A la Virgen del Pilar en el día que la celebramos

“Dels catalans sempre sereu Princesa

Dels espanyols Estrella d’Orient

Siau pels bons Pilar de Fortalesa,

Pels pecadors, lo Port de Salvament”

(Jacinto Verdaguer, Virolai

…el veritable himne…)

A ti, Pilar,

Que das forma a mi alma Virgen

Conectando mi cabeza con el Cielo,

Las estrellas y más allá,

En el Vacío ultra-luminoso del Empíreo.

A ti, Pilar,

Que conectas mi cuerpo,

Más allá de las plantas de los pies

Con el centro de la tierra:

Las profundidades ignotas y super-energéticas

De lo telúrico primordial,

Donde la antigua serpiente,

Y el fuego de los volcanes.

A ti, Pilar sutilísimo

Que con la cadena de tu rosario

Ensartas mis siete chakras,

cual perfumadas y luminosas rosas,

enlazando lo de Arriba con lo de Abajo,

lo de Adentro con lo de Afuera.

A ti se eleva hoy mi oración.

Virginal Columna,

Existente antes de todos los tiempos.

Vehículo de la Inteligencia Onto-Cosmológica,

Lugar de la inmaculada concepción de Mi Mismo,

Mas allá de toda culpa,

Vibra en mis células

En el tuétano de mis huesos

En la médula de mi espina dorsal!

Pilar de Fortaleza,

Columa izquierda del Templo de Salomón,

Apóyame en el aprendizaje

Otórgame la risa, el buen humor

Que todo supera y relativiza.

Arbol de vida,

Hermosa Mujer:

Madre-Esposa-Hija, Diosa, Hada, Ninfa, etc.

Contigo me caso hoy y siempre de nuevo

(atado como Ulises al palo de tu nave),

Para gozar de la sorpresa perenne

Que tu eres

En el Cielo,

En la Tierra,

En el Infierno,

Y en todo lugar.

Como Santiago, el batallador peregrino,

Depongo las armas y el cayado

Para recibir el agua de tu concha

Sin apartarme un milímetro de la lluvia benéfica

Que por tu sutilísimo Pilar,

-Eje del Mundo-

Siempre derramas.

Amen.

Salvando la cutrez que generalmente acompaña la imaginería religiosa -hay que saber interpretarla!!! y no quedarse enganchado en la forma!!!- sabido es que en la leyenda hispana, Santiago Apóstol (hermano simbólico, gemelo o contraparte de Cristo) en el decurso de su predicación por las tierras de Hispania, al pasar por CesarAugusta, estando de noche junto al Río Ebro, contempla a la Virgen sobre un Pilar que Une el Cielo con la Tierra, en ese camino arquetípico que transitan los ángeles. En el lugar de la visión decide fundar un templo para dar testimonio de la posibilidad real de establecer cada uno de nosotros ese tipo de conexión supra-cósmica realmente salvadora.

En la tradición cabalista la Virgen se asocia con el Árbol de la Vida, nuestro ser interior y perenne, el “hombre nuevo”, u “hombre verde” que todos (hombres y mujeres, claro!) llevamos dentro. Concretamente se la asocia con el Pilar de la Izquierda, que desciende desde Binah -la Inteligencia de Dios Creador conteniendo todos los arquetipos- y a través del Rigor, el Juicio y la Fuerza, se apoya por abajo en la Gloria de Dios, que significa la plena posesión de la luz divina. Es por tanto el aspecto Fuerza de la Deidad, presente y vibrante en nosotros, toda vez que sabemos conectar con nuestra virginal pureza y nuestra fundamental inocencia.

El Pilar Cósmico o Axis Mundi, que es la Virgen, debe asociarse simbólicamente con su Rosario: esa cadena de Rosas (Rosae-Rotae…”ruedas de luz” querubínicas) que configuran nuestros cuerpos interiores (sutiles y sutilísimos), que la forma y la ubicación corporal de los chakras nos ayudan precisamente a ir reconociendo y encarnando. El Pilar es por lo tanto sutilísimo, orgánico, corporal, viviente y vibrante Aquí y Ahora. En tal caso el mármol con que se lo materializa nos remite al simbolismo cristalino del mineral y a la virtud de permanencia: la piedra-luz. En ella se produce la concepción y encarnación de Cristo, nuestro Yo Verdadero.

