LAS HUMANIDADES VII: La Autoridad entendida como sintonía con la verdad

556864_369603479796049_157195212_n(Krishna en la función de Autoridad espiritual se presenta como el Divino Cochero que guía al Poder temporal, representado por el príncipe Arjuna en el mito del Mahabharata expuesto en la forma del célebre diálogo entre ambos contenido en la Bhagavad-Gità. La imagen, aunque popular y dulzona, dice mucho. Presentamos a continuación un nuevo capítulo de Joaquín Muñoz)

De acuerdo con las especulaciones que compartimos –el viernes pasado- alrededor de la iconografía de las Tres Gracias, podemos concluir que sólo puede enseñar el sabio, aquel que ha adquirido previamente un conocimiento y lo ha hecho suyo; aquel que ha investigado y contemplado; aquel que ha recorrido el camino que va del sombrío mundo de la caverna platónica al hermoso y soleado mundo de la superficie…  No puede por tanto educar, desde el punto de vista clásico-tradicional, aquel que carece de lo que Olives denomina «Autoridad» (Auctoritas).

Define a ésta como “sintonía con la verdad”[1], recordándonos que es más que la mera posesión de la verdad: es la interiorización de ésta, el ajuste vibracional con ella, su encarnación en la propia persona y vida.  La sintonía con la verdad implica acercarse a ella con el intelecto, no sólo con la razón.

De hecho, la contraposición polarizada entre estos dos órganos cognoscitivos[2] suele utilizarse para meditar en torno a la relación analógica que existe entre Autoridad y Potestad, entre contemplación y acción.  Afirma Olives que “el intelecto se halla al lado de la función de autoridad, mientras que la razón, al estar enfocada hacia la comprensión de lo exterior (sea lo sensible, sea lo discursivo), utilizando el análisis separador, el «etiquetaje» conceptual, y vinculada por leyes duales de la lógica, es el instrumento principal de la acción humana. [Por ello] la razón está estrechamente ligada a las cuestiones de poder, a la «política» en sentido corriente, y a la capacidad de organizar lo pragmático [a la Potestas]”[3].

Sin embargo, no debe olvidarse que este dualismo entre Autoridad y potestad, entre intelecto y razón, no es más que un recurso didáctico-especulativo.  Una vez más, Olives propone la complementariedad frente a la dualidad: “Autoridad tiene quien conoce la naturaleza y las leyes que afectan una cosa o un proceso.  La autoridad legitima el ejercicio de cualquier actividad y es condición de su eficacia”[4], es una condición previa necesaria para que la acción (el hacer propio de la Potestas) esté encaminado hacia el éxito.

Para profundizar en la relación entre estas dos facultades y funciones, nos remite a la analogía desarrollada por Coomaraswamy[5] en torno al simbolismo de la relación entre Atena y Hefesto: “Este último es el divino artesano, forjador de todas las armas de los dioses olímpicos y prototipo del artífice, el técnico, el especialista, el «hombre procedimental».  Es, sin embargo, cojo: no le funciona una pierna.  Su hermana, «la de ojos garzos», diosa de la visión arquetípica, nacida de la mente divina, es la que concibe y dicta las ideas que el herrero cojo plasmará en la materia con pragmática eficacia. (…)  Ella es autoridad para su hermano Hefesto, quien ejecuta, y quien por sí solo, faltado de inspiración y guía, no podría hacer nada eficaz ni valioso[6].

Una enseñanza similar –y con una imagen, en mi opinión, más sugerente- es la que se transmite en una antigua fábula china, “El ciego y el cojo”, normalmente atribuida a Huai Nan Zi en la que se narra como dos hombres, de por sí desvalidos (un ciego y un cojo), deciden unir sus facultades para iniciar el camino de un largo viaje que les salvará la vida, alejándoles de los feroces enemigos que están conquistando su reino.  Por separado, ninguno de los dos habría podido alcanzar su destino…  Pero, al colaborar, sus aptitudes de complementan y sus carencias o defectos quedan superados por la aportación del otro.

El intelecto dispone de la capacidad de “ver” y, por tanto, está facultado para guiar: está dotado de autoridad…  Pero es cojo, es estático, carece de arte, de “saber hacer”.  En cambio, la razón tiende a avanzar por el camino, puede dar muchos pasos, es tremendamente activa pero está ciega, desconoce a dónde ir: así es el poder.  Intelecto y razón, por sí solos, son insuficientes pero, cuando colaboran, cuando ocupa cada uno su lugar, cuando Autoridad y potestad conviven en armonía, guiando el uno y ejecutando el otro, entonces –y sólo entonces- posibilitan el auténtico desarrollo del potencial humano a nivel personal y comunitario que da lugar a la eudaimonia.

Pero, insiste Olives, para que el hombre y la sociedad (micro y macrocosmos) funcionen correctamente la relación entre Autoridad y potestad, entre contemplación y acción, debe ser de armonía funcional, no de absoluto sometimiento: “la única fuerza que en realidad incluye la autoridad es (…) la fuerza de la verdad, la fuerza que tiene mostrar una conexión con lo real, con lo objetivo. (…)  La autoridad no exige obediencia, no manda”[7]. Y, aludiendo a Mommsen, sentencia:  “La autoridad es más que consejo y menos que orden: consejo que no es prudente desdeñar”[8] porque ese compromiso con la verdad es una fiel guía hacia la felicidad humana[9].

Recurriendo a la etimología de Autoridad, nuestro autor se reafirma en su tesis: “la palabra auctoritas viene del verbo latino augeo, que significa «guiar», y también «hacer aumentar» o «acrecentar».  En efecto, por su papel de guía el sabio hace aumentar el conocimiento de uno y los demás, haciendo aumentar la riqueza individual y colectivamente en cuanto al goce de la buena vida, la paz y la felicidad”[10].

Sin embargo, es importante recordar que la inversión de lo excelso supone la aparición de lo perverso y que, por tanto, cuando la potestad quiere guiar o la autoridad decide actuar, reinar, transformando la Autoridad en autoritarismo, se están poniendo los pilares del desastre.  A este tipo de inmixión o confusión de funciones es a lo que Olives denomina «la rebelión de los reyes» o «el síndrome absolutista»[11] y considera, a ambos, como el inicio de una etapa de fundamentalismo y violencia[12].

Para evitarlo, propone una visión clásico-tradicional del gobierno en la que se toma, como modelo hermenéutico-simbólico a seguir, el gobierno del universo, ejercido en todo momento por su Autor, y que –como pauta divina- debe ser imitado en el microcosmos que es el ser humano y proyectado hacia la dimensión colectiva que es toda comunidad[13].  Este gobierno, que podemos adjetivar como «natural», fue descrito en los antiguos mitos cosmogónicos para que pudiera ser trascendido, interiorizado y aplicado a cada ser humano, promoviendo así la realización espiritual-personal[14].

La natural relación entre Autoridad y potestad se encuentra inscrita, por tanto, en lo más profundo del universo y de nosotros mismos.  Basta con detenerse un instante y auto-contemplarse: ¿qué es previo, el «hacer» o el meditar, evaluar y decidir «qué hacer»?  Primero decidimos, nos fijamos un objetivo, una meta, guiamos nuestra acción y, sólo después, iniciamos el movimiento y nos planteamos el modo más eficaz de realizarlo.  La mayoría hemos adquirido la experiencia de que actuar sin meditar previamente no suele dar buenos resultados…

Por eso mismo, debería sernos sencillo comprender  -por correspondencia o analogía- que el buen gobierno dependerá de la sumisión del poder temporal a la autoridad espiritual, de la razón al intelecto, de la acción a la contemplación, así como de la consiguiente fluidez y armonía entre ambas funciones[15].

Transmitir estos conocimientos, guiar al hombre hacia la comprensión del mundo que le rodea y de sí mismo, velar por el conocimiento y ordenación de las partes, promover el buen gobierno de uno mismo y de los demás dentro de los condicionamientos de tiempo y lugar en que se encuentren inmersos… Esas son las tareas que corresponden a quienes detentan la Autoridad, auténticos maestros del  humanismo porque –conscientes de que no todos los deseos del hombre traen la felicidad- se preocupan de transmitir la escala de valores que conduce a estados de dicha y plenitud duraderos y provechosos para el prójimo[16].  Ellos son los depositarios de la tradición, de los símbolos, mitos y ritos, de los medios de conocimiento y realización espiritual propios de una civilización, una comunidad o un pueblo[17], que llevan a su destinatario a religarse consigo mismo, con quienes le rodean, con el universo y con su creador al descubrir esas estructuras o ritmos comunes a todo lo creado que hacen posible el conocimiento analógico.

Es esta religación –que nos hace más humanos- lo que nos permite calificar a la hermenéutica simbólica como filosofía mística, así como destacar el valor religioso de las humanidades entendidas en su sentido clásico-tradicional.


[1] Olives:2006, 393

[2] Hemos tratado sobre ellos en el cap. 4.c.iii

[3] Olives:2006, 419

[4] Olives:2006, 393

[5] Cfr. Coomaraswamy:1983, 45-50

[6] Olives:2006, 393-394

[7] Olives:2006, 394

[8] Olives:2006, 398

[9] Cfr. Olives:2006, 417

[10] Olives:2006, 417

[11] Olives:2006, 395

[12] Cfr. Olives:2006, 397

[13] Cfr. Olives:2006, 160

[14] Cfr. Olives:2006, 409

[15] Cfr. Olives:2006, 401

[16] Cfr. Olives:2006, 401-402

[17] Cfr. Olives:2006, 425

LAS HUMANIDADES VI: El simbolismo metafísico de las Tres Gracias

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(Añadimos un capítulo más de los que Joaquín Muñoz Traver va colgando en su citado blog, fruto de la investigación por él realizada sobre el método de las humanidades tal como yo lo he aplicado al mundo académico de hoy)

Una vez clarificado –en el anterior capítulo- el vínculo existente entre aprendizaje y docencia en el ámbito de las humanidades, podemos enriquecer esta visión con las aportaciones propias de la teoría de las Tres Gracias al respecto.

Comenzaremos nuestra aproximación al tema simbólico de las Tres Gracias, al que se han referido muchos pensadores y artistas destacados (siendo la principal vía utilizada por el pensamiento clásico para transmitir la teoría sobre la liberalidad o los beneficios, sobre el arte de dar, recibir y devolver[1]) con una introducción general al mismo para, posteriormente, y pese a su riqueza simbólica y a la multitud de lecturas y enseñanzas que de ella se pueden obtener, ceñir nuestra aproximación a su valor arquetípico en el terreno del aprendizaje y la enseñanza, en el campo de la pedagogía humanística.

Dada la importancia que otorga Olives a los soportes imaginales para facilitar la meditación hermenéutico simbólica, así como atendiendo a la profusión de imágenes que  sobre este tema encontramos en La ciudad cautiva[2], incluyo la interpretación que de las mismas realizó  Botticelli, pintor-filósofo platonizante, perteneciente a la Academia florentina de Marsilio Ficino, cuya obra “cargada de conocimiento, vehicula un potencial iluminativo de gran calado, hecha como está para la contemplación meditativa, que no niega el valor estético, antes lo culmina”[3].

