RENACIMIENTO Y METAPOLÍTICA: Renacemos a nuestro Estado Natural

cor octubre ( 2 ) (Foto Daniel Sunyer: en el último encuentro, 16 Oct., del COR = Cercle Obert de Renaixedors-Montseny/Maresme en casa de Goretti a la falda del Montserrat)

Sin experimentar nuestro “segundo nacimiento” no podemos acceder a la verdadera política. Porque sin él no podemos gozar de felicidad junto a nuestros semejantes, ni ser con ellos creativos.

La auténtica comunidad está compuesta por los “dos veces nacidos”, y generalmente estamos fuera de ella sufriendo y luchando unos contra otros en la “ciudad cautiva”…eso que hoy llamamos “sociedad”. Nacer por segunda vez es algo que –si queremos- podemos realizar en vida. Es para eso que hemos venido a este mundo. Pero parece que primero los seres humanos hemos de agotar nuestras esperanzas de futuro en la desesperación: luchando y sufriendo por ese “mundo mejor” que nunca llega, dando crédito al “mundo peor” que consideramos “real”.

El Renacimiento se produce de modo natural haciendo como marcha atrás. Porque en gran parte se trata de recuperar la vivencia de cosas que antes por error hemos desechado: la Memoria, el Amor, a nuestros padres, los “órdenes familiares”, nuestra vulnerabilidad intrínseca (la parte doliente y “no-realizada”), la docta ignorancia (el No-Saber), el Corazón rendido a la Fuente del Agua de la Vida, etc.

El segundo nacimiento es el RETORNO A TU ESTADO NATURAL, y con él recuperas la condición de verdadero ciudadano. Porque vas descubriendo tu función: lo que tú puedes aportar; lo que de ti se espera: tu “proyecto de vida”. Y eso poco tiene que ver con tus trabajosos deseos-afanes, heredados, la mayoría de veces,  como programas proyectados por quienes en la tierra nos engendraron, de acuerdo a programaciones que ellos y sus ancestros a su vez sufrieron, a través de generaciones y generaciones, desde el tiempo inmemorial en que la separación se produjo.

El estado natural del ser humano se caracteriza por ser Nuevo. Vida Nueva. Nueva forma de respirar y ser. Nueva forma de estar en el mundo, donde los viejos programas y proyecciones ya no sirven. La Vida es siempre nueva, y sólo por error eso lo teníamos olvidado. Nacemos y morimos en pelotas. Eso también lo teníamos olvidado. Somos inocentes y poderosos porque cada uno de nosotros es el “Hijo Unigénito de Dios”. Desde ahí -pero solamente desde ahí- todos somos hermanos y podemos colaborar en la verdadera política.

(De todo eso hablaremos a partir del próximo jeves, 31 Octubre, en las Arenas de San Pedro – Ávila, dónde seréis muy bienvenidos. Hallaréis el programa del XI encuentro del Círculo de Estudios Espirituales Comparados en Díptico XI Encuentro pdf )

Los Diez valores principales

El valor, lo que vale, lo bueno y útil, en realidad es Uno. Pero lo encarnamos a través de varios aspectos principales, que podemos llamar “valores” siguiendo la costumbre actual. Nos sirven para conectarnos. Todos son importantes: son aspectos esenciales de la unidad. Pero el orden en que son enumerados dice algo de la jerarquía operativa que existe entre ellos en nuestra didáctica.

