LAS HUMANIDADES XI: Equivalencia de filosofía y religión cuando son auténticas

platon-raphael(Siguiendo la ocurrencia de Joaquín Muñoz, encabezamos ese nuevo capítulo de su obra, con la imagen de Platón inventada por Rafael. Es hermosa y dice mucho, como las restantes de este gran filósofo del Renacimiento, que realizó su obra nada más que con pinceles y pinturas…Releyendo estos capítulos, procedentes de su tesina, me enorgullezco de haberla dirigido, y sigo admirando su producción, tal como de momento la va ofreciendo en sus Meditaciones del Día)

En base a lo expuesto en los últimos capítulos publicados en este blog, puede inferirse que, desde la visión clásico-tradicional de la filosofía y las humanidades, resulta muy difícil diferenciar entre éstas y la religión propiamente dicha.

Olives se remite, en este sentido, a Dión Crisóstomo para propugnar una filosofía entendida como camino hacia la asimilación a Dios, una filosofía dotada de una dimensión espiritual y religiosa, un auténtico sacerdocio que implica la recepción, vivencia, cuidado y transmisión de los conocimientos y energías espirituales que se derivan de su práctica[1].

El  filósofo, como seguidor y amante de la Sabiduría, de la Verdad, de lo Bello y de lo Bueno es –al fin y al cabo- un seguidor y amante de su causa última y primera, de su fuente y origen:  Dios.  Un Dios que, en un acto de desbordamiento de Amor crea al hombre para que disfrute de una existencia gozosa y feliz al descubrirle y religarse con Él[2]; un Dios que modela toda la creación como revelación natural, como teofanía, para que su principal obra (el ser humano) sea capaz de reencontrarle a través de lo visible, mediante una hermenéutica simbólica que supone el método propio de las humanidades tal y como nos son propuestas por Olives.

Sin embargo, parece lógico preguntarse: ¿son las humanidades –o la filosofía antigua- una religión propiamente dicha? ¿Es suficiente la práctica de la hermenéutica simbólica para lograr esa plena religación con Dios, el cosmos, el prójimo y uno mismo?

Olives responde escueta y tangencialmente a esta cuestión, aunque en su contestación nos ofrece el núcleo esencial de su opinión.  Basándose en la hermenéutica dantesca plasmada en “La Divina Comedia”, se detiene en la explicación de por qué los grandes filósofos de la antigüedad (Séneca, Homero, Platón… etc) son situados en el limbo, un lugar en el que “no se grita de dolor, sólo se oyen suspiros”[3], los suspiros del que se encuentra en el camino de la buena vida (eudaimonia) pero que no es capaz de alcanzar su meta por carecer de la teoría completa y de los medios de realización necesarios.  Viéndolos como hijos del moralismo y del racionalismo, Dante considera incapaces -a los filósofos de la antigüedad- de obtener la Weltanschauung o cosmovisión religadora, al no disponer de los medios de realización espiritual que ofrece una tradición espiritual cuando se halla viva y activada[4].

Siendo esto cierto, Olives aclara algo sobre lo que ya hemos tratado anteriormente: no puede entenderse el pensamiento antiguo (y clásico en general) como la suma de rígidas estructuras sistemáticas, más propias de la filosofía contemporánea[5].  Existe una solidaridad entre los autores[6], que participan de la comprensión de un mismo modelo del mundo, de la sociedad y del hombre, el cual les viene dado de antemano, y con cuya ayuda especulan y trabajan[7].  A modo de consejo, nos recomienda nuestro autor: “si se quiere sacar el mayor provecho del estudio de los autores clásicos y filosofar con ellos, conviene precaverse contra la exageración de los planteamientos sistemáticos.  Frente a ellos es oportuno recuperar la noción típicamente humanista de «punto de vista»[8].  Éste, implica que las distintas escuelas desarrollan un aspecto determinado de un marco tradicional más amplio (en el cual se incluyen) y que ellos, implícitamente, también ayudan a transmitir.  En tanto que «punto de vista», la visión de cada escuela es sesgada, parcial, incompleta… Una parte del todo al que sólo se puede acceder por vía de síntesis, superando las aparentes contradicciones entre escuelas y remitiéndonos a la tradición que subyace tras ellas y las fundamenta.  Una tradición espiritual de la que participan la mayoría de los representantes del pensamiento clásico-tradicional: “Séneca, al igual que Sócrates, Platón y la mayoría de los filósofos de la Antigüedad, es una persona religiosa; además, piadosa: eso quiere decir que cumple con los ritos, que conoce los simbolismos y las mitologías, y que da por entendido el valor superior de las ideas y medios de gracia que vehiculan.  Que su labor como filósofo la acometa desde un plano que es propio del discurso racional no niega la vigencia de otros planos del discurso y del desarrollo teórico, sin los cuales la propia filosofía se hallaría desprovista de sentido”[9].

De hecho, el propio Platón es una interesante fuente para lograr acceder a antiguas tradiciones órficas, pitagóricas, egipcias, caldeas y persas que el tiempo ha borrado y que él se encargó de transmitir en su filosofía mística[10].  Entiendo este hecho como una indirecta indicación de la importancia que tiene anclar la filosofía (las humanidades) en una tradición espiritual que vivifique y complete el sentido de sus contenidos, de modo que aquélla pueda producir la metanoia personal que le religue a uno con Dios y su creación.

Como conclusión, podemos afirmar que la hermenéutica simbólica propia de las humanidades clásico-tradicionales es una metodología necesaria para descubrir y vivenciar la filosofía, la religión y la realidad en toda su profundidad…  Sin ella, no pueden comprenderse adecuadamente los contenidos religiosos ni filosóficos.  Pero, al mismo tiempo, la hermenéutica simbólica precisa de la participación en una tradición espiritual para hacer posible la recepción de las influencias que dan lugar a la experiencia personal de gozo espiritual y religación (más allá de los límites de la mera intelectualidad) con todo cuanto rodea al ser humano.

La hermenéutica espiritual, así entendida, es el nexo metodológico que permite relacionar los diversos estratos de la realidad a través de la analogía, descubriendo estructuras comunes que hacen posible el conocimiento de lo aparentemente ajeno a través del autoconocimiento y permitiendo intuir la unidad  e interdependencia entre todo lo existente: entre Dios y la naturaleza, entre la naturaleza y la ciudad, entre la ciudad y el hombre…  Entre la teología o metafísica, la cosmología, la política y la antropología…  Una nueva mirada que nos ofrece una nueva percepción de nosotros mismos y de cuanto nos rodea.  Una experiencia de la realidad que nos conduce al Paraíso Perdido, a la felicidad que –en nuestro interior- todos anhelamos…  Un gozo y una dicha que, digan lo que digan, está a nuestro alcance.  El Reino de Dios está muy cerca…  En nosotros mismos.

 


[1] Olives:2006, 162

[2] Cfr. Olives:2006, 370

[3] Dante:DC, Purgatorio VII, 28-30

[4] Olives:2006, 111

[5] Olives:2006, 105

[6] Olives:2006, 104

[7] Olives:2006, 105

[8] Olives:2006, 108

[9] Olives:2006, 113

[10] Olives:2006, 408

LAS HUMANIDADES VI: El simbolismo metafísico de las Tres Gracias

las-tres-gracias-en-la-primavera-de-botticelli

(Añadimos un capítulo más de los que Joaquín Muñoz Traver va colgando en su citado blog, fruto de la investigación por él realizada sobre el método de las humanidades tal como yo lo he aplicado al mundo académico de hoy)

Una vez clarificado –en el anterior capítulo- el vínculo existente entre aprendizaje y docencia en el ámbito de las humanidades, podemos enriquecer esta visión con las aportaciones propias de la teoría de las Tres Gracias al respecto.

Comenzaremos nuestra aproximación al tema simbólico de las Tres Gracias, al que se han referido muchos pensadores y artistas destacados (siendo la principal vía utilizada por el pensamiento clásico para transmitir la teoría sobre la liberalidad o los beneficios, sobre el arte de dar, recibir y devolver[1]) con una introducción general al mismo para, posteriormente, y pese a su riqueza simbólica y a la multitud de lecturas y enseñanzas que de ella se pueden obtener, ceñir nuestra aproximación a su valor arquetípico en el terreno del aprendizaje y la enseñanza, en el campo de la pedagogía humanística.

Dada la importancia que otorga Olives a los soportes imaginales para facilitar la meditación hermenéutico simbólica, así como atendiendo a la profusión de imágenes que  sobre este tema encontramos en La ciudad cautiva[2], incluyo la interpretación que de las mismas realizó  Botticelli, pintor-filósofo platonizante, perteneciente a la Academia florentina de Marsilio Ficino, cuya obra “cargada de conocimiento, vehicula un potencial iluminativo de gran calado, hecha como está para la contemplación meditativa, que no niega el valor estético, antes lo culmina”[3].

Botticelli nos muestra tres hermosas mujeres, con sedosos, vaporosos y transparentes vestidos, con sus manos entrelazadas en una circular y sensual danza mediante la cual parecen establecer un callado diálogo que las une.  Matices a un lado[4], se trata del modelo iconográfico clásico de las Cárites.

Al contemplar la imagen podemos preguntarnos, como hizo Séneca (en cuyos planteamientos bebe Olives para configurar, desarrollar y comunicar su teoría de los beneficios[5]) quiénes son estas mujeres y por qué son tres.

Nuestro autor, como es habitual en él, comienza introduciéndonos en el sentido etimológico y simbólico del término «gracia»: nos habla de la relación existente entre su raíz indoeuropea jr y las letras griegas XP del Crismón, de sus paralelismos sánscritos y de su vinculación con la idea de transmisión de influencias espirituales.  Por último, y en un sentido más común, lo asimila a la idea de goce, favor, don o beneficio[6].

Tras esta primera aproximación, se nos muestra con mayor claridad que el contenido «filosófico-humanístico» de esta iconografía tiene que ver con el hecho de que “hay gracia en dar, gracia en aceptar o recibir, y gracia en devolver”[7].  La desnudez (o semi-desnudez) de las Gracias expresa la naturalidad de los beneficios[8] que circulan según esta estructura ternaria, en la que cada uno de los elementos hace de mediador entre los otros dos, dando lugar a un dinamismo de intercambios mutuos que se simboliza pictóricamente con las manos entrelazadas y la feliz danza en que participan[9].  Un baile que nos remite no sólo a la alegría de regalar y ser regalado sino que, a través de su circularidad, nos comunica el retorno del don al donante.

Los nombres, atributos y posición de las Tres Gracias nos permiten dar un paso más en su correcta comprensión: a la izquierda, la sensual y provocativa Eufrósine-Voluptas (el Goce o el Placer); en el centro, la cariñosa, sencilla y prudente Talía-Amor-Castitas (el Amor altruista, iluminado o compasivo) y, a la derecha, la sofisticada, elegante y radiante Aglaia-Pulchritudo (la Belleza o Hermosura)…  La iniciadora o impulsora de todo el dinamismo[10].  Y, con esta última afirmación, retomamos el platónico mito de la caverna que nos está sirviendo de hilo de Ariadna para llegar al núcleo central de las humanidades entendidas como proyecto pedagógico, como imbricado nudo entre aprendizaje, desarrollo personal y docencia; entre recibir, disfrutar y dar.

Decíamos anteriormente que es la belleza (Pulchritudo) del nuevo mundo que se ha abierto ante sus ojos lo que, junto al recuerdo de su anterior y triste vida de sombras, mueve al cautivo liberado a descender de nuevo a la caverna para, llevado por la compasión (Castitas), tratar de conducir a sus antiguos compañeros, que siguen cautivos, a la nueva realidad que él ha descubierto, que ya está gozando (Voluptas) y cuyo disfrute se verá incrementado al ser compartido[11] (pues el colmo del placer se basa en una actitud de natural entrega altruista[12], de dar gratuitamente lo que como regalo se ha recibido).