Botticelli nos muestra tres hermosas mujeres, con sedosos, vaporosos y transparentes vestidos, con sus manos entrelazadas en una circular y sensual danza mediante la cual parecen establecer un callado diálogo que las une.  Matices a un lado[4], se trata del modelo iconográfico clásico de las Cárites.

Al contemplar la imagen podemos preguntarnos, como hizo Séneca (en cuyos planteamientos bebe Olives para configurar, desarrollar y comunicar su teoría de los beneficios[5]) quiénes son estas mujeres y por qué son tres.

Nuestro autor, como es habitual en él, comienza introduciéndonos en el sentido etimológico y simbólico del término «gracia»: nos habla de la relación existente entre su raíz indoeuropea jr y las letras griegas XP del Crismón, de sus paralelismos sánscritos y de su vinculación con la idea de transmisión de influencias espirituales.  Por último, y en un sentido más común, lo asimila a la idea de goce, favor, don o beneficio[6].

Tras esta primera aproximación, se nos muestra con mayor claridad que el contenido «filosófico-humanístico» de esta iconografía tiene que ver con el hecho de que “hay gracia en dar, gracia en aceptar o recibir, y gracia en devolver”[7].  La desnudez (o semi-desnudez) de las Gracias expresa la naturalidad de los beneficios[8] que circulan según esta estructura ternaria, en la que cada uno de los elementos hace de mediador entre los otros dos, dando lugar a un dinamismo de intercambios mutuos que se simboliza pictóricamente con las manos entrelazadas y la feliz danza en que participan[9].  Un baile que nos remite no sólo a la alegría de regalar y ser regalado sino que, a través de su circularidad, nos comunica el retorno del don al donante.

Los nombres, atributos y posición de las Tres Gracias nos permiten dar un paso más en su correcta comprensión: a la izquierda, la sensual y provocativa Eufrósine-Voluptas (el Goce o el Placer); en el centro, la cariñosa, sencilla y prudente Talía-Amor-Castitas (el Amor altruista, iluminado o compasivo) y, a la derecha, la sofisticada, elegante y radiante Aglaia-Pulchritudo (la Belleza o Hermosura)…  La iniciadora o impulsora de todo el dinamismo[10].  Y, con esta última afirmación, retomamos el platónico mito de la caverna que nos está sirviendo de hilo de Ariadna para llegar al núcleo central de las humanidades entendidas como proyecto pedagógico, como imbricado nudo entre aprendizaje, desarrollo personal y docencia; entre recibir, disfrutar y dar.

Decíamos anteriormente que es la belleza (Pulchritudo) del nuevo mundo que se ha abierto ante sus ojos lo que, junto al recuerdo de su anterior y triste vida de sombras, mueve al cautivo liberado a descender de nuevo a la caverna para, llevado por la compasión (Castitas), tratar de conducir a sus antiguos compañeros, que siguen cautivos, a la nueva realidad que él ha descubierto, que ya está gozando (Voluptas) y cuyo disfrute se verá incrementado al ser compartido[11] (pues el colmo del placer se basa en una actitud de natural entrega altruista[12], de dar gratuitamente lo que como regalo se ha recibido).

Pero las Tres Gracias no sólo ilustran la naturaleza o razón de ser de este dinamismo, también nos aportan rastros –que sigue atentamente Séneca- sobre cómo debe desarrollarse esa danza de dar, recibir y devolver.  El sabio, docente o pedagogo que comunica su conocimiento a los demás, les está haciendo un regalo, un beneficio, se está donando, entregando a sí mismo en su acción[13].  Y esa entrega, nos recuerda Olives, debe regirse por la adecuación y proporción para que el beneficio pase de mano en mano hasta volver a su causante y no se pierda la reciprocidad (simbolizada por los dedos entrelazados y la forma circular de la danza) como sucedería si se rompiera algún eslabón de la cadena.

Nos recuerda además nuestro autor que, tanto en la versión iconográfica que de las Tres Gracias hace Rafael en su fresco, como en la que aparece en el ex-libris de Johannes Cuspinianus, “las tres doncellas aparecen involucradas en un juego de pelota”[14] que nos permite especular  sobre “las disfunciones de la economía del don, [que] son tanto la mezquindad como la prodigalidad.  Pues bien, observaremos que si la pelota cae al suelo es culpa de quien la da, de quien la recibe o bien de ambos: esto puede venir de tirarla demasiado fuerte, o con poco impulso, o bien de la misma naturaleza de la pelota (que sea demasiado grande o pequeña, demasiado pesada o ligera… etc.).  El comentario advierte que tiene que haber adecuación, o proporción, entre el donante, el receptor y lo dado.  Peca tanto quien se pasa en la medida como quien se queda corto”[15].

¿Cómo aplicar esta enseñanza a la educación?  Teniendo en cuenta, en primer lugar, que el objetivo de ésta es sacar afuera lo que uno tiene en su interior[16], dar a luz el conocimiento embrionario, motivar a uno para que inicie su particular travesía hacia el exterior de la caverna…  Para ello, nos recuerda esta iconografía, el sabio debe atender a las características y necesidades del oyente debe dosificar el conocimiento que le entrega atendiendo a sus capacidades, a su cultura y a su lenguaje, de modo que le resulte comprensible y útil para el desarrollo de su personalidad, cumpliendo así su función[17] desde el punto de vista de la hermenéutica simbólica clásico-tradicional.

Mediante una cita de la Hieroglyphica de Valeriano, nuestro autor nos ofrece unas claras directrices sobre cual debe ser el talante propio del benefactor y del beneficiado, del maestro y del discípulo: “No debiéramos seguir adelante sin indicar que una de las gracias está con el rostro vuelto y oculto para indicar que aquél que hace un regalo debe hacerlo sin ostentación.  La otra muestra su rostro abiertamente porque quien recibe un bien debe mostrarlo y declararlo públicamente; y la tercera gracia muestra un lado de su rostro y oculta el otro significando que al devolver los beneficios debiéramos ocultar la restitución, pero mostrar lo que nos ha sido dado”[18].  El maestro debe por tanto ser discreto y humilde, centrando la importancia y atención en aquello que transmite.  El discípulo, sin embargo, debe mostrar su agradecimiento dando a conocer la fuente por la que ha llegado a él el saber, alabando y haciendo públicas las virtudes de su benefactor.  Por último, el discípulo no debe guardar el conocimiento para sí sino que, en su recién alcanzada maestría, debe dejarlo fluir, compartirlo (humilde y discretamente) con los demás…  Incluso con su propio maestro, que también se verá beneficiado por esta reciprocidad.

La imagen de las Tres Gracias, con todas las especulaciones que puede suscitar y que aquí sólo hemos esbozado, muestra –en cierto modo- una correspondencia con las tres fases en que hemos estructurado el proceso pedagógico: Voluptas, el goce o placer del estudio, de recibir, de ser regalado o beneficiado; Pulchritudo, la belleza o hermosura de la meditación, de aceptar, disfrutar y hacer propio lo recibido; y Amor-Castitas, el amor altruista que conlleva el deseo de transmitir y compartir lo que se ha recibido, el deseo de transmitir y compartir la felicidad que se ha obtenido mediante el conocimiento transformador de uno mismo, mediante el arraigo en la propia naturaleza.


[1] Cfr. Olives:2006, 138

[2] En Olives:2006 se incluye, además de la imagen de las Tres Gracias de Botticelli (pág.143), las de un fresco de Pompeya (pág. 139), las de Rafael (pág. 141), las de Correggio (pág. 146), las del ex-libris de Johannes Cuspinianus (pág. 147), una versión popular en mosaico procedente del pavimento de una casa en la antigua colonia Julia Augusta Paterna Barcino, núcleo fundacional de Barcelona (pág. 148),  la fuente de las Tres Gracias en la Hypnerotomachia Poliphili de Francisco Colonna (pág. 151),  las del cuadro de Rubens (pág. 153) y las de la Hieroglyphica del humanista Pedro Valeriano (pág. 155).

[3] Olives:2006, 142

[4] En otras representaciones aparecen desnudas, o jugando con una pelota, o en posiciones algo distintas…

[5] Cfr. Olives:2006, 103

[6] Cfr. Olives:2006, 438

[7] Olives:2006, 144

[8] Cfr. Olives:2006, 149

[9] Cfr. Olives:2006, 144 y 155

[10] Cfr. Olives:2006, 142

[11] Cfr. Olives:2006, 120

[12] Cfr. Olives:2006, 141

[13] Cfr. Olives:2006,  118-120

[14] Olives:2006,  145

[15] Olives:2006,  145

[16] Cfr. Olives:Gaudí, 13

[17] Cfr. Olives:2006, 145

[18] Wind:1972,  41, citado en Olives:2006

Doce Uvas para la Eternidad

1114-15
El simbolismo de las Doce Uvas, que se comen al pasar de uno a otro ciclo anual, merece comentario… Me lo suscita el de María Luisa Becerra en facebook, que considero muy acertado, cuando propone reformar eso que podríamos llamar el “rito profano-burgués” de la Noche Vieja. Su propuesta es “respirar las 12 campanadas”, y escribe al respecto: “… quiero explicaros la trascendencia que tiene. Hacemos muchas cosas en la vida sin conciencia, sin permitir a nuestros sentidos que vibren más allá. La costumbre de comerse las 12 uvas me parece un cómico reflejo de nuestro nacimiento doloroso, prisas por acabarlas, ahogo, ¡alguien llega y yo no!, rivalidad, no puedo, voy a ser insuficientemente bueno, lucha, lucha……los granos que se me atraviesan y la boca llena de la piel de las uvas….¡Lo conseguí, pero no! me siento culpable… y nadie está en el momento presente sino en el próximo grano a tragarse. ¿Alguien había hecho este paralelismo con el principio de nuestra vida terrena? Es por eso que lo vamos a cambiar por la dulzura, unión, Presencia, amor, vida, paz y en donde TODOS GANAMOS y no hay que luchar, sin pasado ni futuro. INSPIRANDO EXHALANDO. ¡Bienvenido 2013 con facilidad y placer!”
Yo, desde luego, me sumo a tan acertadas consideraciones sobre las Doce Uvas de de esta Noche, en espera de comerlas muy pronto. Quiero apuntar a propósito de lo que explica María Luisa, que yo siempre me las he comido a mi ritmo, tranquilamente, respirando, disfrutándolas una a una (sin tragarme la piel ni los huesos, que no me gustan!), y pasando de los comentarios y las prisas de los comensales. Pero ante todo merece comentario el simbolismo de esta singular manducación, que ¡no es moco de pavo! El sentido del “Año Nuevo” está implícito en este rito especial, que nos remite al simbolismo del Número Doce, ampliamente comentado en La Ciudad Cautiva, con referencia a la cosmología.
En el caso de la Noche Vieja, las Doce Uvas que nos comemos (asociadas SIMBÓLICAMENTE -no literalmente- a las Doce Campanadas) son símbolo de los Doce Soles (uno para cada mes del año, o para cada signo zodiacal). En el hinduismo son los “Doce Adityas”, doce “dioses”, “signos”, “apóstoles” o “energías vivientes”, que aparecen simultáneos al final de cada ciclo (año,anillo, etc), para recapitular el tiempo sucesivo (tiempo “profano”, como diría Mircea Eliade) en el “sagrado instante” de la Eternidad. La Eternidad, siempre Presente en el Aquí-y-Ahora, es el Tiempo que no transcurre, el que siempre está siendo y nosotros con él. Al comernos las Doce Uvas, nos identificamos con Ello, con la Eternidad que somos, representada por el número Trece. Usando de la geometría para poder comprenderlo, situamos el número Trece en el centro de la Rueda Zodiacal, compuesta de los Doce Signos o “soles”, que representan el movimiento sucesivo. Ese cíclico fluir de los años, las estaciones, los días, las horas, los sucesos, los pensamientos y las emociones, sólo se hace comprensible cuando lo contemplamos desde la quietud y la Paz, respirando nuestra Presencia en el Aquí-y-Ahora, que con nosotros siempre está siendo. Así podemos vivenciar en cualquier momento el verdadero Año Nuevo, que ya no tiene nada que ver con el tiempo sucesivo. Año Nuevo que, como un Divino Niño naciendo de un Año Viejo (“Papá Noel”, Cronos con la guadaña, Saturno devorador de sus hijos, etc), nos situa en el estado de tranquilidad y goce. Con él renacemos a nuestra Inocencia.
Los encadenamientos simbólicos no tienen fin. Entre los muchos que aquí quedan activados (y no podemos comentar ahora) debemos por lo menos mencionar el de Jesucristo (Niño Divino, Sol de Justicia, Yo Verdadero) presidiendo la Santa Cena de los Doce Apóstoles, donde él, que es Dios, se entrega para ser comido como “pan” y “vino” (alimentos de Vida) en doce porciones. “Quien no come de mi cuerpo y bebe de mi sangre no puede tener la Vida Eterna”.

