LAS HUMANIDADES X: sobre la Religión Perenne y Universal de los utópicos

FeatheredSun

 

Siguiendo la línea del capítulo anterior, podemos añadir que Olives realiza una síntesis de su visión de la religión en el capítulo de “La ciudad cautiva” dedicado a la Utopía de Tomás Moro.  Su sintonía con este autor (que forma parte de la corriente más clásica y ortodoxa del humanismo platonizante del Renacimiento[1]) queda patente desde el primer instante: representante de la  «teología platónica»[2] -o de «filosofía mística»[3]-, demuestra que el humanista va mucho más allá del racionalismo o del idealismo y que adquiere un compromiso tan grande con la Verdad, con su interiorización y vivencia, que es capaz de ofrecer su vida por ella[4].

 

Este santo patrono de políticos y gobernantes recoge en su obra un sentido superior de la religión[5] y describe, con detalle, una religión ideal y perfecta, “concebida por la Academia platónica de Florencia, que filosóficamente pone los fundamentos de la naciente Europa.  A pesar de ciertos rasgos aparentemente heterodoxos, se la debe considerar una religión «católica», en el sentido de que conecta con principios verdaderamente universales y conformes a la doctrina tradicional”[6].

 

Esta visión moreana de la religión (punto de encuentro entre el cristianismo, la teoría platónica y el resto de la sabiduría ancestral de Occidente[7]), que coincide esencialmente con la de Olives (aunque éste amplía su comparatismo a las tradiciones orientales), pivota sobre dos goznes que trataremos a continuación:

 

  1. El reconocimiento de la unidad esencial entre virtud y placer (y la revalorización de éste último, la voluptas)
  2. La idea de la religión Única y Superior, de la coincidencia esencial y metafísica que subyace a todas las grandes religiones y filosofías espirituales de la humanidad.

 

El cristianismo que propone Tomás Moro, a diferencia de la vivencia vulgarizada del mismo que se impone entre sus contemporáneos, reconecta su tradición religiosa con la voluptas de los epicúreos, con idea de placer[8].

 

Pero –aclara Olives- se trata de los goces del alma (animi voluptates, que satisfacen planamente el espíritu del hombre), no de la voluptuosidad o lujuria propias del vulgar hedonismo[9] y que son consideradas un vicio, una peligrosa perversión del placer sensible.  El goce sensual no es, para Moro, más que un bien relativo que debe ser ordenado[10], un punto de referencia para acceder analógicamente, platónicamente, mediante la hermenéutica simbólica, al placer en sí: al goce espiritual, a la sabiduría metafísica que persigue el humanismo clásico-tradicional[11].

 

Este «hedonismo espiritual»[12] propio de los humanistas cristianos, hace de la religión una guía para la más placentera de las vidas, tanto en este mundo como en el más allá.  Partiendo de que la creación del mundo y del hombre es un acto de desbordamiento de amor por parte de Dios, una irradiación gozosa de su Bondad y Hermosura tendente a la felicidad de la criatura, ponen más énfasis en la experimentación del placer espiritual que en la ascesis (a la que en ningún momento desestiman sino que incluyen como medio), en el poder transformador de la experiencia como práctica de desarrollo de la personalidad y de religación con la divinidad[13].

 

Para este humanismo cristiano, la virtud –que consiste en la fuerza interior que permite vivir en sintonía con la naturaleza[14]– no es un fin en sí misma sino que desempeña una función subsidiaria: es un medio para llegar a la felicidad, estado natural del alma para el que hemos sido creados.  Fruto de esta armonía con la naturaleza surge el auténtico placer que acompaña a la virtud, “el movimiento o estado del alma o del cuerpo[15] donde nos complacemos guiados por la naturaleza”[16].

 

Sin embargo, este acceso a la divinidad, a la Verdad, a la Felicidad, al Gozo, a lo Bueno y Bello, no es –en opinión de los humanistas- exclusiva de una época o religión.  Aunque generalmente se haya pasado por alto, pertenece al núcleo intelectual de las grandes tradiciones espirituales de idea de la «religión Única», de la coincidencia esencial y metafísica que subyace a todas las grandes religiones y filosofías espirituales de la humanidad.

 

En este sentido, Olives menciona la religio vera de la que habla San Agustín, el sanathana dharma del hinduismo, el akalika dhamma del budismo therevada, la philosophia perennis et universalis medieval, las doctrinas islámicas del tasawwuf, la Doctrina de la Unidad de Ibn Arabí, la perennis quaedam philosophia de Leibniz, la Tradición Primordial de Guénon y Coomaraswamy, la Perennial Philosophy de Huxley y, mediante una extensa cita, la síntesis que de esta idea hace Nicolás de Cusa, cardenal y humanista católico: “Hay pues una sola religión y un solo culto para todos los seres dotados de entendimiento, y esa religión se halla prepuesta a través de la variedad de ritos.  Tú has enviado a las diversas naciones diversos profetas y maestros, unos en tiempo, otros en otro tiempo.  Mas es ley de la condición de los hombres terrenales que un largo hábito se convierta para nosotros en segunda naturaleza, sea tenida por verdad y defendida como tal.  De allí nacen grandes disensiones, cuando cada comunidad opone su fe a las otras fes.  Y al ver que resulta imposible hacer desaparecer esa diferencia entre los ritos, y que tal diferencia parece incluso deseable para aumentar la devoción –apegándose cada religión con mayor cuidado a sus ceremonias como si ellas fueran de mayor agrado a tu Majestad-, que al menos, ya que tú eres único, haya una sola religión, un solo culto de latría”[17].

 

Esta visión humanística de la religión, que sólo puede comprenderse desde su propia práctica[18], no pretende ser una alternativa ni una superación de las tradiciones religiosas existentes.  Por el contrario, procura ayudar a profundizar en cada una de ellas, trascendiendo la superstición o excesiva literalidad, ofreciendo una hermenéutica simbólica que permite captar y vivenciar su profundo contenido, más allá de sus condicionadas formas culturales[19], descubriendo a Dios más allá de los nombres y cultos particulares que se le confieren en uno u otro contexto[20], pero lejos de desnaturalizadores sincretismos como el que parece inspirar la New Age[21].

 

Un sintético resumen de estos profundos contenidos, de los principios de la «religión única», es recogido por Olives en el mismo capítulo: “Primero: la creencia en la unidad del Ser universal, manifiesto al mundo mediante su Providencia.  De este principio deriva la creencia en la sacralidad del universo, la cosa pública, o cosa común, y la vida social conjunta.  Segundo: el alma humana es inmortal y su estado natural es la felicidad, así como el estado natural del cuerpo es el goce de la salud, a todo lo cual coadyuva la religión, la cual está al servicio del hombre, y no al revés.  Tercero: hay una religión única, tal como la razón superior lo hace ver, la cual es común a la naturaleza humana, estando más allá de las formas culturalmente condicionadas.  Cuarto: todas las religiones particulares, incluido el cristianismo, son aceptables puesto que emanan de un mismo principio absoluto, al que nombran de distintos modos.  Eso significa que las distintas religiones, más allá de sus diferencias de forma coinciden en la unidad de su origen divino y trascendente”[22], y en el fin hacia el que tienden: la religación personal con ese Dios único y, a través de Él, con el cosmos, el prójimo y uno mismo.

Mejor nos iría a todos si lo tuviéramos bien presente.

 

 


[1] Olives:2006, 347

[2] Olives:2006, 350

[3] Olives:2006, 408

[4] Olives:2006, 341

[5] Olives:2006, 340

[6] Olives:2006, 363

[7] Cfr. Olives:2006, 349

[8] Cfr. Olives:2006, 363

[9] Cfr. Olives:2006, 365

[10] Cfr. Olives:2006, 367

[11] Cfr. Olives:2006, 364-365

[12] Olives:2006, 366

[13] Olives:2006, 366-370

[14] Notas de la conversación mantenida con el autor el 11-05-11

[15] Nos recuerda Olives que los humanistas del Renacimiento, lejos del dualismo del que se suele acusar al mal comprendido platonismo, defienden la religación con el propio cuerpo y consideran la vivencia de la experiencia de la salud como un goce prioritario puesto que es “lo que hace apacible y deseable la condición de los vivientes, y sin ella no es posible ningún otro placer” (Olives:2006, 368)

[16] Olives:2006, 367

[17] Cusa:PF, 4, citado en Olives:2006, 377

[18] Cfr. Olives:2006, 378

[19] Cfr. Olives:2006, 370

[20] Cfr. Olives:2006, 51

[21] Cfr. Olives:2006, 383

[22] Olives:2006, 376

LAS HUMANIDADES VI: El simbolismo metafísico de las Tres Gracias

las-tres-gracias-en-la-primavera-de-botticelli

(Añadimos un capítulo más de los que Joaquín Muñoz Traver va colgando en su citado blog, fruto de la investigación por él realizada sobre el método de las humanidades tal como yo lo he aplicado al mundo académico de hoy)

Una vez clarificado –en el anterior capítulo- el vínculo existente entre aprendizaje y docencia en el ámbito de las humanidades, podemos enriquecer esta visión con las aportaciones propias de la teoría de las Tres Gracias al respecto.

Comenzaremos nuestra aproximación al tema simbólico de las Tres Gracias, al que se han referido muchos pensadores y artistas destacados (siendo la principal vía utilizada por el pensamiento clásico para transmitir la teoría sobre la liberalidad o los beneficios, sobre el arte de dar, recibir y devolver[1]) con una introducción general al mismo para, posteriormente, y pese a su riqueza simbólica y a la multitud de lecturas y enseñanzas que de ella se pueden obtener, ceñir nuestra aproximación a su valor arquetípico en el terreno del aprendizaje y la enseñanza, en el campo de la pedagogía humanística.