Esta capilla a la Virgen del Pilar en los campos de Guadalajara nos recuerda que la Verdadera Patria, y toda patria (la Nación Verdadera, y toda nación) se realizan precisamente cuando esta conexión entre Cielo y Tierra se hace presente marcando el centro. Por eso la Virgen-Madre es el arquetipo de la Patria, la fuente de dónde mana toda la energía constituyente… Así lo escribe Mossèn Cinto en otra estrofa de ese que es el verdadero himno de la patria chica:

“Mística Font de l’Aigua de la Vida

rajau del Cel al Cor de mon pais

dons i virtuts donau-li per florida

feu-ne, si us plau, lo vostre Paradís.”

J.O.P.

a Cardedeu, dia de la Verge del Pilar 2012

A la Virgen de la Merced: liberar la ciudad cautiva

Habla la Virgen de la Merced:

 

Hermoso Niño divino

No te olvides del Amor, que te ha creado

Y te está creando en este mismo momento.

Yo te libero del cautiverio,

de la cárcel interior,

de la ausencia de Amor.

Deshago la autocensura

Controlo al juez dictador,

 Al pirata de los mares de la culpa…

Venzo con luz y dulzura al que quiere hacerte indigno,

Al ego censor

Magnificador y hasta inventor de defectos

Y te hace su esclavo,

Como los israelitas en Egipto de faraón.

Olvidado de Gracia y de Merced,

Allí no hay redención…

Hay dolor…y quizá cierto confort

El de “¡Vivan las cadenas!”

No temas tu la libertad

Hijo Unigénito del Padre!

Por nacimiento te pertenece!

Arráigate!

Oración

 

Oh Virgen de la Merced, Mi Alma,

Hoy, en el día de tu fiesta como cada día,

Me salva

Tu radical inocencia

A la cual pertenezco

Y  que Yo Soy.

Me liberas de culpabilidad, de cadenas

Y grilletes psíquicos

Que me discapacitan en la vida

Para Ser,

Y llevar a término buen servicio

Mi Placer

Como ser humano libre.

El Niño Divino que tú en mi

Siempre estás dando a luz

Me redime de toda culpa,

Disuelve todo lo feo

Que a raptor y presa tanto gusta.

Salgo del encierro por tu Merced,

Por Gracia,

No por mérito: que conste!

Sigue derramándola

Sobreabundante

Sobre la corona de mi cráneo

Y mi Corazón,

Que yo, Mi Alma,

Me caso contigo.

“Patrona de Barcelona

Protegiu nostra Ciutat”

El patronazgo de la Virgen de la Merced en la Ciudad de Barcelona, se remonta a un sueño simultáneo que tienen tres notables (Jaime el Conquistador, San Ramon de Penyafort y San Pedro Nolasco) donde son instados por la Virgen a fundar una orden para la Redención de Cautivos (práctica frecuente y lucrativa entre los piratas de uno y otro bando). La eficacia de la Orden de la Merced ha sido enorme hasta nuestros días en el terreno del rescate en el Norte de África y últimamente en el trasfondo de la mayoría de ONGs que operan asistencialmente en las cárceles. A nosotros nos interesa principalmente el simbolismo: es decir la liberación efectiva que se produce en el nivel ontológico presente en cada uno. El Arte de la Energía es un recordatorio de la importancia de ese tipo de liberación.

J.O.P.

Cardedeu 24.IX.2012

Simbología del belén o pesebre para celebrar la Pascua de Navidad renaciendo

Nacimiento de Jesús

“Oyeron los pastores a los ángeles cantando la presencia de Cristo encarnado; y corriendo hacia él, como a su pastor, le contemplan como un cordero inmaculado, lactando del pecho de María y le cantan este himno: (etc)”

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“Oh! Gloriós de la Florida Vara,
dau-nos ajut en tot moment”

No olvidemos la Navidad en esta “cuesta de Enero” magnificada hoy por la llamada “crisis”! La liturgia y el calendario tradicional nos ayudan, recordando que el ciclo navideño y la exposición hogareña del Belén duran hasta la fiesta de la Candelaria (2 de Febrero), cuando el Niño ya crecidito es presentado al Templo. Sólo evocando esas cosas divinas ya se despiertan en nuestro interior los arquetipos (energéticos, vivientes) pulsando por ser reconocidos y escuchados: la dinámica interna del ser humano se puede ver como una permanente ebullición en aras de renacer: una “economía de salvación” que ya funciona siempre de por sí cuando nosotros no interferimos oponiendo resistencia. Apostemos, pues, de entrada, por la naturalidad y la espontaneidad de esta dinámica humana interior que llamamos “natividad” (“segundo nacimiento” o renacimiento, rebirthing, etc.). El Pesebre, del cual estamos dando las claves, es un precioso mapa (mándala) utilísimo para esa tarea.

