TAICHÍ·CHIKUNG: la Gran Medicina de Apolo

sol_alegre-1219El principio de tu sanación son las GANAS de SANAR. Aquí comienza la GRAN MEDICINA, aunque hay también “medicina” en otros niveles.

El TAICHÍ·CHIKUNG (ARTE de la ENERGÍA) es un sistema de sanación que opera en los tres principales niveles de la medicina: cuerpo, psiqué y espíritu.

La sanación por el Espíritu es la más eficaz y directa. Emana de tu Corazón satisfecho. Hace vibrar todas tus células y las de quienes te rodean: es gracia, amor, atracción, ganas, diversión, ilusión, empatía…En suma: BELLEZA y BONDAD emanando de tu Sagrado Corazón Iluminado. Esa es, en los antiguos mitos, la MEDICINA de APOLO.

No siempre estamos conscientemente conectados con ESA FUENTE INHERENTE DE TODO BIEN. Entonces podemos también activar los niveles inferiores de la sanación. Pacificamos nuestra psiqué (mente/emoción) y hacemos circular directamente en el cuerpo el flujo bioenergético dejando que penetre por todo, hasta el “tuétano de los huesos”.

Sanamos la psiqué rectificando los programas equivocados de nuestra computadora mental y, a la vez, procesando las aguas corrompidas y ponzoñosas de  las emociones que nos dañan. Trabajamos aquí con imágenes, mandalas y mantras curativos, que ayudan a “dar a luz” nuestras oscuridades inconscientes transformándolas. Esa es en el mito la “medicina de Esculapio” (el dios de Epidauro y de Ampurias!…).

La sanación de emergencia actúa directamente sobre el cuerpo. El TAICHÍ·CHIKUNG nos ahorra -cada vez más con la práctica asidua- acudir a los médicos y hospitales. Activamos cada día el cuerpo mediante eficaces “posturas mágicas”, hermosos ademanes, gestos, actitudes y deplazmientos, suaves, fluidos y armónicos. Nos movemos en sintonía con la respiración. Con todo ello aprendemos a deshacer nosotros mismos los bloqueos de energía, origen de todos los dolores y enfermedades. El “flujo de Chi” lo cura todo directamente, si le damos paso. Esa es en el mito la “medicina” del centauro Quirón, maestro de Aquiles, que es el “guerrero” por excelencia en la épica de Homero.

(…agradezcamos a Paul Diel (El simbolosmo en la mitología griega) haber reconocido en el lenguaje de los mitos las dinámicas de la sanación, que acabo de apuntar).

 

TAICHIKUNG: Salud, Belleza, Diversión

Encapçalament 8 Nov 13Permítete disfrutar aprendiendo en grupo, con prácticas y juegos importados de las “artes marciales” de Oriente, junto con otras “medicinas” del cuerpo y el alma.

Tu salud viene principalmente del libre flujo energético que irriga todas tus células, y eso depende principalmente del goce, del juego, de la alegría.

Sabías que lo más serio es en realidad jocoso? Dios es más bien “cachondo”.

El Espíritu está vivo y todo lo penetra. Es Vida. Y Tu eres Eso.

Permítete gozar del Flujo Bioenergético rompiendo esquemas mentales y preconcepciones que te han “grabado” en la mente sobre el sentido de todo eso.

Descubre, experimenta por ti mismo, reconoce la Verdad en la mirada, los gestos y las palabras de quienes te rodean y te acompañan.

El Ser Humano es un diseño de tipo grupal. La Paz y el Amor no admiten individualismos.

Tu belleza y bondad son la aportación que puedes hacer a nuestro grupo con tu presencia este próximo VIERNES EN ÁRNICA de la Seo de Urgel. Aprovecha la montaña y la inmersión en la naturaleza.Ver cartel.

TAICHÍ·CHIKUNG: fluir con la Energía

P1360562Con el Taichí.Chikung ARTE DE LA ENERGÍA aprendemos  a reconocer la energía interna y a fluir con ella.

La ENERGÍA INTERNA es respiración, pero no la mera respiración en sentido corriente.

La llamamos INTERNA para distinguirla del concepto vulgar y corriente, pero es a la vez EXTERNA.

Se nos manifiesta como alternancia, ritmo (INSPIRACIÓN / EXPIRACIÓN), pulsación cardíaca (SÍSTOLE / DIÁSTOLE), movimiento (EXPANSIÓN / REPLIEGUE), y todas las indefinidas modalidades del YIN / YANG que observamos en la naturaleza.

Pero la ENERGÍA es también sexualidad, ganas, voluntad, interés, presencia, reconocimiento, atención, empatía, proximidad, sintonía.

Es por encima de todo AMOR.

