Círculo de Humanidades en Cardedeu 2019

16 Enero en el Espai Vital de Cardedeu (Barcelona) c/ Cervantes 1, convocamos de nuevo el Círculo de Humanidades a las 20.30 h.

Aquí tenéis el cartel anunciando el primer encuentro, y felicitando el Año Nuevo con una imagen del hombre-árbol uniendo Cielo y Tierra. El Año Nuevo es ya para nosotros ese Año que ya no transcurre, como lo hacía el año viejo. El Año Nuevo, como el Árbol Verde (de hoja perenne), nos sitúa en el Aquí-y-Ahora, señalando ese Otro Tiempo más cercano y real…

Seguiremos gustándolo en grupo, para afianzarnos en Él, los ya conocidos, y todos cuantos queráis añadiros a la fiesta, que seréis muy bien venidos.

Información y reservas: 638526859 / 636721715

Qué es el Círculo de Humanidades

Qué es el Círculo de Humanidades

Pongo a continuación un breve resumen sobre el carácter y los objetivos del Círculo de Humanidades, partiendo de la experiencia recibida durante másde medio añode encuentros en Cardedeu, Mahón y la Seo de Urgel, con motivo de la apertura de un nuevo Círculo en Barcelona, que constará de siete encuentros de dos horas aproximadamente, de Octubre a Abril 2018-2019 

 

 

El Círculo de Humanidades es un encuentro con el Ser de cada uno y a la vez de todos, recuperando nuestro Estado Natural tal como ha sido creado desde los Orígenes, antes de la caída en el olvido.

Se realiza en el No-tiempo del Eterno Presente, el Aquí-y-ahora, donde en realidad nunca hemos dejado de estar.

La Contemplación del Mismo es la meditación en sentido superior, que permite conocer y gustar a la Vez. Y también permite librarnos de los obstáculos, o hábitos mentales, que se interponen a este goce esencial.

El control de la mente es un no-trabajo, que se aprende no-haciendo, mediante la Atención a nuestra  Presencia Consciente.

Reconociendo ese “Estado Natural del Hombre” como nuestra identidad primera, podemos observar como la persona –esa identidad segunda, condicionada – se ordena y se pone al servicio para bien.

La Unión harmónica de esos dos aspectos característicos del ser humano, es la finalidad última del Yoga Interno (que significa “yugo”, “juntura”, “acoplamiento”) y de la Religión -cuyo sentido último viene de “religar” o “volver a juntar” lo que ilusoriamente creíamos estaba separado.

El Círculo de Humanidades es un Espacio de Consciencia compartido: apunta a reconocer y realizar en cada uno de los asistentes esa Realidad Primordial, obteniendo en ella la libertad, la autonomía y la confianza que motivaron el acercamiento.

La inteligencia superior es ignorante

La inteligencia superior es ignorante

He aquí el vídeo del V encuentro del Círculo de Humanidades 15.06.18 en la Seu d’Urgell, donde se trata de la contemplación, compatible con la acción. Es una meditación guiada, donde se invita a practicar este tipo de “práctica no-actuante.”

 

LAS HUMANIDADES IV: el simbolismo metafísico del mito platónico de la Caverna

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(Ofrecemos a continuación otro capítulo de Joaquín Muñoz Travé, colgado en su blog Meditaciones del Día <http://meditacionesdeldia.wordpress.com/&gt;, procedente de su obra inédita Las Humanidades como método para el desarrollo del potencial humano en base a la aportación de José Olives Puig al mundo académico)

Para algunos, no basta con saber que el mundo está formado por símbolos y que éstos pueden ponernos en relación con unas realidades distintas a las visibles.

No, mediante la hermenéutica simbólica clásico tradicional, se pretende dar a conocer un método teórico-práctico[1] de desarrollo del potencial humano a través de los símbolos que es característico de las humanidades y que pretende utilizar a éstos como instrumentos de retorno a “la inmutable fuente oscura de donde surge toda luz y toda palabra”[2], como medios de realización espiritual, de desvelamiento de la verdad absoluta y de acceso a la visión de la realidad última cara a cara[3].

Este viaje iniciático[4], de liberación de una visión incompleta del mundo  y de uno mismo (basada en la exterioridad de las cosas)[5], es tratado por Olives mediante la remisión al mito de la caverna de Platón[6].

