LAS HUMANIDADES X: sobre la Religión Perenne y Universal de los utópicos

FeatheredSun

 

Siguiendo la línea del capítulo anterior, podemos añadir que Olives realiza una síntesis de su visión de la religión en el capítulo de “La ciudad cautiva” dedicado a la Utopía de Tomás Moro.  Su sintonía con este autor (que forma parte de la corriente más clásica y ortodoxa del humanismo platonizante del Renacimiento[1]) queda patente desde el primer instante: representante de la  «teología platónica»[2] -o de «filosofía mística»[3]-, demuestra que el humanista va mucho más allá del racionalismo o del idealismo y que adquiere un compromiso tan grande con la Verdad, con su interiorización y vivencia, que es capaz de ofrecer su vida por ella[4].

 

Este santo patrono de políticos y gobernantes recoge en su obra un sentido superior de la religión[5] y describe, con detalle, una religión ideal y perfecta, “concebida por la Academia platónica de Florencia, que filosóficamente pone los fundamentos de la naciente Europa.  A pesar de ciertos rasgos aparentemente heterodoxos, se la debe considerar una religión «católica», en el sentido de que conecta con principios verdaderamente universales y conformes a la doctrina tradicional”[6].

 

Esta visión moreana de la religión (punto de encuentro entre el cristianismo, la teoría platónica y el resto de la sabiduría ancestral de Occidente[7]), que coincide esencialmente con la de Olives (aunque éste amplía su comparatismo a las tradiciones orientales), pivota sobre dos goznes que trataremos a continuación:

 

  1. El reconocimiento de la unidad esencial entre virtud y placer (y la revalorización de éste último, la voluptas)
  2. La idea de la religión Única y Superior, de la coincidencia esencial y metafísica que subyace a todas las grandes religiones y filosofías espirituales de la humanidad.

 

El cristianismo que propone Tomás Moro, a diferencia de la vivencia vulgarizada del mismo que se impone entre sus contemporáneos, reconecta su tradición religiosa con la voluptas de los epicúreos, con idea de placer[8].

 

Pero –aclara Olives- se trata de los goces del alma (animi voluptates, que satisfacen planamente el espíritu del hombre), no de la voluptuosidad o lujuria propias del vulgar hedonismo[9] y que son consideradas un vicio, una peligrosa perversión del placer sensible.  El goce sensual no es, para Moro, más que un bien relativo que debe ser ordenado[10], un punto de referencia para acceder analógicamente, platónicamente, mediante la hermenéutica simbólica, al placer en sí: al goce espiritual, a la sabiduría metafísica que persigue el humanismo clásico-tradicional[11].

 

Este «hedonismo espiritual»[12] propio de los humanistas cristianos, hace de la religión una guía para la más placentera de las vidas, tanto en este mundo como en el más allá.  Partiendo de que la creación del mundo y del hombre es un acto de desbordamiento de amor por parte de Dios, una irradiación gozosa de su Bondad y Hermosura tendente a la felicidad de la criatura, ponen más énfasis en la experimentación del placer espiritual que en la ascesis (a la que en ningún momento desestiman sino que incluyen como medio), en el poder transformador de la experiencia como práctica de desarrollo de la personalidad y de religación con la divinidad[13].

 

Para este humanismo cristiano, la virtud –que consiste en la fuerza interior que permite vivir en sintonía con la naturaleza[14]– no es un fin en sí misma sino que desempeña una función subsidiaria: es un medio para llegar a la felicidad, estado natural del alma para el que hemos sido creados.  Fruto de esta armonía con la naturaleza surge el auténtico placer que acompaña a la virtud, “el movimiento o estado del alma o del cuerpo[15] donde nos complacemos guiados por la naturaleza”[16].

 

Sin embargo, este acceso a la divinidad, a la Verdad, a la Felicidad, al Gozo, a lo Bueno y Bello, no es –en opinión de los humanistas- exclusiva de una época o religión.  Aunque generalmente se haya pasado por alto, pertenece al núcleo intelectual de las grandes tradiciones espirituales de idea de la «religión Única», de la coincidencia esencial y metafísica que subyace a todas las grandes religiones y filosofías espirituales de la humanidad.

 

En este sentido, Olives menciona la religio vera de la que habla San Agustín, el sanathana dharma del hinduismo, el akalika dhamma del budismo therevada, la philosophia perennis et universalis medieval, las doctrinas islámicas del tasawwuf, la Doctrina de la Unidad de Ibn Arabí, la perennis quaedam philosophia de Leibniz, la Tradición Primordial de Guénon y Coomaraswamy, la Perennial Philosophy de Huxley y, mediante una extensa cita, la síntesis que de esta idea hace Nicolás de Cusa, cardenal y humanista católico: “Hay pues una sola religión y un solo culto para todos los seres dotados de entendimiento, y esa religión se halla prepuesta a través de la variedad de ritos.  Tú has enviado a las diversas naciones diversos profetas y maestros, unos en tiempo, otros en otro tiempo.  Mas es ley de la condición de los hombres terrenales que un largo hábito se convierta para nosotros en segunda naturaleza, sea tenida por verdad y defendida como tal.  De allí nacen grandes disensiones, cuando cada comunidad opone su fe a las otras fes.  Y al ver que resulta imposible hacer desaparecer esa diferencia entre los ritos, y que tal diferencia parece incluso deseable para aumentar la devoción –apegándose cada religión con mayor cuidado a sus ceremonias como si ellas fueran de mayor agrado a tu Majestad-, que al menos, ya que tú eres único, haya una sola religión, un solo culto de latría”[17].

