debe ser entendida como la religación del corazón humano con la Realidad Superior y Trascendente, que aquí y ahora está dándonos Amor y Vida (Realida Última que los cristianos llamamos Dios, y otros pueden denominar con otros nombres). Buena parte de los capítulos que componen La Ciudad Cautiva se dedica a recordar esta idea desde distintos puntos de vista, y siguiendo un enfoque castizamente filosófico (el pacto, el simbolismo, la ciudad como mandala, los beneficios, el rito, la política como virtud y rectificación, etc, etc, etc.). Así considerada, la religión es una acto arquetípico que realiza universalmente el ser humano acogiéndose al raudal de luz y de gracia, que viene de Arriba, y que permite la transformación de nuestro ser y el retorno al Origen, independientemente de la pertenencia cultural a uno u otro contexto tradicional, e independientemente de la identificación subjetiva con algún sistema de formas (o “religión” …símbolos, mitos y ritos). Esta “religión única y superior” es la razón de ser de todas las religiones en sentido corriente, y de éstas no hay ninguna que tenga la exclusiva de la conexión divina, contrariamente a lo que tienden a creer los encargados de ellas. Sin esta religión en sentido superior (que nada tiene que ver con las religiones “civiles” de las sucesivas new ages, ya criticadas en LCC), las demás caen en el formalismo, la superstición y la guerra. Eso no significa que todo vale, porque las religiones que merecen tal nombre son pocas y se reconocen en el haber generado larguísimos períodos (o ámbitos) de civilización y cultura. A este respecto, hay que saber distinguir entre una mera secta y una religión. Y también hay que saber que en el paquete de las “sectas”, tal como las clasifica el pensamiento corriente, hay elementos muy distintos, no comparables, y enteramente heterogéneos por el valor espiritual.

Estos dos niveles de entender la religión permiten darse cuente de la posible profundización de la misma, evitar la competencia y la guerra. Sobre todo nos permiten comprender que esta “religión única y superior” no es una alternativa a los sistemas religiosos hoy vigentes y efectivos, porque está presente en todos ellos cuando sirven para conectar y religar al ser humano con la Realidad Suprema, siempre siendo aquí y ahora, más allá de la forma…

Sergi Font: Em va sorprendre positivament comprovar com la religió parla molt més dels homes que de divinitat. És una guia per als homes.

J.O.P.: Sí, la religió avui, en el seu sentit primer i veritable, és la gran desconeguda per la majoria. Segueix sent la gran novetat, la Bona Nova.

Tatiana.: La coexistencia de religiones es siempre problemática, pero se convierte en un grave problema de orden público, incluso en un tema bélico, cuando la religión se contagia con asuntos de poder”(LCC, capVI)

La convivencia entre diferentes culturas y religiones en toda ciudad de por sí ya es muy complicada, pero esta complejidad se aumenta cuando el gobierno utiliza a la religión como medio o instrumento para conseguir sus fines. Es entonces cuando la religión es pervertida y deja de cumplir sus funciones –ser un fin para la felicidad del hombre-: queda vacía de contenido y se utiliza para desunir, y para atacar al semejante y menospreciarlo. Como puede comprobarse a lo largo de la historia, este tipo de prácticas a llevado a muchas civilizaciones a su destrucción y desaparición: Corruptio optimi, pessimum.

MªJesús C.: Por otro lado, en relación al capítulo sobre la “religión única y superior”, me ha sorprendido gratamente  como aceptan y justifican los humanistas la coexistencia de las religiones diversas, fruto de una religión única basada en la creencia del Ser universal. Lamentablemente, en la actualidad, esta coexistencia se ve truncada por el uso perverso que en algunos casos efectúa el poder hacer para manipular a las masas, como por ejemplo los atentados terroristas en nombre de Alá.

Beatriz L.F.: El tema del proselitismo tratado en el punto 6, y de los límites para poder ejercerlo, me hacen reflexionar en la idea del respeto hacia los demás. También el hecho de que la religión no puede ser como instrumento para conseguir el poder: Utopo lo señala como un medio insolente e inepto, me adscribo a esta idea. Por último el respeto interreligioso me parece una idea preciosa y qué ojala la llevásemos a la práctica.

*

Catherine Lecuyer.: Me gustó mucho ver explicado el mecanismo del utilitarismo“el rigor de los contenidos del pensamiento ya no cuenta, solamente la forma y su eficacia.  El pensamiento que instiga la revolución es emocional, pragmático.  Su “verdad” está en la eficacia movilizadora.” Es una descripción TAN actual de lo que veo a mi alrededor, y sé que es poco “politically correct” decirlo (especialmente sabiendo que lo acabará colgando en su web, es todavía más atrevido..), pero debo decir que es más característico en mi opinión, de la forma de pensar mediterránea.  Desde que vivo aquí, tengo la sensación de tener el sentido común continuamente crucificado.  Parece que algo sea bueno y cierto porque la mayoría este de acuerdo tácitamente con ello, o alguien lo haya argumentado de una forma convincente o emotiva, no se va a los fundamentos, ni se analiza la lógica interna.  Y cuando se pone en cuestión un planteamiento que sea estructural, o intelectual, siempre se asocia el planteamiento con la persona que lo sostiene, no per se.  La autoridad de un planteamiento está asociada al poder del que lo sostiene.  Y el poder se fundamenta en el reconocimiento del personaje por la mayoría.  Es la historía de la ropa del emperador que se repita.  Por cierto, he visto que era el título de la primera parte del siguiente capítulo.  ¡A ver!

J.O.: Es verdad que ya desde los inicios de la modernidad (que rastreamos hasta principios del s.XIV) se va imponiendo cada vez más esa forma de ver utilitarista-pragmatista-relativista, que relega al olvido el sentir clásico-tradicional. No creo que sea una forma mediterránea, antes al contrario, porque el distanciamiento de las ideas tradicionales se inicia más bien en los países del Norte de Europa. Pero también es verdad que el cambio de mentalidad acaba afectando tanto a protestantes (los “bárbaros del Norte”) como a católicos (o mediterráneos). Sobre todo hoy día y, especialmente, en Cataluña, uno de los países más sanamente tradicionales de Europa, hasta la generación de nuestros padres (o abuelos), que parece ahora haber pasado al otro extremo, olvidándose de todo… al menos en las declaraciones y en el saber oficial.

Te recomiendo leer, antes que la biografía, la obra de Tomás Moro, que nos sirve de apoyo en este capítulo: La Utopía. Siempre es mejor ir directamente a los clásicos, ya que la mayor parte de los comentaristas modernos desconocen la profundidad del pensamiento clásico-tradicional, y acostumbran a desfigurar su verdadero contenido.

MªJesús Castel.: A medida que avanzo en la lectura de La Ciudad Cautiva me encuentro más a gusto. Al principio, y a pesar de las explicaciones, me costó adentrarme en los complejos conceptos que expresa el libro. En este capítulo me he sentido cómoda, he entendido los conceptos y me ha impactado la figura y obra de Tomás Moro y su lucha contra la sociedad en la que vivía, alejada ciertamente de sus creencias,  y en especial contra su “amigo” Enrique VIII. Al leer las explicaciones sobre el contexto socio-económico en el que se desarrolló la obra de Tomás Moro,  me llama poderosament e la atención como se van afianzando los cambios en la sociedad, cómo se puede pasar de una sociedad humanista a una sociedad absolutista, es decir, el modo en que se rompe el pacto y como se llega al extremo de la ciudad cautiva, donde ha cambiado la mentalidad de los gobernantes y se palpa la pérdida de sabiduría y espiritualidad.

Quiero ampliar la diferente concepción del término “utopía” <que se explica en LCC>. Tomás Moro, le confiere una dimensión filosófica y espiritual, remitiéndonos con el simbolismo al mundo de las ideas y a la dimensión interior del hombre.  En cambio, autores posteriores orientan el término a la praxis. <Las suyas> son “utopías” idealistas, más positivistas. <También, ampliar el> concepto de comunismo de la Utopía (VI. 4) <, y así mismo, lo que> se comenta en el capítulo, que en la época de Tomás Moro, al pueblo llano las nuevas ideas le parecían escandalosas. ..Ampliar el contexto para entender por qué el pueblo no se rebeló conta la “muerte” de la cristiandad, la perdida de la religión y el deterioro social.

Tatiana.:

Lo que resulta peligroso para la cosa pública no es el mero hecho de creer o no creer en unas determinadas ideas, sino olvidar cada ciudadano su responsabilidad moral, anterior a los controles y coacciones que puedan venirle desde fuera, y en particular desde el Estado”

Lo más importante para todo ciudadano es creer en lo que considerada bueno para él y para el bien común, para la sociedad. Aún así, no podemos limitarnos a “pensar”, a tener un juico o una opinión formada: una persona, un buen ciudadano, debe ser coherente con sus pensamientos, transmitirlos activamente a sus semejantes, y defenderlos sin dejarse influir por los pensamientos o acciones de terceros.

Sobre el Arte del Gobierno (La Ciudad Cautiva, cap.III). Comentarios en el Master-UIC.

Evaristo nos recuerda el título de la asignatura en la que estamos trabajando:

Ciudad, Persona y Civilización: la comprensión del mundo contemporáneo

Volver una y otra vez sobre los títulos de los textos que trabajamos, es una operación intelectual de primer orden, que nos permite “recapitular”, sintetizar, meditar y encarnar el sentido último del trabajo que estamos haciendo. Igualmente, cuando nos aplicamos a la escritura es importante poner siempre el título de lo que escribimos, y volver continuamente sobre el, rectificándolo, corrigiéndolo, mejorándolo. Así nos vamos aclarando, ya que en el título, cuando es acertado, se concentra la quintaesencia del sentido.

Evaristo escribe sustanciosas y admirables reflexiones sobre los contenidos del capítulo III de La Ciudad Cautiva: El arte del gobierno. Las reproduzco integralmente:

<<A lo largo de los distintos seminarios he ido entendiendo las analogías que utiliza en tantas ocasiones. Es tal mi alegría al ir comprendiéndolas que me he detenido en varias de las que aparecen en este capítulo. No por una mayor comprensión dejan de llamarme la atención:

– En el pensamiento clásico tanto la teoría del gobierno como la política es abordada analógicamente: Fundamental similitud entre sociedad, cosmos y hombre. Las tres tienen una misma estructura, dinámica y leyes. El gobierno de los tres es análogo. Debido al carácter analógico del pensamiento antiguo hay que reconocer la universalidad de la función de gobierno que actúa en la triple dimensión: cosmos-hombre-sociedad.

  • Analogía entre las virtudes cardinales y las cuatro puertas de la ciudad. Analogía entre la doctrina de los Cinco Agentes con los cuatro puntos cardinales y la de las Cinco Vísceras. A cada uno de los cinco agentes-visceras están asociadas indefinidas correspondencias analógicas.

La virtud y los demonios. El buen gobernante opta por la virtud. Es muy interesante la transmutación de los aspectos maléficos y desordenados (demonios) en el propio genio de cada hombre. Y aún más interesante, que esta doctrina sea igual para la cultura grecorromana, el confucionismo, el sintoísmo, etc.