El TEMOR es el principal obstáculo, pero es también energía, que con el ARTE aprendemos a reconocer, aceptar y transformar…

Descubre el Arte de la Energía

Encapçalament 8 Nov 13El Arte de la Energía te conecta con la Fuente de la Vida que existe en ti concreta y real. La Energía es el flujo de la Vida, que corre desde la Fuente por todos los tejidos, órganos y células de tu cuerpo. Es mucho más que simple materia, aunque también es materia. Es Respiración, Aliento, Pulsación cardíaca, Latido, Expansión, Ánimo, Vibración, Flujo bioenergético, Alegría, Goce….En última instancia es AMOR. Y seguramente ya comprendes que no se trata solamente del amor de las novelas rosas ni del amor teñido de temores tan corriente en nuestras relaciones de pareja. Es aprender a conectarte con el flujo de Amor/Vida que mueve el Cosmos entero, que mueve las dinámicas profundas de tu cuerpo. O mejor: las dinámicas de “tus cuerpos”, incluyendo los cuerpos más sutiles, porque el Arte de la Energía se aplica también a tus emociones, a tus sensaciones internas. También a tu mente y a la manera de dejar fluir tus pensamientos sin ser víctima de ellos.

Lo llamamos “Arte” porque es mucho más que “técnica”. Aunque usamos técnicas del Taichí·Chikung y otras artes tradicionales, que explicaremos un poco en una próxima entrega.

El Arte nos remite directamente a la armonía, al equilibrio, a la belleza. Corporalmente consigues el estado de salud y aprendes a curarte tu mismo las dolencias y las enfermedades. Obtienes un cuerpo en buena forma y con buena línea (ni gorda ni flaca: la más hermosa, la tuya, la que te pertenece). Obtienes un rostro agradable, mejor que el que puedes conseguir con métodos externos como los que se ofrecen en los institutos de belleza (por otra parte tan valiosos).  Te cambian el color de la tez, la voz, la mirada, el porte, el talante. Obtienes gracia y donaire en todos los sentidos.

El Arte de la Energía te permite conectarte a diario con la Fuente de la Bondad y la Belleza mediante el Flujo Bioenergético, que aprendes a reconocer en ti y a potenciarlo, bañándote en él. Todos los resultados que inmediatamente obtienes en tu cuerpo material y físico, son un reflejo de la sanación más interna que se produce en tu alma. Con el Arte aprendes a transformar tus emociones y pensamientos dañinos en energía creativa, en beneficio tuyo y de quienes te rodean.

En la próxima entrega explicaré algo del movimiento, las posiciones y la gimnasia típicos del Arte de la Energía. Los agrupamos en el lema TAICHÍ-CHIKUNG.

No más “política”: RENACER A LA METAPOLÍTICA

 

Díptico XI EncuentroLas tierras de Avila, las Arenas de San Pedro, en el corazón de España, nos acojen este próximo fin de semana para hablar de política, o más exactamente, de METAPOLÍTICA. Eso es lo que más nos interesa a los amigos del Amor y la Vida. El Renacimiento al verdadero Ser de Uno Mismo, es a la vez el Renacimiento a la auténtica Vida Comunitaria.

Acercaos a disfrutar bebiendo de fuentes tradicionales (que son las más nuevas y modernas!)…Incluyo aquí el Programa de ese XI encuentro del Círculo de Estudios Espirituales Comparados, encabezado por la Imagen de Abraham (pastor de camellos y pueblos…) pagando el diezmo a MelkiTsedek, el Rey de Justicia… Yendo directos al simbolismo, eso significa que nuestro liderazgo es correcto cuando en la “balanza” de la Justicia (y de nuestra vida) equilibramos los dos “platos”. En uno está nuestra pasión por “hacer” . En el otro, la dedicación a “Conocer”… eso es: escuchar a nuestro Corazón: a lo que estamos sintiendo en todo momento, Aquí y Ahora… He aquí la clave del liderazgo, del buen gobierno, de la auténtica realeza que como Hijos de Dios nos ha sido dada al nacer.

RENACIMIENTO Y METAPOLÍTICA: Renacemos a nuestro Estado Natural

cor octubre ( 2 ) (Foto Daniel Sunyer: en el último encuentro, 16 Oct., del COR = Cercle Obert de Renaixedors-Montseny/Maresme en casa de Goretti a la falda del Montserrat)

Sin experimentar nuestro “segundo nacimiento” no podemos acceder a la verdadera política. Porque sin él no podemos gozar de felicidad junto a nuestros semejantes, ni ser con ellos creativos.

La auténtica comunidad está compuesta por los “dos veces nacidos”, y generalmente estamos fuera de ella sufriendo y luchando unos contra otros en la “ciudad cautiva”…eso que hoy llamamos “sociedad”. Nacer por segunda vez es algo que –si queremos- podemos realizar en vida. Es para eso que hemos venido a este mundo. Pero parece que primero los seres humanos hemos de agotar nuestras esperanzas de futuro en la desesperación: luchando y sufriendo por ese “mundo mejor” que nunca llega, dando crédito al “mundo peor” que consideramos “real”.

