El lenguaje de la Naturaleza

He aquí el ultimo vídeo del Circulo de Humanidades en la Seo de Urgel 18.05.18 correspondiente a la cuarta lección del Programa, que lleva por título “Simbolos, Mitos y Ritos”.

LAS HUMANIDADES XI: Equivalencia de filosofía y religión cuando son auténticas

platon-raphael(Siguiendo la ocurrencia de Joaquín Muñoz, encabezamos ese nuevo capítulo de su obra, con la imagen de Platón inventada por Rafael. Es hermosa y dice mucho, como las restantes de este gran filósofo del Renacimiento, que realizó su obra nada más que con pinceles y pinturas…Releyendo estos capítulos, procedentes de su tesina, me enorgullezco de haberla dirigido, y sigo admirando su producción, tal como de momento la va ofreciendo en sus Meditaciones del Día)

En base a lo expuesto en los últimos capítulos publicados en este blog, puede inferirse que, desde la visión clásico-tradicional de la filosofía y las humanidades, resulta muy difícil diferenciar entre éstas y la religión propiamente dicha.

Olives se remite, en este sentido, a Dión Crisóstomo para propugnar una filosofía entendida como camino hacia la asimilación a Dios, una filosofía dotada de una dimensión espiritual y religiosa, un auténtico sacerdocio que implica la recepción, vivencia, cuidado y transmisión de los conocimientos y energías espirituales que se derivan de su práctica[1].

El  filósofo, como seguidor y amante de la Sabiduría, de la Verdad, de lo Bello y de lo Bueno es –al fin y al cabo- un seguidor y amante de su causa última y primera, de su fuente y origen:  Dios.  Un Dios que, en un acto de desbordamiento de Amor crea al hombre para que disfrute de una existencia gozosa y feliz al descubrirle y religarse con Él[2]; un Dios que modela toda la creación como revelación natural, como teofanía, para que su principal obra (el ser humano) sea capaz de reencontrarle a través de lo visible, mediante una hermenéutica simbólica que supone el método propio de las humanidades tal y como nos son propuestas por Olives.

Sin embargo, parece lógico preguntarse: ¿son las humanidades –o la filosofía antigua- una religión propiamente dicha? ¿Es suficiente la práctica de la hermenéutica simbólica para lograr esa plena religación con Dios, el cosmos, el prójimo y uno mismo?

Olives responde escueta y tangencialmente a esta cuestión, aunque en su contestación nos ofrece el núcleo esencial de su opinión.  Basándose en la hermenéutica dantesca plasmada en “La Divina Comedia”, se detiene en la explicación de por qué los grandes filósofos de la antigüedad (Séneca, Homero, Platón… etc) son situados en el limbo, un lugar en el que “no se grita de dolor, sólo se oyen suspiros”[3], los suspiros del que se encuentra en el camino de la buena vida (eudaimonia) pero que no es capaz de alcanzar su meta por carecer de la teoría completa y de los medios de realización necesarios.  Viéndolos como hijos del moralismo y del racionalismo, Dante considera incapaces -a los filósofos de la antigüedad- de obtener la Weltanschauung o cosmovisión religadora, al no disponer de los medios de realización espiritual que ofrece una tradición espiritual cuando se halla viva y activada[4].

