LAS HUMANIDADES VII: La Autoridad entendida como sintonía con la verdad

556864_369603479796049_157195212_n(Krishna en la función de Autoridad espiritual se presenta como el Divino Cochero que guía al Poder temporal, representado por el príncipe Arjuna en el mito del Mahabharata expuesto en la forma del célebre diálogo entre ambos contenido en la Bhagavad-Gità. La imagen, aunque popular y dulzona, dice mucho. Presentamos a continuación un nuevo capítulo de Joaquín Muñoz)

De acuerdo con las especulaciones que compartimos –el viernes pasado- alrededor de la iconografía de las Tres Gracias, podemos concluir que sólo puede enseñar el sabio, aquel que ha adquirido previamente un conocimiento y lo ha hecho suyo; aquel que ha investigado y contemplado; aquel que ha recorrido el camino que va del sombrío mundo de la caverna platónica al hermoso y soleado mundo de la superficie…  No puede por tanto educar, desde el punto de vista clásico-tradicional, aquel que carece de lo que Olives denomina «Autoridad» (Auctoritas).

Define a ésta como “sintonía con la verdad”[1], recordándonos que es más que la mera posesión de la verdad: es la interiorización de ésta, el ajuste vibracional con ella, su encarnación en la propia persona y vida.  La sintonía con la verdad implica acercarse a ella con el intelecto, no sólo con la razón.

De hecho, la contraposición polarizada entre estos dos órganos cognoscitivos[2] suele utilizarse para meditar en torno a la relación analógica que existe entre Autoridad y Potestad, entre contemplación y acción.  Afirma Olives que “el intelecto se halla al lado de la función de autoridad, mientras que la razón, al estar enfocada hacia la comprensión de lo exterior (sea lo sensible, sea lo discursivo), utilizando el análisis separador, el «etiquetaje» conceptual, y vinculada por leyes duales de la lógica, es el instrumento principal de la acción humana. [Por ello] la razón está estrechamente ligada a las cuestiones de poder, a la «política» en sentido corriente, y a la capacidad de organizar lo pragmático [a la Potestas]”[3].

Sin embargo, no debe olvidarse que este dualismo entre Autoridad y potestad, entre intelecto y razón, no es más que un recurso didáctico-especulativo.  Una vez más, Olives propone la complementariedad frente a la dualidad: “Autoridad tiene quien conoce la naturaleza y las leyes que afectan una cosa o un proceso.  La autoridad legitima el ejercicio de cualquier actividad y es condición de su eficacia”[4], es una condición previa necesaria para que la acción (el hacer propio de la Potestas) esté encaminado hacia el éxito.

Para profundizar en la relación entre estas dos facultades y funciones, nos remite a la analogía desarrollada por Coomaraswamy[5] en torno al simbolismo de la relación entre Atena y Hefesto: “Este último es el divino artesano, forjador de todas las armas de los dioses olímpicos y prototipo del artífice, el técnico, el especialista, el «hombre procedimental».  Es, sin embargo, cojo: no le funciona una pierna.  Su hermana, «la de ojos garzos», diosa de la visión arquetípica, nacida de la mente divina, es la que concibe y dicta las ideas que el herrero cojo plasmará en la materia con pragmática eficacia. (…)  Ella es autoridad para su hermano Hefesto, quien ejecuta, y quien por sí solo, faltado de inspiración y guía, no podría hacer nada eficaz ni valioso[6].

Una enseñanza similar –y con una imagen, en mi opinión, más sugerente- es la que se transmite en una antigua fábula china, “El ciego y el cojo”, normalmente atribuida a Huai Nan Zi en la que se narra como dos hombres, de por sí desvalidos (un ciego y un cojo), deciden unir sus facultades para iniciar el camino de un largo viaje que les salvará la vida, alejándoles de los feroces enemigos que están conquistando su reino.  Por separado, ninguno de los dos habría podido alcanzar su destino…  Pero, al colaborar, sus aptitudes de complementan y sus carencias o defectos quedan superados por la aportación del otro.

El intelecto dispone de la capacidad de “ver” y, por tanto, está facultado para guiar: está dotado de autoridad…  Pero es cojo, es estático, carece de arte, de “saber hacer”.  En cambio, la razón tiende a avanzar por el camino, puede dar muchos pasos, es tremendamente activa pero está ciega, desconoce a dónde ir: así es el poder.  Intelecto y razón, por sí solos, son insuficientes pero, cuando colaboran, cuando ocupa cada uno su lugar, cuando Autoridad y potestad conviven en armonía, guiando el uno y ejecutando el otro, entonces –y sólo entonces- posibilitan el auténtico desarrollo del potencial humano a nivel personal y comunitario que da lugar a la eudaimonia.

Pero, insiste Olives, para que el hombre y la sociedad (micro y macrocosmos) funcionen correctamente la relación entre Autoridad y potestad, entre contemplación y acción, debe ser de armonía funcional, no de absoluto sometimiento: “la única fuerza que en realidad incluye la autoridad es (…) la fuerza de la verdad, la fuerza que tiene mostrar una conexión con lo real, con lo objetivo. (…)  La autoridad no exige obediencia, no manda”[7]. Y, aludiendo a Mommsen, sentencia:  “La autoridad es más que consejo y menos que orden: consejo que no es prudente desdeñar”[8] porque ese compromiso con la verdad es una fiel guía hacia la felicidad humana[9].

Recurriendo a la etimología de Autoridad, nuestro autor se reafirma en su tesis: “la palabra auctoritas viene del verbo latino augeo, que significa «guiar», y también «hacer aumentar» o «acrecentar».  En efecto, por su papel de guía el sabio hace aumentar el conocimiento de uno y los demás, haciendo aumentar la riqueza individual y colectivamente en cuanto al goce de la buena vida, la paz y la felicidad”[10].

Sin embargo, es importante recordar que la inversión de lo excelso supone la aparición de lo perverso y que, por tanto, cuando la potestad quiere guiar o la autoridad decide actuar, reinar, transformando la Autoridad en autoritarismo, se están poniendo los pilares del desastre.  A este tipo de inmixión o confusión de funciones es a lo que Olives denomina «la rebelión de los reyes» o «el síndrome absolutista»[11] y considera, a ambos, como el inicio de una etapa de fundamentalismo y violencia[12].

Para evitarlo, propone una visión clásico-tradicional del gobierno en la que se toma, como modelo hermenéutico-simbólico a seguir, el gobierno del universo, ejercido en todo momento por su Autor, y que –como pauta divina- debe ser imitado en el microcosmos que es el ser humano y proyectado hacia la dimensión colectiva que es toda comunidad[13].  Este gobierno, que podemos adjetivar como «natural», fue descrito en los antiguos mitos cosmogónicos para que pudiera ser trascendido, interiorizado y aplicado a cada ser humano, promoviendo así la realización espiritual-personal[14].

La natural relación entre Autoridad y potestad se encuentra inscrita, por tanto, en lo más profundo del universo y de nosotros mismos.  Basta con detenerse un instante y auto-contemplarse: ¿qué es previo, el «hacer» o el meditar, evaluar y decidir «qué hacer»?  Primero decidimos, nos fijamos un objetivo, una meta, guiamos nuestra acción y, sólo después, iniciamos el movimiento y nos planteamos el modo más eficaz de realizarlo.  La mayoría hemos adquirido la experiencia de que actuar sin meditar previamente no suele dar buenos resultados…

Por eso mismo, debería sernos sencillo comprender  -por correspondencia o analogía- que el buen gobierno dependerá de la sumisión del poder temporal a la autoridad espiritual, de la razón al intelecto, de la acción a la contemplación, así como de la consiguiente fluidez y armonía entre ambas funciones[15].

Transmitir estos conocimientos, guiar al hombre hacia la comprensión del mundo que le rodea y de sí mismo, velar por el conocimiento y ordenación de las partes, promover el buen gobierno de uno mismo y de los demás dentro de los condicionamientos de tiempo y lugar en que se encuentren inmersos… Esas son las tareas que corresponden a quienes detentan la Autoridad, auténticos maestros del  humanismo porque –conscientes de que no todos los deseos del hombre traen la felicidad- se preocupan de transmitir la escala de valores que conduce a estados de dicha y plenitud duraderos y provechosos para el prójimo[16].  Ellos son los depositarios de la tradición, de los símbolos, mitos y ritos, de los medios de conocimiento y realización espiritual propios de una civilización, una comunidad o un pueblo[17], que llevan a su destinatario a religarse consigo mismo, con quienes le rodean, con el universo y con su creador al descubrir esas estructuras o ritmos comunes a todo lo creado que hacen posible el conocimiento analógico.

Es esta religación –que nos hace más humanos- lo que nos permite calificar a la hermenéutica simbólica como filosofía mística, así como destacar el valor religioso de las humanidades entendidas en su sentido clásico-tradicional.


[1] Olives:2006, 393

[2] Hemos tratado sobre ellos en el cap. 4.c.iii

[3] Olives:2006, 419

[4] Olives:2006, 393

[5] Cfr. Coomaraswamy:1983, 45-50

[6] Olives:2006, 393-394

[7] Olives:2006, 394

[8] Olives:2006, 398

[9] Cfr. Olives:2006, 417

[10] Olives:2006, 417

[11] Olives:2006, 395

[12] Cfr. Olives:2006, 397

[13] Cfr. Olives:2006, 160

[14] Cfr. Olives:2006, 409

[15] Cfr. Olives:2006, 401

[16] Cfr. Olives:2006, 401-402

[17] Cfr. Olives:2006, 425

Respuesta sobre la potestad natural del hombre sobre la mujer

El pasado Diciembre recibí un amable y sustancioso correo de un alumno que entre otras cosas preguntaba si podría explicar algo más sobre aquel pasaje de La Ciudad Cautiva (V,1) donde se habla de las tres clases de poder temporal que distingue Eiximenis en su doctrina política de raigambre tradicional. De la segunda clase de poder, que el llama “natural”, pone como ejemplo la potestad que naturalmente tiene el hermano mayor sobre el menor, o la que tiene el hombre sobre la mujer. El alumno pedía que yo fundamentase la afirmación del franciscano, pues le parecía asunto importante y digno de atención. ¿Acaso yin y yang -añadía- no son iguales en importancia?

…Quedó pendiente la respuesta por pereza mía a entrar en tan espinoso tema, y tan políticamente incorrecto, que corría el riesgo de ser directamente decapitado si me metía en tamaño berenjenal. Pensaba escribirle tan sólo que si se trata de un “poder natural” no debemos preocuparnos por su verdad o falsedas, antes solamente observar su funcionamiento tal como se produce en el día a día. Y sigo pensando lo mismo, ya que si es “natural” significa que funciona independientemente de la voluntad (o peor, de la ideología) de los hombres y las mujeres. Entonces, en consecuencia no debemos preocuparnos por ese tipo de poder, y menos promoverlo o tratar de imponerlo, ya que entonces estaríamos tratándolo como si fuera artificial, lo cual es contradictorio.

Pensaba escribir también como respuesta -y lo hago ahora- que la igualdad absoluta entre yin y yang es un absurdo, porque como toda pareja de opuestos que se complementan son iguales en cierto sentido y diferentes en otro sentido, ya que de lo contrario no podrían complementarse. Entonces la desigualdad en el poder natural puede considerarse como una mera diferencia entre iguales… a no ser que la moderna Religión del Poder (oficial en la modernidad drechista/izquierdista, tal como se explica en La Ciudad Cautiva) lo magnifique tanto en nuestra mente que ya no comprendamos ese tipo de colaboración complementaria coexistiendo con otros tipos de diferencias y complementaciones de todo tipo.

En términos generales este asunto es mejor no tocarlo (o soslayarlo, tal como lo hacen por lo general los encargados del magisterio tradicional) si uno desea no escandalizar y mantener la influencia. También es preciso reconocer sin problemas que la tradición espiritual descendiente de Moisés es relativamente machista, mientras que la de Orfeo y Pitágoras (surgida del mismo tronco egipcio) acepta más los aspectos dulces y eróticos de la feminidad. También las tradiciones sagradas se complementan unas a otras y nos recuerdan que la verdad sexual se halla en el simbolismo del AndróGino. No podían tener la misma forma de expresar las verdades los rudos camelleros del desierto que los jonios, quienes embellecieron con las formas femeninas el arte y la poesía de la Antigüedad helénica…

Así las cosas en mi mente al respecto, la Segunda Lectura del domingo 26 Agosto (Carta de San Pablo a los efesios hablando de la relación entre marido y mujer) fue de nuevo motivo para volver a comunicarnos sobre el asunto suscitado por la lectura de Eiximenis y escribí sobre ello:

“Qué bueno que el texto de San Pablo, tan incorrecto “políticamente”… al escucharlo noté en las tripas la reacción negativa de la mentalidad corriente de nuestro tiempo. El cura en el sermón soslayó diplomáticamente el tema en nombre de la falta de tiempo remitiendo a la necesidad de interpretarlo solamente en sentido espiritual. Luego, conversando con él, me confió que social y moralmente ese tipo de planteamientos ya no valen para el tipo de sociedad en que vivimos. Es cierto, opino casi lo mismo, con la salvedad de que, sin embargo, creo que (sin ánimo de obligar ni juzgar a nadie) sigue habiendo EN EL PLANO DEL PODER NATURAL -Y NO EN LOS OTROS PLANOS QUE EIXIMENIS RECONOCE EN EL PODER-  una preeminencia del marido sobre la mujer o, más en general, del hombre sobre la mujer, como se haría evidente para todos si nos halláramos de nuevo en situación de mayor proximidad a la naturaleza, desprovistos de todos los inventos tecnológicos que han cambiado los modos de vida (contraceptivos, cirugía, internet, electricidad, transportes, telecomunicación, metrópolis, incluyendo el Estado de Derecho, el Estado de Bienestar, etc.) y conectados de nuevo a la visión espiritual de las cosas, que implica la ausencia total de ego y de toda pugna por prevalecer sobre el otro.
En la actual situación esa realidad existe sólo de modo latente, como punto de referencia doctrinal que podemos constatar una y otra vez en alguna situación concreta, pero que no podemos formula ni defender, porque no es comprendido por la mente del Leviathán, que nos impregna en la visión general de las cosas. Lo mismo ocurre con otras grandes mentiras que hoy se toman oficialmente como dogmas indiscutibles del Estado y la “cultura” modernos.
En todo caso, al mundo, a la sociedad, no los vamos a cambiar con la razón y la razón (incluso cuando la tenemos) nos aleja de esa necesidad mucho más urgente que es “amar a la esposa” como Cristo ama a la Iglesia. (se entiende que la Iglesia no es el clero, o el alto clero, tal como hoy se presupone vulgarmente, incluso entre los clérigcos). La Ekklesia, que es la comunidad en que vivimos (con sus familias cuarteadas, sus ideas equivocadas, sus formas perversas, etc.) hay que quererla para poder salvarnos a nosotros mismos junto con ella. Él y ella, esposo y esposa, ánimus y ánima, yo y la sociedad (así comunitaria o eclesialmente entendida) “formamos una sola familia -dice San Pablo y añade-: Es un misterio muy grande: lo digo de Cristo y de la Iglesia”. En este plano primero y primordial, que consiste en volver a ver nuestra sociedad como ekklesia, como comunidad, las creencias ni las ideologías no importan: solamente el amor y la conducta que de él emana…
La segunda lectura de ese pasado domingo (Ef V,21-23) empieza con la clave principal para entender todo este asunto, que sin comprenderla y encarnarla totalmente no puede ser comprendido: “Hermanos, someteos los unos a los otros por reverencia a Cristo”.
Otra clave que también hoy resulta incomprensible y pasamos por alto en ese tipo de planteamientos es la que escribe más abajo: “…maridos, amad a vuestras esposas tal como Cristo ama a la Iglesia. La ama tanto, que se ha entregado a la muerte por ella…igualmente los maridos han de amar a la esposa como a su propio cuerpo”…

Y así concluyen estos apuntes, para no demorar más la debida respuesta a la pregunta recibida.

José Olives Puig

Bini Ali 27.08.12

Trabajos Master-UIC con los Diccionarios de Símbolos (VIII)

Beatriz Lucaya.: <En relación con el capítulo VII de La Ciudad Cautiva, <que lleva por título> “La llave y el cetro” he buscado en el Diccionario de símbolos de J. Chevalier el simbolismo de la llave. Es del todo evidente en relación con su doble papel de abertura y de cierre. Es a la vez un papel de iniciación y de discriminación, lo que indica con precisión la atribución de las llaves del Reino de los Cielos a San Pedro. E l poder de las llaves es el que permite unir y desunir, poder efectivamente conferido a san Pedro por Cristo. Este poder está simbolizado en los escudos papales por dos llaves, una de oro,  otra de plata, que fueron precedentemente los emblemas del dios romano Jano. Este doble aspecto del poder corresponde a la autoridad espiritual y a las funciones reales, cuyo fin respectivo es, según Dante, la ascensión al Paraíso celestial y al Paraíso terrenal.

Daniel Huchet. : Sueño una rosa roja se vuelve blanca al caer el rocío de la mañana. El amor como un sacrificio del presente en pos de la pureza del alma del mañana.

