Simbología dell Belén, o Pesebre, para celebrar la Pascua de Navidad renaciendo

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El nacimiento del Niño Jesús en la cueva de Belén, simbólicamente hablando, se refiere a un nacimiento que se produce en nosotros mismos. Pero “¿cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿Acaso puede entrar de nuevo en el seno de su madre y volver a nacer?” pregunta Nicodemo (Jn 3,4) y nosotros con él. Y al formular ese tipo de preguntas hallamos inmediatamente la respuesta. Se trata obviamente de un segundo nacimiento, un nacimiento en sentido espiritual, que es virtual pero real. El auténtico renacimiento (rebirthing) del ser humano. Lo recomiendan todas las religiones y escuelas de conocimiento desde la más remota antigüedad hasta hoy.

Pues bien, pero…¿qué significa nacer? También esta cuestión, que parece obvia, merece ser meditada. Hay distintos puntos de vista, todos interesantes. Para mí el primero es la idea de pasaje a través del túnel uterino. Un pasaje que nos lleva a otro espacio, otra dimensión de la vida, del mundo y de uno mismo. La Navidad es la primera Pascua (que significa “pasaje”). Ahí está involucrada toda la familia: la “sagrada familia” (el Padre, la Madre, el “padre putativo”, el Espíritu Santo, el buey, la mula, etc), una extensa familia que es la de uno mismo. La que hemos tenido en la tierra la simboliza (más o menos bien), pero la real es la familia interna de nuestros arquetipos y energías vivientes dentro de nosotros, que se suscitan y activan con el relato sagrado, cuando lo escuchamos, leemos y consideramos meditativamente; cuando comprendemos que el Pesebre es una radiografía del interior de nuestra psiqué. Pero recordemos de entrada que se trata de pasar a otro estado: en este caso, un estado fantástico, inconcebible desde los coordenadas de la mente humana! Este renacimiento es el que nos conduce al llamado “reino de los cielos”, “reino de Dios”, y aun con otros nombres, que para muchos ya empiezan ser habituales: “nirvana”, “shunyata”, “wu-chi”,  “campos del elixir” (o “campos elíseos”, “islas afortunadas”, o “de los bienaventurados”) etc.

Aquí, la miríada de denominaciones y simbolismos tradicionales, heredados de aquí y allá, no deben confundirnos. Todo ello se trata de un pasaje al interior más profundo de nosotros mismos, representable como el Centro, o el Corazón. En el Belén se nos aparece como una cueva en la que nace el Niño, el nuevo ser divino que es engendrado en las profundidades de uno, y por eso es llamado también “el Hijo del hombre”… Son tantas cosas las que están involucradas en ello! Solamente unas pocas (aun siendo muchas) quedan reflejadas en las palabras, los relatos, los iconos. El simbolismo es un lenguaje torpe, escueto, insuficiente, para designar el contenido al que nos remite, tan vasto y rico como es este Reino al que estamos invitados. La principal idea del pesebre es, por lo tanto, que el renacimiento es posible en vida para todos nosotros (ya nacidos) y que este pasaje es la tarea principal que nos está encomendada en esta vida. El Evangelio y la predicación de Jesucristo y los apóstoles (junto con los restantes mensajes sagrados de la tradición sagrada universal) son para transmitirnos esta auténtica noticia, esta Buena Nueva.

Cantamos de nueva en la misa perenne (o diaria) que celebramos en nuestro corazón: “De ti nacerá, oh María! El Hijo Eterno de Dios”. Y, por lo escrito anteriormente, ya comprendemos que este pasaje se produce siempre en el Tiempo Presente, aquí y ahora, mediante nuestra Presencia consciente, sintiente y viviente.

Empezando por lo más bajo o terrestre, fijémonos ahora en el buey, en nuestro buey o toro interior, usando del simbolismo. Éste es el animal interno que sabe concentrarse, realizar un trabajo sin distraerse, arando recto, penetrando la “tierra” con las potentes pezuñas o con la reja del arado que él arrastra. Se refiere a nuestra capacidad de concentración, de penetrar en la tierra de nuestro cuerpo y nuestra individualidad (psique, energías y sensaciones internas, etc.) para ahondar en ella y fecundarla dejando que penetre la luz por las brechas y surcos que mentalmente vamos abriendo hacia lo más interior del antro de nosotros mismos. En la leyenda mariana (monte Toro de Menorca, Nuria en Cataluña, etc.), él aparece como el guardián de la montaña/cueva, el que guía hacia la luz que irradia dentro de la caverna/vientre de la Virgen. Sin concentración ni esfuerzo ningún trabajo en sentido espiritual e interno es posible. Hemos de adquirirla con el ejercicio, y tanto más cuanto que las formas educativas oficiales nunca nos la enseñan (sólo enseñan la concentración en objetos externos).