Para comprenderlo adecuadamente, propone transformar el habitual dibujo rectangular de aquélla en una imagen circular de la misma (que la asimila estructuralmente al mandala) y recordar que la caverna, tradicionalmente, “es el lugar de iniciación en los antiguos misterios”[7].  De este modo percibiremos con mayor facilidad el simbolismo antropo-socio-cosmológico de la misma[8].

Figura 66

Olives:2006, 411

Al comienzo de la narración del mito dice Platón: “Imagínate, pues, a unos hombres en un abrigo subterráneo en forma de caverna, cuya entrada, abierta a la luz, se extiende a todo lo largo de la fachada; están allí desde su infancia y, encadenados de piernas y cuello, no pueden cambiar de sitio ni ver en otra dirección que hacia delante, porque las ligaduras les impiden volver la cabeza; el resplandor del fuego encendido lejos, sobre una altura, reverbera tras ellos; entre el fuego y los prisioneros hay una vereda ascendente; a lo largo de esta vereda figúrate un pequeño muro parecido a los pequeños tabiques que los que hacen farsas con marionetas ponen entre ellos y el público y por encima del cual lucen sus habilidades. (…) Entonces, figúrate a lo largo de ese pequeño muro a unos hombres que llevan utensilios de todas clases que sobresalen en la altura del muro, figuras de hombres y de animales, de toda clase de formas, talladas en piedra y en madera, y, como es natural, de entre los que las llevan, unos hablan, otros están callados. (…) ¿Piensas que en esa situación pueden ver de sí mismos y de sus compañeros otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que da frente a ellos? (…) ¿No piensas que creerían nombrar como objetos reales al nombrar las cosas [=las sombras] que verían? (…)  ¿No crees que cada vez que uno de los que pasaban se pusiese a hablar, pensarían que esa voz era emitida por la sombra que desfilaba? (…) Que a los ojos de esas gentes la realidad no podría ser otra cosa que las sombras de los objetos confeccionados?”[9].

Figura 67

Este punto de partida, gráficamente sintetizado por el dibujo de nuestro autor (Olives:2006, 413) describe -para Platón y para Olives- la situación de aquel ser humano que sólo percibe la exterioridad del símbolo, sin descubrir ni vivenciar lo simbolizado; el hombre que vive en el interior de la caverna sin plantearse que existe un maravilloso mundo fuera de ella; el hombre que no se pregunta por el origen ni el por qué de sí mismo ni de cuanto le rodea; el ser humano narcotizado que disfruta de un teatro de sombras y nunca se pregunta qué las causa ni por qué él es capaz de percibirlas.

En consecuencia, la primera fase del proceso de liberación de esta estrecha visión de la realidad consiste “en romper las cadenas y los grilletes para darse la vuelta y mirar hacia el interior de la caverna”[10], inversión de la mirada que recuerda a la raíz etimológica de intuición (intueor) que ya hemos citado anteriormente[11] y nos remite al órgano cognoscitivo que nos permitirá realizar ese viaje hacia la luz, esa recuperación de la memoria o recuerdo de lo primordial perdido pero latente en el fondo del ser, esa reminiscencia o anamnesis, ese despertar o iluminación: el acceso al intellectus[12].

Este desarrollo que, como iremos comprobando, es gradual o evolutivo, comienza por la toma de conciencia –en ocasiones espontánea, en ocasiones inducida- de que uno se encuentra preso de su propia mente, el principal enemigo de cada uno (según afirma Olives citando el diálogo entre Diógenes y Alejandro Magno que narra Dión de Prusa), auténtica cadena o grillete que le ata a uno a una visión muy sesgada de la realidad:  “¡Tú eres el peor enemigo de ti mismo: el más irreconciliable y el más temible, mientras seas tan vicioso y tan necio!  He aquí el hombre a quien menos conoces.  Porque no existe necio ni malvado alguno que se conozca a sí mismo”[13] .  Queda patente en esta cita la directa relación que se establece entre conocimiento y virtud en el pensamiento tradicional y, más concretamente, en su vertiente platónica:  el recto actuar se fundamenta en el recto pensar, por lo que el pecado –o el errar en el actuar, la decisión o acción que perjudica a nuestra naturaleza- es el fruto de nuestra ignorancia, de un conocimiento deficiente, de una apariencia que tomamos por real cuando no es más que una sombra del auténtico Bien.