Pero las Tres Gracias no sólo ilustran la naturaleza o razón de ser de este dinamismo, también nos aportan rastros –que sigue atentamente Séneca- sobre cómo debe desarrollarse esa danza de dar, recibir y devolver.  El sabio, docente o pedagogo que comunica su conocimiento a los demás, les está haciendo un regalo, un beneficio, se está donando, entregando a sí mismo en su acción[13].  Y esa entrega, nos recuerda Olives, debe regirse por la adecuación y proporción para que el beneficio pase de mano en mano hasta volver a su causante y no se pierda la reciprocidad (simbolizada por los dedos entrelazados y la forma circular de la danza) como sucedería si se rompiera algún eslabón de la cadena.

Nos recuerda además nuestro autor que, tanto en la versión iconográfica que de las Tres Gracias hace Rafael en su fresco, como en la que aparece en el ex-libris de Johannes Cuspinianus, “las tres doncellas aparecen involucradas en un juego de pelota”[14] que nos permite especular  sobre “las disfunciones de la economía del don, [que] son tanto la mezquindad como la prodigalidad.  Pues bien, observaremos que si la pelota cae al suelo es culpa de quien la da, de quien la recibe o bien de ambos: esto puede venir de tirarla demasiado fuerte, o con poco impulso, o bien de la misma naturaleza de la pelota (que sea demasiado grande o pequeña, demasiado pesada o ligera… etc.).  El comentario advierte que tiene que haber adecuación, o proporción, entre el donante, el receptor y lo dado.  Peca tanto quien se pasa en la medida como quien se queda corto”[15].

¿Cómo aplicar esta enseñanza a la educación?  Teniendo en cuenta, en primer lugar, que el objetivo de ésta es sacar afuera lo que uno tiene en su interior[16], dar a luz el conocimiento embrionario, motivar a uno para que inicie su particular travesía hacia el exterior de la caverna…  Para ello, nos recuerda esta iconografía, el sabio debe atender a las características y necesidades del oyente debe dosificar el conocimiento que le entrega atendiendo a sus capacidades, a su cultura y a su lenguaje, de modo que le resulte comprensible y útil para el desarrollo de su personalidad, cumpliendo así su función[17] desde el punto de vista de la hermenéutica simbólica clásico-tradicional.

Mediante una cita de la Hieroglyphica de Valeriano, nuestro autor nos ofrece unas claras directrices sobre cual debe ser el talante propio del benefactor y del beneficiado, del maestro y del discípulo: “No debiéramos seguir adelante sin indicar que una de las gracias está con el rostro vuelto y oculto para indicar que aquél que hace un regalo debe hacerlo sin ostentación.  La otra muestra su rostro abiertamente porque quien recibe un bien debe mostrarlo y declararlo públicamente; y la tercera gracia muestra un lado de su rostro y oculta el otro significando que al devolver los beneficios debiéramos ocultar la restitución, pero mostrar lo que nos ha sido dado”[18].  El maestro debe por tanto ser discreto y humilde, centrando la importancia y atención en aquello que transmite.  El discípulo, sin embargo, debe mostrar su agradecimiento dando a conocer la fuente por la que ha llegado a él el saber, alabando y haciendo públicas las virtudes de su benefactor.  Por último, el discípulo no debe guardar el conocimiento para sí sino que, en su recién alcanzada maestría, debe dejarlo fluir, compartirlo (humilde y discretamente) con los demás…  Incluso con su propio maestro, que también se verá beneficiado por esta reciprocidad.

La imagen de las Tres Gracias, con todas las especulaciones que puede suscitar y que aquí sólo hemos esbozado, muestra –en cierto modo- una correspondencia con las tres fases en que hemos estructurado el proceso pedagógico: Voluptas, el goce o placer del estudio, de recibir, de ser regalado o beneficiado; Pulchritudo, la belleza o hermosura de la meditación, de aceptar, disfrutar y hacer propio lo recibido; y Amor-Castitas, el amor altruista que conlleva el deseo de transmitir y compartir lo que se ha recibido, el deseo de transmitir y compartir la felicidad que se ha obtenido mediante el conocimiento transformador de uno mismo, mediante el arraigo en la propia naturaleza.


[1] Cfr. Olives:2006, 138

[2] En Olives:2006 se incluye, además de la imagen de las Tres Gracias de Botticelli (pág.143), las de un fresco de Pompeya (pág. 139), las de Rafael (pág. 141), las de Correggio (pág. 146), las del ex-libris de Johannes Cuspinianus (pág. 147), una versión popular en mosaico procedente del pavimento de una casa en la antigua colonia Julia Augusta Paterna Barcino, núcleo fundacional de Barcelona (pág. 148),  la fuente de las Tres Gracias en la Hypnerotomachia Poliphili de Francisco Colonna (pág. 151),  las del cuadro de Rubens (pág. 153) y las de la Hieroglyphica del humanista Pedro Valeriano (pág. 155).

[3] Olives:2006, 142

[4] En otras representaciones aparecen desnudas, o jugando con una pelota, o en posiciones algo distintas…

[5] Cfr. Olives:2006, 103

[6] Cfr. Olives:2006, 438

[7] Olives:2006, 144

[8] Cfr. Olives:2006, 149

[9] Cfr. Olives:2006, 144 y 155

[10] Cfr. Olives:2006, 142

[11] Cfr. Olives:2006, 120

[12] Cfr. Olives:2006, 141

[13] Cfr. Olives:2006,  118-120

[14] Olives:2006,  145

[15] Olives:2006,  145

[16] Cfr. Olives:Gaudí, 13

[17] Cfr. Olives:2006, 145

[18] Wind:1972,  41, citado en Olives:2006

Comentarios a La Ciudad Cautiva, cap.IV: La cristiandad: nueva polis

(En esta entrada se comenta el capítulo sobre la “República Cristiana”, el modelo sociopolítico <o civilizatorio> de esas entelequias que hoy llamamos “Cataluña”, “España”, “Europa”, “Occidente”. La he dividido en tres partes agrupando los temas por el interés de los alumnos).

I. URBANÍSTICA SAGRADA O FUNDACIONAL

María José ha iniciado un interesante trabajo buscando “en qué otras poblaciones podría encontrar las referencias urbanísticas estudiadas en este (IV) capítulo.” Reproduzco a continuación los planos que aporta de la antigua Caesar-Augusta Quadrata (núcleo de nuestra Zaragoza), en los que reconocemos fácilmente la trama ortogonal dodecápilos. De haber dado con estos materiales, los hubiera incluido en La Ciudad Cautiva! Gracias, me parecen maravillosos y dignos de profundización. Me pregunto: habrá algún dato o resto urbanístico/arqueológico referente a la antigua Salduba, la ciudad anterior a la fundación romana?

En cuanto a los planos de Tarragona y Ciudad Rodrigo, se puede reconocer más o menos el aspa (sobre todo en la antigua Tarraco), pero habría que investigar más, in situ, preguntando, viendo, consultando, etc. Valdria la pena!!!Todo eso podría ser el inicio de una hermosa investigación. Te felicito!

Tres planos de la antigua Caesar Augusta

Plano de la antigua Tarraco

Tatiana:
El número doce es por tanto el número “político” por excelencia, número de
elección, de alianza, de constitución: con el número doce se puede completar todas las
posibilidades y componentes de un todo ordenado; un espacio-tiempo cósmico, una civilización o una comunidad: como recuerda Chevalier, tiene una gran riqueza
simbólica y arquetípica puesto que el doce es fruto de “la combinación del cuatro del
mundo espacial y del tres del tiempo sagrado”. Un claro ejemplo de su cualidad es que
número doce está representado en las doce puertas de la muralla, que también son las
particiones del cielo que nos ayudan a ver las particiones de la tierra, o la disposición de
los doces meses representando la disposición cósmica de Zodíaco.

Gemma.:

Durante todo este capítulo lo que más me ha llamado la atención es la utilización del simbolismo numérico. El número dos refiriéndose a la luz (aspecto masculino) y a fuerza (aspecto femenino); esta dualidad permanente que descubrimos en la religación de conceptos. (pàg.216). Los tres aspectos del alma de San Agustín o los tres estamentos principales de la polis que idealmente construye Platón. El número cuatro en la cruz y en el Apocalipsis sugiere también la idea de universalidad: los cuatro seres vivientes son el conjunto de los que viven en el mundo de la luz. Los cuatro jinetes traen las cuatro plagas principales. Los cuatro colores de los caballos corresponden a los colores de los puntos cardinales y a los del día, para mostrar la universalidad de la acción en el espacio y en el tiempo: blanco es el este y el alba; rojo el sur y el mediodía; glauco el oeste y el crepúsculo; negro el norte y la noche.

Daniel: He descubierto que la ciudad material, reflejo de la ciudad celestial, es la forma más perfecta de organización social y de ordenación territorial.

Evaristo: Comprendo que al surgir nuevas civilizaciones, la ciudad adquiera un nuevo sentido, ya sé que a partir del Renacimiento cambia todo. Pero he vivido en pueblitos donde la ciudad sigue siendo la ciudad cuadrada en cuyo centro está el corazón, el mandala. La ciudad que es el símbolo del hombre: razón, intelecto, voluntad, sentimientos.

Sergi

En la ciutat de Puig i Cadafalch es vol seguir el model grec agafant-ne la forma però obviant-ne el fons?

J.O.: Jo crec que sí. En Puig i Cadafalch desconeixia el simbolisme de la ciutat i va llegir en clau del modern urbanisme la descripció que fa Eiximenis de la ciutat ideal. Que la descripció del plànol dodecàpilos correspon al model de la Jerusalem, és una cosa que Eiximenis no diu, i que jo m’encarrego de senyalar… En Puig fa una anàlisi formal i té el mèrit d’haver descobert i arxivat diversos exemples de ciutats hispàniques on el mateix model fou aplicat.

Sergi: Si hi ha la ciutat dodecàpila per la ciutat del món. També hauria d’haver-hi un planell dodecàpila per la ciutat interna a través del qual la veu es pogués utilitzar de forma correcta.

J.O.: Efectivament. Genial! Si no sabem de ningú que hagi aplicat abans aquest cosmograma a l’art d’emetre la veu (de segur que les escoles sufís del Turkestán coneixen bé el tema…) tu pots fer-ho. Aquestes ciències dels ritmes i les vibracions còsmiques (estudiades tradicionalment a través del quadrivium, com ja hem comentat a classe) operen sobre tot per deducció a partir de l’estudi del model (geomètric, aritmètic, astronòmic, musical) i l’experimentació meditativa directa. Encantat de poder-te ajudar en aquesta recerca, on poden sumar-se altres investigadors de la veu…

(J.O.: Reproduzco gran parte del texto enviado por Hans (Joan Bahr), a quien el espacio-cuartilla resulta insuficiente por las muchas cosas que desea apuntar… pidiéndole excusas por esta obligada limitación, y los trozos segregados, que para ser comprendidos necesitarían de un mayor desarrollo por su parte y comentario por la mía. Cuestiones que de palabra será más cómodo comentar en clase si ha lugar…)

Joan Bahr:

Me ha llamado especialmente la atención una frase crucial que por ella misma descubre la exégesis de este libro: “Uno de los principales motivos que da Eiximenis para la existencia de ciudades es vencer la ignorancia”. En efecto y son muchas las torres desde las que esta aseveración puede divisarse. Una de las más altas, la doctrina clásica de la sociabilidad, nos hace ver que el hombre es preeminentemente un ser social, (…) otra nos recuerda acertadamente que el orden que rige la convivencia entre los hombres es la representación de su orden interno (vid. p. 216). Son suficientes estas dos visiones para introducirnos en la significación mandálica (…) un lenguaje que habla por sí mismo (…) La exactitud del orden geométrico, y su extralimitación más ahí del espacio en el que se inscribe, vertebran un orden cósmico que subyace en todo lo manifestado. Se sigue de esto que cualesquiera de las designaciones que denoten en un paradigma concreto este orden cósmico son expresiones de un conocimiento verdadero, o quizá sea mejor dicho, sagrado. Es pues comprensible que la convivencia humana a lo largo de los tiempos haya sedimentado esta arquitectura sagrada en las ciudades que coadyuva la emergencia del Conocimiento en los hombres. Me preguntaba a menudo en mis recorridos por el mundo occidental, cual era la causa de que las ciudades con catedral (…) gozaran de un misterioso sabor ancestral -que no se muy bien explicar- del cual otras carecen. Observo que no dejan de ser monumentos pétreos, pero la lectura de este capítulo me ha guiado en el entendimiento de un mandala cósmico que tiene en el centro la catedral como la representación interna y externa del origen dialéctico que nutre la sabiduría. Se y he sabido que paseando por los viejos barrios de estas ciudades, nuevos para mí, siempre vuelvo a mi hogar.