 

Esta visión humanística de la religión, que sólo puede comprenderse desde su propia práctica[18], no pretende ser una alternativa ni una superación de las tradiciones religiosas existentes.  Por el contrario, procura ayudar a profundizar en cada una de ellas, trascendiendo la superstición o excesiva literalidad, ofreciendo una hermenéutica simbólica que permite captar y vivenciar su profundo contenido, más allá de sus condicionadas formas culturales[19], descubriendo a Dios más allá de los nombres y cultos particulares que se le confieren en uno u otro contexto[20], pero lejos de desnaturalizadores sincretismos como el que parece inspirar la New Age[21].

 

Un sintético resumen de estos profundos contenidos, de los principios de la «religión única», es recogido por Olives en el mismo capítulo: “Primero: la creencia en la unidad del Ser universal, manifiesto al mundo mediante su Providencia.  De este principio deriva la creencia en la sacralidad del universo, la cosa pública, o cosa común, y la vida social conjunta.  Segundo: el alma humana es inmortal y su estado natural es la felicidad, así como el estado natural del cuerpo es el goce de la salud, a todo lo cual coadyuva la religión, la cual está al servicio del hombre, y no al revés.  Tercero: hay una religión única, tal como la razón superior lo hace ver, la cual es común a la naturaleza humana, estando más allá de las formas culturalmente condicionadas.  Cuarto: todas las religiones particulares, incluido el cristianismo, son aceptables puesto que emanan de un mismo principio absoluto, al que nombran de distintos modos.  Eso significa que las distintas religiones, más allá de sus diferencias de forma coinciden en la unidad de su origen divino y trascendente”[22], y en el fin hacia el que tienden: la religación personal con ese Dios único y, a través de Él, con el cosmos, el prójimo y uno mismo.

Mejor nos iría a todos si lo tuviéramos bien presente.

 

 


[1] Olives:2006, 347

[2] Olives:2006, 350

[3] Olives:2006, 408

[4] Olives:2006, 341

[5] Olives:2006, 340

[6] Olives:2006, 363

[7] Cfr. Olives:2006, 349

[8] Cfr. Olives:2006, 363

[9] Cfr. Olives:2006, 365

[10] Cfr. Olives:2006, 367

[11] Cfr. Olives:2006, 364-365

[12] Olives:2006, 366

[13] Olives:2006, 366-370

[14] Notas de la conversación mantenida con el autor el 11-05-11

[15] Nos recuerda Olives que los humanistas del Renacimiento, lejos del dualismo del que se suele acusar al mal comprendido platonismo, defienden la religación con el propio cuerpo y consideran la vivencia de la experiencia de la salud como un goce prioritario puesto que es “lo que hace apacible y deseable la condición de los vivientes, y sin ella no es posible ningún otro placer” (Olives:2006, 368)

[16] Olives:2006, 367

[17] Cusa:PF, 4, citado en Olives:2006, 377

[18] Cfr. Olives:2006, 378

[19] Cfr. Olives:2006, 370

[20] Cfr. Olives:2006, 51

[21] Cfr. Olives:2006, 383

[22] Olives:2006, 376

LAS HUMANIDADES IX: aproximación y revaloración del Homo Religiosus arcaico

Religions I

(Con el nuevo capítulo de J. Muñoz, que aquí ofrecemos, incluyo ese dibujo inédito donde muy esquemáticamente se grafica la idea de la unidad esencial de las grandes tradiciones sagradas de la humanidad, emanadas todas del mismo Dios, y bien distintas de las meras sectas, nacidas de la modernidad post-protestante)

La religión, por pertenecer a la esencia más profunda del ser humano y de la realidad toda no puede concebirse como se hace en la actualidad, como algo segregado, independiente…  Si la religión nos habla del centro de la realidad, de Dios, del modelo último de todo cuanto existe, todo tiene entonces que ver con la religión, todo puede ser motivo de religión…  Y muy especialmente las humanidades, en cuanto tienen que ver con el desarrollo ser humano, con que éste llegue a ser lo que debe ser, con que ocupe su lugar en el cosmos: “el último y primordial fin del hombre en la tierra es conocer a Dios, dándole honor y gloria”[1].   Este es uno de los principales mensajes que se desprende de la visión humanística clásico-tradicional: la hermenéutica simbólica despierta nuestra experiencia religiosa y nos permite descubrir al Todo en la parte, a Dios en su creación y en el interior de nosotros mismos, abriendo el alma –como si de un recipiente se tratara- a los efluvios divinos, a las influencias espirituales capaces de transformar la vida y de dotar a ésta del goce de participar en al amor divino[2].