  • La universalidad de la formación del gobernante: la motivación correcta, el señorío, la Retórica, el conocerse a sí mismo, la dialéctica. Esta formación es universal, así lo entienden griegos y romanos, los hombres del Renacimiento, la Bildung, el bushido japonés (formación de los samuráis) el Tao-Tö del cconfucionismo chino.>>

Hasta aquí la primera parte de los comentarios de Evaristo, de los que todos mucho podemos aprender.

Naiara escribe un hermoso resumen-comentario-de-lectura lleno de matices, que merece ser leído con atención. Lo reproduzco entero bajo el título que ella le ha puesto:

EL ARTE DEL GOBIERNO: EL REINADO REAL

En estos momentos donde todo se transforma de forma tan rápida, tomamos un tiempo, una pausa, para detenernos a mirar desde una perspectiva filosófica en qué consiste el “Arte del Gobierno”. Tal vez, mirando para atrás podamos construir lo nuevo que está por ser creado. Necesitamos redescubrir en qué consiste el “arte de gobernar”, y para ello se propone recorrer la memoria de esta humanidad y acudir a autores clásicos. El pensamiento clásico analiza la Teoría del Gobierno desde un punto de vista analógico: donde el símbolo, la metáfora, revelan y desvelan aquello a lo que la palabra a veces no llega. Desde esta perspectiva analógica kosmos, sociedad, hombre forman una trilogía de múltiples direcciones y dimensiones, donde cada una integra a las otras, y todas están contenidas en lo mismo.Hablan los antiguos de que el primer Gobierno es el Gobierno del Universo, y que el arte de gobernar comienza gobernándose uno a sí mismo.

Tomando como guía De la realeza, texto del filósofo clásico Dión,  jugamos con la ciencia del buen gobierno. Dión nos abre la puerta para mirar la Realeza desde la perspectiva de la  filosofía. Nos propone el estudio de la realeza como símbolo de la dignidad esencial humana. En este texto descubrimos que la persona humana es el lugar por excelencia de todas las transformaciones sociales, y que no hay lugar más importante que el hombre mismo. Nos coronamos  Reyes, cada uno de nosotros, cuando estamos ocupando nuestro lugar, nuestro centro-origen, que nos hace vibrar  en armonía y poder; cuando permitimos Ser la manifestación del Gobierno Sideral. El arte del gobierno comienza en el arte de gobernarse a uno mismo. Gobernar la propia interioridad para manifestarse en lo exterior. De lo más cercano vamos a lo más lejano. ¿Qué es lo que nos hace reyes? Es la virtud. El haber optado por la virtud, desarrollando la fuerza interior, lo que nos permite habitar a cada uno en nuestro palacio real, en ese centro de nuestro Ser, que se convierte en reflejo de esa otra realidad-dimensión kósmika aquí en la Tierra.

Hay 3 fuerzas que, según parece, tienen a los seres humanos ocupados en la batalla por el camino de Ser Libres: dinero, sexo y poder. Nuestra relación con cada uno de estos temas es lo que nos encadena o nos da la posibilidad de transmutar las emociones, acciones, pensamientos más densos en enchufes de luz, de transformación, de fuerza para lo nuevo. O nos hacemos esclavos de ellos, o nos dan la libertad para atender a las necesidades del alma. Desarrollando la virtud , el cultivo de la fuerza interior,  SERÁ REY QUIEN SEA SIERVO DE SU ALMA.

Se trata de la transmutación del miedo en amor, la transformación de la destrucción en creación. La transformación de los demonios en virtudes. Quien se domina a sí mismo es capaz de organizar en una colectividad más amplia . Y subrayamos el en, porque es dentro de un grupo, de un sistema, de una organización, donde reina la reina.

Sobre la importancia de la amistad en el “arte del gobierno”, Evaristo aporta lo siguiente:

<<(…tú eres mi hermano del alma realmente el amigo, que en cada momento y jornada está siempre conmigo. Canción de Roberto Carlos)

Me han gustado especialmente las consideraciones sobre la amistad, que está por encima del parentesco de la sangre. Para un gobernante es la más bella de sus posesiones, su única riqueza imprescindible. El gobernante ha de aventajar a todo el mundo en amor y amistad. Cuanto más fuerte sean los amigos, más fuerte es uno mismo. Sin amistad ni tan sólo es seguro vivir en paz. Amistad es salir de la torre de marfil en la que cada uno nos encerramos, la amistad ha de llegar hasta la última consecuencia: la comunicación de los sentimientos.>>

Naiara: La única riqueza imprescindible que el rey tiene es la amistad.  Para todo gobernante: “la más bella y sagrada de todas sus posesiones”. La fidelidad de los amigos es la base del poder regio. La amistad es una de las cosas que más ayudan al hombre a ser bueno y a hacer buenas las propias acciones. La amistad se basa, en primer lugar, en la virtud: “cuantos más fuertes amigos tenga uno, tanto más fuerte será uno mismo”. El disfrute de los placeres en soledad no se puede calificar como auténtico disfrute.

Diálogo (construido) entre Raquel (a quien hay que felicitar por el progreso…) y J.O.P.:

R.: La lectura de este tercer capítulo de LCC ha significado para mí un paso hacia delante en la conformación de un modelo de ciudad, que si bien hoy no es posible transmitir como tal, debe ser estructurado de nuevo como parte del nuevo renacimiento. El cambio social y el mejoramiento de la cosa pública son una cuestión de virtud y autoconocimiento individual. La gobernanza, por su parte, debe ser ejercida con autoridad sobre la comunidad, colaborando a que los ciudadanos  se identifiquen con la comunidad y con el bien común. Es aquí donde el poder legítimo y la autoridad moral se hacen una, para poder actuar como palanca de cambio social.

Comparto la idea de que la monarquía, en sentido clásico, es la más perfecta forma de gobierno y, por ello, el modelo filosófico más interesante para entender la gobernanza en los diferentes ámbitos. Comparto también, con cierto deleite, la idea de que cada uno de los ciudadanos es un rey y como tal se debe regir a sí mismo. Considero que éste es un punto importante de reflexión dentro de la teoría política y de la praxis socio-comunitaria.

Otro eje sobre el que pivota la construcción de la comunidad aparece en la página 177 en el diagrama de los niveles de poder y su transformación gracias a la virtud, el sol y el genio. La consecución de las virtudes cardinales será entonces la máxima aspiración de la ciudad y de los ciudadanos.>>

J.O.: De acuerdo, pero en el próximo capítulo eso lo vamos a matizar, porque la virtud en realidad es un medio. El fin de la política es ayudar a que la ciudadanía recupere el “estado primordial”, que es aquella “imagen y semejanza” que nos devuelve a nuestra identidad verdadera (el “seno de Abraham”, la “convivencia con Dios”, la “Alianza Eterna”, la “habitación en la Ciudad de Paraíso”, la “Jerusalén Celestial”, el Nirvana, etc.). Este estado primordial y natural de toda persona es algo mucho más amplio, ilimitado, entero y gozoso, que la virtud generada, cultivada y empleada para poder alcanzarlo. La virtud es necesria para ir desprendiéndonos de las costras, adherencias y prejuicios que corrientemente nos impiden reconocer y gozar nuestra Identidad Verdadera: la Persona.

Aprovecho aquí para recalcar otra vez –a propósito del término “individual”, tal como lo utilizas en el primer párrafo- la importancia de poder distinguir entre lo personal y lo individual, tal como lo estamos aprendiendo imitando en ello a los clásicos. Lo individual lo reservamos para lo que tiene forma (sea esa material o virtual, mental, emocional, invisible, etc); lo personal (nuestra dimensión-Persona) para todo lo que está más allá de la forma (Conciencia, Ser, Amor, Beatitud, etc), que ya no está individualizado, y que es lo verdaderamente Universal y Divino. Eso último se representa por el punto central del mandala, y lo individual, por el “caparazón”periférico y circular que envuelve el núcleo, que contiene la Esencia Universal: la que siempre estamos siendo, aunque no nos demos cuenta.

Raquel y Tatiana se interesan de una manera especial la frase:

La información sin formación no es auténtica educación, ni auténtica cultura, bien al contrario, es un peligro, puesto que da poder a formas de conciencia y de conducta que están fuera de control” (Pág.187)Tatiana añade que << para poder gobernar es fundamental e imprescindible tener conocimiento de uno mismo. El desconocimiento de sí, o el mal uso de la propia conciencia, nos conduce a una concepción equivocada de la persona y de la ciudad, desde la cual nos corrompemos y corrompemos a los demás, convirtiéndose en lo contrario la verdad que pretendemos transmitir.>> Y Raquel escribe:<<Me gustaría profundizar en este aspecto de la sociología, para entender mejor la realidad actual.>>

J.O.: Sobre este punto han insistido los sabios de todo tiempo y lugar, entre ellos, José Ortega y Gasset, cuya Rebelión de las masas es un libro de gran actualidad. La información es poder, y el poder es peligroso si no va precedido (si no está presidido) por la autoridad. (De eso trataremos más en profundidad en los siguientes capítulos de LCC. ) Cuando eso falla entonces caemos en estados de barbarie. Así califica Ortega las situaciones frecuentes en la sociedad moderna (que él caracteriza como “sociedad de masas”) donde los individuos, harto informados y muy mal formados, se creen que tienen derecho a todo y ninguna obligación. Considera especialmente dañina la “barbarie del especialista” en la que frecuentemente cae la mentalida científica (médica, ingenieril, economista, politológica, biológica, etc) cuando utiliza su gran poder tecnológico habiendo perdido la conexión con el intelecto-corazón. Entonces el saber produce (además de ventajas) mucha violencia y dolor, como ocurre a consecuencia de buena parte de las proezas tecnológico-científicas de nuestro tiempo, puestas tantas veces en manos de la inconsciencia y la maldad (armas sofisticadas, energía atómica, ingeniería embrionaria y microbiológica, manipulación positivista de la legislación, etc) . La mayoría de grandes peligros de destrucción masiva y disolución, que amenazan la sociedad de nuestros días, vienen de este desequilibrio entre información (poder) y formación (comprensión y contacto directo con la Verdad de forma empática, intuitiva y supra-lógica). El trabajo que estamos haciendo en este curso es recordar que la política es una ciencia/arte para desarrollar este aspecto formativo hoy tan olvidado. Nuestros ancestros, los que nos han precedido en el camino, lo llaman paideia, arte real, humanitas.

R.: Éste será un tema a tratar en mi trabajo de investigación. Cómo, porqué hemos llegado hasta aquí, y qué podemos o qué debemos hacer para volver a tener el control de una manera regia.