El Renacimiento se produce de modo natural haciendo como marcha atrás. Porque en gran parte se trata de recuperar la vivencia de cosas que antes por error hemos desechado: la Memoria, el Amor, a nuestros padres, los “órdenes familiares”, nuestra vulnerabilidad intrínseca (la parte doliente y “no-realizada”), la docta ignorancia (el No-Saber), el Corazón rendido a la Fuente del Agua de la Vida, etc.

El segundo nacimiento es el RETORNO A TU ESTADO NATURAL, y con él recuperas la condición de verdadero ciudadano. Porque vas descubriendo tu función: lo que tú puedes aportar; lo que de ti se espera: tu “proyecto de vida”. Y eso poco tiene que ver con tus trabajosos deseos-afanes, heredados, la mayoría de veces,  como programas proyectados por quienes en la tierra nos engendraron, de acuerdo a programaciones que ellos y sus ancestros a su vez sufrieron, a través de generaciones y generaciones, desde el tiempo inmemorial en que la separación se produjo.

El estado natural del ser humano se caracteriza por ser Nuevo. Vida Nueva. Nueva forma de respirar y ser. Nueva forma de estar en el mundo, donde los viejos programas y proyecciones ya no sirven. La Vida es siempre nueva, y sólo por error eso lo teníamos olvidado. Nacemos y morimos en pelotas. Eso también lo teníamos olvidado. Somos inocentes y poderosos porque cada uno de nosotros es el “Hijo Unigénito de Dios”. Desde ahí -pero solamente desde ahí- todos somos hermanos y podemos colaborar en la verdadera política.

(De todo eso hablaremos a partir del próximo jeves, 31 Octubre, en las Arenas de San Pedro – Ávila, dónde seréis muy bienvenidos. Hallaréis el programa del XI encuentro del Círculo de Estudios Espirituales Comparados en Díptico XI Encuentro pdf )

RENACIMIENTO: SALIR DE LA CIUDAD CAUTIVA

botticelli_birth_venus(Resumen de la conferencia que voy a dar próximamente en Arenas de San Pedro (Ávila) con ocasión del XI encuentro del Círculo de Estudios Espirituales comparados, días 1 y 2 de Noviembre <http://www.circulodeestudiosespiritualescomparados.org/> )

La política está hoy reducida a la lucha por el poder entre individuos, grupos, partidos, naciones, estados y coaliciones. Pero en realidad la POLÍTICA es para el Amor y la Vida. Esa es la política real, y no la otra. En realidad ya se está produciendo (si no, no existiríamos ninguno de nosotros, ni nuestras familias ni los colectivos de los que formamos parte). Sólo debemos aprender a reconocerla y practicarla conscientemente.

El reconocimiento de esa gran y primera POLÍTICA y la praxis que conlleva, nos hacen renacer a otra dimensión del mundo y de nosotros mismos donde rigen el amor, el bienestar, la prosperidad, la inocencia, el placer y la paz. El final de toda lucha es una rendición a la Vida, al Ser que ya somos, y que por error (en parte heredado) hemos relegado a lo inconsciente. Sin darnos cuenta vivimos como víctimas (culpables, esclavos) en una “ciudad cautiva”, sumidos en la desaprobación, el temor, la rabia y la violencia.

Abandonar ese “síndrome dualista” propio de la “pequeña política” – salir de la ciudad cautiva – es nuestro Segundo Nacimiento. Con él accedemos a la verdadera talla expandida de nuestra respiración cósmica. Y a la vez, podemos reconocer nuestro propósito de vida, asumir el liderazgo natural que a cada uno nos toca, e identificarnos con lo que desde siempre hemos sido y nunca dejaremos de ser. Renaciendo de ese modo trascendemos la visión dualista de las cosas y de nosotros. Dejamos de ver al otro solamente como un peligro y un enemigo potencial (recuperamos la fraternidad…inseparable de la libertad y la igualdad) transformando la visión dualista/competitiva, que es el sistema de pensamiento de los egos (individuales y colectivos).

Al renacer como hijos de Dios recuperamos el arraigo en nuestra inocencia original y podemos reconocerla en los demás, ayudándolos a que también ellos la reconozcan y la compartan. Esa Bondad-y-Belleza se produce cuando aprendemos a abrazar la parte oscura (doliente, inconsciente) dejando de proyectarla afuera (al otro, a los otros…). He aquí el auténtico Pacto de Alianza fundacional de toda comunidad verdadera, de toda polis. Ese acto divino se produce mediante nuestra rendición en el Aquí-y-Ahora.