 

A menudo se ha creído que esa visión mística de la creación, ese encontrar –y cohabitar- con Dios en cuanto existe, tan propia del homo religiosus arcaico, es una forma de panteísmo, naturalismo o animismo…  Cuando no de mera superstición.   Me parece muy acertada la puntualización que hace Olives al respecto cuando valora críticamente la metodología propia de los filólogos y antropólogos que imputan sistemáticamente a las religiones antiguas el politeísmo, el animismo o un carácter naturalista.

 

Con una argumentación llena de sentido común, Olives llama la atención sobre el hecho de que un «trabajo de campo» antropológico realizado en la España actual, sin otras fuentes que los vestigios arqueológicos de los santuarios marianos, la mera exterioridad de las formas de culto o las explicaciones que se pudiese obtener de la «gente de la calle»  llevarían, a cualquier investigador empirista extranjero que careciera de conocimientos previos sobre la religión cristiana, al convencimiento de que “los españoles tienen divinidades locales (la Virgen del Rocío, la de Montserrat, la de Begoña, la Macarena, la de Almudena, la de Fuensanta, etc.), a subrayar las diferencias entre ellas y a enfatizar «científicamente» la competencia entre los distintos cultos, de la misma manera que se hace con los «dioses domésticos» o las presuntas «divinidades locales» y los cultos de la Antigüedad”[3].

 

También alerta Olives sobre el riesgo de asumir acríticamente las valoraciones realizadas en las antiguas fuentes escritas sobre las ancestrales tradiciones espirituales.  Nos recuerda que las referencias a religiones ya desaparecidas suelen llegarnos a través de cronistas posteriores que suelen describir sus periodos terminales, sus fases de decadencia, de olvido del sentido original de sus contenidos, símbolos y prácticas, de caída en el literalismo, materialismo, la superstición y la magia.  En el caso concreto del paganismo –y de las críticas justas y legítimas  que contra él emitieron San Agustín y otros Padres de la Iglesia-, afirma que éstos “únicamente contemplaban las formas supersticiosas y materialistas (o idolátricas) que en aquel tiempo eran generales entre los pagani, los habitantes de los pagi, o pueblos”[4] y que conviene distinguir estas formas degradadas de las formas originales, “tal y como pueden leerse en las fuentes genuinas y concretamente en los simbolismos espirituales, los mitos y lo que conocemos de los ritos propios de cada una”.  Porque “una religión como sistema histórico llega a perder vigencia, pero su simbolismo no deja nunca de tenerla, aunque ya no sea aplicado en forma de religión”[5].

 

Olives nos propone superar las apariencias, trascender la mera superficialidad y recuperar ese simbolismo mediante la hermenéutica simbólica de las tradiciones espirituales.  De la mano de los grandes humanistas del Renacimiento (y siguiendo especialmente la estela de Tomás Moro en su “Utopía”), nos invita a redescubrir la estrecha relación que existe entre las humanitates y la religión entendida en el sentido superior que le otorgó el mártir de la Torre de Londres y, como él, los humanistas de la nueva Academia Platónica y sus discípulos…  Entre los que incluyo –al menos en este aspecto de sus enseñanzas- al propio Olives.

 

 

 


[1] Olives:2006, 234

[2] Cfr. Olives:Gaudí, 12

[3] Olives:2006, 34

[4] Olives:2006, 31

[5] Olives:2006, 32

Comentarios de alumnos a La Ciudad Cautiva, cap.VI: la Ciudad Utópica.

Incluyo a continuación los comentarios-lectura de los alumnos del Master (UIC-2011) de Iniciación a la Investigación en Ciencias Sociales, Humanas y Jurídicas, en la asignatura «Ciudad, persona y civilización: claves para el conocimiento del mundo contemporáneo».

Joan Rabal Bosch.: Este capítulo dedicado al Renacimiento y a la Utopía de Tomás Moro ha sido uno de los que más me ha gustado de todo lo que he leído hasta el momento, ya que refleja de una forma muy interesante el cambio en la mentalidad de la época, que supuso la separación del cristianismo del poder político y el ascenso de los príncipes y monarcas absolutistas que sentaron las bases de las sociedades actuales en las que vivimos. La contraposición de Utopía, como representante de la tradición clásica y el platonismo, defendida también por los integrantes de la escuela de Florencia, con las ideas expuestas en El Príncipe de Maquiavelo, nos da una idea de la situación que se vivía en Europa con este cambio de mentalidad  (…) Tomás Moro es uno de los pensadores más destacados de la historia, y creo que en los programas educativos  de escuelas y universidades no se le presta la atención que merece. Su obra más conocida, Utopía, que algunos sitúan como obra precursora del comunismo, presenta una sociedad ideal cercana en muchos aspectos a las ideas platónicas. Especialmente interesante me ha resultado el tema -controvertido para algunos comentaristas de la obra moriana- de situar el placer como el bien supremo del alma, así como la idea de (…) un solo Dios que se manifiesta de diferentes maneras en las diferentes culturas y religiones.