Joan Rabal Bosch.: La última búsqueda en el Diccionario de símbolos, he decidido dedicarla al concepto arquitectónico de la torre, muy vinculado con mi trabajo de investigación acerca de los edificios góticos. La idea de la torre nos conduce al relato bíblico acerca de la torre de Babel, construida por los hombres para intentar alcanzar el cielo y superar al propio Dios. En este caso se trata de un símbolo de la soberbia, el orgullo  y la ambición de los hombres que intentan convertirse en dioses a través de la tecnología. La simbología de la torre la encontramos en muchas culturas, no sólo en el cristianismo y simboliza el intento de canalizar el poder divino hacia la tierra.

J.O.P.: Recuerda que todo símbolo, o arquetipo, encierra ambivalencia. No puedes captarlo bien sin ver las dos vertientes… en el caso de la torre, sobre todo tal como ella aparece incorporada al templo cristiano, el simbolismo nos remite a la idea de eje cósmico, de columna uniendo el cielo con la tierra, y convocando a todos a oración mediante el son de las campanas: unificando un espacio visual y acústicamente… Las dos torres formando pareja nos remiten a otro simbolismo ancestral, referente a los límites del mundo creado (el templo), a las “columnas de Hércules”, a las que flanquean la puerta del templo de Salomón, etc. Dualidad que signa todo el dinamismo cósmico, sexuándolo todo: positivo/negativo, masculino/femenino, arriba/abajo, diestra y siniestra. Esto último, por ejemplo, es quizá lo más pertinente a las dos torres de muchos templos cristianos, flanqueando la fachada de poniente, evocando los dos modos principales de la influencia divina: la gracia (la mano derecha para bendecir) y el rigor divino (su mano izquierda para enmendarnos, rectificarnos y transformarnos). Para la tesis te recomiendo, entre muchos otros, El Simbolismo del Templo Cristiano, de Jean Hani (Ed. Olañeta, Palmade Mallorca).

Evaristo Aguado Raigón.:  A lo largo de este curso, he puesto las simientes para el pensamiento reflexivo, la vuelta a los clásicos de la cultura occidental, y he descubierto el mundo oriental. Además me he dado cuenta que las civilizaciones, por muy distintas que parezcan, tienen un tronco común basado en la dignidad del hombre. He logrado quitar muchos prejuicios que tenía con respecto a otras civilizaciones. En definitiva he ganado en mayor amor a la libertad. Por esto he pensado en estos días en los símbolos de esa libertad.

En la Antigua Grecia se solía representar a una mujer muy bella con un gato a sus pies (hay q tener en cuenta que este animal no soporta la más mínima sujeción), también se suele relacionar al viento con este incomparable valor, porque es algo que permanece siempre libre y voluble. Según tengo entendido también simbolizan la libertad la paloma blanca con una ramita en el pico y cadenas rotas; y aquí se une la paz y la libertad. Rompamos las cadenas, sí, pero las verdaderas cadenas, las que nos impiden conocer la verdad y el bien y, por tanto, nos impiden ser libres para elegir el verdadero bien placentero, el que nos produce una felicidad permanente a pesar del dolor y del sufrimiento.

Un símbolo de libertad es la mariposa. ¡Qué bello símbolo!, ella revolotea por donde quiere, se posa en las ramas de las flores, y en las grietas de mi corazón, refrescando al mover sus alas el fuego de pasiones descontroladas que producen sufrimiento. Un corazón con alas es otro símbolo hermoso que representa la libertad. Mi corazón vuela buscando a los seres queridos y los encuentra teniendo una alegría inmensa. Dios, la estatua de la libertad, la paloma alada, la flor en el cañón de un fusil, el círculo con las cuatro líneas (el hippie usado en los 60’s, la V con los dedos y mostrando los otros tres. Hay miles de símbolos de la libertad: cada ciudad y país tiene su héroe libertador y su simbología.

J.O.P.: Bien, pero debemos distinguir entre símbolo y alegoría. Aunque a veces la frontera no es nítida, la alegoría se diferencia del símbolo por su fuerte componente artificial o convencional. La mayoría de veces es un mero signo que nos remite a un concepto (como las señales de tráfico, etc). En las introducciones a los dos Diccionarios de Símbolos por mi recomendados se explica este punto tan importante.

E.A.R.: La verdad es que la libertad que he tratado de simbolizar es la que me hace en cierta manera semejante a Dios.

Y hoy no acaba el estudio de los símbolos; comienza, miro con nuevos ojos e interpreto lo que veo y escucho con el lenguaje de los símbolos. Muchas gracias…

José Mª Xipell.: Para terminar el trabajo de meditación con los símbolos he pensado en contemplar la disertación de Chevalier sobre el signo zodiacal al que pertenezco, y sobre la capital influencia en mi vida: Acuario.

Realmente las aguas tienen muchísimo que ver con mi vida (¿casualidad?); en primer lugar, es el elemento con el que mejor me identifico debido a sus dobles acepciones, como señala Chevalier: el agua puede estar fría y caliente, en calma o enfurecida, tranparente o turbia…siempre implica cambio, movimiento, lucha. En segundo lugar soy un gran amante de los ríos; el mar fascina a todos por su inmensidad, pero el río requiere una contemplación más detallada, constante y concienzuda. Para poder comprenderlo debemos observarlo con detalle, admirar la complejidad que lo estructura desde sus piedras milenarias hasta la fugacidad de sus habitantes…y en medio siempre el agua, abriéndose paso con constancia, transformándolo todo con la vida que concede y con la muerte de su furia en las épocas de lluvia…y yo en medio de esas aguas, pescando, paseando, observándolo todo como un niño pequeño que no se siente nada. Entonces me convierto en agua. En el agua que se enfureció en el gran diluvio. En el agua alegre que serpentea por un riachuelo. En el agua apacible de las marismas. En el agua que en ocasiones se estanca y se pudre. En el agua que da la vida a todas las cosas…y entonces soy feliz…me olvido de aquello que me preocupa y vuelvo repuesto para afrontar mi vida hasta poder disfrutar de nuevo la paz que me transmite el agua, hasta poder volver a ser agua…

Tatiana Cucurull.: Para terminar este trabajo con el Diccionario de símbolos he querido compendiar todos los elementos que he ido trabajando a lo largo de los seminarios. Todos los elementos naturales que he estado meditando –principalmente árboles- tienen un sentido muy real y muy concreto en mi vida: el jardín. Desde que tengo memoria, ese jardín de mi infancia, de mi adolescencia y juventud, ha permanecido invariable, como esperando a que llegase. Mis recuerdos, mi inocencia y mis felicidades tienen como telón de fondo aquellos árboles: el alto ciprés, el viejo olivo, el olor a hierba fresca y recién cortada…todo ese perfecto y sencillo orden se agolpa en mi felicidad; a ese jardín vuelvo cuando estoy desesperanzada, como recuperando el Paraíso perdido, buscando refugio en esta “ciudad natural” tan distinta a la “ciudad” en la que vivimos, contaminada por el odio, por la falta de contemplación y de afecto a los demás…¿Quién no necesita su “isla afortunada”, la paz interior, un lugar de descanso? Yo puedo encontrar todo esto en este pequeño lugar, donde parece que el tiempo no existe, donde los problemas pueden esperar; donde puedo ver la vida de otra forma, donde estoy tranquila y convencida de que todo puede arreglarse, y que vale la pena ser feliz.

 

Comentarios a La Ciudad Cautiva, cap.VII: La llave y el cetro.

Incluyo a continuación los comentarios de los alumnos de Master (UIC): Ciudad, persona y civilización, en base a la lectura de La Ciudad Cautiva, con las correspondientes respuestas y ampliaciones.

Gemma Alsina.: En este capítulo se nos muestra como la sociedad ha ido degenerando (…)a partir de  la finalización (…) de la cristiandad: se produce un rechazo a la autoridad espiritual dejando de existir la autoridad políticamente reconocida.  La idea de autoridad está ausente en la sociedad y la política actual. Algunos intelectuales del S.XX, entre ellos Arendt (…) tratan la autoridad  como un importante tema de reflexión política entendiendo que la religión es indisociable de la autoridad. (…) La autoridad es una relación de la mente humana con el conocimiento realLa negación de la autoridad es crucial en este cambio que genera el mundo moderno: el plano político institucional (organización) y la mentalidad humana. La mezcla de lo espiritual con lo temporal, la usurpación de las funciones (…), acarrea situaciones políticas de gran peligrosidad.

Las teorías políticas modernas se caracterizan por no reconocer más que el poder, <cuando> la autoridad es necesaria para el buen gobierno.

Entenderla (…) implica reconocer la importancia política y comunitaria de la dimensión interior del hombre, de su naturaleza espiritual. El compromiso con la verdad y la guía hacia la felicidad humana son pues las principales funciones de la autoridad. La pérdida de autoridad ha comportado un anormal desarrollo en los medios de poder generados por la sociedad moderna (informática, militar, científica, etc.): todo ello sin autoridad se halla fuera de control. Para un buen gobierno es indispensable una articulación entre autoridad y poder. Por tanto, la crisis (…) política es a la vez una crisis intrínseca del hombre; este no sabe a qué atenerse, no sabe <distinguir> lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto, no sabe adónde va…

Me ha llamado la atención en este capítulo VII de La Ciudad Cautiva la descripción y el plano de la caverna platónica desde el punto de vista del simbolismo cosmológico. Una vez más, aparece el símil del mandala, <en ese caso> tridimensional, arquetipo de una matriz materna: la caverna figura en los mitos d origen, de renacimiento y de iniciación de numerosos pueblos.

Me interesa principalmente el tema del poder/ autoridad dentro de las organizaciones. La organización es compleja debido a que en ella hay muchas personas, que hacen muchas cosas, que manejan muchos recursos, etc. Lo importante de las organización es la diferenciación existente entre lo que es organización formal de lo que es organización informal. La parte formal podríamos decir que es la parte “visible” de la organización aquella que está perfectamente configurada mediante, organigramas, reglamentos, etc. Mientras que en la parte informal es donde aparecen los valores personales, las buenas intenciones, los comportamientos espontáneos… las organizaciones son comparables con el gobierno de la Ciudad.

MªJosé Díez Chueca.: Este capítulo muestra muy bien la relación entre las dos funciones básicas de la política: la autoridad y el  poder. La autoridad depende de la amplitud de conocimiento y es la condición para la acción buena. La autoridad no exige obediencia, no ejerce el mando, simplemente aconseja al poder temporal, simplemente va guiando al poder porque conoce la naturaleza humana y las condiciones de su felicidad. Me ha parecido muy acertado el paralelismo entre autoridad (simbolizada por la llave) y poder (simbolizado por el cetro) y las dos facultades anímicas: intelecto y razón. El intelecto es la función de la autoridad y la razón está ligada al poder. La razón es necesaria para la acción pero está ciega ante las necesidades espirituales. El buen gobierno depende de la sumisión del poder temporal a la autoridad espiritual y de la fluidez y armonía entre ambos. El poder ha de estar sometido a la autoridad igual que la razón se ha de someter al entendimiento, manteniendo siempre cierta autonomía. Es motivo de reflexión cómo la autoridad va guiando al poder porque conoce la naturaleza humana y las condiciones para su felicidad. Es contrario a lo que podría pensar el pueblo llano, el vulgo, que la autoridad es quien dicta las órdenes. Los sabios, los sacerdotes, el clero, ejercen  una función de orientación en la política porque tienen las claves espirituales de la felicidad y transmiten los conocimientos del alma humana. Entender la idea de autoridad implica reconocer la dimensión interior del hombre. Para recuperar la autoridad hay que recuperar la dimensión religiosa del hombre y el interés por el conocimiento y la filosofía.

Me parece muy interesante el matiz que se hace sobre el poder, ya que al comentar las teorías del liberalismo se entiende como poder negativo, coercitivo. Pero el poder también tiene algo positivo, un aspecto esencial sin el que las comunidad humana no podría existir: “Este poder emana directamente de la comprensión de las cosas, del mundo, de  uno mismo y de los demás, y se manifiesta con ganas de compartir lo que se ha comprendido, la bondad y el beneficio que reporta el conocer la verdad, así como el afán de ayudar al prójimo haciéndolo partícipe. Sin la experiencia de este poder el hombre no puede ser feliz. [….] Se trata del poder de la gracia, que no exige, no pide nada a cambio pero moviliza y arrastra por su bondad y por el goce que genera y transmite” (LCC, cap.VII).

Sergi Font: He volgut fer una analogia en la creació del so a través del cos per aconseguir la veu i els conceptes d’autoritat i poder. L’autoritat són els pulmons. Ells són els encarregats de portar l’aire, l’energia i de graduar-ne la intensitat. Sense pulmons no hi ha veu. El poder és el coll. El coll a través de la tensió dels plecs vocàlics. A vegades volem crear el so amb el coll. Creiem que forçant més la veu i el coll podrem tenir el mateix so, però no és així. Falta l’energia que ve dels pulmons.

Gemma Alsina.:

Indagant en el llibre de La Ciutat Captiva el pensament polític clàssic-tradicional, he anat descobrint al llarg de la lectura una ciutat que, més enllà d’un espai construït també remet a l’estructura de la ment humana, la convivència i la organització comunitària, on és precisament la política, on apareix com una nova forma de pensar la societat, el cosmos i també nosaltres mateixos. Es dona, llavors, un sentit a la civilització i la cultura, recuperant el pensament arcaic, l’humanisme d’Occident i les filosofies de la cultura oriental, on l’urbanisme i la ciutat es desenvolupen des de l’època remota.

L’ànima s’ha comparat moltes vegades a una ciutat-paradís, que es perd i es recupera. La ciutat ha estat considerada en els seus orígens una imatge de l’home i del cosmos. Els pobles antics, els mayas, els asteques, els egipcis, els sumeris, els xinesos, els hindús, els grecs, els romans  van establir els seus assentaments mitjançant rituals màgics religiosos, que convertien les noves urbs en ciutats sagrades, que connectaven l’humà amb el diví.

Les imatges en el llibre de La Ciutat Captiva són una constant: ens ensenyen a pensar, a actualitzar la memòria  i la manera de filosofar mitjançant la geometria, on les idees  de Plató i Pitàgores cobren protagonisme ajudant d’una manera pràctica a deixar enrere tot allò que ens fa presoners a la “ciutat captiva”.

La ciutat captiva pels ciutadans pot ser una presó o bé un alliberament i un desenvolupament creatiu de l’ésser humà. De nosaltres depèn que la ciutadania pugui ser alliberada i recobri novament la justícia com era abans a la ciutat que encarnava l’ordre, la raó i el ser. Ajudant a recuperar antics conceptes com col·laboració, ajuda i servei als altres, responsabilitat, compromís personal… podrem alliberar-nos de les opressions. La ciutat, o polis, seria una empresa alliberadora de l’home.

A mesura que ens hem anat endinsant al llarg del temps i conseqüentment de la història, hem pogut constatar com les ciutats han crescut d’una forma caòtica sofrint una desvinculació del pensament clàssic-tradicional, canviant, fins i tot, l’essència  de moltes paraules, que han anat perdent el seu significat original.

La ciutat és una manera de pensar el territori, de pensar la comunitat política, la polis, i també de pensar l’ànima humana.

Sergi Font i Domènech.:

“El primer lloc de transformació és a la nostra ànima”(LCC, cap.VII) Ho relaciono molt amb les acampades que hi ha hagut aquests dies i amb la sentència de Sòcrates: que per canviar el món els primers que hem de canviar hem de ser nosaltres. Hem perdut la voluntat de conèixer-nos interiorment; ho volem solucionar amb un coneixement exterior (la imatge)…Recuperar la dimensió religiosa dels homes, o almenys l’interès per a la filosofia.

A la nostra societat sembla que l’autoritat la posem en els mitjans de comunicació com encarregats de “vigilar” al poder? L’autoritat en el nostre Estat la donem al rei? Però no està “fundada” aquesta autoritat? és ell qui hauria de fer de Samuel?

J.O.P.: Els mitjans de comunicació en realitat funcionen com a “quart poder de l’Estat”, més que com autoritat. Estan en relació directa amb els tres poders. Sobre tot amb l’executiu i el legislatiu, que sense ells no poden expressar-se ni exercir la seva influència. Els mitjans son part del poder polític estatal de les nacions contemporànies.

L’autoritat, al no estar institucionalment reconeguda (a part de la que és inherent al parlament i a la judicatura), funciona de manera difosa: apareix en tots aquells moments en que una espurna de saviesa i sentit comú penetra a les ments dels dirigents i torna bones les seves accions polítiques. Qui encarna avui aquesta autoritat? Com sempre, és la tradició i els seus portaveus, però això es produeix de manera “socialment inconscient”, en la vida privada dels individus: a casa, a la societat civil,no en l’escena política oficial, sempre entre bastidors… Funciona, però només per via “underground”. Externament segueixen predicant els portaveus religiosos, els científics, els pensadors, etc.´però cap d’aquests col·lectius és reconegut per l’Estat modern com una autoritat que estigui per sobre de les seves decisions i les seves polítiques. Encara que formalment democràtic, segueix sent un estat absolutista, heredat dels monarqes rebels…

És veritat que la monarquia moderna, o constitucional, conserva algom de l’antiga funció d’autoritat. La prova és que en alguns casos la seva intervenció autoritzada és decisiva: com ho va ser a Espanya davant l’intent de pronunciament militar del 22F… però d’aquí a pensar que un reietó dels moderns pugui tenir l’autoritat espiritual d’un profeta, i que el poble i els dirigents obeeixin les seves inspiracions sense problema, hi ha una llarga distància!