II. CIUDAD INTERIOR, CIUDAD CELESTIAL, SOCIABILIDAD NATURAL

Raquel: Poco a poco, trabajando La Ciudad Cautiva, voy ratificando la idea de que “el hombre es una miniatura del mundo y la sociedad, un microcosmos o una micrópolis…y con el prójimo”, tal como lo expresa Eiximenis. En este capítulo, se hace más patente, si cabe, la necesidad de transformar al hombre por el fortalecimiento del alma, que veíamos en capítulos anteriores. ¿Cómo? A semejanza de la ciudad de Paraíso, con oración y mortificación (…).

J.O.: El “¿cómo?” que en esta asignatura de máster estamos aprendiendo tiene ya dos aspectos: 1)el que nos propone Séneca, a saber: el fortalecimiento del ánimo mediante la ciencia/arte de los beneficios; y, 2) la transformación de nosotros mismos mediante el estudio y la meditación, es decir, mediante la verdadera “filosofía” hoy tan olvidada. Este tipo de práctica es el autoconocimiento con ayuda del lenguaje analógico (mitos, símbolos y ritos, como los que estamos manejando), y conlleva, efectivamente una “muerte” (a todo lo viejo, a los prejuicios, a las falsas identidades e ideas en las que creíamos y ya no nos sirven) y un renacimiento a nuestro verdadero ser, tan olvidado, tan comparable a una hermosa ciudad, a un Paraíso. En este tipo de “muerte” hay el máximo goce y la máxima plenitud… Por eso es importante entender correctamente qué significa la “mortificación” de los ascetas o de la Cuaresma, que tu mencionas y a la que aludes a través del citado artículo de Puigverd…

Raquel: Tal y como recoge de Eiximenis LCC, “…En dicha ciudad es rey el entendimiento, y reina, la voluntad; tesorera la conciencia, y jefe de los caballeros el libre albedrío; el pueblo y los ciudadanos son la verdad de los distintos pensamientos, los siervos son los cinco sentidos corporales”.

Gran despropósito el de nuestros tiempos; hemos dado la corona del rey a los cinco sentidos, hemos dejado fuera de la ciudad a la conciencia ; y entendimiento y voluntad viven sometidos a un albedrío que es cualquier cosa menos libre. Quisiera profundizar sobre este tema. Imagino que los clásicos son el primer paso. En ello estoy, aunque más despacio de lo que quisiera. En ocasiones me desalienta la realidad; aunque también es cierto que no pierdo la esperanza de contribuir con mi minúsculo grano de arena a recuperar esa bella y ordenada ciudad que Dios nos dio a cada uno de nosotros.

Me interesa de forma especial la ciudad interior y cómo se comunica al prójimo en la búsqueda del bien común. El modelo de ciudad que pretendo es utopía, lo sé. Pero conforme evoluciono en el conocimiento gracias a La Ciudad Cautiva voy concretando los objetivos de mi trabajo de investigación, cada vez más cercanos a la conquista de un modelo de ciudad del Renacimiento.

J.O.: Así se hace, poco a poco se va juntando la ciudad interior con la exterior. El arte (nuestra profesión) consiste en juntar el Cielo con la Tierra. El Renacimiento es desde luego un buen modelo para todas las cosas y obras buenas de la modernidad, como iremos viendo en los próximos capítulos.

Sergi

Impressionant considerar l’home com una ciutat i posar els cinc sentits com a servents (criats) de la ciutat. El cos amb un centre de foc (ànima) com la ciutat. Hi ha diferents móns i universos. Cada cos és un univers.

Naiara escribe este precioso texto, que por error atribuí a Hans..:

LA CIUDAD DEL COM-

De nuevo en este capítulo, “La cristiandad, nueva polis”, me llama poderosamente la atención descubrir lo presente que se hace el pensamiento político clásico. Presente como posible respuesta, como esperanza, a la situación actual que vivimos como humanidad compartida de este planeta.

Para este pensamiento político clásico los conceptos y temas principales son: la comunidad, la cosa pública y la ciudad, como tres aspectos de una misma teoría. Tres aspectos que se interconectan como en un sistema donde todo viene de algo, y tres aspectos que nos hablan al mismo tiempo de lo macro y lo micro, lo interno y lo externo; como espejo y metáfora uno de lo otro. La UNIÓN es  el hilo  que teje cada uno de estos conceptos en sí y entre sí.

Es el Ser Humano un Ser en relación. Y esta relación se dirige en tres direcciones: con uno mismo, con los otros, con lo Otro, con el Misterio. Así, la ciudad es  el lugar donde puede expresarse la sociabilidad del hombre, y vivirse su triple relación consigo, con los otros, con Dios. Y la ciudadanía consiste en participar de un “mismo corazón espiritual”, sabiéndose cada individuo parte de un Todo. Esta íntima convivencia que necesita el hombre para ser Ser Humano, hace que  la comunidad pertenezca a su misma esencia; que la comunidad sea una cosa natural y necesaria para su supervivencia y felicidad.

Descubro con agrado que la teoría de la comunidad se basa “en el concepto del bien común, el bien del alma, como auténtico bienestar compartido: el bien del alma es la vivencia del conocimiento, la comunión con las ideas universales”.

La comunidad está ligada al concepto holístico, y así, esta comunidad también se da en el interior de cada uno de nosotros, donde deben convivir íntimamente los distintos aspectos de nuestro ser: biológico, social, emocional, mental, espiritual; y procurar que cohabiten en una ordenada armonía nuestro pensar, sentir y actuar.

La ayuda mutua, y la necesidad como su motivo, es lo que nos hace ser compañeros, en una ciudad  donde la cosa pública está fundamentada en el concepto del bien común.

La ciudad desde el punto de vista tradicional en el simbolismo arquetípico es concebida como una de las principales analogías del alma humana y del alma del mundo. En la ciudad se realiza simbólicamente el último y primordial fin del hombre en la tierra: conocer a Dios.

Viene la palabra compañero de aquel que comparte el pan, y nos recuerda el prefijo com- (comunicar, compartir, comunidad, comunión)…Una ciudad de compañeros donde vivir en com-unión con uno mismo (vivir el alma individual, como último resorte de la individualidad que nos une al Espíritu, Uno); con los demás (ser compañeros. Buscar el beneficio mutuo, que parte de la ayuda mutua); con el Todo; con el espíritu, como estructurante del orden de la ciudad.

Daniel: He descubierto el sentido original de lo comunitario a partir de la definición que nos ofrece Eximenis.

Sergi: Avui en dia, tot i que formem part sociològicament de la mateixa civilització cristiana podem dir que participem del mateix cor espiritual? I aquest cor és diferent d’altres civilitzacions fora de l’occidental?

J.O.: Sí, participem del mateix cor espiritual, sigui conscient o inconscientment. Fer-nos-en conscients majoritàriament significaria poder reconèixer altra vegada la nostra rel cristiana. A més a més, aquesta “rel”, aquest “cor” que a Europa hem expressat tradicionalment en clau cristiana, és el mateix cor, la mateixa rel, que jeu al centre de tota civilització. Els éssers humans som tots un sol home…

Evaristo Aguado:

No conocía a Eiximenis y me ha parecido que es una pena que nuestros hombres de la cultura y de la política no beban de fuentes tan claras. Sí, es una pena que todo sea pragmatismo, intereses personales o partidistas.

En este capítulo he encontrado belleza, armonía (la de los números) aplicadas a la ciudad, al orbe, pero sobre todo al hombre. No podemos olvidar la analogía entre la ciudad, el cosmos y el hombre. Pero también el verdadero fundamento, incluso desde el punto de vista simbólico de las civilizaciones, de la ciudad y del micropólis humano (todo hombre es una bella y ordenada ciudad).

La sociabilidad del hombre (“el hombre es social” por naturaleza me decían de pequeño en el colegio) es algo que he entendido, en profundidad simbólico-mística, en la Ciudad cautiva. Y lo he entendido a través del simbolismo de la ciudad. Dependemos de la interacción con el prójimo, somos animales civiles. Es muy audaz decir que “si uno no ama la compañía de los hombres, uno no es de naturaleza humana” Pero lo más profundo, lo que me ayuda a trascender lo material, el amor humano, la relación con los demás es ese “el hombre se relaciona y convive con Dios, el creador (vuelos del alma teresianos y de Juan de la Cruz). Y en esa íntima convivencia consiguen ambos conformar una ciudad que seguro que no es cautiva sino que trasciende al hombre y al mundo que lo rodea, está liberada por siempre.

Comencé a trabajar la Ciudad Cautiva siendo bastante escéptico sobre su utilidad. Mi forma de pensar, muy utilitarista, adquirida en el mundo empresarial durante más de 30 años, me llevaba a dar poca importancia a los temas intelectuales. Pero, usted me ha hecho meterme en la ciudad y convertirme en un luchador que quiere liberarla. Estoy sorprendido de que leyendo autores clásicos haya comenzado a razonar como ellos y me parezca normal, útil y bello lo que dicen. Estoy consiguiendo ver con una mirada nueva temas relacionados con el poder, el gobierno, la economía. Y todo ello en una mezcla de utilidad, poesía, y cercanía a lo transcendente. Es como si Dios estuviera en todas partes como aprendí de niño. Otro gran descubrimiento es que todas las civilizaciones tienen unos puntos en común: lo más transcendentes. Lo Oriental, la India, ha empezado a entrar en mi vida.

Primera sorpresa ha sido para la sociabilidad natural del hombre. Esto lo sabía; pero la sorpresa es que es la esencia del hombre, mi esencia, una cosa natural y necesaria. Y sigo caminando y descubro que la teoría de la comunidad se basa en el bien común que es el bien del alma. Sigo caminando con Eiximenis y doy el triple salto mortal: “El bien común para los cristianos es Jesucristo. Compartir su cuerpo y su sangre. El alimento de la comunidad, de la Esposa. Y ahora salto a la Esposa del Cantar que loca de amor busca en la noche oscura del alma por la ciudad, cautiva, el bien común, el Esposo, el Amado. “En mi lecho, por las noches, busqué al que ama mi alma, y no lo encontré. Me levantaré y rondaré por la ciudad, por calles y plazas, buscaré al que ama mi alma. Lo busqué, pero no lo encontré… ¿Habéis visto al que ama mi alma?

Ahora el bien común “es el amado que encontré. Lo abracé y no lo soltaré…” Como la Esposa del Cantar busco el bien común pero no es fácil encontrarlo.

Daniel: Quisiera entender mejor el carácter natural de la doctrina de la sociabilidad del hombre. ¿Guarda alguna relación con el tiempo de la inocencia?

J.O.: La sociabilidad tiene, efectivamente, su núcleo “mitológico” en el llamado “estado de inocencia” (estado primordial, edénico, paradisíaco, etc). Eiximenis y los autores cristianos, siguiendo la tradición, nos hablan de la pérdida de este estado como una “expulsión del Paraíso”, consecuencia del “pecado”. Todos estos términos son simbólicos. Estamos aprendiendo las claves del lenguaje analógico para poderlos interpretar: eso es, para poder reconocer en nosotros mismos estas realidades actualísimas, aunque invisibles… En el Paraíso la sociabilidad humana fluye de manera natural, porque los egos no existen (como dice Don Quijote, en la Edad de Oro -equivalente simbólicamente al Paraíso bíblico- “no existe ni lo tuyo ni lo mío”). Pero la pérdida no es total. Nuestra vida no sería humana si no gozáramos de vezen cuando los estados de bondad, inocencia y desprendimiento. Pero, digamos en términos generales, que estos estados que todos podemos vivenciar y sabemos reconocer perfectamente, existen de forma underground, sobre todo para la visión oficial del mundo y de la vida que se nos quiere imponer continuamente desde el “pensamiento único del sistema”. El Paraíso, lugar de origen y de retorno, es una metáfora de nuestra alma, perdida y recuperada, una y otra vez, hasta que el retorno sea sin vuelta atrás.