Reproduzco a continuación este excelente resumen realizado por Gemma de los principios del buen gobierno, según la doctrina sociopolítica tradicional, que estamos estudiando:

  • Los tres tipos de gobierno tradicionales pueden tomar formas de corrupción de tal modo que el buen gobierno se puede transformar en desgobierno, cuando el rey o la persona designada a gobernar no sea capaz de dominar en si mismo sus demonios malévolos (dinero, ambición y sexo) dejándose poseer desatendiendo de este modo a su alma.
  • Los demonios malévolos los podemos convertir en fuerzas benéficas en base al cultivo de la virtud y la fuerza interior. Esta transformación se realiza mediante el desarrollo de las cuatro virtudes cardinales (prudencia, fortaleza, templanza y justicia) que, a la vez, se presentan de forma simbólica en la ciudad prototípica.
  • La virtud hace bueno al hombre y buenas sus acciones, clave primordial para obtener la eficacia de un buen gobierno de la ciudad y por extensión en el cosmos. Para poder gobernar, el pensar bien y saber expresarlo de una forma convincente de lo que sería o no conveniente hacer, es fundamental. De aquí que la dialéctica sea el método filosófico por excelencia ya que por ella captamos a través de los símbolos, lo simbolizado, poniéndonos en contacto con la verdad, encaminados al conocimiento en sí mismo y a la recuperación de la dignidad original del ser humano.
  • Compartido por todos los pueblos antiguos aparece el sentido filosófico del heroísmo y con él la teoría del genio donde el conocimiento del poder es parte del conocimiento de Dios. El héroe posee una crianza divina que deriva de la conexión del hombre con Dios, quien ejerce sobre el héroe la tutela, y donde Dios es fuente de todo poder.
  • La creatividad como fuente positiva del poder es la fuente de todo auténtico gobierno y orden político. De hecho, el gobierno empieza por sí mismo ya que uno no puede gobernar sin saber gobernarse. El gobernante ha de ser fiel, piadoso, pobre y al servicio del bien común sabiéndose administrador del poder Divino.

Añadiduras de J.O.P a este resumen de Gemma … dos cosas:

I. Creo, respecto al último punto, que la creatividad es más bien la principal manifestación del poder. El origen del mismo está más bien en nuestra capacidad de recibir, aceptar y dejarnos ayudar por la energía del Espíritu siempre fluyendo en nosotros inagotable…

II. Como apostilla, a la última línea, escribo

Una reflexión sobre la “pobreza”,

de la cual debe hacer gala todo buen líder o gobernante.

He utilizado en el cap. III de LCC, quizá demasiado precipitadamente, el término “pobreza”, hoy tan incomprendido como su contraparte la “riqueza”. Me parece más correcto referirnos a la necesidad del desprendimiento, o desapego: el “no-aferramiento” a la forma en general, a las formas materiales en particular, a las posesiones, propiedades, al dinero. He aquí la verdadera “pobreza” que necesita todo gobernante para realizar de modo justo y eficaz la función que tiene encomendada. Platón en la República lo teoriza con la chocante doctrina del “comunismo”, que según parece podía sintonizar en cierto modo con el sistema que Licurgo aplicó a la organización de la clase dirigente de Esparta. Pero, hay que fijarse bien en que consiste ese “comunismo” tradicional, que el personaje-Sócrates con su exagerado discurso intenta dar a comprender. Los “guardianes de la ciudad”, que son los gobernantes (la nobleza, los líderes, los” guerreros”,  los caballeros, los dirigentes, la casta de los kshatriya, los “reyes”, etc) son quienes deben  practicar el comunismo. No, en cambio, el resto de la sociedad, y menos que nadie el Tercer Estado (comerciantes, industriales, estamentos económicos y empresariales) que necesita precisamente de la riqueza como instrumento de trabajo, y que tiene como cometido producir y distribuir los medios de subsistencia para todos. Se trata, por lo tanto de un comunismo de clase (o mejor, de casta), no aplicable a toda la sociedad, tal como lo quisieron entender los revolucionarios rusos y los igualitaristas y “niveladores” franceses e ingleses que los precedieron. Para nosotros, filósofos, es mucho mejor entender que se trata de un comunismo en sentido simbólico (no literalmente aplicable en el plano de la acción social ni en las instituciones).

Creo que en este comunismo aristocrático, que es el verdadero, la cuestión sorprendente de que los padres ni tan siquiera deben convivir con sus hijos -al estilo familiar que nosotros conocemos- eso debe entenderse sobre todo en sentido simbólico (al igual que el desapego a la riqueza en general). La no-posesión de los hijos se refiere, por supuesto, a la necesidad de “engendrar sin poseer” que recomienda Lao Tsé a todo progenitor y en general a todo creador con respecto a su obra. Es algo lógico, si se medita un poco en el bien del hijo y en la buena dinámica y economía de toda forma de creatividad.

Así las cosas, debemos pues comprender bien esta exigencia de “pobreza” que nos cualifica a todos para poder mandar bien (coordinar, dirigir, etc) a los demás, cada vez que nos toca hacerlo. En el buen gobierno la acción es siempre un servicio en aras del bien común. La posesión de bienes con apego (aferramiento psicológico, dependencia identitaria, etc) es el gran obstáculo a la eficacia en la fluidez, la disponibilidad y el goce del Bien Común (que es el Bien del Alma). Entendiendo bien esta idea nos libramos del pauperismo corriente en muchas formas pseudo-religiosas, pseudo-franciscanas, populistas, obreristas, moralistas, etc, en las que continuamente caemos, al hacer de la pobreza en sentido literal un valor absoluto: valor que es la contraparte de considerar la riqueza material como algo unilateralmente bueno, y como la principal forma de riqueza. El gobernante, por lo tanto, puede ser rico en el sentido corriente, y mejor que lo sea, siempre y cuando desempeñe bien el papel de administrador del bien común, siendo “guardián de la Ciudad”, y dejando de identificarse como propietario de algo…

Catherine escribe:

Me gustan las ideas que expone en su libro, y que son un buen resumen de lo que debe ser un buen líder (…): práctica de las virtudes, formación, correcta motivación, auténtica retórica, saber asumir el poder, etc.  ¡Es todo un programa!

Tatiana escribe:

“El dinero, el sexo y el poder son tres auténticos dictadores, los cuales dominan a la masa de los individuos”: Dión los llama “demonios”, y considero muy acertada dicha similitud pues estos tres vicios o impulsos son los que pervierten al hombre dentro de la sociedad, y lo hacen esclavo (…) pues, una vez probados estos vicios, automáticamente se ve impulsado a conseguir más, buscando saciar su espíritu con algo que no puede llenarlo, sino que por el contrario lo vacía. Y corromperse la persona conlleva de manera incontrolada la corrosión de la sociedad.

“El arte de la transformación de los demonios en fuerzas benéficas, en genios positivos, es algo que puede realizarse gracias al desarrollo de la virtud, que significa el cultivo de la fuerza interior“: Los demonios (dinero, sexo y poder) son formas como el poder <en sentido general> se manifiesta de manera natural y espontánea, si bien éstos pueden transformarse en algo benéfico para el hombre a través de la virtud. Pero la virtud no funciona de manera automática: necesita de nuestro esfuerzo y nuestra constancia, debemos trabajarla. De este modo, podemos conseguir que las buenas acciones nos transformen…

Diálogo (construido) de Beatriz con J.O.P.:

B.: El dinero, el sexo y el poder, realmente son los grandes demonios de TODOS los tiempos, la gente se convierte en verdaderos esclavos y vende su libertad por tener y tener y no es capaz de disfrutar del goce de lo simple y sencillo, creo que los verdaderamente libres son los que viven con poco y ni se cuestionan el tener o no, lo importante es el ser. (…) La idea de que el cambio viene del individuo, la relaciono con el valor del esfuerzo (tema de mi investigación), lo cual me lleva a pensar que el principal input de cambio debe partir de uno mismo.

J.O.: Aquí solamente hay que matizar -para acordarnos en una terminología común- que el cambio en realidad viene de la PERSONA, la cual, como hemos explicado, trasciende completamente nuestra realidad limitada como individuos. No se trata pr tanto de un cambio meramente psicológico (nivel individual) sino de una transformación de nuestro ser, reconectándonos con la persona que realmente somos (nivel universal).

B.: La realeza como símbolo de la dignidad esencial del hombre (…) significa que todos la tenemos en mayor o menor medida…

J.O.: Lo que nos hace reyes es la participación en lo Universal, eso que llamamos “ser persona”, lo cual está simbolizado por la corona, una especie de embudo abierto hacia el cielo que colocamos sobre la cabeza, fabricándolo con los mejores metales, adornándolo con las joyas más valiosas y rodeándolo de rayos de luz. La corona es un receptáculo que nos permite captar, transmitir y ejercer la soberanía…que nos viene dada desde “arriba”.

B.: Al hecho de que el hombre-microcosmos está hecho a imagen del macrocosmos, asocio la idea de que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios: micro y macro están uno incluido en el otro.

J.O.: Correcto: ser persona es ser conforme a la imagen y recuperar la semejanza.

Daniel escribe:

Mediante la lectura atenta del texto he descubierto la teoría imperial y teocrática, “De la realeza” de Dión de Prusa y (…) el simbolismo del Sol como agente real. He conseguido conectar esta teoría con el pensamiento oriental, a través de la doctrina de los Cinco Agentes de la Naturaleza (Wu-hsing) y la he fijado gracias al diagrama mandálico. (…) Me he interesado por la dialéctica y el arte regia, como formación para el perfeccionamiento moral de los políticos, especialmente el punto referido al autoconocimiento, ese conócete a ti mismo” (γνωθι σεαυτόν), ingeniosa sugerencia que nos invita a descubrir nuestro potencial oculto y aspirar a ser mejores.

J.O.: Tu comentario denota un excelente trabajo. Déjame recordar tan sólo que, siguiendo la doctrina tradicional, “políticos” somos todos nosotros: los que nos interesamos por este tipo de temas y por el cultivo, que conllevan, de la polis interior/exterior, que cada uno tiene a su cargo. Así se aclara también la pregunta de Beatriz <<¿cómo exigir que nuestros dirigentes estén bien formados>> ya que nuestro principal dirigente es la mente que nos gobierna con los pensamientos, proyectos de acción y decisiones que tomamos (o no tomamos) a lo largo del día; nos gobierna con la ayuda de la emoción, que es la energía que mueve el cuerpo. Este conjunto de mente-emoción es el principal dirigente, y está en cada uno de nosotros. Sólo en uno mismo lo podemos formar y transformar. Cómo? Cinvirtiéndolo en un buen soberano, siguiendo el simbolismo regio más arriba apuntado. A partir de la soberanía reconocida en uno mismo, podemos ver con claridad como podemos ayudar o mejorar a los demás dirigentes de nuestro país y de nuestro entorno, si es que tenemos medios y capacidad para poder hacerlo. En todo caso, la oración es el poder transformador más grande de que dispone el ser humano para este tipo de menesteres: es una herramienta política de primera importancia, que interesa recuperar y aprender a practicar bien. Y no es fácil, porque no basta con decir lo que se desea: hay que sentirlo realmente, gozando ya de la transformación efectiva de “nuestros dirigentes” como algo obtenido y realmente existente en este otro plano de realidad que aprendemos a reconocer bajo el nombre de “ciudad sagrada”, “Jerusalén celestial”, “Paraíso”, etc. En el próximo capítulo abundaremos en este tema.

Pablo dice que ha disfrutado leyendo el capítulo y escribe entre otras acertadas reflexiones:

<<En la vida es muy importante conocerse a sí mismo para poder dominar los impulsos. Y es mediante las virtudes y su entrenamiento donde el ser humano crece, se domina, se sabe regir (…)Por tanto la virtud es la clave del buen gobierno, (…) también (…) la amistad basada en la virtud, (…) así como (…) tener una buena consejera y colaboradora por esposa…>>

En cuanto a la dialéctica, Gemma pregunta: “dialéctica es lo mismo que diálogo?”

