Los arquetipos: estructuras latentes del ser humano y del mundo

Los arquetipos: estructuras latentes del ser humano y del mundo

He aquí la grabación del IV Círculo de Humanidades el 11.04.18 en Cardedeu (Barcelona)

LAS HUMANIDADES IV: el simbolismo metafísico del mito platónico de la Caverna

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(Ofrecemos a continuación otro capítulo de Joaquín Muñoz Travé, colgado en su blog Meditaciones del Día <http://meditacionesdeldia.wordpress.com/&gt;, procedente de su obra inédita Las Humanidades como método para el desarrollo del potencial humano en base a la aportación de José Olives Puig al mundo académico)

Para algunos, no basta con saber que el mundo está formado por símbolos y que éstos pueden ponernos en relación con unas realidades distintas a las visibles.

No, mediante la hermenéutica simbólica clásico tradicional, se pretende dar a conocer un método teórico-práctico[1] de desarrollo del potencial humano a través de los símbolos que es característico de las humanidades y que pretende utilizar a éstos como instrumentos de retorno a “la inmutable fuente oscura de donde surge toda luz y toda palabra”[2], como medios de realización espiritual, de desvelamiento de la verdad absoluta y de acceso a la visión de la realidad última cara a cara[3].

Este viaje iniciático[4], de liberación de una visión incompleta del mundo  y de uno mismo (basada en la exterioridad de las cosas)[5], es tratado por Olives mediante la remisión al mito de la caverna de Platón[6].

Para comprenderlo adecuadamente, propone transformar el habitual dibujo rectangular de aquélla en una imagen circular de la misma (que la asimila estructuralmente al mandala) y recordar que la caverna, tradicionalmente, “es el lugar de iniciación en los antiguos misterios”[7].  De este modo percibiremos con mayor facilidad el simbolismo antropo-socio-cosmológico de la misma[8].

Figura 66

Olives:2006, 411

Al comienzo de la narración del mito dice Platón: “Imagínate, pues, a unos hombres en un abrigo subterráneo en forma de caverna, cuya entrada, abierta a la luz, se extiende a todo lo largo de la fachada; están allí desde su infancia y, encadenados de piernas y cuello, no pueden cambiar de sitio ni ver en otra dirección que hacia delante, porque las ligaduras les impiden volver la cabeza; el resplandor del fuego encendido lejos, sobre una altura, reverbera tras ellos; entre el fuego y los prisioneros hay una vereda ascendente; a lo largo de esta vereda figúrate un pequeño muro parecido a los pequeños tabiques que los que hacen farsas con marionetas ponen entre ellos y el público y por encima del cual lucen sus habilidades. (…) Entonces, figúrate a lo largo de ese pequeño muro a unos hombres que llevan utensilios de todas clases que sobresalen en la altura del muro, figuras de hombres y de animales, de toda clase de formas, talladas en piedra y en madera, y, como es natural, de entre los que las llevan, unos hablan, otros están callados. (…) ¿Piensas que en esa situación pueden ver de sí mismos y de sus compañeros otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que da frente a ellos? (…) ¿No piensas que creerían nombrar como objetos reales al nombrar las cosas [=las sombras] que verían? (…)  ¿No crees que cada vez que uno de los que pasaban se pusiese a hablar, pensarían que esa voz era emitida por la sombra que desfilaba? (…) Que a los ojos de esas gentes la realidad no podría ser otra cosa que las sombras de los objetos confeccionados?”[9].

Figura 67

Este punto de partida, gráficamente sintetizado por el dibujo de nuestro autor (Olives:2006, 413) describe -para Platón y para Olives- la situación de aquel ser humano que sólo percibe la exterioridad del símbolo, sin descubrir ni vivenciar lo simbolizado; el hombre que vive en el interior de la caverna sin plantearse que existe un maravilloso mundo fuera de ella; el hombre que no se pregunta por el origen ni el por qué de sí mismo ni de cuanto le rodea; el ser humano narcotizado que disfruta de un teatro de sombras y nunca se pregunta qué las causa ni por qué él es capaz de percibirlas.

En consecuencia, la primera fase del proceso de liberación de esta estrecha visión de la realidad consiste “en romper las cadenas y los grilletes para darse la vuelta y mirar hacia el interior de la caverna”[10], inversión de la mirada que recuerda a la raíz etimológica de intuición (intueor) que ya hemos citado anteriormente[11] y nos remite al órgano cognoscitivo que nos permitirá realizar ese viaje hacia la luz, esa recuperación de la memoria o recuerdo de lo primordial perdido pero latente en el fondo del ser, esa reminiscencia o anamnesis, ese despertar o iluminación: el acceso al intellectus[12].

Este desarrollo que, como iremos comprobando, es gradual o evolutivo, comienza por la toma de conciencia –en ocasiones espontánea, en ocasiones inducida- de que uno se encuentra preso de su propia mente, el principal enemigo de cada uno (según afirma Olives citando el diálogo entre Diógenes y Alejandro Magno que narra Dión de Prusa), auténtica cadena o grillete que le ata a uno a una visión muy sesgada de la realidad:  “¡Tú eres el peor enemigo de ti mismo: el más irreconciliable y el más temible, mientras seas tan vicioso y tan necio!  He aquí el hombre a quien menos conoces.  Porque no existe necio ni malvado alguno que se conozca a sí mismo”[13] .  Queda patente en esta cita la directa relación que se establece entre conocimiento y virtud en el pensamiento tradicional y, más concretamente, en su vertiente platónica:  el recto actuar se fundamenta en el recto pensar, por lo que el pecado –o el errar en el actuar, la decisión o acción que perjudica a nuestra naturaleza- es el fruto de nuestra ignorancia, de un conocimiento deficiente, de una apariencia que tomamos por real cuando no es más que una sombra del auténtico Bien.

Sin embargo, en el pensamiento clásico-tradicional se entiende que es éste un camino de doble sentido y que también la virtud (la fuerza interior que conduce al recto actuar[14]) es un requisito indispensable para alcanzar la sabiduría (el recto pensar o el conocimiento adecuado).  Ortodoxia y ortopraxis se precisan, la una a la otra, como causa y como efecto al mismo tiempo.

De hecho, parte de esta ortopraxis consiste en la exigencia humanística –hermenéutico simbólica- de volver la mirada hacia uno mismo como exigía Sócrates, de autoconocerse, de descubrir lo simbolizado en el interior de cada uno.  Esto sólo puede lograrse trascendiendo el pensamiento (no renunciando a él)[15],  poniendo la mente al servicio del ser humano entendido como unidad, sin caer en un sometimiento esclavo a la razón (en base a que el haz de luz jamás podrá iluminar a la linterna que lo produce[16]).  Por tanto, habrá que autodescubrirse (o re-conocerse) explorando la propia conciencia (nuestros pensamientos, sentimientos y reacciones[17]), pero superando la mera introspección psicológica para así introducirse en el ámbito de conciencia que Olives denomina “persona”.