Gemma Alsina.:

«Tomás Moro como pensador forma parte de la corriente más clásica y ortodoxa del humanismo del Renacimiento. Fue defensor de la fe católica, de sus instituciones y de la autoridad del Papa de Roma». (LCC,pág. 374)

Pablo Díaz Hevia.:  En primer lugar he aprendido y descubierto a nivel histórico como los reyes absolutistas ponen división entre los reinados y la Iglesia. He deducido que esto es debido principalmente a su falta de capacidad para el buen gobierno y esto  lo relaciono con la falta de autogobierno personal. Una persona que es incapaz de gobernarse a sí misma (…) es imposible lógicamente que pueda gobernar un país. Ante esto aparece la figura notable de Tomás Moro con “Utopía” donde denuncia todo lo que está pasando y crea líneas para volver al buen camino. (…) Presenta ideas platónicas y clásicas que van más allá del pragmatismo y por supuesto de la ingeniería social o comunista. Tanto Moro como San Agustín o Platón son grandes humanistas y personas a seguir y a estudiar en nuestros días. Ojalá revolucionemos todo este mundo con estas teorías tan aplicables en el mundo actual como en la época de cada uno!


Imagen de la Insula Utopía en la ed. princeps

(aportada aquí por MªJosé Díez)


Beatriz Lucaya
Forcada.: Tomás Moro es uno de mis personajes más respetados en la historia, por lo que este capítulo me ha resultado especialmente interesante. Estamos en un momento en el que la mentalidad se ha vuelto materialista e individualista, parece que fuese el momento histórico de Sir Tomás Moro coetáneo al nuestro. Observo como en muchos momentos de la historia se intenta recuperar la antigua idea de ciudad…Enrique VIII utiliza el poder de una manera absolutista, convirtiéndose de este modo en un tirano y dejando de lado el verdadero sentido de (…)servicio, prevalecen sus caprichos a las verdaderas necesidades del pueblo. Se produce una ruptura entre el dirigente y la comunidad. No es de extrañar que posteriormente el pueblo se rebele contra tales tiranías.

Sergi Font: <la rebel·lió règia està> molt relacionada amb els tres punts que explica Joan Milton: supèrbia, rebel·lió i caiguda. (…)Pel què fa a la primera gran revolució, és l’ambició la que porta a substituir a l’autoritat religiosa i col·locar-se al seu lloc.

J.O.P.: Aquest és un procés arquetípic de l’ànima (tant la individual com la col·lectiva, tant a nivell humà com a nivell còsmic). El poema de Milton explica la antiga tradició judeocristiana de la rebel·lió de Lucifer, que efectivament té origen en la supèrbia (en creure que estem separats de Déu). Aquest mateix mite el trobaràs explicat meravellosament al conte de Tolkien, «La música dels ainur» en el Silmarilion. Aquest mateix procés de rebel·lió-caiguda afecta a tots nosaltres en tant que éssers humans. També queda reflectit una i altra vegada en els cicles de la història: una mateixa tragèdia que es va representant una i altra vegada amb diferents personatges. Lo important és reconèixer la pauta en nosaltres mateixos i rectificar-la inmediatament. Aquesta mateixa pauta l’hem estudiada amb els simbolisme de l’expulsió del Paradís i el simbolisme de l’Aliança o Pacte.


Evaristo Aguado Raigón.:

No deseo comenzar a hablar de mis sorpresas, de mis convicciones y de lo que podríamos ampliar sin hacer un breve elogio de Tomás Moro.

En 1966 obtuvo seis óscars la película “Un hombre para la eternidad”, una brillante biografía de Moro que va desde su nombramiento como Lord Canciller del Reino hasta su muerte. Causó un gran impacto porque en ella, se veía a un hombre elegante, laico que cristianizaba el mundo, defensor de la verdad, del bien, de la Ley eterna y de las leyes justas de los hombres, tolerante, comprometido con los más desfavorecidos de la fortuna, amoroso padre de familia y preocupado para que sus hijas fueran humanistas, nada «encizañador» porque, además de todo esto era un gran santo. El beato Juan Pablo II lo proclamó patrón de los políticos. Tomás Moro como Tomás Becket defendió “el honor de Dios”

Hace unos veranos, paseando por Brujas, encontré, por casualidad, la casa donde Moro vivía cuando visitó a Erasmo de Rotterdam en 1515 e intercambiaban opiniones sobre los ataques de Dorp. Sentí emoción al recorrer sus estancias y tener tan cerca sus objetos personales.

La época de Tomás Moro, se caracterizó por el descontento del mundo en general y de la sociedad en particular. La Utopía nació del malestar y de la impotencia, de la sensación de los ciudadanos de no poder cambiar a mejor. Pero aunque en la Utopía hay cierta protesta, lo que hay sobre todo, es un juego. Me apasiona ver como Moro inventa un mundo cerrado, completo.

