LAS HUMANIDADES XII: La Ciudad Sagrada: la polis como símbolo y templo

apocalipsis-jerusalen-celestial(Colgamos a continuación otro texto de Joaquín Muñoz Traver, adaptación del capítulo 5a de su inédito Las Humanidades como método de desarrollo del potencial humano en base a las aportaciones de José Olives Puig al mundo académico,  tal como lo ha publicado en su blog Meditaciones del Día.WordPress, al cual remitimos por su renovado interés)

La hermenéutica simbólica de la ciudad implica acercarnos a ésta como symbolon, como modelo simbólico.  Este planteamiento supone recuperar un punto de vista propio de las sociedades arcaicas o tradicionales, del homo religiosus sobre el que hemos tratado anteriormente.

Aunque los prejuicios modernos y contemporáneos tiendan a asociar el término arcaico, primitivo o, incluso, tradicional, a una carencia de inteligencia, progreso o evolución (motivo por el que se pierde la posibilidad de aprender del pasado remoto), Olives asegura que “la gente antigua y primitiva es en cierto modo diferente de los modernos, pero no es intelectualmente subdesarrollada, a pesar de las diferencias de información entre ellos y nosotros.  Conoce menos algunas cosas, pero también mucho mejor algunas otras”[1].

Por tanto, el investigador que pretenda adentrarse en la idea arcaica[2] de ciudad para descubrir su enseñanza analógica, debe tratar de estudiar sin prejuicios la cosmovisión teofánica de la que las sociedades primitivas participan y que asume “la dimensión sagrada de todas las cosas y reconoce en la Deidad la razón última de todo cuanto existe y conoce”[3], así como el carácter revelatorio del cosmos.

Con esta premisa, y partiendo de la noción de símbolo que hemos expuesto en el capítulo 4.c, podremos comprender adecuadamente la afirmación que hace Olives de que la ciudad antigua –“que los antiguos llamaron polis y que los modernos hemos designado vulgarmente como «ciudad-estado»”[4]– es, desde el punto de vista clásico-tradicional, “un modelo de proyección territorial de ideas filosóficas polivalentes”[5], un mandala que facilita el acceso al Todo a través de la parte.

La propia etimología de polis nos remonta a la raíz indoeuropea pl, que implica el sentido de plenitud, lo que nos puede ayudar a adivinar qué se entiende, originariamente, por ciudad[6].  Olives elabora un sintético pero completo cuadro sobre el origen de algunas palabras referentes a la idea de «ciudad» que sirven de apoyo a sus planteamientos:

cuadro etimologia polisOlives:2006, 17

 Si asumimos estas premisas, deberemos atender a la ciudad como símbolo de plenitud, como soporte de meditación y contemplación, tratando de acceder –a través de su disposición y formas- a la oculta estructura común de cuanto nos rodea, al mensaje e influencias que la Divinidad trata de transmitir en cada una de de sus creaturas a través de su obra y que la ciudad tradicional o sagrada trata también de representar y comunicar (para beneficio de sus habitantes) mediante la plasmación sobre el plano de la estructura y los ritmos de la naturaleza.

Mediante la adecuación a ese modelo revelado, se pone orden donde antes había caos (ordo ab chao)[7] y se identifican las relaciones y el ritmo común oculto que hacen posible encontrar la unidad que subyace en la diversidad de lo creado, en el Anima Mundi[8].

Esta proyección sobre la tierra de la unidad, el orden y la armonía celestes que implica la visión del plano de la ciudad como imago mundi, como reflejo arquetípico de la estructura del mundo[9] y del hombre, vehicula -como todo símbolo tradicional- el descenso de las «influencias espirituales» correspondientes.  Por este motivo, puede afirmarse que, gracias a la analogía que une las formas cósmicas con las creaciones arquitectónicas, la ciudad antigua es más que un lugar donde albergar y proteger al hombre.

Mediante la edificación de la ciudad siguiendo el modelo simbólico revelado –y su posterior contemplación- se logra la anamnesis o recuerdo de la «ciudad divina»[10], el reconocimiento y activación de ideas arquetípicas[11] que dotan a aquélla de un valor operativo, alquímico o transformador, en el sentido de que puede ser el soporte simbólico para promover una realización interior, una metanoia personal, un desarrollo del potencial humano, convirtiendo el urbanismo en un instrumento de comunicación con lo invisible, que permite el descenso de influencias del cielo hacia el hombre y que hace posible que el hombre recupere el camino del cielo[12], realizando así su destino. 

En una plástica imagen, Olives llega a hablar de un “eslabón simbólico entre  lo de Arriba y lo de Abajo, un potente generador de revelaciones, asociaciones especulativas y referencias significativas, de las cuales pueden beneficiarse los ciudadanos que forman comunidad a su amparo, y que con dicha ciudad se identifican”[13] mediante su contemplación.

La concepción de la ciudad antigua como templo para ser con-templado es tratado por Olives en el capítulo IV de “La ciudad cautiva”, mediante la referencia al simbolismo apocalíptico de la Jerusalén Celestial.

Conforme a la etimología original del término latín templum, podemos entender el templo como un recinto sagrado destinado a la contemplación del cosmos.  Así, si es cierto que la naturaleza es un libro abierto que nos habla de su Creador -y, analógicamente, de nosotros mismos- no tendrá tanta importancia dónde se pone la vista sino cómo se mira, cómo se con-templa. La validez simbólica de la ciudad arcaica tiene su fundamento en cuanto esquematiza la estructura común, metafísica, que subyace tras toda la creación, que se revela mediante una adecuada hermenéutica simbólica y que se fundamenta en la adecuación de la estructura de la ciudad sagrada al esquema propio de los cielos. Ésta no es un capricho estético sino una forma simbólico-ritual de procurar la fecunda hierogamia entre los dos mundos (el sagrado y el profano, representados por lo alto –los cielos- y lo bajo –lo terrestre), abriendo una brecha, una puerta, una escalera, que permita transitar entre ellos mediante la sacralización del espacio y tiempo profanos que se produce a través de su «cosmificación».

Respecto al vínculo existente entre «cosmificación» y sacralización del espacio resulta imprescindible remitirse a la explicación ofrecida por Eliade y que sirve de introducción a las aportaciones de Olives: “La cosmogonía es el modelo ejemplar de toda especie de «hacer»: no sólo porque el Cosmos es el arquetipo ideal a la vez de toda situación creadora y de toda creación, sino también porque el cosmos es una obra divina; está, pues, santificado en su propia estructura.  Por extensión, todo lo que es perfecto, «pleno», armonioso, fértil; en una palabra: todo lo que está «cosmificado», todo lo que se parece al Cosmos, es sagrado. (…)  Pues el Cosmos, volveremos a decir, es la obra ejemplar de los Dioses, es su obra maestra”[14]

Olives demuestra conocer y compartir esta relación –que trasciende a la referencia astronómica- a tenor de su elección de una conocida cita de Hermes Trismegisto para dar inicio a “La ciudad cautiva”: “¿Ignoras pues, Asclepio, que Egipto es la copia del cielo o, mejor dicho, el lugar donde se transfieren y proyectan aquí abajo todas las operaciones que gobiernan y ponen en acción las fuerzas celestiales?  Más aún, si hay que decir toda la verdad, nuestra tierra es el templo del mundo entero”[15].

No es raro que nuestro autor haya escogido esta cita como antesala de su escrito si atendemos a la coincidencia y complementariedad de ésta con su propia visión de la ciudad como proyección del templo, de  origen sagrado, que hace –de la ciudad misma- un nuevo templo[16] en el que es posible descubrir el Todo en la parte.

El propio Sócrates, o Platón poniéndolo en boca de Sócrates, refuerza esta idea de la analogía hermenéutico simbólica (en este caso de correspondencia entre la ciudad y el hombre), así como la pertinencia de estudiar en profundidad la polis para, especulando, descubrir los secretos entresijos del ser humano.

Tan aclarador resulta el texto, que Olives realiza una extensa cita (práctica poco habitual en él) que, por lo excepcional de la misma, vamos a transcribir íntegramente.  Comienza así: “Si algunas personas cortas de vista al tener que leer de lejos unas letras escritas en pequeños caracteres, se dieran cuenta de que esas mismas letras están escritas en otra parte con caracteres grandes sobre una amplia superficie, les resultaría, creo yo, muy ventajoso ir a leer primero las letras grandes, y acto seguido confrontarlas con las pequeñas para ver si son las mismas”[17].  Y, por si no resultara suficientemente clara la relación analógica con la ciudad, más adelante continúa:

”(…) ¿No se encuentra acaso la justicia en una persona y en una ciudad?

– Sí.

– Pero, ¿no es una ciudad más grande que una persona humana?

– Sin duda.

– Por consiguiente la justicia podría hallarse en ella escrita con caracteres más grandes y más fáciles de discernir.  Así indagaremos primero, si te parece bien, cuál es la naturaleza de la justicia en las ciudades; luego la estudiaremos en cada hombre, y podremos reconocer en pequeño tamaño lo que hemos visto en gran tamaño”[18].

Pero esta relación de analogía no se limita al ámbito antropológico sino que, como ya hemos tratado anteriormente, va mucho más allá e incluye también a la teología, a la cosmología y al resto de ciencias particulares que estudian compartimentos estancos de la creación teofánica.   Sin embargo, la principal de las analogías será siempre la antropológica puesto que el método hermenéutico simbólico exige atender en primer lugar a esta correspondencia para encarnar, interiorizar y vivenciar el conocimiento que, tras meditarlo y hacerlo propio, permite descubrir la misma estructura en el resto de la realidad.  Este reconocimiento permite experimentar la realidad al modo místico, unitivo, relacional, de un modo más cercano y propio que se basa en la interdependencia y que permite descubrir nuevas analogías y enseñanzas entre los distintos estratos de la realidad.

Una de las primeras consecuencias de partir de la consideración de la ciudad como sagrado templo de diseño celeste (cuyo modelo debe ser respetado para garantizar su efectividad) es que este hecho restringe la inspiración o creatividad personal del fundador, el equista[19], el arquitecto o el urbanista.

En el pensamiento tradicional se entiende que la inspiración y dirección del proyecto debe venir –como en el acto creador original- de Dios mismo.  De hecho, es ésta la característica que strictu sensu permite hablar de ciudad tradicional.  Porque atendiendo a la etimología de este término (tradere, traditio), éste describe la cualidad del objeto que ha sido recibido por alguien que, a su vez, lo entrega de nuevo.

Atendiendo a la dignidad del primer transmisor, ese modelo propio de la ciudad sagrada es comunicado de generación en generación procurando la absoluta fidelidad a la revelación original.  Olives apoya esta tesis en un dato histórico significativo: en los anales, la crónica propia de cada ciudad antigua dotaba a ésta, invariablemente, de un origen sobrenatural, como idea especulativa (o representación geométrica del orden cósmico[20]) revelada por la Divinidad al fundador o fundadores[21], hecho que justifica la denominación de “ciudad sagrada”[22] y la conceptualización de la fundación de la ciudad como un rito, del que trataremos en un próximo capítulo…


[1] Olives:2006, 23

[2] Como recuerda Olives, la palabra «arcaico» procede del griego y significa «principio» u «origen» (Olives:2006, 429), y es en este sentido gaudiniano de vinculación con la fuente que voy a emplear el término.

[3] Olives:2006, 20

[4] Olives:2006, 16.  Sobre la matización de la adecuación del símil entre polis y «ciudad-Estado», ver Olives:2006, 17

[5] Olives:2006, 18

[6] Olives:2006, 67

[7] En un artículo titulado “Del caos al orden y viceversa” afirma Olives que todo proceso creacional es, en cierto modo, un salto del caos al cosmos, del desorden a la organización, de lo informal e impreciso al orden.  Este hecho explica la denominación que se otorga a las narraciones que relatan la creación del mundo y del hombre: relatos cosmogónicos.

[8] Olives:2006-II, 60

[9] Olives:2006, 69 y 71

[10] Olives:2006, 243

[11] Olives:2006, 236

[12] Este «valor biunívoco» del simbolismo (permite la “presencia” de lo inteligible en lo sensible y viceversa, la elevación de lo sensible hasta los arquetipos o Ideas) es tratado por Josep M. Gràcia –antiguo alumno de Olives- en su Tesis Doctoral (“Simbólica Arquitectónica”), quien lo relaciona con el doble movimiento de solve et coagula, aspir y expir, subir y bajar…  Gracia:2001, 52, 80 y ss.

[13] Olives:2006, 71

[14] Eliade:1992, 39

[15] Hermes:OC, Asclepio, 24, citado en Olives:2006, 15

[16] Olives:2006, 47

[17] Platón:Rep, 368d

[18] Platón:Rep, 368e -369a

[19] De oikos, casa.

[20] Cfr. Olives:2006,57

[21] Cfr. Olives:2006, 18

[22] Olives:2006, 24 y 28

LAS HUMANIDADES VI: El simbolismo metafísico de las Tres Gracias

las-tres-gracias-en-la-primavera-de-botticelli

(Añadimos un capítulo más de los que Joaquín Muñoz Traver va colgando en su citado blog, fruto de la investigación por él realizada sobre el método de las humanidades tal como yo lo he aplicado al mundo académico de hoy)

Una vez clarificado –en el anterior capítulo- el vínculo existente entre aprendizaje y docencia en el ámbito de las humanidades, podemos enriquecer esta visión con las aportaciones propias de la teoría de las Tres Gracias al respecto.