Siendo esto cierto, Olives aclara algo sobre lo que ya hemos tratado anteriormente: no puede entenderse el pensamiento antiguo (y clásico en general) como la suma de rígidas estructuras sistemáticas, más propias de la filosofía contemporánea[5].  Existe una solidaridad entre los autores[6], que participan de la comprensión de un mismo modelo del mundo, de la sociedad y del hombre, el cual les viene dado de antemano, y con cuya ayuda especulan y trabajan[7].  A modo de consejo, nos recomienda nuestro autor: “si se quiere sacar el mayor provecho del estudio de los autores clásicos y filosofar con ellos, conviene precaverse contra la exageración de los planteamientos sistemáticos.  Frente a ellos es oportuno recuperar la noción típicamente humanista de «punto de vista»[8].  Éste, implica que las distintas escuelas desarrollan un aspecto determinado de un marco tradicional más amplio (en el cual se incluyen) y que ellos, implícitamente, también ayudan a transmitir.  En tanto que «punto de vista», la visión de cada escuela es sesgada, parcial, incompleta… Una parte del todo al que sólo se puede acceder por vía de síntesis, superando las aparentes contradicciones entre escuelas y remitiéndonos a la tradición que subyace tras ellas y las fundamenta.  Una tradición espiritual de la que participan la mayoría de los representantes del pensamiento clásico-tradicional: “Séneca, al igual que Sócrates, Platón y la mayoría de los filósofos de la Antigüedad, es una persona religiosa; además, piadosa: eso quiere decir que cumple con los ritos, que conoce los simbolismos y las mitologías, y que da por entendido el valor superior de las ideas y medios de gracia que vehiculan.  Que su labor como filósofo la acometa desde un plano que es propio del discurso racional no niega la vigencia de otros planos del discurso y del desarrollo teórico, sin los cuales la propia filosofía se hallaría desprovista de sentido”[9].

De hecho, el propio Platón es una interesante fuente para lograr acceder a antiguas tradiciones órficas, pitagóricas, egipcias, caldeas y persas que el tiempo ha borrado y que él se encargó de transmitir en su filosofía mística[10].  Entiendo este hecho como una indirecta indicación de la importancia que tiene anclar la filosofía (las humanidades) en una tradición espiritual que vivifique y complete el sentido de sus contenidos, de modo que aquélla pueda producir la metanoia personal que le religue a uno con Dios y su creación.

Como conclusión, podemos afirmar que la hermenéutica simbólica propia de las humanidades clásico-tradicionales es una metodología necesaria para descubrir y vivenciar la filosofía, la religión y la realidad en toda su profundidad…  Sin ella, no pueden comprenderse adecuadamente los contenidos religiosos ni filosóficos.  Pero, al mismo tiempo, la hermenéutica simbólica precisa de la participación en una tradición espiritual para hacer posible la recepción de las influencias que dan lugar a la experiencia personal de gozo espiritual y religación (más allá de los límites de la mera intelectualidad) con todo cuanto rodea al ser humano.

La hermenéutica espiritual, así entendida, es el nexo metodológico que permite relacionar los diversos estratos de la realidad a través de la analogía, descubriendo estructuras comunes que hacen posible el conocimiento de lo aparentemente ajeno a través del autoconocimiento y permitiendo intuir la unidad  e interdependencia entre todo lo existente: entre Dios y la naturaleza, entre la naturaleza y la ciudad, entre la ciudad y el hombre…  Entre la teología o metafísica, la cosmología, la política y la antropología…  Una nueva mirada que nos ofrece una nueva percepción de nosotros mismos y de cuanto nos rodea.  Una experiencia de la realidad que nos conduce al Paraíso Perdido, a la felicidad que –en nuestro interior- todos anhelamos…  Un gozo y una dicha que, digan lo que digan, está a nuestro alcance.  El Reino de Dios está muy cerca…  En nosotros mismos.

 


[1] Olives:2006, 162

[2] Cfr. Olives:2006, 370

[3] Dante:DC, Purgatorio VII, 28-30

[4] Olives:2006, 111

[5] Olives:2006, 105

[6] Olives:2006, 104

[7] Olives:2006, 105

[8] Olives:2006, 108

[9] Olives:2006, 113

[10] Olives:2006, 408

LAS HUMANIDADES III: La hermenéutica, arte de la interpretación simbólica

naturaleza-teofania-revelacion

La hermenéutica simbólica propia de las humanidades entendidas en un sentido clásico-tradicional, implica –como ya hemos visto en artículos anteriores- el descubrimiento y activación del intellectus, hecho que a su vez conlleva un nuevo modo de mirarse a uno mismo y a cuanto nos rodea al hacer despertar la conciencia simbólica.