El buey y su contraparte, la mula (que simbólicamente hay que identificar más bien como un asno, o burro) se sitúan junto al recién nacido, calentándolo con su aliento regular y ritmado en la noche más fría de todas las noches (solsticio de invierno). El nacimiento tiene que ver con la respiración (nuestra respiración, prana-yama, chi-kung) y con la presencia de estos “animales” internos. El burro, si lo observamos bien, por su forma, sus costumbres, su rebuzno y sus andanzas en la historia sagrada y otros mitos, representa la energía sexual y el color rojo de la sangre (color que etimológicamente se le relaciona en el bestiario sagrado, tal como Guénon bien lo explica). Todo ello confluye en el corazón. Los dos animales asistiendo al Niño nos evocan los tres elementos clásicos del Arte de la Energía extremoriental, que son los tres aspectos principales del trabajo que nos interesa:  la concentración atenta (shen), la respiración (chi), y la energía sexual (ching). Ninguno de los tres puede faltar en este pasaje que es el nacimiento a un nuevo estado del ser, a un nuevo “cuerpo” (cuerpo de Cristo, cuerpo de gloria, cuerpo inmortal, etc), que poco a poco iremos reconociendo, alimentando, y a la vez “comiendo” para transformarnos totalmente identificados y fundidos con el. En la alquimia interna del taoísmo chino llamamos a este proceso “la endogenia del Inmortal”…o de “lo Inmortal”, ya que por ser Dios en Nosotros (Em-manu-El) es tanto Niño como Niña (Ser total, completo, perfecto, andrógino). Atentos pues a nuestra respiración, a nuestro corazón, estamos activando al buey y la mula que dan calor al Niño, al que prodigiosamente siempre está naciendo, viviente, tan frágil como autosuficiente, “así venido” (Tathágata).

Ahora bien, lo más importante es que este “segundo nacimiento” se produce “desde arriba”. Es milagroso, prodigioso! No es obra humana. No lo engendra San José. Lo engendra el Padre mediante su Espíritu viviente. A éste último lo representamos como una paloma que en la sumidad de la cueva manda luminoso semen fecundante al vientre de la Virgen, sentada a plomo debajo de él, en el centro del antro (si queremos ser fieles al protocolo del pesebre). Porque “quién no naciere de arriba no podrá entrar en el reino de Dios” (Jn 3,3). El Espíritu y la Virgen (Cielo y Tierra) forman tríada con el Hijo que nace. Y no se escandalice nadie por la asimilación de la Virgen a la Tierra, porque en esta divina copulación la tierra es “tierra de luz” y nada tiene que ver con el concepto corriente. Y celebrando el nacimiento (que es a laa vez hierogamia) los ángeles, volando por los alrededores de la cueva, cantan “gloria a Dios en las Alturas y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad”.

La historia sagrada no tiene desperdicio. No hay ni una sola palabra que no merezca meditación, ni una sola imagen o forma que no sea vehículo de la energía, de la luz, del amor del nuevo ser que se engendra y nace dentro de cada uno de nosotros. A la vez debemos familiarizarnos con el lenguaje simbólico, comprendiendo que los mitos, las escenas del calendario en la realidad se solapan unos con otros. Se trata de algo que las distintas formas, imágenes y palabras (los símbolos, mitos y ritos) solo imperfectamente y desde muy lejos pueden aludir. De modo que no debemos sorprendernos cuando de pronto el Nacimiento nos remite a la otra Pascua, que es la de Pasión y Resurrección…O cuando todo ello se produce ya en la Anunciación de Gabriel a María, cuando ella concibe respondiendo al saludo: “He aquí la esclava del Señor: hágase en mi según tu palabra” (Lc 1,38). La transformación de nosotros mediante la alquimia interna se produce en la simultaneidad del eterno presente, donde el antes y el después se hacen actuales aquí y ahora. Casamiento, concepción, nacimiento, pasaje, muerte/resurrección, nuevo cuerpo, nueva vida…nos hallamos en plena intelección, a años luz del racionalismo, funcionando con el “cerebro derecho” (la intuición intelectual pura) y aprendiendo la humildad de “no saber” ante la belleza y grandeza de esa posibilidad real de transformación que late en nosotros y pugna por ser dada a luz.

Trovado por José Olives Puig
En Cardedeu el 21.01.12, día de Santa Inés,
la que acude en ayuda de todos los partos.
(continuará)

Comentarios a La Ciudad Cautiva, cap.IV: La cristiandad: nueva polis

(En esta entrada se comenta el capítulo sobre la “República Cristiana”, el modelo sociopolítico <o civilizatorio> de esas entelequias que hoy llamamos “Cataluña”, “España”, “Europa”, “Occidente”. La he dividido en tres partes agrupando los temas por el interés de los alumnos).

I. URBANÍSTICA SAGRADA O FUNDACIONAL

María José ha iniciado un interesante trabajo buscando “en qué otras poblaciones podría encontrar las referencias urbanísticas estudiadas en este (IV) capítulo.” Reproduzco a continuación los planos que aporta de la antigua Caesar-Augusta Quadrata (núcleo de nuestra Zaragoza), en los que reconocemos fácilmente la trama ortogonal dodecápilos. De haber dado con estos materiales, los hubiera incluido en La Ciudad Cautiva! Gracias, me parecen maravillosos y dignos de profundización. Me pregunto: habrá algún dato o resto urbanístico/arqueológico referente a la antigua Salduba, la ciudad anterior a la fundación romana?

En cuanto a los planos de Tarragona y Ciudad Rodrigo, se puede reconocer más o menos el aspa (sobre todo en la antigua Tarraco), pero habría que investigar más, in situ, preguntando, viendo, consultando, etc. Valdria la pena!!!Todo eso podría ser el inicio de una hermosa investigación. Te felicito!

Tres planos de la antigua Caesar Augusta

Plano de la antigua Tarraco

Tatiana:
El número doce es por tanto el número “político” por excelencia, número de
elección, de alianza, de constitución: con el número doce se puede completar todas las
posibilidades y componentes de un todo ordenado; un espacio-tiempo cósmico, una civilización o una comunidad: como recuerda Chevalier, tiene una gran riqueza
simbólica y arquetípica puesto que el doce es fruto de “la combinación del cuatro del
mundo espacial y del tres del tiempo sagrado”. Un claro ejemplo de su cualidad es que
número doce está representado en las doce puertas de la muralla, que también son las
particiones del cielo que nos ayudan a ver las particiones de la tierra, o la disposición de
los doces meses representando la disposición cósmica de Zodíaco.