 I.  Amor

Amor de verdad. Amor feliz, poderoso, inocentemente altruista, como existe en la verdadera amistad. No se trata del amor en sentido psicológico, siempre teñido de angustia y dolor, como el amor de los amantes, el amor romántico, los enamoramientos de  pareja. Éste es sin mácula de sufrimiento, puro goce, como la fusión compasiva o la “cáritas”,  el amor divino, la no-muerte (a-mor). Lo puedes sentir ahora mismo en el trasfondo de cualquier relación comunicativa satisfactoria…

 II.  Confianza

Confianza radical y fundamental en Dios, en la bondad de la vida, del cosmos y de Sí mismo. Ponga cada uno el nombre que más le guste al Ser que somos, siempre presente, siempre acompañante y providente. No hay fallo en el plan, aunque sea misterioso y muchas veces incomprensible. Eres un niño divino, elegido para el goce eterno antes de la creación del mundo…

III.  Abundancia

Riqueza y prosperidad sin otros límites que los que tú mismo eliges. Disfruta de lo que tienes y agradécelo. La riqueza es siempre compartida. Bien común. Gracia derramada, recibida-aceptada y devuelta. No interfieras con las programaciones de carencia heredadas de una educación incompleta. La riqueza es desprendimiento. Nunca falta nada. Nadamos en la abundancia…

IV.  Belleza

Expande el corazón reconocerla en las formas naturales, en los ritmos y armonías del cosmos, que empiezan en los latidos y pulsaciones del interior de nuestro cuerpo. Vivimos dentro de un diseño genial. Admiración y goce por la bondad y nobleza de los gestos y las gestas de nuestro prójimo cuando los hay. La verdadera belleza está más allá de todas las formas que la manifiestan.

  V.  Eros

Energía y gracia de la vida, de la atracción amorosa de los complementarios. La epidermis vibrante ante la presencia del otro que siento en mi mismo. El goce y la alegría de tener un cuerpo y fluir con el espíritu en cada momento. La sexualidad cósmica, globalizada, redimida de la culpa. La animalidad como un gran regalo.

VI.  Respiración

Rítmica, incesante, continuamente regalada. Tanto en los pulmones como en los talones y el resto del cuerpo…abdominal, visceral, cordial…todo respira! Dentro y fuera de nosotros. El chi cósmico, el praná que todo lo penetra e impregna, el espíritu de dios que “llena el universo”. La medicina primera y universal. Todo lo cura, todo lo mueve. Reconoce el hálito de vida en tus células, en tus vísceras, en tus miembros, en la naturaleza y los seres animados. Fluye con él.

VII.  Arraigo

Alianza con Dios. Pacto con la Presencia aquí y ahora. Compromiso con la Iluminación como estado de alerta. Abolición del tiempo. Identificación con el eje cósmico: el árbol de la vida, que conecta el cielo con la tierra, lo invisible con lo visible. Lo eterno no transcurre, ni se pierde en lo sucesivo: es lo único real. Siempre siendo. Matrimonio y fidelidad radical con el Ser.

VIII.  Comunión

Manducar con el corazón el cuerpo real de Cristo, más allá de todas las formas que lo simbolizan. Bebe también la “sangre”, elixir de inmortalidad, licor de vida que sacia perfectamente la sed. Comerse y beberse a Dios, es decir, el campo energético de belleza y bondad que sentimos mediante el sentido interno. Al comerlo-beberlo nos transformamos en lo comido-bebido, deificándonos. Compartimos inmediata y automáticamente este alimento básico con nuestro prójimo: así generamos la comunidad, la familia, la polis, la ekklesia.

IX.  Propósito

Hemos venido al mundo para algo. Hay un propósito de vida, que conviene descubrir. La vocación. Se corresponde con nuestros alento, conferidos por las hadas al nacer. Se manifiesta ad extra como nuestra función en la vida comunitaria. Es servicio, ya que no estamos separados. Es comunicación, transmisión, beneficio regalado, la fuente del entusiasmo.

 X.  Vida Nueva

Renacimiento: volver a nacer. Es la transformación en el ser superior y verdadero, el Sí Mismo, “el que hace nuevas todas las cosas”. Entrega el paquete de todo lo viejo, que ya no sirve. Entrégate, ríndete, que vas guiado desde atrás y desde arriba. No temas. Todo lo de antes no era más que una preparación. Eres el hijo unigénito del Padre, quien siempre te está guiando en el camino de retorno a casa.