Habiendo descrito ya qué entiende Olives por símbolo y cuál es la facultad cognoscitiva que nos permite aprehenderlo, considero pertinente proponer  una cuestión que, al menos para mí, ha resultado decisiva a la hora de posicionarme ante los planteamientos de nuestro autor: ¿por qué existen los símbolos? ¿Qué sentido tiene su existencia?

Sorprende, al principio,  comprobar que la respuesta que ofrece Olives a esta cuestión escapa a los límites de la hermenéutica y penetra en el territorio de la teología, la cosmología y la antropología al coincidir con otra decisiva pregunta que la mayoría de seres humanos nos hemos planteado alguna vez:  ¿Para qué existimos?  O, en un lenguaje más propiamente religioso: ¿Para qué hemos sido creados, por qué hemos sido traídos a la existencia? ¿Cuál es la razón de ser de la creación?

Nuestro autor no plantea expresamente esta cuestión ni ofrece una sintética respuesta a la misma.  Su absoluta coincidencia con los planteamientos clásico-tradicionales hay que irla recuperando entre los fragmentos dispersos de su obra que nos ofrecen las claves de su opinión al respecto.

Olives no oculta su convencimiento de que “es Dios mismo quien eternamente genera por su «palabra» todas las criaturas”[1], dando a conocer su esencia incognoscible a través de sus dinamismos (la expresión –indica nuestro autor- pertenece a Dionisio Areopagita), mediante los que crea, transforma y actúa en el mundo[2].  Un mundo que ha sido hecho para que el hombre, la central de sus obras, “habite y goce con Él en la dimensión eterna”[3].  Esa es la razón de ser de la creación: un amor que se desborda –Deus caritas est– y que pretende que su criatura goce de la dicha de re-unirse con su fuente.

Este modo de entender a Dios como un Tesoro que quiere ser descubierto para gozo de quien Le halle (planteamiento propio del pensamiento clásico-tradicional del que Olives participa) y que, con esa intención, se manifiesta a través de la naturaleza, es el pilar sobre el que se sostiene la visión teofánica de ésta que ya intuye nuestro autor en la propia etimología del término universo, tal y como expone detalladamente en el siguiente párrafo:  “La palabra latina universum se compone de la palabra unum, que designa a Dios, «el Uno sin segundo», y del verbo verto, que significa «volver», en el sentido de «girar dando vueltas».  Significa la revolución universal, que es el movimiento giratorio de todas las cosas y los seres creados en torno al Principio que los ha generado, el Ser universal, que todo abarca y todo trasciende, pero que a la vez aparece como inmanente a la creación y a cada uno de los seres.  (…)  El universo, equiparable a la naturaleza, ha de considerarse como la convergencia global en la unidad, la coincidencia de todas las cosas creadas en su origen común, o causa primera, y, por tanto, la unidad de todos los seres y cosas que componen el mundo”[4].

Esta naturaleza descubierta como símbolo, “como espejo donde se refleja la obra de Dios”, como Liber Mundi[5], como texto sagrado donde leer el plan divino, forma parte de lo que tradicionalmente recibe el nombre de «revelación»[6] y se configura como útil instrumento de progreso espiritual, como herramienta para que el hombre –ser inacabado capaz de elevar su naturaleza a las alturas divinas o hundirse en la animalidad más vergonzosa[7]– encamine correctamente su vida en pos del retorno hacia el absoluto que debe ser su meta última[8].

Por esta vía, “tomar contacto con la naturaleza significa para el hombre entrar en una economía de salvación”[9] ya que a través de ella, de su vivencia mística al estilo del santo de Asís[10], las realidades secretas e invisibles se hacen visibles y comprensibles (per visibilia ad invisibilia).  Mediante la analogía que relaciona la naturaleza naturada con la Naturaleza naturante[11] se desvela el valor simbólico de la creación –su valor teofánico o revelatorio-  que permite la religación del ser humano con los arquetipos[12] presentes en la mente divina[13], posibilitando el pleno desarrollo de la personalidad mediante una operación intelectual que revela al hombre lo que está escondido en sí mismo y en el universo que le rodea[14].