Gemma.:

Durante todo este capítulo lo que más me ha llamado la atención es la utilización del simbolismo numérico. El número dos refiriéndose a la luz (aspecto masculino) y a fuerza (aspecto femenino); esta dualidad permanente que descubrimos en la religación de conceptos. (pàg.216). Los tres aspectos del alma de San Agustín o los tres estamentos principales de la polis que idealmente construye Platón. El número cuatro en la cruz y en el Apocalipsis sugiere también la idea de universalidad: los cuatro seres vivientes son el conjunto de los que viven en el mundo de la luz. Los cuatro jinetes traen las cuatro plagas principales. Los cuatro colores de los caballos corresponden a los colores de los puntos cardinales y a los del día, para mostrar la universalidad de la acción en el espacio y en el tiempo: blanco es el este y el alba; rojo el sur y el mediodía; glauco el oeste y el crepúsculo; negro el norte y la noche.

Daniel: He descubierto que la ciudad material, reflejo de la ciudad celestial, es la forma más perfecta de organización social y de ordenación territorial.

Evaristo: Comprendo que al surgir nuevas civilizaciones, la ciudad adquiera un nuevo sentido, ya sé que a partir del Renacimiento cambia todo. Pero he vivido en pueblitos donde la ciudad sigue siendo la ciudad cuadrada en cuyo centro está el corazón, el mandala. La ciudad que es el símbolo del hombre: razón, intelecto, voluntad, sentimientos.

Sergi

En la ciutat de Puig i Cadafalch es vol seguir el model grec agafant-ne la forma però obviant-ne el fons?

J.O.: Jo crec que sí. En Puig i Cadafalch desconeixia el simbolisme de la ciutat i va llegir en clau del modern urbanisme la descripció que fa Eiximenis de la ciutat ideal. Que la descripció del plànol dodecàpilos correspon al model de la Jerusalem, és una cosa que Eiximenis no diu, i que jo m’encarrego de senyalar… En Puig fa una anàlisi formal i té el mèrit d’haver descobert i arxivat diversos exemples de ciutats hispàniques on el mateix model fou aplicat.

Sergi: Si hi ha la ciutat dodecàpila per la ciutat del món. També hauria d’haver-hi un planell dodecàpila per la ciutat interna a través del qual la veu es pogués utilitzar de forma correcta.

J.O.: Efectivament. Genial! Si no sabem de ningú que hagi aplicat abans aquest cosmograma a l’art d’emetre la veu (de segur que les escoles sufís del Turkestán coneixen bé el tema…) tu pots fer-ho. Aquestes ciències dels ritmes i les vibracions còsmiques (estudiades tradicionalment a través del quadrivium, com ja hem comentat a classe) operen sobre tot per deducció a partir de l’estudi del model (geomètric, aritmètic, astronòmic, musical) i l’experimentació meditativa directa. Encantat de poder-te ajudar en aquesta recerca, on poden sumar-se altres investigadors de la veu…

(J.O.: Reproduzco gran parte del texto enviado por Hans (Joan Bahr), a quien el espacio-cuartilla resulta insuficiente por las muchas cosas que desea apuntar… pidiéndole excusas por esta obligada limitación, y los trozos segregados, que para ser comprendidos necesitarían de un mayor desarrollo por su parte y comentario por la mía. Cuestiones que de palabra será más cómodo comentar en clase si ha lugar…)

Joan Bahr:

Me ha llamado especialmente la atención una frase crucial que por ella misma descubre la exégesis de este libro: “Uno de los principales motivos que da Eiximenis para la existencia de ciudades es vencer la ignorancia”. En efecto y son muchas las torres desde las que esta aseveración puede divisarse. Una de las más altas, la doctrina clásica de la sociabilidad, nos hace ver que el hombre es preeminentemente un ser social, (…) otra nos recuerda acertadamente que el orden que rige la convivencia entre los hombres es la representación de su orden interno (vid. p. 216). Son suficientes estas dos visiones para introducirnos en la significación mandálica (…) un lenguaje que habla por sí mismo (…) La exactitud del orden geométrico, y su extralimitación más ahí del espacio en el que se inscribe, vertebran un orden cósmico que subyace en todo lo manifestado. Se sigue de esto que cualesquiera de las designaciones que denoten en un paradigma concreto este orden cósmico son expresiones de un conocimiento verdadero, o quizá sea mejor dicho, sagrado. Es pues comprensible que la convivencia humana a lo largo de los tiempos haya sedimentado esta arquitectura sagrada en las ciudades que coadyuva la emergencia del Conocimiento en los hombres. Me preguntaba a menudo en mis recorridos por el mundo occidental, cual era la causa de que las ciudades con catedral (…) gozaran de un misterioso sabor ancestral -que no se muy bien explicar- del cual otras carecen. Observo que no dejan de ser monumentos pétreos, pero la lectura de este capítulo me ha guiado en el entendimiento de un mandala cósmico que tiene en el centro la catedral como la representación interna y externa del origen dialéctico que nutre la sabiduría. Se y he sabido que paseando por los viejos barrios de estas ciudades, nuevos para mí, siempre vuelvo a mi hogar.