RENACER EN EL HUEVO PARA LA PASCUA, y otros simbolismos

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El renacimiento es el “pasaje” (la Pascua) a otra dimensión de nosotros mismos, hasta ahora ignorada, oída de referencias, medio intuída por muchos, visitada por algunos, pero real, existiendo desde siempre aquí y ahora, aunque no nos demos cuenta. Los símbolos, las imágenes, las historias sagradas, los mitos y las liturgias, son instrumentos que nos sirven para atraer la conciencia hacia esa realidad. Esa Realidad, el Ser, nuestro nuevo ser es tan grande rico, bueno y completo, que las palabras y las formas nunca podrán abarcarlo, ya que son nada más que emanaciones que proceden de él. Sin embargo, son muy valiosas, porque nos conectan cuando estamos distraídos. Son un efectivo recordatorio de nuestra identidad verdadera.

Entonces no debemos buscar la lógica de los simbolismos en el plano corriente donde estamos habituados a pensar. La lógica de los símbolos que manejamos (renacer, caverna, niño, pascua, tumba, pesebre, comunión, etc) es la efectividad que tienen para despertar el recuerdo, la memoria, la reminiscencia (anamnesis) de lo que somos en realidad. No es de extrañar pues, que en plano de la lógica corriente los simbolismos se fundan unos con otros, se relacionen de modo aparentemente delirante, se solapen en sus significaciones. Eso ocurre precisamente al referirnos a este acontecimiento prodigioso que es nuestro propio renacer a otra dimensión de nosotros mismos.

Lo que en el contexto de Belén es la cueva, en el contexto de la Resurrección es la tumba (el sepulcro), al que nos hemos referido en el capítulo anterior, a propósito de la función que llamamos “José”. Cueva y tumba coinciden por su significado con el antiguo antro de Porfirio, con la caverna platónica, lugares virtuales (utópicos) donde se produce la “iniciación a los misterios”, el nacimiento de los “dioses” mitológicos, la entrada al conocimiento de nosotros mismos y el pasaje (Pascua) a la nueva dimensión expandida de nuestro ser, cuando nos hacemos conscientes del cuerpo de gloria, el “cuerpo de Cristo.”

El simbolismo  subterráneo evoca inmediatamente la presencia de lo que está “sobre la tierra”, “en el exterior”, “a la plena luz del día”, nuestro ser expandido y consciente, que en el “encierro” habíamos olvidado. Es por lo tanto un simbolismo de pasaje, de transición, de transformación, de renacimiento. También evoca el simbolismo del Templo, que representa la “casa cósmica común”, y podemos reconocerlo en la imagen del actual Santo Sepulcro de Jerusalén, que aúna ambos simbolismos a los que nos referimos.

Lo que ese tipo de templo cristiano aporta es el valor de la cúpula, que representa el cielo y marca con la linterna el orificio de salida del cosmos, en la sumidad (que la tradición china llama T’ai-ki, y la asocia con la Estrella Polar, virtualmente situada por encima del ápice de nuestro cráneo). El Santo Sepulcro, se solapa entonces con la visión del cosmos como un templo-caverna cuya techumbre es el cielo y cuya base es la tierra. Y esa caverna es la que de hecho nos contiene a todos, es la matriz para nuestra resurrección, para el “segundo nacimiento”, el que ahora nos toca para completar la realidad humana y culminar la aventura de nuestra vida.

Observamos también que cueva, tumba y cúpula, nos remiten a la forma del huevo, símbolo por antonomasia del nacimiento. Y a la vez, tradicionalmente, se ha usado para simbolizar la totalidad del cosmos. El Huevo de Pascua añade el sentido de prosperidad, de abundancia. En las tradiciones centroeuropeas lo trae el conejo, el animal que encarna la fertilidad en grado sumo (asociado con la luna, en cuya faz lo vemos dibujado).

La forma ovoide (o esférica) es pues una herramienta para ayudarnos a percibir, a sentir nuestro ser interior, el nuevo ser que late en nosotros y que la respiración consciente siempre nos patentiza. La forma ovoide de nuestro ser interior, a diferencia de la esfera que también lo simboliza, tiene la ventaja de enfatizar los dos polos -el de arriba y el de abajo- entre los cuales se sitúa nuestro cuerpo físico, nuestro eje o columna. Ambas formas, huevo y esfera, además de evocar el espacio interior e intangible, también nos sirven para meditar la unidad de todo lo que nos rodea (dentro y fuera), la unicidad del ser manifestado. En la visión unitaria del ser hay trascendencia, nueva vida, liberación de toda matriz y “salida del cosmos”.

Los encadenamientos simbólicos que atrae la forma del huevo, son tan ricos e interesantes, que vamos a abordarlos en otro capítulo. Quedamos aquí asombrados por la presencia de la matriz cósmica, del útero universal, de este “huevo”  en el cual somos germen, para descubrir inmediatamente, respirando conscientemente, las infinitas posibilidades de liberación y expansión que nos vienen regaladas con el renacimiento.

José Olives Puig

Cardedeu, 23 Marzo 2012

Comentarios a La Ciudad Cautiva, cap. II (II entrega)

SOBRE EL BENEFICIO:

REGALO, GRATUIDAD Y GRATITUD

De Joan:

“Punto especialmente interesante es el beneficio, no como algo material, sino como algo que trasciende la materia, y se sitúa en la base de toda la estructura social y política. Uno se da cuenta leyendo este capítulo de la importancia que tiene saber dar, pero también, de los deberes que uno adquiere cuando es beneficiado por otro: un tema que merece profunda reflexión y que nunca me había planteado.”

De Pablo:

“Vivimos una etapa donde las personas han perdido la conexión con lo más profundo de su ser y ciegamente buscan la felicidad de modos equivocados (…) sin tener en cuenta, y en primera prioridad, lo más obvio : la persona y su formación humana. (…) Para esto es necesario el fortalecimiento del alma. Tengo que reconocer que he disfrutado y aprendido mucho en este capítulo.”

De Evaristo, con respuestade J.O. sobre la lectura:

“El presente capítulo me ha sido de más fácil comprensión, (…) porque he hablado con Lucio de cordobés a cordobés, y los dos hemos usado el mismo lenguaje, los mismos sentimientos.”

J.O.: Sí, así hay que leer siempre los textos de sabiduría clásico-tradicionales: “de cordobés a cordobés”, o también “como una carta dirigida a ti personalmente” indagando siempre en el sentimiento que hay detrás, en la intención de lo que nos quiere transmitir, en esa fraternidad a través de los siglos, en ese Espíritu que sopla desde más allá a través de las palabras. En suma: lectura atenta, lenta y meditativa. Ya no vale en estos parajes el punto de vista crítico. Este último sólo lo aplicamos a las ideas viejas incrustadas en la mente por antiguas programaciones que ahora ya no sirven.

De Gemma:

<<Séneca nos dice cómo podemos salir de todo lo negativo incentivando los pensamientos saludables, “la memoria de los beneficios”, que es todo aquello bueno que desde siempre tenemos, que nos ha sido dado. La teoría de las Tres Gracias, desarrollada mediante la iconografía (símbolos y mitología) es el principal vehículo utilizado por el pensamiento clásico para transmitirnos la doctrina del dar. Destacaríamos de las Tres Gracias los valores mandálicos, el vínculo más fuerte de la sociedad humana, el vínculo social por excelencia, el gran promotor de la amistad que nos hace concebir al hombre como un animal social esencial ligado a la benevolencia, beneficencia, ayuda y solidaridad. Para liberar a la “Ciudad Cautiva” se ha de conocer y practicar el arte de los beneficios… Los auténticos son aquellos que sirven como remedio para curar el alma, los que no podemos tocar con las manos: pensamientos, intenciones, recuerdos y disposiciones de ánimo positivo con respecto al prójimo.  Los pensamientos positivos no se generan de una forma automática la gran mayoría de las veces. Requieren un cierto esfuerzo, una creatividad de ideas y emociones. Los pensamientos negativos, por el contrario, fluyen de una forma mucho más automática, acuden sin que nosotros queramos, nos afectan y, con pasar el tiempo, crecen.

La doctrina de los beneficios nos sitúa en una “economía de gracia “donde el bien público consiste en asegurar  la gratitud del uno al otro. Todos los hombres son iguales a pesar de las diferencias en la virtud y en la fortuna.>>

Diálogo con Sergi:

S.: El beneficio está en la parte del ánimo y como dice Séneca “permanecerà siempre”. Pero tendrá que haber alguien que lo cuente. Tiene el mismo beneficio una buena acción si nadie la ve que una acción vista por todo el mundo?

J.O.: El beneficio lo “tiene” la persona, no, la buena acción. Si el beneficiado lo proclama, hay más beneficio (en general). Si el benefactor lo proclama, hay menos beneficio.

S.: Si el beneficio se convierte en norma podemos decir que ya no hay beneficio? En el momento de ser común desaparece? Por lo tanto actualmente somos una sociedad desagradecida, por no saber valorar lo que tenemos. (otra vez Séneca).

J.O.: Si “convertirse en norma” quiere decir que todos nos hacemos conscientes (de ser y haber sido regalados abundantemente) despertando en nosotros la gratitud, entonces aumenta el nivel de felicidad general: se refuerzan los lazos comunitarios y la buena vida. Eso es lo que se persigue con el aprendizaje de la “ciencia-arte” que estamos trabajando con ayuda de Séneca.