Comenzaremos nuestra aproximación al tema simbólico de las Tres Gracias, al que se han referido muchos pensadores y artistas destacados (siendo la principal vía utilizada por el pensamiento clásico para transmitir la teoría sobre la liberalidad o los beneficios, sobre el arte de dar, recibir y devolver[1]) con una introducción general al mismo para, posteriormente, y pese a su riqueza simbólica y a la multitud de lecturas y enseñanzas que de ella se pueden obtener, ceñir nuestra aproximación a su valor arquetípico en el terreno del aprendizaje y la enseñanza, en el campo de la pedagogía humanística.

Dada la importancia que otorga Olives a los soportes imaginales para facilitar la meditación hermenéutico simbólica, así como atendiendo a la profusión de imágenes que  sobre este tema encontramos en La ciudad cautiva[2], incluyo la interpretación que de las mismas realizó  Botticelli, pintor-filósofo platonizante, perteneciente a la Academia florentina de Marsilio Ficino, cuya obra “cargada de conocimiento, vehicula un potencial iluminativo de gran calado, hecha como está para la contemplación meditativa, que no niega el valor estético, antes lo culmina”[3].

Botticelli nos muestra tres hermosas mujeres, con sedosos, vaporosos y transparentes vestidos, con sus manos entrelazadas en una circular y sensual danza mediante la cual parecen establecer un callado diálogo que las une.  Matices a un lado[4], se trata del modelo iconográfico clásico de las Cárites.

Al contemplar la imagen podemos preguntarnos, como hizo Séneca (en cuyos planteamientos bebe Olives para configurar, desarrollar y comunicar su teoría de los beneficios[5]) quiénes son estas mujeres y por qué son tres.

Nuestro autor, como es habitual en él, comienza introduciéndonos en el sentido etimológico y simbólico del término «gracia»: nos habla de la relación existente entre su raíz indoeuropea jr y las letras griegas XP del Crismón, de sus paralelismos sánscritos y de su vinculación con la idea de transmisión de influencias espirituales.  Por último, y en un sentido más común, lo asimila a la idea de goce, favor, don o beneficio[6].

Tras esta primera aproximación, se nos muestra con mayor claridad que el contenido «filosófico-humanístico» de esta iconografía tiene que ver con el hecho de que “hay gracia en dar, gracia en aceptar o recibir, y gracia en devolver”[7].  La desnudez (o semi-desnudez) de las Gracias expresa la naturalidad de los beneficios[8] que circulan según esta estructura ternaria, en la que cada uno de los elementos hace de mediador entre los otros dos, dando lugar a un dinamismo de intercambios mutuos que se simboliza pictóricamente con las manos entrelazadas y la feliz danza en que participan[9].  Un baile que nos remite no sólo a la alegría de regalar y ser regalado sino que, a través de su circularidad, nos comunica el retorno del don al donante.

Los nombres, atributos y posición de las Tres Gracias nos permiten dar un paso más en su correcta comprensión: a la izquierda, la sensual y provocativa Eufrósine-Voluptas (el Goce o el Placer); en el centro, la cariñosa, sencilla y prudente Talía-Amor-Castitas (el Amor altruista, iluminado o compasivo) y, a la derecha, la sofisticada, elegante y radiante Aglaia-Pulchritudo (la Belleza o Hermosura)…  La iniciadora o impulsora de todo el dinamismo[10].  Y, con esta última afirmación, retomamos el platónico mito de la caverna que nos está sirviendo de hilo de Ariadna para llegar al núcleo central de las humanidades entendidas como proyecto pedagógico, como imbricado nudo entre aprendizaje, desarrollo personal y docencia; entre recibir, disfrutar y dar.

Decíamos anteriormente que es la belleza (Pulchritudo) del nuevo mundo que se ha abierto ante sus ojos lo que, junto al recuerdo de su anterior y triste vida de sombras, mueve al cautivo liberado a descender de nuevo a la caverna para, llevado por la compasión (Castitas), tratar de conducir a sus antiguos compañeros, que siguen cautivos, a la nueva realidad que él ha descubierto, que ya está gozando (Voluptas) y cuyo disfrute se verá incrementado al ser compartido[11] (pues el colmo del placer se basa en una actitud de natural entrega altruista[12], de dar gratuitamente lo que como regalo se ha recibido).

Pero las Tres Gracias no sólo ilustran la naturaleza o razón de ser de este dinamismo, también nos aportan rastros –que sigue atentamente Séneca- sobre cómo debe desarrollarse esa danza de dar, recibir y devolver.  El sabio, docente o pedagogo que comunica su conocimiento a los demás, les está haciendo un regalo, un beneficio, se está donando, entregando a sí mismo en su acción[13].  Y esa entrega, nos recuerda Olives, debe regirse por la adecuación y proporción para que el beneficio pase de mano en mano hasta volver a su causante y no se pierda la reciprocidad (simbolizada por los dedos entrelazados y la forma circular de la danza) como sucedería si se rompiera algún eslabón de la cadena.

Nos recuerda además nuestro autor que, tanto en la versión iconográfica que de las Tres Gracias hace Rafael en su fresco, como en la que aparece en el ex-libris de Johannes Cuspinianus, “las tres doncellas aparecen involucradas en un juego de pelota”[14] que nos permite especular  sobre “las disfunciones de la economía del don, [que] son tanto la mezquindad como la prodigalidad.  Pues bien, observaremos que si la pelota cae al suelo es culpa de quien la da, de quien la recibe o bien de ambos: esto puede venir de tirarla demasiado fuerte, o con poco impulso, o bien de la misma naturaleza de la pelota (que sea demasiado grande o pequeña, demasiado pesada o ligera… etc.).  El comentario advierte que tiene que haber adecuación, o proporción, entre el donante, el receptor y lo dado.  Peca tanto quien se pasa en la medida como quien se queda corto”[15].

¿Cómo aplicar esta enseñanza a la educación?  Teniendo en cuenta, en primer lugar, que el objetivo de ésta es sacar afuera lo que uno tiene en su interior[16], dar a luz el conocimiento embrionario, motivar a uno para que inicie su particular travesía hacia el exterior de la caverna…  Para ello, nos recuerda esta iconografía, el sabio debe atender a las características y necesidades del oyente debe dosificar el conocimiento que le entrega atendiendo a sus capacidades, a su cultura y a su lenguaje, de modo que le resulte comprensible y útil para el desarrollo de su personalidad, cumpliendo así su función[17] desde el punto de vista de la hermenéutica simbólica clásico-tradicional.

Mediante una cita de la Hieroglyphica de Valeriano, nuestro autor nos ofrece unas claras directrices sobre cual debe ser el talante propio del benefactor y del beneficiado, del maestro y del discípulo: “No debiéramos seguir adelante sin indicar que una de las gracias está con el rostro vuelto y oculto para indicar que aquél que hace un regalo debe hacerlo sin ostentación.  La otra muestra su rostro abiertamente porque quien recibe un bien debe mostrarlo y declararlo públicamente; y la tercera gracia muestra un lado de su rostro y oculta el otro significando que al devolver los beneficios debiéramos ocultar la restitución, pero mostrar lo que nos ha sido dado”[18].  El maestro debe por tanto ser discreto y humilde, centrando la importancia y atención en aquello que transmite.  El discípulo, sin embargo, debe mostrar su agradecimiento dando a conocer la fuente por la que ha llegado a él el saber, alabando y haciendo públicas las virtudes de su benefactor.  Por último, el discípulo no debe guardar el conocimiento para sí sino que, en su recién alcanzada maestría, debe dejarlo fluir, compartirlo (humilde y discretamente) con los demás…  Incluso con su propio maestro, que también se verá beneficiado por esta reciprocidad.

La imagen de las Tres Gracias, con todas las especulaciones que puede suscitar y que aquí sólo hemos esbozado, muestra –en cierto modo- una correspondencia con las tres fases en que hemos estructurado el proceso pedagógico: Voluptas, el goce o placer del estudio, de recibir, de ser regalado o beneficiado; Pulchritudo, la belleza o hermosura de la meditación, de aceptar, disfrutar y hacer propio lo recibido; y Amor-Castitas, el amor altruista que conlleva el deseo de transmitir y compartir lo que se ha recibido, el deseo de transmitir y compartir la felicidad que se ha obtenido mediante el conocimiento transformador de uno mismo, mediante el arraigo en la propia naturaleza.


[1] Cfr. Olives:2006, 138

[2] En Olives:2006 se incluye, además de la imagen de las Tres Gracias de Botticelli (pág.143), las de un fresco de Pompeya (pág. 139), las de Rafael (pág. 141), las de Correggio (pág. 146), las del ex-libris de Johannes Cuspinianus (pág. 147), una versión popular en mosaico procedente del pavimento de una casa en la antigua colonia Julia Augusta Paterna Barcino, núcleo fundacional de Barcelona (pág. 148),  la fuente de las Tres Gracias en la Hypnerotomachia Poliphili de Francisco Colonna (pág. 151),  las del cuadro de Rubens (pág. 153) y las de la Hieroglyphica del humanista Pedro Valeriano (pág. 155).

[3] Olives:2006, 142

[4] En otras representaciones aparecen desnudas, o jugando con una pelota, o en posiciones algo distintas…

[5] Cfr. Olives:2006, 103

[6] Cfr. Olives:2006, 438

[7] Olives:2006, 144

[8] Cfr. Olives:2006, 149

[9] Cfr. Olives:2006, 144 y 155

[10] Cfr. Olives:2006, 142

[11] Cfr. Olives:2006, 120

[12] Cfr. Olives:2006, 141

[13] Cfr. Olives:2006,  118-120

[14] Olives:2006,  145

[15] Olives:2006,  145

[16] Cfr. Olives:Gaudí, 13

[17] Cfr. Olives:2006, 145

[18] Wind:1972,  41, citado en Olives:2006

La nueva política

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Con la crisis, gran ocasión, retorna la antigua política, que ahora es nueva, novísima…después de unos pocos siglos de oscuridad y olvido. Escribí hace seis años un libro para explicarlo (La Ciudad Cautiva) con mucha ciencia y mucho arte, tal com debe hacerse entre académicos, alumnos y profesores. Ahora, la fuerza de las cosas que están ocurriendo, lo da a entender a los más iletrados, mientras que los más formados en el establihsment educativo lo tienen más difícil para cambiar el chip. En todo caso la Vida nos está poniendo fáciles las cosas para un rápido y salutífero cambio de conciencia y actitud en el presente, aquí y ahora. Las demás cosas que puedan cambiarse para bien, bienvenidas sean. Pero los más expertos en la dinámica sociopolítica del actual sistema, ya nos avisan de que lo que está ocurriendo es nuevo y desde su “óptica” no se vislumbra futuro. Volvamos a escuchar pues las antiguas palabras de la sabiduría, que nos hablan siempre en el ahora, como una carta personal e íntima, sin distancia alguna en el tiempo. En ese otro espacio de la Verdad, todos nosotros hemos estado y seguimos estando desde siempre. La lectura en estos casos es para recordarlo, sentirlo y encarnarlo.

En cuanto a la “inacción” que el sabio siempre recomienda, esa es la piedra de escándalo en la mentalidad oficial del sistema, que todo lo cifra en el hacer y el tener. La “inacción del sabio” es una actitud internamente hiperactiva que cada uno debe ir descubriendo y practicando. Consiste en salir del automatismo de nuestro pensamiento, que nos aboca a la acción mecánica, compulsiva, incesante, que nunca deja espacio para lo nuevo ni para SER. La inacción consiste en ponernos en SUS manos para que se haga SU voluntad en todo momento. Entonces uno “no hace nada” ni “sabe nada”…y ESO es lo más precioso.

Leemos en el Tao-te King de Lao Tse (contemporáneo de Confucio, Buda Sakyamuni, Mahavira, Zaratustra, Pitágoras-Platón) esos dos poemas:

Treinta y séis

Lo que se encoge

Primero se ha de expandir.

Lo que falla

Primero ha de ser fuerte.

Lo derribado

Primero ha de levantarse.

Antes de recibir

Hay que dar.

Ese es el misterio de como son las cosas.

Suave y débil vencen a duro y fuerte.

El pez no puede irse del agua profunda.

Y las armas del país no debieran mostrarse.

CINCUENTA Y SIETE

Gobierna una nación con imparcialidad.

Conduce la guerra con movimientos-sorpresa.

Hazte dueño del mundo sin hacer nada.

¿Cómo sabré que eso es así?

¡Por eso mismo!

Cuántas más leyes y prohibiciones

Más pobre la gente.

Cuánto más afiladas las armas del hombre

Más problemas en el territorio.

Cuanto más ingeniosos e inteligentes

Más zorros se vuelven.

Cuántas más reglas y regulaciones

Más ladrones y atracadores.

Por lo tanto, dice el sabio:

No emprendo acción y la gente es reformada.

Disfruto la paz y la gente se vuelve honesta.

No hago nada y la gente se vuelve rica.

No tengo deseos y la gente retorna a la buena vida sencilla.

Crisis para renacer

En este artículo Laitman, el cabalista, nos habla de la gran oportunidad que es la crisisde nuestro tiempo (humana, sociopolítica, bélica) para renacer verdaderamente en sentido espiritual, a la manera del “pueblo de Israel”. Isra-El en la cábala (por etimología) significa “el Fuerte de Dios”, y también “el que va Directo a Dios”, y es en ese sentido como debemos entenderlo, identificándonos con ese “pueblo” maravilloso, que poco tiene que ver con el engendro del estado sionista, creado por las potencias occidentales en el levante mediterráneo hace noventa años.