Daniel Huchet : Me he sorprendido al descubrir la transcendencia de la idea de ciudad utópica de Tomás Moro (amén de su biografía), vinculada a la concepción clásica de ciudad ideal y su influencia posterior.  <Me ha interesado la idea de que > placer y virtud pueden coexistir perfectamente: no son incompatibles

DEL CASAMIENTO DE VIRTUD Y PLACER

MªJosé Díez.: Tópico de la mitología clásica es el aparente dilema que debe encarar el héroe: la difícil elección entre virtud y placer.


Virtud y placer como meras opciones antagónicas

Epicuro enseña la necesidad de la templanza para poder realmente disfrutar del placer.

J.O.P.: Excelentes imágenes! que mucho ayudan a la hermenéutica… cuando se tienen las claves del simbolismo las imágenes (la iconografía) nos puede revelar contenidos tanto o más que las palabras. Te felicito!

MªJesús.C.: De la segunda parte del capítulo me ha sorprendido la valentía de Tomás Moro, immerso en la sociedad absolutista que hemos comentado abocada al vicio, a la guerra y a la caza, a la hora de defender el concepto de placer, el bien supremo del alma,  y su compatibilidad con la virtud. Me gusta la definición que hace de la virtud como medio para llegar a la felicidad, es decir que para gozar es necesaria la virtud. Me parece muy dulce la expresión “los goces del alma” y el sentido espiritual que se le da, alejado de toda perversión; y la afirmación de considerar el placer como la mayor parte de la felicidad humana: el goce no se contradice con la religión porque el estado natural del alma está hecho de amor, felicidad y belleza que son muy satisfactorios.  Por otro lado me ha hecho reflexionar la afirmación de que el placer implica la sociabilidad humana ya que hay personas que, ejemplarmente, viven su fe y goce espiritual alejadas de la sociedad.

Pablo D.H.: He aprendido y me ha aclarado muchas ideas referidas a la virtud y placer. A veces se entiende como algo totalmente opuesto, pero una es complemento de otra. He descubierto como siendo una persona virtuosa puedes tener acceso al placer. Ese placer no es un placer sensitivo, es un placer real donde entran en juego todas las dimensiones de la persona (emocional-afectiva, transcendental, social…).

MªJosé Díez Chueca.: El placer sensible que satisface, al igual que la alegría más profunda, sólo se logran cuando no se buscan directamente, la experiencia muestra, que así como el dolor temido es siempre mayor que el dolor real, el placer buscado con exclusividad es siempre menor que el placer gozado, quedando una deuda de sensaciones que se intenta saldar por otros medios. A lo largo de todos los tiempos lo habitual en los hombres era ocupar el tiempo en las obligaciones (casi siempre trabajosas) y gozar del placer solamente de modo ocasional. Y de aquí es fácil dar el salto de considerar como injusto todo lo que desagrada o de considerar como derecho todo lo que agrada… Así, la búsqueda del placer inmediato provoca un egoísmo crónico que se convierte en insolidaridad (o falta de caridad para hablar con un lenguaje más clásico), y por este camino se llega, casi siempre al delito. Por otra parte, la acumulación de placeres «empalaga» y crea aburrimiento, de dónde vemos la paradoja que hace de «la civilización del placer» una civilización de personas aburridas… El remedio, entonces, resulta peor que la enfermedad. El círculo vicioso que comienza con una vida vacía provoca un aburrimiento inicial que intenta contrarrestarse con una intensificación de la vida de placer, que por el hastío termina produciendo más aburrimiento y vaciando más aún de contenidos la vida de las personas.

El goce no se contrapone con la religión: “Cuanto más comprehensivos se tornen los placeres y las virtudes, más ampliamente habrán de coincidir…” “Cuando un placer o una virtud llega a abarcarlo todo, solo en los estados de éxtasis, la bondad se hace indiferenciable de la felicidad”.

“Acá no hay sentir, sino gozar sin entender lo que se goza“ (Vida 18, 1)

(Imagen del éxtasis de StªTeresa por Bernini, aportada aquí por MªJosé D.)

Tatiana Cucurull.:

«El placer de comer y beber, y las complacencias que procuran los placeres del mismo género, creen <los utópicos> que deben ser buscados, pero únicamente para conservar la salud, y que tales complacencias no son dulces en sí mismas, sino en la medida que nos defienden de los secretos ataques de las enfermedades»(LCC, cap.VI)

El comer, beber y similares no son placeres como comúnmente podemos entenderlos, sino que el placer de estos actos se encuentra en el bienestar posterior, puesto que son los que nos hacen estar físicamente fuertes y nos ayudan a prevenir todo tipo de enfermedades. Obviamente el concepto de comer y beber se entiende en su justa medida y no debe ser entendida como glotonería. De esta manera el cuerpo se siente sano y libre de dolor, a la vez que mediante un “buen placer” ve reforzada su salud.