Hoy se nos aparece San José, el “glorioso de la divina vara”, el “carpintero”, el “padre” que no es el verdadero Padre, en suma: el comadrón, el obstetra. Él nos orienta y nos guía en todo este proceso. Se encarga de proteger la gestación de la “Virgen”, de proteger al Nasciturus, y a ambos después de realizado el parto. Él es maestro porque sabe escuchar los consejos del cielo, canalizados por Gabriel, el arcángel. Así Dios salva la “Sagrada Familia” de las dudas del propio José frente al peliagudo tema de la virginidad, la salv de la matanza de Herodes, y la conduce a Egipto (a donde van todos los sabios –Moisés, Orfeo, Pitágoras, Platón, Plutarco- a iniciarse en los divinos misterios. Toda la historia de este nuestro patrón (o guía interno) es muy orientativa…y mágica! hasta la actualidad (véase su presencia y autoría en el patronazgo de Josep Gaudí, y de su reconocida obra barcelonesa, la basílica de la Sagrada Familia, un prodigio de devoción, arquitectura y máketing urbano, de cuyo simbolismo ya he escrito anteriormente.

Hay un aspecto de este santo que repele en general y, particularmente, a la mentalidad moderna. Es por su respeto a la “virginidad de la mujer” (con la que sin embargo se casa). También resulta chocante su famosa castidad, puesta siempre en primera línea por la mentalidad religiosa corriente. Ambas cosas deben ser bien comprendidas desde el enfoque espiritual y simbólico en que aquí nos situamos, donde la sexualidad no se excluye, antes todo lo contrario, tal como lo atestigua la ya comentada presencia de la “mula” (o asno) dando vida y aliento al Niño en el pesebre.

El obstetra tiene una función sacerdotal. No posee a la Virgen en sentido genital. Ella es sólo poseída por el Padre (el macho divino que la fecunda mediante su Espíritu Santo). San José, por lo tanto solamente cuida y protege a la Virgen (que es nuestra alma receptiva y hermosa). Le consigue y adereza el habitáculo prenatal, la “cueva”. La orienta dándole consejo, ideas heredadas de la tradición ancestral que él (como descendiente del rey David, y como maestro de oficio) representa. Además del conocimiento teórico, además de orientarla (léase nuestra alma enterándose de lo que está ocurriendo con todo este proceso, que tiene aspectos traumáticos- aporta el conocimiento práctico sobre la fecundación por el “Espíritu”, es decir: sobre la respiración en sentido profundo, sagrado y trascendente. Ya que todo nacimiento, si lo pensamos bien, tiene el proceso de la respiración como eje y centro. No en vano subrayamos una y otra vez la importancia de conocer y practicar el que hemos optado por llamar Arte de la Energía (del “aliento”, “hálito” o “espíritu”…el arte de sintonizarnos con la “respiración cósmica”) traduciendo a nuestra lengua y comprensión  moderna, los términos chi-kung y/o prana-yama, que son entre los muchos otros existentes, los más relativamente reconocidos en ciertos ambientes de la modernidad.