II. CIUDAD INTERIOR, CIUDAD CELESTIAL, SOCIABILIDAD NATURAL

Raquel: Poco a poco, trabajando La Ciudad Cautiva, voy ratificando la idea de que “el hombre es una miniatura del mundo y la sociedad, un microcosmos o una micrópolis…y con el prójimo”, tal como lo expresa Eiximenis. En este capítulo, se hace más patente, si cabe, la necesidad de transformar al hombre por el fortalecimiento del alma, que veíamos en capítulos anteriores. ¿Cómo? A semejanza de la ciudad de Paraíso, con oración y mortificación (…).

J.O.: El “¿cómo?” que en esta asignatura de máster estamos aprendiendo tiene ya dos aspectos: 1)el que nos propone Séneca, a saber: el fortalecimiento del ánimo mediante la ciencia/arte de los beneficios; y, 2) la transformación de nosotros mismos mediante el estudio y la meditación, es decir, mediante la verdadera “filosofía” hoy tan olvidada. Este tipo de práctica es el autoconocimiento con ayuda del lenguaje analógico (mitos, símbolos y ritos, como los que estamos manejando), y conlleva, efectivamente una “muerte” (a todo lo viejo, a los prejuicios, a las falsas identidades e ideas en las que creíamos y ya no nos sirven) y un renacimiento a nuestro verdadero ser, tan olvidado, tan comparable a una hermosa ciudad, a un Paraíso. En este tipo de “muerte” hay el máximo goce y la máxima plenitud… Por eso es importante entender correctamente qué significa la “mortificación” de los ascetas o de la Cuaresma, que tu mencionas y a la que aludes a través del citado artículo de Puigverd…

Raquel: Tal y como recoge de Eiximenis LCC, “…En dicha ciudad es rey el entendimiento, y reina, la voluntad; tesorera la conciencia, y jefe de los caballeros el libre albedrío; el pueblo y los ciudadanos son la verdad de los distintos pensamientos, los siervos son los cinco sentidos corporales”.

Gran despropósito el de nuestros tiempos; hemos dado la corona del rey a los cinco sentidos, hemos dejado fuera de la ciudad a la conciencia ; y entendimiento y voluntad viven sometidos a un albedrío que es cualquier cosa menos libre. Quisiera profundizar sobre este tema. Imagino que los clásicos son el primer paso. En ello estoy, aunque más despacio de lo que quisiera. En ocasiones me desalienta la realidad; aunque también es cierto que no pierdo la esperanza de contribuir con mi minúsculo grano de arena a recuperar esa bella y ordenada ciudad que Dios nos dio a cada uno de nosotros.

Me interesa de forma especial la ciudad interior y cómo se comunica al prójimo en la búsqueda del bien común. El modelo de ciudad que pretendo es utopía, lo sé. Pero conforme evoluciono en el conocimiento gracias a La Ciudad Cautiva voy concretando los objetivos de mi trabajo de investigación, cada vez más cercanos a la conquista de un modelo de ciudad del Renacimiento.

J.O.: Así se hace, poco a poco se va juntando la ciudad interior con la exterior. El arte (nuestra profesión) consiste en juntar el Cielo con la Tierra. El Renacimiento es desde luego un buen modelo para todas las cosas y obras buenas de la modernidad, como iremos viendo en los próximos capítulos.

Sergi

Impressionant considerar l’home com una ciutat i posar els cinc sentits com a servents (criats) de la ciutat. El cos amb un centre de foc (ànima) com la ciutat. Hi ha diferents móns i universos. Cada cos és un univers.

Naiara escribe este precioso texto, que por error atribuí a Hans..:

LA CIUDAD DEL COM-

De nuevo en este capítulo, “La cristiandad, nueva polis”, me llama poderosamente la atención descubrir lo presente que se hace el pensamiento político clásico. Presente como posible respuesta, como esperanza, a la situación actual que vivimos como humanidad compartida de este planeta.

Para este pensamiento político clásico los conceptos y temas principales son: la comunidad, la cosa pública y la ciudad, como tres aspectos de una misma teoría. Tres aspectos que se interconectan como en un sistema donde todo viene de algo, y tres aspectos que nos hablan al mismo tiempo de lo macro y lo micro, lo interno y lo externo; como espejo y metáfora uno de lo otro. La UNIÓN es  el hilo  que teje cada uno de estos conceptos en sí y entre sí.

Es el Ser Humano un Ser en relación. Y esta relación se dirige en tres direcciones: con uno mismo, con los otros, con lo Otro, con el Misterio. Así, la ciudad es  el lugar donde puede expresarse la sociabilidad del hombre, y vivirse su triple relación consigo, con los otros, con Dios. Y la ciudadanía consiste en participar de un “mismo corazón espiritual”, sabiéndose cada individuo parte de un Todo. Esta íntima convivencia que necesita el hombre para ser Ser Humano, hace que  la comunidad pertenezca a su misma esencia; que la comunidad sea una cosa natural y necesaria para su supervivencia y felicidad.

Descubro con agrado que la teoría de la comunidad se basa “en el concepto del bien común, el bien del alma, como auténtico bienestar compartido: el bien del alma es la vivencia del conocimiento, la comunión con las ideas universales”.

La comunidad está ligada al concepto holístico, y así, esta comunidad también se da en el interior de cada uno de nosotros, donde deben convivir íntimamente los distintos aspectos de nuestro ser: biológico, social, emocional, mental, espiritual; y procurar que cohabiten en una ordenada armonía nuestro pensar, sentir y actuar.

La ayuda mutua, y la necesidad como su motivo, es lo que nos hace ser compañeros, en una ciudad  donde la cosa pública está fundamentada en el concepto del bien común.