LAS HUMANIDADES XI: Equivalencia de filosofía y religión cuando son auténticas

platon-raphael(Siguiendo la ocurrencia de Joaquín Muñoz, encabezamos ese nuevo capítulo de su obra, con la imagen de Platón inventada por Rafael. Es hermosa y dice mucho, como las restantes de este gran filósofo del Renacimiento, que realizó su obra nada más que con pinceles y pinturas…Releyendo estos capítulos, procedentes de su tesina, me enorgullezco de haberla dirigido, y sigo admirando su producción, tal como de momento la va ofreciendo en sus Meditaciones del Día)

En base a lo expuesto en los últimos capítulos publicados en este blog, puede inferirse que, desde la visión clásico-tradicional de la filosofía y las humanidades, resulta muy difícil diferenciar entre éstas y la religión propiamente dicha.

Olives se remite, en este sentido, a Dión Crisóstomo para propugnar una filosofía entendida como camino hacia la asimilación a Dios, una filosofía dotada de una dimensión espiritual y religiosa, un auténtico sacerdocio que implica la recepción, vivencia, cuidado y transmisión de los conocimientos y energías espirituales que se derivan de su práctica[1].

El  filósofo, como seguidor y amante de la Sabiduría, de la Verdad, de lo Bello y de lo Bueno es –al fin y al cabo- un seguidor y amante de su causa última y primera, de su fuente y origen:  Dios.  Un Dios que, en un acto de desbordamiento de Amor crea al hombre para que disfrute de una existencia gozosa y feliz al descubrirle y religarse con Él[2]; un Dios que modela toda la creación como revelación natural, como teofanía, para que su principal obra (el ser humano) sea capaz de reencontrarle a través de lo visible, mediante una hermenéutica simbólica que supone el método propio de las humanidades tal y como nos son propuestas por Olives.

Sin embargo, parece lógico preguntarse: ¿son las humanidades –o la filosofía antigua- una religión propiamente dicha? ¿Es suficiente la práctica de la hermenéutica simbólica para lograr esa plena religación con Dios, el cosmos, el prójimo y uno mismo?

Olives responde escueta y tangencialmente a esta cuestión, aunque en su contestación nos ofrece el núcleo esencial de su opinión.  Basándose en la hermenéutica dantesca plasmada en “La Divina Comedia”, se detiene en la explicación de por qué los grandes filósofos de la antigüedad (Séneca, Homero, Platón… etc) son situados en el limbo, un lugar en el que “no se grita de dolor, sólo se oyen suspiros”[3], los suspiros del que se encuentra en el camino de la buena vida (eudaimonia) pero que no es capaz de alcanzar su meta por carecer de la teoría completa y de los medios de realización necesarios.  Viéndolos como hijos del moralismo y del racionalismo, Dante considera incapaces -a los filósofos de la antigüedad- de obtener la Weltanschauung o cosmovisión religadora, al no disponer de los medios de realización espiritual que ofrece una tradición espiritual cuando se halla viva y activada[4].

Siendo esto cierto, Olives aclara algo sobre lo que ya hemos tratado anteriormente: no puede entenderse el pensamiento antiguo (y clásico en general) como la suma de rígidas estructuras sistemáticas, más propias de la filosofía contemporánea[5].  Existe una solidaridad entre los autores[6], que participan de la comprensión de un mismo modelo del mundo, de la sociedad y del hombre, el cual les viene dado de antemano, y con cuya ayuda especulan y trabajan[7].  A modo de consejo, nos recomienda nuestro autor: “si se quiere sacar el mayor provecho del estudio de los autores clásicos y filosofar con ellos, conviene precaverse contra la exageración de los planteamientos sistemáticos.  Frente a ellos es oportuno recuperar la noción típicamente humanista de «punto de vista»[8].  Éste, implica que las distintas escuelas desarrollan un aspecto determinado de un marco tradicional más amplio (en el cual se incluyen) y que ellos, implícitamente, también ayudan a transmitir.  En tanto que «punto de vista», la visión de cada escuela es sesgada, parcial, incompleta… Una parte del todo al que sólo se puede acceder por vía de síntesis, superando las aparentes contradicciones entre escuelas y remitiéndonos a la tradición que subyace tras ellas y las fundamenta.  Una tradición espiritual de la que participan la mayoría de los representantes del pensamiento clásico-tradicional: “Séneca, al igual que Sócrates, Platón y la mayoría de los filósofos de la Antigüedad, es una persona religiosa; además, piadosa: eso quiere decir que cumple con los ritos, que conoce los simbolismos y las mitologías, y que da por entendido el valor superior de las ideas y medios de gracia que vehiculan.  Que su labor como filósofo la acometa desde un plano que es propio del discurso racional no niega la vigencia de otros planos del discurso y del desarrollo teórico, sin los cuales la propia filosofía se hallaría desprovista de sentido”[9].