J.O.: «La segunda modalidad de placer corporal es especialmente interesante, por la poca atención que vularmente se le dedica y porque se debe a ella la conexión de lo material con lo espiritual. Consiste en el placer que se tiene al vivenciar directamente la experiencia de la salud (…), un estado quieto y equilibrado (o erguido) del cuerpo (…) con todos los humores en adecuado temperamento (…), esa conformación armoniosa, que confiere a la mente un sentido de complacencia y satisfacción…<<Tal bienestar -leemos en Utopía muchos utópicos tiénenlo por el supremo placer, y la mayoría lo considera como la base y fundamento de toda felicidad. La salud es lo que hace apacible y deseable la condición de los vivientes y sin ella no es posible ninún otro placer (…) Que la salud sea un placer en sí misma o que lo haga nacer como el calor nace de la llama, es cosa que no tiene importancia, quienes gozan de una salud inalterable nunca carecerán de placer(…) y se engañan por completo quenes sostienen que la salud no puede sentirse>>». (LCC, pp.366 s.)

Beatriz Lucaya F.: …punto a destacar es el sentido que se da al placer : ”no hay felicidad en todo placer: solamente en el que es bueno y honesto”. La idea de que el placer de comer y beber sólo debe ser en cuanto se dirige a conservar la salud y prevenir las enfermedades … me parece increíble esta manera de enfocarlo. También la idea de prevenir antes que curar. Si no tenemos salud no es posible gozar de ningún otro placer, pienso en que Enrique VIII padecía gota y no gozaba de salud por lo que era difícil que gozara de ningún otro placer.

Evaristo A.R.: …Como sorpresa <de la lectura> un tema ya tratado: para los utópicos el placer está por encima de la virtud. ¡Claro!, es lógico, Tomás habla de aquellos placeres que no engendran ningún mal. Él ve con claridad que el placer es el bien supremo del alma. Para los cristianos, el fin último de nuestros esfuerzos es el goce. ¡Qué risa me dan aquellos que pintan el cristianismo de color negro y tintes amargos, de dolor y sufrimiento buscado!

Sergi Font:…es parla molt de l’estat ideal de felicitat i de benestar. Això implica fer treballar…Una fotògrafa, en un to de queixa contra el seu fracassat matrimoni deia: “ Ningú ens va explicar que les relacions s’han de treballar, que cal fer feina perque funcionin. Jo mirava les pel·lícules de Disney i s’acabaven en el casament”. Actualment no som conscients que l’esforç és el què ens pot portar a aquesta felicitat.

J.O.P.: Sí, però més important que això encara: la idea tradicional de la utopia, les illes afortunades, etc., ens recorda que la felicitat pertany al nostre ésser veritable, a l’essència divina que som tots nosaltres, de manera real, aquí i ara. Son les projeccions de la ment, la contínua distracció cap al passat i cap al futur, lo que ens allunya de lo bo i real… encara que al principi això sembli mentida! Esforç, sí! però que sigui esforç de consciència, de despertar, d’estar atent. No un esforç partint dels esquemes rígids que ens programen com si fóssim màquines: no l’esforç de l’ase enganxat al carro seguint la pastanaga que mai podrà atènyer!


SOBRE LA «RELIGIÓN ÚNICA Y SUPERIOR«

Evaristo Aguado Raigón. La parte que más me ha atraído del Capítulo VI de La Ciudad Cautiva es el “La religión única y superior”. El lord canciller podría haber inventado que todos los habitantes de Utopía practicaban un cristianismo  puro pero esto entraba en colisión con su tiempo. Crea una religión utópica, con respeto a la libertad de todas las confesiones religiosas. Proclamó la libertad de que cada uno profesara la religión que quisiera, admite las sectas. Pero para la mayoría de lo utópicos hay un solo Dios que es Padre. Y establece los principios de la religión. Y vemos en ellos los mismos que el hinduismo o el budismo acepta: Unidad del Ser Universal y su Providencia, alma humana inmortal y su estado natural es la felicidad, religión única común a la naturaleza humana, todas las religiones particulares son aceptables puesto que emanan de un mismo principio absoluto.

En mi vida estos principios me han llevado al respeto a la libertad de las religiones particulares de los demás y sobre todo a soñar en que llegue un día en que todos los hombres estemos unidos en el amor y la adoración en ese Ser Supremo, Padre Providente.

Pablo D. H.Me han llamado mucho la atención y los encuentro de un gran valor los cuatro principios de la religión única:

1) Creencia en el Ser universal-Providencia

2)El alma humana es inmortal y su estado natural es la felicidad

3) Hay una religión única que es común a la naturaleza humana

4)Todas las religiones son aceptables puesto que emanan de un principio absoluto.

Daniel H.: Quisiera poder aclarar el punto referido a la “religión única y superior” y la conveniencia, en este punto, de diferenciar entre los conceptos de religión Vs. creencia.

J.O.P.: Me parece muy acertada tu propuesta de distinguir bien entre los dos niveles de la religión, para contribuir a la comprensión de este punto tan difícil y olvidado, que se refiere a lo que Tomás Moro llama «la religión única y superior de los utópicos», y el pensamiento clásico tradicional ha llamado con otros nombres a lo largo de los siglos; punto que hemos optado por exponer en éste capítulo de La Ciudad Cautiva, aunque brevemente, con rigor intelectual y respeto a la ortodoxia.