Sin embargo, en el pensamiento clásico-tradicional se entiende que es éste un camino de doble sentido y que también la virtud (la fuerza interior que conduce al recto actuar[14]) es un requisito indispensable para alcanzar la sabiduría (el recto pensar o el conocimiento adecuado).  Ortodoxia y ortopraxis se precisan, la una a la otra, como causa y como efecto al mismo tiempo.

De hecho, parte de esta ortopraxis consiste en la exigencia humanística –hermenéutico simbólica- de volver la mirada hacia uno mismo como exigía Sócrates, de autoconocerse, de descubrir lo simbolizado en el interior de cada uno.  Esto sólo puede lograrse trascendiendo el pensamiento (no renunciando a él)[15],  poniendo la mente al servicio del ser humano entendido como unidad, sin caer en un sometimiento esclavo a la razón (en base a que el haz de luz jamás podrá iluminar a la linterna que lo produce[16]).  Por tanto, habrá que autodescubrirse (o re-conocerse) explorando la propia conciencia (nuestros pensamientos, sentimientos y reacciones[17]), pero superando la mera introspección psicológica para así introducirse en el ámbito de conciencia que Olives denomina “persona”.

A ésta “nunca podremos conocerla en el sentido que conocemos las cosas, los seres distintos de nosotros mismos, ni como conocemos los  rasgos de nuestra psicología o nuestra conducta.  En este sentido, nuestro ser, el «si mismo» es «incognoscible», pero, claro está, es perfectamente vivenciable, puesto que no somos otra cosa que él, y siempre lo hemos sido”[18].  El ser persona radica en esta vivencia de contemplarnos como espectadores de nosotros mismos, tomando conciencia de quiénes somos más allá de nuestros pensamientos, sentimientos, sensaciones y demás elementos cambiantes de nuestra identidad; consiste en disfrutar de encontrarnos en ese centro inmutable, en gozar de esa presencia que siempre hemos sido y que es el sustrato que permanece más allá de los cambios propios de la edad, del paso del tiempo y de la evolución personal.  Tomar consciencia de esa parte de nosotros mismos que permanece inalterable y presente es a lo que impropiamente llamamos el «desarrollo de la personalidad», y es el fundamento último de la buena vida[19], de la eudaimonia, de la vida feliz, digna y libre.

Para acceder a este nivel de conciencia que hemos denominado “persona” es preciso liberarse de los grilletes que le mantienen a uno con la mirada puesta en las sombras, en la apariencia, en lo cambiante, en lo que parece pero no es.  Esta liberación supone intuir que el mundo sensible no es el único existente, sino que es el reflejo de otro mundo arquetípico y dotado de mayor realidad; implica descubrir la dimensión simbólica de cuanto nos rodea y de nosotros mismos[20], acceder –a través de lo visible- a las ideas fuerza que se encuentran grabadas en el alma humana y en el Anima Mundi[21], superar la visión dualista, materialista o empirista del mundo que sólo otorga realidad a lo sensible-ilusorio y no se la reconoce a lo supra-sensible, que es ontológicamente más real y duradero[22]

Si prestamos atención, observaremos que es a partir del fuego -y de ese simbólico teatro de sombras- que el prisionero puede intuir el mundo intermediario que es representado, en la alegoría platónica, por la pasarela por donde desfilan los individuos portando los objetos que dan forma a las sombras que aparecen proyectadas en las paredes de la caverna.[23]

Es bajo la guía del intelecto –ayudado por la razón[24]– y mediante una serie de encadenamientos asociativos que no son arbitrarios pese a escapar a la lógica del pensamiento discursivo-dualista[25], que uno puede descubrir las sombras como símbolo,  accediendo de este modo a los arquetipos que le facilitarán una mejor comprensión de la estructura y dinámica del mundo y de sí mismo[26].