Eso implica que el Renacimiento de cada uno de nosotros (nuestro Segundo Nacimiento), aunque parece individual porque se asemeja al primer nacimiento de nuestra madre, que ya fue, en realidad es un nacimiento en la dimensión universal, nuestro Verdadero Ser, y por lo tanto es más que individual: involucra todo ese colectivo, todo ese grupo de hermanos colaborando en el apoyo mutuo y el amor, que nuestra tradición bíblica llama “pueblo de Israel”: un pueblo capaz de liberarse de las cadenas de la esclavitud en Egipto,  librarse del yugo del Ego-Faraón, y alcanzar la Tierra Prometida, donde los ríos manan leche y miel. Eso está ocurriendo hoy, aquí y ahora entre nosotros por obra del Espíritu que en nosotros respira. Qué suerte y que belleza poder colaborar!!!

Historia sagrada más allá de los estereotipos: “salir de la ciudad cautiva”

La “ciudad cautiva” en la Biblia está representada con distintos simbolismos. Uno de ellos, la cautividad del “pueblo elegido” en Egipto, bajo la dictadura de Faraón y sus esbirros, que lo mantienen en la esclavitud sometido a todo tipo de trabajos forzados.

Desde nuestra formación racionalista acostumbramos a sonreir al recordar ese tipo de historia y, aún más, por ir acompañada de imágenes realistas que quedaron grabadas en nuestra memoria de niños. Ahora, sin embargo, disponiendo de las claves del simbolismo, que nos han sido dadas, podemos recordar, releer y meditar ese tipo de materiales como una gran ayuda para el Conocimiento (en mayúscula) que es el conocimiento de Sí mismo.

¿No es verdad que nos hallamos muchas veces en una situación mental-emocional muy parecida al cautiverio? Está hecha de impotencia, obligada sumisión a tareas que nos caen encima como una pesada losa, agotamiento, desánimo, aflicción…sin saber cómo liberarnos de ella…

No es verdad que nos sentimos a menudo como auténticos esclavos de poderes que nos vienen impuestos desde fuera por las circunstancias de la vida, la necesidad de las cosas, la injusticia de situaciones, la arbitrariedad de algunos, etc. etc?

Ahondando un poco más…No es verdad, que nuestra propia mente (los pensamientos que siempre nos vienen) funciona a menudo como un déspota, un dictador, un juez implacable, crítico en extremo, un gran censor o inquisidor, que poco a poco nos va hundiendo en la desgracia, la miseria, la tristeza, el autodesprecio hasta la desesperación? No sabemos cómo librarnos de ella ya que, encima, tiene razón…

Todo eso ocurre más allá de nuestras ideologías más o menos progres, más allá de la creencia moderna en la libertad que en teoría tenemos. Incluso más allá de la riqueza material, el confort, las seguridades y garantías que nos ofrece generalmente el tipo de estado social que compartimos.

Aunque muy evolucionados e incluso “espirituales” en cierto sentido, caemos una y otra vez en las garras de Faraón (nuestro ego individual y colectivo) y sus esbirros, que a partir del dolor, la culpa y el miedo nos imponen mil y un trabajos que nos hacen ir atareados  con la lengua fuera, sin tener tiempo para nada más que para subsistir en un tipo de vida comparable a un régimen de esclavitud interior, a “una ciudad cautiva” que compartimos con el prójimo siempre quejándonos, achacando las culpas a los demás y sintiéndonos víctimas.

Estamos anunciando para el próximo Octubre un nuevo curso bajo el lema “salir de la ciudad cautiva”. Será un gran placer compartir con vosotros la salida real de esas restricciones que nos afectan a todos.  Aprendemos a salir una y otra vez del estado de cautividad conociendo nuestra mente-emoción, transformando nuestro pensamiento, sintiendo y curando nuestro cuerpo…sobre todo conectando con el Yo verdadero, aquí y ahora, el que jamás nos abandona ni deja de Ser.

Respuesta sobre la potestad natural del hombre sobre la mujer

El pasado Diciembre recibí un amable y sustancioso correo de un alumno que entre otras cosas preguntaba si podría explicar algo más sobre aquel pasaje de La Ciudad Cautiva (V,1) donde se habla de las tres clases de poder temporal que distingue Eiximenis en su doctrina política de raigambre tradicional. De la segunda clase de poder, que el llama “natural”, pone como ejemplo la potestad que naturalmente tiene el hermano mayor sobre el menor, o la que tiene el hombre sobre la mujer. El alumno pedía que yo fundamentase la afirmación del franciscano, pues le parecía asunto importante y digno de atención. ¿Acaso yin y yang -añadía- no son iguales en importancia?

…Quedó pendiente la respuesta por pereza mía a entrar en tan espinoso tema, y tan políticamente incorrecto, que corría el riesgo de ser directamente decapitado si me metía en tamaño berenjenal. Pensaba escribirle tan sólo que si se trata de un “poder natural” no debemos preocuparnos por su verdad o falsedas, antes solamente observar su funcionamiento tal como se produce en el día a día. Y sigo pensando lo mismo, ya que si es “natural” significa que funciona independientemente de la voluntad (o peor, de la ideología) de los hombres y las mujeres. Entonces, en consecuencia no debemos preocuparnos por ese tipo de poder, y menos promoverlo o tratar de imponerlo, ya que entonces estaríamos tratándolo como si fuera artificial, lo cual es contradictorio.

Pensaba escribir también como respuesta -y lo hago ahora- que la igualdad absoluta entre yin y yang es un absurdo, porque como toda pareja de opuestos que se complementan son iguales en cierto sentido y diferentes en otro sentido, ya que de lo contrario no podrían complementarse. Entonces la desigualdad en el poder natural puede considerarse como una mera diferencia entre iguales… a no ser que la moderna Religión del Poder (oficial en la modernidad drechista/izquierdista, tal como se explica en La Ciudad Cautiva) lo magnifique tanto en nuestra mente que ya no comprendamos ese tipo de colaboración complementaria coexistiendo con otros tipos de diferencias y complementaciones de todo tipo.

En términos generales este asunto es mejor no tocarlo (o soslayarlo, tal como lo hacen por lo general los encargados del magisterio tradicional) si uno desea no escandalizar y mantener la influencia. También es preciso reconocer sin problemas que la tradición espiritual descendiente de Moisés es relativamente machista, mientras que la de Orfeo y Pitágoras (surgida del mismo tronco egipcio) acepta más los aspectos dulces y eróticos de la feminidad. También las tradiciones sagradas se complementan unas a otras y nos recuerdan que la verdad sexual se halla en el simbolismo del AndróGino. No podían tener la misma forma de expresar las verdades los rudos camelleros del desierto que los jonios, quienes embellecieron con las formas femeninas el arte y la poesía de la Antigüedad helénica…

Así las cosas en mi mente al respecto, la Segunda Lectura del domingo 26 Agosto (Carta de San Pablo a los efesios hablando de la relación entre marido y mujer) fue de nuevo motivo para volver a comunicarnos sobre el asunto suscitado por la lectura de Eiximenis y escribí sobre ello:

“Qué bueno que el texto de San Pablo, tan incorrecto “políticamente”… al escucharlo noté en las tripas la reacción negativa de la mentalidad corriente de nuestro tiempo. El cura en el sermón soslayó diplomáticamente el tema en nombre de la falta de tiempo remitiendo a la necesidad de interpretarlo solamente en sentido espiritual. Luego, conversando con él, me confió que social y moralmente ese tipo de planteamientos ya no valen para el tipo de sociedad en que vivimos. Es cierto, opino casi lo mismo, con la salvedad de que, sin embargo, creo que (sin ánimo de obligar ni juzgar a nadie) sigue habiendo EN EL PLANO DEL PODER NATURAL -Y NO EN LOS OTROS PLANOS QUE EIXIMENIS RECONOCE EN EL PODER-  una preeminencia del marido sobre la mujer o, más en general, del hombre sobre la mujer, como se haría evidente para todos si nos halláramos de nuevo en situación de mayor proximidad a la naturaleza, desprovistos de todos los inventos tecnológicos que han cambiado los modos de vida (contraceptivos, cirugía, internet, electricidad, transportes, telecomunicación, metrópolis, incluyendo el Estado de Derecho, el Estado de Bienestar, etc.) y conectados de nuevo a la visión espiritual de las cosas, que implica la ausencia total de ego y de toda pugna por prevalecer sobre el otro.
En la actual situación esa realidad existe sólo de modo latente, como punto de referencia doctrinal que podemos constatar una y otra vez en alguna situación concreta, pero que no podemos formula ni defender, porque no es comprendido por la mente del Leviathán, que nos impregna en la visión general de las cosas. Lo mismo ocurre con otras grandes mentiras que hoy se toman oficialmente como dogmas indiscutibles del Estado y la “cultura” modernos.
En todo caso, al mundo, a la sociedad, no los vamos a cambiar con la razón y la razón (incluso cuando la tenemos) nos aleja de esa necesidad mucho más urgente que es “amar a la esposa” como Cristo ama a la Iglesia. (se entiende que la Iglesia no es el clero, o el alto clero, tal como hoy se presupone vulgarmente, incluso entre los clérigcos). La Ekklesia, que es la comunidad en que vivimos (con sus familias cuarteadas, sus ideas equivocadas, sus formas perversas, etc.) hay que quererla para poder salvarnos a nosotros mismos junto con ella. Él y ella, esposo y esposa, ánimus y ánima, yo y la sociedad (así comunitaria o eclesialmente entendida) “formamos una sola familia -dice San Pablo y añade-: Es un misterio muy grande: lo digo de Cristo y de la Iglesia”. En este plano primero y primordial, que consiste en volver a ver nuestra sociedad como ekklesia, como comunidad, las creencias ni las ideologías no importan: solamente el amor y la conducta que de él emana…
La segunda lectura de ese pasado domingo (Ef V,21-23) empieza con la clave principal para entender todo este asunto, que sin comprenderla y encarnarla totalmente no puede ser comprendido: “Hermanos, someteos los unos a los otros por reverencia a Cristo”.
Otra clave que también hoy resulta incomprensible y pasamos por alto en ese tipo de planteamientos es la que escribe más abajo: “…maridos, amad a vuestras esposas tal como Cristo ama a la Iglesia. La ama tanto, que se ha entregado a la muerte por ella…igualmente los maridos han de amar a la esposa como a su propio cuerpo”…

Y así concluyen estos apuntes, para no demorar más la debida respuesta a la pregunta recibida.

José Olives Puig

Bini Ali 27.08.12

8.- Nación/Re-nacimiento: en la vivencia real de la nación se resuelven la crisis actual y el berenjenal bélico.

Porque la nación significa la comunidad de nacimiento (lat. Natio, nativo, natividad, etc.), y el nacimiento del ser humano es el acto más importante de la vida, junto con la muerte.

Hemos explicado anteriormente que en realidad los seres humanos venimos al mundo para renacer. Adquiriendo una nueva dimensión expandida de nosotros mismos. No ya física, antes metafísica…Un nuevo cuerpo: cuerpo de Luz, cuerpo de gloria, energético, invisible, “interior”, cósmico. Esto es así, y solamente hay que repasar los anteriores capítulos para ver que todos los grandes sabios y maestros del género humano se han centrado en este tema, que podemos denominar “el segundo nacimiento del hombre” o simplemente, el “renacimiento” a una “vida nueva”.

Este nuevo ser lo conseguimos por identificación, mediante un trabajo que empieza por la rectificación de las ideas/sentimientos en los que hemos sido programados. Una programación que se remonta, como mínimo, al momento de la concepción de nuestra madre; y no solamente a la incompleta (o distorsionada) educación durante la infancia. Los expertos y también otras tradiciones sagradas (antiguas, orientales, etc.) hacen remontar el proceso a los genes de nuestros padres (embebidos ya de “pecado original”) o a “vidas anteriores” plagadas de confusión y experiencias ensayo/error.

Sea como fuere, a esa programación primera de todos nosotros pertenece inevitablemente la idea de nación en el sentido moderno, vulgar y corriente. Ese sentido que fue exaltado en Europa con la revolución francesa: la idea de la nation entendida territorial, lingüística, “histórica” y/o “culturalmente”, como si esa fuera la identidad principal de todos nosotros. Identidad material ligada al cuerpo sensible (“cuerpo físico” o “grosero”), y a la programación sociocultural vigente en aquel espacio/tiempo donde se produjo el primer nacimiento.

Los líderes de la revolución moderna, contando con el endurecimiento general de la sensibilidad y las mentalidades, han grabado esta confusión en el disco duro de nuestra mente. Y funcionamos mecánicamente a partir de ese tipo de identidad “natal.”   Vislumbramos a veces destellos de la bondad original de la patria (o “nación”), pero generalmente estamos alejados de la vivencia comunitaria y la buena vida que todo nacimiento a un nuevo espacio (fuera del claustro materno) ha de implicar. Ya que de lo contrario, mejor no nacer!

En esta confusión (“ciudad cautiva” de sus errores) hemos olvidado que nuestro primer nacimiento fue solamente provisional. Y que para ser verdaderamente humanos (personas) debemos nacer de nuevo y “morir antes de morir” (internamente, claro!) tal como lo explica San Pablo entre la miríada de sabios de Oriente y Occidente.

Entonces reconocemos, además de esa nación primera (étnica, territorial, lingüística, idiosincrática, etc) otra nación virtual, interior, hermosísima, felicísima, a la cual también pertenecemos por nacimiento, aunque de momento no nos hayamos dado verdadera cuenta. En ese sentido hay un trabajo interior (estudio, meditación, etc.) que realizar, como una “asignatura pendiente”.

Percibir, sentir, esa “doble nacionalidad” nos aclara las ideas y pone todas las cosas en su sitio. Hay la verdadera Nación de todos nosotros, llámese como se quiera (Ciudad Celeste, Jerusalén, Utopía, Ecclesia, Umma, Campos Elisios, Reino de Dios, Nirvana, Islas Afortunadas, etc.) y hay la pequeña nación de cada uno (China, Cataluña, Palestina, España, Francia, etc.). Esa última, en el mejor de los casos es símbolo (figura, imagen) de la Primera. En el peor de los casos es motivo de constante pelea, porque al ser material, se ve afectada por la inevitable fragmentación y contraposición de todos los objetos materiales (incluidos los mentales y senti-mentales).