J.O.: Dialéctica es el arte del diálogo. Ambos términos se pueden entender en sentido vulgar, o corriente; y, en sentido platónico (“leer a través” mediante la comprensión del lenguaje analógico), un sentido verdaderamente iluminador y casi completamente olvidado, aun por la mayoría de estudiosos, que siempre caen en el sentido vulgar, tal como lo explico en el capítulo III que estamos trabajando.

Sergi aporta (entre otras muchas cosas):

<<Una reflexió relacionada al món casteller. El lema dels castellers és: força, equilibri, valor i seny. Es diu que amb aquestes 4 virtuts es poden descarregar els castells. Té moltes similituds amb les virtuts cardinals. Força – Temprança, Equilibri – justícia, Valor – fortalesa i seny – prudència.>>

REFLEXIONES CLASICO-TRADICIONALES

SOBRE LA DEMOCRACIA

Nuestra reflexión -no sistemática- sobre este punto que tanto interés despierta en nuestro tiempo, y que sólo de pasada tratamos en el Capítulo III de La Ciudad Cautiva: el arte del gobierno, arranca de una pregunta de Sergi:

<<Perquè durant els nostres temps els millors no estan en el govern?>>

La pregunta tiene trampa porque implica una asunción discutible. Podríamos pensar que, en general, sí están en el gobierno. Pero no me interesa entrar en esa discusión. Considero mejor preguntar ¿a quiénes consideramos “los mejores” en cuestión de gobierno?. El capítulo que estamos estudiante nos ayuda a plantear correctamente esta pregunta con ayuda del pensamiento clásico tradicional. Sobre todo nos lleva a asumir cada uno de nosotros el papel gobernante que nos toca, en el nivel que nos toca. Entonces, es obvio que no a todos nos toca “gobernar” al mismo nivel de responsabilidad y amplitud. Pero también es obvio que todo profesional desempeña en cierta medida “funciones de gobierno” (mando, decisión o influencia sobre personas). Desempeñarlas bien, es entonces el principal asunto de la ciencia política que estamos considerando. Y desde este punto de vista ya evitamos de entrada asunciones demasiado generales como la que Sergi presupone en su pregunta.

En esta misma línea Joan escribe:

<<Cuando uno lee el capítulo dedicado al (buen) gobierno resulta inevitable establecer comparaciones con las formas de gobierno que vivimos actualmente, marcadas por la corrupción y la falta absoluta de cualquiera de las cuatro virtudes cardinales.>>

J.O.: En la vida corriente todos nos podemos reconocer en algun momento formulando ese tipo de comentarios, pero en un curso de máster como el que tenemos entre manos nos interesa profundizar más, usando de nuestro método, la dialéctica. Es verdad que las formas democráticas que se intenta aplicar en la modernidad están marcadas por la corrupción. Por ello, siguiendo la teoría clásica, hemos de reconocer que en países como el nuestro nos hallamos en una combinación democracia/demagogia, en la cual toda la gracia está en inclinar el fiel de la balanza lo más posible hacia el primer platillo. Entonces, podemos reconocer que la falta de las virtudes cardinales en la actual acción de nuestros dirigentes (en los cuales nos incluimos cada uno de nosotros en distinto rango y grado, puesto que estamos precisamente aprendiendo a reconocer que, en realidad, todos ordenamos/desordenamos continuamente la polis, con lo que pensamos-sentimos-hacemos) no es absoluta, ya que cuando un país se acerca a eso último las estructuras e instituciones del Estado se rompen, se disuelven, y hasta llegan a desaparecer. Se entra entonces en esta gama de situaciones que son la guerra “civil” y los tipos aún peores de violencia generalizada, bandosidades, y caos entre distintos grupos de delincuentes y contradelincuentes armados arrasando con las poblaciones. Nuestro país y la Europa Occidental se mantienen hoy en gran parte y por fortuna al margen de este tipo de fenomenología, la cual está afectando buena parte de países en África y Asia. Es decir, que si en nuestro país, y en los más cercanos y afines, todavía existe cierto orden que nos permite formas de convivencia pacífica y resquicios de vida comunitaria, eso es porque -a pesar de todo- sigue estando viva y latente la estructura y la dinámica interna de la Polis, con las cuatro virtudes que la protegen en cada una de las cuatro puertas, con la “economía graciosa” de los beneficios activada, y con el “altar central” del bien común, visitado todavía por una apreciable cantidad de ciudadanos y/o dirigentes, que allí se acercan cada día a “sacrificar” (“hacer sagradas las cosas”) y recibir este tipo de “fuego” y de “alimentos del alma” que nos mantienen en vida como personas, y nos vinculan unos a otros con lazos de comprensión y afecto.

El sentido exageradamente negativo que acostumbramos a imputar a los actuales políticos de nuestras tierras, viene en parte del énfasis comercial que los medios de comunicación ponen en los casos de corrupción, violencia e injusticia. Entre los poderes del Estado democrático, éste que llamamos el “cuarto poder” (los medios de comunicación, conformadores de la “opinión pública” y la manipulación de masas) no es precisamente el menos vulnerable a la corrupción. Y precisamente, el énfasis en lo negativo de los demás es uno de los rasgos característicos de la “ciudad cautiva”, donde los ciudadanos perdemos nuestra fuerza y libertad originales.

En este sentido, conviene recordar -desde el punto de vista clásico-tradicional, que estamos aprendiendo a incorporar a nuestra forma de pensamiento la verdadera doctrina sobre la democracia. Este tipo de régimen, que es el tercero, tiene como principal característica que nos ofrece a todos participar directamente en la cosa pública. Todo derecho reconocido implica inmediatamente un deber. Debemos pues contribuir cada día en la medida de nuestras fuerzas, capacidades y vocación, a la ordenación de la cosa pública. Si vemos que algún dirigente falla en su función, quizá nos toca a nosotros sustituirle en el cargo, y entonces debemos trabajar para ello con los dispositivos que este tipo de régimen ofrece (expresión y divulgación de opiniones, asociación,  praxis partidista, praxis pública, ejercicio de cargo representativo, etc.). Si no podemos, no sabemos, o no nos toca -tras cerciorarnos de ello- debemos contribuir a la cosa pública por otros medios que estén a nuestro alcance (acción cívica, profesional o familiar) y evitar por todos los medios divulgar negatividades (reales o imaginadas), apostando por la verdadera participación política: el arte regio que estamos aprendiendo en este curso.

En todo caso, la participación democrática es a través de la creatividad de cada uno en el día a día de la polis. También la participación democrática se corrompe continuamente, sin darnos cuenta. Entonces se convierte en una “participación demagógica”: nos olvidamos del bien común, de nuestra dignidad humana y ciudadana, y empezamos a quejarnos entrando en la dinámica de los rumores y las suposiciones, que es el entramado de negatividades que conforma la “ciudad cautiva”…contribuyendo con ello-aunque sea inconscientemente- a la disolución de la comunidad política. Una de las formas más usuales de la demagogia en nuestros Estados ocurre cuando pensamos que la democracia se basa simplemente en ir a votar entre la raquítica oferta de productos que ofrece el escenario político de nuestro tiempo y lugar. Desde esa visión nos convertimos realmente en el “hombre masa” y nuestras capacidades de participación ( o creatividad) quedan casi totalmente inhibidas. La democracia es para ciudadanos libres y responsables, no para esclavos. Implica mucho más que el ir a votar optando por alguna de las promesas de futuro o por los desiderata que son los programas que anuncian los “representantes” candidatos a cargo público. Incluso en los casos en que uno no vea más salida que la reclusión al ámbito familiar y privado, entonces hay que rezar por los gobernantes, mandándoles buenos pensamientos, ánimo, rayos de luz y energía benéfica eficaz y transformadora (en el sentido de la “economía del alma” estudiada en el cap. II, a prpósito de Séneca y los beneficios), puesto que -a pesar de los pesares- ellos son los que están en posición de ejercer aquellas funciones públicas indispensables que nosotros preferimos no desempeñar. Lo queramos o no, somos parte del Estado y de las actuales formas que toma la política.

En cuanto a la cuestión de la democracia como el modelo menos malo de los regímenes posibles, no es tan fácil de captarla como parece aprimera vista. Sergi y Beatriz se han interesado por esta idea, ella con cierta tristeza “por que tener que conformarnos con algo tan deficiente…”

En primer lugar, tengamos en cuenta que enfocar el escenario político exterior, el de la sociedad en que vivimos, propio de nuestro tiempo, etc, significa ponerse en los márgenes de la teoría sociopolítica fundamental que estamos aprendiendo, e interesarse por una cuestión menor, en la que bien poco podemos hacer la mayoría de nosotros. La doctrina política clásica-tradicional es un verdadero modelo del mundo que nunca ha dejado de funcionar, en distintos niveles y escalas, que van del macro al micro, donde podemos aplicarla de cara a comprender/transformar. Entonces, recordemos que la monarquía y la aristocracia, siendo los regímenes (o formas de gobierno) mejores, están perfectamente activados hoy día en innumerables aspectos de nuestra vida individual y colectiva, siempre que recordemos el valor primordialmente universal y simbólico de los conceptos que manejamos. Allí donde se producen mejoras en la vida colectiva, obras hermosas, prácticas útiles y beneficiosas, buena vida en común, valores vivenciados y compartidos, etc, allí están en acción formas de “monarquía” y de “aristocracia”, es decir, presencia e influencia de personas que son capaces de actuar como auténticos líderes y dinamizadores, como auténticos soberanos al servicio del bien común, guiados por la luz y el amor. Hay cantidad de ejemplos, y no estaríamos vivos aquí y ahora sin este tipo de eficacia, creatividad y goce, que nos viene del obrar a través de estas formas superiores (las cuales también actúan, aunque sea de forma underground, en todo “sistema político democrático” que más o menos siga funcionando. Funcionan paralelamente a él, dentro de él y fuera de él). Que hoy el arquetipo “monarquía” y el arquetipo “aristocracia” no tengan apenas una plasmación institucional en el escenario político de nuestros Estados, es una cuestión relativamente secundaria. Siguen estando entreverados y, sin ellos, la democracia sería imposible, ya que en la realidad concreta van siempre juntos los tres tipos que teóricamente distinguimos. Esa imbricación real y concreta de los tres tipos, está explicada en el III capítulo de LCC, al que remito.

Cuando la corrupción abunda, y llega hasta afectar a buena parte de la clase dirigente, entonces las formas monárquicas y aristocráticas, al intentar ser aplicardas, se convierten en las contrarias, a saber, la “tiranía” (equivalente a lo que hoy llamamos “dictadura”, “despotismo”, etc) y la “oligarquía” (eqivalente a los grupos de presión, camarillas, mafias, redes y grupos de todo tipo dentro y fuera de lo oficial, etc). Y como que -tal como dice el adagio escolástico- corruptio optimi, pessimum, entonces es mejor adoptar la democracia como régimen institucional, porque, aunque sujeta continuamente a corrupción (al caer en la demagogia: como p.e. en formas de manipulación apoyándose en la mayoría, a la que se adula; en el despotismo de la mayoría frente a las minorías; utilizando con astucia las leyes y el sistema paraperseguir intereses particulares; embaucando a la población con pseudo-informaciones, o ilusionismo estadístico; consiguiendo con astucia la promulgación de leyes injustas, etc.), es menos peligrosa que los otros dos sistemas, cuando son usados por gente no cualificada o por malvados. Un platónico asiático del siglo IX, Alfarabi, dice que la democracia es comparable a un queso de gruyère, donde siempre puedes encontrar agujueros de libertad, en medio de la densa masa compacta.