Dada la importancia que otorga Olives a los soportes imaginales para facilitar la meditación hermenéutico simbólica, así como atendiendo a la profusión de imágenes que  sobre este tema encontramos en La ciudad cautiva[2], incluyo la interpretación que de las mismas realizó  Botticelli, pintor-filósofo platonizante, perteneciente a la Academia florentina de Marsilio Ficino, cuya obra “cargada de conocimiento, vehicula un potencial iluminativo de gran calado, hecha como está para la contemplación meditativa, que no niega el valor estético, antes lo culmina”[3].

Botticelli nos muestra tres hermosas mujeres, con sedosos, vaporosos y transparentes vestidos, con sus manos entrelazadas en una circular y sensual danza mediante la cual parecen establecer un callado diálogo que las une.  Matices a un lado[4], se trata del modelo iconográfico clásico de las Cárites.

Al contemplar la imagen podemos preguntarnos, como hizo Séneca (en cuyos planteamientos bebe Olives para configurar, desarrollar y comunicar su teoría de los beneficios[5]) quiénes son estas mujeres y por qué son tres.

Nuestro autor, como es habitual en él, comienza introduciéndonos en el sentido etimológico y simbólico del término «gracia»: nos habla de la relación existente entre su raíz indoeuropea jr y las letras griegas XP del Crismón, de sus paralelismos sánscritos y de su vinculación con la idea de transmisión de influencias espirituales.  Por último, y en un sentido más común, lo asimila a la idea de goce, favor, don o beneficio[6].

Tras esta primera aproximación, se nos muestra con mayor claridad que el contenido «filosófico-humanístico» de esta iconografía tiene que ver con el hecho de que “hay gracia en dar, gracia en aceptar o recibir, y gracia en devolver”[7].  La desnudez (o semi-desnudez) de las Gracias expresa la naturalidad de los beneficios[8] que circulan según esta estructura ternaria, en la que cada uno de los elementos hace de mediador entre los otros dos, dando lugar a un dinamismo de intercambios mutuos que se simboliza pictóricamente con las manos entrelazadas y la feliz danza en que participan[9].  Un baile que nos remite no sólo a la alegría de regalar y ser regalado sino que, a través de su circularidad, nos comunica el retorno del don al donante.

Los nombres, atributos y posición de las Tres Gracias nos permiten dar un paso más en su correcta comprensión: a la izquierda, la sensual y provocativa Eufrósine-Voluptas (el Goce o el Placer); en el centro, la cariñosa, sencilla y prudente Talía-Amor-Castitas (el Amor altruista, iluminado o compasivo) y, a la derecha, la sofisticada, elegante y radiante Aglaia-Pulchritudo (la Belleza o Hermosura)…  La iniciadora o impulsora de todo el dinamismo[10].  Y, con esta última afirmación, retomamos el platónico mito de la caverna que nos está sirviendo de hilo de Ariadna para llegar al núcleo central de las humanidades entendidas como proyecto pedagógico, como imbricado nudo entre aprendizaje, desarrollo personal y docencia; entre recibir, disfrutar y dar.

Decíamos anteriormente que es la belleza (Pulchritudo) del nuevo mundo que se ha abierto ante sus ojos lo que, junto al recuerdo de su anterior y triste vida de sombras, mueve al cautivo liberado a descender de nuevo a la caverna para, llevado por la compasión (Castitas), tratar de conducir a sus antiguos compañeros, que siguen cautivos, a la nueva realidad que él ha descubierto, que ya está gozando (Voluptas) y cuyo disfrute se verá incrementado al ser compartido[11] (pues el colmo del placer se basa en una actitud de natural entrega altruista[12], de dar gratuitamente lo que como regalo se ha recibido).

Pero las Tres Gracias no sólo ilustran la naturaleza o razón de ser de este dinamismo, también nos aportan rastros –que sigue atentamente Séneca- sobre cómo debe desarrollarse esa danza de dar, recibir y devolver.  El sabio, docente o pedagogo que comunica su conocimiento a los demás, les está haciendo un regalo, un beneficio, se está donando, entregando a sí mismo en su acción[13].  Y esa entrega, nos recuerda Olives, debe regirse por la adecuación y proporción para que el beneficio pase de mano en mano hasta volver a su causante y no se pierda la reciprocidad (simbolizada por los dedos entrelazados y la forma circular de la danza) como sucedería si se rompiera algún eslabón de la cadena.

Nos recuerda además nuestro autor que, tanto en la versión iconográfica que de las Tres Gracias hace Rafael en su fresco, como en la que aparece en el ex-libris de Johannes Cuspinianus, “las tres doncellas aparecen involucradas en un juego de pelota”[14] que nos permite especular  sobre “las disfunciones de la economía del don, [que] son tanto la mezquindad como la prodigalidad.  Pues bien, observaremos que si la pelota cae al suelo es culpa de quien la da, de quien la recibe o bien de ambos: esto puede venir de tirarla demasiado fuerte, o con poco impulso, o bien de la misma naturaleza de la pelota (que sea demasiado grande o pequeña, demasiado pesada o ligera… etc.).  El comentario advierte que tiene que haber adecuación, o proporción, entre el donante, el receptor y lo dado.  Peca tanto quien se pasa en la medida como quien se queda corto”[15].

¿Cómo aplicar esta enseñanza a la educación?  Teniendo en cuenta, en primer lugar, que el objetivo de ésta es sacar afuera lo que uno tiene en su interior[16], dar a luz el conocimiento embrionario, motivar a uno para que inicie su particular travesía hacia el exterior de la caverna…  Para ello, nos recuerda esta iconografía, el sabio debe atender a las características y necesidades del oyente debe dosificar el conocimiento que le entrega atendiendo a sus capacidades, a su cultura y a su lenguaje, de modo que le resulte comprensible y útil para el desarrollo de su personalidad, cumpliendo así su función[17] desde el punto de vista de la hermenéutica simbólica clásico-tradicional.

Mediante una cita de la Hieroglyphica de Valeriano, nuestro autor nos ofrece unas claras directrices sobre cual debe ser el talante propio del benefactor y del beneficiado, del maestro y del discípulo: “No debiéramos seguir adelante sin indicar que una de las gracias está con el rostro vuelto y oculto para indicar que aquél que hace un regalo debe hacerlo sin ostentación.  La otra muestra su rostro abiertamente porque quien recibe un bien debe mostrarlo y declararlo públicamente; y la tercera gracia muestra un lado de su rostro y oculta el otro significando que al devolver los beneficios debiéramos ocultar la restitución, pero mostrar lo que nos ha sido dado”[18].  El maestro debe por tanto ser discreto y humilde, centrando la importancia y atención en aquello que transmite.  El discípulo, sin embargo, debe mostrar su agradecimiento dando a conocer la fuente por la que ha llegado a él el saber, alabando y haciendo públicas las virtudes de su benefactor.  Por último, el discípulo no debe guardar el conocimiento para sí sino que, en su recién alcanzada maestría, debe dejarlo fluir, compartirlo (humilde y discretamente) con los demás…  Incluso con su propio maestro, que también se verá beneficiado por esta reciprocidad.

La imagen de las Tres Gracias, con todas las especulaciones que puede suscitar y que aquí sólo hemos esbozado, muestra –en cierto modo- una correspondencia con las tres fases en que hemos estructurado el proceso pedagógico: Voluptas, el goce o placer del estudio, de recibir, de ser regalado o beneficiado; Pulchritudo, la belleza o hermosura de la meditación, de aceptar, disfrutar y hacer propio lo recibido; y Amor-Castitas, el amor altruista que conlleva el deseo de transmitir y compartir lo que se ha recibido, el deseo de transmitir y compartir la felicidad que se ha obtenido mediante el conocimiento transformador de uno mismo, mediante el arraigo en la propia naturaleza.


[1] Cfr. Olives:2006, 138

[2] En Olives:2006 se incluye, además de la imagen de las Tres Gracias de Botticelli (pág.143), las de un fresco de Pompeya (pág. 139), las de Rafael (pág. 141), las de Correggio (pág. 146), las del ex-libris de Johannes Cuspinianus (pág. 147), una versión popular en mosaico procedente del pavimento de una casa en la antigua colonia Julia Augusta Paterna Barcino, núcleo fundacional de Barcelona (pág. 148),  la fuente de las Tres Gracias en la Hypnerotomachia Poliphili de Francisco Colonna (pág. 151),  las del cuadro de Rubens (pág. 153) y las de la Hieroglyphica del humanista Pedro Valeriano (pág. 155).

[3] Olives:2006, 142

[4] En otras representaciones aparecen desnudas, o jugando con una pelota, o en posiciones algo distintas…

[5] Cfr. Olives:2006, 103

[6] Cfr. Olives:2006, 438

[7] Olives:2006, 144

[8] Cfr. Olives:2006, 149

[9] Cfr. Olives:2006, 144 y 155

[10] Cfr. Olives:2006, 142

[11] Cfr. Olives:2006, 120

[12] Cfr. Olives:2006, 141

[13] Cfr. Olives:2006,  118-120

[14] Olives:2006,  145

[15] Olives:2006,  145

[16] Cfr. Olives:Gaudí, 13

[17] Cfr. Olives:2006, 145

[18] Wind:1972,  41, citado en Olives:2006

Comentarios de alumnos a La Ciudad Cautiva, cap.VI: la Ciudad Utópica.

Incluyo a continuación los comentarios-lectura de los alumnos del Master (UIC-2011) de Iniciación a la Investigación en Ciencias Sociales, Humanas y Jurídicas, en la asignatura “Ciudad, persona y civilización: claves para el conocimiento del mundo contemporáneo”.