La sociedad ayer y hoy se vuelve desgraciada cuando los ciudadanos se olvidan de todo eso y caen en la ingratitud y todas las formas de pensamiento (y acción) negativo(a) que ello acarrea.

Nosotros somos más que la sociedad (en el sentido ontológico, no, sociológico).

S.: Como podemos considerar el intercambio entonces? És una muestra de gratitud? Y el comercio? Los dos salen beneficiados con lo que les interesa. En las negociaciones generalmente los dos salen perjudicados. No han podido llegar a lo que pretendían.

J.O.: Hay dos tipos distintos de intercambio (o economía) naturalmente jerarquizados: los beneficios y el comercio material y corriente. En el primero sólo se gana (si se hace correctamente); en el segundo siempre se gana y pierde. En el comercio, o en cualquier forma de pacto o contrato, puede haber también beneficio. Es humano que lo haya, pero es por añadidura. Esta “añadidura” en nuestros trabajos laborales es la que los convierte en algo placentero, anímicamente gratificante y humanamente formativo.

S.: Un proverbio “ Cuando te hagan un favor, grávalo en piedra, cuando tu hagas un favor, escríbelo en la arena”

(Otra cosa)…una duda: La adopción como un dar que no deberíamos dar?

J.O.: La adopción de hijos, la droga y el aborto no son temas que interese ahora entrar a discutir (y menos abstracta y descontextualizadamente, tal como se hace corrientemente). Frente a temas tan complejos y difíciles, si uno está empeñado en posicionarse abstracta o ideológicamente al respecto, unodebe seguir el parecer de la autoridad espiritual (personas que saben de eso más que uno mismo). Yo sólo he mencionado esas tres cosas como ámbitos problemáticos “donde hoy día hallaríamos ejemplos” de un verdad importantísima: “que a veces el beneficio consiste en no-dar lo que pide el solicitante”.

S.: Vinculando este tema con mi trabajo,…Para dar la voz debemos evaluar a quien se la damos y según qué grado

J.O.: Eso debe significar que podemos tanto beneficiar como dañar con lo que decimos (cantamos o gritamos) y que, por tanto, debemos medir bien nuestras palabras y sonidos. No es así?

Diálogo construido sobre lo Raquel escribe:

R.- Me preocupa profundamente que la falta de justicia social nos aboque a la disyuntiva de ser tiranos o esclavos…

J.O.: – Mejor poner simplemente “la falta de justicia”, porque se trata de la justicia en el ser humano mismo. No es la sociedad o la falta de justicia social la que nos hace caer en el síndrome “tiranos/esclavos”.

R.– La lectura de este capítulo me ha llevado a meditar sobre la necesidad de invertir los valores que dominan la sociedad actual. Comienza ya a haber movimientos de distinta índole en este sentido y creo que no podemos quedarnos cruzados de brazos. Tenemos la obligación y la necesidad de liberar a la ciudad cautiva, trabajando sobre nosotros mismos y sobre la ciudad (que tan bien representa el alma humana).  Desde el asociacionismo local a movimientos como el slow-food, comienza a verse la urgencia de reivindicar una visión realista que nos impulse a trabajar por el bien común. Es imprescindible desarrollar el valor-beneficio, junto con virtudes como el agradecimiento (los hechos son importantes, pero las actitudes lo son más porque dicen cómo somos. Dar las gracias por algo es digno de tenerse en cuenta. Ser agradecido es, en cambio, una forma de estar instalado en la vida y supone un convencimiento profundo;  la serenidad (la actitud agradecida ante la vida requiere como condición previa saber mirarla serena y atentamente, y de esta visión contemplativa surge el agradecimiento)

J.O.: Buena intención y noble pasión, en lo que dices. Pero conviene recalcar una y otra vez, que la forma clásico-tradicional de ver y practicar la política es diferente de la forma actual, que tenemos tan arraigada, la cual tiene como defecto el querer empezar la casa por el tejado. Eso es, cambiar la sociedad (exterior) antes de cambiar uno mismo.

Precisamente porque veo que esa no es tu intención, importa descartar los “movimientos sociales”, los “cambios de valores”, las “inversiones de los valores”, etc. como formas de intervención eficaces. El cambio sólo se produce a través de la vida interior: cuando yo comprendo, siento y transformo en mi (y la relación con mi prójimo) las ideas y vibraciones que no están afinadas. Luego, a partir de esa comprensión/transformación, se nos va haciendo la luz sobre qué podemos hacer, diseñar, programar, de cara afuera (si es que hay que hacer algo…). En todo caso lo que realmente importa es la “conversión” de la mirada en cada uno de nosotros (eso es lo que Él espera…). Lo demás, el plano de la acción, viene por añadidura como un efecto espontáneo de la transformación interna. En realidad ambas cosas (lo interior y lo exterior) no están separadas, pero sí hay una clara jerarquía entre ellas, que la “política” de la modernidad ignora sistemáticamente, abocándonos siempre a considerar la sociedad como una máquina y a nosotros como los mecánicos-ingenieros.

Los valores por definición son buenos y, en general, hay coincidencia en ellos: la paz, el bienestar, la libertad, la familia, la prosperidad, etc. son queridos, defendidos y proclamados incluso por quienes los niegan en la práctica. No cabe duda de que los criminales, los violentos, los “intolerantes”, los “terroristas”, etc., también se suman a las manifestaciones defendiendo los valores, y participan en partidos, movimientos y oenegés con nobles propósitos. Comprender el arte/ciencia de los beneficios es otro punto de vista, algo mucho más concreto, inmediato y efectivo, que “reivindicar” o “desarrollar el valor-beneficio”. El valor es nuestra alma y se desarrolla dejándonos penetrar por el flujo de gracia que constantemente nos regala el espíritu de Dios. Esa es la “antigua y primera política”, en la que podemos colaborar “encarnándola”. Ese auténtico valor se comunica espontáneamente, por osmosis, por contacto presencial, por vibración interna… Todo lo demás viene por añadidura.

R.– También me interesa sobremanera el beneficio como vínculo entre ciudadanos. El mayor beneficio por el que debemos vivir agradecidos es la capacidad de amar que nos conecta como a las tres Gracias en un ritmo ternario sostenido entre nosotros, la tierra y el cielo. Aquí encuentro la base y el desarrollo tridimensional del mandala de nuestra ciudad interna. La teoría de las Tres Gracias me ha apasionado, así como el tratado De los beneficios de Séneca (…) son puntos clave en el modelo de gestión que persigo, y que en mi libro <Comunicar para compartir , Barcelona 2010> son aspectos que, en cierto modo, ya trabajamos.

De MªJosé:

<<Me ha sorprendido la tremenda actualidad de la doctrina de los beneficios, donde se hace una crítica de las costumbres del momento; y que se proponga un “fortalecimiento del alma”, para la vuelta a los orígenes, ya que ciudad o sociedad es el alma humana.

El enderezamiento será a través de los beneficios, donaciones o regalos, donde la voluntad de los que dan hace que alcance medida de sacrificio o inmolación

Frente a la caducidad de las cosa hay una perennidad de los beneficios”. Esta frase me habla de (…) la perenne actualidad de la Redención de Jesucristo como don recibido por parte del género humano.>>


Hans

escribe unas Intuiciones sobre el entrelazamiento de lasTres Gracias, donde empieza dudando de que exista realmente la belleza interior (la de un gesto, la de una idea) y reconociéndola solamente en “los fenómenos que captan nuestros sentidos”. Tiene la impresión de que “necesita un objeto interno para manifestarse”. – Y sigue- No así el gozo, que a nadie le cabe duda de su interioridad en el sujeto que lo experimenta (…) La belleza produce gozo interior, pero si estamos en la ofuscación raramente es bello lo que nos rodea. Lo que viene a unir ambos, es la bondad. Entendida como “gracia”, que supera incluso la mera voluntad sacrificada de hacer el bien, la bondad es un estado del alma que a diferencia de los anteriores, no tiene ningún sentido fuera de su nexo entre lo íntimo y lo que se presenta fuera en la realidad. Da para extenderse mucho, pero diría que el gozo y la belleza están entrelazados por la bondad y que solamente así podemos acercarnos a su explicación. La retórica de Séneca sobre los beneficios, no deja de ser, pienso, una forma práctica de bondad. A diferencia de los estamentos liberales que parten por principio del egoísmo, se parte del bien común. Esto hace que el sistema de libres transacciones siendo muy parecido al liberalismo por su modo de operar, sea radicalmente contrario…”

J.O.: A esta admirable especulación filosófica  estamos todos invitados… La “especulación” la perfeccionamos cuando los símbolos (en este caso las tres doncellas desnudas y enlazadas) nos sirven de espejo (speculum) para reconocer y meditar aspectos de nosotros mismos y del cosmos. Es “filosófica” cuando ya no intentamos construir un “sistema cerrado de pensamiento, que no sea contradictorio” (una filosofía moderna al estilo racionalista, donde se intenta que todo cuadre lógicamente) , antes la utilizamos (la especulación) para hacernos amigos y amantes de la sabiduría (ya que eso significa la “filo-Sofía”), para encarnar reamente el conocimiento y transformarnos a nosotros mismos…

En cuanto a la belleza interior, idea platónica por excelencia, y uno de los principales “nombres divinos” que nos ha legado la tradición… traigo a colación el libro de Edgard Wind, ya citado, que nos explica en clave iconológica (según el célebre estilo del Warburg Institute, que tantos frutos ha aportado a la intelectualidad del siglo XX) esta doctrina, la más rancia de la Academia Florentina. De allí he sacado yo buena parte de lo que expongo sobre las Tres Gracias en La Ciudad Cautiva. Allí podéis encontrar un desarrollo mucho más amplio, en relación con el cuadro entero de Sandro Boticelli, llamado “La Primavera”, a su otro célebre cuadro, el “Nacimiento de Venus” y otros célebre cuadros de nuestra pintura clásica, que Wind utiliza como iconos para ese tipo de meditación en el que nos hallamos, el cual él denomina con el nombre rimbombante “misterios paganos del Renacimiento” (en nuestro caso, los de Venus-Belleza). Reproduzcoaquí la portada del libro y un link con una selección del capítulo VIII, El nacimiento de Venus, cuyo contenido puede interesaros a todos, pese al esfuerzo de tener que navegar entre tanta erudición literaria y pictórica… es el estilo de Wind. Cambiar continuamente de registro intelectual (de dharsana, de “punto de vista”) es parte de las competencias que debemos adquirir para manejar nuestro método analógico y “comparativo”.

Encontraréis las páginas seleccionadas aquí.