Los santos, como José “esposo de la Virgen”, están para ser invocados. Lo hacemos con la incantación de  su nombre, repetido con la máxima intención y profundo sentimiento desde nuestro corazón iluminado. Ellos acuden siempre gustosos en ayuda aportando imágenes y/o palabras y/o/ sensaciones en forma de energías y/o “consejos” con la libertad de poder tomarlos en cuenta y seguirlos. Podemos, como hoy se diría, “canalizar” su mensaje, encarnando su presencia. Los santos cristianos -el santoral del calendario- son aspectos o energías de Dios (así como en el budismo se dice que los bodhi-sattvas son los distintos aspectos de Buda). Están de la parte de Dios: eso significa de lo bueno, de lo hermoso, de lo creativo y luminoso. Son, por tanto, parte inextricable de nosotros mismos, de nuestra alma superior, haciendo de intermediarios en este canal de luz, belleza y alegría que somos cada uno de nosotros interiormente conectando lo de arriba con lo de abajo (el Cielo con la Tierra y la Tierra con el Cielo). Las enseñanzas que, siguiendo la tradición, impartimos de una generación a otra, sólo sirven para despertar en nosotros el proceso de la transformación interna, para conectarnos con estas inteligencias energéticas realmente presentes en lo invisible. Entre ellas, San José ocupa un rango destacado junto a la caterva de los que ya en vida realizaron una sólida conexión con lo superior y divino (la Iglesia Triunfante).

Ya podemos ir comprendiedo que el belén o pesebre, como todo dispositivo simbólico vinculado a la religión y a la tradición popular, cumple funciones ambiguas que operan en distintos rangos. Todo depende de nuestra capacidad y nuestra actitud ante el mensaje tradicional que nos presenta. Aquí nos interesa la aplicación directa a la realización en sentido espiritual: la efectividad transformadora de estos simbolismos en la economía interna de cada uno. Las otras significaciones más corrientes y reduccionistas están también presentes, pero debemos aprender a trascenderlas.

El pesebre no es solamente un juego religioso infantil, una escenografía ficticia para mentes retardadas o perezosas. No es solamente un dispositivo sentimental, que hace vibrar buenas emociones. Tampoco es la escenografía –más o menos documentada y aproximada- de un hecho histórico acaecido en la antigua Palestina…Todos estos puntos de vista son reflejos de la verdad que contiene, pero solamente reflejos indirectos, que nos remiten a la verdad interior de nosotros mismos, de las energía vivientes que bullen en el fuero interno y pugnan por armonizarse, gozar y nacer realmente en un plano superior del cosmos y de nosotros mismos. Nuestro punto di vista no niega, antes trasciende y realiza de moso efectivos los contenidos que nos ofrecen la liturgia cristiana y la religiosidad popular. Los contenidos de la tradición religiosa, a pesar de los defectos que puedan acarrear, y de lecturas literales (o materializadas) que siempre los acompañan, deben ser respetadísimos, por el gran papel que tiene en la transmisión a través de las generaciones y los siglos.

Frente al legado tradicional se sitúa la soberbia de la mentalidad moderna (que impregna nuestra educación recibida). Ya nos hemos referido anteriormente a ese tipo de actitud mental representada por el novedoso “caganer” recientemente introducido en el belén… Ahora bien, ya que el simbolismo todo lo integra –y el mandala todo lo contiene- la negación de todo eso debemos aprovecharla para ayudarnos a trascender el sentido literal de las cosas. accediendo a la otra lectura superior (espiritual, simbólica) de este tipo de realidades a las que nos estamos refiriendo. Por la cincidentia oppositorum ocurre que aparentes contradicciones y negatividades tienen también su papel positivo en la evolución de nuestro ser. El pesebre no es lo que parece a primera vista, ni nosotros tampoco.

El pesebre o belén, heredado de San Francisco de Asís y también de los monjes del Templo de Jerusalén, es un genial diseño que ha transitado en el cristianismo popular hasta hoy, para exhibir contenidos de alta significación espiritual (transformadora, alquímica), utilísimos para todos los despiertos con ganas de aprender, practicar y renacer a otro cuerpo y a otra vida. Un “cuerpo de gloria”, “cuerpo de luz”, “cuerpo de Cristo”…Una vida eterna, siempre siendo en el aquí y ahora, en la Presencia (sin pasado ni futuro), expandida, real, viviente, respirante…Mucho más cercano todo ello que nuestra yugular.