Catherine

<<He estudiado derecho, pero no he estudiado nunca la política.  Este capítulo me abrió la puerta para profundizar en conceptos que nunca había considerado: monarquía, democracia, demagogia, tiranía, etc.  Para mi, la demagogia, no era otra cosa que la oratoria que atrae a los demás hacía sus propios argumentos a través de falacias.  Pasa mucho en política, pero ahora entiendo que es también un sistema político.

J.O.: Habrás comprendido por todo lo dicho más arriba, que la demagogia no es un sistema (ya que no funciona por sí sola), antes la corrupción del sistema democrático. La corrupción, tal como se explica en el capítulo que has leído, viene al ovidarse del bien común y perseguir intereses particulares. En el caso de la democracia, lo más frecuente es utilizar el pensar y el sentir de la mayoría para no tener en cuenta (no escuchar, querer eliminar, etc) a las minorías. Si a eso se une que la mayoría es manipulable (y más en la sociedad de masas, tal como lo han explicado los psico-sociólogos y pensadores del s. XX), entondes podemos comprender los ámbitos de la praxis política que quedan más expuestos a la corrupción.

C.: ¿Puede una democracia no caer en la demagogia?

J.O.: Claro que puede! Pero eso siempre será por la virtud de quienes en ella ejercen las funciones de gobierno y control; no por ninguna clase de “virtud mecánica del mismo sistema”. Los sistemas (regímenes o tipos de gobierno), a parte del rango numérico (y por tanto cosmológico) que los distingue, no son buenos ni malos, en el sentido que podemos ser buenos y malos los seres humanos, y buenas y malas nuestras acciones.

Beatriz.: ¿cómo exigir que nuestros dirigentes estén bien formados?

J.O.: Esta contundente pregunta de Beatriz, ya formulada más arriba, sintetiza el sentir de muchos de nosotros. Llama la atención lo de “exigir”. Cómo hacerlo?…Desde la visión corriente y masificada de la democracia (o más bien en este caso, demagogia), la respuesta es: “a través del voto”. Pero claro, eso es insuficiente, porque es cada x años y, sobre todo, porque en el actual sistema (en este punto, un sistema demagógico) no se exigen responsabilidades a los electos, los cuales permanecen siempre camuflados en el semi-anonimato de las listas. Entonces hay que cambiar el procedimiento y aplicar un sistema responsable, con lisas abiertas, etc. Sobre ello mucho se habla y muchos están de acuerdo. Entonces, ¿por qué no se cambia el sistema de elección? ¿Es demasiado difícil? ¿Cómo hacerlo? ¿Puedo yo hacer algo en este sentido? ¿Me toca intervenir en este punto y trabajar en esta dirección para conseguirlo? ¿Hay otros pasos previos que deben darse primero?

Estos ejemplos de interrogación, bien desarrollados por cadauno según la guía de las propias luces, han de conducirnos a superar el síndrome irritado-descalificador-victimista que se apodera de nosotros y nos sumerge en la “ciudad cautiva” cuando se suscita este tipo de cuestiones, tal como nos ocurre al leer este tercer capítulo de LCC sobre el Arte del buen gobierno.

Cuando los “problemas de la política de nuestro tiempo” nos afectan tanto y nos producen tanta indignación, una de dos:

1) o bien nos toca a cada uno agarrar la sartén por el mango y ejercer en ese sentido el propio poder (y la propia autoridad) de una manera inteligente y eficiente, utilizando las herramientas institucionales al alcance, o diseñando otras nuevas (es decir “entrar en política” haciéndolo bien); muchos de los que sentimos asaltos de ira en esta dirección, hemos de intervenir o, al menos intentarlo, porque ese tipo de pasión es una señal que nos manda la Providencia mostrando un camino para aprender… Hemos teorizado ya sobre la naturaleza de los “guerreros” y el “alma irascible” en este III capítulo de LCC, vinculándolo con la “cuarta raza” hesiódica, Hércules y sus trabajos, etc.

2) o bien nos toca transmutar directamente los pensamientos/emociones negativos que nos asaltan (odio, ira, decepción, temor, desánimo, etc) respecto de semejante tipo de problema, y transmutarlos directamente en pensamientos/emociones positivos: visualizando a todos nuestros dirigentes, nacionales, locales e internacionales, mandándoles luz, cariño, fuerza y energía positiva en general para que obtengan para el común todo el bien que deseamos. Este segundo tipo de práctica es más importante que el primero. Pertenece a la Política con mayúscula, que estamos aprendiendo. Es inmediatamente efectivo y transformador, aunque eso a nuestra “mente sabionda” le parezca ingenuo o poca cosa.

El primer tipo de intervención, también está al alcance, de modo subsidiario, para todos quienes estemos llamados a intervenir en el plano de la acción social en un determinado momento. El plano de la acción social tiene muchos niveles, y todos son “niveles de lo político” en el sentido global y filosófico que estamos reconquistando para esta ciencia/arte que es la organización, consecución y goce de la buena vida comunitaria. De modo que, según los talentos y la vocación (que nos son dados), a unos nos toca intervenir sólo en el ámbito de la familia: el primero y más importante de la auténtica política; a otros, además, en el ámbito de la profesión; a otros, además, en el de este vastísimo campo de creatividad que hoy llamamos “voluntariado”, “sociedad civil”, “tercer sector”; a otros finalmente, nos toca intervenir a veces en el ámbito pantanoso de lo que hoy se llama “política”, ámbito muy especializado, no tan importante como parece a primera vista, y destinado sólo a los que además de luces y buena voluntad, tienen una piel y unas defensas comparbles a los de un rinoceronte o un vehículo blindado. En todo caso, aunque seamos demasiado débiles, o demasiado lerdos, para entrar en ese último tipo de lides, debemos recordar que la”antigua política”, la “gran política” (la que llamamos “sociopolítica fundamental”) está siempre al acance y nos incumbe directamente a cada uno de nosotros, porque de ella depende directamente nuestra felicidad y la de quienes nos rodean.

C.: Otra idea.  Cuando la democracia no reconoce la existencia de Dios, de la Ley Natural, cae en pensar que la verdad se encuentra siempre en la mayoría.  No solamente es positivismo…

J.O.: La democracia no es más que un tipo de gobierno. No es el tipo de gobierno (o de régimen) el que hace los pueblos, es la religión: eso sí, la religión tal como la hemos entendido y estudiado en el capítulo I de LCC, dialogando con la obra de Fustel de Coulanges, quien afirmaba con todo el peso y la razón de los antiguos: “No son los pueblos que hacen la religión: es la religión la que ha hecho los pueblos”…y los mantiene vivos (espiritual y comunitariamente) -podríamos añadir.

Hay que entender que ese tipo muy especial de democracia, que es la democracia moderna, lo hemos diseñado en la cristiandad. Es un modelo cristiano, que se está intentando adaptar a nivel mundial -en otras civilizaciones (no cristianas)- no sin hartas dificultades, tal como se puede observar. La democracia, ni ninguno de los demás sistemas de gobierno, no puede funcionar sin la religión que ha configurado aquel ámbito comunitario al que se aplica. Mejor, por lo tanto, encontrar la manera de hacer constar esto institucionalmente en las constituciones. Pero aunque no se consiga declararlo oficialmente, la religión (su esencia verdader en el corazón, el sentir y la conducta de los ciudadanos) sigue siendo indispensable para la existencia de la comunidad política como tal. Cuando la religión, creadora de un sistema (o ámbito) de civilización, se pierde, las formas de organización político-comunitarias se van disolviendo y troceando; la población cae en las formas de individualismo, egoísmo y violencia, que siguiendo a Séneca hemos caracterizado como una especie de “ciudad cautiva”.

*

Joan escribe:

<<La lectura de La Ciudad Cautiva me produce dos  sensaciones opuestas que van a más a medida que avanzo en la lectura. Por un lado me está aportando una nueva visión de todo lo que me rodea así como algunas claves para llegar a convertirme en una mejor persona, pero también me produce una cierta sensación de desasosiego al ver con otros ojos la realidad en la que vivimos y como nos hemos alejado del camino de la virtud que propugnaban los filósofos en la Antigüedad.>>

J.O.: Correcto, de eso se trata, Joan: el trabajo transformador tiene dos vertientes, que son la gracia y el rigor. Por la primera descubrimos el verdadero sentido de la vida y la posibilidad real de comprender y gozar al máximo el infinito regalo que continuamente nos está ofreciendo. Por la segunda aprendemos a identificar los obstáculos y realizamos el indispensable trabajo de poda para cortar y abandonar las ideas, sentimientos y formas de acción que ya no sirven y que constituyen impedimentos a lo que más deseamos. Los escolásticos (Sto. tomás de Aquino) siempre insisten en estas dos partes, que llaman “orden destructivo” y “orden constructivo”.

*

Otra cuestión que suscita Sergi, relacionada con el buen uso de la voz, un tema que le interesa como investigación y docencia:

<<No s’esmenta quan es parla de dialèctica, però la veu del governant hauria de ser bona, en el sentit complert del terme, ja que una persona que té bona veu, no pot ser mala persona. La veu podria determinar el grau de corrupció que té el governant.>>

J.O.: Creo que de la forma de hablar pueden deducirse rasgos de carácter, lo mismo que la grafología los deduce de la forma de escribir. Pero de aquí a suponer que  puede deducirse algo sobre la cualidad moral de la persona, eso ya es harina de otro costal. Sabido es que las Musas, inspiradoras de todas las artes, pueden decir mentiras tanto como verdades (así ellas se lo dicen a Hesíodo cuando se le presentan para dictarle el célebre poema). Los grandes líderes de masas, habrán tenido la mayoría de veces buena voz, y no siempre han sido “buenos”. La buena voz, ligada a la buena retórica, es uno de los principales instrumentos de la sofística, tal como se explica en el capítulo que tenemos entre manos, al hablar del daimon-poder. Osama Bin Laden, que en el escenario político que conocemos aparece indiscutiblemente como malvado, tiene una voz encantadora con la que se deleitan masas de admiradores y seguidores, que lo tienen por héroe y líder, además de ejemplo viviente de cómo debe pronunciarse y entonarse la lengua arábiga más pura y clásica… La buena voz por sí sola es útil para la dialéctica tanto como para la sofística; para transmitir la verdad como para hacer tragar las mentiras.