S.F.D.: En la línia de recuperar el coneixement per la nostra dimensió religiosa… hi ha la dimensió interna dels homes, la de l’ànima. També es pot relacionar amb la dimensió energètica dels homes. Una dimensió que no l’estem treballant.

J.O.P.: Efectivament, recuperar l’interès per la vida interior, pel cultiu de la virtut i el desenvolupament de la consciència, significa a la vegada elevar el nostre nivell energètic. No és debades que hem elegit com a títol del blog on estem escrivint “Art de l’Energia”, traduint el terme xinès txikung (chi-kung, o qi-gong).

Evaristo Aguado Raigón.:

A lo largo de estos meses, en algunas ocasiones me he referido a mi gusto por leer autores centroeuropeos del periodo de entreguerras. Ellos recogen por una parte la nostalgia y la inseguridad que sienten por la caída del Imperio Austrohúngaro que acababa con la herencia del Sacro Imperio y donde se habían mezclado culturas, razas y religiones distintas y única a la vez; de otra sienten miedo ante lo que se avecina o ya ha llegado.

Efectivamente, la revolución bolchevique ya había triunfado e incluso Stalin había alcanzado el poder  y el fascismo había llegado al poder en Italia y Alemania. Todos estos autores, muchas veces llenos de amargura, reflejan la sociedad de su época y recogen la forma de pensar y de actuar de Stalin y Hitler primordialmente. Tanto uno como otro siempre hablan de “desafío del poder”,   “la preparación para la lucha por el poder”,  de “la lucha por el poder”, “a las puertas del poder”,  “la conquista del poder”. Yo no había reflexionado en estas frases que los tiranos totalitarios repiten. No había caído en que hablan siempre de poder y nunca de autoridad.

En nuestra Ciudad Cautiva he encontrado la respuesta a mi falta de reflexión. Ellos no ejercieron nunca la autoridad, ostentaron el poder. Jamás tuvieron autoridad porque ejercieron la violencia, jamás ejercieron la verdadera política porque no buscaron el bien común. No utilizaron la fuerza de la verdad. Desplegaron un poder pervertido moralmente. Utilizaron las mejores virtudes de los ciudadanos – fidelidad, obediencia, honorabilidad, honradez,  valentía- para alcanzar su objetivo: el poder sin autoridad. No les interesaban las personas. Se valieron de un principio que sigue imperando en nuestra sociedad “quien manda tiene razón”.

En estos momentos, estoy cansado de los que dicen ejercer la política. Me ha reconfortado el principio de la política, la razón de ser de la misma que se establece en el aparatado “Samuel o la autoridad espiritual” Este principio es la felicidad del hombre. ¡Cuánto ganaríamos si  la autoridad espiritual ayudara a cada uno a encontrar la felicidad conociéndose a sí mismo!

Llevo unos años que, entre otras actividades, realizo coaching con numerosos directivos de empresa. Mi labor es fundamentalmente socrática, hacerles preguntas que les ayude a una mejor comprensión de sí mismo. En muchas ocasiones cuentan complejos problemas y cuando les dices pero tú ¿en qué fundamentas tu vida? … si de verdad sienten el ansía de autoconocerse, surge la apertura del corazón, que los lleva, quizá primero al dolor, pero después a la paz, al bienestar, a la felicidad.

Joan Bahr .: Tal vez ingenuamente he entendido que la separación entre autoridad y poder, tiene su explicación, en el modo más práctico de separar en el hombre, su conexión mundana, de su conexión divina. El dirigente, para ejercer, no debería enajenarse del mundo y de sus comportamientos mundanos. Y no debería hacerlo para estar cerca de su pueblo, comprenderlo, amarlo y ser amado por él. Nuestro monarca, verbigracia, es muy dado a este tipo de comportamientos y querido por su pueblo en general. Al otro lado, la autoridad, si está muy entreverada con el mundo del que tiene que distanciarse para velar por él, carecerá de la claridad que requiere para asesorar providencialmente. He aprendido en este capítulo la sensatez de esta separación para preservar un buen gobierno. Mientras el dirigente, está muy vinculado al mundo por la relación de poder con él, la autoridad se autosatisface en su sabiduría y no precisa de reconocimiento expreso. Luego, mientras el dirigente es corruptible, la autoridad no lo es, por este motivo, la acertada eficiencia de este binomio ancestral en la forma de gobierno.

Catherine Lecuyer.:

¡Qué interesante es meditar sobre la diferencia entre autoridad y poder! Tiene muchas implicaciones en la vida de la política, de la empresa, de la familia y de la persona misma. La crisis de confianza actual a todos estos niveles (incluso a nivel de la propia persona), ¿no es consecuencia de la crisis de la autoridad que es síntoma de haber dejado de “conocer la naturaleza y las leyes que afectan una cosa o un proceso (…), de tener “sintonía con la naturaleza de las cosas, en último término, con la verdad”?

La perdida de la autoridad, conduce a la perdida de la fe humana en quién nos deberían guiar a lo largo de nuestro viaje vital (los padres, los educadores, los jefes, los políticos, etc.). Cuando ocurre la perdida de la fe humana en la autoridad, caemos en un estado de cinismo generalizado.  Todo vale, todo depende, todo es relativo.  Entonces los que mandan pasan al plano del poder y pondrán orden a través de castigos y imposiciones, los cuales acaban generando anticuerpos que tienen el efecto opuesto al deseado.  O bien implementan “incentivos”, que suelen ser insostenibles porque son recompensas que generan comportamientos condicionados, no libres, y crean dependencia hacia las personas, las instituciones o los gobiernos que los promueven.

Si estuviese en la próxima charla, me gustaría sacar el tema de la separación de los poderes temporal y espiritual, y relacionarlo con el tema de la autoridad y del poder.  ¿Es correcto atribuir la autoridad al ámbito espiritual y el poder al ámbito temporal?   No tengo claro si es así, creo que en ambos ámbitos, hay situaciones para ejercer la autoridad y otras para ejercer el poder.  El matiz es que el poder de cada cual no debe nunca exceder su jurisdicción.

J.O.P: correcto! Muy bien explicado. En realidad los dos llamados “poderes”, son la autoridad y el poder. Hablando con propiedad estas son las dos funciones arquetípicas de todo gobierno (coordinación, liderazgo, dirección, etc). Tomamos la autoridad y el poder en el plano empírico de sus manifestaciones concretas, instituídas -por ejemplo el episcopado, el papado, laclerecía cristiana, por  una parte, y los príncipes, magistrados, ediles, próceres de las ciudades reinos y dominios de esa misma cristiandad- entonces veremos que dentro de estos dos tipos de actores concretos, se reflejan también los dos arquetipos principales. De tal modo, que resulta siempre que en el plano material observamos inevitablemente cierta mezcla. Ahora bien: toda la calidad, la eficiencia y la durabilidad de la acción y las obras políticas, depende de este margen de fluctuación entre la función de autoridad y la función de poder. Cuanto más nítidamente discriminadas y diferenciadas están ambas funciones, más fácil resulta su armónica combinación, y más sólido y duradero es el ámbito de civilización (el reino, el imperio, la nación, la organización) que de ellas depende. Juega aquí un principio alquímico, también actuante dentro del matrimonio: cuanto mejor distinguidos y discriminados están los dos polos interactuantes, más energética, vitalizante y luminosa es la chispa (el vínculo) que se genera entre ellos, mejor se combina su interacción creativa.

La reflexión especulativa sobre estos temas tan importantes, actuales y profundos se realiza a la vez en los distintos niveles de la ciudad: la organización sociopolítica, el teatro del mundo, y la economía particular de la persona (microcosmos) que sólo puedo comprender partiendo de mi mismo. Es importante recordarlo, como venimos haciéndolo durante todo el curso, para no limitar el planteamiento a un sólo plano (por ejemplo: el Papado y el Imperio en los tiempos de la cristiandad), porque entonces la verdadera comprensión resulta casi imposible. De un modo particular, en Occidente, la manera dramática como las dos funciones se han confundido y solapado exageradamente en las mismas personas o agentes, dificulta enormemente la visión de los arquetipos en la trama argumental de nuestra historia. En Egipto, en la India, en la China… civilizaciones muchas veces milenarias, la lectura de la trama argumental es mucho más fácil.

Joan Rabal Bosch.: Después de varios meses sumergido en la lectura de La Ciudad cautiva, llegamos al final del libro y del recorrido a través de la historia del pensamiento político. El viaje me ha resultado muy interesante. Me ha servido mucho desde el punto de vista personal para conocer más acerca del pensamiento análógico y para entender que cada uno de nosotros somos una pequeña ciudad que necesita de un correcto gobierno para conseguir el fin último que es la felicidad. A través de los diferentes autores que van apareciendo a lo largo del libro vemos como con el fin de la cristiandad como sistema de organización social Occidente entra en una época de crisis, que degenera en las monarquías absolutistas primero, en las posteriores revoluciones y en los imperialismos del siglo XIX, el nazismo y el comunismo, etc.

Parte del porqué Occidente entra en esta dinámica de crisis y conflicto constante se explica en este último capítulo, cuyo tema es la diferencia entre la autoridad, fundamental para el correcto funcionamiento de cualquier sociedad, y el poder. Este último, que hoy en día se encuentra aislado de la autoridad, es el que genera las tiranías dejando de lado el buen gobierno y el bien común, que debe ser el fin de cualquier sociedad. Pese a este destierro de la autoridad, esta se encuentra de forma más o menos consciente en las pequeñas polis que somos cada uno de nosotros. Nuestro trabajo ahora debe ser, a través de la tradición y mediante la meditación y la profunda reflexión potenciar nuestras virtudes para mejorar nosotros mismos y ayudar a mejorar a los que nos rodean.

Beatriz Lucaya.: El cuento del vestido del emperador ilustra de una manera fácil el tema de la autoridad y su relación con el poder y el como se llega a manipular a las masas. (…) Sobre el tema de que la autoridad no es poder, he reflexionado (…) como profesora: me gano la autoridad y de paso puedo ejercer poder con mis alumnos en mis clases bien dadas y en el ejemplo que les pueda dar. Sólo si ejerzo esa autoridad bien usada puedo ganarme el poder con ellos. Pues si yo me comprometo con la verdad, podré guiar a mis alumnos en hacerles crecer individualmente y formaré a esos futuros dirigentes de esa ciudad que espero que no sea “cautiva” más bien que les de paz.

J.O.P.: Claro, la auténtica política es la que tiene el centro y el origen en el corazón humano: en el de cada uno de nosotros cuando tenemos abierto el “canal de luz” que nos conecta con las luces superiores que fluyen  como lluvia de gracia desde más allá de la “caverna”.

La idea de que este nuevo tipo de Estado, el moderno, surge como forma de rechazo a la autoridad espiritual, nos muestra lo limitado que se queda el hombre  no pudiendo dar un sentido más profundo al verdadero concepto de Estado, lo deja desnudo , como al emperador con su traje nuevo.

J.O.P.: Éste tema, Beatriz, es hoy difícil…sobre todo porque a la mayoría que opina sobre política le falta información para poderlo comprender, y la minoría cultivada (principalmente los especialistas) no quiere ni plantearlo: es una bomba que hace estallar el Estado desde sus fundamentos. La cuestión  más importante, que vosotros sí podéis empezar a captar, es que, previamente a la instauración revolucionaria del Estado moderno, no existe un sólo estado, sinó varios: son los célebres estamentos, correspondientes a las (tres o cuatro) funciones básicas que hemos venido estudiando en nuestra incursión al pensamiento clásico-tradicional y laidea de la “ciudad sagrada” que conlleva.

En efecto, los antiguos estamentos  son en realidad distintos estados (y así se los llama frecuentemente), con leyes distintas y formas de organización distinta, derechos y deberes distintos, etc. Una civilización tradicional (o una ciudad antigua, pueblo tribal, sociedad arcaica o primitiva) es en realidad una forma de articulación inteligente y estable entre los distintos estados. Eso fue en Europa la cristiandad. La rebelión monarquista desfigura el modelo y lo corrompe. La revolución lo destruye e intenta implantar por doquier el Estado único, homogeneizador, autoritario aunque formalmente se quiera demócrata, preñado de luchas internas y externas, ávido de explotación y crecimiento sin límites. Este Estado único se construyó por abolición de los tres restantes, tomando como base el Tercer Estado.

B.L.: ¿Cómo es posible que surja algo bueno de un inicio que ya empieza ausente de lo verdaderamente importante?¿Cómo van los políticos modernos a ejercer la autoridad si la han perdido y ellos mismos han rechazado a la autoridad espiritual?

E n la página 392 de LCC he releído y meditado varias veces el ultimo párrafo “…el paradigma científico del racionalismo liberal comporta el olvido del pensamiento analógico. Entonces cae en la literalidad y se somete a la dictadura de las apariencias…” Es en este momento en que todo depende de cómo uno lo lea y es cuando caemos en el relativismo y subjetivismo que hoy nos tiene cautivos, no vemos más allá de lo literal ya que falta lo espiritual que es la única fuerza de la Verdad.

Francamente acabar su libro me ha dejado dos sensaciones: por un lado, la sensación de haber hecho un largo recorrido a través del tiempo de los verdaderos fundamentos del buen gobierno y por otro lado me he quedado con ganas de seguir. Muchas gracias por haber tenido la oportunidad de aprender , aunque sólo sea un poco , de su gran profundidad en el conocimiento y en el intentar comprender los símbolos y signos de nuestros tiempos.

J.O.P.: Todo este trabajo, para los que tan bien habéis sabido corresponder, no ha sido más que un inicio. Hay que seguir en esta línea (meditación y estudio) partiendo de las enseñanzas del pensamiento clásico-tradicional, que iréis reconociendo por doquier en forma de símbolos, mitos y ritos. El camino está trazado, la baraja en este juego está trucada, el éxito es seguro!!!

Daniel Huchet.: Gracias a la lectura atenta de este capítulo he podido comprender la necesidad de un gobierno que siga el sabio consejo de la autoridad espiritual y que ésta encuentra su fundamento en la historia, en la institución y en la religiosidad. Que la razón de nada sirve si no conecta con el corazón místico de la religiosidad que es la doctrina del Amor, de lo Bello y de lo Bueno.

Quisiera aclarar tantas cosas… Suerte que tenga toda la vida por delante para poder descifrar la simbología del mundo gracias a las nuevas lentes que me he ido confeccionando a lo largo de la asignatura. Lentes de una óptica tan clarificadora que me inducen no sólo a ver allende lo concreto sino que con arreglo a su nitidez consiguen dar luz y forma al movimiento solidario, a la acción que se desencadena por la conexión con el intelecto, por el resorte del corazón.

Todo está en nosotros, el principio y el fin:

“¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!

Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba.”

(San Agustín de Hipona).

El cambio empieza por uno mismo. Todo empieza por uno mismo.

José María Xipell Font.: -Me gustaría hacer una breve consideración –sintética y resumida- sobre el último capítulo, debido a la intención a dar mayor espacio a la meditación del símbolo, y que me parece que es la clave del problema de nuestra ciudad cautiva contemporánea: el problema de la autoridad y todas sus implicaciones, ligadas estrechamente a la Verdad.

La falta de autoridad en base a la verdad ,y pervertida por el ansia de poder de nuestros mandatarios –y por la pasividad y falta de compromiso de nosotros, los ciudadanos- nos ha llevado a ser esclavos de un sistema que se alimenta en su maldad: no sólo no reconocemos una autoridad, si no que no podemos encontrar una ciudad segura y abierta, como la polis celestial de las doce puertas; ya no brilla el fuego en el altar del centro de la ciudad, sino que brilla el interés egoísta de cada individuo; ya no existe el pacto, ni la verdadera solidaridad, ni la dialéctica, sólo el insulto y el desprecio para pasar por encima de nuestros semejantes…nos hemos convertido en una ciudad ególatra, sin proyectos en común y sin un poder que se base en la verdad. Sólo importa uno mismo.

¿Cómo puede la ciudad volver a ser libre? La solución, desde mi punto de vista, pasa por recuperar la verdadera autoridad: no es suficiente una transformación del sector poderoso y dirigente al modo revolucionario, si no que los que debemos cambiar somos los ciudadanos: volver a la solidaridad y al amor, construir un proyecto de ciudad en común para experimentar un proceso de conversión interior, y poder reestructurar la polis, teniendo en cuenta qué queremos y a quién elegimos para comenzar la reconstrucción. Y lo más importante: no nos demos por vencidos, cambiemos a quienes tenemos cerca, influyendo en cada vida y en cada persona, que es como verdaderamente se cambia la Historia.

MªJesús Castel.:   Como ya comenté en el pasado ejercicio, cada vez he ido entendiendo mejor la obra en la que hemos estado trabajando y honestamente he de decir que la lectura de los dos últimos capítulos, capítulo VI (La ciudad utópica) y éste último, me han dado una visión global de todos los contenidos que hemos ido tratando a lo largo del curso. Me ha parecido muy interesante toda la explicación de la relación entre las dos funciones básicas de la política, la autoridad y poder, así como el paralelismo con  las dos facultades anímicas, el intelecto y la razón y los símbolos que las representan, la llave y el cetro. Resulta curioso que la sociedad política del liberalismo rechace por completo la autoridad espiritual pero que sin embargo la sociedad real siga considerado la vida humana inconcebible sin esta autoridad (…). Si la  sociedad de a pie sigue creyendo en la autoridad, sigue ésta en cierta medida influyendo en la vida política y, por tanto, en el Estado. ¿Sigue siendo así en la sociedad del siglo XXI?