A ésta “nunca podremos conocerla en el sentido que conocemos las cosas, los seres distintos de nosotros mismos, ni como conocemos los  rasgos de nuestra psicología o nuestra conducta.  En este sentido, nuestro ser, el «si mismo» es «incognoscible», pero, claro está, es perfectamente vivenciable, puesto que no somos otra cosa que él, y siempre lo hemos sido”[18].  El ser persona radica en esta vivencia de contemplarnos como espectadores de nosotros mismos, tomando conciencia de quiénes somos más allá de nuestros pensamientos, sentimientos, sensaciones y demás elementos cambiantes de nuestra identidad; consiste en disfrutar de encontrarnos en ese centro inmutable, en gozar de esa presencia que siempre hemos sido y que es el sustrato que permanece más allá de los cambios propios de la edad, del paso del tiempo y de la evolución personal.  Tomar consciencia de esa parte de nosotros mismos que permanece inalterable y presente es a lo que impropiamente llamamos el «desarrollo de la personalidad», y es el fundamento último de la buena vida[19], de la eudaimonia, de la vida feliz, digna y libre.

Para acceder a este nivel de conciencia que hemos denominado “persona” es preciso liberarse de los grilletes que le mantienen a uno con la mirada puesta en las sombras, en la apariencia, en lo cambiante, en lo que parece pero no es.  Esta liberación supone intuir que el mundo sensible no es el único existente, sino que es el reflejo de otro mundo arquetípico y dotado de mayor realidad; implica descubrir la dimensión simbólica de cuanto nos rodea y de nosotros mismos[20], acceder –a través de lo visible- a las ideas fuerza que se encuentran grabadas en el alma humana y en el Anima Mundi[21], superar la visión dualista, materialista o empirista del mundo que sólo otorga realidad a lo sensible-ilusorio y no se la reconoce a lo supra-sensible, que es ontológicamente más real y duradero[22]

Si prestamos atención, observaremos que es a partir del fuego -y de ese simbólico teatro de sombras- que el prisionero puede intuir el mundo intermediario que es representado, en la alegoría platónica, por la pasarela por donde desfilan los individuos portando los objetos que dan forma a las sombras que aparecen proyectadas en las paredes de la caverna.[23]

Es bajo la guía del intelecto –ayudado por la razón[24]– y mediante una serie de encadenamientos asociativos que no son arbitrarios pese a escapar a la lógica del pensamiento discursivo-dualista[25], que uno puede descubrir las sombras como símbolo,  accediendo de este modo a los arquetipos que le facilitarán una mejor comprensión de la estructura y dinámica del mundo y de sí mismo[26].

Cuando hablamos de la hermenéutica simbólica que propone Olives nos encontramos, por tanto, ante un proceso de talante plenamente humanístico, que exige conocer mínimamente las claves interpretativas y las referencias transmitidas tradicionalmente, pasar todo lo comprendido racionalmente por la criba del autoconocimiento[27] e identificarse con el símbolo, empatizar con él como el actor de teatro con su papel, hasta llegar a reconocer el arquetipo en uno mismo[28].  Sólo por esta vía puede accederse a todos sus beneficios, a su contenido y a su potencial gnoseológico y transformador de la personalidad.

Olives llama la atención sobre el hecho de que, cuando el prisionero vuelve la vista hacia el interior de la caverna y descubre la pasarela que hemos identificado con el mundo intermediario de los arquetipos, toma consciencia de que ha accedido a éstos partiendo de las sombras, y que éstas sólo son visibles y operativas como símbolo gracias al fuego central que él identifica con el entendimiento o intelecto[29].  Pero –nos recuerda- este “mirar hacia adentro” y descubrir el fuego no es un proceso sencillo. Quien inicia este viaje debe estar preparado para no sucumbir ante todas las dificultades y tropiezos que aparecerán a lo largo del camino, muchos de ellos procedentes de la propia mente, que ya se encontraba cómoda en su mundo de sombras.  Platón lo explica así: imagina “que uno de los prisioneros fuera liberado, que se le obligara a levantarse de pronto, a volver la cabeza, a andar, a levantar los ojos hacia la luz que le causarían dolor y, deslumbrándole, le impedirían mirar los objetos cuyas sombras veía poco antes. (…) ¿No crees tú que se vería muy en apuros y que los contornos que antes veía le parecerían mucho más verdaderos que los objetos que se le mostraban ahora?  Y si se le obligase a mirar la misma luz, ¿[no crees] que le dolerían los ojos y que rehuiría y los volvería hacia las cosas que puede mirar y que considera a éstas más visibles en realidad que las que ahora se le muestran?” [30].

Aunque intelecto y razón deberían ir de la mano para obtener una imagen fiel y completa de la realidad, a menudo ésta ocupa el lugar de la primera exigiendo una primacía o exclusividad que supone seguir con la mirada puesta en las sombras proyectadas sobre la pared.  Se trata de la opción más sencilla, más cómoda, pues supone mantener el status quo, no hacer cambios, dejarlo todo tal y como está, evitando así el esfuerzo de poner en marcha un sentido –el sexto sentido- que hasta entonces estaba dormido: el intellectus.

Superar esta tendencia es lo que se procura mediante la dialéctica, el método filosófico por excelencia que –a través de los símbolos, interior-exteriormente contemplados- nos pone en contacto directo con la verdad mediante una experiencia a-dual del mundo y de uno mismo propia de la intelección (noética) que gusta de la realidad al modo místico, empático, unitivo[31], que promueve el mejoramiento y transformación del ser humano[32], su autoconocimiento, la recuperación de su dignidad original[33], pero que debe saberse que –como todo nacimiento o renacimiento- puede producir “dolores de parto” (hecho que demuestra lo acertado de la expresión socrática “mayéutica” y lo recomendable, como veremos más adelante, de disponer de una “comadrona” en el “alumbramiento”; de un maestro que nos guíe en el camino de salida de la caverna[34]).

