LAS HUMANIDADES VI: El simbolismo metafísico de las Tres Gracias

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(Añadimos un capítulo más de los que Joaquín Muñoz Traver va colgando en su citado blog, fruto de la investigación por él realizada sobre el método de las humanidades tal como yo lo he aplicado al mundo académico de hoy)

Una vez clarificado –en el anterior capítulo- el vínculo existente entre aprendizaje y docencia en el ámbito de las humanidades, podemos enriquecer esta visión con las aportaciones propias de la teoría de las Tres Gracias al respecto.

Comenzaremos nuestra aproximación al tema simbólico de las Tres Gracias, al que se han referido muchos pensadores y artistas destacados (siendo la principal vía utilizada por el pensamiento clásico para transmitir la teoría sobre la liberalidad o los beneficios, sobre el arte de dar, recibir y devolver[1]) con una introducción general al mismo para, posteriormente, y pese a su riqueza simbólica y a la multitud de lecturas y enseñanzas que de ella se pueden obtener, ceñir nuestra aproximación a su valor arquetípico en el terreno del aprendizaje y la enseñanza, en el campo de la pedagogía humanística.

Dada la importancia que otorga Olives a los soportes imaginales para facilitar la meditación hermenéutico simbólica, así como atendiendo a la profusión de imágenes que  sobre este tema encontramos en La ciudad cautiva[2], incluyo la interpretación que de las mismas realizó  Botticelli, pintor-filósofo platonizante, perteneciente a la Academia florentina de Marsilio Ficino, cuya obra “cargada de conocimiento, vehicula un potencial iluminativo de gran calado, hecha como está para la contemplación meditativa, que no niega el valor estético, antes lo culmina”[3].

Botticelli nos muestra tres hermosas mujeres, con sedosos, vaporosos y transparentes vestidos, con sus manos entrelazadas en una circular y sensual danza mediante la cual parecen establecer un callado diálogo que las une.  Matices a un lado[4], se trata del modelo iconográfico clásico de las Cárites.

Al contemplar la imagen podemos preguntarnos, como hizo Séneca (en cuyos planteamientos bebe Olives para configurar, desarrollar y comunicar su teoría de los beneficios[5]) quiénes son estas mujeres y por qué son tres.

Nuestro autor, como es habitual en él, comienza introduciéndonos en el sentido etimológico y simbólico del término «gracia»: nos habla de la relación existente entre su raíz indoeuropea jr y las letras griegas XP del Crismón, de sus paralelismos sánscritos y de su vinculación con la idea de transmisión de influencias espirituales.  Por último, y en un sentido más común, lo asimila a la idea de goce, favor, don o beneficio[6].

Tras esta primera aproximación, se nos muestra con mayor claridad que el contenido «filosófico-humanístico» de esta iconografía tiene que ver con el hecho de que “hay gracia en dar, gracia en aceptar o recibir, y gracia en devolver”[7].  La desnudez (o semi-desnudez) de las Gracias expresa la naturalidad de los beneficios[8] que circulan según esta estructura ternaria, en la que cada uno de los elementos hace de mediador entre los otros dos, dando lugar a un dinamismo de intercambios mutuos que se simboliza pictóricamente con las manos entrelazadas y la feliz danza en que participan[9].  Un baile que nos remite no sólo a la alegría de regalar y ser regalado sino que, a través de su circularidad, nos comunica el retorno del don al donante.

Los nombres, atributos y posición de las Tres Gracias nos permiten dar un paso más en su correcta comprensión: a la izquierda, la sensual y provocativa Eufrósine-Voluptas (el Goce o el Placer); en el centro, la cariñosa, sencilla y prudente Talía-Amor-Castitas (el Amor altruista, iluminado o compasivo) y, a la derecha, la sofisticada, elegante y radiante Aglaia-Pulchritudo (la Belleza o Hermosura)…  La iniciadora o impulsora de todo el dinamismo[10].  Y, con esta última afirmación, retomamos el platónico mito de la caverna que nos está sirviendo de hilo de Ariadna para llegar al núcleo central de las humanidades entendidas como proyecto pedagógico, como imbricado nudo entre aprendizaje, desarrollo personal y docencia; entre recibir, disfrutar y dar.

Decíamos anteriormente que es la belleza (Pulchritudo) del nuevo mundo que se ha abierto ante sus ojos lo que, junto al recuerdo de su anterior y triste vida de sombras, mueve al cautivo liberado a descender de nuevo a la caverna para, llevado por la compasión (Castitas), tratar de conducir a sus antiguos compañeros, que siguen cautivos, a la nueva realidad que él ha descubierto, que ya está gozando (Voluptas) y cuyo disfrute se verá incrementado al ser compartido[11] (pues el colmo del placer se basa en una actitud de natural entrega altruista[12], de dar gratuitamente lo que como regalo se ha recibido).