 

De J.Mª con una  respuesta de J.O. sorbre la justicia :

J.Mª.: “El arte de dar, sea en el plano que sea, tiene en la sociedad tanta importancia como la tiene la justicia, y guarda con esta virtud una relación directa, y aun la supera.” Esta  atrevida afirmación, contenida en el comienzo del capítulo II, guarda una gran verdad y nos muestra a su vez que el hombre puede trascenderse a sí mismo: muchos pueden pensar que no hay nada más allá de la justicia, que debe ser el valor absoluto que rija todo funcionamiento de la ciudad. Incluso si entendemos bien el concepto de justicia (dar al otro lo que es justo para él, no para ), el ser humano siempre puede trascender sus propios límites, y no para perder su sentido, sino para engrandecerse, como en el caso de dar, donde no se espera nada a cambio y se entrega un bien desinteresadamente –incluso puede que a un enemigo- con la seguridad de que si esa acción contribuye a construir un mundo mejor, otra vez seremos nosotros quien recibamos una gracia, y puede que mucho mayor.

J.O.: Quizá quieres decir demasiadas cosas a la vez… Aunque la justicia no es ahora directamente el tema, debemos señalar que esta tiene un carácter natural, es decir; objetivo. No tiene sentido, desde el punto de vista clásico-tradicional en que nos situamos, hablar de “lo que es justo para él” y “lo que es justo para mí”. En la verdadera justicia, a la que se refieren las doctrinas clásicas, ambas cosas coinciden. La justicia es un aspecto de la ley natural, no, una componenda entre intereses contrapuestos (tal como se piensa desde el artificialismo moderno o “maquiaveliano”). De eso hablaremos más adelante.

La acción benéfica es concreta. Sí que, en cierto sentido, contribuye “a un mundo mejor”, pero solamente si tiene impacto directo en el goce satisfecho del beneficiado y del beneficiante concretos.

J.Mª.: Dice Séneca I, Vii:2 : “se agradece mucho más lo que viene de una mano generosa, que lo que viene de una mano llena”. Esta sentencia me sugiere el valor que damos a las cosas de la vida, …lo más sencillo…: una sonrisa, una mirada, unas palabra de aliento… Por último me gustaría reflexionar sobre el que Séneca reconoe a la propiedad, como una función, un medio, para alcanzar el bien común, (…) base de (…) una comunidad-sociedad. Meditando acerca de su discurso, quizá sea más fácil comprender la situación de nuestro mundo contemporáneo, (…) esclavizada por el “yo” y su ansia de poseer…>>

Beatriz escribe:

<<… que son muchas y maravillosas las ideas de esta lectura (…) …que <después de ella> soy una persona diferente: he entendido el verdadero significado de muchas actuaciones de mi vida profesional, y he reflexionado sobre su verdadero sentido. (…) He aprendido cómo se ha de dar: incluso anticipándose a la demanda, con prontitud, sin esperar a ser demandado, porque entonces desmerece el verdadero sentido. (…) Sobre el tema que el goce es menor cuando el beneficio se otorga de forma colectiva,estoy totalmente de acuerdo (…). Que la ingratitud es el peor de los males, es una verdad como un templo, una de las enfermedades de nuestro siglo: nos lleva a la autodestrucción. La frase “ayudar ea los demás es la principal manera en que uno se ayuda a sí mismo”,me hace pensar en las personas que proyectan su vida hacia los demás son inmensamente felices. (…) La trampa y la esclavitud del consumismo, que nos hace sentir tristes y frustrados (…) cómo en Navidad la gente se siente triste…

Durante 25 años en la docencia he hecho mi trabajo lo más efectivamente posible e intentando que mis alumnos aprendiensen y creciesen como personas responsables, pero esta faceta interior no la he proyectado en ellos. Deseo hacerlo a partir de ahora y tener un tiempo diario para ese mandala, que tan necesario es para mi persona.

Mil gracias.>>

De Tatiana, con un comentario de J.O. sobre la riqueza:

“La acción de regalar generosamente, o de beneficiar a alguien por el gusto de hacerlo, ofrece contrastes con la acción de impartir justicia, ya que esto último siempre conlleva obligación y sujeción al derecho, mientras que el beneficio es gratuito y totalmente libre: beneficio y justicia no son equiparables, pues si bien lo primero es un acto voluntario y libre, la justicia lleva consigo un acto de obligación. Pero al mismo tiempo, ambos conceptos deben estar unidos (…) Siguiendo el pensamiento de Séneca, necesitamos comprender y redescubrir el verdadero sentido de la riqueza, recuperar la capacidad de hacer y de recibir correctamente los favores y los regalos, de manera que se fortalezcan tanto el alma individual como el alma colectiva: la riqueza no es algo material, sino que es el saber dar y entregarse a los demás de manera desinteresada. Saber ver y recibir los actos voluntarios de los demás es lo que hace ricas a las personas: esta es la verdadera riqueza del ser humano, y hemos de saber transmitirla a los demás.

J.O.: Tu comentario da en el clavo. El trasfondo de este capítulo II es ayudar a comprender qué es la riqueza y, sobre todo aprender a reconocerla, gozarla y aumentarla en beneficio propio y del prójimo. La “sociedad opulenta” (affluent society) que mediante la revolución moderna hemos creado a lo largo de los últimos siglos, se ha desarrollado a costa de la sabiduría, que hoy tratamos de recuperar. Ésta nos enseña el verdadero sentido de la riqueza/pobreza. Hay que comprenderlas a las dos, porque la verdadera “idea” está siempre más allá de los complementarios. Somos demasiado ricos en unas cosas y demasiado pobres en otras. Riqueza y pobreza pueden ser ambas vicio y virtud. Todo depende de la medida, del nivel y la capacidad de comprensión: en suma, de la sabiduría… “Sólo el sabio es rico, ya que todo lo posee…” dice Séneca. Pero eso ¿lo estamos entendiendo verdaderamente? o estamos todavía con la visión literal y material (la del capitalismo, el liberalismo, el marxismo, el pseudo-franciscanismo, el buenismo tercermundista, etc.). Aquí no se está hablando de una riqueza que se pueda conseguir con ingeniería social ni con “políticas públicas”. Se trata de algo mucho más grande, eficaz y directo: la reforma del pensmiento, el fortalecimiento del ánimo, la recuperación de la bondad y la belleza original de nuestro Ser, que ya es perfecto y existe desde illo tempore. Desde este talante, que también denominamos “arte de la energía”, damos la bienvenida a la riqueza, que incluye la prosperidad material, y el goce de la misma, para cada uno de nosotros, nuestras familias y el prójimo que siempre nos rodea. La sabiduría no tiene forma externa. No es incompatible ni siquiera con la abundancia material. Pobreza y riqueza son esencialmente coincidentes, aunque eso parezca mentira desde el pensamiento dual al que nos han acostumbrado. Sin desprendernos de todo, no podemos empezar a gozar de la abundancia que gratuitamente derrama el Cielo sobre nosotros.

*

SOBRE LA COMPLEMENTARIDAD DE

VIRTUD Y PLACER:

Ha sorprendido a Evaristo que “virtud no está reñida con placer.” Volveremos sobre este tema tan importante en el capítulo VI, donde se desarrolla más, a propósito de Santo Tomás Moro. De momento basta con haber señalado esta doctrina tan ortodoxa, defendida por los humanistas (como el cardenal Lorenzo Valla, enterrado en San Juan de Letrán, y gran defensor de la voluptas) en una época en que la ruptura de la cristiandad y el endurecimiento de las conciencias, empezaba a oscurecer para la mayoría el verdadero sentido de la religión. En todo caso el cultivo espiritual es bueno porque aporta a nuestra vida, y a la de quienes nos rodean, un goce mayor. Existe también una jerarquía en los placeres: no todos son igualmente duraderos o satisfactorios. En los grados inferiores se mezclan con el dolor; en los superiores, son pura beatitud permanente y estable, sin mácula de sufrimiento. Ascender en la escala de placeres es imposible sin ayuda de la virtud. La virtud sin placer se aleja de su objetivo, que es el goce en sentido espiritual (gozar de Dios, de su Presencia, su Bondad, su Amor, siempre generosamente disponible para nosotros). Sin duda, la clave se halla en la coincidencia de esta aparente oposición entre complementarios.

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SOBRE LA AUTÉNTICA FILOSOFÍA Y LA ESENCIAL COINCIDENCIA DE LAS DOCTRINAS ANTIGUAS

A Evaristo le “llama especialmente la atención, por (la) formación escolástica y cartesiana recibida, que se dé una fundamental coincidencia en los puntos de partida de los autores clásicos (…)”, que en “los presocráticos, Platón, Aristóteles, los estoicos, epicúreos y cínicos, con sistemas filosóficos distintos unos de otros” podamos hallar “convergencia de los puntos de vista, o enfoques”, que “configuren una tradición”, y podamos “descubrir su complementariedad”.

Sobre eso mismo escribe Juan: “me ha parecido especialmente interesante entender la historia de la filosofía, no como una evolución en el tiempo basada en hipótesis y teorías que se contraponen y se superan, sino como diferentes puntos de vista acerca de un todo que es común, y que todos los filósofos aceptan como verdadero. Esta puntualización ha representado para mí –a pesar de mi formación universitaria como humanista- un giro radical en la concepción de la historia de la filosofía, ya que siempre se me ha presentado desde un punto de vista evolucionista y de contraposición de teorías, enfrentado a las diferentes escuelas y filósofos.”

Ya empezamos a plantear en clase este tema del verdadero sentido de la filosofía (la “antigua”, la que parte del legado tradicional, la encaminada a la sabiduría). Es un tema mportante para eliminar obstáculos a beneficiarse del pensamiento que en LCC denomino “clásico-tradicional”, un método de pensamiento que tratamos de recuperar, y que ha sido desfigurado por eso que se ha dado en llamar “historia de la filosofía”, la cual parte de punto de vista nuevo y especial, que la modernidad ha diseñado para la enseñanza oficial media y “superior”.

Para darse cuenta de este punto de vista especial, hoy corriente entre la mayoría de pensadores académicos y universitarios, hay que comprender (y superar) lo que significa el punto de vista “sistemático”, que lo afecta, limitando el alcance de la indagación y deformando irremediablemente todas las formas de pensamiento anteriores y/o distintos de la modernidad occidental europea. De bo decir, antes de escribir cuatro cosas al respecto, que este tema es el que subyace en toda la trama de LCC, y que el principal método para captarlo es -además de la lectura y la transmisión oral- el trabajo ya encargado con los diccionarios de símbolos, que nos introducen al nuevo/viejo método de pensar con la intuición y el corazón: no sólo con el cerebro.

Aunque parezca mentira, la “filosofía” moderna (o racionalista) se desarrolla sobre todo en Europa a partir de la síntesis del “angélico doctor” Stº Tomás de Aquino. Su sistema racional de doctrina (la escolástica) es una síntesis genial (continuamente la estudiamos, yo la uso y divulgo repetidamente en mi libro, y en la enseñanza universitaria, para la ordenación del pensamiento en el análisis de aspectos doctrinales), pero desde otro punto de vista más importante es peligrosísima, tal como lo reconoció el propio Aquinate. Peligrosa porque distorsiona el pensamiento tradicional (cristiano) en una estructura racional-sistemática (sólo mental); y peligrosa “civilizacionalmente” por toda la “filosofía moderna” que a partir de ella se generó, a saber, el racionalismo y todas las formas ulteriores de “superstición” que afectan la mentalidad moderna.