En mi opinión, es el valor que supone enfrentarse a estos “dolores de parto” –propios del tránsito de un mundo a otro, de un estado de ser a otro- lo que justifica suficientemente que se haya denominado a la dialéctica “la vía del héroe”[35]Ésta supone un ascético camino teórico-práctico de perfeccionamiento humano a través del conocimiento de uno mismo y del mundo que puede obtenerse de los símbolos y de una modalidad suprarracional de pensamiento que implica “pensar en imágenes”[36].  Este “pensamiento imaginal” permite superar las limitaciones de la ratio, órgano cognoscitivo discursivo que, como tal,  se encuentra constreñido a las fronteras conceptuales propias de cada idioma o lengua.

Olives, al tratar sobre esta heroica vía, sobre la dialéctica platónica (a la que a lo largo de su obra asimila a la hermenéutica simbólica que él propone), la define –siguiendo literalmente a Platón- como “la operación especulativa de «leer a través», es decir: ver-más-allá de los conceptos, las imágenes, las palabras o los símbolos, para alcanzar –o mejor, vivenciar- el auténtico sentido, que siempre es una experiencia directa que va más allá de las formas y nos hace trascender el racionalismo y la mera lógica formal, superándolos.  Significa, como dice el griego, transitar gnoseológicamente de lo sensible (o visible) a lo inteligible (invisible), del mundo de las formas a la verdad en sí, la cual está más allá de toda forma”[37]; ir de la sombra al arquetipo y del arquetipo al astro rey, a la causa última de todas las cosas que el prisionero y sus compañeros veían en la caverna[38]

Llegados a este punto, resulta más sencillo retomar y comprender la idea principal del simbolismo del héroe: éste, como «semi-dios» que es, tiene una naturaleza humana pero goza también de la filiación divina y trascendente y, por tanto, está abierto a la participación consciente en el ser universal[39], le es posible acceder al sol, a la fuente de toda luz, al origen último de todas las sombras.

Ese es el objetivo final de las humanidades y de su metodología hermenéutico-simbólica y, para alcanzarlo, es preciso recurrir al estudio, a la contemplación y a la docencia.  Tres fases complementarias que integran lo que denominaremos “el proyecto pedagógico de las humanidades”; el camino hacia el centro de nosotros mismos; hacia el desarrollo de nuestra natural dignidad; hacia el despertar de la chispa divina que guardamos en nuestro interior y que nos convierte en templos vivientes, en sujeto y objeto de estudio, meditación y enseñanza.



[1] Cfr. Olives:2006-II, 23

[2] Chevalier:1995, 10

[3] Cfr. Olives:2006, 409  Este hecho justifica que podamos hablar, como veremos más adelante, de filosofía mística o del valor religioso de las humanidades (ver cáp. 4.f)

[4] Cfr. Olives:2006, 409

[5] Cfr. Olives:2006, 414.  En Olives:LD, 7 encontramos un texto mucho más explícito: “El hombre en su estado corriente vive esclavo del pensamiento-emoción, como encerrado en una caverna hecha de representaciones y proyecciones creadas por la mente individual y colectiva y, en consecuencia, relativamente ilusorias”.

[6] Nos recuerda nuestro autor que este mito es “casi imposible de comprender sin contar con las enseñanzas sobre el modelo tradicional del mundo y del hombre que en la Academia se transmitían de forma oral, al igual que las han transmitido las demás tradiciones sapienciales de todas las civilizaciones”.  Los escritos platónicos –nos recuerda- no son más que una incompleta tradición escrita que recoge valiosos fragmentos de antiguas enseñanzas tradicionales que proceden de múltiples fuentes (orfismo, pitagorismo, el legado sacerdotal egipcio, elementos caldeos y persas… etc.) y que no deben ser interpretados como un intento de construir un sistema filosófico al estilo moderno, sino como una profundización en aspectos concretos de un cuadro mucho más amplio que se da por conocido y asumido (Olives:2006, 408-409)

[7] Olives:2006, 414

[8] Cfr. Olives:2006, 410

[9] Platón:Rep, 514a-515c

[10] Olives:2006, 414

[11] Ver nota 200

[12] Olives:2006, 414

[13] Dión:Dis, 135-249

[14] Cfr. Olives:2006, 135 y 178

[15] Cfr. Olives:LD, 5

[16] Cfr. Olives:LD, 26

[17] Cfr. Olives:LD, 23

[18] Olives:LD, 26

[19] Cfr. Olives:LD, 26

[20] Cfr. Olives:2006, 415

[21] Cfr. Olives:2006-II, 60

[22] Cfr. Olives:2006, 415

[23] Cfr. Olives:2006, 415

[24] Cfr. Olives:2006-II, 60

[25] Cfr. Olives:2006-II, 120

[26] Cfr. Olives:2006-II, 60 y 121

[27] Cfr. Olives:2006-II, 120

[28] Cfr. Olives:2006-II, 121

[29] Cfr. Olives:2006, 416

[30] Platón:Rep, 515d-515e

[31] Cfr. Olives:2006, 195

[32] Cfr. Olives:2006, 432

[33] Cfr. Olives:2006, 196

[34] Sin embargo resulta muy interesante la puntualización que realiza el propio Olives al respecto: “En el «camino hacia la luz» uno cuenta con la ayuda de todos los que lo han recorrido antes (en distintos grados y niveles): maestros, escrituras, escuelas, enseñanzas, revelaciones…  Pero cada uno es quien debe realizar directamente el camino de conocerse a sí mismo, porque la luz principal y la guía máxima que podemos encontrar yace en cada uno de nosotros” (Olives:LD, 8)

[35] Olives:2006, 196

[36] Olives:2006-II, 123

[37] Olives:2006, 194

[38] Cfr. Platón:Rep, 514a – 518c

[39] Cfr. Olives:2006, 202

Comentarios a La Ciudad Cautiva, cap.VII: La llave y el cetro.

Incluyo a continuación los comentarios de los alumnos de Master (UIC): Ciudad, persona y civilización, en base a la lectura de La Ciudad Cautiva, con las correspondientes respuestas y ampliaciones.

Gemma Alsina.: En este capítulo se nos muestra como la sociedad ha ido degenerando (…)a partir de  la finalización (…) de la cristiandad: se produce un rechazo a la autoridad espiritual dejando de existir la autoridad políticamente reconocida.  La idea de autoridad está ausente en la sociedad y la política actual. Algunos intelectuales del S.XX, entre ellos Arendt (…) tratan la autoridad  como un importante tema de reflexión política entendiendo que la religión es indisociable de la autoridad. (…) La autoridad es una relación de la mente humana con el conocimiento realLa negación de la autoridad es crucial en este cambio que genera el mundo moderno: el plano político institucional (organización) y la mentalidad humana. La mezcla de lo espiritual con lo temporal, la usurpación de las funciones (…), acarrea situaciones políticas de gran peligrosidad.