Cuando hablamos de la hermenéutica simbólica que propone Olives nos encontramos, por tanto, ante un proceso de talante plenamente humanístico, que exige conocer mínimamente las claves interpretativas y las referencias transmitidas tradicionalmente, pasar todo lo comprendido racionalmente por la criba del autoconocimiento[27] e identificarse con el símbolo, empatizar con él como el actor de teatro con su papel, hasta llegar a reconocer el arquetipo en uno mismo[28].  Sólo por esta vía puede accederse a todos sus beneficios, a su contenido y a su potencial gnoseológico y transformador de la personalidad.

Olives llama la atención sobre el hecho de que, cuando el prisionero vuelve la vista hacia el interior de la caverna y descubre la pasarela que hemos identificado con el mundo intermediario de los arquetipos, toma consciencia de que ha accedido a éstos partiendo de las sombras, y que éstas sólo son visibles y operativas como símbolo gracias al fuego central que él identifica con el entendimiento o intelecto[29].  Pero –nos recuerda- este “mirar hacia adentro” y descubrir el fuego no es un proceso sencillo. Quien inicia este viaje debe estar preparado para no sucumbir ante todas las dificultades y tropiezos que aparecerán a lo largo del camino, muchos de ellos procedentes de la propia mente, que ya se encontraba cómoda en su mundo de sombras.  Platón lo explica así: imagina “que uno de los prisioneros fuera liberado, que se le obligara a levantarse de pronto, a volver la cabeza, a andar, a levantar los ojos hacia la luz que le causarían dolor y, deslumbrándole, le impedirían mirar los objetos cuyas sombras veía poco antes. (…) ¿No crees tú que se vería muy en apuros y que los contornos que antes veía le parecerían mucho más verdaderos que los objetos que se le mostraban ahora?  Y si se le obligase a mirar la misma luz, ¿[no crees] que le dolerían los ojos y que rehuiría y los volvería hacia las cosas que puede mirar y que considera a éstas más visibles en realidad que las que ahora se le muestran?” [30].

Aunque intelecto y razón deberían ir de la mano para obtener una imagen fiel y completa de la realidad, a menudo ésta ocupa el lugar de la primera exigiendo una primacía o exclusividad que supone seguir con la mirada puesta en las sombras proyectadas sobre la pared.  Se trata de la opción más sencilla, más cómoda, pues supone mantener el status quo, no hacer cambios, dejarlo todo tal y como está, evitando así el esfuerzo de poner en marcha un sentido –el sexto sentido- que hasta entonces estaba dormido: el intellectus.

Superar esta tendencia es lo que se procura mediante la dialéctica, el método filosófico por excelencia que –a través de los símbolos, interior-exteriormente contemplados- nos pone en contacto directo con la verdad mediante una experiencia a-dual del mundo y de uno mismo propia de la intelección (noética) que gusta de la realidad al modo místico, empático, unitivo[31], que promueve el mejoramiento y transformación del ser humano[32], su autoconocimiento, la recuperación de su dignidad original[33], pero que debe saberse que –como todo nacimiento o renacimiento- puede producir “dolores de parto” (hecho que demuestra lo acertado de la expresión socrática “mayéutica” y lo recomendable, como veremos más adelante, de disponer de una “comadrona” en el “alumbramiento”; de un maestro que nos guíe en el camino de salida de la caverna[34]).

En mi opinión, es el valor que supone enfrentarse a estos “dolores de parto” –propios del tránsito de un mundo a otro, de un estado de ser a otro- lo que justifica suficientemente que se haya denominado a la dialéctica “la vía del héroe”[35]Ésta supone un ascético camino teórico-práctico de perfeccionamiento humano a través del conocimiento de uno mismo y del mundo que puede obtenerse de los símbolos y de una modalidad suprarracional de pensamiento que implica “pensar en imágenes”[36].  Este “pensamiento imaginal” permite superar las limitaciones de la ratio, órgano cognoscitivo discursivo que, como tal,  se encuentra constreñido a las fronteras conceptuales propias de cada idioma o lengua.