El tipo de enseñanzas transmitidas por San José quedan hoy en general para la clerecía cristiana circunscritas a lo que dicen los cuatro evangelios canónicos (que ya es mucho) y a los comentarios de los padres y seguidores. No recogen los “secretos del oficio”, que seguro conocía y enseñaba el Maestro Carpintero. Recordemos simplemente que los “carpinteros” en los contextos de sociedades arcaicas, son los arquitectos o “maestros de azuela” (mestres d’aixa). Sus productos van desde el vaciado de un tronco para hacer una canoa, la construcción de una cabaña, hasta la construcción del Caballo de Troya, el Arca de Noé, el Palacio de David, o el Templo de Salomón, pasando por la de una balsa, un bote, una carabela, o por la admirable arquitectura de troncos, tablones y llatas, que es la suiza o la nórdica, entre muchas otras. Si nos fijamos en todo ese tipo de productos constructivos que se realizan con el hacha de carpintero (la azuela y otras herramientas más sofisticadas) veremos que el objeto es siempre fabricar un contenedor para el cuerpo humano, o para una colectividad de individuos (familia, felgresía, partida, equipo, parroquia, pueblo, grupo, etc). No es de extrañar, pues, que simbólicamente hablando, la “carpintería”sagrada trate precisamente de obtener, vigilar, conservar el claustro materno (útero, vientre, cueva, tumba) donde se produce el nacimiento del ser humano.

Los “secretos del oficio” que el simbolismo de José evoca, se nos hacen presentes en otra clave con el segundo José de la historia sagrada, que es el de Arimatea. Este importante personaje es el que se encarga de comprar la tumba de Jesucristo, es decir, simbólicamente, el claustro materno (excavado en la roca en forma de silo, tal como ha sido documentado arqueológicamente) para el “segundo nacimiento”, simbolizado en este caso por el Sepulcro Vacío, la Resurrección y la Ascensión a los cielos. Juntando el simbolismo de los dos Josés comprendemos que su “oficio” es también la cosmología. Ya que el cosmos es en realidad el útero que debemos aprender a reconocer para el “segundo nacimiento”. Aprender la cosmología es reconocer y vivenciar el modelo del universo, en el cual hemos sido ya dados a luz por el primer nacimiento, y del cual estamos aprendiendo a liberarnos con ayuda del belén que, ni más ni menos, es un cosmograma para el segundo nacimiento. Las diferentes matrices son siempre artefactos para ser trascendidos: para nacer a otra dimensión.  La cosmología (la arquitectura sagrada y la ciencia de los antiguos constructores) nos enseña una nueva manera de ubicarnos con respecto a nosotros mismos, a los demás y al mundo. Una manera que convierte a todo ello en algo inteligible, interesante, energético, lleno de posiblilidades creativas: lleno de amor, en suma. En La ciudad cautiva hallará el lector estudioso abundante referencia a este tema.

Terminamos el capítulo recordando que Joseph, en hebreo significa “añada Dios un nuevo Nacimiento”, tal como lo leemos en el Diccionario de la Biblia de Herder (que escribió habitando en el desván de dicha editorial, el padre capuchino e ilustre hebraísta Serafín de Ausejo). San José es, pues, el obstetra y su arte constructiva lo podemos seguir aprendiendo hoy de las tradiciones sagradas de Oriente (desde los hesicastas del Monte Athos en Tesalia, hasta la obstetricia sagrada del Extremoriente a la que ya nos hemos referido, pasando por el pranayama y los yogas tántricos de Asia) y Occidente (la geometría pitagórica, el platonismo, y la arquitectura simbólica de los “constructores del templo de Jerusalén”).

El respeto que muestra San José ante la Virgen, nos reafirma en la sacralidad y belleza natural de nuestra alma de luz. La proverbial castidad, entendida en sentido superior (más allá de la literalidad, no siempre negativa, con que lo entienden los clérigos cristianos de la modernidad occidental) la entendemos como la no-interferencia de la mente-pensamiento, que obstaculiza, contamina e incluso llega a impedir el acto de renacer en un sentido espiritual. Cuidemos pues de la virginidad de nuestra alma y confiemos en la ayuda que siempre está recibiendo del cielo.

José Olives Puig
Cardedeu, 26 de Enero 2012

Simbología dell Belén, o Pesebre, para celebrar la Pascua de Navidad renaciendo

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El nacimiento del Niño Jesús en la cueva de Belén, simbólicamente hablando, se refiere a un nacimiento que se produce en nosotros mismos. Pero “¿cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿Acaso puede entrar de nuevo en el seno de su madre y volver a nacer?” pregunta Nicodemo (Jn 3,4) y nosotros con él. Y al formular ese tipo de preguntas hallamos inmediatamente la respuesta. Se trata obviamente de un segundo nacimiento, un nacimiento en sentido espiritual, que es virtual pero real. El auténtico renacimiento (rebirthing) del ser humano. Lo recomiendan todas las religiones y escuelas de conocimiento desde la más remota antigüedad hasta hoy.