Joan Rabal Bosch.: Este capítulo dedicado al Renacimiento y a la Utopía de Tomás Moro ha sido uno de los que más me ha gustado de todo lo que he leído hasta el momento, ya que refleja de una forma muy interesante el cambio en la mentalidad de la época, que supuso la separación del cristianismo del poder político y el ascenso de los príncipes y monarcas absolutistas que sentaron las bases de las sociedades actuales en las que vivimos. La contraposición de Utopía, como representante de la tradición clásica y el platonismo, defendida también por los integrantes de la escuela de Florencia, con las ideas expuestas en El Príncipe de Maquiavelo, nos da una idea de la situación que se vivía en Europa con este cambio de mentalidad  (…) Tomás Moro es uno de los pensadores más destacados de la historia, y creo que en los programas educativos  de escuelas y universidades no se le presta la atención que merece. Su obra más conocida, Utopía, que algunos sitúan como obra precursora del comunismo, presenta una sociedad ideal cercana en muchos aspectos a las ideas platónicas. Especialmente interesante me ha resultado el tema -controvertido para algunos comentaristas de la obra moriana- de situar el placer como el bien supremo del alma, así como la idea de (…) un solo Dios que se manifiesta de diferentes maneras en las diferentes culturas y religiones.

Gemma Alsina.:

“Tomás Moro como pensador forma parte de la corriente más clásica y ortodoxa del humanismo del Renacimiento. Fue defensor de la fe católica, de sus instituciones y de la autoridad del Papa de Roma”. (LCC,pág. 374)

Pablo Díaz Hevia.:  En primer lugar he aprendido y descubierto a nivel histórico como los reyes absolutistas ponen división entre los reinados y la Iglesia. He deducido que esto es debido principalmente a su falta de capacidad para el buen gobierno y esto  lo relaciono con la falta de autogobierno personal. Una persona que es incapaz de gobernarse a sí misma (…) es imposible lógicamente que pueda gobernar un país. Ante esto aparece la figura notable de Tomás Moro con “Utopía” donde denuncia todo lo que está pasando y crea líneas para volver al buen camino. (…) Presenta ideas platónicas y clásicas que van más allá del pragmatismo y por supuesto de la ingeniería social o comunista. Tanto Moro como San Agustín o Platón son grandes humanistas y personas a seguir y a estudiar en nuestros días. Ojalá revolucionemos todo este mundo con estas teorías tan aplicables en el mundo actual como en la época de cada uno!


Imagen de la Insula Utopía en la ed. princeps

(aportada aquí por MªJosé Díez)


Beatriz Lucaya
Forcada.: Tomás Moro es uno de mis personajes más respetados en la historia, por lo que este capítulo me ha resultado especialmente interesante. Estamos en un momento en el que la mentalidad se ha vuelto materialista e individualista, parece que fuese el momento histórico de Sir Tomás Moro coetáneo al nuestro. Observo como en muchos momentos de la historia se intenta recuperar la antigua idea de ciudad…Enrique VIII utiliza el poder de una manera absolutista, convirtiéndose de este modo en un tirano y dejando de lado el verdadero sentido de (…)servicio, prevalecen sus caprichos a las verdaderas necesidades del pueblo. Se produce una ruptura entre el dirigente y la comunidad. No es de extrañar que posteriormente el pueblo se rebele contra tales tiranías.

Sergi Font: <la rebel·lió règia està> molt relacionada amb els tres punts que explica Joan Milton: supèrbia, rebel·lió i caiguda. (…)Pel què fa a la primera gran revolució, és l’ambició la que porta a substituir a l’autoritat religiosa i col·locar-se al seu lloc.

J.O.P.: Aquest és un procés arquetípic de l’ànima (tant la individual com la col·lectiva, tant a nivell humà com a nivell còsmic). El poema de Milton explica la antiga tradició judeocristiana de la rebel·lió de Lucifer, que efectivament té origen en la supèrbia (en creure que estem separats de Déu). Aquest mateix mite el trobaràs explicat meravellosament al conte de Tolkien, “La música dels ainur” en el Silmarilion. Aquest mateix procés de rebel·lió-caiguda afecta a tots nosaltres en tant que éssers humans. També queda reflectit una i altra vegada en els cicles de la història: una mateixa tragèdia que es va representant una i altra vegada amb diferents personatges. Lo important és reconèixer la pauta en nosaltres mateixos i rectificar-la inmediatament. Aquesta mateixa pauta l’hem estudiada amb els simbolisme de l’expulsió del Paradís i el simbolisme de l’Aliança o Pacte.


Evaristo Aguado Raigón.:

No deseo comenzar a hablar de mis sorpresas, de mis convicciones y de lo que podríamos ampliar sin hacer un breve elogio de Tomás Moro.

En 1966 obtuvo seis óscars la película “Un hombre para la eternidad”, una brillante biografía de Moro que va desde su nombramiento como Lord Canciller del Reino hasta su muerte. Causó un gran impacto porque en ella, se veía a un hombre elegante, laico que cristianizaba el mundo, defensor de la verdad, del bien, de la Ley eterna y de las leyes justas de los hombres, tolerante, comprometido con los más desfavorecidos de la fortuna, amoroso padre de familia y preocupado para que sus hijas fueran humanistas, nada “encizañador” porque, además de todo esto era un gran santo. El beato Juan Pablo II lo proclamó patrón de los políticos. Tomás Moro como Tomás Becket defendió “el honor de Dios”

Hace unos veranos, paseando por Brujas, encontré, por casualidad, la casa donde Moro vivía cuando visitó a Erasmo de Rotterdam en 1515 e intercambiaban opiniones sobre los ataques de Dorp. Sentí emoción al recorrer sus estancias y tener tan cerca sus objetos personales.

La época de Tomás Moro, se caracterizó por el descontento del mundo en general y de la sociedad en particular. La Utopía nació del malestar y de la impotencia, de la sensación de los ciudadanos de no poder cambiar a mejor. Pero aunque en la Utopía hay cierta protesta, lo que hay sobre todo, es un juego. Me apasiona ver como Moro inventa un mundo cerrado, completo.

Daniel Huchet : Me he sorprendido al descubrir la transcendencia de la idea de ciudad utópica de Tomás Moro (amén de su biografía), vinculada a la concepción clásica de ciudad ideal y su influencia posterior.  <Me ha interesado la idea de que > placer y virtud pueden coexistir perfectamente: no son incompatibles

DEL CASAMIENTO DE VIRTUD Y PLACER

MªJosé Díez.: Tópico de la mitología clásica es el aparente dilema que debe encarar el héroe: la difícil elección entre virtud y placer.


Virtud y placer como meras opciones antagónicas

Epicuro enseña la necesidad de la templanza para poder realmente disfrutar del placer.

J.O.P.: Excelentes imágenes! que mucho ayudan a la hermenéutica… cuando se tienen las claves del simbolismo las imágenes (la iconografía) nos puede revelar contenidos tanto o más que las palabras. Te felicito!

MªJesús.C.: De la segunda parte del capítulo me ha sorprendido la valentía de Tomás Moro, immerso en la sociedad absolutista que hemos comentado abocada al vicio, a la guerra y a la caza, a la hora de defender el concepto de placer, el bien supremo del alma,  y su compatibilidad con la virtud. Me gusta la definición que hace de la virtud como medio para llegar a la felicidad, es decir que para gozar es necesaria la virtud. Me parece muy dulce la expresión “los goces del alma” y el sentido espiritual que se le da, alejado de toda perversión; y la afirmación de considerar el placer como la mayor parte de la felicidad humana: el goce no se contradice con la religión porque el estado natural del alma está hecho de amor, felicidad y belleza que son muy satisfactorios.  Por otro lado me ha hecho reflexionar la afirmación de que el placer implica la sociabilidad humana ya que hay personas que, ejemplarmente, viven su fe y goce espiritual alejadas de la sociedad.

Pablo D.H.: He aprendido y me ha aclarado muchas ideas referidas a la virtud y placer. A veces se entiende como algo totalmente opuesto, pero una es complemento de otra. He descubierto como siendo una persona virtuosa puedes tener acceso al placer. Ese placer no es un placer sensitivo, es un placer real donde entran en juego todas las dimensiones de la persona (emocional-afectiva, transcendental, social…).

MªJosé Díez Chueca.: El placer sensible que satisface, al igual que la alegría más profunda, sólo se logran cuando no se buscan directamente, la experiencia muestra, que así como el dolor temido es siempre mayor que el dolor real, el placer buscado con exclusividad es siempre menor que el placer gozado, quedando una deuda de sensaciones que se intenta saldar por otros medios. A lo largo de todos los tiempos lo habitual en los hombres era ocupar el tiempo en las obligaciones (casi siempre trabajosas) y gozar del placer solamente de modo ocasional. Y de aquí es fácil dar el salto de considerar como injusto todo lo que desagrada o de considerar como derecho todo lo que agrada… Así, la búsqueda del placer inmediato provoca un egoísmo crónico que se convierte en insolidaridad (o falta de caridad para hablar con un lenguaje más clásico), y por este camino se llega, casi siempre al delito. Por otra parte, la acumulación de placeres “empalaga” y crea aburrimiento, de dónde vemos la paradoja que hace de “la civilización del placer” una civilización de personas aburridas… El remedio, entonces, resulta peor que la enfermedad. El círculo vicioso que comienza con una vida vacía provoca un aburrimiento inicial que intenta contrarrestarse con una intensificación de la vida de placer, que por el hastío termina produciendo más aburrimiento y vaciando más aún de contenidos la vida de las personas.

El goce no se contrapone con la religión: “Cuanto más comprehensivos se tornen los placeres y las virtudes, más ampliamente habrán de coincidir…” “Cuando un placer o una virtud llega a abarcarlo todo, solo en los estados de éxtasis, la bondad se hace indiferenciable de la felicidad”.

“Acá no hay sentir, sino gozar sin entender lo que se goza“ (Vida 18, 1)

(Imagen del éxtasis de StªTeresa por Bernini, aportada aquí por MªJosé D.)