La ciudad desde el punto de vista tradicional en el simbolismo arquetípico es concebida como una de las principales analogías del alma humana y del alma del mundo. En la ciudad se realiza simbólicamente el último y primordial fin del hombre en la tierra: conocer a Dios.

Viene la palabra compañero de aquel que comparte el pan, y nos recuerda el prefijo com- (comunicar, compartir, comunidad, comunión)…Una ciudad de compañeros donde vivir en com-unión con uno mismo (vivir el alma individual, como último resorte de la individualidad que nos une al Espíritu, Uno); con los demás (ser compañeros. Buscar el beneficio mutuo, que parte de la ayuda mutua); con el Todo; con el espíritu, como estructurante del orden de la ciudad.

Daniel: He descubierto el sentido original de lo comunitario a partir de la definición que nos ofrece Eximenis.

Sergi: Avui en dia, tot i que formem part sociològicament de la mateixa civilització cristiana podem dir que participem del mateix cor espiritual? I aquest cor és diferent d’altres civilitzacions fora de l’occidental?

J.O.: Sí, participem del mateix cor espiritual, sigui conscient o inconscientment. Fer-nos-en conscients majoritàriament significaria poder reconèixer altra vegada la nostra rel cristiana. A més a més, aquesta “rel”, aquest “cor” que a Europa hem expressat tradicionalment en clau cristiana, és el mateix cor, la mateixa rel, que jeu al centre de tota civilització. Els éssers humans som tots un sol home…

Evaristo Aguado:

No conocía a Eiximenis y me ha parecido que es una pena que nuestros hombres de la cultura y de la política no beban de fuentes tan claras. Sí, es una pena que todo sea pragmatismo, intereses personales o partidistas.

En este capítulo he encontrado belleza, armonía (la de los números) aplicadas a la ciudad, al orbe, pero sobre todo al hombre. No podemos olvidar la analogía entre la ciudad, el cosmos y el hombre. Pero también el verdadero fundamento, incluso desde el punto de vista simbólico de las civilizaciones, de la ciudad y del micropólis humano (todo hombre es una bella y ordenada ciudad).

La sociabilidad del hombre (“el hombre es social” por naturaleza me decían de pequeño en el colegio) es algo que he entendido, en profundidad simbólico-mística, en la Ciudad cautiva. Y lo he entendido a través del simbolismo de la ciudad. Dependemos de la interacción con el prójimo, somos animales civiles. Es muy audaz decir que “si uno no ama la compañía de los hombres, uno no es de naturaleza humana” Pero lo más profundo, lo que me ayuda a trascender lo material, el amor humano, la relación con los demás es ese “el hombre se relaciona y convive con Dios, el creador (vuelos del alma teresianos y de Juan de la Cruz). Y en esa íntima convivencia consiguen ambos conformar una ciudad que seguro que no es cautiva sino que trasciende al hombre y al mundo que lo rodea, está liberada por siempre.

Comencé a trabajar la Ciudad Cautiva siendo bastante escéptico sobre su utilidad. Mi forma de pensar, muy utilitarista, adquirida en el mundo empresarial durante más de 30 años, me llevaba a dar poca importancia a los temas intelectuales. Pero, usted me ha hecho meterme en la ciudad y convertirme en un luchador que quiere liberarla. Estoy sorprendido de que leyendo autores clásicos haya comenzado a razonar como ellos y me parezca normal, útil y bello lo que dicen. Estoy consiguiendo ver con una mirada nueva temas relacionados con el poder, el gobierno, la economía. Y todo ello en una mezcla de utilidad, poesía, y cercanía a lo transcendente. Es como si Dios estuviera en todas partes como aprendí de niño. Otro gran descubrimiento es que todas las civilizaciones tienen unos puntos en común: lo más transcendentes. Lo Oriental, la India, ha empezado a entrar en mi vida.

Primera sorpresa ha sido para la sociabilidad natural del hombre. Esto lo sabía; pero la sorpresa es que es la esencia del hombre, mi esencia, una cosa natural y necesaria. Y sigo caminando y descubro que la teoría de la comunidad se basa en el bien común que es el bien del alma. Sigo caminando con Eiximenis y doy el triple salto mortal: “El bien común para los cristianos es Jesucristo. Compartir su cuerpo y su sangre. El alimento de la comunidad, de la Esposa. Y ahora salto a la Esposa del Cantar que loca de amor busca en la noche oscura del alma por la ciudad, cautiva, el bien común, el Esposo, el Amado. “En mi lecho, por las noches, busqué al que ama mi alma, y no lo encontré. Me levantaré y rondaré por la ciudad, por calles y plazas, buscaré al que ama mi alma. Lo busqué, pero no lo encontré… ¿Habéis visto al que ama mi alma?

Ahora el bien común “es el amado que encontré. Lo abracé y no lo soltaré…” Como la Esposa del Cantar busco el bien común pero no es fácil encontrarlo.

Daniel: Quisiera entender mejor el carácter natural de la doctrina de la sociabilidad del hombre. ¿Guarda alguna relación con el tiempo de la inocencia?