Catherine:

Desde el principio de la asignatura, usted comenta que la ciudad es imagen del hombre y del cosmos.  Antes de leer el capítulo de hoy, me costaba entender en qué sentido lo es.  Me ayudó el simbolismo de los 5 sentidos, de la razón, de la inteligencia, etc.

“La sociedad no se agota en el mero hecho de la relación con los demás en el plano de la conducta, o de la acción social: va mucho más lejos al ampliarse desde el plano que hoy llamamos “social” (…) hasta el plano ontológico”.

Las lecturas de esta quincena han sido para mi las más difíciles de digerir.  Estoy de acuerdo con todo de forma intuitiva, pero no acabo de comprenderlo bien.  Llevo años leyendo sobre el concepto del bien común y lo entiendo de forma intuitiva, pero mi aceptación intelectual de ello es más bien un “acto de fe” intelectual, que un acto voluntario de la razón.  Creo que la causa es que tengo una formación como jurista y se me formó en el positivismo.  No soy positivista, pero he sido formada en el positivismo y lo llevo en la fibra.  Mi problema surge cuando tengo que explicar el concepto de “bien común” a mis alumnos de Teoría de la Organización, hablando de los beneficios de la empresa.  Me es realmente muy difícil hacerlo.  He leído muchos documentos sobre el bien común y no hay manera.

Me ha gustado la idea de utilidad para el bien común.  En este sentido, si la empresa tan solo piensa en sus beneficios propios, y no tiene razón de ser que se arraiga en una misión compuesta por una serie de contribuciones hacía las necesidades reales de los demás (empleados, clientes, proveedores, etc.), pues no está siendo útil a la comunidad.

No sé si estoy de acuerdo con Valerio Máximo cuando dice que se puede animar a buscar el bien común, “por necesidad e por atención a vosotros mismos, porque en el bien o en el daño de la cosa pública, vuestra parte está en juego”.  Dudo que el miedo a perder su parte sea una motivación suficiente para que uno busque de verdad al bien común y al verdadero bien común.

J.O.: Creo que los comentarios de tus compañeros, colgados en este blog, atentamente leídos podrán ayudarte. Explicar a las mentes formadas en el positivismo que el bien común es el bien del alma (“lo bé de Nostre Senyor Jesucrist” como escribe Eiximenis, etc) no es ciertamente cosa fácil. Hay que cambiar el paradigma mental usando de la hermenéutica simbólica que estamos aprendiendo. Bajo este título algo rimbombante se esconde el método: reconocer la idea ( en este caso el Bien Común) en uno mismo; hacerse uno con ella; sentirla; encarnarla… A partir de aquí nos son dadas las luces para poder explicarlo a los oyente (o lectores) que desean aprender (…a los otros, a los que sólo desean discutir, es imposible!), y también las palabras y la manera de hacerlo comprensible.  En suma: hay que encarnar lo que el símbolo simboliza y, a partir de esta “encarnación” podemos explicarlo de una manera nueva, que nos viene revelada y se produce de forma natural y lo más adaptada posible a los oídos de los oyentes. Eso y no otra cosa es la hermenéutica simbólica o tradicional.

Tatiana:

“El aislamiento y la soledad, aunque frecuentes, e incluso en los casos más radicales, no desmienten que la sociabilidad sea algo esencial en su naturaleza“: El hombre necesita, por su naturaleza, relacionarse. Incluso las personas que deciden aislarse ya sea por sus creencias, por su filosofía de vida, por su carácter, han tomado esa decisión sabiendo lo que es la sociabilidad, ya que ésta le viene dada en su esencia. De este modo, la naturaleza social del hombre abarca todos los aspectos de la vida humana: desde el hombre en relación con sus semejantes hasta su relación con Dios, y sin olvidar un aspecto que en ocasiones puede pasar inadvertido: la relación de la persona consigo misma, también en su dimensión social, que nos lleva a no encerrarnos en el egoísmo, y que nos transforma en seres abiertos y comunicativos.

“La ciudad es la comunidad política perfecta, por la plenitud de sus fines y por la suficiencia del gobierno”: los hombres por su naturaleza tienden a unirse: primero en familias, luego en núcleos rurales, pueblos, aldeas, y por último en ciudades. Buscan evitar la concupiscencia y cualquier forma de mal, y para ello necesitan y se dotan de un soberano que gobierne y dirija la ciudad: al ser la forma más elaborada y compleja de organización humana, es también la más excelsa y perfecta, a la vez que conlleva la responsabilidad de tener que ser la más cuidada por la complejidad de los elementos que la integran, puesto que la desviación de uno de sus miembros lleva al desvío de toda la comunidad, sobretodo si se trata de su gobernante.

“La ayuda es el factor ccomunitario por excelencia, y nos remite diirectamente a la fraternidad, que desde la a antiguedad remota se ha considerado ta an esencial a la naturaleza humana como lo o son la libertad y la igualdad”: La fraternidadd es un elemento
natural del hombre, tanto el hombre aparentemente bueno como malo, tiende a la fraternidad a relacionarse c con sus semejantes y a corresponderse con el llos. La ayuda es un efecto que nos permite conseguir la proximidad con los demas, hacieendonos buenos; y contribuye consiguientemente al orden social.

Para que cada comunidad “este fundada en amor y concordia conviene que cada uno ayude a otro vendiéndole qué comer, y el otro vendiéndole qué beber, y el otro, qué vestir, y el otro, qué calzar”: La division del trabajo debe basarse en n el concepto de
ayuda ya que cada persona a debe compartir (vender, cambiar por otra co osa) lo que tiene, y de esta manera toda la ciudad se vera beneficiada puesto que tod dos cubriran sus necesidades para vivir: to odos necesitamos de todos, y el vinculo de e una verdadera division del trabajo consistee en crear un tejido de solidaridad con nuestr ros semejantes, y no parcializar el trabajo de forma egoista, insolidaria y para el propio ap provechamiento.

Pablo: El bien común es hoy entendido como el bien material, y este concepto es algo bastante pobre ya que es más importante, o al menos tan importante, el bien del alma. Lo opuesto es el bien propio, el que mira por uno mismo, el que es egoísta (corrupción, usura, especulación). Por lo que es importante orientar todo al bien común, tanto desde el punto de vista colectivo e individual.

J.O.: el bien propio no tiene porque ser egoísta. Cada elemento individualizado del cosmos (sea una familia, una universidad, un taller, una nación, un individuo humano, etc) tiene necesidad y obligación de atender a la propia subsistencia individual. Eso sí: sin atentar contra la subsistencia de otros entes individuales, que también tengan derecho… El bien propio (mejor dicho: bien particular, ya que es el bien de una parte) es pues bueno y necesario. Lo importante para no caer en la desmesura y el egoísmo, es reconocer la preeminencia del bien común (bien del alma, bien universal, etc) de que depende principalmente el uso provechoso de todos los bienes particulares y/o materiales.

P.: Respecto del funcionalismo cooperativo me ha llamado mucho la atención la obligación del ciudadano a servir la utilidad pública: lo uno a la teoría de los beneficios (del dar y recibir) que es de tanto provecho.

(…)Las ciudades son imagen del Paraíso, o de la Jerusalén Celestial, ya que es algo que tenemos grabado en el alma humana. Pero por la acción de los ángeles (tanto los fieles como los caídos) el mundo se mueve y las energías fluyen por él. Por tanto los tres modos de poder son el divino, el angélico y el humano.

Gemma: El Llibre dels Angels, es un tratado sobre los ángeles con pretensiones divulgadoras; de hecho, alcanzó una gran difusión, en catalán y otras lenguas, y motivó el renacimiento del culto a los ángeles. (…) La obra de Eiximenis es para ilustrar y corregir cristianamente la conducta y la vida de los hombres de su tiempo. Su pensamiento reviste interés desde el punto de vista de la evolución de las ideas religiosas de su siglo, como místico, teólogo y por sus doctrinas ético-sociales.

J.O.: Toda la obra de Eiximenis es de gran actualidad. Por eso la traemos a colación y la explicamos enlazándola con otras formas del pensamiento clásico-tradicional. Este tipo de pensamiento, que estamos aprendiendo (basado principalmente en el simbolismo) es transversal a todas las épocas de Europa hasta hoy. Simplemente, hay que comprenderlo, y saberlo traducir para poderlo comunicar. Varía la forma, el fondo es el mismo…Claro! hay temas doctrinales que tienden a ser olvidados, como la presencia de los ángeles (otra vez poniéndose de moda?). Independiente de las épocas y los autores, los ángeles nunca han dejado de existir ni de actuar. El pensamiento clásico-tradicional, que explica estos temas (y muchos otros de la sabiduría perenne), no está sujeto a evolución, ni pertenece a una determinada época…

Por lo tanto, la frase que afirma que el pensamiento de Eiximenis tiene “interés desde el punto de vista de la evolución de las ideas de su siglo…” está totalmente equivocada, porque proyecta a lo clásico-tradicional una concepción histórico-evolutiva de las ideas que no le cuadra, lo saca de su contexto real (el presente arquetípico) y lo banaliza, tal como lo hace la llamada “historia de la filosofía” con todas las ideas y doctrinas que preceden a la moda ideológica del momento. Eso es el “historicismo”, ideología decimonónica que impregna la modernidad, y que debemos saber identificar y criticar para acceder al tipo de pensamiento que estamos aprendiendo. Desde el punto de vista historicista el pensamiento de Eiximenis no es más que una curiosidad arqueológica, que a lo sumo puede ayudar a comprender un pasado lejano con el que hemos perdido contacto. Desde este enfoque no hubiéramos recurrido a la obra Eiximeniana para poder explicar cosas de gran actualidad!

G.: En este capítulo V de La Ciudad Cautiva, referente a la Cristiandad, nueva polis; me ha parecido interesante analizar de una forma más profunda cómo Eximenis quiere transformar al hombre por el fortalecimiento del Alma.

Por influencia de los filósofos y tal como hemos ir podido ver en el transcurso de la lectura de la Ciudad Cautiva, los griegos distinguen en el alma humana partes, principios, potencias o facultades. Un ejemplo de esto es el conocido por Platón (República, Libro IV) donde desarrolla un paralelismo claro entre las partes del alma y las clases o funciones sociales.

Las representaciones simbólicas del alma son numerosas… En China <se la ha visto como siendo> doble, compuesta por dos principios: Kuei es el alma de más peso, aquella que gravan los deseos del viviente; queda cerca de la tumba y frecuenta los sitios familiares. Shen es el genio, la parcela divina presente en el ser humano... <Una dualidad>  que entronca(…) la cosmogonía, fundada sobre la oposición de dos principios, el yin terrenal-hembra y el yang macho-celestial.

Joan Rabal Bosch.: … el cuarto capítulo (…) me ha parecido de una gran riqueza, ya que en él damos un paso más en la simbología de la ciudad y la sociedad, pero esta vez desde el punto de vista del cristianismo a través de la obra de Eiximenis, que viene a perpetuar la tradición del pensamiento político clásico. En parte vemos en este capítulo que la civilización cristiana, que sobrevive al declive del imperio romano supone en gran medida la continuación de la tradición platónica, aunque con cambios y diferentes matices. Por ejemplo vemos como la ciudad pierde cierto protagonismo durante la edad media, deja de ser la ciudad-estado de los antiguos griegos aunque se mantiene la idea del hombre como animal social, necesitado de la sociedad para completarse.  De este capítulo, concretamente de su parte final, me ha parecido muy interesante un pequeño apunte que realiza en el punto 7, dedicado al funcionalismo cooperativo, en contra de la imagen clasista que algunos autores han querido otorgar al pensamiento político tradicional. Lo que usted expone es que se trata de reconocer que las desigualdad entre los hombres se debe a sus funciones sociales pero nunca a la esencia misma de la persona ni a la condición humana.