De hecho, el propio Platón es una interesante fuente para lograr acceder a antiguas tradiciones órficas, pitagóricas, egipcias, caldeas y persas que el tiempo ha borrado y que él se encargó de transmitir en su filosofía mística[10].  Entiendo este hecho como una indirecta indicación de la importancia que tiene anclar la filosofía (las humanidades) en una tradición espiritual que vivifique y complete el sentido de sus contenidos, de modo que aquélla pueda producir la metanoia personal que le religue a uno con Dios y su creación.

Como conclusión, podemos afirmar que la hermenéutica simbólica propia de las humanidades clásico-tradicionales es una metodología necesaria para descubrir y vivenciar la filosofía, la religión y la realidad en toda su profundidad…  Sin ella, no pueden comprenderse adecuadamente los contenidos religiosos ni filosóficos.  Pero, al mismo tiempo, la hermenéutica simbólica precisa de la participación en una tradición espiritual para hacer posible la recepción de las influencias que dan lugar a la experiencia personal de gozo espiritual y religación (más allá de los límites de la mera intelectualidad) con todo cuanto rodea al ser humano.

La hermenéutica espiritual, así entendida, es el nexo metodológico que permite relacionar los diversos estratos de la realidad a través de la analogía, descubriendo estructuras comunes que hacen posible el conocimiento de lo aparentemente ajeno a través del autoconocimiento y permitiendo intuir la unidad  e interdependencia entre todo lo existente: entre Dios y la naturaleza, entre la naturaleza y la ciudad, entre la ciudad y el hombre…  Entre la teología o metafísica, la cosmología, la política y la antropología…  Una nueva mirada que nos ofrece una nueva percepción de nosotros mismos y de cuanto nos rodea.  Una experiencia de la realidad que nos conduce al Paraíso Perdido, a la felicidad que –en nuestro interior- todos anhelamos…  Un gozo y una dicha que, digan lo que digan, está a nuestro alcance.  El Reino de Dios está muy cerca…  En nosotros mismos.

 


[1] Olives:2006, 162

[2] Cfr. Olives:2006, 370

[3] Dante:DC, Purgatorio VII, 28-30

[4] Olives:2006, 111

[5] Olives:2006, 105

[6] Olives:2006, 104

[7] Olives:2006, 105

[8] Olives:2006, 108

[9] Olives:2006, 113

[10] Olives:2006, 408

LAS HUMANIDADES VI: El simbolismo metafísico de las Tres Gracias

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(Añadimos un capítulo más de los que Joaquín Muñoz Traver va colgando en su citado blog, fruto de la investigación por él realizada sobre el método de las humanidades tal como yo lo he aplicado al mundo académico de hoy)

Una vez clarificado –en el anterior capítulo- el vínculo existente entre aprendizaje y docencia en el ámbito de las humanidades, podemos enriquecer esta visión con las aportaciones propias de la teoría de las Tres Gracias al respecto.

Comenzaremos nuestra aproximación al tema simbólico de las Tres Gracias, al que se han referido muchos pensadores y artistas destacados (siendo la principal vía utilizada por el pensamiento clásico para transmitir la teoría sobre la liberalidad o los beneficios, sobre el arte de dar, recibir y devolver[1]) con una introducción general al mismo para, posteriormente, y pese a su riqueza simbólica y a la multitud de lecturas y enseñanzas que de ella se pueden obtener, ceñir nuestra aproximación a su valor arquetípico en el terreno del aprendizaje y la enseñanza, en el campo de la pedagogía humanística.

Dada la importancia que otorga Olives a los soportes imaginales para facilitar la meditación hermenéutico simbólica, así como atendiendo a la profusión de imágenes que  sobre este tema encontramos en La ciudad cautiva[2], incluyo la interpretación que de las mismas realizó  Botticelli, pintor-filósofo platonizante, perteneciente a la Academia florentina de Marsilio Ficino, cuya obra “cargada de conocimiento, vehicula un potencial iluminativo de gran calado, hecha como está para la contemplación meditativa, que no niega el valor estético, antes lo culmina”[3].

Botticelli nos muestra tres hermosas mujeres, con sedosos, vaporosos y transparentes vestidos, con sus manos entrelazadas en una circular y sensual danza mediante la cual parecen establecer un callado diálogo que las une.  Matices a un lado[4], se trata del modelo iconográfico clásico de las Cárites.

Al contemplar la imagen podemos preguntarnos, como hizo Séneca (en cuyos planteamientos bebe Olives para configurar, desarrollar y comunicar su teoría de los beneficios[5]) quiénes son estas mujeres y por qué son tres.

Nuestro autor, como es habitual en él, comienza introduciéndonos en el sentido etimológico y simbólico del término «gracia»: nos habla de la relación existente entre su raíz indoeuropea jr y las letras griegas XP del Crismón, de sus paralelismos sánscritos y de su vinculación con la idea de transmisión de influencias espirituales.  Por último, y en un sentido más común, lo asimila a la idea de goce, favor, don o beneficio[6].