Los grandes poetas y artistas de los siglos modernos que aquí y allá han consolidado en los corazones de la gente las identidades nacionales, han hablado siempre de la patria terrestre en relación directa con la patria celeste. El amor de la una depende del amor a la Otra. La nación terrenal y todas las identidades y acciones que genera, sólo son de verdad cuando vibran en consonancia con el Modelo Virtual, a la vez siempre real, siempre presente, siempre vibrante en el alma. Jacinto Verdaguer, entre algunos otros, realiza ese tipo de labor poética respecto de Cataluña…y cada nación o semi-nación tiene sus vates y promotores, que la presentan como imagen del paraíso.

El problema viene de desconectar la identidad terrestre de su Causa, de su Verdad, de su Sentido. Perdemos el recuerdo de la verdadera patria. Israel (el “pueblo elegido”, cuyo nombre significa Isra-El = ”directamente enfocado al Creador”) deja de ser un símbolo sagrado (destinado a la comprensión de la condición humana entera) para volverse instrumento de opresión y guerra en manos de los herejes estatalistas, o “sionistas”, que pretenden verlo sólo en lo material, en lo étnico, “cultural” o “religioso”. Convirtiéndolo en una realidad histórico-sociológica. En este plano sólo hay las “naciones en guerra” (the state of warre, como decía Hobbes), buenos contra malos, blancos contra negros y viceversa, ricos contra pobres, moros contra cristianos, judíos contra palestinos, “Cataluña contra España” y Mahón contra Ciudadela en la isla de Menorca. Se pierde el sentido la belleza, y la energía vital de la Unidad, inherente a la genuina bondad del ser humano.

El recuerdo del sentido profundo de la Nación nos reconduce a la necesidad del renacimiento y a los saludables trabajos internos para propiciarlo: esa es la solución del berenjenal “nacional” e “inter-nacional” que tanto nos afecta materialmente. El Soplo de Vida, la “respiración cósmica” (Espíritu Santo, o como queramos llamarlo) está siempre disponible para todos los que queramos ya re-encontrarnos y participar en la verdadera nación de la humanidad, siempre viva y presente aquí y ahora.

José Olives Puig

Cardedeu, 5 Mayo 2012

Europa (como la independencia, la virginidad o el amor) no admite términos medios: integración total (un solo corazón) o desintegración.

Me ha inspirado esa idea la lectura de Michael Laitman, con cuya visión de la actual sociopolítica coincido[i]

Por lo tanto debemos asumir a fondo las dos alternativas. Por una parte enfocarnos (los colectivos más conscientes) a la realización espiritual, compartiendo la experiencia, ayudándonos unos a otros en ese sentido. Actuando como canales de luz, para hacer llegar la bondad, el amor y el sentido a las zonas sociales más dolientes, rebeldes o alejadas del centro. Dicho sea entre quienes lo pueden comprender correctamente, el fundamento de eso que llamamos Europa es la cristiandad, que poco tiene que ver con lo que hoy se entiende vulgarmente como “religión católica”. En La Ciudad Cautiva he tratado de explicar la sociopolítica de este proceso.

No se trata por supuesto de dar el poder a la actual clerecía! Dios nos libre! (el mejunje poder/religión ya sabemos a qué conduce). Se trata de recuperar y practicar y enseñar la verdadera religiosidad (o espiritualidad) que significa la transformación del corazón humano y el desarrollo de las virtudes comunitarias.

La simbología cristiana (arquitectura, liturgia, historia sagrada, etc.) es obviamente un tesoro. Nos ayuda a compartir la verdad, siempre que antes podamos percibirla directamente en nuestro corazón, en nuestras tripas y en nuestro entorno, como algo verdadero y que funciona.

Pero también nos ayuda la simbología de todas las tradiciones sagradas de la humanidad, que han dado su fruto durante milenios inspirando lo más creativo y hermoso de las civilizaciones. Todas, incluido el cristianismo, nos hablan de una “conversión” de la mirada y del “pasaje” (Pesaj, Pascua, Natividad, Resurrección) a otra dimensión de nosotros mismos, la sociedad y el mundo.

Eso lo hacemos con el “trabajo interior” los que por suerte no hemos perdido del todo el “bien del Intelecto”…ese Punto en el Corazón, esa Presencia o Consciencia que nos permite percibirlo todo más allá de las etiquetas y los pensamientos de la mente dual.

Los que no tienen encendida esta lámpara preciosa deben ser ayudados mediante amor y compasión. Aprenden a través de la proximidad y el contacto. Así la nueva sociedad vuelve a ser la comunidad. Se realiza internamente desde arriba, con el descenso de la Luz y el Amor. Se realiza externamente desde abajo: no desde el Estado, antes desde uno mismo y quienes me rodean, la familia, el barrio, los amigos, las redes que todavía nos es dado conectar por internet…todo eso que es el alma de la “sociedad civil”, de la “amistad civil”.

Europa ha sido y sigue siendo eso, no es un mercado. Cuando en el pasado tomó forma política fue porque pudo expresarlo en la cristiandad. El “feudalismo” no fue más que un aspecto de la organización, entre muchos otros, y no el más importante. En La Ciudad Cautiva expliqué sintéticamente todo eso para poder comprender el intríngulis de la historia de Europa.

Qué forma puede tomar hoy la nueva comunidad? Eso no lo sabemos, ni depende de nosotros. Lo que sí podemos es generarla desde dentro y desde fuera mediante el amor y el renacimiento compartido. Los más fuertes y que más saben ayudan y dan servicio a los más dolientes y desorientados, aprendiendo también de ellos…

Así podemos volver a comprender la dialéctica élites/masas, que es el dinamismo de todas las comunidades, tal como lo explicaron los sociólogos del siglo XX. Comprenderlo desde el no-ego. No desde el ego. Comprenderlo desde Tomás Moro y la metáfora de Utopía. Comprenderlo desde los Hechos de los Apóstoles, donde se explica la dinámica de la verdadera comunidad.


[i] <laitman.com> 17 Abril 10,40 h.

Comentarios a La Ciudad Cautiva, cap.VII: La llave y el cetro.

Incluyo a continuación los comentarios de los alumnos de Master (UIC): Ciudad, persona y civilización, en base a la lectura de La Ciudad Cautiva, con las correspondientes respuestas y ampliaciones.

Gemma Alsina.: En este capítulo se nos muestra como la sociedad ha ido degenerando (…)a partir de  la finalización (…) de la cristiandad: se produce un rechazo a la autoridad espiritual dejando de existir la autoridad políticamente reconocida.  La idea de autoridad está ausente en la sociedad y la política actual. Algunos intelectuales del S.XX, entre ellos Arendt (…) tratan la autoridad  como un importante tema de reflexión política entendiendo que la religión es indisociable de la autoridad. (…) La autoridad es una relación de la mente humana con el conocimiento realLa negación de la autoridad es crucial en este cambio que genera el mundo moderno: el plano político institucional (organización) y la mentalidad humana. La mezcla de lo espiritual con lo temporal, la usurpación de las funciones (…), acarrea situaciones políticas de gran peligrosidad.

Las teorías políticas modernas se caracterizan por no reconocer más que el poder, <cuando> la autoridad es necesaria para el buen gobierno.

Entenderla (…) implica reconocer la importancia política y comunitaria de la dimensión interior del hombre, de su naturaleza espiritual. El compromiso con la verdad y la guía hacia la felicidad humana son pues las principales funciones de la autoridad. La pérdida de autoridad ha comportado un anormal desarrollo en los medios de poder generados por la sociedad moderna (informática, militar, científica, etc.): todo ello sin autoridad se halla fuera de control. Para un buen gobierno es indispensable una articulación entre autoridad y poder. Por tanto, la crisis (…) política es a la vez una crisis intrínseca del hombre; este no sabe a qué atenerse, no sabe <distinguir> lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto, no sabe adónde va…

Me ha llamado la atención en este capítulo VII de La Ciudad Cautiva la descripción y el plano de la caverna platónica desde el punto de vista del simbolismo cosmológico. Una vez más, aparece el símil del mandala, <en ese caso> tridimensional, arquetipo de una matriz materna: la caverna figura en los mitos d origen, de renacimiento y de iniciación de numerosos pueblos.

Me interesa principalmente el tema del poder/ autoridad dentro de las organizaciones. La organización es compleja debido a que en ella hay muchas personas, que hacen muchas cosas, que manejan muchos recursos, etc. Lo importante de las organización es la diferenciación existente entre lo que es organización formal de lo que es organización informal. La parte formal podríamos decir que es la parte “visible” de la organización aquella que está perfectamente configurada mediante, organigramas, reglamentos, etc. Mientras que en la parte informal es donde aparecen los valores personales, las buenas intenciones, los comportamientos espontáneos… las organizaciones son comparables con el gobierno de la Ciudad.

MªJosé Díez Chueca.: Este capítulo muestra muy bien la relación entre las dos funciones básicas de la política: la autoridad y el  poder. La autoridad depende de la amplitud de conocimiento y es la condición para la acción buena. La autoridad no exige obediencia, no ejerce el mando, simplemente aconseja al poder temporal, simplemente va guiando al poder porque conoce la naturaleza humana y las condiciones de su felicidad. Me ha parecido muy acertado el paralelismo entre autoridad (simbolizada por la llave) y poder (simbolizado por el cetro) y las dos facultades anímicas: intelecto y razón. El intelecto es la función de la autoridad y la razón está ligada al poder. La razón es necesaria para la acción pero está ciega ante las necesidades espirituales. El buen gobierno depende de la sumisión del poder temporal a la autoridad espiritual y de la fluidez y armonía entre ambos. El poder ha de estar sometido a la autoridad igual que la razón se ha de someter al entendimiento, manteniendo siempre cierta autonomía. Es motivo de reflexión cómo la autoridad va guiando al poder porque conoce la naturaleza humana y las condiciones para su felicidad. Es contrario a lo que podría pensar el pueblo llano, el vulgo, que la autoridad es quien dicta las órdenes. Los sabios, los sacerdotes, el clero, ejercen  una función de orientación en la política porque tienen las claves espirituales de la felicidad y transmiten los conocimientos del alma humana. Entender la idea de autoridad implica reconocer la dimensión interior del hombre. Para recuperar la autoridad hay que recuperar la dimensión religiosa del hombre y el interés por el conocimiento y la filosofía.

Me parece muy interesante el matiz que se hace sobre el poder, ya que al comentar las teorías del liberalismo se entiende como poder negativo, coercitivo. Pero el poder también tiene algo positivo, un aspecto esencial sin el que las comunidad humana no podría existir: “Este poder emana directamente de la comprensión de las cosas, del mundo, de  uno mismo y de los demás, y se manifiesta con ganas de compartir lo que se ha comprendido, la bondad y el beneficio que reporta el conocer la verdad, así como el afán de ayudar al prójimo haciéndolo partícipe. Sin la experiencia de este poder el hombre no puede ser feliz. [….] Se trata del poder de la gracia, que no exige, no pide nada a cambio pero moviliza y arrastra por su bondad y por el goce que genera y transmite” (LCC, cap.VII).

Sergi Font: He volgut fer una analogia en la creació del so a través del cos per aconseguir la veu i els conceptes d’autoritat i poder. L’autoritat són els pulmons. Ells són els encarregats de portar l’aire, l’energia i de graduar-ne la intensitat. Sense pulmons no hi ha veu. El poder és el coll. El coll a través de la tensió dels plecs vocàlics. A vegades volem crear el so amb el coll. Creiem que forçant més la veu i el coll podrem tenir el mateix so, però no és així. Falta l’energia que ve dels pulmons.

Gemma Alsina.:

Indagant en el llibre de La Ciutat Captiva el pensament polític clàssic-tradicional, he anat descobrint al llarg de la lectura una ciutat que, més enllà d’un espai construït també remet a l’estructura de la ment humana, la convivència i la organització comunitària, on és precisament la política, on apareix com una nova forma de pensar la societat, el cosmos i també nosaltres mateixos. Es dona, llavors, un sentit a la civilització i la cultura, recuperant el pensament arcaic, l’humanisme d’Occident i les filosofies de la cultura oriental, on l’urbanisme i la ciutat es desenvolupen des de l’època remota.

L’ànima s’ha comparat moltes vegades a una ciutat-paradís, que es perd i es recupera. La ciutat ha estat considerada en els seus orígens una imatge de l’home i del cosmos. Els pobles antics, els mayas, els asteques, els egipcis, els sumeris, els xinesos, els hindús, els grecs, els romans  van establir els seus assentaments mitjançant rituals màgics religiosos, que convertien les noves urbs en ciutats sagrades, que connectaven l’humà amb el diví.

Les imatges en el llibre de La Ciutat Captiva són una constant: ens ensenyen a pensar, a actualitzar la memòria  i la manera de filosofar mitjançant la geometria, on les idees  de Plató i Pitàgores cobren protagonisme ajudant d’una manera pràctica a deixar enrere tot allò que ens fa presoners a la “ciutat captiva”.

La ciutat captiva pels ciutadans pot ser una presó o bé un alliberament i un desenvolupament creatiu de l’ésser humà. De nosaltres depèn que la ciutadania pugui ser alliberada i recobri novament la justícia com era abans a la ciutat que encarnava l’ordre, la raó i el ser. Ajudant a recuperar antics conceptes com col·laboració, ajuda i servei als altres, responsabilitat, compromís personal… podrem alliberar-nos de les opressions. La ciutat, o polis, seria una empresa alliberadora de l’home.