Pues bien, pero…¿qué significa nacer? También esta cuestión, que parece obvia, merece ser meditada. Hay distintos puntos de vista, todos interesantes. Para mí el primero es la idea de pasaje a través del túnel uterino. Un pasaje que nos lleva a otro espacio, otra dimensión de la vida, del mundo y de uno mismo. La Navidad es la primera Pascua (que significa “pasaje”). Ahí está involucrada toda la familia: la “sagrada familia” (el Padre, la Madre, el “padre putativo”, el Espíritu Santo, el buey, la mula, etc), una extensa familia que es la de uno mismo. La que hemos tenido en la tierra la simboliza (más o menos bien), pero la real es la familia interna de nuestros arquetipos y energías vivientes dentro de nosotros, que se suscitan y activan con el relato sagrado, cuando lo escuchamos, leemos y consideramos meditativamente; cuando comprendemos que el Pesebre es una radiografía del interior de nuestra psiqué. Pero recordemos de entrada que se trata de pasar a otro estado: en este caso, un estado fantástico, inconcebible desde los coordenadas de la mente humana! Este renacimiento es el que nos conduce al llamado “reino de los cielos”, “reino de Dios”, y aun con otros nombres, que para muchos ya empiezan ser habituales: “nirvana”, “shunyata”, “wu-chi”,  “campos del elixir” (o “campos elíseos”, “islas afortunadas”, o “de los bienaventurados”) etc.

Aquí, la miríada de denominaciones y simbolismos tradicionales, heredados de aquí y allá, no deben confundirnos. Todo ello se trata de un pasaje al interior más profundo de nosotros mismos, representable como el Centro, o el Corazón. En el Belén se nos aparece como una cueva en la que nace el Niño, el nuevo ser divino que es engendrado en las profundidades de uno, y por eso es llamado también “el Hijo del hombre”… Son tantas cosas las que están involucradas en ello! Solamente unas pocas (aun siendo muchas) quedan reflejadas en las palabras, los relatos, los iconos. El simbolismo es un lenguaje torpe, escueto, insuficiente, para designar el contenido al que nos remite, tan vasto y rico como es este Reino al que estamos invitados. La principal idea del pesebre es, por lo tanto, que el renacimiento es posible en vida para todos nosotros (ya nacidos) y que este pasaje es la tarea principal que nos está encomendada en esta vida. El Evangelio y la predicación de Jesucristo y los apóstoles (junto con los restantes mensajes sagrados de la tradición sagrada universal) son para transmitirnos esta auténtica noticia, esta Buena Nueva.

Cantamos de nueva en la misa perenne (o diaria) que celebramos en nuestro corazón: “De ti nacerá, oh María! El Hijo Eterno de Dios”. Y, por lo escrito anteriormente, ya comprendemos que este pasaje se produce siempre en el Tiempo Presente, aquí y ahora, mediante nuestra Presencia consciente, sintiente y viviente.

Empezando por lo más bajo o terrestre, fijémonos ahora en el buey, en nuestro buey o toro interior, usando del simbolismo. Éste es el animal interno que sabe concentrarse, realizar un trabajo sin distraerse, arando recto, penetrando la “tierra” con las potentes pezuñas o con la reja del arado que él arrastra. Se refiere a nuestra capacidad de concentración, de penetrar en la tierra de nuestro cuerpo y nuestra individualidad (psique, energías y sensaciones internas, etc.) para ahondar en ella y fecundarla dejando que penetre la luz por las brechas y surcos que mentalmente vamos abriendo hacia lo más interior del antro de nosotros mismos. En la leyenda mariana (monte Toro de Menorca, Nuria en Cataluña, etc.), él aparece como el guardián de la montaña/cueva, el que guía hacia la luz que irradia dentro de la caverna/vientre de la Virgen. Sin concentración ni esfuerzo ningún trabajo en sentido espiritual e interno es posible. Hemos de adquirirla con el ejercicio, y tanto más cuanto que las formas educativas oficiales nunca nos la enseñan (sólo enseñan la concentración en objetos externos).