Tras esta primera aproximación, se nos muestra con mayor claridad que el contenido «filosófico-humanístico» de esta iconografía tiene que ver con el hecho de que “hay gracia en dar, gracia en aceptar o recibir, y gracia en devolver”[7].  La desnudez (o semi-desnudez) de las Gracias expresa la naturalidad de los beneficios[8] que circulan según esta estructura ternaria, en la que cada uno de los elementos hace de mediador entre los otros dos, dando lugar a un dinamismo de intercambios mutuos que se simboliza pictóricamente con las manos entrelazadas y la feliz danza en que participan[9].  Un baile que nos remite no sólo a la alegría de regalar y ser regalado sino que, a través de su circularidad, nos comunica el retorno del don al donante.

Los nombres, atributos y posición de las Tres Gracias nos permiten dar un paso más en su correcta comprensión: a la izquierda, la sensual y provocativa Eufrósine-Voluptas (el Goce o el Placer); en el centro, la cariñosa, sencilla y prudente Talía-Amor-Castitas (el Amor altruista, iluminado o compasivo) y, a la derecha, la sofisticada, elegante y radiante Aglaia-Pulchritudo (la Belleza o Hermosura)…  La iniciadora o impulsora de todo el dinamismo[10].  Y, con esta última afirmación, retomamos el platónico mito de la caverna que nos está sirviendo de hilo de Ariadna para llegar al núcleo central de las humanidades entendidas como proyecto pedagógico, como imbricado nudo entre aprendizaje, desarrollo personal y docencia; entre recibir, disfrutar y dar.

Decíamos anteriormente que es la belleza (Pulchritudo) del nuevo mundo que se ha abierto ante sus ojos lo que, junto al recuerdo de su anterior y triste vida de sombras, mueve al cautivo liberado a descender de nuevo a la caverna para, llevado por la compasión (Castitas), tratar de conducir a sus antiguos compañeros, que siguen cautivos, a la nueva realidad que él ha descubierto, que ya está gozando (Voluptas) y cuyo disfrute se verá incrementado al ser compartido[11] (pues el colmo del placer se basa en una actitud de natural entrega altruista[12], de dar gratuitamente lo que como regalo se ha recibido).

Pero las Tres Gracias no sólo ilustran la naturaleza o razón de ser de este dinamismo, también nos aportan rastros –que sigue atentamente Séneca- sobre cómo debe desarrollarse esa danza de dar, recibir y devolver.  El sabio, docente o pedagogo que comunica su conocimiento a los demás, les está haciendo un regalo, un beneficio, se está donando, entregando a sí mismo en su acción[13].  Y esa entrega, nos recuerda Olives, debe regirse por la adecuación y proporción para que el beneficio pase de mano en mano hasta volver a su causante y no se pierda la reciprocidad (simbolizada por los dedos entrelazados y la forma circular de la danza) como sucedería si se rompiera algún eslabón de la cadena.

Nos recuerda además nuestro autor que, tanto en la versión iconográfica que de las Tres Gracias hace Rafael en su fresco, como en la que aparece en el ex-libris de Johannes Cuspinianus, “las tres doncellas aparecen involucradas en un juego de pelota”[14] que nos permite especular  sobre “las disfunciones de la economía del don, [que] son tanto la mezquindad como la prodigalidad.  Pues bien, observaremos que si la pelota cae al suelo es culpa de quien la da, de quien la recibe o bien de ambos: esto puede venir de tirarla demasiado fuerte, o con poco impulso, o bien de la misma naturaleza de la pelota (que sea demasiado grande o pequeña, demasiado pesada o ligera… etc.).  El comentario advierte que tiene que haber adecuación, o proporción, entre el donante, el receptor y lo dado.  Peca tanto quien se pasa en la medida como quien se queda corto”[15].

¿Cómo aplicar esta enseñanza a la educación?  Teniendo en cuenta, en primer lugar, que el objetivo de ésta es sacar afuera lo que uno tiene en su interior[16], dar a luz el conocimiento embrionario, motivar a uno para que inicie su particular travesía hacia el exterior de la caverna…  Para ello, nos recuerda esta iconografía, el sabio debe atender a las características y necesidades del oyente debe dosificar el conocimiento que le entrega atendiendo a sus capacidades, a su cultura y a su lenguaje, de modo que le resulte comprensible y útil para el desarrollo de su personalidad, cumpliendo así su función[17] desde el punto de vista de la hermenéutica simbólica clásico-tradicional.