A mesura que ens hem anat endinsant al llarg del temps i conseqüentment de la història, hem pogut constatar com les ciutats han crescut d’una forma caòtica sofrint una desvinculació del pensament clàssic-tradicional, canviant, fins i tot, l’essència  de moltes paraules, que han anat perdent el seu significat original.

La ciutat és una manera de pensar el territori, de pensar la comunitat política, la polis, i també de pensar l’ànima humana.

Sergi Font i Domènech.:

“El primer lloc de transformació és a la nostra ànima”(LCC, cap.VII) Ho relaciono molt amb les acampades que hi ha hagut aquests dies i amb la sentència de Sòcrates: que per canviar el món els primers que hem de canviar hem de ser nosaltres. Hem perdut la voluntat de conèixer-nos interiorment; ho volem solucionar amb un coneixement exterior (la imatge)…Recuperar la dimensió religiosa dels homes, o almenys l’interès per a la filosofia.

A la nostra societat sembla que l’autoritat la posem en els mitjans de comunicació com encarregats de “vigilar” al poder? L’autoritat en el nostre Estat la donem al rei? Però no està “fundada” aquesta autoritat? és ell qui hauria de fer de Samuel?

J.O.P.: Els mitjans de comunicació en realitat funcionen com a “quart poder de l’Estat”, més que com autoritat. Estan en relació directa amb els tres poders. Sobre tot amb l’executiu i el legislatiu, que sense ells no poden expressar-se ni exercir la seva influència. Els mitjans son part del poder polític estatal de les nacions contemporànies.

L’autoritat, al no estar institucionalment reconeguda (a part de la que és inherent al parlament i a la judicatura), funciona de manera difosa: apareix en tots aquells moments en que una espurna de saviesa i sentit comú penetra a les ments dels dirigents i torna bones les seves accions polítiques. Qui encarna avui aquesta autoritat? Com sempre, és la tradició i els seus portaveus, però això es produeix de manera “socialment inconscient”, en la vida privada dels individus: a casa, a la societat civil,no en l’escena política oficial, sempre entre bastidors… Funciona, però només per via “underground”. Externament segueixen predicant els portaveus religiosos, els científics, els pensadors, etc.´però cap d’aquests col·lectius és reconegut per l’Estat modern com una autoritat que estigui per sobre de les seves decisions i les seves polítiques. Encara que formalment democràtic, segueix sent un estat absolutista, heredat dels monarqes rebels…

És veritat que la monarquia moderna, o constitucional, conserva algom de l’antiga funció d’autoritat. La prova és que en alguns casos la seva intervenció autoritzada és decisiva: com ho va ser a Espanya davant l’intent de pronunciament militar del 22F… però d’aquí a pensar que un reietó dels moderns pugui tenir l’autoritat espiritual d’un profeta, i que el poble i els dirigents obeeixin les seves inspiracions sense problema, hi ha una llarga distància!

S.F.D.: En la línia de recuperar el coneixement per la nostra dimensió religiosa… hi ha la dimensió interna dels homes, la de l’ànima. També es pot relacionar amb la dimensió energètica dels homes. Una dimensió que no l’estem treballant.

J.O.P.: Efectivament, recuperar l’interès per la vida interior, pel cultiu de la virtut i el desenvolupament de la consciència, significa a la vegada elevar el nostre nivell energètic. No és debades que hem elegit com a títol del blog on estem escrivint “Art de l’Energia”, traduint el terme xinès txikung (chi-kung, o qi-gong).

Evaristo Aguado Raigón.:

A lo largo de estos meses, en algunas ocasiones me he referido a mi gusto por leer autores centroeuropeos del periodo de entreguerras. Ellos recogen por una parte la nostalgia y la inseguridad que sienten por la caída del Imperio Austrohúngaro que acababa con la herencia del Sacro Imperio y donde se habían mezclado culturas, razas y religiones distintas y única a la vez; de otra sienten miedo ante lo que se avecina o ya ha llegado.

Efectivamente, la revolución bolchevique ya había triunfado e incluso Stalin había alcanzado el poder  y el fascismo había llegado al poder en Italia y Alemania. Todos estos autores, muchas veces llenos de amargura, reflejan la sociedad de su época y recogen la forma de pensar y de actuar de Stalin y Hitler primordialmente. Tanto uno como otro siempre hablan de “desafío del poder”,   “la preparación para la lucha por el poder”,  de “la lucha por el poder”, “a las puertas del poder”,  “la conquista del poder”. Yo no había reflexionado en estas frases que los tiranos totalitarios repiten. No había caído en que hablan siempre de poder y nunca de autoridad.

En nuestra Ciudad Cautiva he encontrado la respuesta a mi falta de reflexión. Ellos no ejercieron nunca la autoridad, ostentaron el poder. Jamás tuvieron autoridad porque ejercieron la violencia, jamás ejercieron la verdadera política porque no buscaron el bien común. No utilizaron la fuerza de la verdad. Desplegaron un poder pervertido moralmente. Utilizaron las mejores virtudes de los ciudadanos – fidelidad, obediencia, honorabilidad, honradez,  valentía- para alcanzar su objetivo: el poder sin autoridad. No les interesaban las personas. Se valieron de un principio que sigue imperando en nuestra sociedad “quien manda tiene razón”.

En estos momentos, estoy cansado de los que dicen ejercer la política. Me ha reconfortado el principio de la política, la razón de ser de la misma que se establece en el aparatado “Samuel o la autoridad espiritual” Este principio es la felicidad del hombre. ¡Cuánto ganaríamos si  la autoridad espiritual ayudara a cada uno a encontrar la felicidad conociéndose a sí mismo!

Llevo unos años que, entre otras actividades, realizo coaching con numerosos directivos de empresa. Mi labor es fundamentalmente socrática, hacerles preguntas que les ayude a una mejor comprensión de sí mismo. En muchas ocasiones cuentan complejos problemas y cuando les dices pero tú ¿en qué fundamentas tu vida? … si de verdad sienten el ansía de autoconocerse, surge la apertura del corazón, que los lleva, quizá primero al dolor, pero después a la paz, al bienestar, a la felicidad.

Joan Bahr .: Tal vez ingenuamente he entendido que la separación entre autoridad y poder, tiene su explicación, en el modo más práctico de separar en el hombre, su conexión mundana, de su conexión divina. El dirigente, para ejercer, no debería enajenarse del mundo y de sus comportamientos mundanos. Y no debería hacerlo para estar cerca de su pueblo, comprenderlo, amarlo y ser amado por él. Nuestro monarca, verbigracia, es muy dado a este tipo de comportamientos y querido por su pueblo en general. Al otro lado, la autoridad, si está muy entreverada con el mundo del que tiene que distanciarse para velar por él, carecerá de la claridad que requiere para asesorar providencialmente. He aprendido en este capítulo la sensatez de esta separación para preservar un buen gobierno. Mientras el dirigente, está muy vinculado al mundo por la relación de poder con él, la autoridad se autosatisface en su sabiduría y no precisa de reconocimiento expreso. Luego, mientras el dirigente es corruptible, la autoridad no lo es, por este motivo, la acertada eficiencia de este binomio ancestral en la forma de gobierno.

Catherine Lecuyer.:

¡Qué interesante es meditar sobre la diferencia entre autoridad y poder! Tiene muchas implicaciones en la vida de la política, de la empresa, de la familia y de la persona misma. La crisis de confianza actual a todos estos niveles (incluso a nivel de la propia persona), ¿no es consecuencia de la crisis de la autoridad que es síntoma de haber dejado de “conocer la naturaleza y las leyes que afectan una cosa o un proceso (…), de tener “sintonía con la naturaleza de las cosas, en último término, con la verdad”?

La perdida de la autoridad, conduce a la perdida de la fe humana en quién nos deberían guiar a lo largo de nuestro viaje vital (los padres, los educadores, los jefes, los políticos, etc.). Cuando ocurre la perdida de la fe humana en la autoridad, caemos en un estado de cinismo generalizado.  Todo vale, todo depende, todo es relativo.  Entonces los que mandan pasan al plano del poder y pondrán orden a través de castigos y imposiciones, los cuales acaban generando anticuerpos que tienen el efecto opuesto al deseado.  O bien implementan “incentivos”, que suelen ser insostenibles porque son recompensas que generan comportamientos condicionados, no libres, y crean dependencia hacia las personas, las instituciones o los gobiernos que los promueven.

Si estuviese en la próxima charla, me gustaría sacar el tema de la separación de los poderes temporal y espiritual, y relacionarlo con el tema de la autoridad y del poder.  ¿Es correcto atribuir la autoridad al ámbito espiritual y el poder al ámbito temporal?   No tengo claro si es así, creo que en ambos ámbitos, hay situaciones para ejercer la autoridad y otras para ejercer el poder.  El matiz es que el poder de cada cual no debe nunca exceder su jurisdicción.

J.O.P: correcto! Muy bien explicado. En realidad los dos llamados “poderes”, son la autoridad y el poder. Hablando con propiedad estas son las dos funciones arquetípicas de todo gobierno (coordinación, liderazgo, dirección, etc). Tomamos la autoridad y el poder en el plano empírico de sus manifestaciones concretas, instituídas -por ejemplo el episcopado, el papado, laclerecía cristiana, por  una parte, y los príncipes, magistrados, ediles, próceres de las ciudades reinos y dominios de esa misma cristiandad- entonces veremos que dentro de estos dos tipos de actores concretos, se reflejan también los dos arquetipos principales. De tal modo, que resulta siempre que en el plano material observamos inevitablemente cierta mezcla. Ahora bien: toda la calidad, la eficiencia y la durabilidad de la acción y las obras políticas, depende de este margen de fluctuación entre la función de autoridad y la función de poder. Cuanto más nítidamente discriminadas y diferenciadas están ambas funciones, más fácil resulta su armónica combinación, y más sólido y duradero es el ámbito de civilización (el reino, el imperio, la nación, la organización) que de ellas depende. Juega aquí un principio alquímico, también actuante dentro del matrimonio: cuanto mejor distinguidos y discriminados están los dos polos interactuantes, más energética, vitalizante y luminosa es la chispa (el vínculo) que se genera entre ellos, mejor se combina su interacción creativa.

La reflexión especulativa sobre estos temas tan importantes, actuales y profundos se realiza a la vez en los distintos niveles de la ciudad: la organización sociopolítica, el teatro del mundo, y la economía particular de la persona (microcosmos) que sólo puedo comprender partiendo de mi mismo. Es importante recordarlo, como venimos haciéndolo durante todo el curso, para no limitar el planteamiento a un sólo plano (por ejemplo: el Papado y el Imperio en los tiempos de la cristiandad), porque entonces la verdadera comprensión resulta casi imposible. De un modo particular, en Occidente, la manera dramática como las dos funciones se han confundido y solapado exageradamente en las mismas personas o agentes, dificulta enormemente la visión de los arquetipos en la trama argumental de nuestra historia. En Egipto, en la India, en la China… civilizaciones muchas veces milenarias, la lectura de la trama argumental es mucho más fácil.

Joan Rabal Bosch.: Después de varios meses sumergido en la lectura de La Ciudad cautiva, llegamos al final del libro y del recorrido a través de la historia del pensamiento político. El viaje me ha resultado muy interesante. Me ha servido mucho desde el punto de vista personal para conocer más acerca del pensamiento análógico y para entender que cada uno de nosotros somos una pequeña ciudad que necesita de un correcto gobierno para conseguir el fin último que es la felicidad. A través de los diferentes autores que van apareciendo a lo largo del libro vemos como con el fin de la cristiandad como sistema de organización social Occidente entra en una época de crisis, que degenera en las monarquías absolutistas primero, en las posteriores revoluciones y en los imperialismos del siglo XIX, el nazismo y el comunismo, etc.

Parte del porqué Occidente entra en esta dinámica de crisis y conflicto constante se explica en este último capítulo, cuyo tema es la diferencia entre la autoridad, fundamental para el correcto funcionamiento de cualquier sociedad, y el poder. Este último, que hoy en día se encuentra aislado de la autoridad, es el que genera las tiranías dejando de lado el buen gobierno y el bien común, que debe ser el fin de cualquier sociedad. Pese a este destierro de la autoridad, esta se encuentra de forma más o menos consciente en las pequeñas polis que somos cada uno de nosotros. Nuestro trabajo ahora debe ser, a través de la tradición y mediante la meditación y la profunda reflexión potenciar nuestras virtudes para mejorar nosotros mismos y ayudar a mejorar a los que nos rodean.

Beatriz Lucaya.: El cuento del vestido del emperador ilustra de una manera fácil el tema de la autoridad y su relación con el poder y el como se llega a manipular a las masas. (…) Sobre el tema de que la autoridad no es poder, he reflexionado (…) como profesora: me gano la autoridad y de paso puedo ejercer poder con mis alumnos en mis clases bien dadas y en el ejemplo que les pueda dar. Sólo si ejerzo esa autoridad bien usada puedo ganarme el poder con ellos. Pues si yo me comprometo con la verdad, podré guiar a mis alumnos en hacerles crecer individualmente y formaré a esos futuros dirigentes de esa ciudad que espero que no sea “cautiva” más bien que les de paz.

J.O.P.: Claro, la auténtica política es la que tiene el centro y el origen en el corazón humano: en el de cada uno de nosotros cuando tenemos abierto el “canal de luz” que nos conecta con las luces superiores que fluyen  como lluvia de gracia desde más allá de la “caverna”.

La idea de que este nuevo tipo de Estado, el moderno, surge como forma de rechazo a la autoridad espiritual, nos muestra lo limitado que se queda el hombre  no pudiendo dar un sentido más profundo al verdadero concepto de Estado, lo deja desnudo , como al emperador con su traje nuevo.