Tatiana Cucurull.:

“El placer de comer y beber, y las complacencias que procuran los placeres del mismo género, creen <los utópicos> que deben ser buscados, pero únicamente para conservar la salud, y que tales complacencias no son dulces en sí mismas, sino en la medida que nos defienden de los secretos ataques de las enfermedades”(LCC, cap.VI)

El comer, beber y similares no son placeres como comúnmente podemos entenderlos, sino que el placer de estos actos se encuentra en el bienestar posterior, puesto que son los que nos hacen estar físicamente fuertes y nos ayudan a prevenir todo tipo de enfermedades. Obviamente el concepto de comer y beber se entiende en su justa medida y no debe ser entendida como glotonería. De esta manera el cuerpo se siente sano y libre de dolor, a la vez que mediante un “buen placer” ve reforzada su salud.

J.O.: “La segunda modalidad de placer corporal es especialmente interesante, por la poca atención que vularmente se le dedica y porque se debe a ella la conexión de lo material con lo espiritual. Consiste en el placer que se tiene al vivenciar directamente la experiencia de la salud (…), un estado quieto y equilibrado (o erguido) del cuerpo (…) con todos los humores en adecuado temperamento (…), esa conformación armoniosa, que confiere a la mente un sentido de complacencia y satisfacción…<<Tal bienestar -leemos en Utopía muchos utópicos tiénenlo por el supremo placer, y la mayoría lo considera como la base y fundamento de toda felicidad. La salud es lo que hace apacible y deseable la condición de los vivientes y sin ella no es posible ninún otro placer (…) Que la salud sea un placer en sí misma o que lo haga nacer como el calor nace de la llama, es cosa que no tiene importancia, quienes gozan de una salud inalterable nunca carecerán de placer(…) y se engañan por completo quenes sostienen que la salud no puede sentirse>>”. (LCC, pp.366 s.)

Beatriz Lucaya F.: …punto a destacar es el sentido que se da al placer : ”no hay felicidad en todo placer: solamente en el que es bueno y honesto”. La idea de que el placer de comer y beber sólo debe ser en cuanto se dirige a conservar la salud y prevenir las enfermedades … me parece increíble esta manera de enfocarlo. También la idea de prevenir antes que curar. Si no tenemos salud no es posible gozar de ningún otro placer, pienso en que Enrique VIII padecía gota y no gozaba de salud por lo que era difícil que gozara de ningún otro placer.

Evaristo A.R.: …Como sorpresa <de la lectura> un tema ya tratado: para los utópicos el placer está por encima de la virtud. ¡Claro!, es lógico, Tomás habla de aquellos placeres que no engendran ningún mal. Él ve con claridad que el placer es el bien supremo del alma. Para los cristianos, el fin último de nuestros esfuerzos es el goce. ¡Qué risa me dan aquellos que pintan el cristianismo de color negro y tintes amargos, de dolor y sufrimiento buscado!

Sergi Font:…es parla molt de l’estat ideal de felicitat i de benestar. Això implica fer treballar…Una fotògrafa, en un to de queixa contra el seu fracassat matrimoni deia: “ Ningú ens va explicar que les relacions s’han de treballar, que cal fer feina perque funcionin. Jo mirava les pel·lícules de Disney i s’acabaven en el casament”. Actualment no som conscients que l’esforç és el què ens pot portar a aquesta felicitat.

J.O.P.: Sí, però més important que això encara: la idea tradicional de la utopia, les illes afortunades, etc., ens recorda que la felicitat pertany al nostre ésser veritable, a l’essència divina que som tots nosaltres, de manera real, aquí i ara. Son les projeccions de la ment, la contínua distracció cap al passat i cap al futur, lo que ens allunya de lo bo i real… encara que al principi això sembli mentida! Esforç, sí! però que sigui esforç de consciència, de despertar, d’estar atent. No un esforç partint dels esquemes rígids que ens programen com si fóssim màquines: no l’esforç de l’ase enganxat al carro seguint la pastanaga que mai podrà atènyer!


SOBRE LA “RELIGIÓN ÚNICA Y SUPERIOR

Evaristo Aguado Raigón. La parte que más me ha atraído del Capítulo VI de La Ciudad Cautiva es el “La religión única y superior”. El lord canciller podría haber inventado que todos los habitantes de Utopía practicaban un cristianismo  puro pero esto entraba en colisión con su tiempo. Crea una religión utópica, con respeto a la libertad de todas las confesiones religiosas. Proclamó la libertad de que cada uno profesara la religión que quisiera, admite las sectas. Pero para la mayoría de lo utópicos hay un solo Dios que es Padre. Y establece los principios de la religión. Y vemos en ellos los mismos que el hinduismo o el budismo acepta: Unidad del Ser Universal y su Providencia, alma humana inmortal y su estado natural es la felicidad, religión única común a la naturaleza humana, todas las religiones particulares son aceptables puesto que emanan de un mismo principio absoluto.

En mi vida estos principios me han llevado al respeto a la libertad de las religiones particulares de los demás y sobre todo a soñar en que llegue un día en que todos los hombres estemos unidos en el amor y la adoración en ese Ser Supremo, Padre Providente.

Pablo D. H.Me han llamado mucho la atención y los encuentro de un gran valor los cuatro principios de la religión única:

1) Creencia en el Ser universal-Providencia

2)El alma humana es inmortal y su estado natural es la felicidad

3) Hay una religión única que es común a la naturaleza humana

4)Todas las religiones son aceptables puesto que emanan de un principio absoluto.

Daniel H.: Quisiera poder aclarar el punto referido a la “religión única y superior” y la conveniencia, en este punto, de diferenciar entre los conceptos de religión Vs. creencia.

J.O.P.: Me parece muy acertada tu propuesta de distinguir bien entre los dos niveles de la religión, para contribuir a la comprensión de este punto tan difícil y olvidado, que se refiere a lo que Tomás Moro llama “la religión única y superior de los utópicos”, y el pensamiento clásico tradicional ha llamado con otros nombres a lo largo de los siglos; punto que hemos optado por exponer en éste capítulo de La Ciudad Cautiva, aunque brevemente, con rigor intelectual y respeto a la ortodoxia.

Desde el punto de vista corriente hoy día las religiones no son más que sistemas de creencias (y prácticas) distintos unos de otros, abocados continuamente a la competencia (por conseguir fieles e influencia) y a la guerra (por el menosprecio recíproco entre ellas, más o menos inconsciente según los casos). Desde este punto de vista -que es el punto de vista religioso en sentido corriente- no hay “religión única y superior” que sea posible por encima de todas ellas, ya que cada una se considera única y superior. A lo sumo, se toleran unas a otras, y codescienden meritoriamente a reconocerse algunos valores humanos y morales entre ellas, y a reunirse en actos públicos de oración compartida, colaboración cívica, etc.

Desde un punto de vista más real y plenamente humano, la religión debe ser entendida como la religación del corazón humano con la Realidad Superior y Trascendente, que aquí y ahora está dándonos Amor y Vida (Realida Última que los cristianos llamamos Dios, y otros pueden denominar con otros nombres). Buena parte de los capítulos que componen La Ciudad Cautiva se dedica a recordar esta idea desde distintos puntos de vista, y siguiendo un enfoque castizamente filosófico (el pacto, el simbolismo, la ciudad como mandala, los beneficios, el rito, la política como virtud y rectificación, etc, etc, etc.). Así considerada, la religión es una acto arquetípico que realiza universalmente el ser humano acogiéndose al raudal de luz y de gracia, que viene de Arriba, y que permite la transformación de nuestro ser y el retorno al Origen, independientemente de la pertenencia cultural a uno u otro contexto tradicional, e independientemente de la identificación subjetiva con algún sistema de formas (o “religión” …símbolos, mitos y ritos). Esta “religión única y superior” es la razón de ser de todas las religiones en sentido corriente, y de éstas no hay ninguna que tenga la exclusiva de la conexión divina, contrariamente a lo que tienden a creer los encargados de ellas. Sin esta religión en sentido superior (que nada tiene que ver con las religiones “civiles” de las sucesivas new ages, ya criticadas en LCC), las demás caen en el formalismo, la superstición y la guerra. Eso no significa que todo vale, porque las religiones que merecen tal nombre son pocas y se reconocen en el haber generado larguísimos períodos (o ámbitos) de civilización y cultura. A este respecto, hay que saber distinguir entre una mera secta y una religión. Y también hay que saber que en el paquete de las “sectas”, tal como las clasifica el pensamiento corriente, hay elementos muy distintos, no comparables, y enteramente heterogéneos por el valor espiritual.

Estos dos niveles de entender la religión permiten darse cuente de la posible profundización de la misma, evitar la competencia y la guerra. Sobre todo nos permiten comprender que esta “religión única y superior” no es una alternativa a los sistemas religiosos hoy vigentes y efectivos, porque está presente en todos ellos cuando sirven para conectar y religar al ser humano con la Realidad Suprema, siempre siendo aquí y ahora, más allá de la forma…

Sergi Font: Em va sorprendre positivament comprovar com la religió parla molt més dels homes que de divinitat. És una guia per als homes.

J.O.P.: Sí, la religió avui, en el seu sentit primer i veritable, és la gran desconeguda per la majoria. Segueix sent la gran novetat, la Bona Nova.

Tatiana.: La coexistencia de religiones es siempre problemática, pero se convierte en un grave problema de orden público, incluso en un tema bélico, cuando la religión se contagia con asuntos de poder”(LCC, capVI)

La convivencia entre diferentes culturas y religiones en toda ciudad de por sí ya es muy complicada, pero esta complejidad se aumenta cuando el gobierno utiliza a la religión como medio o instrumento para conseguir sus fines. Es entonces cuando la religión es pervertida y deja de cumplir sus funciones –ser un fin para la felicidad del hombre-: queda vacía de contenido y se utiliza para desunir, y para atacar al semejante y menospreciarlo. Como puede comprobarse a lo largo de la historia, este tipo de prácticas a llevado a muchas civilizaciones a su destrucción y desaparición: Corruptio optimi, pessimum.