III. SOBRE EL CAMBIO DE CIVILIZACIÓN

Daniel: Señalo como tema de especial interés el cambio de sistema civilizatorio producido conforme a la computación de los años a partir de la reconexión con lo sagrado.

Evaristo: Las civilizaciones. Nunca me había parado a pensar como se fundamentaban o pasábamos de una a otra: ¿una fecha, una batalla, un asedio a los usos y costumbres de la anterior). Dice que detrás de cada una hay una tradición espiritual y sagrada. Y de nuevo lo simbólico, lo mítico, el rito. El cómputo de los años que entraña lo sagrado, que es la fundación, y del que deriva la energía espiritual, la religión, la cultura, las leyes.

María José: Me gustaría poder entender mejor desde que perspectivas se abre o se cierra una era de la humanidad.  ¿Es siempre en base a un acontecimiento? ¿Revelado? ¿Se fija siempre a posteriori?

J.O.: todo eso son cosas muy misteriosas, que se refieren al contacto de nuestro mundo con lo sagrado, es decir, con lo que está más allá. Este tipo de “rupturas en la continuidad del espacio-tiempo” se producen en la vida de los hombres y los pueblos. Son revelaciones, efectivamente, o iluminaciones, o regalos del cielo: descensos de luz abundante a la tierra… quién “fija” estos momentos?…o más bien: quién sabe reconocerlos? Quienes, por otra parte no se dan cuenta de tales manifestaciones extraordinarias?

Lo extra-ordinario es el origen de lo ordinario, y con este tipo de estudio que estamos haciendo, aprendemos que el origen, la causa, el fundamento y la base de toda civilizción está en lo sagrado.

En el caso de la cristiandad, en La Ciudad Cautiva se explica algo del modelo “civilizacional” diseñado por grandes sabios iluminados en torno al año 315, quienes supieron reconocer la fecha clave de aquella época para empezar a contar los años de una nueva manera.

Pablo:

El hombre está hecho para amar, es un “animal social” y sólo es feliz amando sin reservas y sin condiciones.  Esta socialización perfecta y necesaria en el hombre para alcanzar la felicidad, es completada con  la sociabilidad del hombre con Dios. El hombre es el ser más perfecto del cosmos y Dios ama al hombre. Hasta le hace ser partícipe y heredero de su reino por medio de la filiación divina. Pero el hombre para llegar a ser heredero ha de superar una serie de pruebas en este mundo como es el propio mundo y todo lo concupiscible que hay en él.

Es por estas razones y por la pérdida de la inteligencia y de la voluntad por culpa del pecado original donde el hombre es esclavo de sus sentidos. Para ello y con la venida de Cristo al mundo la ciudad ya puede ser liberada por la gracia dada a través de los ritos y los símbolos dejados por Cristo y los primeros padres de la Iglesia. Es entonces cuando el hombre vuelve a ser liberado del pecado y su voluntad e inteligencia mejoran. La ignorancia que hace cautiva a la ciudad es también iluminada.

Con la venida de Cristo al mundo empieza la nueva civilización de la que nosotros formamos parte en la actualidad. He aprendido como el recuento de los años sirven para empezar y cerrar una nueva civilización. Como por aprendizajes anteriores sabemos que el hombre es la imagen viva de la ciudad, somos llamados a perseverar en el cristianismo.

J.O.: Desde luego!… siempre sabiendo distinguir el cristianismo sociológico del verdadero cristianismo, que existe desde siempre para el ser humano…Del mismo modo que nuestra filiación divina se produce en lo eterno (es decir, en un “futuro” que está siendo AHORA), y que Cristo viene al mundo cada dia, en cada ser humano que sabe abrir el corazón atreviéndose a recibir la luz y la gracia (amor), incluidos los que lo llaman con otros nombres y de otras maneras…

Comentarios a La Ciudad Cautiva, cap. II (II entrega)

SOBRE EL BENEFICIO:

REGALO, GRATUIDAD Y GRATITUD

De Joan:

“Punto especialmente interesante es el beneficio, no como algo material, sino como algo que trasciende la materia, y se sitúa en la base de toda la estructura social y política. Uno se da cuenta leyendo este capítulo de la importancia que tiene saber dar, pero también, de los deberes que uno adquiere cuando es beneficiado por otro: un tema que merece profunda reflexión y que nunca me había planteado.”

De Pablo:

“Vivimos una etapa donde las personas han perdido la conexión con lo más profundo de su ser y ciegamente buscan la felicidad de modos equivocados (…) sin tener en cuenta, y en primera prioridad, lo más obvio : la persona y su formación humana. (…) Para esto es necesario el fortalecimiento del alma. Tengo que reconocer que he disfrutado y aprendido mucho en este capítulo.”

De Evaristo, con respuestade J.O. sobre la lectura:

“El presente capítulo me ha sido de más fácil comprensión, (…) porque he hablado con Lucio de cordobés a cordobés, y los dos hemos usado el mismo lenguaje, los mismos sentimientos.”

J.O.: Sí, así hay que leer siempre los textos de sabiduría clásico-tradicionales: “de cordobés a cordobés”, o también “como una carta dirigida a ti personalmente” indagando siempre en el sentimiento que hay detrás, en la intención de lo que nos quiere transmitir, en esa fraternidad a través de los siglos, en ese Espíritu que sopla desde más allá a través de las palabras. En suma: lectura atenta, lenta y meditativa. Ya no vale en estos parajes el punto de vista crítico. Este último sólo lo aplicamos a las ideas viejas incrustadas en la mente por antiguas programaciones que ahora ya no sirven.

De Gemma:

<<Séneca nos dice cómo podemos salir de todo lo negativo incentivando los pensamientos saludables, “la memoria de los beneficios”, que es todo aquello bueno que desde siempre tenemos, que nos ha sido dado. La teoría de las Tres Gracias, desarrollada mediante la iconografía (símbolos y mitología) es el principal vehículo utilizado por el pensamiento clásico para transmitirnos la doctrina del dar. Destacaríamos de las Tres Gracias los valores mandálicos, el vínculo más fuerte de la sociedad humana, el vínculo social por excelencia, el gran promotor de la amistad que nos hace concebir al hombre como un animal social esencial ligado a la benevolencia, beneficencia, ayuda y solidaridad. Para liberar a la “Ciudad Cautiva” se ha de conocer y practicar el arte de los beneficios… Los auténticos son aquellos que sirven como remedio para curar el alma, los que no podemos tocar con las manos: pensamientos, intenciones, recuerdos y disposiciones de ánimo positivo con respecto al prójimo.  Los pensamientos positivos no se generan de una forma automática la gran mayoría de las veces. Requieren un cierto esfuerzo, una creatividad de ideas y emociones. Los pensamientos negativos, por el contrario, fluyen de una forma mucho más automática, acuden sin que nosotros queramos, nos afectan y, con pasar el tiempo, crecen.

La doctrina de los beneficios nos sitúa en una “economía de gracia “donde el bien público consiste en asegurar  la gratitud del uno al otro. Todos los hombres son iguales a pesar de las diferencias en la virtud y en la fortuna.>>

Diálogo con Sergi:

S.: El beneficio está en la parte del ánimo y como dice Séneca “permanecerà siempre”. Pero tendrá que haber alguien que lo cuente. Tiene el mismo beneficio una buena acción si nadie la ve que una acción vista por todo el mundo?

J.O.: El beneficio lo “tiene” la persona, no, la buena acción. Si el beneficiado lo proclama, hay más beneficio (en general). Si el benefactor lo proclama, hay menos beneficio.

S.: Si el beneficio se convierte en norma podemos decir que ya no hay beneficio? En el momento de ser común desaparece? Por lo tanto actualmente somos una sociedad desagradecida, por no saber valorar lo que tenemos. (otra vez Séneca).

J.O.: Si “convertirse en norma” quiere decir que todos nos hacemos conscientes (de ser y haber sido regalados abundantemente) despertando en nosotros la gratitud, entonces aumenta el nivel de felicidad general: se refuerzan los lazos comunitarios y la buena vida. Eso es lo que se persigue con el aprendizaje de la “ciencia-arte” que estamos trabajando con ayuda de Séneca.

La sociedad ayer y hoy se vuelve desgraciada cuando los ciudadanos se olvidan de todo eso y caen en la ingratitud y todas las formas de pensamiento (y acción) negativo(a) que ello acarrea.

Nosotros somos más que la sociedad (en el sentido ontológico, no, sociológico).

S.: Como podemos considerar el intercambio entonces? És una muestra de gratitud? Y el comercio? Los dos salen beneficiados con lo que les interesa. En las negociaciones generalmente los dos salen perjudicados. No han podido llegar a lo que pretendían.

J.O.: Hay dos tipos distintos de intercambio (o economía) naturalmente jerarquizados: los beneficios y el comercio material y corriente. En el primero sólo se gana (si se hace correctamente); en el segundo siempre se gana y pierde. En el comercio, o en cualquier forma de pacto o contrato, puede haber también beneficio. Es humano que lo haya, pero es por añadidura. Esta “añadidura” en nuestros trabajos laborales es la que los convierte en algo placentero, anímicamente gratificante y humanamente formativo.

S.: Un proverbio “ Cuando te hagan un favor, grávalo en piedra, cuando tu hagas un favor, escríbelo en la arena”

(Otra cosa)…una duda: La adopción como un dar que no deberíamos dar?

J.O.: La adopción de hijos, la droga y el aborto no son temas que interese ahora entrar a discutir (y menos abstracta y descontextualizadamente, tal como se hace corrientemente). Frente a temas tan complejos y difíciles, si uno está empeñado en posicionarse abstracta o ideológicamente al respecto, unodebe seguir el parecer de la autoridad espiritual (personas que saben de eso más que uno mismo). Yo sólo he mencionado esas tres cosas como ámbitos problemáticos “donde hoy día hallaríamos ejemplos” de un verdad importantísima: “que a veces el beneficio consiste en no-dar lo que pide el solicitante”.

S.: Vinculando este tema con mi trabajo,…Para dar la voz debemos evaluar a quien se la damos y según qué grado

J.O.: Eso debe significar que podemos tanto beneficiar como dañar con lo que decimos (cantamos o gritamos) y que, por tanto, debemos medir bien nuestras palabras y sonidos. No es así?

Diálogo construido sobre lo Raquel escribe:

R.- Me preocupa profundamente que la falta de justicia social nos aboque a la disyuntiva de ser tiranos o esclavos…

J.O.: – Mejor poner simplemente “la falta de justicia”, porque se trata de la justicia en el ser humano mismo. No es la sociedad o la falta de justicia social la que nos hace caer en el síndrome “tiranos/esclavos”.

R.– La lectura de este capítulo me ha llevado a meditar sobre la necesidad de invertir los valores que dominan la sociedad actual. Comienza ya a haber movimientos de distinta índole en este sentido y creo que no podemos quedarnos cruzados de brazos. Tenemos la obligación y la necesidad de liberar a la ciudad cautiva, trabajando sobre nosotros mismos y sobre la ciudad (que tan bien representa el alma humana).  Desde el asociacionismo local a movimientos como el slow-food, comienza a verse la urgencia de reivindicar una visión realista que nos impulse a trabajar por el bien común. Es imprescindible desarrollar el valor-beneficio, junto con virtudes como el agradecimiento (los hechos son importantes, pero las actitudes lo son más porque dicen cómo somos. Dar las gracias por algo es digno de tenerse en cuenta. Ser agradecido es, en cambio, una forma de estar instalado en la vida y supone un convencimiento profundo;  la serenidad (la actitud agradecida ante la vida requiere como condición previa saber mirarla serena y atentamente, y de esta visión contemplativa surge el agradecimiento)

J.O.: Buena intención y noble pasión, en lo que dices. Pero conviene recalcar una y otra vez, que la forma clásico-tradicional de ver y practicar la política es diferente de la forma actual, que tenemos tan arraigada, la cual tiene como defecto el querer empezar la casa por el tejado. Eso es, cambiar la sociedad (exterior) antes de cambiar uno mismo.

