El final de la historia

El final de la historia

Ese título feliz lo aplicó Fukuyama hace unas décadas, para comprender la nueva situación internacional tras la caída del Muro de Berlín, cuando se desmoronó la división en dos bloques antagónicos en permanente disputa por acaparar la riqueza de las naciones. Hoy, con esta crisis que estamos viviendo, tenemos la oportunidad de aplicarlo de una manera mucho más profunda. Porque se trata realmente del final de la historia, como la gran oportunidad realmente salvadora, que se presenta al hombre de nuestros días. El mundo aprieta con dolores de parto, cambiando la circunstancia que nos toca vivir, por fuera y por dentro, borrando creencias, prejuicios y también perspectivas de futuro en el sentido que era corriente.

Hay una visión del mundo y de nosotros mismos que está dejando de ser válida. Políticamente podemos reconocerla en el espectáculo lamentable de los Estados actuales, que aparecen como barcos a la deriva, con dirigentes totalmente desorientados, o creyendo en sus propias mentiras y estereotipos del pasado, que viene a ser lo mismo. En la economía no hay más que de-construcción de todo cuanto se había estado construyendo en los últimos siglos, como si se tratara de un retorno directo a la prehistoria. En el fuero interno de la ciudadanía, desorientación, rabia, temor ante todo lo que de pronto se desmorona, pero también vislumbre de una nueva-antigua forma de estar en el mundo más acorde con la inocencia de nuestra verdadera naturaleza. Algunos podrían llamarla reconocimiento del verdadero Valor, o de la realidad primera del Ser, esa que con distintos lenguajes y simbolismos late en las grandes tradiciones y ciencias sagradas del género humano.

Se trata de dar sentido a ese gran cambio, que nos conduce a nuestro Estado Natural, tal como lo llamaron los ilustrados europeos hace tres o cuatro siglos: un estado de inocencia (libre, igual y fraternal) que sólo en apariencia habíamos perdido de vista, ofuscados como estábamos por la pseudo-religión del progreso.  Claro! es que el progreso del ser humano es otra cosa muy distinta, mucho más gratificante, fiable, permanente, indestructible! Es, ni más ni menos el reconocimiento de nuestra verdadera naturaleza innata, hecha “a imagen y semejanza”. No ha dejado nunca de estar ahí, para quien desee verdaderamente reconocerla, en libertad, para bien propio y de cuantos nos rodean. Ya que, en efecto, otra cosa que el “progreso” nos hizo olvidar, es que “yo soy yo y mi circunstancia”, según frase lapidaria de Ortega y Gasset. Es el sumo bien, el verdadero bien común, la fuente compartida.

El ciclo de humanidad que ahora termina, llamado con distintos nombres por las tradiciones antiguas de Oriente y Occidente, comporta un cambio mucho más grande de lo que el raquitismo intelectual de los últimos siglos nos permite vislumbrar. Su naturaleza ha sido descrita y explicada, con harto detalle, por grandes sabios de aquí y allá, cuyas obras han sido incluso publicadas, pero están lejos del alcance de lo que hoy llamamos intelectualidad, por su propia profundidad y amplitud de miras sobre el mundo y el hombre. En nuestra cultura más al alcance hay las referencias escuetas, en clave simbólica, de Hesíodo, Virgilio y Ovidio, cuando se refieren al las cuatro (o cinco) etapas. Aquí lo importante es comprender que el pasaje de una edad oscura a una nueva edad de oro se produce con un solapamiento de la una con la otra. De modo que todo aquello viejo que por corrupción se está auto-destruyendo y terminando, coexiste con los albores de la nueva etapa el amanecer de la Luz, que sólo en apariencia había estado ocultada para la mayoría.

Esa Luz de consciencia, proximidad, bondad y confianza que la gracia está hoy derramando a raudales en nuestros corazones, acabará disolviendo y neutralizando todas las viejas creencias, mentiras y prejuicios sobre lo que no somos y tanto dolor nos da, individual y colectivamente. El final de la historia comporta simplemente el final de las creencias en falsedades que no aportaron felicidad: una historia heredada, un “pecado original” que nosotros, inocentes no cometimos, unas faltas cometidas por ignorancia. De la comprensión de nuestro corazón iluminado (no de la mente cerebral) viene el perdón, a uno mismo y al prójimo. Perdonar es reconocer la bondad natural: una bondad que no es de beatería, antes de ver la calidad superior de todos nosotros y el mundo, esencialmente anclados en la Consciencia Cuántica que aquí y ahora está generando todo eso. El final de la historia es ese tipo de reconocimiento, hoy puesto tan al alcance.