J.O.P.: Éste tema, Beatriz, es hoy difícil…sobre todo porque a la mayoría que opina sobre política le falta información para poderlo comprender, y la minoría cultivada (principalmente los especialistas) no quiere ni plantearlo: es una bomba que hace estallar el Estado desde sus fundamentos. La cuestión  más importante, que vosotros sí podéis empezar a captar, es que, previamente a la instauración revolucionaria del Estado moderno, no existe un sólo estado, sinó varios: son los célebres estamentos, correspondientes a las (tres o cuatro) funciones básicas que hemos venido estudiando en nuestra incursión al pensamiento clásico-tradicional y laidea de la “ciudad sagrada” que conlleva.

En efecto, los antiguos estamentos  son en realidad distintos estados (y así se los llama frecuentemente), con leyes distintas y formas de organización distinta, derechos y deberes distintos, etc. Una civilización tradicional (o una ciudad antigua, pueblo tribal, sociedad arcaica o primitiva) es en realidad una forma de articulación inteligente y estable entre los distintos estados. Eso fue en Europa la cristiandad. La rebelión monarquista desfigura el modelo y lo corrompe. La revolución lo destruye e intenta implantar por doquier el Estado único, homogeneizador, autoritario aunque formalmente se quiera demócrata, preñado de luchas internas y externas, ávido de explotación y crecimiento sin límites. Este Estado único se construyó por abolición de los tres restantes, tomando como base el Tercer Estado.

B.L.: ¿Cómo es posible que surja algo bueno de un inicio que ya empieza ausente de lo verdaderamente importante?¿Cómo van los políticos modernos a ejercer la autoridad si la han perdido y ellos mismos han rechazado a la autoridad espiritual?

E n la página 392 de LCC he releído y meditado varias veces el ultimo párrafo “…el paradigma científico del racionalismo liberal comporta el olvido del pensamiento analógico. Entonces cae en la literalidad y se somete a la dictadura de las apariencias…” Es en este momento en que todo depende de cómo uno lo lea y es cuando caemos en el relativismo y subjetivismo que hoy nos tiene cautivos, no vemos más allá de lo literal ya que falta lo espiritual que es la única fuerza de la Verdad.

Francamente acabar su libro me ha dejado dos sensaciones: por un lado, la sensación de haber hecho un largo recorrido a través del tiempo de los verdaderos fundamentos del buen gobierno y por otro lado me he quedado con ganas de seguir. Muchas gracias por haber tenido la oportunidad de aprender , aunque sólo sea un poco , de su gran profundidad en el conocimiento y en el intentar comprender los símbolos y signos de nuestros tiempos.

J.O.P.: Todo este trabajo, para los que tan bien habéis sabido corresponder, no ha sido más que un inicio. Hay que seguir en esta línea (meditación y estudio) partiendo de las enseñanzas del pensamiento clásico-tradicional, que iréis reconociendo por doquier en forma de símbolos, mitos y ritos. El camino está trazado, la baraja en este juego está trucada, el éxito es seguro!!!

Daniel Huchet.: Gracias a la lectura atenta de este capítulo he podido comprender la necesidad de un gobierno que siga el sabio consejo de la autoridad espiritual y que ésta encuentra su fundamento en la historia, en la institución y en la religiosidad. Que la razón de nada sirve si no conecta con el corazón místico de la religiosidad que es la doctrina del Amor, de lo Bello y de lo Bueno.

Quisiera aclarar tantas cosas… Suerte que tenga toda la vida por delante para poder descifrar la simbología del mundo gracias a las nuevas lentes que me he ido confeccionando a lo largo de la asignatura. Lentes de una óptica tan clarificadora que me inducen no sólo a ver allende lo concreto sino que con arreglo a su nitidez consiguen dar luz y forma al movimiento solidario, a la acción que se desencadena por la conexión con el intelecto, por el resorte del corazón.

Todo está en nosotros, el principio y el fin:

“¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!

Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba.”

(San Agustín de Hipona).

El cambio empieza por uno mismo. Todo empieza por uno mismo.

José María Xipell Font.: -Me gustaría hacer una breve consideración –sintética y resumida- sobre el último capítulo, debido a la intención a dar mayor espacio a la meditación del símbolo, y que me parece que es la clave del problema de nuestra ciudad cautiva contemporánea: el problema de la autoridad y todas sus implicaciones, ligadas estrechamente a la Verdad.

La falta de autoridad en base a la verdad ,y pervertida por el ansia de poder de nuestros mandatarios –y por la pasividad y falta de compromiso de nosotros, los ciudadanos- nos ha llevado a ser esclavos de un sistema que se alimenta en su maldad: no sólo no reconocemos una autoridad, si no que no podemos encontrar una ciudad segura y abierta, como la polis celestial de las doce puertas; ya no brilla el fuego en el altar del centro de la ciudad, sino que brilla el interés egoísta de cada individuo; ya no existe el pacto, ni la verdadera solidaridad, ni la dialéctica, sólo el insulto y el desprecio para pasar por encima de nuestros semejantes…nos hemos convertido en una ciudad ególatra, sin proyectos en común y sin un poder que se base en la verdad. Sólo importa uno mismo.

¿Cómo puede la ciudad volver a ser libre? La solución, desde mi punto de vista, pasa por recuperar la verdadera autoridad: no es suficiente una transformación del sector poderoso y dirigente al modo revolucionario, si no que los que debemos cambiar somos los ciudadanos: volver a la solidaridad y al amor, construir un proyecto de ciudad en común para experimentar un proceso de conversión interior, y poder reestructurar la polis, teniendo en cuenta qué queremos y a quién elegimos para comenzar la reconstrucción. Y lo más importante: no nos demos por vencidos, cambiemos a quienes tenemos cerca, influyendo en cada vida y en cada persona, que es como verdaderamente se cambia la Historia.

MªJesús Castel.:   Como ya comenté en el pasado ejercicio, cada vez he ido entendiendo mejor la obra en la que hemos estado trabajando y honestamente he de decir que la lectura de los dos últimos capítulos, capítulo VI (La ciudad utópica) y éste último, me han dado una visión global de todos los contenidos que hemos ido tratando a lo largo del curso. Me ha parecido muy interesante toda la explicación de la relación entre las dos funciones básicas de la política, la autoridad y poder, así como el paralelismo con  las dos facultades anímicas, el intelecto y la razón y los símbolos que las representan, la llave y el cetro. Resulta curioso que la sociedad política del liberalismo rechace por completo la autoridad espiritual pero que sin embargo la sociedad real siga considerado la vida humana inconcebible sin esta autoridad (…). Si la  sociedad de a pie sigue creyendo en la autoridad, sigue ésta en cierta medida influyendo en la vida política y, por tanto, en el Estado. ¿Sigue siendo así en la sociedad del siglo XXI?

Para dar respuesta a la pregunta formulada debemos tener en consideración que el buen gobierno depende de la sumisión del poder temporal a la autoridad espiritual y de la fluidez y armonía entre ambos. Además, tal como se considera en el pensamiento clásico-tradicional, la autoridad es necesaria para que la pequeña ciudad que es la persona sea feliz. Actualmente el poder no está sometido a la autoridad y por lo tanto no tenemos un buen gobierno. Sin embargo, hay personas que se pueden considerar felices por lo tanto sigue habiendo gentes que creemos en la autoridad espiritual y con el tiempo creo que se conseguirá influir en la vida social y política y en el poder.

La Ciudad Cautiva acaba con un párrafo <de Hannah Arendt> que merece un tiempo para reflexionar: “Estamos en peligro de olvidar […] vamos a quedar privados de una dimensión: la dimensión de la profundidad en la existencia humana. Porque recuerdo y profundidad son lo mismo, o mejor dicho: no puede el hombre profundizar sino a través del recuerdo”. Estoy totalmente de acuerdo con esta afirmación, la sociedad actual tiende a rechazar todo lo pasado y a olvidar las tradiciones para ensalzar todo lo nuevo y futuro. Creo que se ha de conseguir un equilibrio: los avances y el bienestar de nuestra sociedad actual se han de valorar pero sin olvidar todo lo que fue.

Respecto al término “tradición”, me ha parecido muy interesante la definción que se hace. Así, si se entiende la tradición como la transmisión de los medios de conocimiento, es inevitable ligar los conceptos autoridad (espiritual), tradición y religión, llegando así a la idea fundacional y la creación de la comunidad humana.

La lectura del libro junto con las extensas explicaciones recibidas en clase y los elaborados comentarios de los compañeros en éste blog me han hecho reflexionar, mostrar interés por el pensamiento clásico-tradicional y cuestionarme aspectos de la sociedad actual que de otro modo quizás no hubieran llamado mi atención. Por todo ello, gracias a todos.

…quiero ampliar a explicación del mito de la Caverna, y las diferencias o similitudes entre las dos formas de representación, la rectangular y la esférica, que se exponen en La ciudad Cautiva; <así mismo>, la relación de los conceptos autoridad, tradición y religión.

Tatiana Cucurull.:

“La función de autoridad en sí misma no ejerce mando alguno, ni violencia, ni tan siquiera tiene que comprometerse con la ganas de influir en la política” (LCC, cap.VII)

La autoridad no debe ser coercitiva sino que, en realidad, la idea de autoridad debería llevarnos a la idea de verdad. La autoridad debe ser objetiva y nunca lleva consigo exigir obediencia pues pasaría a ejercer la función de poder. El hombre, como sujeto libre, puede asentir o rechazar la verdad que conlleva la autoridad: en su mano está someterse o no –concepto que en nuestra sociedad contiene una concepción peyorativa- a la figura de un mandatario que considera verdadero-bueno, a quien queda vinculado en cuanto su deseo de ser un ciudadano feliz.

“La autoridad espiritual propiamente dicha es precisamente aquella función de conocimiento, o mejor, de autoconocimiento, que guía al hombre hacia la comprensión de sí mismo y, por tanto, a la felicidad” (LCC, cap.VII)

Todo hombre tiene la necesidad innata de conocerse a sí mismo. A través del autoconocimiento y de la propia contemplación, que es lo más importante y esencial, podemos acceder a todas las cosas, desde lo más terreno hasta Dios mismo, y encontrar en cada cosa la verdad, en cuya atracción natural se encuentra la verdadera autoridad.

“Un gobierno será legítimo en la medida en que el poder se halle en sintonía con la autoridad” (LCC, cap.VII)

Gobierno y autoridad deberían ir siempre de la mano. El gobierno debe conseguir el bien común de la comunidad -conocer la naturaleza humana y las condiciones de su felicidad-. La autoridad debería ser el ejercicio del poder reconocido y entregado por los propios ciudadanos, algo que dista mucho de ser real en nuestro tiempo, con el ejercicio de una democracia pasiva y deformada: es la única que puede ayudar al gobierno y al ciudadano a lograr su sintonía.

Pablo Díaz Hevia.: He aprendido en este capítulo, así como en todo el libro, la noción verdadera de política. Hoy en día la sociedad vive en la mentira y no en la verdad. La verdadera política consiste en poder gobernarse con eficacia, consiguiendo paz, desarrollando la dimensión espiritual y reconociéndola como clave en el proceso de gobierno interior, en dos palabras, teniendo vida interior. He visto como hoy en día la mentira vive en las personas al obviar totalmente esta dimensión espiritual y por consiguiente vivir en el desgobierno. Sin esa dimensión espiritual la verdadera política es imposible.

He visto también todas las analogías genialmente explicadas entre autoridad y poder. He comprendido como los que hoy se llaman la clase política tienen como fin el poder y no la autoridad. La verdadera autoridad empieza en uno mismo con un gobierno eficaz, luego está la autoridad familiar, luego la espiritual y así progresivamente. El poder ha de estar encuadrado en la autoridad y esta tiene la verdadera fuerza, la de la verdad. La autoridad guía al poder y si no hay una relación clara entre ellos hay corrupción y decadencia. He comprendido como el poder sin autoridad está fuera de control y en el mundo de hoy en día necesitamos recordar para no volver a cometer errores.

El hombre busca casi por instinto la felicidad, y esta sólo se puede conseguir con autoridad espiritual sobre uno mismo. El hombre para ser feliz ha de mirar para adentro, ha de seguir la autoridad espiritual, ha de recuperar la doctrina del amor, del beneficio, de lo más bonito que sale del corazón.

Comentarios de los alumnos Master-UIC a La Ciudad Cautiva (cap.V – Contractualismo: el pacto fundacional):

Evaristo Aguado.:

Comentario a La ciudad cautiva.( Seminario 8. Capítulo V).

Septiembre de 1970. Mi familia pasaba siempre este mes en nuestro lagar de Montilla, denominado “Santa María” Disfrutábamos de la vendimia, escuchábamos los cantares de las vendimiadoras y de los hombres que estrujaban los racimos en la lagareta. Olor a mosto recién exprimido, y a ácido cuando empezaba a fermentar en las grandes tinajas de arcilla. Al atardecer se reunían, sentados en la puerta de la casa de campo, en cómodos sillones de mimbre blanco un grupo de intelectuales del momento, la mayoría juanistas, aunque no faltaba algún tradicionalista. Recuerdo a un dramaturgo conocido, algunos que habían pasado un tiempo exilados por el Contubernio de Múnich. Y nunca faltaba Francisco Elías de Tejada, Paco como le llamaba mi padre. Los adolescentes nos sentábamos frente a ellos sobre un poyete que nos separaba de un mar de vides maduras para recoger la uva. Siempre a moderada distancia para no entrar en las conversaciones de los mayores.