Precisamente porque veo que esa no es tu intención, importa descartar los “movimientos sociales”, los “cambios de valores”, las “inversiones de los valores”, etc. como formas de intervención eficaces. El cambio sólo se produce a través de la vida interior: cuando yo comprendo, siento y transformo en mi (y la relación con mi prójimo) las ideas y vibraciones que no están afinadas. Luego, a partir de esa comprensión/transformación, se nos va haciendo la luz sobre qué podemos hacer, diseñar, programar, de cara afuera (si es que hay que hacer algo…). En todo caso lo que realmente importa es la “conversión” de la mirada en cada uno de nosotros (eso es lo que Él espera…). Lo demás, el plano de la acción, viene por añadidura como un efecto espontáneo de la transformación interna. En realidad ambas cosas (lo interior y lo exterior) no están separadas, pero sí hay una clara jerarquía entre ellas, que la “política” de la modernidad ignora sistemáticamente, abocándonos siempre a considerar la sociedad como una máquina y a nosotros como los mecánicos-ingenieros.

Los valores por definición son buenos y, en general, hay coincidencia en ellos: la paz, el bienestar, la libertad, la familia, la prosperidad, etc. son queridos, defendidos y proclamados incluso por quienes los niegan en la práctica. No cabe duda de que los criminales, los violentos, los “intolerantes”, los “terroristas”, etc., también se suman a las manifestaciones defendiendo los valores, y participan en partidos, movimientos y oenegés con nobles propósitos. Comprender el arte/ciencia de los beneficios es otro punto de vista, algo mucho más concreto, inmediato y efectivo, que “reivindicar” o “desarrollar el valor-beneficio”. El valor es nuestra alma y se desarrolla dejándonos penetrar por el flujo de gracia que constantemente nos regala el espíritu de Dios. Esa es la “antigua y primera política”, en la que podemos colaborar “encarnándola”. Ese auténtico valor se comunica espontáneamente, por osmosis, por contacto presencial, por vibración interna… Todo lo demás viene por añadidura.

R.– También me interesa sobremanera el beneficio como vínculo entre ciudadanos. El mayor beneficio por el que debemos vivir agradecidos es la capacidad de amar que nos conecta como a las tres Gracias en un ritmo ternario sostenido entre nosotros, la tierra y el cielo. Aquí encuentro la base y el desarrollo tridimensional del mandala de nuestra ciudad interna. La teoría de las Tres Gracias me ha apasionado, así como el tratado De los beneficios de Séneca (…) son puntos clave en el modelo de gestión que persigo, y que en mi libro <Comunicar para compartir , Barcelona 2010> son aspectos que, en cierto modo, ya trabajamos.

De MªJosé:

<<Me ha sorprendido la tremenda actualidad de la doctrina de los beneficios, donde se hace una crítica de las costumbres del momento; y que se proponga un “fortalecimiento del alma”, para la vuelta a los orígenes, ya que ciudad o sociedad es el alma humana.

El enderezamiento será a través de los beneficios, donaciones o regalos, donde la voluntad de los que dan hace que alcance medida de sacrificio o inmolación

Frente a la caducidad de las cosa hay una perennidad de los beneficios”. Esta frase me habla de (…) la perenne actualidad de la Redención de Jesucristo como don recibido por parte del género humano.>>


Hans

escribe unas Intuiciones sobre el entrelazamiento de lasTres Gracias, donde empieza dudando de que exista realmente la belleza interior (la de un gesto, la de una idea) y reconociéndola solamente en “los fenómenos que captan nuestros sentidos”. Tiene la impresión de que “necesita un objeto interno para manifestarse”. – Y sigue- No así el gozo, que a nadie le cabe duda de su interioridad en el sujeto que lo experimenta (…) La belleza produce gozo interior, pero si estamos en la ofuscación raramente es bello lo que nos rodea. Lo que viene a unir ambos, es la bondad. Entendida como “gracia”, que supera incluso la mera voluntad sacrificada de hacer el bien, la bondad es un estado del alma que a diferencia de los anteriores, no tiene ningún sentido fuera de su nexo entre lo íntimo y lo que se presenta fuera en la realidad. Da para extenderse mucho, pero diría que el gozo y la belleza están entrelazados por la bondad y que solamente así podemos acercarnos a su explicación. La retórica de Séneca sobre los beneficios, no deja de ser, pienso, una forma práctica de bondad. A diferencia de los estamentos liberales que parten por principio del egoísmo, se parte del bien común. Esto hace que el sistema de libres transacciones siendo muy parecido al liberalismo por su modo de operar, sea radicalmente contrario…”

J.O.: A esta admirable especulación filosófica  estamos todos invitados… La “especulación” la perfeccionamos cuando los símbolos (en este caso las tres doncellas desnudas y enlazadas) nos sirven de espejo (speculum) para reconocer y meditar aspectos de nosotros mismos y del cosmos. Es “filosófica” cuando ya no intentamos construir un “sistema cerrado de pensamiento, que no sea contradictorio” (una filosofía moderna al estilo racionalista, donde se intenta que todo cuadre lógicamente) , antes la utilizamos (la especulación) para hacernos amigos y amantes de la sabiduría (ya que eso significa la “filo-Sofía”), para encarnar reamente el conocimiento y transformarnos a nosotros mismos…

En cuanto a la belleza interior, idea platónica por excelencia, y uno de los principales “nombres divinos” que nos ha legado la tradición… traigo a colación el libro de Edgard Wind, ya citado, que nos explica en clave iconológica (según el célebre estilo del Warburg Institute, que tantos frutos ha aportado a la intelectualidad del siglo XX) esta doctrina, la más rancia de la Academia Florentina. De allí he sacado yo buena parte de lo que expongo sobre las Tres Gracias en La Ciudad Cautiva. Allí podéis encontrar un desarrollo mucho más amplio, en relación con el cuadro entero de Sandro Boticelli, llamado “La Primavera”, a su otro célebre cuadro, el “Nacimiento de Venus” y otros célebre cuadros de nuestra pintura clásica, que Wind utiliza como iconos para ese tipo de meditación en el que nos hallamos, el cual él denomina con el nombre rimbombante “misterios paganos del Renacimiento” (en nuestro caso, los de Venus-Belleza). Reproduzcoaquí la portada del libro y un link con una selección del capítulo VIII, El nacimiento de Venus, cuyo contenido puede interesaros a todos, pese al esfuerzo de tener que navegar entre tanta erudición literaria y pictórica… es el estilo de Wind. Cambiar continuamente de registro intelectual (de dharsana, de “punto de vista”) es parte de las competencias que debemos adquirir para manejar nuestro método analógico y “comparativo”.

Encontraréis las páginas seleccionadas aquí.

 

De J.Mª con una  respuesta de J.O. sorbre la justicia :

J.Mª.: “El arte de dar, sea en el plano que sea, tiene en la sociedad tanta importancia como la tiene la justicia, y guarda con esta virtud una relación directa, y aun la supera.” Esta  atrevida afirmación, contenida en el comienzo del capítulo II, guarda una gran verdad y nos muestra a su vez que el hombre puede trascenderse a sí mismo: muchos pueden pensar que no hay nada más allá de la justicia, que debe ser el valor absoluto que rija todo funcionamiento de la ciudad. Incluso si entendemos bien el concepto de justicia (dar al otro lo que es justo para él, no para ), el ser humano siempre puede trascender sus propios límites, y no para perder su sentido, sino para engrandecerse, como en el caso de dar, donde no se espera nada a cambio y se entrega un bien desinteresadamente –incluso puede que a un enemigo- con la seguridad de que si esa acción contribuye a construir un mundo mejor, otra vez seremos nosotros quien recibamos una gracia, y puede que mucho mayor.

J.O.: Quizá quieres decir demasiadas cosas a la vez… Aunque la justicia no es ahora directamente el tema, debemos señalar que esta tiene un carácter natural, es decir; objetivo. No tiene sentido, desde el punto de vista clásico-tradicional en que nos situamos, hablar de “lo que es justo para él” y “lo que es justo para mí”. En la verdadera justicia, a la que se refieren las doctrinas clásicas, ambas cosas coinciden. La justicia es un aspecto de la ley natural, no, una componenda entre intereses contrapuestos (tal como se piensa desde el artificialismo moderno o “maquiaveliano”). De eso hablaremos más adelante.

La acción benéfica es concreta. Sí que, en cierto sentido, contribuye “a un mundo mejor”, pero solamente si tiene impacto directo en el goce satisfecho del beneficiado y del beneficiante concretos.

J.Mª.: Dice Séneca I, Vii:2 : “se agradece mucho más lo que viene de una mano generosa, que lo que viene de una mano llena”. Esta sentencia me sugiere el valor que damos a las cosas de la vida, …lo más sencillo…: una sonrisa, una mirada, unas palabra de aliento… Por último me gustaría reflexionar sobre el que Séneca reconoe a la propiedad, como una función, un medio, para alcanzar el bien común, (…) base de (…) una comunidad-sociedad. Meditando acerca de su discurso, quizá sea más fácil comprender la situación de nuestro mundo contemporáneo, (…) esclavizada por el “yo” y su ansia de poseer…>>

Beatriz escribe:

<<… que son muchas y maravillosas las ideas de esta lectura (…) …que <después de ella> soy una persona diferente: he entendido el verdadero significado de muchas actuaciones de mi vida profesional, y he reflexionado sobre su verdadero sentido. (…) He aprendido cómo se ha de dar: incluso anticipándose a la demanda, con prontitud, sin esperar a ser demandado, porque entonces desmerece el verdadero sentido. (…) Sobre el tema que el goce es menor cuando el beneficio se otorga de forma colectiva,estoy totalmente de acuerdo (…). Que la ingratitud es el peor de los males, es una verdad como un templo, una de las enfermedades de nuestro siglo: nos lleva a la autodestrucción. La frase “ayudar ea los demás es la principal manera en que uno se ayuda a sí mismo”,me hace pensar en las personas que proyectan su vida hacia los demás son inmensamente felices. (…) La trampa y la esclavitud del consumismo, que nos hace sentir tristes y frustrados (…) cómo en Navidad la gente se siente triste…

Durante 25 años en la docencia he hecho mi trabajo lo más efectivamente posible e intentando que mis alumnos aprendiensen y creciesen como personas responsables, pero esta faceta interior no la he proyectado en ellos. Deseo hacerlo a partir de ahora y tener un tiempo diario para ese mandala, que tan necesario es para mi persona.

Mil gracias.>>

De Tatiana, con un comentario de J.O. sobre la riqueza:

“La acción de regalar generosamente, o de beneficiar a alguien por el gusto de hacerlo, ofrece contrastes con la acción de impartir justicia, ya que esto último siempre conlleva obligación y sujeción al derecho, mientras que el beneficio es gratuito y totalmente libre: beneficio y justicia no son equiparables, pues si bien lo primero es un acto voluntario y libre, la justicia lleva consigo un acto de obligación. Pero al mismo tiempo, ambos conceptos deben estar unidos (…) Siguiendo el pensamiento de Séneca, necesitamos comprender y redescubrir el verdadero sentido de la riqueza, recuperar la capacidad de hacer y de recibir correctamente los favores y los regalos, de manera que se fortalezcan tanto el alma individual como el alma colectiva: la riqueza no es algo material, sino que es el saber dar y entregarse a los demás de manera desinteresada. Saber ver y recibir los actos voluntarios de los demás es lo que hace ricas a las personas: esta es la verdadera riqueza del ser humano, y hemos de saber transmitirla a los demás.