Hay todo un trabajo de recomposición intelectual que realizamos juntando fragmentos, y viendo la unidad detrás de las aparentes contradicciones. En el caso que nos ocupa –y que no puedo ni soñar en comentar aquí mínimamente por escrito- sería ya un gran paso comprender la idea de “puntos de vista” (en sánscrito, dharsana)aplicable a los fragmentos que nos han llegado del pensamiento precristiano, dejando de proyectarles la visión “sistemática” de la filosofía moderna. Pero hay muchos prejuicios y sombras históricas que dificultan dar este paso intelectual (prejuicios anti-orientales, “parroquialismo” o “etnocentrismo” europeo, imperialismo ideolóico occidental, progresismo mecanicista decimonónico, etc), aunque hoy la documentación y los medios para poderlo dar son abundantes (y aquí el obstáculo es que la “intelectualidad” actual no tiene el tiempo necesario para este tipo de cultivo en profundidad, ni el coraje que hace falta para la radical revisión de esquemas).

…Los fragmentos de los doxógrafos que Diels-Kranz con el célebre título de su obra, Fragmente der Vor-sokratiker (que marca un hito en la filología griega), acuñó este término “presocráticos”, que tanto éxito ha tenido, hasta el extremo de llegar a “inventar” una “filosofía” más, para añadirla al principio del catálogo de aquella  pretendida “historia”. Pero en realidad lo que hizo Diels no fue sinó juntar en un solo libro, los “fragmentos” en cuestión, que él iba recogiendo en los manuales de los doxógrafos bizantinos: nada más (y nada menos!) que de la compilación de frases inconexas, que los gramáticos griegos, en plena época cristiana, utilizaban como ejemplos para ilustrar el buen uso de la lengua griega. El patchwork de fragmentos así obtenido, no da pie a presuponer los distintos y contradictorios “sistemas filosóficos”, que los programas oficiales de enseñanza del siglo XX han dado por establecidos…

Dichos fragmentos de la sabiduría ancestral griega (escritos principalmente por filósofos de las tierras periféricas: el Asia Menor y la Magna Grecia)se iluminan y llenan de sentido cuando podemos aplicarles el método “comparativo”, que yo considero indispensable por las humanidades en general, y por las de nuestra época en particular, tal como lo he explicado repetidamente. La “comparación”, en este caso se refiere a las doctrinas coetáneas de las tradiciones espirituales, que en aquella época colindaban por el lado de Oriente con el mundo griego. Aquí se opone otro prejuicio, hoy casi insoluble en el mundo “intelectual”- académico: la ideología del “milagro griego” (criticada por mi indirectamente a propósito de Fustel de Coulanges, y criticada con mayor autoridad que la mía por otros autores allí citados)que postula la desvinculación de la cultura Europea frente a la espiritualidad de Oriente, afirmando que lo que aparece en determinado momento en la antigua Grecia, es algo que surge “ex nihilo”, original y único, que alcanzará su pleno desarrollo en la modernidad occidental europea del siglo XX. Algo que nos distingue de las restantes civilizaciones de Asia y de la tierra, y nos sitúa espiritualmente en un grado superior y avanzado). Este prejuicio es difícil de desactivar, porque tiene su base en el etnocentrismo espontáneo que viene de la ignorancia, en el desconocimiento de la Antigüedad, y en el olvido de la propia tradición sapiencial (greco-egipcio-romano-judeo-cristiana).

En todo caso, conociendo las doctrinas de Oriente (hinduismo y budismo, principalmente, por lo que atañe al mundo greco-romano) nos percatamos “comparativamente” que al mismo contexto espiritual pertenecen los dichos fragmentos presocráticos, y también el posterior platonismo, y los distintos “ismos” que de el se derivan (incluido también el escepticismo, además de los que cita Evaristo). Reflejan y reproducen fragmentos de las doctrinas espirituales que el hinduismo ordena bajo la división en dharsanas, y el budismo recoge posteriormente en forma de sutras. Hay bibliografía seria, erudita y comprensible, sobre todo eso para el que desee estudiarlo como yo lo he hecho; y para aplicar el método comparativo, también existe la posibilidad, aun mejor, de aprender directamente de los vivientes sócrates, platones, diógenes y sénecas, que son los maestros y portavoces de estas doctrinas espirituales “orientales” que han seguido vivas y activadas hasta hoy y que se hallan al alcance en las grandes ciudades de Oriente y sobre todo de Occidente.

Se olvida demasiado que en la Antigüedad egipcia y greco-romana hubo intenso contacto con Oriente, principalmente Persia, Asia central, e incluso importantes contactos con el Extremo Oriente. Hubo expansión y contactos militares. El más célebre, el de Alejandro, con todas las secuelas coloniales y culturales. Hubo comercio por la Ruta de la Seda, hoy desértica, pero jalonada de impresionantes y cultísimas ciudades, que en época de Marco Polo aún tenían vida bajo forma de oasis, antes de quedar cubiertas por la arena del desierto que en los últimos siglos ha borrado aquella gran e importante ruta de comerció y civilización que atravesava todo este continente (Asia) al que Europa pertenece también. Hubo conacto artístico, como lo han explicado y documentado los grandes expertos del siglo XX, cuyos estudios no han sido incorporados a los manuales de la enseñanza oficial. Hubo sobre todo los continuos viajes de los estudiantes de filosofía y los sabios, siempre los más viajeros y adaptables, y todos ellos visitadores de Oriente, como lo afirman sus escritos y lo recogen las tradiciones antiguas (que los filólogos modernos han negado sistemáticamente (usando del pretendido “método crítico-científico”) y luego silenciado). Muchos de ellos nacieron en Asia Menor, como Dión de Prusa, cuya enseñanza nos servirá de ayuda en el próximo capítulo. Filósofos como él o como su maestro, Diógnes, discípulo de Sócrates, corresponden exactamente al tipo de “filósofo” oriental que hemos podido conocer hasta hoy, cuyos dichos, obras y formas de ver han podido redescubrir los estudiosos occidentales de nuestro tiempo.

Pues bien, en el conocimiento “comparativo” de las doctrinas asiáticas, hoy vivas, puede reconocerse la unidad doctrinal de aquellos “fragmentos de los presocráticos”, así como de la filosofía griega posterior. Tal como pone el cap.I de LCC, hay una parte selecta de la intelectualidad del siglo XX, que ha explicado y documentado abundantemente esta importante herencia cultural de la modernidad, que todavía se acostumbra etiquetar como “filosofía oriental”. Reconectarnos hoy con el tronco de nuestro pensmiento clásico-tradicional (eso que, no hallando mejor denominación para hacerlo comprensible, yo he denominado una y otra vez “el humanismo”, o la “tradición humanista”) comporta aprender “comparativamente” de las grandes civilizaciones y las tradiciones espirituales de las culturas antiguas, arcaicas y primitivas. El método “comparativo”, junto con las claves del lenguaje analógico (la hermenéutica simbólica tradicional) son la manera de ir viendo aquella unidad del pensamiento antiguo que subyace en las aparentes diferencias, contradicciones y escuelas. En el capítulo próximo (III. El arte del gobierno) seguiremos ampliando este tema y profundizando en él.

José Olives Puig

Cardedeu, 25.02.11

 

Apuntes-lectura a La Ciudad Cautiva (cap. I, 6-8)

Anotaciones al seminario 08.02.2011 de la asignatura “Ciudad, persona y civilización” en el Master de Iniciación a la Investigación en Ciencias Humanas, Sociales y Jurídicas. Universidad Internacional de Cataluña.

A raíz de comentarios escritos por  los alumnos (II entrega):

Gemma y a Pablo, entre otras muchas cosas que señalan tras la lectura, les ha interesado mucho profundizar en la idea de revelación. Intuyo que comprenden la amplitud de la misma (“las leyes y los ritos, los símbolos, los mitos han sido revelados por los dioses a los hombres”), y también que ya son capaces de interpretar el simbolismo: los “dioses” son las energías divinas latentes en cada uno de nosotros y el mundo que nos rodea; la revelación se produce con la lectura, la meditación, la asistencia atenta a los ritos, la contemplación, la verdadera dialéctica (de la que pronto hablaremos, etc). No es solamente un acontecimiento que se produjo en un pasado histórico cuando la Buena Nueva fue dicha por vez primera y puesta por escrito en el cánon neotestamentario. Aunque eso, por supuesto, también fue revelación.

Que “el fundador de la ciudad es el que recibe la inspiración divina de dónde, cómo y cuándo deber ser fundada la ciudad” significa que cualquier creación que salga de nosotros debe fluir desde esta conexión vertical que llamamos “religión” o “revelación”, lluvia de gracia que siempre se nos está derramando desde los cielos. Por lo tanto, hay que estar atentos; no, distraídos.

Que “los ritos anuales sirven para dar a conocer las leyes fundamentales de la sociedad” significa la importancia litúrgico-ritual del calendario sagrado, con el cual toda civilización sacraliza los ciclos temporales, dando ocasión a los ciudadanos a conectarse una i otra vez, cada tanto, con Dios, con el Ser, y con todas las luces, energías, seres superiores, ángeles, etc que nos hacen de mediadores, que Él nos envía…Cada vez que realizamos correctamente el rito (tanto si estamos solos como si estamos acompañados) estamos “refundando la ciudad”. No os quepa de ello la menor duda.

“Los planos urbanos, con un centro político y religioso, reflejan la estructura del mundo comprendida mediante el movimiento de las estrellas celestes, proyectando en la Tierra el orden y la Armonía del cielo”. Efectivamente…”lo de abajo es como lo de arriba y lo de arriba es como lo de abajo, para obrar los misterios de una sola cosa”…Así comienza la Tabla de Esmeralda, precioso poema antiguo (hermético), que os recomiendo leer y aprender. Contiene claves para la conexión entre planos distintos de nosotros mismos, esa conexión que deseamos propiciar con el aprendizaje del lenguaje analógico.

*

Catherine no acaba de entender bien que “el derecho y la política son en la ciudad antigua acciones rituales: son religión”( La ciudad Cautiva,p.57).

Si la religión es el acto de religar “lo de arriba con lo de abajo”, cualquier tipo de acción humana puede convertirse en un acto sagrado y ritual, siempre y cuando esté sirviendo paraconectarnos con el Amor, con el Bien, con la Belleza, con Dios, con el Prójimo… El derecho es en las sociedades antiguas y tradicionales una actividad sagrada por excelencia, entendiendo que el conocimiento de las leyes más esenciales para el ser humano es un asunto sapiencial y sacerdotal en sumo grado. También la política (la buena organización y administración de la polis) es un asunto que atañe directamente lo sagrado si de verdad se quiere propiciar la felicidad común. Una política que no esté arraigada en el profundo conocimiento de las verdaderas necesidades de la naturaleza humana, no merece propiamente el nombre de “política”. En este sentido lo que hoy llamamos con ese nombre se reduce cada vez más a un aspecto menor (muy incompleto) de lo que es la verdadera política en el sentido clásico-tradicional, que tratamos de recuperar. Los ejemplos de algunas civilizaciones antiguas (como la china, la japonesa o la romana, y hasta la egipcia antigua, en algunos aspectos), donde el sacerdocio toma forma burocrática, cumpliendo funciones que a nosotros nos parecen no-religiosas, es muy interesante y da que pensar.  Un residuo de esa concepción és el rigor que observamos en la manera como el Japón controla hasta hoy el comportamiento ético de los funcionarios públicos, que pueden ser penalizados o incluso destituidos del cargo por faltas  o delitos de tráfico, u otros asuntos que la “política” moderna considera al margen de la religión.