Olives, al tratar sobre esta heroica vía, sobre la dialéctica platónica (a la que a lo largo de su obra asimila a la hermenéutica simbólica que él propone), la define –siguiendo literalmente a Platón- como “la operación especulativa de «leer a través», es decir: ver-más-allá de los conceptos, las imágenes, las palabras o los símbolos, para alcanzar –o mejor, vivenciar- el auténtico sentido, que siempre es una experiencia directa que va más allá de las formas y nos hace trascender el racionalismo y la mera lógica formal, superándolos.  Significa, como dice el griego, transitar gnoseológicamente de lo sensible (o visible) a lo inteligible (invisible), del mundo de las formas a la verdad en sí, la cual está más allá de toda forma”[37]; ir de la sombra al arquetipo y del arquetipo al astro rey, a la causa última de todas las cosas que el prisionero y sus compañeros veían en la caverna[38]

Llegados a este punto, resulta más sencillo retomar y comprender la idea principal del simbolismo del héroe: éste, como «semi-dios» que es, tiene una naturaleza humana pero goza también de la filiación divina y trascendente y, por tanto, está abierto a la participación consciente en el ser universal[39], le es posible acceder al sol, a la fuente de toda luz, al origen último de todas las sombras.

Ese es el objetivo final de las humanidades y de su metodología hermenéutico-simbólica y, para alcanzarlo, es preciso recurrir al estudio, a la contemplación y a la docencia.  Tres fases complementarias que integran lo que denominaremos “el proyecto pedagógico de las humanidades”; el camino hacia el centro de nosotros mismos; hacia el desarrollo de nuestra natural dignidad; hacia el despertar de la chispa divina que guardamos en nuestro interior y que nos convierte en templos vivientes, en sujeto y objeto de estudio, meditación y enseñanza.



[1] Cfr. Olives:2006-II, 23

[2] Chevalier:1995, 10

[3] Cfr. Olives:2006, 409  Este hecho justifica que podamos hablar, como veremos más adelante, de filosofía mística o del valor religioso de las humanidades (ver cáp. 4.f)

[4] Cfr. Olives:2006, 409

[5] Cfr. Olives:2006, 414.  En Olives:LD, 7 encontramos un texto mucho más explícito: “El hombre en su estado corriente vive esclavo del pensamiento-emoción, como encerrado en una caverna hecha de representaciones y proyecciones creadas por la mente individual y colectiva y, en consecuencia, relativamente ilusorias”.

[6] Nos recuerda nuestro autor que este mito es “casi imposible de comprender sin contar con las enseñanzas sobre el modelo tradicional del mundo y del hombre que en la Academia se transmitían de forma oral, al igual que las han transmitido las demás tradiciones sapienciales de todas las civilizaciones”.  Los escritos platónicos –nos recuerda- no son más que una incompleta tradición escrita que recoge valiosos fragmentos de antiguas enseñanzas tradicionales que proceden de múltiples fuentes (orfismo, pitagorismo, el legado sacerdotal egipcio, elementos caldeos y persas… etc.) y que no deben ser interpretados como un intento de construir un sistema filosófico al estilo moderno, sino como una profundización en aspectos concretos de un cuadro mucho más amplio que se da por conocido y asumido (Olives:2006, 408-409)

[7] Olives:2006, 414

[8] Cfr. Olives:2006, 410

[9] Platón:Rep, 514a-515c

[10] Olives:2006, 414

[11] Ver nota 200

[12] Olives:2006, 414

[13] Dión:Dis, 135-249

[14] Cfr. Olives:2006, 135 y 178

[15] Cfr. Olives:LD, 5

[16] Cfr. Olives:LD, 26

[17] Cfr. Olives:LD, 23

[18] Olives:LD, 26

[19] Cfr. Olives:LD, 26

[20] Cfr. Olives:2006, 415

[21] Cfr. Olives:2006-II, 60

[22] Cfr. Olives:2006, 415

[23] Cfr. Olives:2006, 415

[24] Cfr. Olives:2006-II, 60

[25] Cfr. Olives:2006-II, 120

[26] Cfr. Olives:2006-II, 60 y 121

[27] Cfr. Olives:2006-II, 120

[28] Cfr. Olives:2006-II, 121

[29] Cfr. Olives:2006, 416

[30] Platón:Rep, 515d-515e

[31] Cfr. Olives:2006, 195

[32] Cfr. Olives:2006, 432

[33] Cfr. Olives:2006, 196

[34] Sin embargo resulta muy interesante la puntualización que realiza el propio Olives al respecto: “En el «camino hacia la luz» uno cuenta con la ayuda de todos los que lo han recorrido antes (en distintos grados y niveles): maestros, escrituras, escuelas, enseñanzas, revelaciones…  Pero cada uno es quien debe realizar directamente el camino de conocerse a sí mismo, porque la luz principal y la guía máxima que podemos encontrar yace en cada uno de nosotros” (Olives:LD, 8)