El buey y su contraparte, la mula (que simbólicamente hay que identificar más bien como un asno, o burro) se sitúan junto al recién nacido, calentándolo con su aliento regular y ritmado en la noche más fría de todas las noches (solsticio de invierno). El nacimiento tiene que ver con la respiración (nuestra respiración, prana-yama, chi-kung) y con la presencia de estos “animales” internos. El burro, si lo observamos bien, por su forma, sus costumbres, su rebuzno y sus andanzas en la historia sagrada y otros mitos, representa la energía sexual y el color rojo de la sangre (color que etimológicamente se le relaciona en el bestiario sagrado, tal como Guénon bien lo explica). Todo ello confluye en el corazón. Los dos animales asistiendo al Niño nos evocan los tres elementos clásicos del Arte de la Energía extremoriental, que son los tres aspectos principales del trabajo que nos interesa:  la concentración atenta (shen), la respiración (chi), y la energía sexual (ching). Ninguno de los tres puede faltar en este pasaje que es el nacimiento a un nuevo estado del ser, a un nuevo “cuerpo” (cuerpo de Cristo, cuerpo de gloria, cuerpo inmortal, etc), que poco a poco iremos reconociendo, alimentando, y a la vez “comiendo” para transformarnos totalmente identificados y fundidos con el. En la alquimia interna del taoísmo chino llamamos a este proceso “la endogenia del Inmortal”…o de “lo Inmortal”, ya que por ser Dios en Nosotros (Em-manu-El) es tanto Niño como Niña (Ser total, completo, perfecto, andrógino). Atentos pues a nuestra respiración, a nuestro corazón, estamos activando al buey y la mula que dan calor al Niño, al que prodigiosamente siempre está naciendo, viviente, tan frágil como autosuficiente, “así venido” (Tathágata).

Ahora bien, lo más importante es que este “segundo nacimiento” se produce “desde arriba”. Es milagroso, prodigioso! No es obra humana. No lo engendra San José. Lo engendra el Padre mediante su Espíritu viviente. A éste último lo representamos como una paloma que en la sumidad de la cueva manda luminoso semen fecundante al vientre de la Virgen, sentada a plomo debajo de él, en el centro del antro (si queremos ser fieles al protocolo del pesebre). Porque “quién no naciere de arriba no podrá entrar en el reino de Dios” (Jn 3,3). El Espíritu y la Virgen (Cielo y Tierra) forman tríada con el Hijo que nace. Y no se escandalice nadie por la asimilación de la Virgen a la Tierra, porque en esta divina copulación la tierra es “tierra de luz” y nada tiene que ver con el concepto corriente. Y celebrando el nacimiento (que es a laa vez hierogamia) los ángeles, volando por los alrededores de la cueva, cantan “gloria a Dios en las Alturas y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad”.

La historia sagrada no tiene desperdicio. No hay ni una sola palabra que no merezca meditación, ni una sola imagen o forma que no sea vehículo de la energía, de la luz, del amor del nuevo ser que se engendra y nace dentro de cada uno de nosotros. A la vez debemos familiarizarnos con el lenguaje simbólico, comprendiendo que los mitos, las escenas del calendario en la realidad se solapan unos con otros. Se trata de algo que las distintas formas, imágenes y palabras (los símbolos, mitos y ritos) solo imperfectamente y desde muy lejos pueden aludir. De modo que no debemos sorprendernos cuando de pronto el Nacimiento nos remite a la otra Pascua, que es la de Pasión y Resurrección…O cuando todo ello se produce ya en la Anunciación de Gabriel a María, cuando ella concibe respondiendo al saludo: “He aquí la esclava del Señor: hágase en mi según tu palabra” (Lc 1,38). La transformación de nosotros mediante la alquimia interna se produce en la simultaneidad del eterno presente, donde el antes y el después se hacen actuales aquí y ahora. Casamiento, concepción, nacimiento, pasaje, muerte/resurrección, nuevo cuerpo, nueva vida…nos hallamos en plena intelección, a años luz del racionalismo, funcionando con el “cerebro derecho” (la intuición intelectual pura) y aprendiendo la humildad de “no saber” ante la belleza y grandeza de esa posibilidad real de transformación que late en nosotros y pugna por ser dada a luz.

Trovado por José Olives Puig
En Cardedeu el 21.01.12, día de Santa Inés,
la que acude en ayuda de todos los partos.
(continuará)