Las teorías políticas modernas se caracterizan por no reconocer más que el poder, <cuando> la autoridad es necesaria para el buen gobierno.

Entenderla (…) implica reconocer la importancia política y comunitaria de la dimensión interior del hombre, de su naturaleza espiritual. El compromiso con la verdad y la guía hacia la felicidad humana son pues las principales funciones de la autoridad. La pérdida de autoridad ha comportado un anormal desarrollo en los medios de poder generados por la sociedad moderna (informática, militar, científica, etc.): todo ello sin autoridad se halla fuera de control. Para un buen gobierno es indispensable una articulación entre autoridad y poder. Por tanto, la crisis (…) política es a la vez una crisis intrínseca del hombre; este no sabe a qué atenerse, no sabe <distinguir> lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto, no sabe adónde va…

Me ha llamado la atención en este capítulo VII de La Ciudad Cautiva la descripción y el plano de la caverna platónica desde el punto de vista del simbolismo cosmológico. Una vez más, aparece el símil del mandala, <en ese caso> tridimensional, arquetipo de una matriz materna: la caverna figura en los mitos d origen, de renacimiento y de iniciación de numerosos pueblos.

Me interesa principalmente el tema del poder/ autoridad dentro de las organizaciones. La organización es compleja debido a que en ella hay muchas personas, que hacen muchas cosas, que manejan muchos recursos, etc. Lo importante de las organización es la diferenciación existente entre lo que es organización formal de lo que es organización informal. La parte formal podríamos decir que es la parte “visible” de la organización aquella que está perfectamente configurada mediante, organigramas, reglamentos, etc. Mientras que en la parte informal es donde aparecen los valores personales, las buenas intenciones, los comportamientos espontáneos… las organizaciones son comparables con el gobierno de la Ciudad.

MªJosé Díez Chueca.: Este capítulo muestra muy bien la relación entre las dos funciones básicas de la política: la autoridad y el  poder. La autoridad depende de la amplitud de conocimiento y es la condición para la acción buena. La autoridad no exige obediencia, no ejerce el mando, simplemente aconseja al poder temporal, simplemente va guiando al poder porque conoce la naturaleza humana y las condiciones de su felicidad. Me ha parecido muy acertado el paralelismo entre autoridad (simbolizada por la llave) y poder (simbolizado por el cetro) y las dos facultades anímicas: intelecto y razón. El intelecto es la función de la autoridad y la razón está ligada al poder. La razón es necesaria para la acción pero está ciega ante las necesidades espirituales. El buen gobierno depende de la sumisión del poder temporal a la autoridad espiritual y de la fluidez y armonía entre ambos. El poder ha de estar sometido a la autoridad igual que la razón se ha de someter al entendimiento, manteniendo siempre cierta autonomía. Es motivo de reflexión cómo la autoridad va guiando al poder porque conoce la naturaleza humana y las condiciones para su felicidad. Es contrario a lo que podría pensar el pueblo llano, el vulgo, que la autoridad es quien dicta las órdenes. Los sabios, los sacerdotes, el clero, ejercen  una función de orientación en la política porque tienen las claves espirituales de la felicidad y transmiten los conocimientos del alma humana. Entender la idea de autoridad implica reconocer la dimensión interior del hombre. Para recuperar la autoridad hay que recuperar la dimensión religiosa del hombre y el interés por el conocimiento y la filosofía.

Me parece muy interesante el matiz que se hace sobre el poder, ya que al comentar las teorías del liberalismo se entiende como poder negativo, coercitivo. Pero el poder también tiene algo positivo, un aspecto esencial sin el que las comunidad humana no podría existir: “Este poder emana directamente de la comprensión de las cosas, del mundo, de  uno mismo y de los demás, y se manifiesta con ganas de compartir lo que se ha comprendido, la bondad y el beneficio que reporta el conocer la verdad, así como el afán de ayudar al prójimo haciéndolo partícipe. Sin la experiencia de este poder el hombre no puede ser feliz. [….] Se trata del poder de la gracia, que no exige, no pide nada a cambio pero moviliza y arrastra por su bondad y por el goce que genera y transmite” (LCC, cap.VII).

Sergi Font: He volgut fer una analogia en la creació del so a través del cos per aconseguir la veu i els conceptes d’autoritat i poder. L’autoritat són els pulmons. Ells són els encarregats de portar l’aire, l’energia i de graduar-ne la intensitat. Sense pulmons no hi ha veu. El poder és el coll. El coll a través de la tensió dels plecs vocàlics. A vegades volem crear el so amb el coll. Creiem que forçant més la veu i el coll podrem tenir el mateix so, però no és així. Falta l’energia que ve dels pulmons.

Gemma Alsina.:

Indagant en el llibre de La Ciutat Captiva el pensament polític clàssic-tradicional, he anat descobrint al llarg de la lectura una ciutat que, més enllà d’un espai construït també remet a l’estructura de la ment humana, la convivència i la organització comunitària, on és precisament la política, on apareix com una nova forma de pensar la societat, el cosmos i també nosaltres mateixos. Es dona, llavors, un sentit a la civilització i la cultura, recuperant el pensament arcaic, l’humanisme d’Occident i les filosofies de la cultura oriental, on l’urbanisme i la ciutat es desenvolupen des de l’època remota.

L’ànima s’ha comparat moltes vegades a una ciutat-paradís, que es perd i es recupera. La ciutat ha estat considerada en els seus orígens una imatge de l’home i del cosmos. Els pobles antics, els mayas, els asteques, els egipcis, els sumeris, els xinesos, els hindús, els grecs, els romans  van establir els seus assentaments mitjançant rituals màgics religiosos, que convertien les noves urbs en ciutats sagrades, que connectaven l’humà amb el diví.

Les imatges en el llibre de La Ciutat Captiva són una constant: ens ensenyen a pensar, a actualitzar la memòria  i la manera de filosofar mitjançant la geometria, on les idees  de Plató i Pitàgores cobren protagonisme ajudant d’una manera pràctica a deixar enrere tot allò que ens fa presoners a la “ciutat captiva”.

La ciutat captiva pels ciutadans pot ser una presó o bé un alliberament i un desenvolupament creatiu de l’ésser humà. De nosaltres depèn que la ciutadania pugui ser alliberada i recobri novament la justícia com era abans a la ciutat que encarnava l’ordre, la raó i el ser. Ajudant a recuperar antics conceptes com col·laboració, ajuda i servei als altres, responsabilitat, compromís personal… podrem alliberar-nos de les opressions. La ciutat, o polis, seria una empresa alliberadora de l’home.