Pero las Tres Gracias no sólo ilustran la naturaleza o razón de ser de este dinamismo, también nos aportan rastros –que sigue atentamente Séneca- sobre cómo debe desarrollarse esa danza de dar, recibir y devolver.  El sabio, docente o pedagogo que comunica su conocimiento a los demás, les está haciendo un regalo, un beneficio, se está donando, entregando a sí mismo en su acción[13].  Y esa entrega, nos recuerda Olives, debe regirse por la adecuación y proporción para que el beneficio pase de mano en mano hasta volver a su causante y no se pierda la reciprocidad (simbolizada por los dedos entrelazados y la forma circular de la danza) como sucedería si se rompiera algún eslabón de la cadena.

Nos recuerda además nuestro autor que, tanto en la versión iconográfica que de las Tres Gracias hace Rafael en su fresco, como en la que aparece en el ex-libris de Johannes Cuspinianus, “las tres doncellas aparecen involucradas en un juego de pelota”[14] que nos permite especular  sobre “las disfunciones de la economía del don, [que] son tanto la mezquindad como la prodigalidad.  Pues bien, observaremos que si la pelota cae al suelo es culpa de quien la da, de quien la recibe o bien de ambos: esto puede venir de tirarla demasiado fuerte, o con poco impulso, o bien de la misma naturaleza de la pelota (que sea demasiado grande o pequeña, demasiado pesada o ligera… etc.).  El comentario advierte que tiene que haber adecuación, o proporción, entre el donante, el receptor y lo dado.  Peca tanto quien se pasa en la medida como quien se queda corto”[15].

¿Cómo aplicar esta enseñanza a la educación?  Teniendo en cuenta, en primer lugar, que el objetivo de ésta es sacar afuera lo que uno tiene en su interior[16], dar a luz el conocimiento embrionario, motivar a uno para que inicie su particular travesía hacia el exterior de la caverna…  Para ello, nos recuerda esta iconografía, el sabio debe atender a las características y necesidades del oyente debe dosificar el conocimiento que le entrega atendiendo a sus capacidades, a su cultura y a su lenguaje, de modo que le resulte comprensible y útil para el desarrollo de su personalidad, cumpliendo así su función[17] desde el punto de vista de la hermenéutica simbólica clásico-tradicional.

Mediante una cita de la Hieroglyphica de Valeriano, nuestro autor nos ofrece unas claras directrices sobre cual debe ser el talante propio del benefactor y del beneficiado, del maestro y del discípulo: “No debiéramos seguir adelante sin indicar que una de las gracias está con el rostro vuelto y oculto para indicar que aquél que hace un regalo debe hacerlo sin ostentación.  La otra muestra su rostro abiertamente porque quien recibe un bien debe mostrarlo y declararlo públicamente; y la tercera gracia muestra un lado de su rostro y oculta el otro significando que al devolver los beneficios debiéramos ocultar la restitución, pero mostrar lo que nos ha sido dado”[18].  El maestro debe por tanto ser discreto y humilde, centrando la importancia y atención en aquello que transmite.  El discípulo, sin embargo, debe mostrar su agradecimiento dando a conocer la fuente por la que ha llegado a él el saber, alabando y haciendo públicas las virtudes de su benefactor.  Por último, el discípulo no debe guardar el conocimiento para sí sino que, en su recién alcanzada maestría, debe dejarlo fluir, compartirlo (humilde y discretamente) con los demás…  Incluso con su propio maestro, que también se verá beneficiado por esta reciprocidad.

La imagen de las Tres Gracias, con todas las especulaciones que puede suscitar y que aquí sólo hemos esbozado, muestra –en cierto modo- una correspondencia con las tres fases en que hemos estructurado el proceso pedagógico: Voluptas, el goce o placer del estudio, de recibir, de ser regalado o beneficiado; Pulchritudo, la belleza o hermosura de la meditación, de aceptar, disfrutar y hacer propio lo recibido; y Amor-Castitas, el amor altruista que conlleva el deseo de transmitir y compartir lo que se ha recibido, el deseo de transmitir y compartir la felicidad que se ha obtenido mediante el conocimiento transformador de uno mismo, mediante el arraigo en la propia naturaleza.


[1] Cfr. Olives:2006, 138

[2] En Olives:2006 se incluye, además de la imagen de las Tres Gracias de Botticelli (pág.143), las de un fresco de Pompeya (pág. 139), las de Rafael (pág. 141), las de Correggio (pág. 146), las del ex-libris de Johannes Cuspinianus (pág. 147), una versión popular en mosaico procedente del pavimento de una casa en la antigua colonia Julia Augusta Paterna Barcino, núcleo fundacional de Barcelona (pág. 148),  la fuente de las Tres Gracias en la Hypnerotomachia Poliphili de Francisco Colonna (pág. 151),  las del cuadro de Rubens (pág. 153) y las de la Hieroglyphica del humanista Pedro Valeriano (pág. 155).