Desde el punto de vista corriente hoy día las religiones no son más que sistemas de creencias (y prácticas) distintos unos de otros, abocados continuamente a la competencia (por conseguir fieles e influencia) y a la guerra (por el menosprecio recíproco entre ellas, más o menos inconsciente según los casos). Desde este punto de vista -que es el punto de vista religioso en sentido corriente- no hay «religión única y superior» que sea posible por encima de todas ellas, ya que cada una se considera única y superior. A lo sumo, se toleran unas a otras, y codescienden meritoriamente a reconocerse algunos valores humanos y morales entre ellas, y a reunirse en actos públicos de oración compartida, colaboración cívica, etc.

Desde un punto de vista más real y plenamente humano, la religión debe ser entendida como la religación del corazón humano con la Realidad Superior y Trascendente, que aquí y ahora está dándonos Amor y Vida (Realida Última que los cristianos llamamos Dios, y otros pueden denominar con otros nombres). Buena parte de los capítulos que componen La Ciudad Cautiva se dedica a recordar esta idea desde distintos puntos de vista, y siguiendo un enfoque castizamente filosófico (el pacto, el simbolismo, la ciudad como mandala, los beneficios, el rito, la política como virtud y rectificación, etc, etc, etc.). Así considerada, la religión es una acto arquetípico que realiza universalmente el ser humano acogiéndose al raudal de luz y de gracia, que viene de Arriba, y que permite la transformación de nuestro ser y el retorno al Origen, independientemente de la pertenencia cultural a uno u otro contexto tradicional, e independientemente de la identificación subjetiva con algún sistema de formas (o «religión» …símbolos, mitos y ritos). Esta «religión única y superior» es la razón de ser de todas las religiones en sentido corriente, y de éstas no hay ninguna que tenga la exclusiva de la conexión divina, contrariamente a lo que tienden a creer los encargados de ellas. Sin esta religión en sentido superior (que nada tiene que ver con las religiones «civiles» de las sucesivas new ages, ya criticadas en LCC), las demás caen en el formalismo, la superstición y la guerra. Eso no significa que todo vale, porque las religiones que merecen tal nombre son pocas y se reconocen en el haber generado larguísimos períodos (o ámbitos) de civilización y cultura. A este respecto, hay que saber distinguir entre una mera secta y una religión. Y también hay que saber que en el paquete de las «sectas», tal como las clasifica el pensamiento corriente, hay elementos muy distintos, no comparables, y enteramente heterogéneos por el valor espiritual.

Estos dos niveles de entender la religión permiten darse cuente de la posible profundización de la misma, evitar la competencia y la guerra. Sobre todo nos permiten comprender que esta «religión única y superior» no es una alternativa a los sistemas religiosos hoy vigentes y efectivos, porque está presente en todos ellos cuando sirven para conectar y religar al ser humano con la Realidad Suprema, siempre siendo aquí y ahora, más allá de la forma…

Sergi Font: Em va sorprendre positivament comprovar com la religió parla molt més dels homes que de divinitat. És una guia per als homes.

J.O.P.: Sí, la religió avui, en el seu sentit primer i veritable, és la gran desconeguda per la majoria. Segueix sent la gran novetat, la Bona Nova.

Tatiana.: «La coexistencia de religiones es siempre problemática, pero se convierte en un grave problema de orden público, incluso en un tema bélico, cuando la religión se contagia con asuntos de poder»(LCC, capVI)

La convivencia entre diferentes culturas y religiones en toda ciudad de por sí ya es muy complicada, pero esta complejidad se aumenta cuando el gobierno utiliza a la religión como medio o instrumento para conseguir sus fines. Es entonces cuando la religión es pervertida y deja de cumplir sus funciones –ser un fin para la felicidad del hombre-: queda vacía de contenido y se utiliza para desunir, y para atacar al semejante y menospreciarlo. Como puede comprobarse a lo largo de la historia, este tipo de prácticas a llevado a muchas civilizaciones a su destrucción y desaparición: Corruptio optimi, pessimum.

MªJesús C.: Por otro lado, en relación al capítulo sobre la “religión única y superior”, me ha sorprendido gratamente  como aceptan y justifican los humanistas la coexistencia de las religiones diversas, fruto de una religión única basada en la creencia del Ser universal. Lamentablemente, en la actualidad, esta coexistencia se ve truncada por el uso perverso que en algunos casos efectúa el poder hacer para manipular a las masas, como por ejemplo los atentados terroristas en nombre de Alá.

Beatriz L.F.: El tema del proselitismo tratado en el punto 6, y de los límites para poder ejercerlo, me hacen reflexionar en la idea del respeto hacia los demás. También el hecho de que la religión no puede ser como instrumento para conseguir el poder: Utopo lo señala como un medio insolente e inepto, me adscribo a esta idea. Por último el respeto interreligioso me parece una idea preciosa y qué ojala la llevásemos a la práctica.