A mesura que ens hem anat endinsant al llarg del temps i conseqüentment de la història, hem pogut constatar com les ciutats han crescut d’una forma caòtica sofrint una desvinculació del pensament clàssic-tradicional, canviant, fins i tot, l’essència  de moltes paraules, que han anat perdent el seu significat original.

La ciutat és una manera de pensar el territori, de pensar la comunitat política, la polis, i també de pensar l’ànima humana.

Sergi Font i Domènech.:

“El primer lloc de transformació és a la nostra ànima”(LCC, cap.VII) Ho relaciono molt amb les acampades que hi ha hagut aquests dies i amb la sentència de Sòcrates: que per canviar el món els primers que hem de canviar hem de ser nosaltres. Hem perdut la voluntat de conèixer-nos interiorment; ho volem solucionar amb un coneixement exterior (la imatge)…Recuperar la dimensió religiosa dels homes, o almenys l’interès per a la filosofia.

A la nostra societat sembla que l’autoritat la posem en els mitjans de comunicació com encarregats de “vigilar” al poder? L’autoritat en el nostre Estat la donem al rei? Però no està “fundada” aquesta autoritat? és ell qui hauria de fer de Samuel?

J.O.P.: Els mitjans de comunicació en realitat funcionen com a “quart poder de l’Estat”, més que com autoritat. Estan en relació directa amb els tres poders. Sobre tot amb l’executiu i el legislatiu, que sense ells no poden expressar-se ni exercir la seva influència. Els mitjans son part del poder polític estatal de les nacions contemporànies.

L’autoritat, al no estar institucionalment reconeguda (a part de la que és inherent al parlament i a la judicatura), funciona de manera difosa: apareix en tots aquells moments en que una espurna de saviesa i sentit comú penetra a les ments dels dirigents i torna bones les seves accions polítiques. Qui encarna avui aquesta autoritat? Com sempre, és la tradició i els seus portaveus, però això es produeix de manera “socialment inconscient”, en la vida privada dels individus: a casa, a la societat civil,no en l’escena política oficial, sempre entre bastidors… Funciona, però només per via “underground”. Externament segueixen predicant els portaveus religiosos, els científics, els pensadors, etc.´però cap d’aquests col·lectius és reconegut per l’Estat modern com una autoritat que estigui per sobre de les seves decisions i les seves polítiques. Encara que formalment democràtic, segueix sent un estat absolutista, heredat dels monarqes rebels…

És veritat que la monarquia moderna, o constitucional, conserva algom de l’antiga funció d’autoritat. La prova és que en alguns casos la seva intervenció autoritzada és decisiva: com ho va ser a Espanya davant l’intent de pronunciament militar del 22F… però d’aquí a pensar que un reietó dels moderns pugui tenir l’autoritat espiritual d’un profeta, i que el poble i els dirigents obeeixin les seves inspiracions sense problema, hi ha una llarga distància!

S.F.D.: En la línia de recuperar el coneixement per la nostra dimensió religiosa… hi ha la dimensió interna dels homes, la de l’ànima. També es pot relacionar amb la dimensió energètica dels homes. Una dimensió que no l’estem treballant.

J.O.P.: Efectivament, recuperar l’interès per la vida interior, pel cultiu de la virtut i el desenvolupament de la consciència, significa a la vegada elevar el nostre nivell energètic. No és debades que hem elegit com a títol del blog on estem escrivint “Art de l’Energia”, traduint el terme xinès txikung (chi-kung, o qi-gong).

Evaristo Aguado Raigón.:

A lo largo de estos meses, en algunas ocasiones me he referido a mi gusto por leer autores centroeuropeos del periodo de entreguerras. Ellos recogen por una parte la nostalgia y la inseguridad que sienten por la caída del Imperio Austrohúngaro que acababa con la herencia del Sacro Imperio y donde se habían mezclado culturas, razas y religiones distintas y única a la vez; de otra sienten miedo ante lo que se avecina o ya ha llegado.

Efectivamente, la revolución bolchevique ya había triunfado e incluso Stalin había alcanzado el poder  y el fascismo había llegado al poder en Italia y Alemania. Todos estos autores, muchas veces llenos de amargura, reflejan la sociedad de su época y recogen la forma de pensar y de actuar de Stalin y Hitler primordialmente. Tanto uno como otro siempre hablan de “desafío del poder”,   “la preparación para la lucha por el poder”,  de “la lucha por el poder”, “a las puertas del poder”,  “la conquista del poder”. Yo no había reflexionado en estas frases que los tiranos totalitarios repiten. No había caído en que hablan siempre de poder y nunca de autoridad.

En nuestra Ciudad Cautiva he encontrado la respuesta a mi falta de reflexión. Ellos no ejercieron nunca la autoridad, ostentaron el poder. Jamás tuvieron autoridad porque ejercieron la violencia, jamás ejercieron la verdadera política porque no buscaron el bien común. No utilizaron la fuerza de la verdad. Desplegaron un poder pervertido moralmente. Utilizaron las mejores virtudes de los ciudadanos – fidelidad, obediencia, honorabilidad, honradez,  valentía- para alcanzar su objetivo: el poder sin autoridad. No les interesaban las personas. Se valieron de un principio que sigue imperando en nuestra sociedad “quien manda tiene razón”.

En estos momentos, estoy cansado de los que dicen ejercer la política. Me ha reconfortado el principio de la política, la razón de ser de la misma que se establece en el aparatado “Samuel o la autoridad espiritual” Este principio es la felicidad del hombre. ¡Cuánto ganaríamos si  la autoridad espiritual ayudara a cada uno a encontrar la felicidad conociéndose a sí mismo!

Llevo unos años que, entre otras actividades, realizo coaching con numerosos directivos de empresa. Mi labor es fundamentalmente socrática, hacerles preguntas que les ayude a una mejor comprensión de sí mismo. En muchas ocasiones cuentan complejos problemas y cuando les dices pero tú ¿en qué fundamentas tu vida? … si de verdad sienten el ansía de autoconocerse, surge la apertura del corazón, que los lleva, quizá primero al dolor, pero después a la paz, al bienestar, a la felicidad.