[35] Olives:2006, 196

[36] Olives:2006-II, 123

[37] Olives:2006, 194

[38] Cfr. Platón:Rep, 514a – 518c

[39] Cfr. Olives:2006, 202

Apuntes-lectura a La Ciudad Cautiva (cap. I, 6-8)

Anotaciones al seminario 08.02.2011 de la asignatura “Ciudad, persona y civilización” en el Master de Iniciación a la Investigación en Ciencias Humanas, Sociales y Jurídicas. Universidad Internacional de Cataluña.

A raíz de comentarios escritos por  los alumnos (II entrega):

Gemma y a Pablo, entre otras muchas cosas que señalan tras la lectura, les ha interesado mucho profundizar en la idea de revelación. Intuyo que comprenden la amplitud de la misma (“las leyes y los ritos, los símbolos, los mitos han sido revelados por los dioses a los hombres”), y también que ya son capaces de interpretar el simbolismo: los “dioses” son las energías divinas latentes en cada uno de nosotros y el mundo que nos rodea; la revelación se produce con la lectura, la meditación, la asistencia atenta a los ritos, la contemplación, la verdadera dialéctica (de la que pronto hablaremos, etc). No es solamente un acontecimiento que se produjo en un pasado histórico cuando la Buena Nueva fue dicha por vez primera y puesta por escrito en el cánon neotestamentario. Aunque eso, por supuesto, también fue revelación.

Que “el fundador de la ciudad es el que recibe la inspiración divina de dónde, cómo y cuándo deber ser fundada la ciudad” significa que cualquier creación que salga de nosotros debe fluir desde esta conexión vertical que llamamos “religión” o “revelación”, lluvia de gracia que siempre se nos está derramando desde los cielos. Por lo tanto, hay que estar atentos; no, distraídos.

Que “los ritos anuales sirven para dar a conocer las leyes fundamentales de la sociedad” significa la importancia litúrgico-ritual del calendario sagrado, con el cual toda civilización sacraliza los ciclos temporales, dando ocasión a los ciudadanos a conectarse una i otra vez, cada tanto, con Dios, con el Ser, y con todas las luces, energías, seres superiores, ángeles, etc que nos hacen de mediadores, que Él nos envía…Cada vez que realizamos correctamente el rito (tanto si estamos solos como si estamos acompañados) estamos “refundando la ciudad”. No os quepa de ello la menor duda.

“Los planos urbanos, con un centro político y religioso, reflejan la estructura del mundo comprendida mediante el movimiento de las estrellas celestes, proyectando en la Tierra el orden y la Armonía del cielo”. Efectivamente…”lo de abajo es como lo de arriba y lo de arriba es como lo de abajo, para obrar los misterios de una sola cosa”…Así comienza la Tabla de Esmeralda, precioso poema antiguo (hermético), que os recomiendo leer y aprender. Contiene claves para la conexión entre planos distintos de nosotros mismos, esa conexión que deseamos propiciar con el aprendizaje del lenguaje analógico.

*

Catherine no acaba de entender bien que “el derecho y la política son en la ciudad antigua acciones rituales: son religión”( La ciudad Cautiva,p.57).