Paco preguntó a mi padre “y ¿qué va a hacer el niño?” Mi padre me llamó y yo dije que Arquitectura.  Con el carácter impulsivo que le caracterizaba y los ojos saltándosele, chispeantes, gesticulando sin parar,  empezó a perorar y a decir que aquello era imposible, que yo tenía que hacer Derecho “como  Dios manda”. Gabriela, su mujer, le pedía que se calmara y que no me asustara, que me iba a hacer aborrecer el Derecho.  Me convenció aquel discurso idealista, lleno de vehemencia.

Un año después me sentaba en la Hispalense, en el edificio de la antigua Fábrica de Tabacos, siempre en primera fila en la clase de Elías de Tejada. Clases polémicas donde las haya: el iusnaturalismo ocupaba un primerísimo lugar y sus anécdotas de los viajes por el mundo. El de África era buenísimo. ¡Qué pena haber perdido los dos libritos que me regaló el primer día de clase sobre el Iusnaturalismo escritos por él!

Mi sorpresa de este capítulo es reencontrarme con Elías de Tejada 41 años después. Recordar sus comentarios a la cultura y tradición catalana que me sabían a chino en aquella época, sus comentarios de Eiximenis y del Padre Mariana. Grabadas se quedaron en mí, algunas clases que he vuelto a vivir con el doctor Olives, fundamentalmente su denuncia del Iluminismo (como siempre llamaba a la Ilustración) que había reducido al hombre a individuo, y que pretendía ignorar la historia, a la naturaleza y a Dios y que construye una sociedad artificialmente organizada, arbitraria e implícitamente totalitaria.

Tampoco se me olvidará en la vida su clase sobre el tiranicidio.

Pero como no debo escribir más de media cuartilla, paro de recuerdos que para algunos pueden parecer trasnochados.

*

Cuatro frases de La ciudad Cautiva (cap.V) comentadas por Tatiana:

“La sociedad en su conjunto puede verse como un vasto sistema de pactos, contratos, constituciones y comprom misos de todo tipo, empezando por el mism mo matrimonio y siguiendo por las asociacio ones voluntarias y las empresas hasta los pa artidos politicos”.
Los seres humanos tendemmos a sociabilizarnos y a unirnos en gr rupos y ademas necesitamos de un gobiernoo, pero para que una sociedad funcione nece esitamos de unas normas o pactos entre noso otros para que las relaciones funcionen, desd de las cosas mas basicas -como puede ser un na relacion sentimental o una familia-hasta een las relaciones comerciales o las relacione es con el gobierno. Pero lo verdaderamente importante es que los pactos se ciñan a la natuuraleza de lo que regulan, que sean verdadero os –en el sentido mas hondo de la palabra-, pues de modo contrario sucede que se conv vierten en formas vacias, en falsedades que deesvirtuan nuestras relaciones.

Por el pacto una comunidad se compromete a obedecer a un señor o grupo de gobernantes que ella elige

Toda comunidad se rige por unas leyes a las cuales ha elegido someterse, y que se compromete a seguir y a obedecer: no es un mero servilismo, si no una decisión libre y consciente que busca guardar el orden de la ciudad y la búsqueda del bien. Muchas de ellas son explícitas, pero también hay que son implícitas y aceptadas igualmente por la mayoría.

El pacto implica el establecimiento de unas leyes pactadas, que por el hecho de ser explícitas al común, y publicadas, pasan a ser leyes positivas”

En la ciudad es fundamental estar regido por unas leyes, ya que la falta de dichas leyes implica un gobierno tiránico: así, una comunidad regida por buenas leyes limita al gobernante en sus funciones y prohíbe al que gobierna establecer sus propias leyes. Dichas leyes son consecuencia de un consenso de la comunidad que se han sido publicadas, explicitadas y por eso deben ser cumplidas por todos.    

 “La libertad es la señal más obvia de la dignidad humana y también de la igualdad entre los hombres”

La libertad es el punto en común que tienen todas las personas (…) nos hace iguales. Toda persona debe tener libertad y ser libre de verdad.  (…) Pero existe algo muy importante y que no podemos obviar: tenemos que aprender a ser libres, pues el mundo moderno nos ha inculcado que la libertad es la mera elección, cuando en realidad es una propiedad humana mucho más elevada, puesto que nos permite descubrir también el bien y la verdad de todo lo que nos rodea, por lo que podremos pensar y actuar en nuestra vida de la forma más acertada, de la forma en la que podamos ser plenamente felices.

Beatriz Lucaya.: La idea del pacto y el juramento (…) como compromiso está vigente (…), hoy los políticos juran las constitución y se comprometen (…), aunque por desgracia no siempre es así. (…) el poder político es un poder artificial, que implica dominación, y que aparece como un mal necesario (…) ligado a la idea de ciudad.

Sergi: El concepte de virginitat a ulls de l’Antic Testament com s’entén de cara a Déu? Si adulteri és no seguir la llei de Déu, què és la virginitat?

J.O.: A la doctrina bíblica del pacte (o aliança) apareix, efectivament el concepte “adulteri” com un dels fonamentals, ja que el sentit d’aquesta doctrina descansa en el simbolisme matrimonial. Llavors, trencar un pacte (qualsevol pacte) és una cosa comparable a un adulteri. Aquí la virginitat no hi té cap paper. Lo contrari de l’adulteri és la fidelitat. La fidelitat vol dir ser consistent en el compromís (el jurament, el pacte, el contracte, etc). La fidelitat al compromís amb la parella (el matrimoni) és una figura (un símbol) que ens permet entendre l’Aliança de l’Home amb Déu, explicada a la Biblia una i altra vegada en diversos escenaris i protagonistes (Noè, Abraham, Moisès, etc). La fidelitat en tots aquests casos és l’arrelament del nostre cor en Déu: en tot moment, aquí-i-ara, sigui el que sigui que estem fent, tractant, sentint o pensant. En el platonisme es diu que els éssers humans corrents acostumem a estar distrets, oblidats d’aquest arrelament que és la nostra causa, el nostre Ésser, la nostra Salut, el nostre Origen, la nostra Fi. Això mateix ho significa de manera excel·lent la Nova Aliança (el Nou Pacte, la Nova Llei que Jesucrist aporta, com la Bona Nova destinada a uns nous temps). La distracció és comparable a l’adulteri. La fidelitat és l’arrelament diví del nostre cor, l’intel·lecte obert i despert a la Presència, la Bondat, l’Amor, la Bellesa sempre sent en el rerafons de totes les coses i accions.

S.: El regne de Déu és en aquest món.  Els homes el busquen fora d’aquest món, però és en aquest.

J.O.: Correccte! …els musulmans diuen que el regne de Déu està més a prop que la teva yugular.

S.: Molt interessant la imatge  de la corrupció del poder gràcies a l’ordre de poders que cita Eiximenis. El fet de considerar que el poder que s’allunya del primer <el poder de Déu> ja s’ha degenerat, podria explicar moltes de les situacions que estem vivint avui amb la classe dirigent.

J.O.P.: Sí, amb la classe dirigent tant com amb la “classe dirigida”…

S.: Per altra banda, avui podem afirmar que la relació entre el marit i la muller és recíproca i que es basa en l’amor i no en poder. Així que que les paraules d’Eiximenis han canviat ( “durarà lo que dure el orden jerárquico del mundo”), implica algun canvi en l’ordre jeràrquic? O bé es tracta només d’un exemple que ja s’ha superat. O bé aquesta és una visió errònia i realment l’home té un poder de possessió sobre la dona?

J.O.P.: La relació entre marit i muller, arquetípicament i des de sempre es basa en l’amor més que en el poder. És més: l’amor és el més gran i el més poderós dels poders. Les paraules d’Eiximeis no neguen aquesta realitat. Es refereixen al poder natural, que per estar en la naturalesa de les coses “durarà tot lo que duri el món”. Hi ha, certament aquest tipus de poder entre pares i fills, home i dona, vells i joves, etc., i això no treu que per sobre hi ha el poder més gran de l’amor, sense el qual, els petits poders de mando en el nivell operatiu no poden funcionar. La principal jerarquia és la que posa l’amor per sobre de tots els altres poders (operant en els nivells inferiors). Si aquesta jerarquia és respectada (la Llei de Déu, la Llei de Gràcia) totes les altres jerarquies (tant les naturals com les artificials) funcionen de manera harmònica i efectiva, sense problema. En aquest punt, la modernitat no ha superat res. En canvi ens ha fet oblidar del veritable sentit de la jerarquia, desviant-nos la mirada amb la òptica deformada del feminisme, el qual no és més que l’altra cara del matxisme, igualment dualista.

S.: <Considerant> els tres poders expressats per Eiximenis, el 3r poder no té sentit si es renuncia als altres dos? Com es pot mantenir un lligam amb la font original de poder?

J.O.P.:En efecte, si no respectem el poder de Déu i la llei natural, malament funcionarem amb els poders convinguts pels homes! Per mantenir el Pacte d’Aliança que ens retorna a la font de la nostra felicitat, la nostra alegria, la nostra energia i la nostra força, hem de prendre’ns en serio la vida interior, que en aquest curs estem enfocant amb el m’etode típicament acadèmic de la meditació+estudi (de les fonts classico-tradicionals i no d’altra cosa). Les religions ens donen molts altres mètodes complementaris (oració, vida sagramental, ascesi, himnes, romiatges, festes, etc.).

Pablo: La fallida alianza entre los hombres y Dios hace que, Dios por su misericordia, quiera crear una nueva alianza. La crea por medio de su hijo Jesucristo y nos hace partícipes a todos, de todas las generaciones pasadas y futuras. Por medio de la unión con el hijo mediante la eucaristía entramos en la completa religazón.

J.O.: Correcto! casi demasiado correcto… porque la doctrina católica se hace más comprensible cuando hacemos el esfuerzo de traducirla un poco a términos más vivenciales. A través de la meditación (y los sacramentos), estas grandes verdades pueden ser reconocidas en nosotros mismos. Entonces las podemos también explicar a nuestros contemporáneos con un lenguaje nuevo, que las acerca y las hace más reales. En la universidad, por ejemplo, la doctrina católica és difícilmente transmisible (y menos en una sociedad como la nuestra que mayoritariamente ha perdido el contacto con la enseñanza tradicional y, además, abriga fuertes prejuicios en contra) y sólo puede ser dada a compartir mediante el uso de un lenguaje indirecto, filosófico, que no eche para atrás a los oyentes, y a la vez transmita lo más posible la realidad viviente de la Verdad y la Persona, que   son el asunto mismo de la religión. En la modernidad no hay más remedio que traducir continuamente los contenidos de la doctrina tradicional, ya que el lenguaje antiguo está gastado y desvirtuado para la mayoría. Es solamente para una élite que ha tenido la suerte de haber recibido una transmisión. La universidad hoy pertenece al Estado (lo queramos o no) y las enseñanzas que en ella se imparten (aun las más católicas) deben adoptar externamente la forma laica. Otra cosa son los ámbitos donde se desarrolla la pastoral cristiana, o donde se enseñan las distintas doctrinas y prácticas religiosas en general. Comprender a fondo estas cuestiones es importante para poder hacer efectiva la acción en el mundo de hoy, distinguiendo los distintos planos y niveles del “mandala” dentro del cual nos toca movernos.

Pablo:  He aprendido que las leyes no escritas están por encima de las escritas. También he aprendido la nomenclatura de las leyes del mundo y la relación con diferentes personas. Ley Eterna, ley de la gracia-San Pedro, ley natural-Adán, ley de la escritura-Moisés y por último la ley positiva.

He podido leer como la corrupción y las dictaduras son grandes deformaciones basadas en el beneficio propio y no de la comunidad. Si el hombre busca el bien común se conecta con la dimensión transcendente.

La libertad, igualdad y fraternidad es una grandísima forma de gobierno.

J.O.: Esto último no es correcto, aunque sí la intención. Hay que ser más preciso en el lenguaje y estudiar bien la terminología sociopolítica. Según la enseñanza tradicional que el cap.V aporta, cuando el ser humano brilla por la libertad, la igualdad y la fraternidad, que sus actitudes y acciones manifiestan, entonces es cuando precisamente no hace falta ninguna forma de gobierno, ya que nos hallamos en el “estado primordial” (Edén, Edad de Oro, etc.) donde cada ciudadano se gobierna a sí mismo, o mejor, se deja gobernar por el Señor de todos, que es el supremo dirigente, aunque invisible, insondable, misterioso. Libertad, igualdad y fraternidad no son pues una forma de gobierno, antes tres aspectos concomitantes de un mismo estado natural (o primordial) del ser humano: estado que refleja directamente la persona que somos cada uno de nosotros.

Pablo: En la naturaleza y en sus leyes podemos ver la gran obra de Dios. Actualmente (…) conductas racionalistas (…) han visto en el hombre y en la naturaleza medios para ser usados y enriquecerse (…) excluyendo lo ético y lo moral.

Rousseau (…) alienta e inspira las teorías laicistas que asolan hoy el panorama europeo.

Gemma observa “Como al transcurrir el tiempo y las nuevas concepciones de las teorías contractualistas modernas se va perdiendo el propio significado del simbolismo antiguo y poco a poco la política pierde transcendencia, se descentraliza y adopta formas despóticas. Hay un ferviente interés por volver a las antiguas concepciones políticas.

J.O.: Correcto…Sólo una observación. Yo pondría “se descentra” en vez de “se descentraliza”, ya que el despotismo y todas las formas corruptas del gobierno están descentradas, no necesariamente descentralizadas. Incluso lo corriente es que el centralismo sea una forma de corrupción y despotismo.

José María Xipell Font:

-Lcc, cap.V, pág. 302.: “El pacto obliga a ambas partes: a los señores y a los vasallos (…) a los gobernantes y a los gobernados”.