Para dar respuesta a la pregunta formulada debemos tener en consideración que el buen gobierno depende de la sumisión del poder temporal a la autoridad espiritual y de la fluidez y armonía entre ambos. Además, tal como se considera en el pensamiento clásico-tradicional, la autoridad es necesaria para que la pequeña ciudad que es la persona sea feliz. Actualmente el poder no está sometido a la autoridad y por lo tanto no tenemos un buen gobierno. Sin embargo, hay personas que se pueden considerar felices por lo tanto sigue habiendo gentes que creemos en la autoridad espiritual y con el tiempo creo que se conseguirá influir en la vida social y política y en el poder.

La Ciudad Cautiva acaba con un párrafo <de Hannah Arendt> que merece un tiempo para reflexionar: “Estamos en peligro de olvidar […] vamos a quedar privados de una dimensión: la dimensión de la profundidad en la existencia humana. Porque recuerdo y profundidad son lo mismo, o mejor dicho: no puede el hombre profundizar sino a través del recuerdo”. Estoy totalmente de acuerdo con esta afirmación, la sociedad actual tiende a rechazar todo lo pasado y a olvidar las tradiciones para ensalzar todo lo nuevo y futuro. Creo que se ha de conseguir un equilibrio: los avances y el bienestar de nuestra sociedad actual se han de valorar pero sin olvidar todo lo que fue.

Respecto al término “tradición”, me ha parecido muy interesante la definción que se hace. Así, si se entiende la tradición como la transmisión de los medios de conocimiento, es inevitable ligar los conceptos autoridad (espiritual), tradición y religión, llegando así a la idea fundacional y la creación de la comunidad humana.

La lectura del libro junto con las extensas explicaciones recibidas en clase y los elaborados comentarios de los compañeros en éste blog me han hecho reflexionar, mostrar interés por el pensamiento clásico-tradicional y cuestionarme aspectos de la sociedad actual que de otro modo quizás no hubieran llamado mi atención. Por todo ello, gracias a todos.

…quiero ampliar a explicación del mito de la Caverna, y las diferencias o similitudes entre las dos formas de representación, la rectangular y la esférica, que se exponen en La ciudad Cautiva; <así mismo>, la relación de los conceptos autoridad, tradición y religión.

Tatiana Cucurull.:

“La función de autoridad en sí misma no ejerce mando alguno, ni violencia, ni tan siquiera tiene que comprometerse con la ganas de influir en la política” (LCC, cap.VII)

La autoridad no debe ser coercitiva sino que, en realidad, la idea de autoridad debería llevarnos a la idea de verdad. La autoridad debe ser objetiva y nunca lleva consigo exigir obediencia pues pasaría a ejercer la función de poder. El hombre, como sujeto libre, puede asentir o rechazar la verdad que conlleva la autoridad: en su mano está someterse o no –concepto que en nuestra sociedad contiene una concepción peyorativa- a la figura de un mandatario que considera verdadero-bueno, a quien queda vinculado en cuanto su deseo de ser un ciudadano feliz.

“La autoridad espiritual propiamente dicha es precisamente aquella función de conocimiento, o mejor, de autoconocimiento, que guía al hombre hacia la comprensión de sí mismo y, por tanto, a la felicidad” (LCC, cap.VII)

Todo hombre tiene la necesidad innata de conocerse a sí mismo. A través del autoconocimiento y de la propia contemplación, que es lo más importante y esencial, podemos acceder a todas las cosas, desde lo más terreno hasta Dios mismo, y encontrar en cada cosa la verdad, en cuya atracción natural se encuentra la verdadera autoridad.

“Un gobierno será legítimo en la medida en que el poder se halle en sintonía con la autoridad” (LCC, cap.VII)

Gobierno y autoridad deberían ir siempre de la mano. El gobierno debe conseguir el bien común de la comunidad -conocer la naturaleza humana y las condiciones de su felicidad-. La autoridad debería ser el ejercicio del poder reconocido y entregado por los propios ciudadanos, algo que dista mucho de ser real en nuestro tiempo, con el ejercicio de una democracia pasiva y deformada: es la única que puede ayudar al gobierno y al ciudadano a lograr su sintonía.

Pablo Díaz Hevia.: He aprendido en este capítulo, así como en todo el libro, la noción verdadera de política. Hoy en día la sociedad vive en la mentira y no en la verdad. La verdadera política consiste en poder gobernarse con eficacia, consiguiendo paz, desarrollando la dimensión espiritual y reconociéndola como clave en el proceso de gobierno interior, en dos palabras, teniendo vida interior. He visto como hoy en día la mentira vive en las personas al obviar totalmente esta dimensión espiritual y por consiguiente vivir en el desgobierno. Sin esa dimensión espiritual la verdadera política es imposible.

He visto también todas las analogías genialmente explicadas entre autoridad y poder. He comprendido como los que hoy se llaman la clase política tienen como fin el poder y no la autoridad. La verdadera autoridad empieza en uno mismo con un gobierno eficaz, luego está la autoridad familiar, luego la espiritual y así progresivamente. El poder ha de estar encuadrado en la autoridad y esta tiene la verdadera fuerza, la de la verdad. La autoridad guía al poder y si no hay una relación clara entre ellos hay corrupción y decadencia. He comprendido como el poder sin autoridad está fuera de control y en el mundo de hoy en día necesitamos recordar para no volver a cometer errores.

El hombre busca casi por instinto la felicidad, y esta sólo se puede conseguir con autoridad espiritual sobre uno mismo. El hombre para ser feliz ha de mirar para adentro, ha de seguir la autoridad espiritual, ha de recuperar la doctrina del amor, del beneficio, de lo más bonito que sale del corazón.

Comentarios a La Ciudad Cautiva, cap.IV: La cristiandad: nueva polis

(En esta entrada se comenta el capítulo sobre la “República Cristiana”, el modelo sociopolítico <o civilizatorio> de esas entelequias que hoy llamamos “Cataluña”, “España”, “Europa”, “Occidente”. La he dividido en tres partes agrupando los temas por el interés de los alumnos).

I. URBANÍSTICA SAGRADA O FUNDACIONAL

María José ha iniciado un interesante trabajo buscando “en qué otras poblaciones podría encontrar las referencias urbanísticas estudiadas en este (IV) capítulo.” Reproduzco a continuación los planos que aporta de la antigua Caesar-Augusta Quadrata (núcleo de nuestra Zaragoza), en los que reconocemos fácilmente la trama ortogonal dodecápilos. De haber dado con estos materiales, los hubiera incluido en La Ciudad Cautiva! Gracias, me parecen maravillosos y dignos de profundización. Me pregunto: habrá algún dato o resto urbanístico/arqueológico referente a la antigua Salduba, la ciudad anterior a la fundación romana?

En cuanto a los planos de Tarragona y Ciudad Rodrigo, se puede reconocer más o menos el aspa (sobre todo en la antigua Tarraco), pero habría que investigar más, in situ, preguntando, viendo, consultando, etc. Valdria la pena!!!Todo eso podría ser el inicio de una hermosa investigación. Te felicito!

Tres planos de la antigua Caesar Augusta

Plano de la antigua Tarraco

Tatiana:
El número doce es por tanto el número “político” por excelencia, número de
elección, de alianza, de constitución: con el número doce se puede completar todas las
posibilidades y componentes de un todo ordenado; un espacio-tiempo cósmico, una civilización o una comunidad: como recuerda Chevalier, tiene una gran riqueza
simbólica y arquetípica puesto que el doce es fruto de “la combinación del cuatro del
mundo espacial y del tres del tiempo sagrado”. Un claro ejemplo de su cualidad es que
número doce está representado en las doce puertas de la muralla, que también son las
particiones del cielo que nos ayudan a ver las particiones de la tierra, o la disposición de
los doces meses representando la disposición cósmica de Zodíaco.

Gemma.:

Durante todo este capítulo lo que más me ha llamado la atención es la utilización del simbolismo numérico. El número dos refiriéndose a la luz (aspecto masculino) y a fuerza (aspecto femenino); esta dualidad permanente que descubrimos en la religación de conceptos. (pàg.216). Los tres aspectos del alma de San Agustín o los tres estamentos principales de la polis que idealmente construye Platón. El número cuatro en la cruz y en el Apocalipsis sugiere también la idea de universalidad: los cuatro seres vivientes son el conjunto de los que viven en el mundo de la luz. Los cuatro jinetes traen las cuatro plagas principales. Los cuatro colores de los caballos corresponden a los colores de los puntos cardinales y a los del día, para mostrar la universalidad de la acción en el espacio y en el tiempo: blanco es el este y el alba; rojo el sur y el mediodía; glauco el oeste y el crepúsculo; negro el norte y la noche.

Daniel: He descubierto que la ciudad material, reflejo de la ciudad celestial, es la forma más perfecta de organización social y de ordenación territorial.

Evaristo: Comprendo que al surgir nuevas civilizaciones, la ciudad adquiera un nuevo sentido, ya sé que a partir del Renacimiento cambia todo. Pero he vivido en pueblitos donde la ciudad sigue siendo la ciudad cuadrada en cuyo centro está el corazón, el mandala. La ciudad que es el símbolo del hombre: razón, intelecto, voluntad, sentimientos.

Sergi

En la ciutat de Puig i Cadafalch es vol seguir el model grec agafant-ne la forma però obviant-ne el fons?

J.O.: Jo crec que sí. En Puig i Cadafalch desconeixia el simbolisme de la ciutat i va llegir en clau del modern urbanisme la descripció que fa Eiximenis de la ciutat ideal. Que la descripció del plànol dodecàpilos correspon al model de la Jerusalem, és una cosa que Eiximenis no diu, i que jo m’encarrego de senyalar… En Puig fa una anàlisi formal i té el mèrit d’haver descobert i arxivat diversos exemples de ciutats hispàniques on el mateix model fou aplicat.

Sergi: Si hi ha la ciutat dodecàpila per la ciutat del món. També hauria d’haver-hi un planell dodecàpila per la ciutat interna a través del qual la veu es pogués utilitzar de forma correcta.

J.O.: Efectivament. Genial! Si no sabem de ningú que hagi aplicat abans aquest cosmograma a l’art d’emetre la veu (de segur que les escoles sufís del Turkestán coneixen bé el tema…) tu pots fer-ho. Aquestes ciències dels ritmes i les vibracions còsmiques (estudiades tradicionalment a través del quadrivium, com ja hem comentat a classe) operen sobre tot per deducció a partir de l’estudi del model (geomètric, aritmètic, astronòmic, musical) i l’experimentació meditativa directa. Encantat de poder-te ajudar en aquesta recerca, on poden sumar-se altres investigadors de la veu…

(J.O.: Reproduzco gran parte del texto enviado por Hans (Joan Bahr), a quien el espacio-cuartilla resulta insuficiente por las muchas cosas que desea apuntar… pidiéndole excusas por esta obligada limitación, y los trozos segregados, que para ser comprendidos necesitarían de un mayor desarrollo por su parte y comentario por la mía. Cuestiones que de palabra será más cómodo comentar en clase si ha lugar…)

Joan Bahr:

Me ha llamado especialmente la atención una frase crucial que por ella misma descubre la exégesis de este libro: “Uno de los principales motivos que da Eiximenis para la existencia de ciudades es vencer la ignorancia”. En efecto y son muchas las torres desde las que esta aseveración puede divisarse. Una de las más altas, la doctrina clásica de la sociabilidad, nos hace ver que el hombre es preeminentemente un ser social, (…) otra nos recuerda acertadamente que el orden que rige la convivencia entre los hombres es la representación de su orden interno (vid. p. 216). Son suficientes estas dos visiones para introducirnos en la significación mandálica (…) un lenguaje que habla por sí mismo (…) La exactitud del orden geométrico, y su extralimitación más ahí del espacio en el que se inscribe, vertebran un orden cósmico que subyace en todo lo manifestado. Se sigue de esto que cualesquiera de las designaciones que denoten en un paradigma concreto este orden cósmico son expresiones de un conocimiento verdadero, o quizá sea mejor dicho, sagrado. Es pues comprensible que la convivencia humana a lo largo de los tiempos haya sedimentado esta arquitectura sagrada en las ciudades que coadyuva la emergencia del Conocimiento en los hombres. Me preguntaba a menudo en mis recorridos por el mundo occidental, cual era la causa de que las ciudades con catedral (…) gozaran de un misterioso sabor ancestral -que no se muy bien explicar- del cual otras carecen. Observo que no dejan de ser monumentos pétreos, pero la lectura de este capítulo me ha guiado en el entendimiento de un mandala cósmico que tiene en el centro la catedral como la representación interna y externa del origen dialéctico que nutre la sabiduría. Se y he sabido que paseando por los viejos barrios de estas ciudades, nuevos para mí, siempre vuelvo a mi hogar.

II. CIUDAD INTERIOR, CIUDAD CELESTIAL, SOCIABILIDAD NATURAL

Raquel: Poco a poco, trabajando La Ciudad Cautiva, voy ratificando la idea de que “el hombre es una miniatura del mundo y la sociedad, un microcosmos o una micrópolis…y con el prójimo”, tal como lo expresa Eiximenis. En este capítulo, se hace más patente, si cabe, la necesidad de transformar al hombre por el fortalecimiento del alma, que veíamos en capítulos anteriores. ¿Cómo? A semejanza de la ciudad de Paraíso, con oración y mortificación (…).

J.O.: El “¿cómo?” que en esta asignatura de máster estamos aprendiendo tiene ya dos aspectos: 1)el que nos propone Séneca, a saber: el fortalecimiento del ánimo mediante la ciencia/arte de los beneficios; y, 2) la transformación de nosotros mismos mediante el estudio y la meditación, es decir, mediante la verdadera “filosofía” hoy tan olvidada. Este tipo de práctica es el autoconocimiento con ayuda del lenguaje analógico (mitos, símbolos y ritos, como los que estamos manejando), y conlleva, efectivamente una “muerte” (a todo lo viejo, a los prejuicios, a las falsas identidades e ideas en las que creíamos y ya no nos sirven) y un renacimiento a nuestro verdadero ser, tan olvidado, tan comparable a una hermosa ciudad, a un Paraíso. En este tipo de “muerte” hay el máximo goce y la máxima plenitud… Por eso es importante entender correctamente qué significa la “mortificación” de los ascetas o de la Cuaresma, que tu mencionas y a la que aludes a través del citado artículo de Puigverd…

Raquel: Tal y como recoge de Eiximenis LCC, “…En dicha ciudad es rey el entendimiento, y reina, la voluntad; tesorera la conciencia, y jefe de los caballeros el libre albedrío; el pueblo y los ciudadanos son la verdad de los distintos pensamientos, los siervos son los cinco sentidos corporales”.

Gran despropósito el de nuestros tiempos; hemos dado la corona del rey a los cinco sentidos, hemos dejado fuera de la ciudad a la conciencia ; y entendimiento y voluntad viven sometidos a un albedrío que es cualquier cosa menos libre. Quisiera profundizar sobre este tema. Imagino que los clásicos son el primer paso. En ello estoy, aunque más despacio de lo que quisiera. En ocasiones me desalienta la realidad; aunque también es cierto que no pierdo la esperanza de contribuir con mi minúsculo grano de arena a recuperar esa bella y ordenada ciudad que Dios nos dio a cada uno de nosotros.

Me interesa de forma especial la ciudad interior y cómo se comunica al prójimo en la búsqueda del bien común. El modelo de ciudad que pretendo es utopía, lo sé. Pero conforme evoluciono en el conocimiento gracias a La Ciudad Cautiva voy concretando los objetivos de mi trabajo de investigación, cada vez más cercanos a la conquista de un modelo de ciudad del Renacimiento.

J.O.: Así se hace, poco a poco se va juntando la ciudad interior con la exterior. El arte (nuestra profesión) consiste en juntar el Cielo con la Tierra. El Renacimiento es desde luego un buen modelo para todas las cosas y obras buenas de la modernidad, como iremos viendo en los próximos capítulos.

Sergi

Impressionant considerar l’home com una ciutat i posar els cinc sentits com a servents (criats) de la ciutat. El cos amb un centre de foc (ànima) com la ciutat. Hi ha diferents móns i universos. Cada cos és un univers.

Naiara escribe este precioso texto, que por error atribuí a Hans..:

LA CIUDAD DEL COM-

De nuevo en este capítulo, “La cristiandad, nueva polis”, me llama poderosamente la atención descubrir lo presente que se hace el pensamiento político clásico. Presente como posible respuesta, como esperanza, a la situación actual que vivimos como humanidad compartida de este planeta.

Para este pensamiento político clásico los conceptos y temas principales son: la comunidad, la cosa pública y la ciudad, como tres aspectos de una misma teoría. Tres aspectos que se interconectan como en un sistema donde todo viene de algo, y tres aspectos que nos hablan al mismo tiempo de lo macro y lo micro, lo interno y lo externo; como espejo y metáfora uno de lo otro. La UNIÓN es  el hilo  que teje cada uno de estos conceptos en sí y entre sí.

Es el Ser Humano un Ser en relación. Y esta relación se dirige en tres direcciones: con uno mismo, con los otros, con lo Otro, con el Misterio. Así, la ciudad es  el lugar donde puede expresarse la sociabilidad del hombre, y vivirse su triple relación consigo, con los otros, con Dios. Y la ciudadanía consiste en participar de un “mismo corazón espiritual”, sabiéndose cada individuo parte de un Todo. Esta íntima convivencia que necesita el hombre para ser Ser Humano, hace que  la comunidad pertenezca a su misma esencia; que la comunidad sea una cosa natural y necesaria para su supervivencia y felicidad.