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Reproduzco el siguiente comentario de Catherine. Dice que le <<interesa especialmente la diferencia entre el intelecto y el pensamiento.  Es cierto que tendemos a considerar a nuestra cultura contemporánea como la “culminación de la inteligencia y las potencialidades humanas como resultado del racionalismo”.  (…)  No se permite a los niños “trascender la literalidad del sentido yendo más allá de la racionalidad y la mera lógica”.  Les tenemos anulados, con tanta estimulación.  Les anulamos el asombro, esta capacidad que… JPII decía “sin el asombro, la persona no sería capaz de vivir una existencia verderamente personal”.  Enlaza con la idea aristotélica de “intelecto agente” como “realizador del ser”.  También me gusta la idea de “total empatía e identificación con la cosa comprendida”. (…) el asombro (…) conectar profundamente con la realidad, versus quedarse ensimismado, encerrado en el propio “yo” desvinculado (…).  Sin esta “empatía” entre el sujeto y el objeto, no hay verdadero conocimiento de la realidad.  Sin esta “empatía” entre los seres humanos, no hay participación verdadera en la vida social, ligazón de la comunidad>>.

El tema de los símbolos apasiona a Catherine, y lo relaciona directamente con la educación infantil.  Escribe: <<Los niños aprenden a través de las historias, los sonidos, las imágenes, los gestos.  Hemos olvidado el lenguaje de la analogía (…) como la “unión de dos planos de la realidad: uno visible e inmediatamente perceptible, otro análogo pero misteriosos, interior, desconocido.  Los símbolos sirven para el desvelamiento de ese último. Atraen y expresan lo que está más allá de la mera lógica y la percepción ordinaria.  En la medida que comunican y dan a gustar algo de “más allá”, son reveladores; trasmiten la vivencia y la experiencia de otros planos de la realidad que en la vida ordinaria permanecen ocultos: aportan conocimientos suprasensibles y metafísicos, haciendo posible que el ser encarne lo que conoce haciéndose uno con ello.” (cf. La ciudad Cautiva, p. 25) >>

Catherine añade: <<Este tema se merece una buena reflexión.  Los niños están apasionados por el misterio, porque lo ven como una oportunidad infinita de conocer (que lo es).  Cuando les acercamos al misterio a través de los símbolos, les damos alas.  Esto no se está haciendo en el actual sistema de educación.  Les convertimos en máquinas para almacenar datos racionales.  Les hacemos preguntas cerradas y no nos gustan sus preguntas cuando no tenemos respuestas para ellas.>>

Coincido en las observaciones de Catherine. Simplemente le recordaria, que en el punto de vista de nuestra asignatura nos interesa recalcar el simbolismo de una manera radical. Tanto es así, que el propio Niño es uno de los principales símbolos de nuestro Ser interior y divino. Por lo tanto somos nosotros mismos los más necesitados de recuperar este tipo de conexiones con el “mas allá”, que el lenguaje analógico propicia. Debemos aprender a alimentar cada uno de nosotros a nuestro “niño interior”, capaz de asombro, ávido de aprender, jugar y amar… y desgraciadamente marginado la mayoría de veces en este desierto que es la cultura oficial de nuestro tiempo. El trabajo que aquí tenemos entre manos, consiste precisamente en una paideia, eso es: un redescubrimiento del Niño Interior, y la adquisición de las claves gnoseológicas para poder alimentarlo. Es un gran mérito lograr hacer eso en el seno del actual sistema universitario y, en ese sentido, estamos siendo pioneros en un nuevo estilo de docencia.

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A propósito de la idea de “religión” como la función “religadora” Natalie alude al <<yoga, que refiere a la unión de los fragmentos, teniendo en cuenta el sentido que pueden tener los gestos y los actos mas naturales. Por ejemplo, la espiración de uno mismo como acto de entrega, de aceptación, de silencio; y desde ella, la inspiración, hecha a través de uno, …una memoria del acto de vivificar el ser con el aliento divino – cada vez de nuevo – que puede significar una nueva oportunidad de discurrir la vida. ”..El rito es sintonía con el aliento cósmico que penetra todas las cosas, tiene valor como rectificación, corrección, curación..”(La Ciudad Cautiva, p.56)

Y sigue escribiendo <<entiendo y siento que encontramos una división dentro de nosotros mismos, una ruptura, un alejamiento  del origen (que a lo mejor esta simbolizado en la Biblia con el pecado original y el rechazo  desde Gan-Edén) y se puede decir que vivimos en el mundo de puras ideas y manifestaciones limitadas. Los ritos hechos con intención, nos sirven para despertar y volver a encender el fuego del altar del corazón. Pregunto el por qué de esta división ( en lo corporal, emocional, mental y personal…). Intuyo que la respuesta esta en el camino mismo, al actuar en coherencia y harmonía entre las diferentes partes de uno, como en la ciudad misma. Y soy consciente que es una  pregunta primaria, (…)casi infantil… Somos chispas de luz. Por naturaleza hemos de estar presentes y manifestarlo; sin embargo la mayoría vivimos dormidos y los privilegiados deberían pasar por  el infierno, como Dante, para llegar a despertar. Me pregunto si este pecado simbólico es de cada individuo en su camino, si surge de la psique de uno o, paralelamente, es un pecado, una división y un camino colectivos (de la humanidad), de la misma manera que la ciudad antigua representa al ser humano y la sociedad, ambos a la vez.>>

Me parece un comentario bello y admirable, del cual todos podemos aprender.

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A María José le <<disgusta pensar que por apatía, olvido y falta de espiritualidad, se vayan perdiendo las prácticas rituales, como parte de la religión, de la “fundación de la ciudad”, utilizadas anteriormente como medio de autoconocimiento. Autoconocimiento que entiendo no solo como personas (individuales) sino como “ciudad”, como pueblo(…)>> También José María lamenta la pérdida moderna de la visión sagrada del mundo, el prejuicio occidentalista frente a las valiosísimas doctrinas de Oriente, y que toda la filosofía haya quedado reducida al eje Platón – Tomás de Aquino – Hegel…

Es verdad! Es una lástima tal proceso de endurecimiento en las conciencias, producido en el mundo a lo largo de los últimos siglos. Pero lo importante es que todo aquello tan bueno que hoy tiende a ser olvidado, si es algo realmente bueno, es precisamente porque se trata de algo perenne, siempre al alcance de la mano. La ciudad sagrada, el rito fundacional, las tradiciones sagradas de Oriente y Occidente, la incomensurable reserva underground de la cultura occidental europea… todo eso se halla presente, sólo hace falta reconocerlo, aceptarlo, y cultivarnos a nosotros mismos por medio de este gran patrimonio humanístico legado a las gentes de hoy.

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Mª José apunta también el siguiente comentario: <<Asistiendo a la presentación de uno de los prototipos propuestos en el Taller Vertical, 2010 de la EsArq (UIC), he visto un paralelismo claro entre lo que es una construcción para arquitecturas de emergencia y el concepto de la ciudad antigua. En situaciones desprovistas de todo lo material, los constructores  tienden a proporcionar al individuo un entorno que le dirija al centro de sí mismo, a lo más íntimo de sus relaciones interpersonales y familiares y en cierto modo con el Creador. El espacio fluye circular, equidistante, unas veces hacia el interior y otras hacia el exterior, pero con un punto central de referencia que en el proyecto toma la máxima altura. Ahí es donde la persona se refugia y donde establece sus nuevas coordenadas.>>

José Olives Puig

Cardedeu, 15.02.11

Apuntes-lectura de La Ciudad Cautiva (cap. I, 1-5)

 

Anotaciones a comentarios de lectura entregados por los alumnos

al seminario 25.01.2011 de la asignatura “Ciudad, persona y civilización” en el Master de Iniciación a la Investigación en Ciencias Humanas, Sociales y Jurídicas. Universidad Internacional de Cataluña.


 

 

Escribe Tatiana y añado yo palabras en rojo: “…todo ser humano que desee vivir bien busca, sin importarle espacio-tiempo, la Divinidad que ha fundado las ciudades”. Sobre todo la “ciudad que es el Cosmos-Universo” y la pequeña ciudad que es el ser de cada uno de nosotros…

Y siguiendo el texto del libro, añade: “El símbolo expresa lo que hay más allá de la lógica (lo ana-lógico) y de la percepción ordinaria. Hay cosas que no sólo no pueden, sinó que no deben expresarse con palabras. Ej.: un beso, una caricia, una flor.” …Genial! Excelente comprensión de lo que es el símbolo. En cuanto a la flor, por ejemplo, fue mostrándola en su mano, como el buda Shakyamuni despertó el intelecto (buddhi = inteligencia no-dual del “corazón”) a su discípulo Ananda, en un celebérrimo gesto que ha pasado a la historia.

Tal como Raquel apunta, la intuición pura (entendimiento) se relaciona efectivamente con lo que hoy llamamos “inteligencia emocional”, aunque no es lo mismo. Las emociones al ser transmutadas (siendo conscientes de ellas) son la puerta de entrada a los planos superiores de nosotros mismos. También el pensar positivamente (lo queRaquel  llama “identificación con la comunidad, con el bien común, la benevolencia, la fraternidad, la utilidad dentro de la comunidad) es la manera de empezar a trascender y superar la manera rutinaria y convencional de ver la vida (el “pensamiento único” o “políticamente correcto”). Pero, conste que hay una jerarquía ontológica entre el conocer y el hacer, y que lo primero siempre será lo primero. Una de las principales herejías de la modernidad es el pragmatismo (poner la acción por delante del conocimiento: de las formas internas de sentir y querer a Dios, al mundo y a nosotros mismos). La acción no es más que el resultado lúdico de nuestra vida (interior).

Cathérine introduce el tema del niño, su educación, su capacidad de asombro, que debemos fomentar. Como madre y como profesional ella adopta un punto de vista pedagógico. Ahora bien, lo que proyectamos en el niño, lo tenemos también los adultos. Una de las maneras tradicionales de designar el germen espiritual que todos llevamos dentro es el “niño interior” del que tanto ha hablado la psicología contemporánea: la parte evolutiva de cada uno de nosotros, cercana a la capacidad de empatía, de comprensión directa de las cosas, de sintonía con el lenguaje analógico, de espontaneidad, transparencia, inocencia, etc. El niño, en este curso de profundización en el pensamiento clásico-tradicional, es sobre todo nuestro Yo Superior, al que se refieren los mítos y símbolos del nacimiento del Niño Divino en tantas tradiciones espirituales de la humanidad. Para irlo recuperando y encarnando en nosotros mismos, nos ayuda siempre el contacto con los niños que conocemos, que están a nuestro cuidado, que siempre nos rodean, y para quienes deseamos siempre lo mejor. La educación, el desarrollo de la personalidad, el alumbramiento del Ser en los demás, depende directamente de el alumbramiento (o de la encarnación) del Mismo en cada uno de nosotros. Y ello es algo que se transmite directamente, por ósmosis (o empatía) y que no necesita de ningún proyecto pedagógico ni de ninguna política especial. Aunque, ciertamente, los proyectos pedagógicos y las políticas públicas o privadas son útiles y necesarias y beneficiosas, siempre que emanen del amor y la comprensión generados y reconocidos en nosotros mismos. Toda madre, todo padre, todo maestro, debe entender que para mejorar el estado de los que tiene a su cuidado debe antes mejorar el propio, y con ello todo lo demás fluye de manera natural. También en materia pedagógica hay que aprender a cambiar el punto de vista corriente.