MªJesús C.: Por otro lado, en relación al capítulo sobre la “religión única y superior”, me ha sorprendido gratamente  como aceptan y justifican los humanistas la coexistencia de las religiones diversas, fruto de una religión única basada en la creencia del Ser universal. Lamentablemente, en la actualidad, esta coexistencia se ve truncada por el uso perverso que en algunos casos efectúa el poder hacer para manipular a las masas, como por ejemplo los atentados terroristas en nombre de Alá.

Beatriz L.F.: El tema del proselitismo tratado en el punto 6, y de los límites para poder ejercerlo, me hacen reflexionar en la idea del respeto hacia los demás. También el hecho de que la religión no puede ser como instrumento para conseguir el poder: Utopo lo señala como un medio insolente e inepto, me adscribo a esta idea. Por último el respeto interreligioso me parece una idea preciosa y qué ojala la llevásemos a la práctica.

*

Catherine Lecuyer.: Me gustó mucho ver explicado el mecanismo del utilitarismo“el rigor de los contenidos del pensamiento ya no cuenta, solamente la forma y su eficacia.  El pensamiento que instiga la revolución es emocional, pragmático.  Su “verdad” está en la eficacia movilizadora.” Es una descripción TAN actual de lo que veo a mi alrededor, y sé que es poco “politically correct” decirlo (especialmente sabiendo que lo acabará colgando en su web, es todavía más atrevido..), pero debo decir que es más característico en mi opinión, de la forma de pensar mediterránea.  Desde que vivo aquí, tengo la sensación de tener el sentido común continuamente crucificado.  Parece que algo sea bueno y cierto porque la mayoría este de acuerdo tácitamente con ello, o alguien lo haya argumentado de una forma convincente o emotiva, no se va a los fundamentos, ni se analiza la lógica interna.  Y cuando se pone en cuestión un planteamiento que sea estructural, o intelectual, siempre se asocia el planteamiento con la persona que lo sostiene, no per se.  La autoridad de un planteamiento está asociada al poder del que lo sostiene.  Y el poder se fundamenta en el reconocimiento del personaje por la mayoría.  Es la historía de la ropa del emperador que se repita.  Por cierto, he visto que era el título de la primera parte del siguiente capítulo.  ¡A ver!

J.O.: Es verdad que ya desde los inicios de la modernidad (que rastreamos hasta principios del s.XIV) se va imponiendo cada vez más esa forma de ver utilitarista-pragmatista-relativista, que relega al olvido el sentir clásico-tradicional. No creo que sea una forma mediterránea, antes al contrario, porque el distanciamiento de las ideas tradicionales se inicia más bien en los países del Norte de Europa. Pero también es verdad que el cambio de mentalidad acaba afectando tanto a protestantes (los “bárbaros del Norte”) como a católicos (o mediterráneos). Sobre todo hoy día y, especialmente, en Cataluña, uno de los países más sanamente tradicionales de Europa, hasta la generación de nuestros padres (o abuelos), que parece ahora haber pasado al otro extremo, olvidándose de todo… al menos en las declaraciones y en el saber oficial.

Te recomiendo leer, antes que la biografía, la obra de Tomás Moro, que nos sirve de apoyo en este capítulo: La Utopía. Siempre es mejor ir directamente a los clásicos, ya que la mayor parte de los comentaristas modernos desconocen la profundidad del pensamiento clásico-tradicional, y acostumbran a desfigurar su verdadero contenido.

MªJesús Castel.: A medida que avanzo en la lectura de La Ciudad Cautiva me encuentro más a gusto. Al principio, y a pesar de las explicaciones, me costó adentrarme en los complejos conceptos que expresa el libro. En este capítulo me he sentido cómoda, he entendido los conceptos y me ha impactado la figura y obra de Tomás Moro y su lucha contra la sociedad en la que vivía, alejada ciertamente de sus creencias,  y en especial contra su “amigo” Enrique VIII. Al leer las explicaciones sobre el contexto socio-económico en el que se desarrolló la obra de Tomás Moro,  me llama poderosament e la atención como se van afianzando los cambios en la sociedad, cómo se puede pasar de una sociedad humanista a una sociedad absolutista, es decir, el modo en que se rompe el pacto y como se llega al extremo de la ciudad cautiva, donde ha cambiado la mentalidad de los gobernantes y se palpa la pérdida de sabiduría y espiritualidad.

Quiero ampliar la diferente concepción del término “utopía” <que se explica en LCC>. Tomás Moro, le confiere una dimensión filosófica y espiritual, remitiéndonos con el simbolismo al mundo de las ideas y a la dimensión interior del hombre.  En cambio, autores posteriores orientan el término a la praxis. <Las suyas> son “utopías” idealistas, más positivistas. <También, ampliar el> concepto de comunismo de la Utopía (VI. 4) <, y así mismo, lo que> se comenta en el capítulo, que en la época de Tomás Moro, al pueblo llano las nuevas ideas le parecían escandalosas. ..Ampliar el contexto para entender por qué el pueblo no se rebeló conta la “muerte” de la cristiandad, la perdida de la religión y el deterioro social.

Tatiana.:

Lo que resulta peligroso para la cosa pública no es el mero hecho de creer o no creer en unas determinadas ideas, sino olvidar cada ciudadano su responsabilidad moral, anterior a los controles y coacciones que puedan venirle desde fuera, y en particular desde el Estado”

Lo más importante para todo ciudadano es creer en lo que considerada bueno para él y para el bien común, para la sociedad. Aún así, no podemos limitarnos a “pensar”, a tener un juico o una opinión formada: una persona, un buen ciudadano, debe ser coherente con sus pensamientos, transmitirlos activamente a sus semejantes, y defenderlos sin dejarse influir por los pensamientos o acciones de terceros.

Comentarios a La Ciudad Cautiva, cap. II (II entrega)

SOBRE EL BENEFICIO:

REGALO, GRATUIDAD Y GRATITUD

De Joan:

“Punto especialmente interesante es el beneficio, no como algo material, sino como algo que trasciende la materia, y se sitúa en la base de toda la estructura social y política. Uno se da cuenta leyendo este capítulo de la importancia que tiene saber dar, pero también, de los deberes que uno adquiere cuando es beneficiado por otro: un tema que merece profunda reflexión y que nunca me había planteado.”

De Pablo:

“Vivimos una etapa donde las personas han perdido la conexión con lo más profundo de su ser y ciegamente buscan la felicidad de modos equivocados (…) sin tener en cuenta, y en primera prioridad, lo más obvio : la persona y su formación humana. (…) Para esto es necesario el fortalecimiento del alma. Tengo que reconocer que he disfrutado y aprendido mucho en este capítulo.”

De Evaristo, con respuestade J.O. sobre la lectura:

“El presente capítulo me ha sido de más fácil comprensión, (…) porque he hablado con Lucio de cordobés a cordobés, y los dos hemos usado el mismo lenguaje, los mismos sentimientos.”

J.O.: Sí, así hay que leer siempre los textos de sabiduría clásico-tradicionales: “de cordobés a cordobés”, o también “como una carta dirigida a ti personalmente” indagando siempre en el sentimiento que hay detrás, en la intención de lo que nos quiere transmitir, en esa fraternidad a través de los siglos, en ese Espíritu que sopla desde más allá a través de las palabras. En suma: lectura atenta, lenta y meditativa. Ya no vale en estos parajes el punto de vista crítico. Este último sólo lo aplicamos a las ideas viejas incrustadas en la mente por antiguas programaciones que ahora ya no sirven.

De Gemma:

<<Séneca nos dice cómo podemos salir de todo lo negativo incentivando los pensamientos saludables, “la memoria de los beneficios”, que es todo aquello bueno que desde siempre tenemos, que nos ha sido dado. La teoría de las Tres Gracias, desarrollada mediante la iconografía (símbolos y mitología) es el principal vehículo utilizado por el pensamiento clásico para transmitirnos la doctrina del dar. Destacaríamos de las Tres Gracias los valores mandálicos, el vínculo más fuerte de la sociedad humana, el vínculo social por excelencia, el gran promotor de la amistad que nos hace concebir al hombre como un animal social esencial ligado a la benevolencia, beneficencia, ayuda y solidaridad. Para liberar a la “Ciudad Cautiva” se ha de conocer y practicar el arte de los beneficios… Los auténticos son aquellos que sirven como remedio para curar el alma, los que no podemos tocar con las manos: pensamientos, intenciones, recuerdos y disposiciones de ánimo positivo con respecto al prójimo.  Los pensamientos positivos no se generan de una forma automática la gran mayoría de las veces. Requieren un cierto esfuerzo, una creatividad de ideas y emociones. Los pensamientos negativos, por el contrario, fluyen de una forma mucho más automática, acuden sin que nosotros queramos, nos afectan y, con pasar el tiempo, crecen.

La doctrina de los beneficios nos sitúa en una “economía de gracia “donde el bien público consiste en asegurar  la gratitud del uno al otro. Todos los hombres son iguales a pesar de las diferencias en la virtud y en la fortuna.>>

Diálogo con Sergi:

S.: El beneficio está en la parte del ánimo y como dice Séneca “permanecerà siempre”. Pero tendrá que haber alguien que lo cuente. Tiene el mismo beneficio una buena acción si nadie la ve que una acción vista por todo el mundo?

J.O.: El beneficio lo “tiene” la persona, no, la buena acción. Si el beneficiado lo proclama, hay más beneficio (en general). Si el benefactor lo proclama, hay menos beneficio.

S.: Si el beneficio se convierte en norma podemos decir que ya no hay beneficio? En el momento de ser común desaparece? Por lo tanto actualmente somos una sociedad desagradecida, por no saber valorar lo que tenemos. (otra vez Séneca).