Si la religión es el acto de religar “lo de arriba con lo de abajo”, cualquier tipo de acción humana puede convertirse en un acto sagrado y ritual, siempre y cuando esté sirviendo paraconectarnos con el Amor, con el Bien, con la Belleza, con Dios, con el Prójimo… El derecho es en las sociedades antiguas y tradicionales una actividad sagrada por excelencia, entendiendo que el conocimiento de las leyes más esenciales para el ser humano es un asunto sapiencial y sacerdotal en sumo grado. También la política (la buena organización y administración de la polis) es un asunto que atañe directamente lo sagrado si de verdad se quiere propiciar la felicidad común. Una política que no esté arraigada en el profundo conocimiento de las verdaderas necesidades de la naturaleza humana, no merece propiamente el nombre de “política”. En este sentido lo que hoy llamamos con ese nombre se reduce cada vez más a un aspecto menor (muy incompleto) de lo que es la verdadera política en el sentido clásico-tradicional, que tratamos de recuperar. Los ejemplos de algunas civilizaciones antiguas (como la china, la japonesa o la romana, y hasta la egipcia antigua, en algunos aspectos), donde el sacerdocio toma forma burocrática, cumpliendo funciones que a nosotros nos parecen no-religiosas, es muy interesante y da que pensar.  Un residuo de esa concepción és el rigor que observamos en la manera como el Japón controla hasta hoy el comportamiento ético de los funcionarios públicos, que pueden ser penalizados o incluso destituidos del cargo por faltas  o delitos de tráfico, u otros asuntos que la “política” moderna considera al margen de la religión.

*

Reproduzco el siguiente comentario de Catherine. Dice que le <<interesa especialmente la diferencia entre el intelecto y el pensamiento.  Es cierto que tendemos a considerar a nuestra cultura contemporánea como la “culminación de la inteligencia y las potencialidades humanas como resultado del racionalismo”.  (…)  No se permite a los niños “trascender la literalidad del sentido yendo más allá de la racionalidad y la mera lógica”.  Les tenemos anulados, con tanta estimulación.  Les anulamos el asombro, esta capacidad que… JPII decía “sin el asombro, la persona no sería capaz de vivir una existencia verderamente personal”.  Enlaza con la idea aristotélica de “intelecto agente” como “realizador del ser”.  También me gusta la idea de “total empatía e identificación con la cosa comprendida”. (…) el asombro (…) conectar profundamente con la realidad, versus quedarse ensimismado, encerrado en el propio “yo” desvinculado (…).  Sin esta “empatía” entre el sujeto y el objeto, no hay verdadero conocimiento de la realidad.  Sin esta “empatía” entre los seres humanos, no hay participación verdadera en la vida social, ligazón de la comunidad>>.

El tema de los símbolos apasiona a Catherine, y lo relaciona directamente con la educación infantil.  Escribe: <<Los niños aprenden a través de las historias, los sonidos, las imágenes, los gestos.  Hemos olvidado el lenguaje de la analogía (…) como la “unión de dos planos de la realidad: uno visible e inmediatamente perceptible, otro análogo pero misteriosos, interior, desconocido.  Los símbolos sirven para el desvelamiento de ese último. Atraen y expresan lo que está más allá de la mera lógica y la percepción ordinaria.  En la medida que comunican y dan a gustar algo de “más allá”, son reveladores; trasmiten la vivencia y la experiencia de otros planos de la realidad que en la vida ordinaria permanecen ocultos: aportan conocimientos suprasensibles y metafísicos, haciendo posible que el ser encarne lo que conoce haciéndose uno con ello.” (cf. La ciudad Cautiva, p. 25) >>

Catherine añade: <<Este tema se merece una buena reflexión.  Los niños están apasionados por el misterio, porque lo ven como una oportunidad infinita de conocer (que lo es).  Cuando les acercamos al misterio a través de los símbolos, les damos alas.  Esto no se está haciendo en el actual sistema de educación.  Les convertimos en máquinas para almacenar datos racionales.  Les hacemos preguntas cerradas y no nos gustan sus preguntas cuando no tenemos respuestas para ellas.>>

Coincido en las observaciones de Catherine. Simplemente le recordaria, que en el punto de vista de nuestra asignatura nos interesa recalcar el simbolismo de una manera radical. Tanto es así, que el propio Niño es uno de los principales símbolos de nuestro Ser interior y divino. Por lo tanto somos nosotros mismos los más necesitados de recuperar este tipo de conexiones con el “mas allá”, que el lenguaje analógico propicia. Debemos aprender a alimentar cada uno de nosotros a nuestro “niño interior”, capaz de asombro, ávido de aprender, jugar y amar… y desgraciadamente marginado la mayoría de veces en este desierto que es la cultura oficial de nuestro tiempo. El trabajo que aquí tenemos entre manos, consiste precisamente en una paideia, eso es: un redescubrimiento del Niño Interior, y la adquisición de las claves gnoseológicas para poder alimentarlo. Es un gran mérito lograr hacer eso en el seno del actual sistema universitario y, en ese sentido, estamos siendo pioneros en un nuevo estilo de docencia.