[3] Olives:2006, 142

[4] En otras representaciones aparecen desnudas, o jugando con una pelota, o en posiciones algo distintas…

[5] Cfr. Olives:2006, 103

[6] Cfr. Olives:2006, 438

[7] Olives:2006, 144

[8] Cfr. Olives:2006, 149

[9] Cfr. Olives:2006, 144 y 155

[10] Cfr. Olives:2006, 142

[11] Cfr. Olives:2006, 120

[12] Cfr. Olives:2006, 141

[13] Cfr. Olives:2006,  118-120

[14] Olives:2006,  145

[15] Olives:2006,  145

[16] Cfr. Olives:Gaudí, 13

[17] Cfr. Olives:2006, 145

[18] Wind:1972,  41, citado en Olives:2006

Los Diez valores principales

El valor, lo que vale, lo bueno y útil, en realidad es Uno. Pero lo encarnamos a través de varios aspectos principales, que podemos llamar “valores” siguiendo la costumbre actual. Nos sirven para conectarnos. Todos son importantes: son aspectos esenciales de la unidad. Pero el orden en que son enumerados dice algo de la jerarquía operativa que existe entre ellos en nuestra didáctica.

 I.  Amor

Amor de verdad. Amor feliz, poderoso, inocentemente altruista, como existe en la verdadera amistad. No se trata del amor en sentido psicológico, siempre teñido de angustia y dolor, como el amor de los amantes, el amor romántico, los enamoramientos de  pareja. Éste es sin mácula de sufrimiento, puro goce, como la fusión compasiva o la “cáritas”,  el amor divino, la no-muerte (a-mor). Lo puedes sentir ahora mismo en el trasfondo de cualquier relación comunicativa satisfactoria…

 II.  Confianza

Confianza radical y fundamental en Dios, en la bondad de la vida, del cosmos y de Sí mismo. Ponga cada uno el nombre que más le guste al Ser que somos, siempre presente, siempre acompañante y providente. No hay fallo en el plan, aunque sea misterioso y muchas veces incomprensible. Eres un niño divino, elegido para el goce eterno antes de la creación del mundo…

III.  Abundancia

Riqueza y prosperidad sin otros límites que los que tú mismo eliges. Disfruta de lo que tienes y agradécelo. La riqueza es siempre compartida. Bien común. Gracia derramada, recibida-aceptada y devuelta. No interfieras con las programaciones de carencia heredadas de una educación incompleta. La riqueza es desprendimiento. Nunca falta nada. Nadamos en la abundancia…

IV.  Belleza

Expande el corazón reconocerla en las formas naturales, en los ritmos y armonías del cosmos, que empiezan en los latidos y pulsaciones del interior de nuestro cuerpo. Vivimos dentro de un diseño genial. Admiración y goce por la bondad y nobleza de los gestos y las gestas de nuestro prójimo cuando los hay. La verdadera belleza está más allá de todas las formas que la manifiestan.

  V.  Eros

Energía y gracia de la vida, de la atracción amorosa de los complementarios. La epidermis vibrante ante la presencia del otro que siento en mi mismo. El goce y la alegría de tener un cuerpo y fluir con el espíritu en cada momento. La sexualidad cósmica, globalizada, redimida de la culpa. La animalidad como un gran regalo.

VI.  Respiración

Rítmica, incesante, continuamente regalada. Tanto en los pulmones como en los talones y el resto del cuerpo…abdominal, visceral, cordial…todo respira! Dentro y fuera de nosotros. El chi cósmico, el praná que todo lo penetra e impregna, el espíritu de dios que “llena el universo”. La medicina primera y universal. Todo lo cura, todo lo mueve. Reconoce el hálito de vida en tus células, en tus vísceras, en tus miembros, en la naturaleza y los seres animados. Fluye con él.

VII.  Arraigo

Alianza con Dios. Pacto con la Presencia aquí y ahora. Compromiso con la Iluminación como estado de alerta. Abolición del tiempo. Identificación con el eje cósmico: el árbol de la vida, que conecta el cielo con la tierra, lo invisible con lo visible. Lo eterno no transcurre, ni se pierde en lo sucesivo: es lo único real. Siempre siendo. Matrimonio y fidelidad radical con el Ser.

VIII.  Comunión

Manducar con el corazón el cuerpo real de Cristo, más allá de todas las formas que lo simbolizan. Bebe también la “sangre”, elixir de inmortalidad, licor de vida que sacia perfectamente la sed. Comerse y beberse a Dios, es decir, el campo energético de belleza y bondad que sentimos mediante el sentido interno. Al comerlo-beberlo nos transformamos en lo comido-bebido, deificándonos. Compartimos inmediata y automáticamente este alimento básico con nuestro prójimo: así generamos la comunidad, la familia, la polis, la ekklesia.

IX.  Propósito

Hemos venido al mundo para algo. Hay un propósito de vida, que conviene descubrir. La vocación. Se corresponde con nuestros alento, conferidos por las hadas al nacer. Se manifiesta ad extra como nuestra función en la vida comunitaria. Es servicio, ya que no estamos separados. Es comunicación, transmisión, beneficio regalado, la fuente del entusiasmo.

 X.  Vida Nueva

Renacimiento: volver a nacer. Es la transformación en el ser superior y verdadero, el Sí Mismo, “el que hace nuevas todas las cosas”. Entrega el paquete de todo lo viejo, que ya no sirve. Entrégate, ríndete, que vas guiado desde atrás y desde arriba. No temas. Todo lo de antes no era más que una preparación. Eres el hijo unigénito del Padre, quien siempre te está guiando en el camino de retorno a casa.