Descubro con agrado que la teoría de la comunidad se basa “en el concepto del bien común, el bien del alma, como auténtico bienestar compartido: el bien del alma es la vivencia del conocimiento, la comunión con las ideas universales”.

La comunidad está ligada al concepto holístico, y así, esta comunidad también se da en el interior de cada uno de nosotros, donde deben convivir íntimamente los distintos aspectos de nuestro ser: biológico, social, emocional, mental, espiritual; y procurar que cohabiten en una ordenada armonía nuestro pensar, sentir y actuar.

La ayuda mutua, y la necesidad como su motivo, es lo que nos hace ser compañeros, en una ciudad  donde la cosa pública está fundamentada en el concepto del bien común.

La ciudad desde el punto de vista tradicional en el simbolismo arquetípico es concebida como una de las principales analogías del alma humana y del alma del mundo. En la ciudad se realiza simbólicamente el último y primordial fin del hombre en la tierra: conocer a Dios.

Viene la palabra compañero de aquel que comparte el pan, y nos recuerda el prefijo com- (comunicar, compartir, comunidad, comunión)…Una ciudad de compañeros donde vivir en com-unión con uno mismo (vivir el alma individual, como último resorte de la individualidad que nos une al Espíritu, Uno); con los demás (ser compañeros. Buscar el beneficio mutuo, que parte de la ayuda mutua); con el Todo; con el espíritu, como estructurante del orden de la ciudad.

Daniel: He descubierto el sentido original de lo comunitario a partir de la definición que nos ofrece Eximenis.

Sergi: Avui en dia, tot i que formem part sociològicament de la mateixa civilització cristiana podem dir que participem del mateix cor espiritual? I aquest cor és diferent d’altres civilitzacions fora de l’occidental?

J.O.: Sí, participem del mateix cor espiritual, sigui conscient o inconscientment. Fer-nos-en conscients majoritàriament significaria poder reconèixer altra vegada la nostra rel cristiana. A més a més, aquesta “rel”, aquest “cor” que a Europa hem expressat tradicionalment en clau cristiana, és el mateix cor, la mateixa rel, que jeu al centre de tota civilització. Els éssers humans som tots un sol home…

Evaristo Aguado:

No conocía a Eiximenis y me ha parecido que es una pena que nuestros hombres de la cultura y de la política no beban de fuentes tan claras. Sí, es una pena que todo sea pragmatismo, intereses personales o partidistas.

En este capítulo he encontrado belleza, armonía (la de los números) aplicadas a la ciudad, al orbe, pero sobre todo al hombre. No podemos olvidar la analogía entre la ciudad, el cosmos y el hombre. Pero también el verdadero fundamento, incluso desde el punto de vista simbólico de las civilizaciones, de la ciudad y del micropólis humano (todo hombre es una bella y ordenada ciudad).

La sociabilidad del hombre (“el hombre es social” por naturaleza me decían de pequeño en el colegio) es algo que he entendido, en profundidad simbólico-mística, en la Ciudad cautiva. Y lo he entendido a través del simbolismo de la ciudad. Dependemos de la interacción con el prójimo, somos animales civiles. Es muy audaz decir que “si uno no ama la compañía de los hombres, uno no es de naturaleza humana” Pero lo más profundo, lo que me ayuda a trascender lo material, el amor humano, la relación con los demás es ese “el hombre se relaciona y convive con Dios, el creador (vuelos del alma teresianos y de Juan de la Cruz). Y en esa íntima convivencia consiguen ambos conformar una ciudad que seguro que no es cautiva sino que trasciende al hombre y al mundo que lo rodea, está liberada por siempre.

Comencé a trabajar la Ciudad Cautiva siendo bastante escéptico sobre su utilidad. Mi forma de pensar, muy utilitarista, adquirida en el mundo empresarial durante más de 30 años, me llevaba a dar poca importancia a los temas intelectuales. Pero, usted me ha hecho meterme en la ciudad y convertirme en un luchador que quiere liberarla. Estoy sorprendido de que leyendo autores clásicos haya comenzado a razonar como ellos y me parezca normal, útil y bello lo que dicen. Estoy consiguiendo ver con una mirada nueva temas relacionados con el poder, el gobierno, la economía. Y todo ello en una mezcla de utilidad, poesía, y cercanía a lo transcendente. Es como si Dios estuviera en todas partes como aprendí de niño. Otro gran descubrimiento es que todas las civilizaciones tienen unos puntos en común: lo más transcendentes. Lo Oriental, la India, ha empezado a entrar en mi vida.

Primera sorpresa ha sido para la sociabilidad natural del hombre. Esto lo sabía; pero la sorpresa es que es la esencia del hombre, mi esencia, una cosa natural y necesaria. Y sigo caminando y descubro que la teoría de la comunidad se basa en el bien común que es el bien del alma. Sigo caminando con Eiximenis y doy el triple salto mortal: “El bien común para los cristianos es Jesucristo. Compartir su cuerpo y su sangre. El alimento de la comunidad, de la Esposa. Y ahora salto a la Esposa del Cantar que loca de amor busca en la noche oscura del alma por la ciudad, cautiva, el bien común, el Esposo, el Amado. “En mi lecho, por las noches, busqué al que ama mi alma, y no lo encontré. Me levantaré y rondaré por la ciudad, por calles y plazas, buscaré al que ama mi alma. Lo busqué, pero no lo encontré… ¿Habéis visto al que ama mi alma?

Ahora el bien común “es el amado que encontré. Lo abracé y no lo soltaré…” Como la Esposa del Cantar busco el bien común pero no es fácil encontrarlo.

Daniel: Quisiera entender mejor el carácter natural de la doctrina de la sociabilidad del hombre. ¿Guarda alguna relación con el tiempo de la inocencia?

J.O.: La sociabilidad tiene, efectivamente, su núcleo “mitológico” en el llamado “estado de inocencia” (estado primordial, edénico, paradisíaco, etc). Eiximenis y los autores cristianos, siguiendo la tradición, nos hablan de la pérdida de este estado como una “expulsión del Paraíso”, consecuencia del “pecado”. Todos estos términos son simbólicos. Estamos aprendiendo las claves del lenguaje analógico para poderlos interpretar: eso es, para poder reconocer en nosotros mismos estas realidades actualísimas, aunque invisibles… En el Paraíso la sociabilidad humana fluye de manera natural, porque los egos no existen (como dice Don Quijote, en la Edad de Oro -equivalente simbólicamente al Paraíso bíblico- “no existe ni lo tuyo ni lo mío”). Pero la pérdida no es total. Nuestra vida no sería humana si no gozáramos de vezen cuando los estados de bondad, inocencia y desprendimiento. Pero, digamos en términos generales, que estos estados que todos podemos vivenciar y sabemos reconocer perfectamente, existen de forma underground, sobre todo para la visión oficial del mundo y de la vida que se nos quiere imponer continuamente desde el “pensamiento único del sistema”. El Paraíso, lugar de origen y de retorno, es una metáfora de nuestra alma, perdida y recuperada, una y otra vez, hasta que el retorno sea sin vuelta atrás.

Catherine:

Desde el principio de la asignatura, usted comenta que la ciudad es imagen del hombre y del cosmos.  Antes de leer el capítulo de hoy, me costaba entender en qué sentido lo es.  Me ayudó el simbolismo de los 5 sentidos, de la razón, de la inteligencia, etc.

“La sociedad no se agota en el mero hecho de la relación con los demás en el plano de la conducta, o de la acción social: va mucho más lejos al ampliarse desde el plano que hoy llamamos “social” (…) hasta el plano ontológico”.

Las lecturas de esta quincena han sido para mi las más difíciles de digerir.  Estoy de acuerdo con todo de forma intuitiva, pero no acabo de comprenderlo bien.  Llevo años leyendo sobre el concepto del bien común y lo entiendo de forma intuitiva, pero mi aceptación intelectual de ello es más bien un “acto de fe” intelectual, que un acto voluntario de la razón.  Creo que la causa es que tengo una formación como jurista y se me formó en el positivismo.  No soy positivista, pero he sido formada en el positivismo y lo llevo en la fibra.  Mi problema surge cuando tengo que explicar el concepto de “bien común” a mis alumnos de Teoría de la Organización, hablando de los beneficios de la empresa.  Me es realmente muy difícil hacerlo.  He leído muchos documentos sobre el bien común y no hay manera.

Me ha gustado la idea de utilidad para el bien común.  En este sentido, si la empresa tan solo piensa en sus beneficios propios, y no tiene razón de ser que se arraiga en una misión compuesta por una serie de contribuciones hacía las necesidades reales de los demás (empleados, clientes, proveedores, etc.), pues no está siendo útil a la comunidad.

No sé si estoy de acuerdo con Valerio Máximo cuando dice que se puede animar a buscar el bien común, “por necesidad e por atención a vosotros mismos, porque en el bien o en el daño de la cosa pública, vuestra parte está en juego”.  Dudo que el miedo a perder su parte sea una motivación suficiente para que uno busque de verdad al bien común y al verdadero bien común.

J.O.: Creo que los comentarios de tus compañeros, colgados en este blog, atentamente leídos podrán ayudarte. Explicar a las mentes formadas en el positivismo que el bien común es el bien del alma (“lo bé de Nostre Senyor Jesucrist” como escribe Eiximenis, etc) no es ciertamente cosa fácil. Hay que cambiar el paradigma mental usando de la hermenéutica simbólica que estamos aprendiendo. Bajo este título algo rimbombante se esconde el método: reconocer la idea ( en este caso el Bien Común) en uno mismo; hacerse uno con ella; sentirla; encarnarla… A partir de aquí nos son dadas las luces para poder explicarlo a los oyente (o lectores) que desean aprender (…a los otros, a los que sólo desean discutir, es imposible!), y también las palabras y la manera de hacerlo comprensible.  En suma: hay que encarnar lo que el símbolo simboliza y, a partir de esta “encarnación” podemos explicarlo de una manera nueva, que nos viene revelada y se produce de forma natural y lo más adaptada posible a los oídos de los oyentes. Eso y no otra cosa es la hermenéutica simbólica o tradicional.

Tatiana:

“El aislamiento y la soledad, aunque frecuentes, e incluso en los casos más radicales, no desmienten que la sociabilidad sea algo esencial en su naturaleza“: El hombre necesita, por su naturaleza, relacionarse. Incluso las personas que deciden aislarse ya sea por sus creencias, por su filosofía de vida, por su carácter, han tomado esa decisión sabiendo lo que es la sociabilidad, ya que ésta le viene dada en su esencia. De este modo, la naturaleza social del hombre abarca todos los aspectos de la vida humana: desde el hombre en relación con sus semejantes hasta su relación con Dios, y sin olvidar un aspecto que en ocasiones puede pasar inadvertido: la relación de la persona consigo misma, también en su dimensión social, que nos lleva a no encerrarnos en el egoísmo, y que nos transforma en seres abiertos y comunicativos.

“La ciudad es la comunidad política perfecta, por la plenitud de sus fines y por la suficiencia del gobierno”: los hombres por su naturaleza tienden a unirse: primero en familias, luego en núcleos rurales, pueblos, aldeas, y por último en ciudades. Buscan evitar la concupiscencia y cualquier forma de mal, y para ello necesitan y se dotan de un soberano que gobierne y dirija la ciudad: al ser la forma más elaborada y compleja de organización humana, es también la más excelsa y perfecta, a la vez que conlleva la responsabilidad de tener que ser la más cuidada por la complejidad de los elementos que la integran, puesto que la desviación de uno de sus miembros lleva al desvío de toda la comunidad, sobretodo si se trata de su gobernante.

“La ayuda es el factor ccomunitario por excelencia, y nos remite diirectamente a la fraternidad, que desde la a antiguedad remota se ha considerado ta an esencial a la naturaleza humana como lo o son la libertad y la igualdad”: La fraternidadd es un elemento
natural del hombre, tanto el hombre aparentemente bueno como malo, tiende a la fraternidad a relacionarse c con sus semejantes y a corresponderse con el llos. La ayuda es un efecto que nos permite conseguir la proximidad con los demas, hacieendonos buenos; y contribuye consiguientemente al orden social.

Para que cada comunidad “este fundada en amor y concordia conviene que cada uno ayude a otro vendiéndole qué comer, y el otro vendiéndole qué beber, y el otro, qué vestir, y el otro, qué calzar”: La division del trabajo debe basarse en n el concepto de
ayuda ya que cada persona a debe compartir (vender, cambiar por otra co osa) lo que tiene, y de esta manera toda la ciudad se vera beneficiada puesto que tod dos cubriran sus necesidades para vivir: to odos necesitamos de todos, y el vinculo de e una verdadera division del trabajo consistee en crear un tejido de solidaridad con nuestr ros semejantes, y no parcializar el trabajo de forma egoista, insolidaria y para el propio ap provechamiento.

Pablo: El bien común es hoy entendido como el bien material, y este concepto es algo bastante pobre ya que es más importante, o al menos tan importante, el bien del alma. Lo opuesto es el bien propio, el que mira por uno mismo, el que es egoísta (corrupción, usura, especulación). Por lo que es importante orientar todo al bien común, tanto desde el punto de vista colectivo e individual.

J.O.: el bien propio no tiene porque ser egoísta. Cada elemento individualizado del cosmos (sea una familia, una universidad, un taller, una nación, un individuo humano, etc) tiene necesidad y obligación de atender a la propia subsistencia individual. Eso sí: sin atentar contra la subsistencia de otros entes individuales, que también tengan derecho… El bien propio (mejor dicho: bien particular, ya que es el bien de una parte) es pues bueno y necesario. Lo importante para no caer en la desmesura y el egoísmo, es reconocer la preeminencia del bien común (bien del alma, bien universal, etc) de que depende principalmente el uso provechoso de todos los bienes particulares y/o materiales.

P.: Respecto del funcionalismo cooperativo me ha llamado mucho la atención la obligación del ciudadano a servir la utilidad pública: lo uno a la teoría de los beneficios (del dar y recibir) que es de tanto provecho.

(…)Las ciudades son imagen del Paraíso, o de la Jerusalén Celestial, ya que es algo que tenemos grabado en el alma humana. Pero por la acción de los ángeles (tanto los fieles como los caídos) el mundo se mueve y las energías fluyen por él. Por tanto los tres modos de poder son el divino, el angélico y el humano.

Gemma: El Llibre dels Angels, es un tratado sobre los ángeles con pretensiones divulgadoras; de hecho, alcanzó una gran difusión, en catalán y otras lenguas, y motivó el renacimiento del culto a los ángeles. (…) La obra de Eiximenis es para ilustrar y corregir cristianamente la conducta y la vida de los hombres de su tiempo. Su pensamiento reviste interés desde el punto de vista de la evolución de las ideas religiosas de su siglo, como místico, teólogo y por sus doctrinas ético-sociales.

J.O.: Toda la obra de Eiximenis es de gran actualidad. Por eso la traemos a colación y la explicamos enlazándola con otras formas del pensamiento clásico-tradicional. Este tipo de pensamiento, que estamos aprendiendo (basado principalmente en el simbolismo) es transversal a todas las épocas de Europa hasta hoy. Simplemente, hay que comprenderlo, y saberlo traducir para poderlo comunicar. Varía la forma, el fondo es el mismo…Claro! hay temas doctrinales que tienden a ser olvidados, como la presencia de los ángeles (otra vez poniéndose de moda?). Independiente de las épocas y los autores, los ángeles nunca han dejado de existir ni de actuar. El pensamiento clásico-tradicional, que explica estos temas (y muchos otros de la sabiduría perenne), no está sujeto a evolución, ni pertenece a una determinada época…

Por lo tanto, la frase que afirma que el pensamiento de Eiximenis tiene “interés desde el punto de vista de la evolución de las ideas de su siglo…” está totalmente equivocada, porque proyecta a lo clásico-tradicional una concepción histórico-evolutiva de las ideas que no le cuadra, lo saca de su contexto real (el presente arquetípico) y lo banaliza, tal como lo hace la llamada “historia de la filosofía” con todas las ideas y doctrinas que preceden a la moda ideológica del momento. Eso es el “historicismo”, ideología decimonónica que impregna la modernidad, y que debemos saber identificar y criticar para acceder al tipo de pensamiento que estamos aprendiendo. Desde el punto de vista historicista el pensamiento de Eiximenis no es más que una curiosidad arqueológica, que a lo sumo puede ayudar a comprender un pasado lejano con el que hemos perdido contacto. Desde este enfoque no hubiéramos recurrido a la obra Eiximeniana para poder explicar cosas de gran actualidad!

G.: En este capítulo V de La Ciudad Cautiva, referente a la Cristiandad, nueva polis; me ha parecido interesante analizar de una forma más profunda cómo Eximenis quiere transformar al hombre por el fortalecimiento del Alma.

Por influencia de los filósofos y tal como hemos ir podido ver en el transcurso de la lectura de la Ciudad Cautiva, los griegos distinguen en el alma humana partes, principios, potencias o facultades. Un ejemplo de esto es el conocido por Platón (República, Libro IV) donde desarrolla un paralelismo claro entre las partes del alma y las clases o funciones sociales.