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Catherine Lecuyer.: Me gustó mucho ver explicado el mecanismo del utilitarismo“el rigor de los contenidos del pensamiento ya no cuenta, solamente la forma y su eficacia.  El pensamiento que instiga la revolución es emocional, pragmático.  Su “verdad” está en la eficacia movilizadora.” Es una descripción TAN actual de lo que veo a mi alrededor, y sé que es poco “politically correct” decirlo (especialmente sabiendo que lo acabará colgando en su web, es todavía más atrevido..), pero debo decir que es más característico en mi opinión, de la forma de pensar mediterránea.  Desde que vivo aquí, tengo la sensación de tener el sentido común continuamente crucificado.  Parece que algo sea bueno y cierto porque la mayoría este de acuerdo tácitamente con ello, o alguien lo haya argumentado de una forma convincente o emotiva, no se va a los fundamentos, ni se analiza la lógica interna.  Y cuando se pone en cuestión un planteamiento que sea estructural, o intelectual, siempre se asocia el planteamiento con la persona que lo sostiene, no per se.  La autoridad de un planteamiento está asociada al poder del que lo sostiene.  Y el poder se fundamenta en el reconocimiento del personaje por la mayoría.  Es la historía de la ropa del emperador que se repita.  Por cierto, he visto que era el título de la primera parte del siguiente capítulo.  ¡A ver!

J.O.: Es verdad que ya desde los inicios de la modernidad (que rastreamos hasta principios del s.XIV) se va imponiendo cada vez más esa forma de ver utilitarista-pragmatista-relativista, que relega al olvido el sentir clásico-tradicional. No creo que sea una forma mediterránea, antes al contrario, porque el distanciamiento de las ideas tradicionales se inicia más bien en los países del Norte de Europa. Pero también es verdad que el cambio de mentalidad acaba afectando tanto a protestantes (los «bárbaros del Norte») como a católicos (o mediterráneos). Sobre todo hoy día y, especialmente, en Cataluña, uno de los países más sanamente tradicionales de Europa, hasta la generación de nuestros padres (o abuelos), que parece ahora haber pasado al otro extremo, olvidándose de todo… al menos en las declaraciones y en el saber oficial.

Te recomiendo leer, antes que la biografía, la obra de Tomás Moro, que nos sirve de apoyo en este capítulo: La Utopía. Siempre es mejor ir directamente a los clásicos, ya que la mayor parte de los comentaristas modernos desconocen la profundidad del pensamiento clásico-tradicional, y acostumbran a desfigurar su verdadero contenido.

MªJesús Castel.: A medida que avanzo en la lectura de La Ciudad Cautiva me encuentro más a gusto. Al principio, y a pesar de las explicaciones, me costó adentrarme en los complejos conceptos que expresa el libro. En este capítulo me he sentido cómoda, he entendido los conceptos y me ha impactado la figura y obra de Tomás Moro y su lucha contra la sociedad en la que vivía, alejada ciertamente de sus creencias,  y en especial contra su “amigo” Enrique VIII. Al leer las explicaciones sobre el contexto socio-económico en el que se desarrolló la obra de Tomás Moro,  me llama poderosament e la atención como se van afianzando los cambios en la sociedad, cómo se puede pasar de una sociedad humanista a una sociedad absolutista, es decir, el modo en que se rompe el pacto y como se llega al extremo de la ciudad cautiva, donde ha cambiado la mentalidad de los gobernantes y se palpa la pérdida de sabiduría y espiritualidad.

Quiero ampliar la diferente concepción del término «utopía» <que se explica en LCC>. Tomás Moro, le confiere una dimensión filosófica y espiritual, remitiéndonos con el simbolismo al mundo de las ideas y a la dimensión interior del hombre.  En cambio, autores posteriores orientan el término a la praxis. <Las suyas> son “utopías” idealistas, más positivistas. <También, ampliar el> concepto de comunismo de la Utopía (VI. 4) <, y así mismo, lo que> se comenta en el capítulo, que en la época de Tomás Moro, al pueblo llano las nuevas ideas le parecían escandalosas. ..Ampliar el contexto para entender por qué el pueblo no se rebeló conta la “muerte” de la cristiandad, la perdida de la religión y el deterioro social.

Tatiana.:

«Lo que resulta peligroso para la cosa pública no es el mero hecho de creer o no creer en unas determinadas ideas, sino olvidar cada ciudadano su responsabilidad moral, anterior a los controles y coacciones que puedan venirle desde fuera, y en particular desde el Estado»

Lo más importante para todo ciudadano es creer en lo que considerada bueno para él y para el bien común, para la sociedad. Aún así, no podemos limitarnos a “pensar”, a tener un juico o una opinión formada: una persona, un buen ciudadano, debe ser coherente con sus pensamientos, transmitirlos activamente a sus semejantes, y defenderlos sin dejarse influir por los pensamientos o acciones de terceros.