Mediante una cita de la Hieroglyphica de Valeriano, nuestro autor nos ofrece unas claras directrices sobre cual debe ser el talante propio del benefactor y del beneficiado, del maestro y del discípulo: “No debiéramos seguir adelante sin indicar que una de las gracias está con el rostro vuelto y oculto para indicar que aquél que hace un regalo debe hacerlo sin ostentación.  La otra muestra su rostro abiertamente porque quien recibe un bien debe mostrarlo y declararlo públicamente; y la tercera gracia muestra un lado de su rostro y oculta el otro significando que al devolver los beneficios debiéramos ocultar la restitución, pero mostrar lo que nos ha sido dado”[18].  El maestro debe por tanto ser discreto y humilde, centrando la importancia y atención en aquello que transmite.  El discípulo, sin embargo, debe mostrar su agradecimiento dando a conocer la fuente por la que ha llegado a él el saber, alabando y haciendo públicas las virtudes de su benefactor.  Por último, el discípulo no debe guardar el conocimiento para sí sino que, en su recién alcanzada maestría, debe dejarlo fluir, compartirlo (humilde y discretamente) con los demás…  Incluso con su propio maestro, que también se verá beneficiado por esta reciprocidad.

La imagen de las Tres Gracias, con todas las especulaciones que puede suscitar y que aquí sólo hemos esbozado, muestra –en cierto modo- una correspondencia con las tres fases en que hemos estructurado el proceso pedagógico: Voluptas, el goce o placer del estudio, de recibir, de ser regalado o beneficiado; Pulchritudo, la belleza o hermosura de la meditación, de aceptar, disfrutar y hacer propio lo recibido; y Amor-Castitas, el amor altruista que conlleva el deseo de transmitir y compartir lo que se ha recibido, el deseo de transmitir y compartir la felicidad que se ha obtenido mediante el conocimiento transformador de uno mismo, mediante el arraigo en la propia naturaleza.


[1] Cfr. Olives:2006, 138

[2] En Olives:2006 se incluye, además de la imagen de las Tres Gracias de Botticelli (pág.143), las de un fresco de Pompeya (pág. 139), las de Rafael (pág. 141), las de Correggio (pág. 146), las del ex-libris de Johannes Cuspinianus (pág. 147), una versión popular en mosaico procedente del pavimento de una casa en la antigua colonia Julia Augusta Paterna Barcino, núcleo fundacional de Barcelona (pág. 148),  la fuente de las Tres Gracias en la Hypnerotomachia Poliphili de Francisco Colonna (pág. 151),  las del cuadro de Rubens (pág. 153) y las de la Hieroglyphica del humanista Pedro Valeriano (pág. 155).

[3] Olives:2006, 142

[4] En otras representaciones aparecen desnudas, o jugando con una pelota, o en posiciones algo distintas…

[5] Cfr. Olives:2006, 103

[6] Cfr. Olives:2006, 438

[7] Olives:2006, 144

[8] Cfr. Olives:2006, 149

[9] Cfr. Olives:2006, 144 y 155

[10] Cfr. Olives:2006, 142

[11] Cfr. Olives:2006, 120

[12] Cfr. Olives:2006, 141

[13] Cfr. Olives:2006,  118-120

[14] Olives:2006,  145

[15] Olives:2006,  145

[16] Cfr. Olives:Gaudí, 13

[17] Cfr. Olives:2006, 145

[18] Wind:1972,  41, citado en Olives:2006

LAS HUMANIDADES III: La hermenéutica, arte de la interpretación simbólica

naturaleza-teofania-revelacion

La hermenéutica simbólica propia de las humanidades entendidas en un sentido clásico-tradicional, implica –como ya hemos visto en artículos anteriores- el descubrimiento y activación del intellectus, hecho que a su vez conlleva un nuevo modo de mirarse a uno mismo y a cuanto nos rodea al hacer despertar la conciencia simbólica.

Habiendo descrito ya qué entiende Olives por símbolo y cuál es la facultad cognoscitiva que nos permite aprehenderlo, considero pertinente proponer  una cuestión que, al menos para mí, ha resultado decisiva a la hora de posicionarme ante los planteamientos de nuestro autor: ¿por qué existen los símbolos? ¿Qué sentido tiene su existencia?

Sorprende, al principio,  comprobar que la respuesta que ofrece Olives a esta cuestión escapa a los límites de la hermenéutica y penetra en el territorio de la teología, la cosmología y la antropología al coincidir con otra decisiva pregunta que la mayoría de seres humanos nos hemos planteado alguna vez:  ¿Para qué existimos?  O, en un lenguaje más propiamente religioso: ¿Para qué hemos sido creados, por qué hemos sido traídos a la existencia? ¿Cuál es la razón de ser de la creación?

Nuestro autor no plantea expresamente esta cuestión ni ofrece una sintética respuesta a la misma.  Su absoluta coincidencia con los planteamientos clásico-tradicionales hay que irla recuperando entre los fragmentos dispersos de su obra que nos ofrecen las claves de su opinión al respecto.