J.O.: La sociabilidad tiene, efectivamente, su núcleo “mitológico” en el llamado “estado de inocencia” (estado primordial, edénico, paradisíaco, etc). Eiximenis y los autores cristianos, siguiendo la tradición, nos hablan de la pérdida de este estado como una “expulsión del Paraíso”, consecuencia del “pecado”. Todos estos términos son simbólicos. Estamos aprendiendo las claves del lenguaje analógico para poderlos interpretar: eso es, para poder reconocer en nosotros mismos estas realidades actualísimas, aunque invisibles… En el Paraíso la sociabilidad humana fluye de manera natural, porque los egos no existen (como dice Don Quijote, en la Edad de Oro -equivalente simbólicamente al Paraíso bíblico- “no existe ni lo tuyo ni lo mío”). Pero la pérdida no es total. Nuestra vida no sería humana si no gozáramos de vezen cuando los estados de bondad, inocencia y desprendimiento. Pero, digamos en términos generales, que estos estados que todos podemos vivenciar y sabemos reconocer perfectamente, existen de forma underground, sobre todo para la visión oficial del mundo y de la vida que se nos quiere imponer continuamente desde el “pensamiento único del sistema”. El Paraíso, lugar de origen y de retorno, es una metáfora de nuestra alma, perdida y recuperada, una y otra vez, hasta que el retorno sea sin vuelta atrás.

Catherine:

Desde el principio de la asignatura, usted comenta que la ciudad es imagen del hombre y del cosmos.  Antes de leer el capítulo de hoy, me costaba entender en qué sentido lo es.  Me ayudó el simbolismo de los 5 sentidos, de la razón, de la inteligencia, etc.

“La sociedad no se agota en el mero hecho de la relación con los demás en el plano de la conducta, o de la acción social: va mucho más lejos al ampliarse desde el plano que hoy llamamos “social” (…) hasta el plano ontológico”.

Las lecturas de esta quincena han sido para mi las más difíciles de digerir.  Estoy de acuerdo con todo de forma intuitiva, pero no acabo de comprenderlo bien.  Llevo años leyendo sobre el concepto del bien común y lo entiendo de forma intuitiva, pero mi aceptación intelectual de ello es más bien un “acto de fe” intelectual, que un acto voluntario de la razón.  Creo que la causa es que tengo una formación como jurista y se me formó en el positivismo.  No soy positivista, pero he sido formada en el positivismo y lo llevo en la fibra.  Mi problema surge cuando tengo que explicar el concepto de “bien común” a mis alumnos de Teoría de la Organización, hablando de los beneficios de la empresa.  Me es realmente muy difícil hacerlo.  He leído muchos documentos sobre el bien común y no hay manera.

Me ha gustado la idea de utilidad para el bien común.  En este sentido, si la empresa tan solo piensa en sus beneficios propios, y no tiene razón de ser que se arraiga en una misión compuesta por una serie de contribuciones hacía las necesidades reales de los demás (empleados, clientes, proveedores, etc.), pues no está siendo útil a la comunidad.

No sé si estoy de acuerdo con Valerio Máximo cuando dice que se puede animar a buscar el bien común, “por necesidad e por atención a vosotros mismos, porque en el bien o en el daño de la cosa pública, vuestra parte está en juego”.  Dudo que el miedo a perder su parte sea una motivación suficiente para que uno busque de verdad al bien común y al verdadero bien común.

J.O.: Creo que los comentarios de tus compañeros, colgados en este blog, atentamente leídos podrán ayudarte. Explicar a las mentes formadas en el positivismo que el bien común es el bien del alma (“lo bé de Nostre Senyor Jesucrist” como escribe Eiximenis, etc) no es ciertamente cosa fácil. Hay que cambiar el paradigma mental usando de la hermenéutica simbólica que estamos aprendiendo. Bajo este título algo rimbombante se esconde el método: reconocer la idea ( en este caso el Bien Común) en uno mismo; hacerse uno con ella; sentirla; encarnarla… A partir de aquí nos son dadas las luces para poder explicarlo a los oyente (o lectores) que desean aprender (…a los otros, a los que sólo desean discutir, es imposible!), y también las palabras y la manera de hacerlo comprensible.  En suma: hay que encarnar lo que el símbolo simboliza y, a partir de esta “encarnación” podemos explicarlo de una manera nueva, que nos viene revelada y se produce de forma natural y lo más adaptada posible a los oídos de los oyentes. Eso y no otra cosa es la hermenéutica simbólica o tradicional.

Tatiana:

“El aislamiento y la soledad, aunque frecuentes, e incluso en los casos más radicales, no desmienten que la sociabilidad sea algo esencial en su naturaleza“: El hombre necesita, por su naturaleza, relacionarse. Incluso las personas que deciden aislarse ya sea por sus creencias, por su filosofía de vida, por su carácter, han tomado esa decisión sabiendo lo que es la sociabilidad, ya que ésta le viene dada en su esencia. De este modo, la naturaleza social del hombre abarca todos los aspectos de la vida humana: desde el hombre en relación con sus semejantes hasta su relación con Dios, y sin olvidar un aspecto que en ocasiones puede pasar inadvertido: la relación de la persona consigo misma, también en su dimensión social, que nos lleva a no encerrarnos en el egoísmo, y que nos transforma en seres abiertos y comunicativos.

“La ciudad es la comunidad política perfecta, por la plenitud de sus fines y por la suficiencia del gobierno”: los hombres por su naturaleza tienden a unirse: primero en familias, luego en núcleos rurales, pueblos, aldeas, y por último en ciudades. Buscan evitar la concupiscencia y cualquier forma de mal, y para ello necesitan y se dotan de un soberano que gobierne y dirija la ciudad: al ser la forma más elaborada y compleja de organización humana, es también la más excelsa y perfecta, a la vez que conlleva la responsabilidad de tener que ser la más cuidada por la complejidad de los elementos que la integran, puesto que la desviación de uno de sus miembros lleva al desvío de toda la comunidad, sobretodo si se trata de su gobernante.