J.O.: Si “convertirse en norma” quiere decir que todos nos hacemos conscientes (de ser y haber sido regalados abundantemente) despertando en nosotros la gratitud, entonces aumenta el nivel de felicidad general: se refuerzan los lazos comunitarios y la buena vida. Eso es lo que se persigue con el aprendizaje de la “ciencia-arte” que estamos trabajando con ayuda de Séneca.

La sociedad ayer y hoy se vuelve desgraciada cuando los ciudadanos se olvidan de todo eso y caen en la ingratitud y todas las formas de pensamiento (y acción) negativo(a) que ello acarrea.

Nosotros somos más que la sociedad (en el sentido ontológico, no, sociológico).

S.: Como podemos considerar el intercambio entonces? És una muestra de gratitud? Y el comercio? Los dos salen beneficiados con lo que les interesa. En las negociaciones generalmente los dos salen perjudicados. No han podido llegar a lo que pretendían.

J.O.: Hay dos tipos distintos de intercambio (o economía) naturalmente jerarquizados: los beneficios y el comercio material y corriente. En el primero sólo se gana (si se hace correctamente); en el segundo siempre se gana y pierde. En el comercio, o en cualquier forma de pacto o contrato, puede haber también beneficio. Es humano que lo haya, pero es por añadidura. Esta “añadidura” en nuestros trabajos laborales es la que los convierte en algo placentero, anímicamente gratificante y humanamente formativo.

S.: Un proverbio “ Cuando te hagan un favor, grávalo en piedra, cuando tu hagas un favor, escríbelo en la arena”

(Otra cosa)…una duda: La adopción como un dar que no deberíamos dar?

J.O.: La adopción de hijos, la droga y el aborto no son temas que interese ahora entrar a discutir (y menos abstracta y descontextualizadamente, tal como se hace corrientemente). Frente a temas tan complejos y difíciles, si uno está empeñado en posicionarse abstracta o ideológicamente al respecto, unodebe seguir el parecer de la autoridad espiritual (personas que saben de eso más que uno mismo). Yo sólo he mencionado esas tres cosas como ámbitos problemáticos “donde hoy día hallaríamos ejemplos” de un verdad importantísima: “que a veces el beneficio consiste en no-dar lo que pide el solicitante”.

S.: Vinculando este tema con mi trabajo,…Para dar la voz debemos evaluar a quien se la damos y según qué grado

J.O.: Eso debe significar que podemos tanto beneficiar como dañar con lo que decimos (cantamos o gritamos) y que, por tanto, debemos medir bien nuestras palabras y sonidos. No es así?

Diálogo construido sobre lo Raquel escribe:

R.- Me preocupa profundamente que la falta de justicia social nos aboque a la disyuntiva de ser tiranos o esclavos…

J.O.: – Mejor poner simplemente “la falta de justicia”, porque se trata de la justicia en el ser humano mismo. No es la sociedad o la falta de justicia social la que nos hace caer en el síndrome “tiranos/esclavos”.

R.– La lectura de este capítulo me ha llevado a meditar sobre la necesidad de invertir los valores que dominan la sociedad actual. Comienza ya a haber movimientos de distinta índole en este sentido y creo que no podemos quedarnos cruzados de brazos. Tenemos la obligación y la necesidad de liberar a la ciudad cautiva, trabajando sobre nosotros mismos y sobre la ciudad (que tan bien representa el alma humana).  Desde el asociacionismo local a movimientos como el slow-food, comienza a verse la urgencia de reivindicar una visión realista que nos impulse a trabajar por el bien común. Es imprescindible desarrollar el valor-beneficio, junto con virtudes como el agradecimiento (los hechos son importantes, pero las actitudes lo son más porque dicen cómo somos. Dar las gracias por algo es digno de tenerse en cuenta. Ser agradecido es, en cambio, una forma de estar instalado en la vida y supone un convencimiento profundo;  la serenidad (la actitud agradecida ante la vida requiere como condición previa saber mirarla serena y atentamente, y de esta visión contemplativa surge el agradecimiento)

J.O.: Buena intención y noble pasión, en lo que dices. Pero conviene recalcar una y otra vez, que la forma clásico-tradicional de ver y practicar la política es diferente de la forma actual, que tenemos tan arraigada, la cual tiene como defecto el querer empezar la casa por el tejado. Eso es, cambiar la sociedad (exterior) antes de cambiar uno mismo.

Precisamente porque veo que esa no es tu intención, importa descartar los “movimientos sociales”, los “cambios de valores”, las “inversiones de los valores”, etc. como formas de intervención eficaces. El cambio sólo se produce a través de la vida interior: cuando yo comprendo, siento y transformo en mi (y la relación con mi prójimo) las ideas y vibraciones que no están afinadas. Luego, a partir de esa comprensión/transformación, se nos va haciendo la luz sobre qué podemos hacer, diseñar, programar, de cara afuera (si es que hay que hacer algo…). En todo caso lo que realmente importa es la “conversión” de la mirada en cada uno de nosotros (eso es lo que Él espera…). Lo demás, el plano de la acción, viene por añadidura como un efecto espontáneo de la transformación interna. En realidad ambas cosas (lo interior y lo exterior) no están separadas, pero sí hay una clara jerarquía entre ellas, que la “política” de la modernidad ignora sistemáticamente, abocándonos siempre a considerar la sociedad como una máquina y a nosotros como los mecánicos-ingenieros.

Los valores por definición son buenos y, en general, hay coincidencia en ellos: la paz, el bienestar, la libertad, la familia, la prosperidad, etc. son queridos, defendidos y proclamados incluso por quienes los niegan en la práctica. No cabe duda de que los criminales, los violentos, los “intolerantes”, los “terroristas”, etc., también se suman a las manifestaciones defendiendo los valores, y participan en partidos, movimientos y oenegés con nobles propósitos. Comprender el arte/ciencia de los beneficios es otro punto de vista, algo mucho más concreto, inmediato y efectivo, que “reivindicar” o “desarrollar el valor-beneficio”. El valor es nuestra alma y se desarrolla dejándonos penetrar por el flujo de gracia que constantemente nos regala el espíritu de Dios. Esa es la “antigua y primera política”, en la que podemos colaborar “encarnándola”. Ese auténtico valor se comunica espontáneamente, por osmosis, por contacto presencial, por vibración interna… Todo lo demás viene por añadidura.

R.– También me interesa sobremanera el beneficio como vínculo entre ciudadanos. El mayor beneficio por el que debemos vivir agradecidos es la capacidad de amar que nos conecta como a las tres Gracias en un ritmo ternario sostenido entre nosotros, la tierra y el cielo. Aquí encuentro la base y el desarrollo tridimensional del mandala de nuestra ciudad interna. La teoría de las Tres Gracias me ha apasionado, así como el tratado De los beneficios de Séneca (…) son puntos clave en el modelo de gestión que persigo, y que en mi libro <Comunicar para compartir , Barcelona 2010> son aspectos que, en cierto modo, ya trabajamos.

De MªJosé:

<<Me ha sorprendido la tremenda actualidad de la doctrina de los beneficios, donde se hace una crítica de las costumbres del momento; y que se proponga un “fortalecimiento del alma”, para la vuelta a los orígenes, ya que ciudad o sociedad es el alma humana.

El enderezamiento será a través de los beneficios, donaciones o regalos, donde la voluntad de los que dan hace que alcance medida de sacrificio o inmolación

Frente a la caducidad de las cosa hay una perennidad de los beneficios”. Esta frase me habla de (…) la perenne actualidad de la Redención de Jesucristo como don recibido por parte del género humano.>>


Hans

escribe unas Intuiciones sobre el entrelazamiento de lasTres Gracias, donde empieza dudando de que exista realmente la belleza interior (la de un gesto, la de una idea) y reconociéndola solamente en “los fenómenos que captan nuestros sentidos”. Tiene la impresión de que “necesita un objeto interno para manifestarse”. – Y sigue- No así el gozo, que a nadie le cabe duda de su interioridad en el sujeto que lo experimenta (…) La belleza produce gozo interior, pero si estamos en la ofuscación raramente es bello lo que nos rodea. Lo que viene a unir ambos, es la bondad. Entendida como “gracia”, que supera incluso la mera voluntad sacrificada de hacer el bien, la bondad es un estado del alma que a diferencia de los anteriores, no tiene ningún sentido fuera de su nexo entre lo íntimo y lo que se presenta fuera en la realidad. Da para extenderse mucho, pero diría que el gozo y la belleza están entrelazados por la bondad y que solamente así podemos acercarnos a su explicación. La retórica de Séneca sobre los beneficios, no deja de ser, pienso, una forma práctica de bondad. A diferencia de los estamentos liberales que parten por principio del egoísmo, se parte del bien común. Esto hace que el sistema de libres transacciones siendo muy parecido al liberalismo por su modo de operar, sea radicalmente contrario…”

J.O.: A esta admirable especulación filosófica  estamos todos invitados… La “especulación” la perfeccionamos cuando los símbolos (en este caso las tres doncellas desnudas y enlazadas) nos sirven de espejo (speculum) para reconocer y meditar aspectos de nosotros mismos y del cosmos. Es “filosófica” cuando ya no intentamos construir un “sistema cerrado de pensamiento, que no sea contradictorio” (una filosofía moderna al estilo racionalista, donde se intenta que todo cuadre lógicamente) , antes la utilizamos (la especulación) para hacernos amigos y amantes de la sabiduría (ya que eso significa la “filo-Sofía”), para encarnar reamente el conocimiento y transformarnos a nosotros mismos…

En cuanto a la belleza interior, idea platónica por excelencia, y uno de los principales “nombres divinos” que nos ha legado la tradición… traigo a colación el libro de Edgard Wind, ya citado, que nos explica en clave iconológica (según el célebre estilo del Warburg Institute, que tantos frutos ha aportado a la intelectualidad del siglo XX) esta doctrina, la más rancia de la Academia Florentina. De allí he sacado yo buena parte de lo que expongo sobre las Tres Gracias en La Ciudad Cautiva. Allí podéis encontrar un desarrollo mucho más amplio, en relación con el cuadro entero de Sandro Boticelli, llamado “La Primavera”, a su otro célebre cuadro, el “Nacimiento de Venus” y otros célebre cuadros de nuestra pintura clásica, que Wind utiliza como iconos para ese tipo de meditación en el que nos hallamos, el cual él denomina con el nombre rimbombante “misterios paganos del Renacimiento” (en nuestro caso, los de Venus-Belleza). Reproduzcoaquí la portada del libro y un link con una selección del capítulo VIII, El nacimiento de Venus, cuyo contenido puede interesaros a todos, pese al esfuerzo de tener que navegar entre tanta erudición literaria y pictórica… es el estilo de Wind. Cambiar continuamente de registro intelectual (de dharsana, de “punto de vista”) es parte de las competencias que debemos adquirir para manejar nuestro método analógico y “comparativo”.