Las representaciones simbólicas del alma son numerosas… En China <se la ha visto como siendo> doble, compuesta por dos principios: Kuei es el alma de más peso, aquella que gravan los deseos del viviente; queda cerca de la tumba y frecuenta los sitios familiares. Shen es el genio, la parcela divina presente en el ser humano... <Una dualidad>  que entronca(…) la cosmogonía, fundada sobre la oposición de dos principios, el yin terrenal-hembra y el yang macho-celestial.

Joan Rabal Bosch.: … el cuarto capítulo (…) me ha parecido de una gran riqueza, ya que en él damos un paso más en la simbología de la ciudad y la sociedad, pero esta vez desde el punto de vista del cristianismo a través de la obra de Eiximenis, que viene a perpetuar la tradición del pensamiento político clásico. En parte vemos en este capítulo que la civilización cristiana, que sobrevive al declive del imperio romano supone en gran medida la continuación de la tradición platónica, aunque con cambios y diferentes matices. Por ejemplo vemos como la ciudad pierde cierto protagonismo durante la edad media, deja de ser la ciudad-estado de los antiguos griegos aunque se mantiene la idea del hombre como animal social, necesitado de la sociedad para completarse.  De este capítulo, concretamente de su parte final, me ha parecido muy interesante un pequeño apunte que realiza en el punto 7, dedicado al funcionalismo cooperativo, en contra de la imagen clasista que algunos autores han querido otorgar al pensamiento político tradicional. Lo que usted expone es que se trata de reconocer que las desigualdad entre los hombres se debe a sus funciones sociales pero nunca a la esencia misma de la persona ni a la condición humana.

III. SOBRE EL CAMBIO DE CIVILIZACIÓN

Daniel: Señalo como tema de especial interés el cambio de sistema civilizatorio producido conforme a la computación de los años a partir de la reconexión con lo sagrado.

Evaristo: Las civilizaciones. Nunca me había parado a pensar como se fundamentaban o pasábamos de una a otra: ¿una fecha, una batalla, un asedio a los usos y costumbres de la anterior). Dice que detrás de cada una hay una tradición espiritual y sagrada. Y de nuevo lo simbólico, lo mítico, el rito. El cómputo de los años que entraña lo sagrado, que es la fundación, y del que deriva la energía espiritual, la religión, la cultura, las leyes.

María José: Me gustaría poder entender mejor desde que perspectivas se abre o se cierra una era de la humanidad.  ¿Es siempre en base a un acontecimiento? ¿Revelado? ¿Se fija siempre a posteriori?

J.O.: todo eso son cosas muy misteriosas, que se refieren al contacto de nuestro mundo con lo sagrado, es decir, con lo que está más allá. Este tipo de “rupturas en la continuidad del espacio-tiempo” se producen en la vida de los hombres y los pueblos. Son revelaciones, efectivamente, o iluminaciones, o regalos del cielo: descensos de luz abundante a la tierra… quién “fija” estos momentos?…o más bien: quién sabe reconocerlos? Quienes, por otra parte no se dan cuenta de tales manifestaciones extraordinarias?

Lo extra-ordinario es el origen de lo ordinario, y con este tipo de estudio que estamos haciendo, aprendemos que el origen, la causa, el fundamento y la base de toda civilizción está en lo sagrado.

En el caso de la cristiandad, en La Ciudad Cautiva se explica algo del modelo “civilizacional” diseñado por grandes sabios iluminados en torno al año 315, quienes supieron reconocer la fecha clave de aquella época para empezar a contar los años de una nueva manera.

Pablo:

El hombre está hecho para amar, es un “animal social” y sólo es feliz amando sin reservas y sin condiciones.  Esta socialización perfecta y necesaria en el hombre para alcanzar la felicidad, es completada con  la sociabilidad del hombre con Dios. El hombre es el ser más perfecto del cosmos y Dios ama al hombre. Hasta le hace ser partícipe y heredero de su reino por medio de la filiación divina. Pero el hombre para llegar a ser heredero ha de superar una serie de pruebas en este mundo como es el propio mundo y todo lo concupiscible que hay en él.

Es por estas razones y por la pérdida de la inteligencia y de la voluntad por culpa del pecado original donde el hombre es esclavo de sus sentidos. Para ello y con la venida de Cristo al mundo la ciudad ya puede ser liberada por la gracia dada a través de los ritos y los símbolos dejados por Cristo y los primeros padres de la Iglesia. Es entonces cuando el hombre vuelve a ser liberado del pecado y su voluntad e inteligencia mejoran. La ignorancia que hace cautiva a la ciudad es también iluminada.

Con la venida de Cristo al mundo empieza la nueva civilización de la que nosotros formamos parte en la actualidad. He aprendido como el recuento de los años sirven para empezar y cerrar una nueva civilización. Como por aprendizajes anteriores sabemos que el hombre es la imagen viva de la ciudad, somos llamados a perseverar en el cristianismo.

J.O.: Desde luego!… siempre sabiendo distinguir el cristianismo sociológico del verdadero cristianismo, que existe desde siempre para el ser humano…Del mismo modo que nuestra filiación divina se produce en lo eterno (es decir, en un “futuro” que está siendo AHORA), y que Cristo viene al mundo cada dia, en cada ser humano que sabe abrir el corazón atreviéndose a recibir la luz y la gracia (amor), incluidos los que lo llaman con otros nombres y de otras maneras…

Sobre el Arte del Gobierno (La Ciudad Cautiva, cap.III). Comentarios en el Master-UIC.

Evaristo nos recuerda el título de la asignatura en la que estamos trabajando:

Ciudad, Persona y Civilización: la comprensión del mundo contemporáneo

Volver una y otra vez sobre los títulos de los textos que trabajamos, es una operación intelectual de primer orden, que nos permite “recapitular”, sintetizar, meditar y encarnar el sentido último del trabajo que estamos haciendo. Igualmente, cuando nos aplicamos a la escritura es importante poner siempre el título de lo que escribimos, y volver continuamente sobre el, rectificándolo, corrigiéndolo, mejorándolo. Así nos vamos aclarando, ya que en el título, cuando es acertado, se concentra la quintaesencia del sentido.

Evaristo escribe sustanciosas y admirables reflexiones sobre los contenidos del capítulo III de La Ciudad Cautiva: El arte del gobierno. Las reproduzco integralmente:

<<A lo largo de los distintos seminarios he ido entendiendo las analogías que utiliza en tantas ocasiones. Es tal mi alegría al ir comprendiéndolas que me he detenido en varias de las que aparecen en este capítulo. No por una mayor comprensión dejan de llamarme la atención:

– En el pensamiento clásico tanto la teoría del gobierno como la política es abordada analógicamente: Fundamental similitud entre sociedad, cosmos y hombre. Las tres tienen una misma estructura, dinámica y leyes. El gobierno de los tres es análogo. Debido al carácter analógico del pensamiento antiguo hay que reconocer la universalidad de la función de gobierno que actúa en la triple dimensión: cosmos-hombre-sociedad.

  • Analogía entre las virtudes cardinales y las cuatro puertas de la ciudad. Analogía entre la doctrina de los Cinco Agentes con los cuatro puntos cardinales y la de las Cinco Vísceras. A cada uno de los cinco agentes-visceras están asociadas indefinidas correspondencias analógicas.

La virtud y los demonios. El buen gobernante opta por la virtud. Es muy interesante la transmutación de los aspectos maléficos y desordenados (demonios) en el propio genio de cada hombre. Y aún más interesante, que esta doctrina sea igual para la cultura grecorromana, el confucionismo, el sintoísmo, etc.

  • La universalidad de la formación del gobernante: la motivación correcta, el señorío, la Retórica, el conocerse a sí mismo, la dialéctica. Esta formación es universal, así lo entienden griegos y romanos, los hombres del Renacimiento, la Bildung, el bushido japonés (formación de los samuráis) el Tao-Tö del cconfucionismo chino.>>

Hasta aquí la primera parte de los comentarios de Evaristo, de los que todos mucho podemos aprender.

Naiara escribe un hermoso resumen-comentario-de-lectura lleno de matices, que merece ser leído con atención. Lo reproduzco entero bajo el título que ella le ha puesto:

EL ARTE DEL GOBIERNO: EL REINADO REAL

En estos momentos donde todo se transforma de forma tan rápida, tomamos un tiempo, una pausa, para detenernos a mirar desde una perspectiva filosófica en qué consiste el “Arte del Gobierno”. Tal vez, mirando para atrás podamos construir lo nuevo que está por ser creado. Necesitamos redescubrir en qué consiste el “arte de gobernar”, y para ello se propone recorrer la memoria de esta humanidad y acudir a autores clásicos. El pensamiento clásico analiza la Teoría del Gobierno desde un punto de vista analógico: donde el símbolo, la metáfora, revelan y desvelan aquello a lo que la palabra a veces no llega. Desde esta perspectiva analógica kosmos, sociedad, hombre forman una trilogía de múltiples direcciones y dimensiones, donde cada una integra a las otras, y todas están contenidas en lo mismo.Hablan los antiguos de que el primer Gobierno es el Gobierno del Universo, y que el arte de gobernar comienza gobernándose uno a sí mismo.

Tomando como guía De la realeza, texto del filósofo clásico Dión,  jugamos con la ciencia del buen gobierno. Dión nos abre la puerta para mirar la Realeza desde la perspectiva de la  filosofía. Nos propone el estudio de la realeza como símbolo de la dignidad esencial humana. En este texto descubrimos que la persona humana es el lugar por excelencia de todas las transformaciones sociales, y que no hay lugar más importante que el hombre mismo. Nos coronamos  Reyes, cada uno de nosotros, cuando estamos ocupando nuestro lugar, nuestro centro-origen, que nos hace vibrar  en armonía y poder; cuando permitimos Ser la manifestación del Gobierno Sideral. El arte del gobierno comienza en el arte de gobernarse a uno mismo. Gobernar la propia interioridad para manifestarse en lo exterior. De lo más cercano vamos a lo más lejano. ¿Qué es lo que nos hace reyes? Es la virtud. El haber optado por la virtud, desarrollando la fuerza interior, lo que nos permite habitar a cada uno en nuestro palacio real, en ese centro de nuestro Ser, que se convierte en reflejo de esa otra realidad-dimensión kósmika aquí en la Tierra.

Hay 3 fuerzas que, según parece, tienen a los seres humanos ocupados en la batalla por el camino de Ser Libres: dinero, sexo y poder. Nuestra relación con cada uno de estos temas es lo que nos encadena o nos da la posibilidad de transmutar las emociones, acciones, pensamientos más densos en enchufes de luz, de transformación, de fuerza para lo nuevo. O nos hacemos esclavos de ellos, o nos dan la libertad para atender a las necesidades del alma. Desarrollando la virtud , el cultivo de la fuerza interior,  SERÁ REY QUIEN SEA SIERVO DE SU ALMA.

Se trata de la transmutación del miedo en amor, la transformación de la destrucción en creación. La transformación de los demonios en virtudes. Quien se domina a sí mismo es capaz de organizar en una colectividad más amplia . Y subrayamos el en, porque es dentro de un grupo, de un sistema, de una organización, donde reina la reina.

Sobre la importancia de la amistad en el “arte del gobierno”, Evaristo aporta lo siguiente:

<<(…tú eres mi hermano del alma realmente el amigo, que en cada momento y jornada está siempre conmigo. Canción de Roberto Carlos)

Me han gustado especialmente las consideraciones sobre la amistad, que está por encima del parentesco de la sangre. Para un gobernante es la más bella de sus posesiones, su única riqueza imprescindible. El gobernante ha de aventajar a todo el mundo en amor y amistad. Cuanto más fuerte sean los amigos, más fuerte es uno mismo. Sin amistad ni tan sólo es seguro vivir en paz. Amistad es salir de la torre de marfil en la que cada uno nos encerramos, la amistad ha de llegar hasta la última consecuencia: la comunicación de los sentimientos.>>

Naiara: La única riqueza imprescindible que el rey tiene es la amistad.  Para todo gobernante: “la más bella y sagrada de todas sus posesiones”. La fidelidad de los amigos es la base del poder regio. La amistad es una de las cosas que más ayudan al hombre a ser bueno y a hacer buenas las propias acciones. La amistad se basa, en primer lugar, en la virtud: “cuantos más fuertes amigos tenga uno, tanto más fuerte será uno mismo”. El disfrute de los placeres en soledad no se puede calificar como auténtico disfrute.

Diálogo (construido) entre Raquel (a quien hay que felicitar por el progreso…) y J.O.P.:

R.: La lectura de este tercer capítulo de LCC ha significado para mí un paso hacia delante en la conformación de un modelo de ciudad, que si bien hoy no es posible transmitir como tal, debe ser estructurado de nuevo como parte del nuevo renacimiento. El cambio social y el mejoramiento de la cosa pública son una cuestión de virtud y autoconocimiento individual. La gobernanza, por su parte, debe ser ejercida con autoridad sobre la comunidad, colaborando a que los ciudadanos  se identifiquen con la comunidad y con el bien común. Es aquí donde el poder legítimo y la autoridad moral se hacen una, para poder actuar como palanca de cambio social.

Comparto la idea de que la monarquía, en sentido clásico, es la más perfecta forma de gobierno y, por ello, el modelo filosófico más interesante para entender la gobernanza en los diferentes ámbitos. Comparto también, con cierto deleite, la idea de que cada uno de los ciudadanos es un rey y como tal se debe regir a sí mismo. Considero que éste es un punto importante de reflexión dentro de la teoría política y de la praxis socio-comunitaria.

Otro eje sobre el que pivota la construcción de la comunidad aparece en la página 177 en el diagrama de los niveles de poder y su transformación gracias a la virtud, el sol y el genio. La consecución de las virtudes cardinales será entonces la máxima aspiración de la ciudad y de los ciudadanos.>>

J.O.: De acuerdo, pero en el próximo capítulo eso lo vamos a matizar, porque la virtud en realidad es un medio. El fin de la política es ayudar a que la ciudadanía recupere el “estado primordial”, que es aquella “imagen y semejanza” que nos devuelve a nuestra identidad verdadera (el “seno de Abraham”, la “convivencia con Dios”, la “Alianza Eterna”, la “habitación en la Ciudad de Paraíso”, la “Jerusalén Celestial”, el Nirvana, etc.). Este estado primordial y natural de toda persona es algo mucho más amplio, ilimitado, entero y gozoso, que la virtud generada, cultivada y empleada para poder alcanzarlo. La virtud es necesria para ir desprendiéndonos de las costras, adherencias y prejuicios que corrientemente nos impiden reconocer y gozar nuestra Identidad Verdadera: la Persona.

Aprovecho aquí para recalcar otra vez –a propósito del término “individual”, tal como lo utilizas en el primer párrafo- la importancia de poder distinguir entre lo personal y lo individual, tal como lo estamos aprendiendo imitando en ello a los clásicos. Lo individual lo reservamos para lo que tiene forma (sea esa material o virtual, mental, emocional, invisible, etc); lo personal (nuestra dimensión-Persona) para todo lo que está más allá de la forma (Conciencia, Ser, Amor, Beatitud, etc), que ya no está individualizado, y que es lo verdaderamente Universal y Divino. Eso último se representa por el punto central del mandala, y lo individual, por el “caparazón”periférico y circular que envuelve el núcleo, que contiene la Esencia Universal: la que siempre estamos siendo, aunque no nos demos cuenta.

Raquel y Tatiana se interesan de una manera especial la frase:

La información sin formación no es auténtica educación, ni auténtica cultura, bien al contrario, es un peligro, puesto que da poder a formas de conciencia y de conducta que están fuera de control” (Pág.187)Tatiana añade que << para poder gobernar es fundamental e imprescindible tener conocimiento de uno mismo. El desconocimiento de sí, o el mal uso de la propia conciencia, nos conduce a una concepción equivocada de la persona y de la ciudad, desde la cual nos corrompemos y corrompemos a los demás, convirtiéndose en lo contrario la verdad que pretendemos transmitir.>> Y Raquel escribe:<<Me gustaría profundizar en este aspecto de la sociología, para entender mejor la realidad actual.>>

J.O.: Sobre este punto han insistido los sabios de todo tiempo y lugar, entre ellos, José Ortega y Gasset, cuya Rebelión de las masas es un libro de gran actualidad. La información es poder, y el poder es peligroso si no va precedido (si no está presidido) por la autoridad. (De eso trataremos más en profundidad en los siguientes capítulos de LCC. ) Cuando eso falla entonces caemos en estados de barbarie. Así califica Ortega las situaciones frecuentes en la sociedad moderna (que él caracteriza como “sociedad de masas”) donde los individuos, harto informados y muy mal formados, se creen que tienen derecho a todo y ninguna obligación. Considera especialmente dañina la “barbarie del especialista” en la que frecuentemente cae la mentalida científica (médica, ingenieril, economista, politológica, biológica, etc) cuando utiliza su gran poder tecnológico habiendo perdido la conexión con el intelecto-corazón. Entonces el saber produce (además de ventajas) mucha violencia y dolor, como ocurre a consecuencia de buena parte de las proezas tecnológico-científicas de nuestro tiempo, puestas tantas veces en manos de la inconsciencia y la maldad (armas sofisticadas, energía atómica, ingeniería embrionaria y microbiológica, manipulación positivista de la legislación, etc) . La mayoría de grandes peligros de destrucción masiva y disolución, que amenazan la sociedad de nuestros días, vienen de este desequilibrio entre información (poder) y formación (comprensión y contacto directo con la Verdad de forma empática, intuitiva y supra-lógica). El trabajo que estamos haciendo en este curso es recordar que la política es una ciencia/arte para desarrollar este aspecto formativo hoy tan olvidado. Nuestros ancestros, los que nos han precedido en el camino, lo llaman paideia, arte real, humanitas.