“La ayuda es el factor ccomunitario por excelencia, y nos remite diirectamente a la fraternidad, que desde la a antiguedad remota se ha considerado ta an esencial a la naturaleza humana como lo o son la libertad y la igualdad”: La fraternidadd es un elemento
natural del hombre, tanto el hombre aparentemente bueno como malo, tiende a la fraternidad a relacionarse c con sus semejantes y a corresponderse con el llos. La ayuda es un efecto que nos permite conseguir la proximidad con los demas, hacieendonos buenos; y contribuye consiguientemente al orden social.

Para que cada comunidad “este fundada en amor y concordia conviene que cada uno ayude a otro vendiéndole qué comer, y el otro vendiéndole qué beber, y el otro, qué vestir, y el otro, qué calzar”: La division del trabajo debe basarse en n el concepto de
ayuda ya que cada persona a debe compartir (vender, cambiar por otra co osa) lo que tiene, y de esta manera toda la ciudad se vera beneficiada puesto que tod dos cubriran sus necesidades para vivir: to odos necesitamos de todos, y el vinculo de e una verdadera division del trabajo consistee en crear un tejido de solidaridad con nuestr ros semejantes, y no parcializar el trabajo de forma egoista, insolidaria y para el propio ap provechamiento.

Pablo: El bien común es hoy entendido como el bien material, y este concepto es algo bastante pobre ya que es más importante, o al menos tan importante, el bien del alma. Lo opuesto es el bien propio, el que mira por uno mismo, el que es egoísta (corrupción, usura, especulación). Por lo que es importante orientar todo al bien común, tanto desde el punto de vista colectivo e individual.

J.O.: el bien propio no tiene porque ser egoísta. Cada elemento individualizado del cosmos (sea una familia, una universidad, un taller, una nación, un individuo humano, etc) tiene necesidad y obligación de atender a la propia subsistencia individual. Eso sí: sin atentar contra la subsistencia de otros entes individuales, que también tengan derecho… El bien propio (mejor dicho: bien particular, ya que es el bien de una parte) es pues bueno y necesario. Lo importante para no caer en la desmesura y el egoísmo, es reconocer la preeminencia del bien común (bien del alma, bien universal, etc) de que depende principalmente el uso provechoso de todos los bienes particulares y/o materiales.

P.: Respecto del funcionalismo cooperativo me ha llamado mucho la atención la obligación del ciudadano a servir la utilidad pública: lo uno a la teoría de los beneficios (del dar y recibir) que es de tanto provecho.

(…)Las ciudades son imagen del Paraíso, o de la Jerusalén Celestial, ya que es algo que tenemos grabado en el alma humana. Pero por la acción de los ángeles (tanto los fieles como los caídos) el mundo se mueve y las energías fluyen por él. Por tanto los tres modos de poder son el divino, el angélico y el humano.

Gemma: El Llibre dels Angels, es un tratado sobre los ángeles con pretensiones divulgadoras; de hecho, alcanzó una gran difusión, en catalán y otras lenguas, y motivó el renacimiento del culto a los ángeles. (…) La obra de Eiximenis es para ilustrar y corregir cristianamente la conducta y la vida de los hombres de su tiempo. Su pensamiento reviste interés desde el punto de vista de la evolución de las ideas religiosas de su siglo, como místico, teólogo y por sus doctrinas ético-sociales.

J.O.: Toda la obra de Eiximenis es de gran actualidad. Por eso la traemos a colación y la explicamos enlazándola con otras formas del pensamiento clásico-tradicional. Este tipo de pensamiento, que estamos aprendiendo (basado principalmente en el simbolismo) es transversal a todas las épocas de Europa hasta hoy. Simplemente, hay que comprenderlo, y saberlo traducir para poderlo comunicar. Varía la forma, el fondo es el mismo…Claro! hay temas doctrinales que tienden a ser olvidados, como la presencia de los ángeles (otra vez poniéndose de moda?). Independiente de las épocas y los autores, los ángeles nunca han dejado de existir ni de actuar. El pensamiento clásico-tradicional, que explica estos temas (y muchos otros de la sabiduría perenne), no está sujeto a evolución, ni pertenece a una determinada época…

Por lo tanto, la frase que afirma que el pensamiento de Eiximenis tiene “interés desde el punto de vista de la evolución de las ideas de su siglo…” está totalmente equivocada, porque proyecta a lo clásico-tradicional una concepción histórico-evolutiva de las ideas que no le cuadra, lo saca de su contexto real (el presente arquetípico) y lo banaliza, tal como lo hace la llamada “historia de la filosofía” con todas las ideas y doctrinas que preceden a la moda ideológica del momento. Eso es el “historicismo”, ideología decimonónica que impregna la modernidad, y que debemos saber identificar y criticar para acceder al tipo de pensamiento que estamos aprendiendo. Desde el punto de vista historicista el pensamiento de Eiximenis no es más que una curiosidad arqueológica, que a lo sumo puede ayudar a comprender un pasado lejano con el que hemos perdido contacto. Desde este enfoque no hubiéramos recurrido a la obra Eiximeniana para poder explicar cosas de gran actualidad!

G.: En este capítulo V de La Ciudad Cautiva, referente a la Cristiandad, nueva polis; me ha parecido interesante analizar de una forma más profunda cómo Eximenis quiere transformar al hombre por el fortalecimiento del Alma.

Por influencia de los filósofos y tal como hemos ir podido ver en el transcurso de la lectura de la Ciudad Cautiva, los griegos distinguen en el alma humana partes, principios, potencias o facultades. Un ejemplo de esto es el conocido por Platón (República, Libro IV) donde desarrolla un paralelismo claro entre las partes del alma y las clases o funciones sociales.