En próximos artículos trataré sobre los distintos soportes simbólicos y sobre la metodología hermenéutica que propone Olives como instrumento para interiorizar su revelación, vivenciando el símbolo y religándonos con aquello que transmite.  Pero eso será otro día.  Ya tenemos material suficiente para el fin de semana.


[1] Olives:2006, 312

[2] Cfr. Olives:2006, 35

[3] Olives:2006, 215

[4] Olives:2006, 312

[5] Cfr. Olives en el prólogo a Chevalier:1995 y Olives:2006-II, 97

[6] Cfr. Olives:2006, 312

[7] Cfr. Olives:LD, 16

[8] Cfr. Olives:2006, 36

[9] Olives:2006, 313

[10] Cfr. Olives:Gaudí, 4

[11] En Olives:2006, 314 aclara Olives que la Natura naturans es la dimensión divina, infinita, que contiene las Ideas puras, modelo sutilísimo y preformal que apriorísticamente configura el universo –su estructura y dinamismo- en la mente del Creador y que, por tanto, la Naturaleza naturante designa a Dios mismo, y es uno de los nombres principales para designarlo.  La natura naturata, por su parte, designa el aspecto visible del mundo, su recubrimiento sensible, la plasmación material de la Naturaleza naturante que actúa como su soporte simbólico, como su simbolizante para hacerla accesible al ser humano.

[12] Entiendo que Olives emplea este término en su sentido etimológico, como patrón ejemplar del que otros objetos, ideas o conceptos se derivan (de árkho, fuente u origen, y týpon, modelo o impresión según Coromines:2008, 43) y no según los matices de escuela, ya sea ésta escolástico-platónica, naturalista, sistémica o junguiana.

[13] Cfr. Olives:2006, 313 y 315

[14] Cfr. Olives:2006, 315

Sergi Cera: Conectar con la Creación

(Agradecemos a Sergi esta preciosa oración que nos manda desde el Canadá, y que aquí reproducimos:)

Conectar con la Creación

Todo lo que recibo,
todo lo que siento,
lo de fuera y lo de dentro,
lo bueno y lo malo
es Tu Obra en proceso,

Tu Obra no soy yo,
Tu obra es la Creación entera.

Yo no soy nada de lo que digo
yo no soy nada de lo que hago,
incluso mis pensamientos,
siempre eres Tu trabajando en Tu Obra.

Tu obra no soy yo,
Tu obra es la Creación entera.

Lo que está bien y lo que está mal,

son Tus Dos Manos moldeando,
y las dos son buenas,
porque las mueve el Amor
y juntas realizan Tu Obra.

Lo único que Existe es Tu Deseo
y por esto eso estoy aquí.

Tu obra no soy yo,
Tu obra es la Creación entera
que Tu estás construyendo
para que podamos Recibirte.

El mandala como árbol cósmico en la cabalá

Incluyo aquí un hermoso vídeo recién recibido de Sergi Cera -a quien mucho lo agradezco- que describe el mandala en clave cabalística de la escuela de Isaac Luria, hoy accesible a través de internet. La cabalá (que significa “tradición”) es una disciplina sapiencial (científico-filosófica) anterior al judaísmo y coincidente con el cristianismo y las grandes tradiciones de Oriente. Contiene los principios de la metafísica, la ontología y la cosmología, que están en la base de las grandes tradiciones espirituales de la humanidad. En el Renacimiento quedó incluida en el humanismo cristiano por obra de ilustrísimos sabios, entre los que destaca Juan Pico de la Mirándola, quien recibió las enseñanzas de dos judíos hispanos (Pedro de Heredia y Flavio Mitrídates) que ya tenían prohibida la entrada en su territorio natal. La cabalá acostumbra a describir la creación del mundo como una emanación del la luz divina en forma de árbol (el llamado “árbol de la vida” que aparece en el libro del Génesis, y en muchos otros lugares de la simbólica universal. La emanación de luz, que es la creación, se describe en forma de mandala, igual que, a su manera, la teoría moderna explica el big bang que da lugar al mundo.