R.: Éste será un tema a tratar en mi trabajo de investigación. Cómo, porqué hemos llegado hasta aquí, y qué podemos o qué debemos hacer para volver a tener el control de una manera regia.

Reproduzco a continuación este excelente resumen realizado por Gemma de los principios del buen gobierno, según la doctrina sociopolítica tradicional, que estamos estudiando:

  • Los tres tipos de gobierno tradicionales pueden tomar formas de corrupción de tal modo que el buen gobierno se puede transformar en desgobierno, cuando el rey o la persona designada a gobernar no sea capaz de dominar en si mismo sus demonios malévolos (dinero, ambición y sexo) dejándose poseer desatendiendo de este modo a su alma.
  • Los demonios malévolos los podemos convertir en fuerzas benéficas en base al cultivo de la virtud y la fuerza interior. Esta transformación se realiza mediante el desarrollo de las cuatro virtudes cardinales (prudencia, fortaleza, templanza y justicia) que, a la vez, se presentan de forma simbólica en la ciudad prototípica.
  • La virtud hace bueno al hombre y buenas sus acciones, clave primordial para obtener la eficacia de un buen gobierno de la ciudad y por extensión en el cosmos. Para poder gobernar, el pensar bien y saber expresarlo de una forma convincente de lo que sería o no conveniente hacer, es fundamental. De aquí que la dialéctica sea el método filosófico por excelencia ya que por ella captamos a través de los símbolos, lo simbolizado, poniéndonos en contacto con la verdad, encaminados al conocimiento en sí mismo y a la recuperación de la dignidad original del ser humano.
  • Compartido por todos los pueblos antiguos aparece el sentido filosófico del heroísmo y con él la teoría del genio donde el conocimiento del poder es parte del conocimiento de Dios. El héroe posee una crianza divina que deriva de la conexión del hombre con Dios, quien ejerce sobre el héroe la tutela, y donde Dios es fuente de todo poder.
  • La creatividad como fuente positiva del poder es la fuente de todo auténtico gobierno y orden político. De hecho, el gobierno empieza por sí mismo ya que uno no puede gobernar sin saber gobernarse. El gobernante ha de ser fiel, piadoso, pobre y al servicio del bien común sabiéndose administrador del poder Divino.

Añadiduras de J.O.P a este resumen de Gemma … dos cosas:

I. Creo, respecto al último punto, que la creatividad es más bien la principal manifestación del poder. El origen del mismo está más bien en nuestra capacidad de recibir, aceptar y dejarnos ayudar por la energía del Espíritu siempre fluyendo en nosotros inagotable…

II. Como apostilla, a la última línea, escribo

Una reflexión sobre la “pobreza”,

de la cual debe hacer gala todo buen líder o gobernante.

He utilizado en el cap. III de LCC, quizá demasiado precipitadamente, el término “pobreza”, hoy tan incomprendido como su contraparte la “riqueza”. Me parece más correcto referirnos a la necesidad del desprendimiento, o desapego: el “no-aferramiento” a la forma en general, a las formas materiales en particular, a las posesiones, propiedades, al dinero. He aquí la verdadera “pobreza” que necesita todo gobernante para realizar de modo justo y eficaz la función que tiene encomendada. Platón en la República lo teoriza con la chocante doctrina del “comunismo”, que según parece podía sintonizar en cierto modo con el sistema que Licurgo aplicó a la organización de la clase dirigente de Esparta. Pero, hay que fijarse bien en que consiste ese “comunismo” tradicional, que el personaje-Sócrates con su exagerado discurso intenta dar a comprender. Los “guardianes de la ciudad”, que son los gobernantes (la nobleza, los líderes, los” guerreros”,  los caballeros, los dirigentes, la casta de los kshatriya, los “reyes”, etc) son quienes deben  practicar el comunismo. No, en cambio, el resto de la sociedad, y menos que nadie el Tercer Estado (comerciantes, industriales, estamentos económicos y empresariales) que necesita precisamente de la riqueza como instrumento de trabajo, y que tiene como cometido producir y distribuir los medios de subsistencia para todos. Se trata, por lo tanto de un comunismo de clase (o mejor, de casta), no aplicable a toda la sociedad, tal como lo quisieron entender los revolucionarios rusos y los igualitaristas y “niveladores” franceses e ingleses que los precedieron. Para nosotros, filósofos, es mucho mejor entender que se trata de un comunismo en sentido simbólico (no literalmente aplicable en el plano de la acción social ni en las instituciones).

Creo que en este comunismo aristocrático, que es el verdadero, la cuestión sorprendente de que los padres ni tan siquiera deben convivir con sus hijos -al estilo familiar que nosotros conocemos- eso debe entenderse sobre todo en sentido simbólico (al igual que el desapego a la riqueza en general). La no-posesión de los hijos se refiere, por supuesto, a la necesidad de “engendrar sin poseer” que recomienda Lao Tsé a todo progenitor y en general a todo creador con respecto a su obra. Es algo lógico, si se medita un poco en el bien del hijo y en la buena dinámica y economía de toda forma de creatividad.

Así las cosas, debemos pues comprender bien esta exigencia de “pobreza” que nos cualifica a todos para poder mandar bien (coordinar, dirigir, etc) a los demás, cada vez que nos toca hacerlo. En el buen gobierno la acción es siempre un servicio en aras del bien común. La posesión de bienes con apego (aferramiento psicológico, dependencia identitaria, etc) es el gran obstáculo a la eficacia en la fluidez, la disponibilidad y el goce del Bien Común (que es el Bien del Alma). Entendiendo bien esta idea nos libramos del pauperismo corriente en muchas formas pseudo-religiosas, pseudo-franciscanas, populistas, obreristas, moralistas, etc, en las que continuamente caemos, al hacer de la pobreza en sentido literal un valor absoluto: valor que es la contraparte de considerar la riqueza material como algo unilateralmente bueno, y como la principal forma de riqueza. El gobernante, por lo tanto, puede ser rico en el sentido corriente, y mejor que lo sea, siempre y cuando desempeñe bien el papel de administrador del bien común, siendo “guardián de la Ciudad”, y dejando de identificarse como propietario de algo…

Catherine escribe:

Me gustan las ideas que expone en su libro, y que son un buen resumen de lo que debe ser un buen líder (…): práctica de las virtudes, formación, correcta motivación, auténtica retórica, saber asumir el poder, etc.  ¡Es todo un programa!

Tatiana escribe:

“El dinero, el sexo y el poder son tres auténticos dictadores, los cuales dominan a la masa de los individuos”: Dión los llama “demonios”, y considero muy acertada dicha similitud pues estos tres vicios o impulsos son los que pervierten al hombre dentro de la sociedad, y lo hacen esclavo (…) pues, una vez probados estos vicios, automáticamente se ve impulsado a conseguir más, buscando saciar su espíritu con algo que no puede llenarlo, sino que por el contrario lo vacía. Y corromperse la persona conlleva de manera incontrolada la corrosión de la sociedad.

“El arte de la transformación de los demonios en fuerzas benéficas, en genios positivos, es algo que puede realizarse gracias al desarrollo de la virtud, que significa el cultivo de la fuerza interior“: Los demonios (dinero, sexo y poder) son formas como el poder <en sentido general> se manifiesta de manera natural y espontánea, si bien éstos pueden transformarse en algo benéfico para el hombre a través de la virtud. Pero la virtud no funciona de manera automática: necesita de nuestro esfuerzo y nuestra constancia, debemos trabajarla. De este modo, podemos conseguir que las buenas acciones nos transformen…

Diálogo (construido) de Beatriz con J.O.P.:

B.: El dinero, el sexo y el poder, realmente son los grandes demonios de TODOS los tiempos, la gente se convierte en verdaderos esclavos y vende su libertad por tener y tener y no es capaz de disfrutar del goce de lo simple y sencillo, creo que los verdaderamente libres son los que viven con poco y ni se cuestionan el tener o no, lo importante es el ser. (…) La idea de que el cambio viene del individuo, la relaciono con el valor del esfuerzo (tema de mi investigación), lo cual me lleva a pensar que el principal input de cambio debe partir de uno mismo.

J.O.: Aquí solamente hay que matizar -para acordarnos en una terminología común- que el cambio en realidad viene de la PERSONA, la cual, como hemos explicado, trasciende completamente nuestra realidad limitada como individuos. No se trata pr tanto de un cambio meramente psicológico (nivel individual) sino de una transformación de nuestro ser, reconectándonos con la persona que realmente somos (nivel universal).

B.: La realeza como símbolo de la dignidad esencial del hombre (…) significa que todos la tenemos en mayor o menor medida…

J.O.: Lo que nos hace reyes es la participación en lo Universal, eso que llamamos “ser persona”, lo cual está simbolizado por la corona, una especie de embudo abierto hacia el cielo que colocamos sobre la cabeza, fabricándolo con los mejores metales, adornándolo con las joyas más valiosas y rodeándolo de rayos de luz. La corona es un receptáculo que nos permite captar, transmitir y ejercer la soberanía…que nos viene dada desde “arriba”.

B.: Al hecho de que el hombre-microcosmos está hecho a imagen del macrocosmos, asocio la idea de que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios: micro y macro están uno incluido en el otro.

J.O.: Correcto: ser persona es ser conforme a la imagen y recuperar la semejanza.

Daniel escribe:

Mediante la lectura atenta del texto he descubierto la teoría imperial y teocrática, “De la realeza” de Dión de Prusa y (…) el simbolismo del Sol como agente real. He conseguido conectar esta teoría con el pensamiento oriental, a través de la doctrina de los Cinco Agentes de la Naturaleza (Wu-hsing) y la he fijado gracias al diagrama mandálico. (…) Me he interesado por la dialéctica y el arte regia, como formación para el perfeccionamiento moral de los políticos, especialmente el punto referido al autoconocimiento, ese conócete a ti mismo” (γνωθι σεαυτόν), ingeniosa sugerencia que nos invita a descubrir nuestro potencial oculto y aspirar a ser mejores.

J.O.: Tu comentario denota un excelente trabajo. Déjame recordar tan sólo que, siguiendo la doctrina tradicional, “políticos” somos todos nosotros: los que nos interesamos por este tipo de temas y por el cultivo, que conllevan, de la polis interior/exterior, que cada uno tiene a su cargo. Así se aclara también la pregunta de Beatriz <<¿cómo exigir que nuestros dirigentes estén bien formados>> ya que nuestro principal dirigente es la mente que nos gobierna con los pensamientos, proyectos de acción y decisiones que tomamos (o no tomamos) a lo largo del día; nos gobierna con la ayuda de la emoción, que es la energía que mueve el cuerpo. Este conjunto de mente-emoción es el principal dirigente, y está en cada uno de nosotros. Sólo en uno mismo lo podemos formar y transformar. Cómo? Cinvirtiéndolo en un buen soberano, siguiendo el simbolismo regio más arriba apuntado. A partir de la soberanía reconocida en uno mismo, podemos ver con claridad como podemos ayudar o mejorar a los demás dirigentes de nuestro país y de nuestro entorno, si es que tenemos medios y capacidad para poder hacerlo. En todo caso, la oración es el poder transformador más grande de que dispone el ser humano para este tipo de menesteres: es una herramienta política de primera importancia, que interesa recuperar y aprender a practicar bien. Y no es fácil, porque no basta con decir lo que se desea: hay que sentirlo realmente, gozando ya de la transformación efectiva de “nuestros dirigentes” como algo obtenido y realmente existente en este otro plano de realidad que aprendemos a reconocer bajo el nombre de “ciudad sagrada”, “Jerusalén celestial”, “Paraíso”, etc. En el próximo capítulo abundaremos en este tema.

Pablo dice que ha disfrutado leyendo el capítulo y escribe entre otras acertadas reflexiones:

<<En la vida es muy importante conocerse a sí mismo para poder dominar los impulsos. Y es mediante las virtudes y su entrenamiento donde el ser humano crece, se domina, se sabe regir (…)Por tanto la virtud es la clave del buen gobierno, (…) también (…) la amistad basada en la virtud, (…) así como (…) tener una buena consejera y colaboradora por esposa…>>

En cuanto a la dialéctica, Gemma pregunta: “dialéctica es lo mismo que diálogo?”

J.O.: Dialéctica es el arte del diálogo. Ambos términos se pueden entender en sentido vulgar, o corriente; y, en sentido platónico (“leer a través” mediante la comprensión del lenguaje analógico), un sentido verdaderamente iluminador y casi completamente olvidado, aun por la mayoría de estudiosos, que siempre caen en el sentido vulgar, tal como lo explico en el capítulo III que estamos trabajando.

Sergi aporta (entre otras muchas cosas):

<<Una reflexió relacionada al món casteller. El lema dels castellers és: força, equilibri, valor i seny. Es diu que amb aquestes 4 virtuts es poden descarregar els castells. Té moltes similituds amb les virtuts cardinals. Força – Temprança, Equilibri – justícia, Valor – fortalesa i seny – prudència.>>

REFLEXIONES CLASICO-TRADICIONALES

SOBRE LA DEMOCRACIA

Nuestra reflexión -no sistemática- sobre este punto que tanto interés despierta en nuestro tiempo, y que sólo de pasada tratamos en el Capítulo III de La Ciudad Cautiva: el arte del gobierno, arranca de una pregunta de Sergi:

<<Perquè durant els nostres temps els millors no estan en el govern?>>

La pregunta tiene trampa porque implica una asunción discutible. Podríamos pensar que, en general, sí están en el gobierno. Pero no me interesa entrar en esa discusión. Considero mejor preguntar ¿a quiénes consideramos “los mejores” en cuestión de gobierno?. El capítulo que estamos estudiante nos ayuda a plantear correctamente esta pregunta con ayuda del pensamiento clásico tradicional. Sobre todo nos lleva a asumir cada uno de nosotros el papel gobernante que nos toca, en el nivel que nos toca. Entonces, es obvio que no a todos nos toca “gobernar” al mismo nivel de responsabilidad y amplitud. Pero también es obvio que todo profesional desempeña en cierta medida “funciones de gobierno” (mando, decisión o influencia sobre personas). Desempeñarlas bien, es entonces el principal asunto de la ciencia política que estamos considerando. Y desde este punto de vista ya evitamos de entrada asunciones demasiado generales como la que Sergi presupone en su pregunta.

En esta misma línea Joan escribe:

<<Cuando uno lee el capítulo dedicado al (buen) gobierno resulta inevitable establecer comparaciones con las formas de gobierno que vivimos actualmente, marcadas por la corrupción y la falta absoluta de cualquiera de las cuatro virtudes cardinales.>>

J.O.: En la vida corriente todos nos podemos reconocer en algun momento formulando ese tipo de comentarios, pero en un curso de máster como el que tenemos entre manos nos interesa profundizar más, usando de nuestro método, la dialéctica. Es verdad que las formas democráticas que se intenta aplicar en la modernidad están marcadas por la corrupción. Por ello, siguiendo la teoría clásica, hemos de reconocer que en países como el nuestro nos hallamos en una combinación democracia/demagogia, en la cual toda la gracia está en inclinar el fiel de la balanza lo más posible hacia el primer platillo. Entonces, podemos reconocer que la falta de las virtudes cardinales en la actual acción de nuestros dirigentes (en los cuales nos incluimos cada uno de nosotros en distinto rango y grado, puesto que estamos precisamente aprendiendo a reconocer que, en realidad, todos ordenamos/desordenamos continuamente la polis, con lo que pensamos-sentimos-hacemos) no es absoluta, ya que cuando un país se acerca a eso último las estructuras e instituciones del Estado se rompen, se disuelven, y hasta llegan a desaparecer. Se entra entonces en esta gama de situaciones que son la guerra “civil” y los tipos aún peores de violencia generalizada, bandosidades, y caos entre distintos grupos de delincuentes y contradelincuentes armados arrasando con las poblaciones. Nuestro país y la Europa Occidental se mantienen hoy en gran parte y por fortuna al margen de este tipo de fenomenología, la cual está afectando buena parte de países en África y Asia. Es decir, que si en nuestro país, y en los más cercanos y afines, todavía existe cierto orden que nos permite formas de convivencia pacífica y resquicios de vida comunitaria, eso es porque -a pesar de todo- sigue estando viva y latente la estructura y la dinámica interna de la Polis, con las cuatro virtudes que la protegen en cada una de las cuatro puertas, con la “economía graciosa” de los beneficios activada, y con el “altar central” del bien común, visitado todavía por una apreciable cantidad de ciudadanos y/o dirigentes, que allí se acercan cada día a “sacrificar” (“hacer sagradas las cosas”) y recibir este tipo de “fuego” y de “alimentos del alma” que nos mantienen en vida como personas, y nos vinculan unos a otros con lazos de comprensión y afecto.

El sentido exageradamente negativo que acostumbramos a imputar a los actuales políticos de nuestras tierras, viene en parte del énfasis comercial que los medios de comunicación ponen en los casos de corrupción, violencia e injusticia. Entre los poderes del Estado democrático, éste que llamamos el “cuarto poder” (los medios de comunicación, conformadores de la “opinión pública” y la manipulación de masas) no es precisamente el menos vulnerable a la corrupción. Y precisamente, el énfasis en lo negativo de los demás es uno de los rasgos característicos de la “ciudad cautiva”, donde los ciudadanos perdemos nuestra fuerza y libertad originales.