Encontraréis las páginas seleccionadas aquí.

 

De J.Mª con una  respuesta de J.O. sorbre la justicia :

J.Mª.: “El arte de dar, sea en el plano que sea, tiene en la sociedad tanta importancia como la tiene la justicia, y guarda con esta virtud una relación directa, y aun la supera.” Esta  atrevida afirmación, contenida en el comienzo del capítulo II, guarda una gran verdad y nos muestra a su vez que el hombre puede trascenderse a sí mismo: muchos pueden pensar que no hay nada más allá de la justicia, que debe ser el valor absoluto que rija todo funcionamiento de la ciudad. Incluso si entendemos bien el concepto de justicia (dar al otro lo que es justo para él, no para ), el ser humano siempre puede trascender sus propios límites, y no para perder su sentido, sino para engrandecerse, como en el caso de dar, donde no se espera nada a cambio y se entrega un bien desinteresadamente –incluso puede que a un enemigo- con la seguridad de que si esa acción contribuye a construir un mundo mejor, otra vez seremos nosotros quien recibamos una gracia, y puede que mucho mayor.

J.O.: Quizá quieres decir demasiadas cosas a la vez… Aunque la justicia no es ahora directamente el tema, debemos señalar que esta tiene un carácter natural, es decir; objetivo. No tiene sentido, desde el punto de vista clásico-tradicional en que nos situamos, hablar de “lo que es justo para él” y “lo que es justo para mí”. En la verdadera justicia, a la que se refieren las doctrinas clásicas, ambas cosas coinciden. La justicia es un aspecto de la ley natural, no, una componenda entre intereses contrapuestos (tal como se piensa desde el artificialismo moderno o “maquiaveliano”). De eso hablaremos más adelante.

La acción benéfica es concreta. Sí que, en cierto sentido, contribuye “a un mundo mejor”, pero solamente si tiene impacto directo en el goce satisfecho del beneficiado y del beneficiante concretos.

J.Mª.: Dice Séneca I, Vii:2 : “se agradece mucho más lo que viene de una mano generosa, que lo que viene de una mano llena”. Esta sentencia me sugiere el valor que damos a las cosas de la vida, …lo más sencillo…: una sonrisa, una mirada, unas palabra de aliento… Por último me gustaría reflexionar sobre el que Séneca reconoe a la propiedad, como una función, un medio, para alcanzar el bien común, (…) base de (…) una comunidad-sociedad. Meditando acerca de su discurso, quizá sea más fácil comprender la situación de nuestro mundo contemporáneo, (…) esclavizada por el “yo” y su ansia de poseer…>>

Beatriz escribe:

<<… que son muchas y maravillosas las ideas de esta lectura (…) …que <después de ella> soy una persona diferente: he entendido el verdadero significado de muchas actuaciones de mi vida profesional, y he reflexionado sobre su verdadero sentido. (…) He aprendido cómo se ha de dar: incluso anticipándose a la demanda, con prontitud, sin esperar a ser demandado, porque entonces desmerece el verdadero sentido. (…) Sobre el tema que el goce es menor cuando el beneficio se otorga de forma colectiva,estoy totalmente de acuerdo (…). Que la ingratitud es el peor de los males, es una verdad como un templo, una de las enfermedades de nuestro siglo: nos lleva a la autodestrucción. La frase “ayudar ea los demás es la principal manera en que uno se ayuda a sí mismo”,me hace pensar en las personas que proyectan su vida hacia los demás son inmensamente felices. (…) La trampa y la esclavitud del consumismo, que nos hace sentir tristes y frustrados (…) cómo en Navidad la gente se siente triste…

Durante 25 años en la docencia he hecho mi trabajo lo más efectivamente posible e intentando que mis alumnos aprendiensen y creciesen como personas responsables, pero esta faceta interior no la he proyectado en ellos. Deseo hacerlo a partir de ahora y tener un tiempo diario para ese mandala, que tan necesario es para mi persona.

Mil gracias.>>

De Tatiana, con un comentario de J.O. sobre la riqueza:

“La acción de regalar generosamente, o de beneficiar a alguien por el gusto de hacerlo, ofrece contrastes con la acción de impartir justicia, ya que esto último siempre conlleva obligación y sujeción al derecho, mientras que el beneficio es gratuito y totalmente libre: beneficio y justicia no son equiparables, pues si bien lo primero es un acto voluntario y libre, la justicia lleva consigo un acto de obligación. Pero al mismo tiempo, ambos conceptos deben estar unidos (…) Siguiendo el pensamiento de Séneca, necesitamos comprender y redescubrir el verdadero sentido de la riqueza, recuperar la capacidad de hacer y de recibir correctamente los favores y los regalos, de manera que se fortalezcan tanto el alma individual como el alma colectiva: la riqueza no es algo material, sino que es el saber dar y entregarse a los demás de manera desinteresada. Saber ver y recibir los actos voluntarios de los demás es lo que hace ricas a las personas: esta es la verdadera riqueza del ser humano, y hemos de saber transmitirla a los demás.

J.O.: Tu comentario da en el clavo. El trasfondo de este capítulo II es ayudar a comprender qué es la riqueza y, sobre todo aprender a reconocerla, gozarla y aumentarla en beneficio propio y del prójimo. La “sociedad opulenta” (affluent society) que mediante la revolución moderna hemos creado a lo largo de los últimos siglos, se ha desarrollado a costa de la sabiduría, que hoy tratamos de recuperar. Ésta nos enseña el verdadero sentido de la riqueza/pobreza. Hay que comprenderlas a las dos, porque la verdadera “idea” está siempre más allá de los complementarios. Somos demasiado ricos en unas cosas y demasiado pobres en otras. Riqueza y pobreza pueden ser ambas vicio y virtud. Todo depende de la medida, del nivel y la capacidad de comprensión: en suma, de la sabiduría… “Sólo el sabio es rico, ya que todo lo posee…” dice Séneca. Pero eso ¿lo estamos entendiendo verdaderamente? o estamos todavía con la visión literal y material (la del capitalismo, el liberalismo, el marxismo, el pseudo-franciscanismo, el buenismo tercermundista, etc.). Aquí no se está hablando de una riqueza que se pueda conseguir con ingeniería social ni con “políticas públicas”. Se trata de algo mucho más grande, eficaz y directo: la reforma del pensmiento, el fortalecimiento del ánimo, la recuperación de la bondad y la belleza original de nuestro Ser, que ya es perfecto y existe desde illo tempore. Desde este talante, que también denominamos “arte de la energía”, damos la bienvenida a la riqueza, que incluye la prosperidad material, y el goce de la misma, para cada uno de nosotros, nuestras familias y el prójimo que siempre nos rodea. La sabiduría no tiene forma externa. No es incompatible ni siquiera con la abundancia material. Pobreza y riqueza son esencialmente coincidentes, aunque eso parezca mentira desde el pensamiento dual al que nos han acostumbrado. Sin desprendernos de todo, no podemos empezar a gozar de la abundancia que gratuitamente derrama el Cielo sobre nosotros.

*

SOBRE LA COMPLEMENTARIDAD DE

VIRTUD Y PLACER:

Ha sorprendido a Evaristo que “virtud no está reñida con placer.” Volveremos sobre este tema tan importante en el capítulo VI, donde se desarrolla más, a propósito de Santo Tomás Moro. De momento basta con haber señalado esta doctrina tan ortodoxa, defendida por los humanistas (como el cardenal Lorenzo Valla, enterrado en San Juan de Letrán, y gran defensor de la voluptas) en una época en que la ruptura de la cristiandad y el endurecimiento de las conciencias, empezaba a oscurecer para la mayoría el verdadero sentido de la religión. En todo caso el cultivo espiritual es bueno porque aporta a nuestra vida, y a la de quienes nos rodean, un goce mayor. Existe también una jerarquía en los placeres: no todos son igualmente duraderos o satisfactorios. En los grados inferiores se mezclan con el dolor; en los superiores, son pura beatitud permanente y estable, sin mácula de sufrimiento. Ascender en la escala de placeres es imposible sin ayuda de la virtud. La virtud sin placer se aleja de su objetivo, que es el goce en sentido espiritual (gozar de Dios, de su Presencia, su Bondad, su Amor, siempre generosamente disponible para nosotros). Sin duda, la clave se halla en la coincidencia de esta aparente oposición entre complementarios.

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SOBRE LA AUTÉNTICA FILOSOFÍA Y LA ESENCIAL COINCIDENCIA DE LAS DOCTRINAS ANTIGUAS

A Evaristo le “llama especialmente la atención, por (la) formación escolástica y cartesiana recibida, que se dé una fundamental coincidencia en los puntos de partida de los autores clásicos (…)”, que en “los presocráticos, Platón, Aristóteles, los estoicos, epicúreos y cínicos, con sistemas filosóficos distintos unos de otros” podamos hallar “convergencia de los puntos de vista, o enfoques”, que “configuren una tradición”, y podamos “descubrir su complementariedad”.