Joan Bahr .: Tal vez ingenuamente he entendido que la separación entre autoridad y poder, tiene su explicación, en el modo más práctico de separar en el hombre, su conexión mundana, de su conexión divina. El dirigente, para ejercer, no debería enajenarse del mundo y de sus comportamientos mundanos. Y no debería hacerlo para estar cerca de su pueblo, comprenderlo, amarlo y ser amado por él. Nuestro monarca, verbigracia, es muy dado a este tipo de comportamientos y querido por su pueblo en general. Al otro lado, la autoridad, si está muy entreverada con el mundo del que tiene que distanciarse para velar por él, carecerá de la claridad que requiere para asesorar providencialmente. He aprendido en este capítulo la sensatez de esta separación para preservar un buen gobierno. Mientras el dirigente, está muy vinculado al mundo por la relación de poder con él, la autoridad se autosatisface en su sabiduría y no precisa de reconocimiento expreso. Luego, mientras el dirigente es corruptible, la autoridad no lo es, por este motivo, la acertada eficiencia de este binomio ancestral en la forma de gobierno.

Catherine Lecuyer.:

¡Qué interesante es meditar sobre la diferencia entre autoridad y poder! Tiene muchas implicaciones en la vida de la política, de la empresa, de la familia y de la persona misma. La crisis de confianza actual a todos estos niveles (incluso a nivel de la propia persona), ¿no es consecuencia de la crisis de la autoridad que es síntoma de haber dejado de “conocer la naturaleza y las leyes que afectan una cosa o un proceso (…), de tener “sintonía con la naturaleza de las cosas, en último término, con la verdad”?

La perdida de la autoridad, conduce a la perdida de la fe humana en quién nos deberían guiar a lo largo de nuestro viaje vital (los padres, los educadores, los jefes, los políticos, etc.). Cuando ocurre la perdida de la fe humana en la autoridad, caemos en un estado de cinismo generalizado.  Todo vale, todo depende, todo es relativo.  Entonces los que mandan pasan al plano del poder y pondrán orden a través de castigos y imposiciones, los cuales acaban generando anticuerpos que tienen el efecto opuesto al deseado.  O bien implementan “incentivos”, que suelen ser insostenibles porque son recompensas que generan comportamientos condicionados, no libres, y crean dependencia hacia las personas, las instituciones o los gobiernos que los promueven.

Si estuviese en la próxima charla, me gustaría sacar el tema de la separación de los poderes temporal y espiritual, y relacionarlo con el tema de la autoridad y del poder.  ¿Es correcto atribuir la autoridad al ámbito espiritual y el poder al ámbito temporal?   No tengo claro si es así, creo que en ambos ámbitos, hay situaciones para ejercer la autoridad y otras para ejercer el poder.  El matiz es que el poder de cada cual no debe nunca exceder su jurisdicción.

J.O.P: correcto! Muy bien explicado. En realidad los dos llamados “poderes”, son la autoridad y el poder. Hablando con propiedad estas son las dos funciones arquetípicas de todo gobierno (coordinación, liderazgo, dirección, etc). Tomamos la autoridad y el poder en el plano empírico de sus manifestaciones concretas, instituídas -por ejemplo el episcopado, el papado, laclerecía cristiana, por  una parte, y los príncipes, magistrados, ediles, próceres de las ciudades reinos y dominios de esa misma cristiandad- entonces veremos que dentro de estos dos tipos de actores concretos, se reflejan también los dos arquetipos principales. De tal modo, que resulta siempre que en el plano material observamos inevitablemente cierta mezcla. Ahora bien: toda la calidad, la eficiencia y la durabilidad de la acción y las obras políticas, depende de este margen de fluctuación entre la función de autoridad y la función de poder. Cuanto más nítidamente discriminadas y diferenciadas están ambas funciones, más fácil resulta su armónica combinación, y más sólido y duradero es el ámbito de civilización (el reino, el imperio, la nación, la organización) que de ellas depende. Juega aquí un principio alquímico, también actuante dentro del matrimonio: cuanto mejor distinguidos y discriminados están los dos polos interactuantes, más energética, vitalizante y luminosa es la chispa (el vínculo) que se genera entre ellos, mejor se combina su interacción creativa.

La reflexión especulativa sobre estos temas tan importantes, actuales y profundos se realiza a la vez en los distintos niveles de la ciudad: la organización sociopolítica, el teatro del mundo, y la economía particular de la persona (microcosmos) que sólo puedo comprender partiendo de mi mismo. Es importante recordarlo, como venimos haciéndolo durante todo el curso, para no limitar el planteamiento a un sólo plano (por ejemplo: el Papado y el Imperio en los tiempos de la cristiandad), porque entonces la verdadera comprensión resulta casi imposible. De un modo particular, en Occidente, la manera dramática como las dos funciones se han confundido y solapado exageradamente en las mismas personas o agentes, dificulta enormemente la visión de los arquetipos en la trama argumental de nuestra historia. En Egipto, en la India, en la China… civilizaciones muchas veces milenarias, la lectura de la trama argumental es mucho más fácil.

Joan Rabal Bosch.: Después de varios meses sumergido en la lectura de La Ciudad cautiva, llegamos al final del libro y del recorrido a través de la historia del pensamiento político. El viaje me ha resultado muy interesante. Me ha servido mucho desde el punto de vista personal para conocer más acerca del pensamiento análógico y para entender que cada uno de nosotros somos una pequeña ciudad que necesita de un correcto gobierno para conseguir el fin último que es la felicidad. A través de los diferentes autores que van apareciendo a lo largo del libro vemos como con el fin de la cristiandad como sistema de organización social Occidente entra en una época de crisis, que degenera en las monarquías absolutistas primero, en las posteriores revoluciones y en los imperialismos del siglo XIX, el nazismo y el comunismo, etc.

Parte del porqué Occidente entra en esta dinámica de crisis y conflicto constante se explica en este último capítulo, cuyo tema es la diferencia entre la autoridad, fundamental para el correcto funcionamiento de cualquier sociedad, y el poder. Este último, que hoy en día se encuentra aislado de la autoridad, es el que genera las tiranías dejando de lado el buen gobierno y el bien común, que debe ser el fin de cualquier sociedad. Pese a este destierro de la autoridad, esta se encuentra de forma más o menos consciente en las pequeñas polis que somos cada uno de nosotros. Nuestro trabajo ahora debe ser, a través de la tradición y mediante la meditación y la profunda reflexión potenciar nuestras virtudes para mejorar nosotros mismos y ayudar a mejorar a los que nos rodean.

Beatriz Lucaya.: El cuento del vestido del emperador ilustra de una manera fácil el tema de la autoridad y su relación con el poder y el como se llega a manipular a las masas. (…) Sobre el tema de que la autoridad no es poder, he reflexionado (…) como profesora: me gano la autoridad y de paso puedo ejercer poder con mis alumnos en mis clases bien dadas y en el ejemplo que les pueda dar. Sólo si ejerzo esa autoridad bien usada puedo ganarme el poder con ellos. Pues si yo me comprometo con la verdad, podré guiar a mis alumnos en hacerles crecer individualmente y formaré a esos futuros dirigentes de esa ciudad que espero que no sea “cautiva” más bien que les de paz.