En este sentido, conviene recordar -desde el punto de vista clásico-tradicional, que estamos aprendiendo a incorporar a nuestra forma de pensamiento la verdadera doctrina sobre la democracia. Este tipo de régimen, que es el tercero, tiene como principal característica que nos ofrece a todos participar directamente en la cosa pública. Todo derecho reconocido implica inmediatamente un deber. Debemos pues contribuir cada día en la medida de nuestras fuerzas, capacidades y vocación, a la ordenación de la cosa pública. Si vemos que algún dirigente falla en su función, quizá nos toca a nosotros sustituirle en el cargo, y entonces debemos trabajar para ello con los dispositivos que este tipo de régimen ofrece (expresión y divulgación de opiniones, asociación,  praxis partidista, praxis pública, ejercicio de cargo representativo, etc.). Si no podemos, no sabemos, o no nos toca -tras cerciorarnos de ello- debemos contribuir a la cosa pública por otros medios que estén a nuestro alcance (acción cívica, profesional o familiar) y evitar por todos los medios divulgar negatividades (reales o imaginadas), apostando por la verdadera participación política: el arte regio que estamos aprendiendo en este curso.

En todo caso, la participación democrática es a través de la creatividad de cada uno en el día a día de la polis. También la participación democrática se corrompe continuamente, sin darnos cuenta. Entonces se convierte en una “participación demagógica”: nos olvidamos del bien común, de nuestra dignidad humana y ciudadana, y empezamos a quejarnos entrando en la dinámica de los rumores y las suposiciones, que es el entramado de negatividades que conforma la “ciudad cautiva”…contribuyendo con ello-aunque sea inconscientemente- a la disolución de la comunidad política. Una de las formas más usuales de la demagogia en nuestros Estados ocurre cuando pensamos que la democracia se basa simplemente en ir a votar entre la raquítica oferta de productos que ofrece el escenario político de nuestro tiempo y lugar. Desde esa visión nos convertimos realmente en el “hombre masa” y nuestras capacidades de participación ( o creatividad) quedan casi totalmente inhibidas. La democracia es para ciudadanos libres y responsables, no para esclavos. Implica mucho más que el ir a votar optando por alguna de las promesas de futuro o por los desiderata que son los programas que anuncian los “representantes” candidatos a cargo público. Incluso en los casos en que uno no vea más salida que la reclusión al ámbito familiar y privado, entonces hay que rezar por los gobernantes, mandándoles buenos pensamientos, ánimo, rayos de luz y energía benéfica eficaz y transformadora (en el sentido de la “economía del alma” estudiada en el cap. II, a prpósito de Séneca y los beneficios), puesto que -a pesar de los pesares- ellos son los que están en posición de ejercer aquellas funciones públicas indispensables que nosotros preferimos no desempeñar. Lo queramos o no, somos parte del Estado y de las actuales formas que toma la política.

En cuanto a la cuestión de la democracia como el modelo menos malo de los regímenes posibles, no es tan fácil de captarla como parece aprimera vista. Sergi y Beatriz se han interesado por esta idea, ella con cierta tristeza “por que tener que conformarnos con algo tan deficiente…”

En primer lugar, tengamos en cuenta que enfocar el escenario político exterior, el de la sociedad en que vivimos, propio de nuestro tiempo, etc, significa ponerse en los márgenes de la teoría sociopolítica fundamental que estamos aprendiendo, e interesarse por una cuestión menor, en la que bien poco podemos hacer la mayoría de nosotros. La doctrina política clásica-tradicional es un verdadero modelo del mundo que nunca ha dejado de funcionar, en distintos niveles y escalas, que van del macro al micro, donde podemos aplicarla de cara a comprender/transformar. Entonces, recordemos que la monarquía y la aristocracia, siendo los regímenes (o formas de gobierno) mejores, están perfectamente activados hoy día en innumerables aspectos de nuestra vida individual y colectiva, siempre que recordemos el valor primordialmente universal y simbólico de los conceptos que manejamos. Allí donde se producen mejoras en la vida colectiva, obras hermosas, prácticas útiles y beneficiosas, buena vida en común, valores vivenciados y compartidos, etc, allí están en acción formas de “monarquía” y de “aristocracia”, es decir, presencia e influencia de personas que son capaces de actuar como auténticos líderes y dinamizadores, como auténticos soberanos al servicio del bien común, guiados por la luz y el amor. Hay cantidad de ejemplos, y no estaríamos vivos aquí y ahora sin este tipo de eficacia, creatividad y goce, que nos viene del obrar a través de estas formas superiores (las cuales también actúan, aunque sea de forma underground, en todo “sistema político democrático” que más o menos siga funcionando. Funcionan paralelamente a él, dentro de él y fuera de él). Que hoy el arquetipo “monarquía” y el arquetipo “aristocracia” no tengan apenas una plasmación institucional en el escenario político de nuestros Estados, es una cuestión relativamente secundaria. Siguen estando entreverados y, sin ellos, la democracia sería imposible, ya que en la realidad concreta van siempre juntos los tres tipos que teóricamente distinguimos. Esa imbricación real y concreta de los tres tipos, está explicada en el III capítulo de LCC, al que remito.

Cuando la corrupción abunda, y llega hasta afectar a buena parte de la clase dirigente, entonces las formas monárquicas y aristocráticas, al intentar ser aplicardas, se convierten en las contrarias, a saber, la “tiranía” (equivalente a lo que hoy llamamos “dictadura”, “despotismo”, etc) y la “oligarquía” (eqivalente a los grupos de presión, camarillas, mafias, redes y grupos de todo tipo dentro y fuera de lo oficial, etc). Y como que -tal como dice el adagio escolástico- corruptio optimi, pessimum, entonces es mejor adoptar la democracia como régimen institucional, porque, aunque sujeta continuamente a corrupción (al caer en la demagogia: como p.e. en formas de manipulación apoyándose en la mayoría, a la que se adula; en el despotismo de la mayoría frente a las minorías; utilizando con astucia las leyes y el sistema paraperseguir intereses particulares; embaucando a la población con pseudo-informaciones, o ilusionismo estadístico; consiguiendo con astucia la promulgación de leyes injustas, etc.), es menos peligrosa que los otros dos sistemas, cuando son usados por gente no cualificada o por malvados. Un platónico asiático del siglo IX, Alfarabi, dice que la democracia es comparable a un queso de gruyère, donde siempre puedes encontrar agujueros de libertad, en medio de la densa masa compacta.

Catherine

<<He estudiado derecho, pero no he estudiado nunca la política.  Este capítulo me abrió la puerta para profundizar en conceptos que nunca había considerado: monarquía, democracia, demagogia, tiranía, etc.  Para mi, la demagogia, no era otra cosa que la oratoria que atrae a los demás hacía sus propios argumentos a través de falacias.  Pasa mucho en política, pero ahora entiendo que es también un sistema político.

J.O.: Habrás comprendido por todo lo dicho más arriba, que la demagogia no es un sistema (ya que no funciona por sí sola), antes la corrupción del sistema democrático. La corrupción, tal como se explica en el capítulo que has leído, viene al ovidarse del bien común y perseguir intereses particulares. En el caso de la democracia, lo más frecuente es utilizar el pensar y el sentir de la mayoría para no tener en cuenta (no escuchar, querer eliminar, etc) a las minorías. Si a eso se une que la mayoría es manipulable (y más en la sociedad de masas, tal como lo han explicado los psico-sociólogos y pensadores del s. XX), entondes podemos comprender los ámbitos de la praxis política que quedan más expuestos a la corrupción.

C.: ¿Puede una democracia no caer en la demagogia?

J.O.: Claro que puede! Pero eso siempre será por la virtud de quienes en ella ejercen las funciones de gobierno y control; no por ninguna clase de “virtud mecánica del mismo sistema”. Los sistemas (regímenes o tipos de gobierno), a parte del rango numérico (y por tanto cosmológico) que los distingue, no son buenos ni malos, en el sentido que podemos ser buenos y malos los seres humanos, y buenas y malas nuestras acciones.

Beatriz.: ¿cómo exigir que nuestros dirigentes estén bien formados?

J.O.: Esta contundente pregunta de Beatriz, ya formulada más arriba, sintetiza el sentir de muchos de nosotros. Llama la atención lo de “exigir”. Cómo hacerlo?…Desde la visión corriente y masificada de la democracia (o más bien en este caso, demagogia), la respuesta es: “a través del voto”. Pero claro, eso es insuficiente, porque es cada x años y, sobre todo, porque en el actual sistema (en este punto, un sistema demagógico) no se exigen responsabilidades a los electos, los cuales permanecen siempre camuflados en el semi-anonimato de las listas. Entonces hay que cambiar el procedimiento y aplicar un sistema responsable, con lisas abiertas, etc. Sobre ello mucho se habla y muchos están de acuerdo. Entonces, ¿por qué no se cambia el sistema de elección? ¿Es demasiado difícil? ¿Cómo hacerlo? ¿Puedo yo hacer algo en este sentido? ¿Me toca intervenir en este punto y trabajar en esta dirección para conseguirlo? ¿Hay otros pasos previos que deben darse primero?

Estos ejemplos de interrogación, bien desarrollados por cadauno según la guía de las propias luces, han de conducirnos a superar el síndrome irritado-descalificador-victimista que se apodera de nosotros y nos sumerge en la “ciudad cautiva” cuando se suscita este tipo de cuestiones, tal como nos ocurre al leer este tercer capítulo de LCC sobre el Arte del buen gobierno.

Cuando los “problemas de la política de nuestro tiempo” nos afectan tanto y nos producen tanta indignación, una de dos:

1) o bien nos toca a cada uno agarrar la sartén por el mango y ejercer en ese sentido el propio poder (y la propia autoridad) de una manera inteligente y eficiente, utilizando las herramientas institucionales al alcance, o diseñando otras nuevas (es decir “entrar en política” haciéndolo bien); muchos de los que sentimos asaltos de ira en esta dirección, hemos de intervenir o, al menos intentarlo, porque ese tipo de pasión es una señal que nos manda la Providencia mostrando un camino para aprender… Hemos teorizado ya sobre la naturaleza de los “guerreros” y el “alma irascible” en este III capítulo de LCC, vinculándolo con la “cuarta raza” hesiódica, Hércules y sus trabajos, etc.

2) o bien nos toca transmutar directamente los pensamientos/emociones negativos que nos asaltan (odio, ira, decepción, temor, desánimo, etc) respecto de semejante tipo de problema, y transmutarlos directamente en pensamientos/emociones positivos: visualizando a todos nuestros dirigentes, nacionales, locales e internacionales, mandándoles luz, cariño, fuerza y energía positiva en general para que obtengan para el común todo el bien que deseamos. Este segundo tipo de práctica es más importante que el primero. Pertenece a la Política con mayúscula, que estamos aprendiendo. Es inmediatamente efectivo y transformador, aunque eso a nuestra “mente sabionda” le parezca ingenuo o poca cosa.

El primer tipo de intervención, también está al alcance, de modo subsidiario, para todos quienes estemos llamados a intervenir en el plano de la acción social en un determinado momento. El plano de la acción social tiene muchos niveles, y todos son “niveles de lo político” en el sentido global y filosófico que estamos reconquistando para esta ciencia/arte que es la organización, consecución y goce de la buena vida comunitaria. De modo que, según los talentos y la vocación (que nos son dados), a unos nos toca intervenir sólo en el ámbito de la familia: el primero y más importante de la auténtica política; a otros, además, en el ámbito de la profesión; a otros, además, en el de este vastísimo campo de creatividad que hoy llamamos “voluntariado”, “sociedad civil”, “tercer sector”; a otros finalmente, nos toca intervenir a veces en el ámbito pantanoso de lo que hoy se llama “política”, ámbito muy especializado, no tan importante como parece a primera vista, y destinado sólo a los que además de luces y buena voluntad, tienen una piel y unas defensas comparbles a los de un rinoceronte o un vehículo blindado. En todo caso, aunque seamos demasiado débiles, o demasiado lerdos, para entrar en ese último tipo de lides, debemos recordar que la”antigua política”, la “gran política” (la que llamamos “sociopolítica fundamental”) está siempre al acance y nos incumbe directamente a cada uno de nosotros, porque de ella depende directamente nuestra felicidad y la de quienes nos rodean.

C.: Otra idea.  Cuando la democracia no reconoce la existencia de Dios, de la Ley Natural, cae en pensar que la verdad se encuentra siempre en la mayoría.  No solamente es positivismo…

J.O.: La democracia no es más que un tipo de gobierno. No es el tipo de gobierno (o de régimen) el que hace los pueblos, es la religión: eso sí, la religión tal como la hemos entendido y estudiado en el capítulo I de LCC, dialogando con la obra de Fustel de Coulanges, quien afirmaba con todo el peso y la razón de los antiguos: “No son los pueblos que hacen la religión: es la religión la que ha hecho los pueblos”…y los mantiene vivos (espiritual y comunitariamente) -podríamos añadir.

Hay que entender que ese tipo muy especial de democracia, que es la democracia moderna, lo hemos diseñado en la cristiandad. Es un modelo cristiano, que se está intentando adaptar a nivel mundial -en otras civilizaciones (no cristianas)- no sin hartas dificultades, tal como se puede observar. La democracia, ni ninguno de los demás sistemas de gobierno, no puede funcionar sin la religión que ha configurado aquel ámbito comunitario al que se aplica. Mejor, por lo tanto, encontrar la manera de hacer constar esto institucionalmente en las constituciones. Pero aunque no se consiga declararlo oficialmente, la religión (su esencia verdader en el corazón, el sentir y la conducta de los ciudadanos) sigue siendo indispensable para la existencia de la comunidad política como tal. Cuando la religión, creadora de un sistema (o ámbito) de civilización, se pierde, las formas de organización político-comunitarias se van disolviendo y troceando; la población cae en las formas de individualismo, egoísmo y violencia, que siguiendo a Séneca hemos caracterizado como una especie de “ciudad cautiva”.

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Joan escribe:

<<La lectura de La Ciudad Cautiva me produce dos  sensaciones opuestas que van a más a medida que avanzo en la lectura. Por un lado me está aportando una nueva visión de todo lo que me rodea así como algunas claves para llegar a convertirme en una mejor persona, pero también me produce una cierta sensación de desasosiego al ver con otros ojos la realidad en la que vivimos y como nos hemos alejado del camino de la virtud que propugnaban los filósofos en la Antigüedad.>>

J.O.: Correcto, de eso se trata, Joan: el trabajo transformador tiene dos vertientes, que son la gracia y el rigor. Por la primera descubrimos el verdadero sentido de la vida y la posibilidad real de comprender y gozar al máximo el infinito regalo que continuamente nos está ofreciendo. Por la segunda aprendemos a identificar los obstáculos y realizamos el indispensable trabajo de poda para cortar y abandonar las ideas, sentimientos y formas de acción que ya no sirven y que constituyen impedimentos a lo que más deseamos. Los escolásticos (Sto. tomás de Aquino) siempre insisten en estas dos partes, que llaman “orden destructivo” y “orden constructivo”.

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Otra cuestión que suscita Sergi, relacionada con el buen uso de la voz, un tema que le interesa como investigación y docencia:

<<No s’esmenta quan es parla de dialèctica, però la veu del governant hauria de ser bona, en el sentit complert del terme, ja que una persona que té bona veu, no pot ser mala persona. La veu podria determinar el grau de corrupció que té el governant.>>

J.O.: Creo que de la forma de hablar pueden deducirse rasgos de carácter, lo mismo que la grafología los deduce de la forma de escribir. Pero de aquí a suponer que  puede deducirse algo sobre la cualidad moral de la persona, eso ya es harina de otro costal. Sabido es que las Musas, inspiradoras de todas las artes, pueden decir mentiras tanto como verdades (así ellas se lo dicen a Hesíodo cuando se le presentan para dictarle el célebre poema). Los grandes líderes de masas, habrán tenido la mayoría de veces buena voz, y no siempre han sido “buenos”. La buena voz, ligada a la buena retórica, es uno de los principales instrumentos de la sofística, tal como se explica en el capítulo que tenemos entre manos, al hablar del daimon-poder. Osama Bin Laden, que en el escenario político que conocemos aparece indiscutiblemente como malvado, tiene una voz encantadora con la que se deleitan masas de admiradores y seguidores, que lo tienen por héroe y líder, además de ejemplo viviente de cómo debe pronunciarse y entonarse la lengua arábiga más pura y clásica… La buena voz por sí sola es útil para la dialéctica tanto como para la sofística; para transmitir la verdad como para hacer tragar las mentiras.

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Gemma apunta también esta interesante reflexión a la lectura del Tercer Capítulo, que considero una excelente síntesis de lo que significa “artede la energía” (chi kung):

<<Siempre he tenido la inquietud personal de poder aprender a relajar la mente dejando que fluyan los pensamientos positivos, aquellos que a menudo no emergen espontáneamente, relajar el cuerpo, calmar las emociones para poder encontrar paz y tranquilidad. Pienso que el saber cognitivo no es suficiente sino cultivamos de forma paralela el ser interior, solamente engrandeciendo a los dos podemos encontrar un equilibrio en el “yo”.>>