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Habiendo aprendido sobre la “ciuad antigua”, Raquel se pregunta que hacemos con la ciudad de hoy. Ahora bien, frente a la “ciudad antigua”, la de hoy, queda esbozada en lo que ya comentamos en clase sobre las problemáticas metrópolis actuales surgidas de la ruptura decimonónica de las murallas. Hoy no hay ciudad propiamente dicha en el plano material (urbanístico) ni en el plano institucional (histórico-sociológico concreto). Somos todos “ciudadanos del mundo” –como decía Tom Paine- y, hasta cierto punto, apátridas, según el hermoso simbolismo del “judío errante”, prototipo del “pueblo elegido”. En consecuencia hay que entender que la “ciudad sagrada” es ante todo (allende su materialización más o menos exitosa en la Antigüedad) para nosotros un modelo especulativo, un arquetipo que nos ayuda a comprender y vivenciar otros planos del ser, nuevas realidades y potencialidades individuales y colectivas que están latentes dentro – y también fuera, pero de un modo que ignoramos, y que ciertamente no será igual que el de sociedades pasadas u otros tiempos històricos, porque los mismos hechos nunca se repiten, por más que haya ciclos y continuos retornos a lo que ya considerábamos “superado”.

Escribe más abajo: “El progreso o el estancamiento espiritual individual (valga la contradicción entre ambos términos) afecta al de la comunidad. <Existe la> responsabilidad de fomentar el progreso desde el modelo de ciudad moderno.” Creo que no hay “modelo de ciudad moderno”. Lo que hay es una pérdida (o un olvido, o una inconsciencia) del “modelo de la ciudad” en el mundo moderno. Este modelo precioso nos conecta con el ser, con el amor, con la energía, con la belleza y con lo que en realidad somos, pero debemos comprender que en la modernidad no lo hallaremos nunca externamente manifestado (ni, menos, institucionalizado), porque eso fue lo característico de otras épocas, remotas… Hoy, sin embargo, podemos descubrirlo en lo invisible, en el alma, que nos contiene a todos y, al reconocerlo, sentirlo, cultivarlo, e identificarnos con él: lo cual, ciertamente, es algo que tiene efectos positivos en nosotros y en la gente que nos rodea, mejora nuestros proyectos y nuestras obras. El modelo de la ciudad en la modernidad es sólo virtual, lo cual no significa que siga siento lo más real de la vida en común, y un valioso mapa para “religarnos” continuamente con el Ser. Constantes en ese tipo de trabajo, y Dios mediante, podemos llegar a gustar cada vez de manera más consistente la “ciudad sagrada”, tal como algunos santos y seres realizados dicen haber gustado el paraíso ya en la tierra. Pero, seguiremos sobre este tema.

Raquel continúa: “Sin comprensión y amor no puede haber vida social. <Hacen falta> líneas de actuación que fomenten ambos aspectos.” Sí, pero debemos recordar que la “antigua política” (que con este curso estamos reaprendiendo) empieza siempre desde dentro, desde el corazón, la mente y la emoción de cada ciudadano. No empieza desde fuera (sin cambiar antes, o a la vez, lo de dentro) tal como lo pretende el maquiavelismo moderno. Y se pregunta:”¿Cuál es hoy la primera necesidad pública?” Es reconocer de nuevo el bien común, que es el bien del alma, siempre compartida… tal como nos lo recuerdan Eiximenis y todos los clásicos, que iremos repasando en los capítulos que vienen.  Entonces es cierta la última respuesta que apunta: “Fe en el valor de lo que se comparte (el alma, el espíritu, la vida, etc), origen de las virtudes cívicas, sentimiento de pertenencia y sacrificio.” Todo correcto, dejando bien claro que importa el sentido simbólico, no el literal.

María José escribe: “ <Despojarse> de todo progreso tecnológico, superstición y crueldad, para volver al modelo de sociedad de la ciudad antigua”. Ante esa reflexión, cuidemos de no entender las cosas literalmente, de no caer en visiones tradicionalistas (nostálgicas del ayer). Nada de lo que estamos tratando tiene que ver con un retorno a formas de organización de sociedades y momentos históricos ya pasados. Los modelos arquetípicos como el mandala (la “ciudad sagrada”, su plano geométrico, las historias y mitos de pueblos y sociedades bien integrados y cohesionados, que iremos estudiando…) nos sirven como símbolos para comprender otros niveles de nosotros mismos, que el decurso de la historia y el endurecimiento de las conciencias han ido tapando (relegando a lo inconsciente). Son modelos para la especulación filosófica, la reforma del pensamiento y el “trabajo interior”, que es de lo que trata nuestro curso. La manera como todo ese trabajo de cada uno consigo mismo (con su mente, con sus emociones, con su intuición) se pueda traducir en el futuro profesional en forma de propuestas concretas, de obras, de acciones benéficas (políticas, programas de acción, diseños, propuestas, proyectos, realizaciones, etc) eso es cosa que cada una ya irá viendo o, mejor, recibiendo en forma de nuevas intuiciones y “revelaciones”. No hay, por tanto, que precipitarse: nada de lo que tratamos en este curso es aplicable inmediata y mecánicamente en el plano de la acción social exterior. Todo es para la maduración interna, la reforma del pensamiento y el desarrollo de nuevas potencialidades, hasta ahora latentes, y que se resumen en una ampliación del campo de conciencia y en un aporte energético a la propia vida de cada uno.

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Añado a las ideas que Gemma encuentra sugerentes aclaracionesen color rojo: “Un nuevo (antiguo) paradigma sociopolítico (y antropológico) en el cual la religión se convierte en una parte fundamental de la esencia de las distintas civilizaciones primitivas y actuales, donde lo público y la privado no están separados como en nuestra civilización contemporánea de carácter liberal.”

Solicita:“Aclaración sobre el proceso que desarrollan las distintas sociedades a partir de una religión monoteísta, convirtiendo la religión en politeísta a la vez que el poder político y económico de la sociedad se incrementa hasta convertirse en imperio.” Podemos aclarar que si bien hay un proceso de decadencia a lo largo del tiempo (que afecta a todas las formas de la naturaleza y la creación –no sólo a las religiones), es más interesante ver que hay siempre y en todo momento distintos modos y niveles de profunidad en nuestra comprensión-vivencia de la religión. O sea, que cada ciudadano “religa” más o menos según su nivel de comprensión de las cosas y su capacidad de amor. En eso es en lo que podemos “progresar” cada uno de nosotros.

El ejemplo de Roma (su república, su imperio) que apuntas, me parece excelente y en la línea de lo ya comentado en clase sobre la polaridad espiritualidad-poderío, que afecta el desarrollo evolutivo de todas las civilizaciones. Te sugiero ir directamente al libro de Fustel de Coulanges, cuyo enfoque  critico, y cuya erudición, desde un punto de vista descriptivo, es perfectamente válida y me sirve de apoyo en el capítulo que estamos comentando.

La sorpresa de Natalie ante la dualidad que establecen las murallas y las puertas separando lo de dentro y lo de fuera, se resuelve meditando con el mandala la diferencia entre el espacio ordenado-“urbanizado” (equivalente al “orden”, la belleza, el equilibrio, la proporción, la bondad, el goce, etc) y el espacio desordenado (el “caos”, nuestra vida en bruto, desgobernada por el desconocimiento de nuestras pasiones, automatismos, irreflexiones y temores). Eso se refiere directamente al alma de cada uno (que no es tan individual como parece aprimera vista, y…), que al irse transformando y refinando transforma y refina simultáneamente el alma de quienes nos rodean, nuestro prójimo, que siempre nos acompaña, y que en su conjunto configura la “verdadera ciudad-polis” de la que cada uno de nosotros (en tanto que amor y consciencia) es el centro. Meditando la “separación” en ese sentido el dualismo sociológico entre religiones, que compiten/pugnan unas con/contra otras, queda superado, porque dentro de la “ciudad sagrada” se combinan armónicamente todos los pares de opuestos y solamente existen estados de paz.

Y cuando see pregunta :”¿hasta qué punto la religión actúa como el eje que ordena la vida al rededeor de ella o de hecho aleja a uno de la búsquea íntima huyendo y separando lo uno de lo otro (de los otros)?”) conviene recordar que los dos sentidos reconocidos a la palabra “religión” (“religación” y “sistema religioso”) nos permiten comprender la ambigüedad de la misma en la sociedad y en la historia. Ora apareciendo como lo más esencial y conveniente (cuando hay espiritualidad) ora como un peligroso instrumento de poder, violencia y manipulación de la gente (cuando no hay espiritualidad o “religación”: usando el “sistema” de símbolos, mitos y ritos de forma “invertida” o “perversa”). De todo eso seguiremos hablando. Es parte importante de ese curso de “sociopolítica”. Digamos de momento, que en Europa, afectada gravemente por ese funcionamiento negativo de la “religión” en los violentos siglos de la modernidad (sobre todo desde el s.XVI a nuestros días), inventamos como antídoto y salvaguarda de la libertad cívica la “laicidad”, que bien entendida debe combinarse con la religión y no contraponerse a ella! ya que es su complemento.

Hay que entender, pues, que si bien los simbolismos distintos pueden separar las religiones unas de otras, el símbolo en sí no tiene una función separadora, porque lo suyo es precisamente ayudar a conectarnos con el Ser, con Dios, con nuestra Esencia: lo Bello y lo Bueno, como diría Platón.

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En cuanto al apartado tercero del libro (“Dios y los dioses”) hay que tener en cuenta que entre Dios, “el Uno sin segundo”, y la multiplicidad de cosas que componen el universo visible y tangible, hay el “mundo intermedio” de las realidades interiores, donde se hallan, además de nuestras imágenes y pensamientos, las formas superiores del ser, en innumerables escalas y gradaciones, que van desde las formas imaginales de nuestro plano onírico “inconsciente”, hasta las energías (inteligencias amorosas) superiores que “utiliza” Dios –o, mejor, el Espíritu divino- para crear el mundo y transformarlo continuamente. Sí, en la cosmología judeocristiana tales energías son llamadas “ángeles”, y representadas de aquella manera antropomórfica tan característica; en la tradición greco-romana son los “dioses”, también iconográficamente “antropomorfizados”; y en otras tradiciones, otras maneras similares. Volveremos sobre ello.

José Olives Puig

Cardedeu, 26.01.11