*


Gemma apunta también esta interesante reflexión a la lectura del Tercer Capítulo, que considero una excelente síntesis de lo que significa “artede la energía” (chi kung):

<<Siempre he tenido la inquietud personal de poder aprender a relajar la mente dejando que fluyan los pensamientos positivos, aquellos que a menudo no emergen espontáneamente, relajar el cuerpo, calmar las emociones para poder encontrar paz y tranquilidad. Pienso que el saber cognitivo no es suficiente sino cultivamos de forma paralela el ser interior, solamente engrandeciendo a los dos podemos encontrar un equilibrio en el “yo”.>>

Comentarios a La Ciudad Cautiva, cap. II (II entrega)

SOBRE EL BENEFICIO:

REGALO, GRATUIDAD Y GRATITUD

De Joan:

“Punto especialmente interesante es el beneficio, no como algo material, sino como algo que trasciende la materia, y se sitúa en la base de toda la estructura social y política. Uno se da cuenta leyendo este capítulo de la importancia que tiene saber dar, pero también, de los deberes que uno adquiere cuando es beneficiado por otro: un tema que merece profunda reflexión y que nunca me había planteado.”

De Pablo:

“Vivimos una etapa donde las personas han perdido la conexión con lo más profundo de su ser y ciegamente buscan la felicidad de modos equivocados (…) sin tener en cuenta, y en primera prioridad, lo más obvio : la persona y su formación humana. (…) Para esto es necesario el fortalecimiento del alma. Tengo que reconocer que he disfrutado y aprendido mucho en este capítulo.”

De Evaristo, con respuestade J.O. sobre la lectura:

“El presente capítulo me ha sido de más fácil comprensión, (…) porque he hablado con Lucio de cordobés a cordobés, y los dos hemos usado el mismo lenguaje, los mismos sentimientos.”

J.O.: Sí, así hay que leer siempre los textos de sabiduría clásico-tradicionales: “de cordobés a cordobés”, o también “como una carta dirigida a ti personalmente” indagando siempre en el sentimiento que hay detrás, en la intención de lo que nos quiere transmitir, en esa fraternidad a través de los siglos, en ese Espíritu que sopla desde más allá a través de las palabras. En suma: lectura atenta, lenta y meditativa. Ya no vale en estos parajes el punto de vista crítico. Este último sólo lo aplicamos a las ideas viejas incrustadas en la mente por antiguas programaciones que ahora ya no sirven.

De Gemma:

<<Séneca nos dice cómo podemos salir de todo lo negativo incentivando los pensamientos saludables, “la memoria de los beneficios”, que es todo aquello bueno que desde siempre tenemos, que nos ha sido dado. La teoría de las Tres Gracias, desarrollada mediante la iconografía (símbolos y mitología) es el principal vehículo utilizado por el pensamiento clásico para transmitirnos la doctrina del dar. Destacaríamos de las Tres Gracias los valores mandálicos, el vínculo más fuerte de la sociedad humana, el vínculo social por excelencia, el gran promotor de la amistad que nos hace concebir al hombre como un animal social esencial ligado a la benevolencia, beneficencia, ayuda y solidaridad. Para liberar a la “Ciudad Cautiva” se ha de conocer y practicar el arte de los beneficios… Los auténticos son aquellos que sirven como remedio para curar el alma, los que no podemos tocar con las manos: pensamientos, intenciones, recuerdos y disposiciones de ánimo positivo con respecto al prójimo.  Los pensamientos positivos no se generan de una forma automática la gran mayoría de las veces. Requieren un cierto esfuerzo, una creatividad de ideas y emociones. Los pensamientos negativos, por el contrario, fluyen de una forma mucho más automática, acuden sin que nosotros queramos, nos afectan y, con pasar el tiempo, crecen.

La doctrina de los beneficios nos sitúa en una “economía de gracia “donde el bien público consiste en asegurar  la gratitud del uno al otro. Todos los hombres son iguales a pesar de las diferencias en la virtud y en la fortuna.>>

Diálogo con Sergi:

S.: El beneficio está en la parte del ánimo y como dice Séneca “permanecerà siempre”. Pero tendrá que haber alguien que lo cuente. Tiene el mismo beneficio una buena acción si nadie la ve que una acción vista por todo el mundo?

J.O.: El beneficio lo “tiene” la persona, no, la buena acción. Si el beneficiado lo proclama, hay más beneficio (en general). Si el benefactor lo proclama, hay menos beneficio.

S.: Si el beneficio se convierte en norma podemos decir que ya no hay beneficio? En el momento de ser común desaparece? Por lo tanto actualmente somos una sociedad desagradecida, por no saber valorar lo que tenemos. (otra vez Séneca).

J.O.: Si “convertirse en norma” quiere decir que todos nos hacemos conscientes (de ser y haber sido regalados abundantemente) despertando en nosotros la gratitud, entonces aumenta el nivel de felicidad general: se refuerzan los lazos comunitarios y la buena vida. Eso es lo que se persigue con el aprendizaje de la “ciencia-arte” que estamos trabajando con ayuda de Séneca.

La sociedad ayer y hoy se vuelve desgraciada cuando los ciudadanos se olvidan de todo eso y caen en la ingratitud y todas las formas de pensamiento (y acción) negativo(a) que ello acarrea.

Nosotros somos más que la sociedad (en el sentido ontológico, no, sociológico).

S.: Como podemos considerar el intercambio entonces? És una muestra de gratitud? Y el comercio? Los dos salen beneficiados con lo que les interesa. En las negociaciones generalmente los dos salen perjudicados. No han podido llegar a lo que pretendían.

J.O.: Hay dos tipos distintos de intercambio (o economía) naturalmente jerarquizados: los beneficios y el comercio material y corriente. En el primero sólo se gana (si se hace correctamente); en el segundo siempre se gana y pierde. En el comercio, o en cualquier forma de pacto o contrato, puede haber también beneficio. Es humano que lo haya, pero es por añadidura. Esta “añadidura” en nuestros trabajos laborales es la que los convierte en algo placentero, anímicamente gratificante y humanamente formativo.

S.: Un proverbio “ Cuando te hagan un favor, grávalo en piedra, cuando tu hagas un favor, escríbelo en la arena”

(Otra cosa)…una duda: La adopción como un dar que no deberíamos dar?

J.O.: La adopción de hijos, la droga y el aborto no son temas que interese ahora entrar a discutir (y menos abstracta y descontextualizadamente, tal como se hace corrientemente). Frente a temas tan complejos y difíciles, si uno está empeñado en posicionarse abstracta o ideológicamente al respecto, unodebe seguir el parecer de la autoridad espiritual (personas que saben de eso más que uno mismo). Yo sólo he mencionado esas tres cosas como ámbitos problemáticos “donde hoy día hallaríamos ejemplos” de un verdad importantísima: “que a veces el beneficio consiste en no-dar lo que pide el solicitante”.

S.: Vinculando este tema con mi trabajo,…Para dar la voz debemos evaluar a quien se la damos y según qué grado

J.O.: Eso debe significar que podemos tanto beneficiar como dañar con lo que decimos (cantamos o gritamos) y que, por tanto, debemos medir bien nuestras palabras y sonidos. No es así?

Diálogo construido sobre lo Raquel escribe:

R.- Me preocupa profundamente que la falta de justicia social nos aboque a la disyuntiva de ser tiranos o esclavos…

J.O.: – Mejor poner simplemente “la falta de justicia”, porque se trata de la justicia en el ser humano mismo. No es la sociedad o la falta de justicia social la que nos hace caer en el síndrome “tiranos/esclavos”.

R.– La lectura de este capítulo me ha llevado a meditar sobre la necesidad de invertir los valores que dominan la sociedad actual. Comienza ya a haber movimientos de distinta índole en este sentido y creo que no podemos quedarnos cruzados de brazos. Tenemos la obligación y la necesidad de liberar a la ciudad cautiva, trabajando sobre nosotros mismos y sobre la ciudad (que tan bien representa el alma humana).  Desde el asociacionismo local a movimientos como el slow-food, comienza a verse la urgencia de reivindicar una visión realista que nos impulse a trabajar por el bien común. Es imprescindible desarrollar el valor-beneficio, junto con virtudes como el agradecimiento (los hechos son importantes, pero las actitudes lo son más porque dicen cómo somos. Dar las gracias por algo es digno de tenerse en cuenta. Ser agradecido es, en cambio, una forma de estar instalado en la vida y supone un convencimiento profundo;  la serenidad (la actitud agradecida ante la vida requiere como condición previa saber mirarla serena y atentamente, y de esta visión contemplativa surge el agradecimiento)

J.O.: Buena intención y noble pasión, en lo que dices. Pero conviene recalcar una y otra vez, que la forma clásico-tradicional de ver y practicar la política es diferente de la forma actual, que tenemos tan arraigada, la cual tiene como defecto el querer empezar la casa por el tejado. Eso es, cambiar la sociedad (exterior) antes de cambiar uno mismo.

Precisamente porque veo que esa no es tu intención, importa descartar los “movimientos sociales”, los “cambios de valores”, las “inversiones de los valores”, etc. como formas de intervención eficaces. El cambio sólo se produce a través de la vida interior: cuando yo comprendo, siento y transformo en mi (y la relación con mi prójimo) las ideas y vibraciones que no están afinadas. Luego, a partir de esa comprensión/transformación, se nos va haciendo la luz sobre qué podemos hacer, diseñar, programar, de cara afuera (si es que hay que hacer algo…). En todo caso lo que realmente importa es la “conversión” de la mirada en cada uno de nosotros (eso es lo que Él espera…). Lo demás, el plano de la acción, viene por añadidura como un efecto espontáneo de la transformación interna. En realidad ambas cosas (lo interior y lo exterior) no están separadas, pero sí hay una clara jerarquía entre ellas, que la “política” de la modernidad ignora sistemáticamente, abocándonos siempre a considerar la sociedad como una máquina y a nosotros como los mecánicos-ingenieros.

Los valores por definición son buenos y, en general, hay coincidencia en ellos: la paz, el bienestar, la libertad, la familia, la prosperidad, etc. son queridos, defendidos y proclamados incluso por quienes los niegan en la práctica. No cabe duda de que los criminales, los violentos, los “intolerantes”, los “terroristas”, etc., también se suman a las manifestaciones defendiendo los valores, y participan en partidos, movimientos y oenegés con nobles propósitos. Comprender el arte/ciencia de los beneficios es otro punto de vista, algo mucho más concreto, inmediato y efectivo, que “reivindicar” o “desarrollar el valor-beneficio”. El valor es nuestra alma y se desarrolla dejándonos penetrar por el flujo de gracia que constantemente nos regala el espíritu de Dios. Esa es la “antigua y primera política”, en la que podemos colaborar “encarnándola”. Ese auténtico valor se comunica espontáneamente, por osmosis, por contacto presencial, por vibración interna… Todo lo demás viene por añadidura.

R.– También me interesa sobremanera el beneficio como vínculo entre ciudadanos. El mayor beneficio por el que debemos vivir agradecidos es la capacidad de amar que nos conecta como a las tres Gracias en un ritmo ternario sostenido entre nosotros, la tierra y el cielo. Aquí encuentro la base y el desarrollo tridimensional del mandala de nuestra ciudad interna. La teoría de las Tres Gracias me ha apasionado, así como el tratado De los beneficios de Séneca (…) son puntos clave en el modelo de gestión que persigo, y que en mi libro <Comunicar para compartir , Barcelona 2010> son aspectos que, en cierto modo, ya trabajamos.

De MªJosé:

<<Me ha sorprendido la tremenda actualidad de la doctrina de los beneficios, donde se hace una crítica de las costumbres del momento; y que se proponga un “fortalecimiento del alma”, para la vuelta a los orígenes, ya que ciudad o sociedad es el alma humana.