J.O.P.: Claro, la auténtica política es la que tiene el centro y el origen en el corazón humano: en el de cada uno de nosotros cuando tenemos abierto el “canal de luz” que nos conecta con las luces superiores que fluyen  como lluvia de gracia desde más allá de la “caverna”.

La idea de que este nuevo tipo de Estado, el moderno, surge como forma de rechazo a la autoridad espiritual, nos muestra lo limitado que se queda el hombre  no pudiendo dar un sentido más profundo al verdadero concepto de Estado, lo deja desnudo , como al emperador con su traje nuevo.

J.O.P.: Éste tema, Beatriz, es hoy difícil…sobre todo porque a la mayoría que opina sobre política le falta información para poderlo comprender, y la minoría cultivada (principalmente los especialistas) no quiere ni plantearlo: es una bomba que hace estallar el Estado desde sus fundamentos. La cuestión  más importante, que vosotros sí podéis empezar a captar, es que, previamente a la instauración revolucionaria del Estado moderno, no existe un sólo estado, sinó varios: son los célebres estamentos, correspondientes a las (tres o cuatro) funciones básicas que hemos venido estudiando en nuestra incursión al pensamiento clásico-tradicional y laidea de la “ciudad sagrada” que conlleva.

En efecto, los antiguos estamentos  son en realidad distintos estados (y así se los llama frecuentemente), con leyes distintas y formas de organización distinta, derechos y deberes distintos, etc. Una civilización tradicional (o una ciudad antigua, pueblo tribal, sociedad arcaica o primitiva) es en realidad una forma de articulación inteligente y estable entre los distintos estados. Eso fue en Europa la cristiandad. La rebelión monarquista desfigura el modelo y lo corrompe. La revolución lo destruye e intenta implantar por doquier el Estado único, homogeneizador, autoritario aunque formalmente se quiera demócrata, preñado de luchas internas y externas, ávido de explotación y crecimiento sin límites. Este Estado único se construyó por abolición de los tres restantes, tomando como base el Tercer Estado.

B.L.: ¿Cómo es posible que surja algo bueno de un inicio que ya empieza ausente de lo verdaderamente importante?¿Cómo van los políticos modernos a ejercer la autoridad si la han perdido y ellos mismos han rechazado a la autoridad espiritual?

E n la página 392 de LCC he releído y meditado varias veces el ultimo párrafo “…el paradigma científico del racionalismo liberal comporta el olvido del pensamiento analógico. Entonces cae en la literalidad y se somete a la dictadura de las apariencias…” Es en este momento en que todo depende de cómo uno lo lea y es cuando caemos en el relativismo y subjetivismo que hoy nos tiene cautivos, no vemos más allá de lo literal ya que falta lo espiritual que es la única fuerza de la Verdad.

Francamente acabar su libro me ha dejado dos sensaciones: por un lado, la sensación de haber hecho un largo recorrido a través del tiempo de los verdaderos fundamentos del buen gobierno y por otro lado me he quedado con ganas de seguir. Muchas gracias por haber tenido la oportunidad de aprender , aunque sólo sea un poco , de su gran profundidad en el conocimiento y en el intentar comprender los símbolos y signos de nuestros tiempos.

J.O.P.: Todo este trabajo, para los que tan bien habéis sabido corresponder, no ha sido más que un inicio. Hay que seguir en esta línea (meditación y estudio) partiendo de las enseñanzas del pensamiento clásico-tradicional, que iréis reconociendo por doquier en forma de símbolos, mitos y ritos. El camino está trazado, la baraja en este juego está trucada, el éxito es seguro!!!

Daniel Huchet.: Gracias a la lectura atenta de este capítulo he podido comprender la necesidad de un gobierno que siga el sabio consejo de la autoridad espiritual y que ésta encuentra su fundamento en la historia, en la institución y en la religiosidad. Que la razón de nada sirve si no conecta con el corazón místico de la religiosidad que es la doctrina del Amor, de lo Bello y de lo Bueno.

Quisiera aclarar tantas cosas… Suerte que tenga toda la vida por delante para poder descifrar la simbología del mundo gracias a las nuevas lentes que me he ido confeccionando a lo largo de la asignatura. Lentes de una óptica tan clarificadora que me inducen no sólo a ver allende lo concreto sino que con arreglo a su nitidez consiguen dar luz y forma al movimiento solidario, a la acción que se desencadena por la conexión con el intelecto, por el resorte del corazón.

Todo está en nosotros, el principio y el fin:

“¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!

Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba.”

(San Agustín de Hipona).

El cambio empieza por uno mismo. Todo empieza por uno mismo.

José María Xipell Font.: -Me gustaría hacer una breve consideración –sintética y resumida- sobre el último capítulo, debido a la intención a dar mayor espacio a la meditación del símbolo, y que me parece que es la clave del problema de nuestra ciudad cautiva contemporánea: el problema de la autoridad y todas sus implicaciones, ligadas estrechamente a la Verdad.

La falta de autoridad en base a la verdad ,y pervertida por el ansia de poder de nuestros mandatarios –y por la pasividad y falta de compromiso de nosotros, los ciudadanos- nos ha llevado a ser esclavos de un sistema que se alimenta en su maldad: no sólo no reconocemos una autoridad, si no que no podemos encontrar una ciudad segura y abierta, como la polis celestial de las doce puertas; ya no brilla el fuego en el altar del centro de la ciudad, sino que brilla el interés egoísta de cada individuo; ya no existe el pacto, ni la verdadera solidaridad, ni la dialéctica, sólo el insulto y el desprecio para pasar por encima de nuestros semejantes…nos hemos convertido en una ciudad ególatra, sin proyectos en común y sin un poder que se base en la verdad. Sólo importa uno mismo.

¿Cómo puede la ciudad volver a ser libre? La solución, desde mi punto de vista, pasa por recuperar la verdadera autoridad: no es suficiente una transformación del sector poderoso y dirigente al modo revolucionario, si no que los que debemos cambiar somos los ciudadanos: volver a la solidaridad y al amor, construir un proyecto de ciudad en común para experimentar un proceso de conversión interior, y poder reestructurar la polis, teniendo en cuenta qué queremos y a quién elegimos para comenzar la reconstrucción. Y lo más importante: no nos demos por vencidos, cambiemos a quienes tenemos cerca, influyendo en cada vida y en cada persona, que es como verdaderamente se cambia la Historia.