J.O.: Tu comentario da en el clavo. El trasfondo de este capítulo II es ayudar a comprender qué es la riqueza y, sobre todo aprender a reconocerla, gozarla y aumentarla en beneficio propio y del prójimo. La “sociedad opulenta” (affluent society) que mediante la revolución moderna hemos creado a lo largo de los últimos siglos, se ha desarrollado a costa de la sabiduría, que hoy tratamos de recuperar. Ésta nos enseña el verdadero sentido de la riqueza/pobreza. Hay que comprenderlas a las dos, porque la verdadera “idea” está siempre más allá de los complementarios. Somos demasiado ricos en unas cosas y demasiado pobres en otras. Riqueza y pobreza pueden ser ambas vicio y virtud. Todo depende de la medida, del nivel y la capacidad de comprensión: en suma, de la sabiduría… “Sólo el sabio es rico, ya que todo lo posee…” dice Séneca. Pero eso ¿lo estamos entendiendo verdaderamente? o estamos todavía con la visión literal y material (la del capitalismo, el liberalismo, el marxismo, el pseudo-franciscanismo, el buenismo tercermundista, etc.). Aquí no se está hablando de una riqueza que se pueda conseguir con ingeniería social ni con “políticas públicas”. Se trata de algo mucho más grande, eficaz y directo: la reforma del pensmiento, el fortalecimiento del ánimo, la recuperación de la bondad y la belleza original de nuestro Ser, que ya es perfecto y existe desde illo tempore. Desde este talante, que también denominamos “arte de la energía”, damos la bienvenida a la riqueza, que incluye la prosperidad material, y el goce de la misma, para cada uno de nosotros, nuestras familias y el prójimo que siempre nos rodea. La sabiduría no tiene forma externa. No es incompatible ni siquiera con la abundancia material. Pobreza y riqueza son esencialmente coincidentes, aunque eso parezca mentira desde el pensamiento dual al que nos han acostumbrado. Sin desprendernos de todo, no podemos empezar a gozar de la abundancia que gratuitamente derrama el Cielo sobre nosotros.

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SOBRE LA COMPLEMENTARIDAD DE

VIRTUD Y PLACER:

Ha sorprendido a Evaristo que “virtud no está reñida con placer.” Volveremos sobre este tema tan importante en el capítulo VI, donde se desarrolla más, a propósito de Santo Tomás Moro. De momento basta con haber señalado esta doctrina tan ortodoxa, defendida por los humanistas (como el cardenal Lorenzo Valla, enterrado en San Juan de Letrán, y gran defensor de la voluptas) en una época en que la ruptura de la cristiandad y el endurecimiento de las conciencias, empezaba a oscurecer para la mayoría el verdadero sentido de la religión. En todo caso el cultivo espiritual es bueno porque aporta a nuestra vida, y a la de quienes nos rodean, un goce mayor. Existe también una jerarquía en los placeres: no todos son igualmente duraderos o satisfactorios. En los grados inferiores se mezclan con el dolor; en los superiores, son pura beatitud permanente y estable, sin mácula de sufrimiento. Ascender en la escala de placeres es imposible sin ayuda de la virtud. La virtud sin placer se aleja de su objetivo, que es el goce en sentido espiritual (gozar de Dios, de su Presencia, su Bondad, su Amor, siempre generosamente disponible para nosotros). Sin duda, la clave se halla en la coincidencia de esta aparente oposición entre complementarios.

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SOBRE LA AUTÉNTICA FILOSOFÍA Y LA ESENCIAL COINCIDENCIA DE LAS DOCTRINAS ANTIGUAS

A Evaristo le “llama especialmente la atención, por (la) formación escolástica y cartesiana recibida, que se dé una fundamental coincidencia en los puntos de partida de los autores clásicos (…)”, que en “los presocráticos, Platón, Aristóteles, los estoicos, epicúreos y cínicos, con sistemas filosóficos distintos unos de otros” podamos hallar “convergencia de los puntos de vista, o enfoques”, que “configuren una tradición”, y podamos “descubrir su complementariedad”.

Sobre eso mismo escribe Juan: “me ha parecido especialmente interesante entender la historia de la filosofía, no como una evolución en el tiempo basada en hipótesis y teorías que se contraponen y se superan, sino como diferentes puntos de vista acerca de un todo que es común, y que todos los filósofos aceptan como verdadero. Esta puntualización ha representado para mí –a pesar de mi formación universitaria como humanista- un giro radical en la concepción de la historia de la filosofía, ya que siempre se me ha presentado desde un punto de vista evolucionista y de contraposición de teorías, enfrentado a las diferentes escuelas y filósofos.”

Ya empezamos a plantear en clase este tema del verdadero sentido de la filosofía (la “antigua”, la que parte del legado tradicional, la encaminada a la sabiduría). Es un tema mportante para eliminar obstáculos a beneficiarse del pensamiento que en LCC denomino “clásico-tradicional”, un método de pensamiento que tratamos de recuperar, y que ha sido desfigurado por eso que se ha dado en llamar “historia de la filosofía”, la cual parte de punto de vista nuevo y especial, que la modernidad ha diseñado para la enseñanza oficial media y “superior”.

Para darse cuenta de este punto de vista especial, hoy corriente entre la mayoría de pensadores académicos y universitarios, hay que comprender (y superar) lo que significa el punto de vista “sistemático”, que lo afecta, limitando el alcance de la indagación y deformando irremediablemente todas las formas de pensamiento anteriores y/o distintos de la modernidad occidental europea. De bo decir, antes de escribir cuatro cosas al respecto, que este tema es el que subyace en toda la trama de LCC, y que el principal método para captarlo es -además de la lectura y la transmisión oral- el trabajo ya encargado con los diccionarios de símbolos, que nos introducen al nuevo/viejo método de pensar con la intuición y el corazón: no sólo con el cerebro.

Aunque parezca mentira, la “filosofía” moderna (o racionalista) se desarrolla sobre todo en Europa a partir de la síntesis del “angélico doctor” Stº Tomás de Aquino. Su sistema racional de doctrina (la escolástica) es una síntesis genial (continuamente la estudiamos, yo la uso y divulgo repetidamente en mi libro, y en la enseñanza universitaria, para la ordenación del pensamiento en el análisis de aspectos doctrinales), pero desde otro punto de vista más importante es peligrosísima, tal como lo reconoció el propio Aquinate. Peligrosa porque distorsiona el pensamiento tradicional (cristiano) en una estructura racional-sistemática (sólo mental); y peligrosa “civilizacionalmente” por toda la “filosofía moderna” que a partir de ella se generó, a saber, el racionalismo y todas las formas ulteriores de “superstición” que afectan la mentalidad moderna.

Hay todo un trabajo de recomposición intelectual que realizamos juntando fragmentos, y viendo la unidad detrás de las aparentes contradicciones. En el caso que nos ocupa –y que no puedo ni soñar en comentar aquí mínimamente por escrito- sería ya un gran paso comprender la idea de “puntos de vista” (en sánscrito, dharsana)aplicable a los fragmentos que nos han llegado del pensamiento precristiano, dejando de proyectarles la visión “sistemática” de la filosofía moderna. Pero hay muchos prejuicios y sombras históricas que dificultan dar este paso intelectual (prejuicios anti-orientales, “parroquialismo” o “etnocentrismo” europeo, imperialismo ideolóico occidental, progresismo mecanicista decimonónico, etc), aunque hoy la documentación y los medios para poderlo dar son abundantes (y aquí el obstáculo es que la “intelectualidad” actual no tiene el tiempo necesario para este tipo de cultivo en profundidad, ni el coraje que hace falta para la radical revisión de esquemas).

…Los fragmentos de los doxógrafos que Diels-Kranz con el célebre título de su obra, Fragmente der Vor-sokratiker (que marca un hito en la filología griega), acuñó este término “presocráticos”, que tanto éxito ha tenido, hasta el extremo de llegar a “inventar” una “filosofía” más, para añadirla al principio del catálogo de aquella  pretendida “historia”. Pero en realidad lo que hizo Diels no fue sinó juntar en un solo libro, los “fragmentos” en cuestión, que él iba recogiendo en los manuales de los doxógrafos bizantinos: nada más (y nada menos!) que de la compilación de frases inconexas, que los gramáticos griegos, en plena época cristiana, utilizaban como ejemplos para ilustrar el buen uso de la lengua griega. El patchwork de fragmentos así obtenido, no da pie a presuponer los distintos y contradictorios “sistemas filosóficos”, que los programas oficiales de enseñanza del siglo XX han dado por establecidos…

Dichos fragmentos de la sabiduría ancestral griega (escritos principalmente por filósofos de las tierras periféricas: el Asia Menor y la Magna Grecia)se iluminan y llenan de sentido cuando podemos aplicarles el método “comparativo”, que yo considero indispensable por las humanidades en general, y por las de nuestra época en particular, tal como lo he explicado repetidamente. La “comparación”, en este caso se refiere a las doctrinas coetáneas de las tradiciones espirituales, que en aquella época colindaban por el lado de Oriente con el mundo griego. Aquí se opone otro prejuicio, hoy casi insoluble en el mundo “intelectual”- académico: la ideología del “milagro griego” (criticada por mi indirectamente a propósito de Fustel de Coulanges, y criticada con mayor autoridad que la mía por otros autores allí citados)que postula la desvinculación de la cultura Europea frente a la espiritualidad de Oriente, afirmando que lo que aparece en determinado momento en la antigua Grecia, es algo que surge “ex nihilo”, original y único, que alcanzará su pleno desarrollo en la modernidad occidental europea del siglo XX. Algo que nos distingue de las restantes civilizaciones de Asia y de la tierra, y nos sitúa espiritualmente en un grado superior y avanzado). Este prejuicio es difícil de desactivar, porque tiene su base en el etnocentrismo espontáneo que viene de la ignorancia, en el desconocimiento de la Antigüedad, y en el olvido de la propia tradición sapiencial (greco-egipcio-romano-judeo-cristiana).

En todo caso, conociendo las doctrinas de Oriente (hinduismo y budismo, principalmente, por lo que atañe al mundo greco-romano) nos percatamos “comparativamente” que al mismo contexto espiritual pertenecen los dichos fragmentos presocráticos, y también el posterior platonismo, y los distintos “ismos” que de el se derivan (incluido también el escepticismo, además de los que cita Evaristo). Reflejan y reproducen fragmentos de las doctrinas espirituales que el hinduismo ordena bajo la división en dharsanas, y el budismo recoge posteriormente en forma de sutras. Hay bibliografía seria, erudita y comprensible, sobre todo eso para el que desee estudiarlo como yo lo he hecho; y para aplicar el método comparativo, también existe la posibilidad, aun mejor, de aprender directamente de los vivientes sócrates, platones, diógenes y sénecas, que son los maestros y portavoces de estas doctrinas espirituales “orientales” que han seguido vivas y activadas hasta hoy y que se hallan al alcance en las grandes ciudades de Oriente y sobre todo de Occidente.

Se olvida demasiado que en la Antigüedad egipcia y greco-romana hubo intenso contacto con Oriente, principalmente Persia, Asia central, e incluso importantes contactos con el Extremo Oriente. Hubo expansión y contactos militares. El más célebre, el de Alejandro, con todas las secuelas coloniales y culturales. Hubo comercio por la Ruta de la Seda, hoy desértica, pero jalonada de impresionantes y cultísimas ciudades, que en época de Marco Polo aún tenían vida bajo forma de oasis, antes de quedar cubiertas por la arena del desierto que en los últimos siglos ha borrado aquella gran e importante ruta de comerció y civilización que atravesava todo este continente (Asia) al que Europa pertenece también. Hubo conacto artístico, como lo han explicado y documentado los grandes expertos del siglo XX, cuyos estudios no han sido incorporados a los manuales de la enseñanza oficial. Hubo sobre todo los continuos viajes de los estudiantes de filosofía y los sabios, siempre los más viajeros y adaptables, y todos ellos visitadores de Oriente, como lo afirman sus escritos y lo recogen las tradiciones antiguas (que los filólogos modernos han negado sistemáticamente (usando del pretendido “método crítico-científico”) y luego silenciado). Muchos de ellos nacieron en Asia Menor, como Dión de Prusa, cuya enseñanza nos servirá de ayuda en el próximo capítulo. Filósofos como él o como su maestro, Diógnes, discípulo de Sócrates, corresponden exactamente al tipo de “filósofo” oriental que hemos podido conocer hasta hoy, cuyos dichos, obras y formas de ver han podido redescubrir los estudiosos occidentales de nuestro tiempo.