Las representaciones simbólicas del alma son numerosas… En China <se la ha visto como siendo> doble, compuesta por dos principios: Kuei es el alma de más peso, aquella que gravan los deseos del viviente; queda cerca de la tumba y frecuenta los sitios familiares. Shen es el genio, la parcela divina presente en el ser humano... <Una dualidad>  que entronca(…) la cosmogonía, fundada sobre la oposición de dos principios, el yin terrenal-hembra y el yang macho-celestial.

Joan Rabal Bosch.: … el cuarto capítulo (…) me ha parecido de una gran riqueza, ya que en él damos un paso más en la simbología de la ciudad y la sociedad, pero esta vez desde el punto de vista del cristianismo a través de la obra de Eiximenis, que viene a perpetuar la tradición del pensamiento político clásico. En parte vemos en este capítulo que la civilización cristiana, que sobrevive al declive del imperio romano supone en gran medida la continuación de la tradición platónica, aunque con cambios y diferentes matices. Por ejemplo vemos como la ciudad pierde cierto protagonismo durante la edad media, deja de ser la ciudad-estado de los antiguos griegos aunque se mantiene la idea del hombre como animal social, necesitado de la sociedad para completarse.  De este capítulo, concretamente de su parte final, me ha parecido muy interesante un pequeño apunte que realiza en el punto 7, dedicado al funcionalismo cooperativo, en contra de la imagen clasista que algunos autores han querido otorgar al pensamiento político tradicional. Lo que usted expone es que se trata de reconocer que las desigualdad entre los hombres se debe a sus funciones sociales pero nunca a la esencia misma de la persona ni a la condición humana.

III. SOBRE EL CAMBIO DE CIVILIZACIÓN

Daniel: Señalo como tema de especial interés el cambio de sistema civilizatorio producido conforme a la computación de los años a partir de la reconexión con lo sagrado.

Evaristo: Las civilizaciones. Nunca me había parado a pensar como se fundamentaban o pasábamos de una a otra: ¿una fecha, una batalla, un asedio a los usos y costumbres de la anterior). Dice que detrás de cada una hay una tradición espiritual y sagrada. Y de nuevo lo simbólico, lo mítico, el rito. El cómputo de los años que entraña lo sagrado, que es la fundación, y del que deriva la energía espiritual, la religión, la cultura, las leyes.

María José: Me gustaría poder entender mejor desde que perspectivas se abre o se cierra una era de la humanidad.  ¿Es siempre en base a un acontecimiento? ¿Revelado? ¿Se fija siempre a posteriori?

J.O.: todo eso son cosas muy misteriosas, que se refieren al contacto de nuestro mundo con lo sagrado, es decir, con lo que está más allá. Este tipo de “rupturas en la continuidad del espacio-tiempo” se producen en la vida de los hombres y los pueblos. Son revelaciones, efectivamente, o iluminaciones, o regalos del cielo: descensos de luz abundante a la tierra… quién “fija” estos momentos?…o más bien: quién sabe reconocerlos? Quienes, por otra parte no se dan cuenta de tales manifestaciones extraordinarias?

Lo extra-ordinario es el origen de lo ordinario, y con este tipo de estudio que estamos haciendo, aprendemos que el origen, la causa, el fundamento y la base de toda civilizción está en lo sagrado.

En el caso de la cristiandad, en La Ciudad Cautiva se explica algo del modelo “civilizacional” diseñado por grandes sabios iluminados en torno al año 315, quienes supieron reconocer la fecha clave de aquella época para empezar a contar los años de una nueva manera.

Pablo:

El hombre está hecho para amar, es un “animal social” y sólo es feliz amando sin reservas y sin condiciones.  Esta socialización perfecta y necesaria en el hombre para alcanzar la felicidad, es completada con  la sociabilidad del hombre con Dios. El hombre es el ser más perfecto del cosmos y Dios ama al hombre. Hasta le hace ser partícipe y heredero de su reino por medio de la filiación divina. Pero el hombre para llegar a ser heredero ha de superar una serie de pruebas en este mundo como es el propio mundo y todo lo concupiscible que hay en él.

Es por estas razones y por la pérdida de la inteligencia y de la voluntad por culpa del pecado original donde el hombre es esclavo de sus sentidos. Para ello y con la venida de Cristo al mundo la ciudad ya puede ser liberada por la gracia dada a través de los ritos y los símbolos dejados por Cristo y los primeros padres de la Iglesia. Es entonces cuando el hombre vuelve a ser liberado del pecado y su voluntad e inteligencia mejoran. La ignorancia que hace cautiva a la ciudad es también iluminada.

Con la venida de Cristo al mundo empieza la nueva civilización de la que nosotros formamos parte en la actualidad. He aprendido como el recuento de los años sirven para empezar y cerrar una nueva civilización. Como por aprendizajes anteriores sabemos que el hombre es la imagen viva de la ciudad, somos llamados a perseverar en el cristianismo.

J.O.: Desde luego!… siempre sabiendo distinguir el cristianismo sociológico del verdadero cristianismo, que existe desde siempre para el ser humano…Del mismo modo que nuestra filiación divina se produce en lo eterno (es decir, en un “futuro” que está siendo AHORA), y que Cristo viene al mundo cada dia, en cada ser humano que sabe abrir el corazón atreviéndose a recibir la luz y la gracia (amor), incluidos los que lo llaman con otros nombres y de otras maneras…