MªJesús Castel.:   Como ya comenté en el pasado ejercicio, cada vez he ido entendiendo mejor la obra en la que hemos estado trabajando y honestamente he de decir que la lectura de los dos últimos capítulos, capítulo VI (La ciudad utópica) y éste último, me han dado una visión global de todos los contenidos que hemos ido tratando a lo largo del curso. Me ha parecido muy interesante toda la explicación de la relación entre las dos funciones básicas de la política, la autoridad y poder, así como el paralelismo con  las dos facultades anímicas, el intelecto y la razón y los símbolos que las representan, la llave y el cetro. Resulta curioso que la sociedad política del liberalismo rechace por completo la autoridad espiritual pero que sin embargo la sociedad real siga considerado la vida humana inconcebible sin esta autoridad (…). Si la  sociedad de a pie sigue creyendo en la autoridad, sigue ésta en cierta medida influyendo en la vida política y, por tanto, en el Estado. ¿Sigue siendo así en la sociedad del siglo XXI?

Para dar respuesta a la pregunta formulada debemos tener en consideración que el buen gobierno depende de la sumisión del poder temporal a la autoridad espiritual y de la fluidez y armonía entre ambos. Además, tal como se considera en el pensamiento clásico-tradicional, la autoridad es necesaria para que la pequeña ciudad que es la persona sea feliz. Actualmente el poder no está sometido a la autoridad y por lo tanto no tenemos un buen gobierno. Sin embargo, hay personas que se pueden considerar felices por lo tanto sigue habiendo gentes que creemos en la autoridad espiritual y con el tiempo creo que se conseguirá influir en la vida social y política y en el poder.

La Ciudad Cautiva acaba con un párrafo <de Hannah Arendt> que merece un tiempo para reflexionar: “Estamos en peligro de olvidar […] vamos a quedar privados de una dimensión: la dimensión de la profundidad en la existencia humana. Porque recuerdo y profundidad son lo mismo, o mejor dicho: no puede el hombre profundizar sino a través del recuerdo”. Estoy totalmente de acuerdo con esta afirmación, la sociedad actual tiende a rechazar todo lo pasado y a olvidar las tradiciones para ensalzar todo lo nuevo y futuro. Creo que se ha de conseguir un equilibrio: los avances y el bienestar de nuestra sociedad actual se han de valorar pero sin olvidar todo lo que fue.

Respecto al término “tradición”, me ha parecido muy interesante la definción que se hace. Así, si se entiende la tradición como la transmisión de los medios de conocimiento, es inevitable ligar los conceptos autoridad (espiritual), tradición y religión, llegando así a la idea fundacional y la creación de la comunidad humana.

La lectura del libro junto con las extensas explicaciones recibidas en clase y los elaborados comentarios de los compañeros en éste blog me han hecho reflexionar, mostrar interés por el pensamiento clásico-tradicional y cuestionarme aspectos de la sociedad actual que de otro modo quizás no hubieran llamado mi atención. Por todo ello, gracias a todos.

…quiero ampliar a explicación del mito de la Caverna, y las diferencias o similitudes entre las dos formas de representación, la rectangular y la esférica, que se exponen en La ciudad Cautiva; <así mismo>, la relación de los conceptos autoridad, tradición y religión.

Tatiana Cucurull.:

“La función de autoridad en sí misma no ejerce mando alguno, ni violencia, ni tan siquiera tiene que comprometerse con la ganas de influir en la política” (LCC, cap.VII)

La autoridad no debe ser coercitiva sino que, en realidad, la idea de autoridad debería llevarnos a la idea de verdad. La autoridad debe ser objetiva y nunca lleva consigo exigir obediencia pues pasaría a ejercer la función de poder. El hombre, como sujeto libre, puede asentir o rechazar la verdad que conlleva la autoridad: en su mano está someterse o no –concepto que en nuestra sociedad contiene una concepción peyorativa- a la figura de un mandatario que considera verdadero-bueno, a quien queda vinculado en cuanto su deseo de ser un ciudadano feliz.

“La autoridad espiritual propiamente dicha es precisamente aquella función de conocimiento, o mejor, de autoconocimiento, que guía al hombre hacia la comprensión de sí mismo y, por tanto, a la felicidad” (LCC, cap.VII)

Todo hombre tiene la necesidad innata de conocerse a sí mismo. A través del autoconocimiento y de la propia contemplación, que es lo más importante y esencial, podemos acceder a todas las cosas, desde lo más terreno hasta Dios mismo, y encontrar en cada cosa la verdad, en cuya atracción natural se encuentra la verdadera autoridad.

“Un gobierno será legítimo en la medida en que el poder se halle en sintonía con la autoridad” (LCC, cap.VII)

Gobierno y autoridad deberían ir siempre de la mano. El gobierno debe conseguir el bien común de la comunidad -conocer la naturaleza humana y las condiciones de su felicidad-. La autoridad debería ser el ejercicio del poder reconocido y entregado por los propios ciudadanos, algo que dista mucho de ser real en nuestro tiempo, con el ejercicio de una democracia pasiva y deformada: es la única que puede ayudar al gobierno y al ciudadano a lograr su sintonía.

Pablo Díaz Hevia.: He aprendido en este capítulo, así como en todo el libro, la noción verdadera de política. Hoy en día la sociedad vive en la mentira y no en la verdad. La verdadera política consiste en poder gobernarse con eficacia, consiguiendo paz, desarrollando la dimensión espiritual y reconociéndola como clave en el proceso de gobierno interior, en dos palabras, teniendo vida interior. He visto como hoy en día la mentira vive en las personas al obviar totalmente esta dimensión espiritual y por consiguiente vivir en el desgobierno. Sin esa dimensión espiritual la verdadera política es imposible.

He visto también todas las analogías genialmente explicadas entre autoridad y poder. He comprendido como los que hoy se llaman la clase política tienen como fin el poder y no la autoridad. La verdadera autoridad empieza en uno mismo con un gobierno eficaz, luego está la autoridad familiar, luego la espiritual y así progresivamente. El poder ha de estar encuadrado en la autoridad y esta tiene la verdadera fuerza, la de la verdad. La autoridad guía al poder y si no hay una relación clara entre ellos hay corrupción y decadencia. He comprendido como el poder sin autoridad está fuera de control y en el mundo de hoy en día necesitamos recordar para no volver a cometer errores.

El hombre busca casi por instinto la felicidad, y esta sólo se puede conseguir con autoridad espiritual sobre uno mismo. El hombre para ser feliz ha de mirar para adentro, ha de seguir la autoridad espiritual, ha de recuperar la doctrina del amor, del beneficio, de lo más bonito que sale del corazón.