Sobre eso mismo escribe Juan: “me ha parecido especialmente interesante entender la historia de la filosofía, no como una evolución en el tiempo basada en hipótesis y teorías que se contraponen y se superan, sino como diferentes puntos de vista acerca de un todo que es común, y que todos los filósofos aceptan como verdadero. Esta puntualización ha representado para mí –a pesar de mi formación universitaria como humanista- un giro radical en la concepción de la historia de la filosofía, ya que siempre se me ha presentado desde un punto de vista evolucionista y de contraposición de teorías, enfrentado a las diferentes escuelas y filósofos.”

Ya empezamos a plantear en clase este tema del verdadero sentido de la filosofía (la “antigua”, la que parte del legado tradicional, la encaminada a la sabiduría). Es un tema mportante para eliminar obstáculos a beneficiarse del pensamiento que en LCC denomino “clásico-tradicional”, un método de pensamiento que tratamos de recuperar, y que ha sido desfigurado por eso que se ha dado en llamar “historia de la filosofía”, la cual parte de punto de vista nuevo y especial, que la modernidad ha diseñado para la enseñanza oficial media y “superior”.

Para darse cuenta de este punto de vista especial, hoy corriente entre la mayoría de pensadores académicos y universitarios, hay que comprender (y superar) lo que significa el punto de vista “sistemático”, que lo afecta, limitando el alcance de la indagación y deformando irremediablemente todas las formas de pensamiento anteriores y/o distintos de la modernidad occidental europea. De bo decir, antes de escribir cuatro cosas al respecto, que este tema es el que subyace en toda la trama de LCC, y que el principal método para captarlo es -además de la lectura y la transmisión oral- el trabajo ya encargado con los diccionarios de símbolos, que nos introducen al nuevo/viejo método de pensar con la intuición y el corazón: no sólo con el cerebro.

Aunque parezca mentira, la “filosofía” moderna (o racionalista) se desarrolla sobre todo en Europa a partir de la síntesis del “angélico doctor” Stº Tomás de Aquino. Su sistema racional de doctrina (la escolástica) es una síntesis genial (continuamente la estudiamos, yo la uso y divulgo repetidamente en mi libro, y en la enseñanza universitaria, para la ordenación del pensamiento en el análisis de aspectos doctrinales), pero desde otro punto de vista más importante es peligrosísima, tal como lo reconoció el propio Aquinate. Peligrosa porque distorsiona el pensamiento tradicional (cristiano) en una estructura racional-sistemática (sólo mental); y peligrosa “civilizacionalmente” por toda la “filosofía moderna” que a partir de ella se generó, a saber, el racionalismo y todas las formas ulteriores de “superstición” que afectan la mentalidad moderna.

Hay todo un trabajo de recomposición intelectual que realizamos juntando fragmentos, y viendo la unidad detrás de las aparentes contradicciones. En el caso que nos ocupa –y que no puedo ni soñar en comentar aquí mínimamente por escrito- sería ya un gran paso comprender la idea de “puntos de vista” (en sánscrito, dharsana)aplicable a los fragmentos que nos han llegado del pensamiento precristiano, dejando de proyectarles la visión “sistemática” de la filosofía moderna. Pero hay muchos prejuicios y sombras históricas que dificultan dar este paso intelectual (prejuicios anti-orientales, “parroquialismo” o “etnocentrismo” europeo, imperialismo ideolóico occidental, progresismo mecanicista decimonónico, etc), aunque hoy la documentación y los medios para poderlo dar son abundantes (y aquí el obstáculo es que la “intelectualidad” actual no tiene el tiempo necesario para este tipo de cultivo en profundidad, ni el coraje que hace falta para la radical revisión de esquemas).

…Los fragmentos de los doxógrafos que Diels-Kranz con el célebre título de su obra, Fragmente der Vor-sokratiker (que marca un hito en la filología griega), acuñó este término “presocráticos”, que tanto éxito ha tenido, hasta el extremo de llegar a “inventar” una “filosofía” más, para añadirla al principio del catálogo de aquella  pretendida “historia”. Pero en realidad lo que hizo Diels no fue sinó juntar en un solo libro, los “fragmentos” en cuestión, que él iba recogiendo en los manuales de los doxógrafos bizantinos: nada más (y nada menos!) que de la compilación de frases inconexas, que los gramáticos griegos, en plena época cristiana, utilizaban como ejemplos para ilustrar el buen uso de la lengua griega. El patchwork de fragmentos así obtenido, no da pie a presuponer los distintos y contradictorios “sistemas filosóficos”, que los programas oficiales de enseñanza del siglo XX han dado por establecidos…

Dichos fragmentos de la sabiduría ancestral griega (escritos principalmente por filósofos de las tierras periféricas: el Asia Menor y la Magna Grecia)se iluminan y llenan de sentido cuando podemos aplicarles el método “comparativo”, que yo considero indispensable por las humanidades en general, y por las de nuestra época en particular, tal como lo he explicado repetidamente. La “comparación”, en este caso se refiere a las doctrinas coetáneas de las tradiciones espirituales, que en aquella época colindaban por el lado de Oriente con el mundo griego. Aquí se opone otro prejuicio, hoy casi insoluble en el mundo “intelectual”- académico: la ideología del “milagro griego” (criticada por mi indirectamente a propósito de Fustel de Coulanges, y criticada con mayor autoridad que la mía por otros autores allí citados)que postula la desvinculación de la cultura Europea frente a la espiritualidad de Oriente, afirmando que lo que aparece en determinado momento en la antigua Grecia, es algo que surge “ex nihilo”, original y único, que alcanzará su pleno desarrollo en la modernidad occidental europea del siglo XX. Algo que nos distingue de las restantes civilizaciones de Asia y de la tierra, y nos sitúa espiritualmente en un grado superior y avanzado). Este prejuicio es difícil de desactivar, porque tiene su base en el etnocentrismo espontáneo que viene de la ignorancia, en el desconocimiento de la Antigüedad, y en el olvido de la propia tradición sapiencial (greco-egipcio-romano-judeo-cristiana).

En todo caso, conociendo las doctrinas de Oriente (hinduismo y budismo, principalmente, por lo que atañe al mundo greco-romano) nos percatamos “comparativamente” que al mismo contexto espiritual pertenecen los dichos fragmentos presocráticos, y también el posterior platonismo, y los distintos “ismos” que de el se derivan (incluido también el escepticismo, además de los que cita Evaristo). Reflejan y reproducen fragmentos de las doctrinas espirituales que el hinduismo ordena bajo la división en dharsanas, y el budismo recoge posteriormente en forma de sutras. Hay bibliografía seria, erudita y comprensible, sobre todo eso para el que desee estudiarlo como yo lo he hecho; y para aplicar el método comparativo, también existe la posibilidad, aun mejor, de aprender directamente de los vivientes sócrates, platones, diógenes y sénecas, que son los maestros y portavoces de estas doctrinas espirituales “orientales” que han seguido vivas y activadas hasta hoy y que se hallan al alcance en las grandes ciudades de Oriente y sobre todo de Occidente.

Se olvida demasiado que en la Antigüedad egipcia y greco-romana hubo intenso contacto con Oriente, principalmente Persia, Asia central, e incluso importantes contactos con el Extremo Oriente. Hubo expansión y contactos militares. El más célebre, el de Alejandro, con todas las secuelas coloniales y culturales. Hubo comercio por la Ruta de la Seda, hoy desértica, pero jalonada de impresionantes y cultísimas ciudades, que en época de Marco Polo aún tenían vida bajo forma de oasis, antes de quedar cubiertas por la arena del desierto que en los últimos siglos ha borrado aquella gran e importante ruta de comerció y civilización que atravesava todo este continente (Asia) al que Europa pertenece también. Hubo conacto artístico, como lo han explicado y documentado los grandes expertos del siglo XX, cuyos estudios no han sido incorporados a los manuales de la enseñanza oficial. Hubo sobre todo los continuos viajes de los estudiantes de filosofía y los sabios, siempre los más viajeros y adaptables, y todos ellos visitadores de Oriente, como lo afirman sus escritos y lo recogen las tradiciones antiguas (que los filólogos modernos han negado sistemáticamente (usando del pretendido “método crítico-científico”) y luego silenciado). Muchos de ellos nacieron en Asia Menor, como Dión de Prusa, cuya enseñanza nos servirá de ayuda en el próximo capítulo. Filósofos como él o como su maestro, Diógnes, discípulo de Sócrates, corresponden exactamente al tipo de “filósofo” oriental que hemos podido conocer hasta hoy, cuyos dichos, obras y formas de ver han podido redescubrir los estudiosos occidentales de nuestro tiempo.

Pues bien, en el conocimiento “comparativo” de las doctrinas asiáticas, hoy vivas, puede reconocerse la unidad doctrinal de aquellos “fragmentos de los presocráticos”, así como de la filosofía griega posterior. Tal como pone el cap.I de LCC, hay una parte selecta de la intelectualidad del siglo XX, que ha explicado y documentado abundantemente esta importante herencia cultural de la modernidad, que todavía se acostumbra etiquetar como “filosofía oriental”. Reconectarnos hoy con el tronco de nuestro pensmiento clásico-tradicional (eso que, no hallando mejor denominación para hacerlo comprensible, yo he denominado una y otra vez “el humanismo”, o la “tradición humanista”) comporta aprender “comparativamente” de las grandes civilizaciones y las tradiciones espirituales de las culturas antiguas, arcaicas y primitivas. El método “comparativo”, junto con las claves del lenguaje analógico (la hermenéutica simbólica tradicional) son la manera de ir viendo aquella unidad del pensamiento antiguo que subyace en las aparentes diferencias, contradicciones y escuelas. En el capítulo próximo (III. El arte del gobierno) seguiremos ampliando este tema y profundizando en él.

José Olives Puig

Cardedeu, 25.02.11