*

A propósito de la idea de “religión” como la función “religadora” Natalie alude al <<yoga, que refiere a la unión de los fragmentos, teniendo en cuenta el sentido que pueden tener los gestos y los actos mas naturales. Por ejemplo, la espiración de uno mismo como acto de entrega, de aceptación, de silencio; y desde ella, la inspiración, hecha a través de uno, …una memoria del acto de vivificar el ser con el aliento divino – cada vez de nuevo – que puede significar una nueva oportunidad de discurrir la vida. ”..El rito es sintonía con el aliento cósmico que penetra todas las cosas, tiene valor como rectificación, corrección, curación..”(La Ciudad Cautiva, p.56)

Y sigue escribiendo <<entiendo y siento que encontramos una división dentro de nosotros mismos, una ruptura, un alejamiento  del origen (que a lo mejor esta simbolizado en la Biblia con el pecado original y el rechazo  desde Gan-Edén) y se puede decir que vivimos en el mundo de puras ideas y manifestaciones limitadas. Los ritos hechos con intención, nos sirven para despertar y volver a encender el fuego del altar del corazón. Pregunto el por qué de esta división ( en lo corporal, emocional, mental y personal…). Intuyo que la respuesta esta en el camino mismo, al actuar en coherencia y harmonía entre las diferentes partes de uno, como en la ciudad misma. Y soy consciente que es una  pregunta primaria, (…)casi infantil… Somos chispas de luz. Por naturaleza hemos de estar presentes y manifestarlo; sin embargo la mayoría vivimos dormidos y los privilegiados deberían pasar por  el infierno, como Dante, para llegar a despertar. Me pregunto si este pecado simbólico es de cada individuo en su camino, si surge de la psique de uno o, paralelamente, es un pecado, una división y un camino colectivos (de la humanidad), de la misma manera que la ciudad antigua representa al ser humano y la sociedad, ambos a la vez.>>

Me parece un comentario bello y admirable, del cual todos podemos aprender.

*

A María José le <<disgusta pensar que por apatía, olvido y falta de espiritualidad, se vayan perdiendo las prácticas rituales, como parte de la religión, de la “fundación de la ciudad”, utilizadas anteriormente como medio de autoconocimiento. Autoconocimiento que entiendo no solo como personas (individuales) sino como “ciudad”, como pueblo(…)>> También José María lamenta la pérdida moderna de la visión sagrada del mundo, el prejuicio occidentalista frente a las valiosísimas doctrinas de Oriente, y que toda la filosofía haya quedado reducida al eje Platón – Tomás de Aquino – Hegel…

Es verdad! Es una lástima tal proceso de endurecimiento en las conciencias, producido en el mundo a lo largo de los últimos siglos. Pero lo importante es que todo aquello tan bueno que hoy tiende a ser olvidado, si es algo realmente bueno, es precisamente porque se trata de algo perenne, siempre al alcance de la mano. La ciudad sagrada, el rito fundacional, las tradiciones sagradas de Oriente y Occidente, la incomensurable reserva underground de la cultura occidental europea… todo eso se halla presente, sólo hace falta reconocerlo, aceptarlo, y cultivarnos a nosotros mismos por medio de este gran patrimonio humanístico legado a las gentes de hoy.

*

Mª José apunta también el siguiente comentario: <<Asistiendo a la presentación de uno de los prototipos propuestos en el Taller Vertical, 2010 de la EsArq (UIC), he visto un paralelismo claro entre lo que es una construcción para arquitecturas de emergencia y el concepto de la ciudad antigua. En situaciones desprovistas de todo lo material, los constructores  tienden a proporcionar al individuo un entorno que le dirija al centro de sí mismo, a lo más íntimo de sus relaciones interpersonales y familiares y en cierto modo con el Creador. El espacio fluye circular, equidistante, unas veces hacia el interior y otras hacia el exterior, pero con un punto central de referencia que en el proyecto toma la máxima altura. Ahí es donde la persona se refugia y donde establece sus nuevas coordenadas.>>

José Olives Puig

Cardedeu, 15.02.11