Olives no oculta su convencimiento de que “es Dios mismo quien eternamente genera por su «palabra» todas las criaturas”[1], dando a conocer su esencia incognoscible a través de sus dinamismos (la expresión –indica nuestro autor- pertenece a Dionisio Areopagita), mediante los que crea, transforma y actúa en el mundo[2].  Un mundo que ha sido hecho para que el hombre, la central de sus obras, “habite y goce con Él en la dimensión eterna”[3].  Esa es la razón de ser de la creación: un amor que se desborda –Deus caritas est– y que pretende que su criatura goce de la dicha de re-unirse con su fuente.

Este modo de entender a Dios como un Tesoro que quiere ser descubierto para gozo de quien Le halle (planteamiento propio del pensamiento clásico-tradicional del que Olives participa) y que, con esa intención, se manifiesta a través de la naturaleza, es el pilar sobre el que se sostiene la visión teofánica de ésta que ya intuye nuestro autor en la propia etimología del término universo, tal y como expone detalladamente en el siguiente párrafo:  “La palabra latina universum se compone de la palabra unum, que designa a Dios, «el Uno sin segundo», y del verbo verto, que significa «volver», en el sentido de «girar dando vueltas».  Significa la revolución universal, que es el movimiento giratorio de todas las cosas y los seres creados en torno al Principio que los ha generado, el Ser universal, que todo abarca y todo trasciende, pero que a la vez aparece como inmanente a la creación y a cada uno de los seres.  (…)  El universo, equiparable a la naturaleza, ha de considerarse como la convergencia global en la unidad, la coincidencia de todas las cosas creadas en su origen común, o causa primera, y, por tanto, la unidad de todos los seres y cosas que componen el mundo”[4].

Esta naturaleza descubierta como símbolo, “como espejo donde se refleja la obra de Dios”, como Liber Mundi[5], como texto sagrado donde leer el plan divino, forma parte de lo que tradicionalmente recibe el nombre de «revelación»[6] y se configura como útil instrumento de progreso espiritual, como herramienta para que el hombre –ser inacabado capaz de elevar su naturaleza a las alturas divinas o hundirse en la animalidad más vergonzosa[7]– encamine correctamente su vida en pos del retorno hacia el absoluto que debe ser su meta última[8].

Por esta vía, “tomar contacto con la naturaleza significa para el hombre entrar en una economía de salvación”[9] ya que a través de ella, de su vivencia mística al estilo del santo de Asís[10], las realidades secretas e invisibles se hacen visibles y comprensibles (per visibilia ad invisibilia).  Mediante la analogía que relaciona la naturaleza naturada con la Naturaleza naturante[11] se desvela el valor simbólico de la creación –su valor teofánico o revelatorio-  que permite la religación del ser humano con los arquetipos[12] presentes en la mente divina[13], posibilitando el pleno desarrollo de la personalidad mediante una operación intelectual que revela al hombre lo que está escondido en sí mismo y en el universo que le rodea[14].

En próximos artículos trataré sobre los distintos soportes simbólicos y sobre la metodología hermenéutica que propone Olives como instrumento para interiorizar su revelación, vivenciando el símbolo y religándonos con aquello que transmite.  Pero eso será otro día.  Ya tenemos material suficiente para el fin de semana.


[1] Olives:2006, 312

[2] Cfr. Olives:2006, 35

[3] Olives:2006, 215

[4] Olives:2006, 312

[5] Cfr. Olives en el prólogo a Chevalier:1995 y Olives:2006-II, 97

[6] Cfr. Olives:2006, 312

[7] Cfr. Olives:LD, 16

[8] Cfr. Olives:2006, 36

[9] Olives:2006, 313

[10] Cfr. Olives:Gaudí, 4

[11] En Olives:2006, 314 aclara Olives que la Natura naturans es la dimensión divina, infinita, que contiene las Ideas puras, modelo sutilísimo y preformal que apriorísticamente configura el universo –su estructura y dinamismo- en la mente del Creador y que, por tanto, la Naturaleza naturante designa a Dios mismo, y es uno de los nombres principales para designarlo.  La natura naturata, por su parte, designa el aspecto visible del mundo, su recubrimiento sensible, la plasmación material de la Naturaleza naturante que actúa como su soporte simbólico, como su simbolizante para hacerla accesible al ser humano.

[12] Entiendo que Olives emplea este término en su sentido etimológico, como patrón ejemplar del que otros objetos, ideas o conceptos se derivan (de árkho, fuente u origen, y týpon, modelo o impresión según Coromines:2008, 43) y no según los matices de escuela, ya sea ésta escolástico-platónica, naturalista, sistémica o junguiana.

[13] Cfr. Olives:2006, 313 y 315

[14] Cfr. Olives:2006, 315