El enderezamiento será a través de los beneficios, donaciones o regalos, donde la voluntad de los que dan hace que alcance medida de sacrificio o inmolación

Frente a la caducidad de las cosa hay una perennidad de los beneficios”. Esta frase me habla de (…) la perenne actualidad de la Redención de Jesucristo como don recibido por parte del género humano.>>


Hans

escribe unas Intuiciones sobre el entrelazamiento de lasTres Gracias, donde empieza dudando de que exista realmente la belleza interior (la de un gesto, la de una idea) y reconociéndola solamente en “los fenómenos que captan nuestros sentidos”. Tiene la impresión de que “necesita un objeto interno para manifestarse”. – Y sigue- No así el gozo, que a nadie le cabe duda de su interioridad en el sujeto que lo experimenta (…) La belleza produce gozo interior, pero si estamos en la ofuscación raramente es bello lo que nos rodea. Lo que viene a unir ambos, es la bondad. Entendida como “gracia”, que supera incluso la mera voluntad sacrificada de hacer el bien, la bondad es un estado del alma que a diferencia de los anteriores, no tiene ningún sentido fuera de su nexo entre lo íntimo y lo que se presenta fuera en la realidad. Da para extenderse mucho, pero diría que el gozo y la belleza están entrelazados por la bondad y que solamente así podemos acercarnos a su explicación. La retórica de Séneca sobre los beneficios, no deja de ser, pienso, una forma práctica de bondad. A diferencia de los estamentos liberales que parten por principio del egoísmo, se parte del bien común. Esto hace que el sistema de libres transacciones siendo muy parecido al liberalismo por su modo de operar, sea radicalmente contrario…”

J.O.: A esta admirable especulación filosófica  estamos todos invitados… La “especulación” la perfeccionamos cuando los símbolos (en este caso las tres doncellas desnudas y enlazadas) nos sirven de espejo (speculum) para reconocer y meditar aspectos de nosotros mismos y del cosmos. Es “filosófica” cuando ya no intentamos construir un “sistema cerrado de pensamiento, que no sea contradictorio” (una filosofía moderna al estilo racionalista, donde se intenta que todo cuadre lógicamente) , antes la utilizamos (la especulación) para hacernos amigos y amantes de la sabiduría (ya que eso significa la “filo-Sofía”), para encarnar reamente el conocimiento y transformarnos a nosotros mismos…

En cuanto a la belleza interior, idea platónica por excelencia, y uno de los principales “nombres divinos” que nos ha legado la tradición… traigo a colación el libro de Edgard Wind, ya citado, que nos explica en clave iconológica (según el célebre estilo del Warburg Institute, que tantos frutos ha aportado a la intelectualidad del siglo XX) esta doctrina, la más rancia de la Academia Florentina. De allí he sacado yo buena parte de lo que expongo sobre las Tres Gracias en La Ciudad Cautiva. Allí podéis encontrar un desarrollo mucho más amplio, en relación con el cuadro entero de Sandro Boticelli, llamado “La Primavera”, a su otro célebre cuadro, el “Nacimiento de Venus” y otros célebre cuadros de nuestra pintura clásica, que Wind utiliza como iconos para ese tipo de meditación en el que nos hallamos, el cual él denomina con el nombre rimbombante “misterios paganos del Renacimiento” (en nuestro caso, los de Venus-Belleza). Reproduzcoaquí la portada del libro y un link con una selección del capítulo VIII, El nacimiento de Venus, cuyo contenido puede interesaros a todos, pese al esfuerzo de tener que navegar entre tanta erudición literaria y pictórica… es el estilo de Wind. Cambiar continuamente de registro intelectual (de dharsana, de “punto de vista”) es parte de las competencias que debemos adquirir para manejar nuestro método analógico y “comparativo”.

Encontraréis las páginas seleccionadas aquí.

 

De J.Mª con una  respuesta de J.O. sorbre la justicia :

J.Mª.: “El arte de dar, sea en el plano que sea, tiene en la sociedad tanta importancia como la tiene la justicia, y guarda con esta virtud una relación directa, y aun la supera.” Esta  atrevida afirmación, contenida en el comienzo del capítulo II, guarda una gran verdad y nos muestra a su vez que el hombre puede trascenderse a sí mismo: muchos pueden pensar que no hay nada más allá de la justicia, que debe ser el valor absoluto que rija todo funcionamiento de la ciudad. Incluso si entendemos bien el concepto de justicia (dar al otro lo que es justo para él, no para ), el ser humano siempre puede trascender sus propios límites, y no para perder su sentido, sino para engrandecerse, como en el caso de dar, donde no se espera nada a cambio y se entrega un bien desinteresadamente –incluso puede que a un enemigo- con la seguridad de que si esa acción contribuye a construir un mundo mejor, otra vez seremos nosotros quien recibamos una gracia, y puede que mucho mayor.

J.O.: Quizá quieres decir demasiadas cosas a la vez… Aunque la justicia no es ahora directamente el tema, debemos señalar que esta tiene un carácter natural, es decir; objetivo. No tiene sentido, desde el punto de vista clásico-tradicional en que nos situamos, hablar de “lo que es justo para él” y “lo que es justo para mí”. En la verdadera justicia, a la que se refieren las doctrinas clásicas, ambas cosas coinciden. La justicia es un aspecto de la ley natural, no, una componenda entre intereses contrapuestos (tal como se piensa desde el artificialismo moderno o “maquiaveliano”). De eso hablaremos más adelante.

La acción benéfica es concreta. Sí que, en cierto sentido, contribuye “a un mundo mejor”, pero solamente si tiene impacto directo en el goce satisfecho del beneficiado y del beneficiante concretos.

J.Mª.: Dice Séneca I, Vii:2 : “se agradece mucho más lo que viene de una mano generosa, que lo que viene de una mano llena”. Esta sentencia me sugiere el valor que damos a las cosas de la vida, …lo más sencillo…: una sonrisa, una mirada, unas palabra de aliento… Por último me gustaría reflexionar sobre el que Séneca reconoe a la propiedad, como una función, un medio, para alcanzar el bien común, (…) base de (…) una comunidad-sociedad. Meditando acerca de su discurso, quizá sea más fácil comprender la situación de nuestro mundo contemporáneo, (…) esclavizada por el “yo” y su ansia de poseer…>>

Beatriz escribe:

<<… que son muchas y maravillosas las ideas de esta lectura (…) …que <después de ella> soy una persona diferente: he entendido el verdadero significado de muchas actuaciones de mi vida profesional, y he reflexionado sobre su verdadero sentido. (…) He aprendido cómo se ha de dar: incluso anticipándose a la demanda, con prontitud, sin esperar a ser demandado, porque entonces desmerece el verdadero sentido. (…) Sobre el tema que el goce es menor cuando el beneficio se otorga de forma colectiva,estoy totalmente de acuerdo (…). Que la ingratitud es el peor de los males, es una verdad como un templo, una de las enfermedades de nuestro siglo: nos lleva a la autodestrucción. La frase “ayudar ea los demás es la principal manera en que uno se ayuda a sí mismo”,me hace pensar en las personas que proyectan su vida hacia los demás son inmensamente felices. (…) La trampa y la esclavitud del consumismo, que nos hace sentir tristes y frustrados (…) cómo en Navidad la gente se siente triste…

Durante 25 años en la docencia he hecho mi trabajo lo más efectivamente posible e intentando que mis alumnos aprendiensen y creciesen como personas responsables, pero esta faceta interior no la he proyectado en ellos. Deseo hacerlo a partir de ahora y tener un tiempo diario para ese mandala, que tan necesario es para mi persona.

Mil gracias.>>

De Tatiana, con un comentario de J.O. sobre la riqueza:

“La acción de regalar generosamente, o de beneficiar a alguien por el gusto de hacerlo, ofrece contrastes con la acción de impartir justicia, ya que esto último siempre conlleva obligación y sujeción al derecho, mientras que el beneficio es gratuito y totalmente libre: beneficio y justicia no son equiparables, pues si bien lo primero es un acto voluntario y libre, la justicia lleva consigo un acto de obligación. Pero al mismo tiempo, ambos conceptos deben estar unidos (…) Siguiendo el pensamiento de Séneca, necesitamos comprender y redescubrir el verdadero sentido de la riqueza, recuperar la capacidad de hacer y de recibir correctamente los favores y los regalos, de manera que se fortalezcan tanto el alma individual como el alma colectiva: la riqueza no es algo material, sino que es el saber dar y entregarse a los demás de manera desinteresada. Saber ver y recibir los actos voluntarios de los demás es lo que hace ricas a las personas: esta es la verdadera riqueza del ser humano, y hemos de saber transmitirla a los demás.

J.O.: Tu comentario da en el clavo. El trasfondo de este capítulo II es ayudar a comprender qué es la riqueza y, sobre todo aprender a reconocerla, gozarla y aumentarla en beneficio propio y del prójimo. La “sociedad opulenta” (affluent society) que mediante la revolución moderna hemos creado a lo largo de los últimos siglos, se ha desarrollado a costa de la sabiduría, que hoy tratamos de recuperar. Ésta nos enseña el verdadero sentido de la riqueza/pobreza. Hay que comprenderlas a las dos, porque la verdadera “idea” está siempre más allá de los complementarios. Somos demasiado ricos en unas cosas y demasiado pobres en otras. Riqueza y pobreza pueden ser ambas vicio y virtud. Todo depende de la medida, del nivel y la capacidad de comprensión: en suma, de la sabiduría… “Sólo el sabio es rico, ya que todo lo posee…” dice Séneca. Pero eso ¿lo estamos entendiendo verdaderamente? o estamos todavía con la visión literal y material (la del capitalismo, el liberalismo, el marxismo, el pseudo-franciscanismo, el buenismo tercermundista, etc.). Aquí no se está hablando de una riqueza que se pueda conseguir con ingeniería social ni con “políticas públicas”. Se trata de algo mucho más grande, eficaz y directo: la reforma del pensmiento, el fortalecimiento del ánimo, la recuperación de la bondad y la belleza original de nuestro Ser, que ya es perfecto y existe desde illo tempore. Desde este talante, que también denominamos “arte de la energía”, damos la bienvenida a la riqueza, que incluye la prosperidad material, y el goce de la misma, para cada uno de nosotros, nuestras familias y el prójimo que siempre nos rodea. La sabiduría no tiene forma externa. No es incompatible ni siquiera con la abundancia material. Pobreza y riqueza son esencialmente coincidentes, aunque eso parezca mentira desde el pensamiento dual al que nos han acostumbrado. Sin desprendernos de todo, no podemos empezar a gozar de la abundancia que gratuitamente derrama el Cielo sobre nosotros.