Una vez más, la reflexión sobre la verdadera naturaleza de la ciudad y la realidad que de ella se desprende choca con la visión de la “ciudad” de nuestro mundo contemporáneo, donde la naturaleza del pacto y la relación poder-ciudadanía queda sesgada por una visión parcial e injusta, y que es reflejo de la tiranía en la que vivimos por las “dos partes”: es muy fácil criticar solamente el poder, cuando la verdad es que tanto ciudadanos como mandatarios hemos perdido el verdadero sentido de la igualdad del pacto, con los deberes y derechos que tenemos para con el semejante.

Bea Lucaya .: Me encanta la frase de que el pacto obliga a ambas partes tanto a gobernantes como a gobernados, lo ligo con mi tesis desde el punto de vista de que los valores corresponde transmitirlo a los padres y como los hijos también tienen la obligación de hacerlos suyos. De lo contrario carece de sentido.

José Mª X.: pág. 317. de LCC: (sobre la pérdida del sentido teofánico en el pensamiento de Rousseau): “la naturaleza va dejando de ser un libro revelador y queda reducida a un cúmulo de procesos”.

Tanto la desvalorización de la pyisis, como -en consecuencia- la de la naturaleza material del ser humano, han sido –y son- grandes heridas que arrastramos desde la modernidad. Me viene a la cabeza la imagen del fundamento de una construcción, la cual privada de su base se derrumba. Lo mismo sucede con nuestra propia concepción: si infravaloramos nuestra parte natural-material por ser distinta de nuestra parte racional perdemos nuestro vínculo con gran parte de la realidad, y nos convertimos en meros “sujetos pensantes”, en algo vago y abstracto perdido en meras formulaciones y entelequias, como ha sucedido en los últimos tres siglos de la historia del pensamiento…Hay que volver a la naturaleza, pero debemos conocer bien el camino de retorno.

Daniel ha “descubierto una nueva interpretación del origen del pacto: el contrato civil como solución política para el establecimiento del poder (temporal) como consecuencia de la “caída” desde el estado primordial del hombre donde el poder divino es soberano”; le parece “ muy interesante la comparación entre Rousseau y Eximenis en materia de libertad”, y le “gustaría aclarar qué se entiende por Ley Eterna con arreglo a la clasificación del pensamiento escolástico. ¿Se refiere a la pureza de lo sacro?”

J.O.:  Efectivamente…Comentamos ya en clase esta idea tan importante e imposible de definir y de ser captada por nuestra mente, ya que es ella la que contiene y genera nuestra mente en este preciso momento. La Ley Eterna se refiere a la Conciencia y al Amor, siempre presentes como centro de nuestro ser, aunque no nos demos cuenta.

Joan Rabal.: … no acabo de tener clara la diferencia que existe entre la ley eterna y la ley de gracia ya que esencialmente parecen derivar ambas del propio Dios. Es por esto que agradecería que me aclarara este tema …

J.O.P.: En realidad Eiximenes distingue la Ley Eterna de la Ley de Gracia. Ambas son aspectos principalísimos de Dios, de nuestro Ser esencial. La una es la Consciencia en mayúscula, el campo de conciencia y de luz dentro del cual existimos todas las criaturas, movimientos, cuerpos, células y átomos. Esta Consciencia divina, es a la vez Energía…Y el motor primero de toda la energía cósmica y creacional es el Amor. Por eso la Ley de Gracia, siendo el aspecto energético de la Consciencia, de la Luz (del fiat lux creacional): es el Amor, como ley segunda y universal que mueve todas las cosas.

La Ley Eterna es la Presencia Divina aquí y ahora, y nosotros somos fieles a la “alianza” cada vez que nos acordamos y nos conectamos con ella, reconociéndola, sintiéndola, no con la mente racional, antes con el corazón, el intelecto no dual depositado en el centro de nuestro ser. Cuando el intelecto no le da alcance, nos conectamos a través del amor.

También podemos llamarla Providencia, porque nos provee de todo lo que necesitamos cuando atentos a ella decimos “Hágase Tu voluntad! (…y no la mía)”.

Eiximenis la define con la frase que he reproducido en la página 303 de La ciudad Cautiva: “La Ley eterna es la soberana verdad y justicia infalible que expresa la rectitud del orden del universo”. Me parece muy acertada, y entre la miríada de comentarios que suscita, y que en parte recojo en el libro, vale la pena insistir en esta idea de centralidad y rectitud, que simbólicamente representamos con el Axis Mundi, imagen primera y arquetípica de la Ley en este sentido de Eternidad (de un Tiempo Simultáneo, siempre Presente, que nunca transcurre). En términos del mandala (o del plano de la Ciudad) es a través de la conexión con el centro y con el eje, que nos identificamos con la Ley Eterna. La rectitud del eje, la verticalidad, nos facilita la identificación con la conciencia. Es por el eje que podemos trascender de un plano a otro, viendo las cosas desde un plano superior al convencional, de una manera nueva… Es por este eje que vamos ascendiendo a través de  modos de ver y sentir cada vez más sutiles, más libres, más desprejuiciadas, que nos van acercando a la fuente, de donde fluyen todas las luces, energías y formas de comprensión, creciendo en libertad y en amor “toda ciencia trascendiendo”…como dice San Juan de la Cruz.

Bea L.: En la página 305 se dice que las leyes no escritas son superiores a las no escritas, cuando estudié la carrera de derecho se decía lo contrario que una ley escrita prevalece sobre una que no lo está, ¿Qué sentido tiene?

J.O.P.: El derecho en el Estado moderno ignora  por principio las leyes superiores. las que en nuestro curso estamos llamando “leyes no escritas”. Por eso es un derecho positivista. Sólo reconoce las que “están puestas” por los seres humanos. Desde tal punto de vista, las leyes “no escritas” ya no denotan las leyes superiores, sino cualquier tipo de norma que no ha sido “puesta” (votada, escrita, declarada, en la formulación correcta, en el correspondiente código). Hay que considerar siempre las palabras dentro del contexto en que se está hablando. En este caso, nuestro contexto (clásico-tradicional) es muy distinto del contexto materialista del derecho del Estado moderno.

Gemma observa que” la significación bíblica del término pacto es concomitante en el sentido de ley (Toráh), que se usa en todo momento como denominación alternativa del testamento o alianza.

J.O.: Claro, porque darse cuenta de la bondad de la Ley Eterna comporta las ganas de adherirse a ella, aliarse, comprometerse, jurarla, casarse con ella en plan matrimonial, tal como lo recomiendan los simbolismos bíblicos, o tal como lo hace en todo momento Jesucristo con respecto a la Voluntad del Padre, que el siempre sigue, ama y respeta.

G.: … al transcurrir el tiempo, y con las nuevas concepciones de las teorías contractualistas modernas, se va perdiendo el propio significado del simbolismo antiguo y poco a poco la política pierde transcendencia, se descentraliza y adopta formas despóticas. Hay un ferviente interés por volver a las antiguas concepciones políticas.

J.O.: Efectivamente, se pierde la capacidad de reconocer el simbolismo, y se pierde el auténtico significado de la política. Por eso distinguimos entre la “pequeña política” (la oficial, en el sentido hoy corriente) y la “gran política” (la auténtica y eficaz, la que tiene origen en los pensamientos, emociones y actitudes mentales y motivacionales de cada uno de nosotros). Ésta última es la que tratamos de recuperar con ayuda del curso y la lectura de La Ciudad Cautiva. Yo propongo llamarla sociopolítica, porque incluye también la auténtica sociología.

Mª Jesús.:

Me ha parecido muy interesante la posición de Eiximenis y la disertación que efectúa sobre las tres formas de poder (divino, de los ángels y de los hombres) y a la vez la división del poder de los hombres o político en natural, espiritual  o civil/temporal.

Me ha sorprendido la explicación (…) del pacto como acción humana que regula la caída del gobierno divino; como el poder civil/temporal se asemeja o se puede equiparar al concepto de ciudad; y como la “ciudad de Enoc” se funda para recuperar la naturaleza original. Creo que efectivamente el pacto es símbolo de recapitulación y de comienzo del remedio de la caída,  y que es una idea aún vigente en la sociedad actual. Me agrada el hecho que se considere que la comunidad, y su principio, el bien común, está por encima de los pactos ya que es la propia comunidad quien los crea. El poder político tiene, por tanto, origen contractual…

En elcapítulo V se comenta que  “El pacto no sólo implica la libertad de quienes lo establecen, sinó que también sirve para salvaguardarla y mantenerla dentro de una nueva forma de de organización comunitaria, por él establecida” . El pacto simboliza la libertad de quienes lo establecen, al contrario de lo que puede parecer, un pacto no recorta o merma la libertad.

Motivo de reflexión es también cómo se ha perdido el pensamiento escolástico, con la división de los 5 tipos de ley (eterna, de gracia, natural, escritura y positiva) para quedarnos únicament con esta última, la ley positiva o publicada ( y lástima que no sea siempre fundad en la caridad y justicia). No deja de ser curioso que la actual “sociedad libre”sea equiparable a la ciudad cautiva…

Tras reflexionar sobre la visión de Eiximenis, creo que es acertada, aunque distante del pensamiento actual, y me ha parecido muy ilustrativo como a través de la visión de Rosseau nos acercamos a la visión contemporánea, ¿pero podemos decir que alguna de las dos visiones es totalmente acertada?

J.O.: La visión de Eiximenis, tal como lo he subrayado bien, es la visión clásica del pensamiento tradicional, común a todas las culturas y civilizaciones antiguas. Su versión es la cristiana, directamente entroncada con San Agustín, el platonismo, y por tanto con todas las tradiciones arcaicas cuyo modelo es el que por economía he denominado “ciudad sagrada” , y que en milibro he intentado describir a grandes rasgos con ayuda del mandala y otros símbolos e imágenes. Este modelo se pierde, se olvida, al entrar en la modernidad. Rousseau me ha interesado como contraste, porque es la muestra de este tipo de olvido, no precisamente inocente en su caso. Sobre el pensamiento de este autor -el más influyente en las ideas que provocaron la Revolución Francesa- he comentado sólo algunos puntos, que permiten comprender por qué, frente a la visión sagrada de la sociedad, la visión moderna entraña un radical pesimismo sobre la naturaleza humana y, por lo tanto, una inherente violencia en las formas de establecer el orden y de intentar mantenerlo. El enfoque moderno de la política (maquiaveliano, hobbessiano, rousseauniano, etc) es un reduccionismo de la misma, puesto que considera como base las cuestiones de poder, olvidando que por encima están otros niveles de la política y de las leyes que son la clave. Por tanto la “antigua (o nueva) política” no es lo mismo que la pequeña política que se nos inculca a través de la visión estatal (rousseauniana), la segunda no podría existir sin la primera: es más global. La “visión eiximeniana” (o clásico-tradicional) al ser bien comprendida e interpretada, tiene un impacto mucho más real y directo en la felicidad de la gente, el establecimiento de buen gobiernos y lazos comunitarios, que la “visión rousseauniana” que no da en el clavo central de la sociopolítica y añade más violencia a la violencia, tal como lo demuestra el panorama humano mundial de la sociedad de naciones hasta nuestros días.

MªJ.: En el capítulo V.7, pág 327  se comenta que el pensamiento de Eiximenis y el pensamiento de Rousseau no estan tan distantes como parece: “asimismo la lectura literal de alguna páginas del ginebrino (Rosseau) podría hacer creer que no hay discrepancia entre su concepción del contrato y la concepción tradicional del mismo explicada por Eiximenis”. Sin embargo…

J.O.: Es lo contrario: ambos pensamientos, aunque a primera vista pueden parecer muy próximos, son enfoques enteramente distintos. Rousseau siempre se presenta astutamente como respetuoso de los conceptos tradicionales…(platónicos, cristianos, defendiendo la libertad, etc.) pero luego en su programa revolucionario de actuación los niega. Su deshonestidad intelectual es verdaderamente asombrosa.

Entonces lo que comentas a continuación no contradice lo primero, antes lo corrobora. Sobra por lo tanto el “sin embargo”, que lo podemos suprimir, dejando tu observación como sigue:

MªJ.: … en la página 329 se indica que “Rosseau conserva ambos términos (comunidad y bien común) aunque los descontextualiza”. Es decir los aleja del marco cristiano de la persona y los trata desde un punto de vista racionalista:  Comunidad es concepto de pueblo o nación, y el Bien común se equipara a la voluntad general.

Joan Rabal Bosch.: De la lectura de este capítulo me ha parecido especialmente interesante todo el tema referente al pacto, la alianza (sobre el que Eiximenis destaca que radica el poder político y del que surgen las leyes), la escala de la ley, la crítica a la obra de Rousseau (especialmente a su voluntad de crear una religión artificial basada en el positivismo y el racionalismo, algo que, ya de entrada resulta una incongruencia), la crítica a la visión del hombre natural que proponen Rousseau y Hobbes (como un salvaje), visión tremendamente negativa del ser humano carente de toda virtud por naturaleza.

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Gemma: Me ha parecido muy interesante el mandala extremo oriental de los ocho trigamas en torno al Gran último, T’ai Ch’i y el gran simbolismo que contiene.

J.O: Este mandala al que te refieres -ya comentado en clase, y reproducido en La ciudad Cautiva– es la parte central de la imagen que aportas y que aquí hemos reproducido. Este mismo diseño se utiliza tradicionalmente en las brújulas para la geomancia, llamada Feng-shui en la china: ciencia ancestral de las formas del paisaje y arte ordenadora de los espacios que se aplica al urbanismo, a la arquitectura, al interiorismo, etc. Las ocho regiones del espacio tienen cualidades distintas y permiten adecuar las construcciones al entorno, armonizar energéticamente las distintas partes de una casa, o de una ciudad, etc. La ciudad de Hong Kong todavía se urbanizó con ayuda de esta ciencia tradicional.