Pues bien, en el conocimiento “comparativo” de las doctrinas asiáticas, hoy vivas, puede reconocerse la unidad doctrinal de aquellos “fragmentos de los presocráticos”, así como de la filosofía griega posterior. Tal como pone el cap.I de LCC, hay una parte selecta de la intelectualidad del siglo XX, que ha explicado y documentado abundantemente esta importante herencia cultural de la modernidad, que todavía se acostumbra etiquetar como “filosofía oriental”. Reconectarnos hoy con el tronco de nuestro pensmiento clásico-tradicional (eso que, no hallando mejor denominación para hacerlo comprensible, yo he denominado una y otra vez “el humanismo”, o la “tradición humanista”) comporta aprender “comparativamente” de las grandes civilizaciones y las tradiciones espirituales de las culturas antiguas, arcaicas y primitivas. El método “comparativo”, junto con las claves del lenguaje analógico (la hermenéutica simbólica tradicional) son la manera de ir viendo aquella unidad del pensamiento antiguo que subyace en las aparentes diferencias, contradicciones y escuelas. En el capítulo próximo (III. El arte del gobierno) seguiremos ampliando este tema y profundizando en él.

José Olives Puig

Cardedeu, 25.02.11

 

Séneca, el Crismón y el “Arte de la Energía”(II entrega comentarios a LCC, cap.II)

Las glosas de Naiara al capítulo segundo de La Ciudad Cautiva, colgadas ayer en el blog, motivan ahora este comentario sobre los distintos niveles del cosmos en que se manifiesta el flujo de la energía divina: la gracia de su Espíritu, que todo lo penetra.

En este blog hemos tomado como lema “Arte de la Energía” que es la traducción literal del chino Chi-kung, y también casi del sánscrito Prana-yama. Anunciamos continuamente cursos y enseñanzas sobre los “yogas” y prácticas meditativo-dinámicas, que tradicionalmente han servido para aprender este gran arte. También hemos dado indicios y explicaciones en carteles, programas y escritos, sobre la naturaleza misteriosa de ese hálito, chi, respiración cósmica, espíritu santo y divino, dador de vida, médico prodigioso que todo lo cura, restaurador e instigador de todas las formas vivas que crecen y se transforman en la naturaleza. Es un arte interna que hoy al ponerse de moda (como hace dos o tres décadas el hatha-yoga) se vulgariza y se convierte en una práctica cada vez más externa, desvirtuada. Nosotros hemos tenido la suerte de recibirla y poderla transmitir en una pureza original que se demuestra en la eficacia que tiene: eficacia en la recuperación y el mantenimiento del estado de salud; eficacia en la aplicación al movimiento de la danza y las artes marciales; y sobre todo, eficacia en el cultivo espiritual, que es el conocimiento cada vez más entero y profundo del ser valiosísimo que somos y de las posibilidades verdaderamente ilimitadas que yacen divinamente enterradas en el corazón de toda humana criatura.

Explicar este tipo de cosas comporta siempre una ruptura de esquemas y estereotipos (y prejuicios) que todos llevamos pegados y dificultan el arte a que nos referimos. En este caso, una dificultad es la tendencia a reducir estas artes aplicadas, venidas de Oriente, a lo “físico”, o “corporal”. Es cierto que, con ellas, eso también se hace, y nos permiten gozar de un cuerpo sano… El “arte de la energía” incluye posturas (asana), movimientos, gestos (mudra),desplazamientos en el espacio, e incluso formas de contacto interactivo en pareja (llamadas “series”, “secuencias” o simplemente “formas”, cuando lo aplicamos al Tai-chi-chuan y al K’ung-fu -las dos grandes escuelas surgidas en torno al templo de Shaolín, emblemáticas de las artes marciales del Extremo Oriente, hoy vulgarizadas por el cine). Pero, conste, que estas artes incluyen en esencia y en origen el cultivo espiritual. La “energía vital”, el chi, es el “hálito” divino, es el soplo de vida con que Dios crea el mundo: no solamente en la Biblia, sino ahora, aquí mismo, manteniendo todo cuanto existe en el Ser, en la Vida, en el Movimiento. Con el pensamiento cerebral, con los esquemas ideológicos y con las inevitables teorías filosóficas que los seres humanos continuamente elaboramos, no podemos conectar directamente con el hálito de vida. Pero sí podemos hacerlo sintiéndolo dentro, escuchando nuestra respiración, la cual –hay que decirlo claramente- tiene relación directa con el espíritu, ya que su doble movimiente “aspir” (o “inspir”) y “expir” lo incluye en su raíz etimológica. In-spir, es el espíritu dador de vida cuando invade nuestro cuerpo entero (no solamente los pulmones), alimentando la sangre y animando todos los procesos internos; dando extrema felicidad y curación a todos los problemas a todos los niveles, si somos plenamente conscientes de Él. Ex -spir es cuando lo devolvemos, entregándolo todo, devolviéndolo a la fuente de donde mana, librándonos de paso de nuestros bloqueos, enfermedades, problemas, ideas fijas, prejuicios y formas racionalísticas de pensamiento, quedéndonos libres y vacíos de todo, a punto de ser llenados otra vez por esa generosa fluidez “cósmica” que nunca cesa y nos viene regalada. A ese doble movimiento (expansión/implosión, yang/yin, etc) se refería acertada y hermosamente Natalie con relación al yoga en la anterior entrega de comentarios.

La misma fluidez y continuo intercambio de vida y bondad, que es la trama interna del cosmos y del ser humano. Naiara, en las admirables glosas que ha “trovado”, nos enseña a reconocerla en el “flujo de los beneficios”, cuyos tiempos son: el dar, el aceptar y el devolver, tal como lo estamos leyendo, estudiando y comentando, en el segundo capítulo de La Ciudad Cautiva. Allí, guiados por Séneca (ese gran compatriota y ancestro de todos nosotros, hispanos…) aprendemos que el arte de la energía no sólo se refiere al movimiento corporal, sino también a la vida social y comunitaria. Es la raíz y el núcleo de esta. Toda comunidad humana que merezca ese nombre, todas las familias –núcleo de toda comunidad- que merezcan ese nombre, están cohesionadas por este tipo de vínculo energético que Séneca y los antiguos llaman “beneficio”. Una buena vida en común, que sea satisfactoria y nos llene de gozo (en casa, en la escuela, el taller, el partido, la universidad, la profesión, el parlamento), es la que se halla continuamente regada por el flujo energético de los beneficios. También la amistad, tiene que ver con ello, tal como se explica en el referido capítulo… Y toda esta dinámica del alma (individual y colectiva) se sintetiza en la iconografía de las Tres Gracias y el riquísimo simbolismo de la danza y la fluidez cósmica que las acompaña, que es el tema principal que entre todos estamos comentando.

Por su parte, y mutatis mutandis, las artes-corporales-aplicadas del Extremoriente nos enseñan a “ritualizar” y contemplar ese mismo flujo de vida y de bondad en otro plano energético. Para enlazar los distintos planos, remitimos a la imagen de la Fuente de las Tres Gracias (figura 35, página 151 de LCC), para comprender que el flujo energético (el Espíritu de Dios), “Amor” que continuamente está animando y vivificando el mundo, se explaya en distintos planos o niveles de la “materia” cósmica. La fuente con sus distintas tazas y chorros de agua en distintos niveles, manando de distintos tipos de caño, nos permite meditar en la variedad de modalidades en que el espíritu se manifiesta en nosotros y alrededor. De esta manera podemos aprender a reconocer la energía corporalmente, pero también emocionalmente, y hasta en planos superiores, como gracia, goce por la felicidad que acompaña los regalos, los buenos servicios, la atenta generosidad, el tiempo concedido a escuchar, atender, contemplar, compartir. El “arte de la energía” significa aprender a conectar con la magia, la bondad y la belleza del flujo de gracia que constituye el mundo. Séneca y los filósofos antiguos enseñan eso, que ellos llaman un “enderezamiento social”, un “refuerzo del ánimo”. Primero, destruyendo las ideas equivocadas que se nos han pegado como costras en la mente, y que son obstáculo a reconocerlo. Luego, invitándonos a reconocer esta nueva/antigua forma de la “economía graciosa”: el “beneficio” que estamos intercambiando con la gente que nos rodea. Observándolo, recordándolo, surge en nosotros el agradecimiento, la gratitud, que cura todos los males sociales y nos hace vivenciar desde dentro la “verdadera ciudad” a la que pertenecemos, esa “Jerusalén Celestial” que, para quitarle rimbombancia, Naiara llama “Ciudad Kósmika”, y las tradiciones espirituales de la humanidad han llamado con otros nombres.

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En cuanto al Crismón (figura 33, página 140 de LCC) por el que Juan pregunta, diciendo que no lo acaba de entender… debemos tener en cuenta (entre muchas otras cosas imbricadas en este fundamental símbolo de Jesucristo, presente en los tímpanos de templos “románicos” y por doquier en el arte cristiano) que se trata geométricamente de la cruz tridimensional (la de tres palos, o de seis brazos… la que tanto aparece en la arquitectura gaudiniana). Y cuando hablamos de geometría sagrada y regular (la geometría platónica y pitagórica, la de los “filósofos”, la que nos sirve como principalísimo vehículo para comprender el”arte de la energía”) estamos hablando desde el  punto de vista cosmológico. Por lo tanto nos hemos de “situar” en el centro del mundo que nos rodea, totalmente identificados con el axis mundi, este eje que nos trasciende, pero que nuestro cuerpo erecto simboliza. Desde esta posición axial que en chikung llamamos “posición del árbol” o también “postura Wu-chi, se hacen evidentes las seis direcciones del espacio, simbolizadas por los seis brazos de la cruz tridimensional: arriba, abajo, izquierda, derecha, detrás delante. Es por tanto una imagen, un truco, un símbolo, para aprender a conectar con nuestra dimensión humana expandida, nuestro ser cósmico, nuestra “alma”. Y lo hacemos identificándonos con este símbolo de Jesucristo, el “Hombre Cósmico” y arquetípico del que todos formamos parte cuando somos verdaderamente conscientes y conformes a nuestra esencia.

Observamos también que el crismón se explaya y complementa en la forma cúbica, el cubo, (la quba musulmana, prototipo de la casa-templo; ver figuras 3 y 4 de LCC) que representa la creación entera: las seis caras-direcciones simbolizando los “seis días” y el centro interior representando el “septimo día”, cuando el Creador “descansa”, y podemos gozar con Él en el “tálamo” de nuestro corazón. Las figuras 6, 9 y 12 de La Ciudad Cautiva, nos ayudan a meditar este tema, y añado acontinuación dos más para complementarlas:

Observamos también como la geometría regular, resumida en el símbolo del mandala, nada tiene que ver con una visión estática o fija del mundo y de nosotros mismos (tal como lo habéis pensado algunos de vosotros al principio, chocados por la crasa simplicidad de los volúmenes geométricos, y por lo burdo que puede resultar a primera vista este tipo de lenguaje analógico). En realidad, el crismón con sus seis direcciones, y el círculo en el que se halla inscrito nos remiten a la idea de la esfera: esfera viviente, moviente, respirante, cósmica, energética…de la que somos el eje (o centro). Entonces, si ella en el pensamiento puede aparecer como una forma estática, cerrada, o fija; cuando la sentimos y vivenciamos “internamente”, como la “forma” de nuestra alma y la pauta principal de todas las energías que la componen y la mueven, entonces se nos aparece como una esfera dinámica y energética, en constante movimiento, ordenado por la presencia del eje, del centro, de los dos polos. Estos representan lo inmutable en medio de toda la dinámica global. Esta esfera dinámica es llamada en geometría “vórtice isótropo”. Pongo a continuaión algunas imágenes para representarlo:

imágenes que sugieren la pauta de todos los movimientos energéticos internos y externos; y, por lo tanto, la pauta de de todos los movimientos de las gimnasias del “arte de la energía”, que aprendemos a visualizar, sentir, e incluso “utilizar” en los ejercicios de Chi-kung, T’ai-chi y K’ung-fu.

La dialéctica en sentido platónico –como estudiaremos en el próximo capítulo- nos enseña a transitar continuamente, de lo fijo a lo movible, de la geometría a la dinámica, del símbolo a lo simbolizado, de la forma a la No-forma… a lo que está “más allá”.

José Olives Puig

Cardedeu, 24.02.11