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SOBRE LA COMPLEMENTARIDAD DE

VIRTUD Y PLACER:

Ha sorprendido a Evaristo que “virtud no está reñida con placer.” Volveremos sobre este tema tan importante en el capítulo VI, donde se desarrolla más, a propósito de Santo Tomás Moro. De momento basta con haber señalado esta doctrina tan ortodoxa, defendida por los humanistas (como el cardenal Lorenzo Valla, enterrado en San Juan de Letrán, y gran defensor de la voluptas) en una época en que la ruptura de la cristiandad y el endurecimiento de las conciencias, empezaba a oscurecer para la mayoría el verdadero sentido de la religión. En todo caso el cultivo espiritual es bueno porque aporta a nuestra vida, y a la de quienes nos rodean, un goce mayor. Existe también una jerarquía en los placeres: no todos son igualmente duraderos o satisfactorios. En los grados inferiores se mezclan con el dolor; en los superiores, son pura beatitud permanente y estable, sin mácula de sufrimiento. Ascender en la escala de placeres es imposible sin ayuda de la virtud. La virtud sin placer se aleja de su objetivo, que es el goce en sentido espiritual (gozar de Dios, de su Presencia, su Bondad, su Amor, siempre generosamente disponible para nosotros). Sin duda, la clave se halla en la coincidencia de esta aparente oposición entre complementarios.

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SOBRE LA AUTÉNTICA FILOSOFÍA Y LA ESENCIAL COINCIDENCIA DE LAS DOCTRINAS ANTIGUAS

A Evaristo le “llama especialmente la atención, por (la) formación escolástica y cartesiana recibida, que se dé una fundamental coincidencia en los puntos de partida de los autores clásicos (…)”, que en “los presocráticos, Platón, Aristóteles, los estoicos, epicúreos y cínicos, con sistemas filosóficos distintos unos de otros” podamos hallar “convergencia de los puntos de vista, o enfoques”, que “configuren una tradición”, y podamos “descubrir su complementariedad”.

Sobre eso mismo escribe Juan: “me ha parecido especialmente interesante entender la historia de la filosofía, no como una evolución en el tiempo basada en hipótesis y teorías que se contraponen y se superan, sino como diferentes puntos de vista acerca de un todo que es común, y que todos los filósofos aceptan como verdadero. Esta puntualización ha representado para mí –a pesar de mi formación universitaria como humanista- un giro radical en la concepción de la historia de la filosofía, ya que siempre se me ha presentado desde un punto de vista evolucionista y de contraposición de teorías, enfrentado a las diferentes escuelas y filósofos.”

Ya empezamos a plantear en clase este tema del verdadero sentido de la filosofía (la “antigua”, la que parte del legado tradicional, la encaminada a la sabiduría). Es un tema mportante para eliminar obstáculos a beneficiarse del pensamiento que en LCC denomino “clásico-tradicional”, un método de pensamiento que tratamos de recuperar, y que ha sido desfigurado por eso que se ha dado en llamar “historia de la filosofía”, la cual parte de punto de vista nuevo y especial, que la modernidad ha diseñado para la enseñanza oficial media y “superior”.

Para darse cuenta de este punto de vista especial, hoy corriente entre la mayoría de pensadores académicos y universitarios, hay que comprender (y superar) lo que significa el punto de vista “sistemático”, que lo afecta, limitando el alcance de la indagación y deformando irremediablemente todas las formas de pensamiento anteriores y/o distintos de la modernidad occidental europea. De bo decir, antes de escribir cuatro cosas al respecto, que este tema es el que subyace en toda la trama de LCC, y que el principal método para captarlo es -además de la lectura y la transmisión oral- el trabajo ya encargado con los diccionarios de símbolos, que nos introducen al nuevo/viejo método de pensar con la intuición y el corazón: no sólo con el cerebro.

Aunque parezca mentira, la “filosofía” moderna (o racionalista) se desarrolla sobre todo en Europa a partir de la síntesis del “angélico doctor” Stº Tomás de Aquino. Su sistema racional de doctrina (la escolástica) es una síntesis genial (continuamente la estudiamos, yo la uso y divulgo repetidamente en mi libro, y en la enseñanza universitaria, para la ordenación del pensamiento en el análisis de aspectos doctrinales), pero desde otro punto de vista más importante es peligrosísima, tal como lo reconoció el propio Aquinate. Peligrosa porque distorsiona el pensamiento tradicional (cristiano) en una estructura racional-sistemática (sólo mental); y peligrosa “civilizacionalmente” por toda la “filosofía moderna” que a partir de ella se generó, a saber, el racionalismo y todas las formas ulteriores de “superstición” que afectan la mentalidad moderna.

Hay todo un trabajo de recomposición intelectual que realizamos juntando fragmentos, y viendo la unidad detrás de las aparentes contradicciones. En el caso que nos ocupa –y que no puedo ni soñar en comentar aquí mínimamente por escrito- sería ya un gran paso comprender la idea de “puntos de vista” (en sánscrito, dharsana)aplicable a los fragmentos que nos han llegado del pensamiento precristiano, dejando de proyectarles la visión “sistemática” de la filosofía moderna. Pero hay muchos prejuicios y sombras históricas que dificultan dar este paso intelectual (prejuicios anti-orientales, “parroquialismo” o “etnocentrismo” europeo, imperialismo ideolóico occidental, progresismo mecanicista decimonónico, etc), aunque hoy la documentación y los medios para poderlo dar son abundantes (y aquí el obstáculo es que la “intelectualidad” actual no tiene el tiempo necesario para este tipo de cultivo en profundidad, ni el coraje que hace falta para la radical revisión de esquemas).

…Los fragmentos de los doxógrafos que Diels-Kranz con el célebre título de su obra, Fragmente der Vor-sokratiker (que marca un hito en la filología griega), acuñó este término “presocráticos”, que tanto éxito ha tenido, hasta el extremo de llegar a “inventar” una “filosofía” más, para añadirla al principio del catálogo de aquella  pretendida “historia”. Pero en realidad lo que hizo Diels no fue sinó juntar en un solo libro, los “fragmentos” en cuestión, que él iba recogiendo en los manuales de los doxógrafos bizantinos: nada más (y nada menos!) que de la compilación de frases inconexas, que los gramáticos griegos, en plena época cristiana, utilizaban como ejemplos para ilustrar el buen uso de la lengua griega. El patchwork de fragmentos así obtenido, no da pie a presuponer los distintos y contradictorios “sistemas filosóficos”, que los programas oficiales de enseñanza del siglo XX han dado por establecidos…

Dichos fragmentos de la sabiduría ancestral griega (escritos principalmente por filósofos de las tierras periféricas: el Asia Menor y la Magna Grecia)se iluminan y llenan de sentido cuando podemos aplicarles el método “comparativo”, que yo considero indispensable por las humanidades en general, y por las de nuestra época en particular, tal como lo he explicado repetidamente. La “comparación”, en este caso se refiere a las doctrinas coetáneas de las tradiciones espirituales, que en aquella época colindaban por el lado de Oriente con el mundo griego. Aquí se opone otro prejuicio, hoy casi insoluble en el mundo “intelectual”- académico: la ideología del “milagro griego” (criticada por mi indirectamente a propósito de Fustel de Coulanges, y criticada con mayor autoridad que la mía por otros autores allí citados)que postula la desvinculación de la cultura Europea frente a la espiritualidad de Oriente, afirmando que lo que aparece en determinado momento en la antigua Grecia, es algo que surge “ex nihilo”, original y único, que alcanzará su pleno desarrollo en la modernidad occidental europea del siglo XX. Algo que nos distingue de las restantes civilizaciones de Asia y de la tierra, y nos sitúa espiritualmente en un grado superior y avanzado). Este prejuicio es difícil de desactivar, porque tiene su base en el etnocentrismo espontáneo que viene de la ignorancia, en el desconocimiento de la Antigüedad, y en el olvido de la propia tradición sapiencial (greco-egipcio-romano-judeo-cristiana).

En todo caso, conociendo las doctrinas de Oriente (hinduismo y budismo, principalmente, por lo que atañe al mundo greco-romano) nos percatamos “comparativamente” que al mismo contexto espiritual pertenecen los dichos fragmentos presocráticos, y también el posterior platonismo, y los distintos “ismos” que de el se derivan (incluido también el escepticismo, además de los que cita Evaristo). Reflejan y reproducen fragmentos de las doctrinas espirituales que el hinduismo ordena bajo la división en dharsanas, y el budismo recoge posteriormente en forma de sutras. Hay bibliografía seria, erudita y comprensible, sobre todo eso para el que desee estudiarlo como yo lo he hecho; y para aplicar el método comparativo, también existe la posibilidad, aun mejor, de aprender directamente de los vivientes sócrates, platones, diógenes y sénecas, que son los maestros y portavoces de estas doctrinas espirituales “orientales” que han seguido vivas y activadas hasta hoy y que se hallan al alcance en las grandes ciudades de Oriente y sobre todo de Occidente.

Se olvida demasiado que en la Antigüedad egipcia y greco-romana hubo intenso contacto con Oriente, principalmente Persia, Asia central, e incluso importantes contactos con el Extremo Oriente. Hubo expansión y contactos militares. El más célebre, el de Alejandro, con todas las secuelas coloniales y culturales. Hubo comercio por la Ruta de la Seda, hoy desértica, pero jalonada de impresionantes y cultísimas ciudades, que en época de Marco Polo aún tenían vida bajo forma de oasis, antes de quedar cubiertas por la arena del desierto que en los últimos siglos ha borrado aquella gran e importante ruta de comerció y civilización que atravesava todo este continente (Asia) al que Europa pertenece también. Hubo conacto artístico, como lo han explicado y documentado los grandes expertos del siglo XX, cuyos estudios no han sido incorporados a los manuales de la enseñanza oficial. Hubo sobre todo los continuos viajes de los estudiantes de filosofía y los sabios, siempre los más viajeros y adaptables, y todos ellos visitadores de Oriente, como lo afirman sus escritos y lo recogen las tradiciones antiguas (que los filólogos modernos han negado sistemáticamente (usando del pretendido “método crítico-científico”) y luego silenciado). Muchos de ellos nacieron en Asia Menor, como Dión de Prusa, cuya enseñanza nos servirá de ayuda en el próximo capítulo. Filósofos como él o como su maestro, Diógnes, discípulo de Sócrates, corresponden exactamente al tipo de “filósofo” oriental que hemos podido conocer hasta hoy, cuyos dichos, obras y formas de ver han podido redescubrir los estudiosos occidentales de nuestro tiempo.

Pues bien, en el conocimiento “comparativo” de las doctrinas asiáticas, hoy vivas, puede reconocerse la unidad doctrinal de aquellos “fragmentos de los presocráticos”, así como de la filosofía griega posterior. Tal como pone el cap.I de LCC, hay una parte selecta de la intelectualidad del siglo XX, que ha explicado y documentado abundantemente esta importante herencia cultural de la modernidad, que todavía se acostumbra etiquetar como “filosofía oriental”. Reconectarnos hoy con el tronco de nuestro pensmiento clásico-tradicional (eso que, no hallando mejor denominación para hacerlo comprensible, yo he denominado una y otra vez “el humanismo”, o la “tradición humanista”) comporta aprender “comparativamente” de las grandes civilizaciones y las tradiciones espirituales de las culturas antiguas, arcaicas y primitivas. El método “comparativo”, junto con las claves del lenguaje analógico (la hermenéutica simbólica tradicional) son la manera de ir viendo aquella unidad del pensamiento antiguo que subyace en las aparentes diferencias, contradicciones y escuelas. En el capítulo próximo (III. El arte del gobierno) seguiremos ampliando este tema y profundizando en él.

José Olives Puig

Cardedeu, 25.02.11