Del Welfare-State al Estado Totalitario

Del Welfare-State al Estado Totalitario

El viejo Leviathán se había disfrazado de Estado de Bienestar,para ocultar las vergüenzas de mediados del siglo XX (guerra civil española, guerras mundiales, regímenes totalitarios comunistas, nazis y fascistas, con sus lindezas progresistas). Parece que ahora ha cumplido la misión de estas décadas. Ha reducido la población a una situación totalmente despoderada, necesitada en todo momento ayuda por el Papá-Mamá-Estado, sometida y manipulada por los aparatos de enseñanza y manipulación de masas. Claro, todo eso ha funcionado vía underground, bajo los grandes méritos aparentes de ese Pogreso que ahora se descubre como falso, o al menos insuficiente. No vamos a negar esos méritos de los que nos hemos beneficiado hasta hoy: enseñanza gratis, viajes fáciles, protecciones de “derechos” de superficie, atención médica de emergencia gratis, panem et circenses, etc etc.) Pero en el punto de vista necesariamente global que nos impone la actual crisis, reconocemos en todo ello una careta, porque lo que se ha estado perdiendo con todo ese Pogreso es el alma de la ciudadanía, es decir, la condición adulta, el reconocimiento del Ser (de todos, de cada uno y en cada uno), la dignidadesencial del ser humano, como la llamaban Pico de la Mirándola y demás ancestros del Renacimiento.

Y aquí estamos. Se ha caído la careta de la Mamá-Welfare!  Caperucita en realidad se había acostado con el lobo feroz, no con la abuela. En la sesión parlamentaria de ayer todos los partidos estaban unánimemente de acuerdo en fundamentar y aumentar la paranoia, centrar en el Virus la visión del “enemigo” y aumentar lo más pronto posible la suspensión de derechos y el confinamiento de la población. El lobo feroz, disfrazado de “sistema democrático” nos ha dejado patitiesos! Que pillo! Qué tonto! Antiguamente se le llamó “el señor de la mentira”, “el príncipe de las tinieblas”, el “rey de este mundo”. No se extrañen los que lo habían visualizado como Pedro Botero, o el demonio de dos cuernos que asusta a los Pastorets. Se trata en realidad de un colectivo amorfo, una mentalidad pringosa que todo lo impregna en cada uno de nosotros y fuera de nosotros. Se le puede llamar Ego, individual y colectivo. Es un síndrome paranoico, que se siente desprotegido y todo lo quiere resolver por la lucha, la contraposición y el dolor. En la esfera sociopoítica, eso es lo que con toda propiedad se puede llamar el Estado, un diseño inventado en la Age of Revolution y magnificado en esos últimos siglos de decadencia en el sentido humano. Eso es lo que está en crisis. El ser humano lo vivencia como fatalidad o como posibilidad de liberación, la elección es libre.

No vamos a crear otro partido político, ni luchar contra nada. Eso sería entrar en el juego paranoico del Leviathán. Sólo nos interesa de momento comprender. Porque si disponemos nuestro corazón abierto a las luces que desde dentro y desde arriba nos vienen dadas, el miedo y la confusión empiezan a transmutarse en cosa buena. Hay dolor y sufrimiento, ciertamente. La vida incluye eso. Es un tránsito por un lugar extraño, y hay que creer que hemos elegido ese tipo de experiencia al nacer. Cada uno en su sitio y en su circunstancia, determinación o Destino. Todos, ayudados por la Providencia, si la Voluntad se pone a favor. He aquí las tres potencias del universo tal como nos las transmitieron los pitagóricos y luego la tradición sagrada más reciente. Hay cosas que no podemos cambiar: eso se llama Destino. Hay la Providencia, que hoy llamaríamos la Conciencia Cuántica, que en todo momento está informando todas las cosas, desde las galaxias hasta las células y los protones, desde el firmamento a los entresijos e interioridades de la mente humana, las emociones y la conciencia individual. Todo lo penetra. Siempre está ahí para iluminar y guiar. Pero para eso falta activar el Tercer Poder del Universo: la Voluntad Humana, siempre libre de volverse hacia lo que reconoce como verdadero o poner la cabeza bajo el ala, apuntándose una vez más al programa paranoico del ego, señor de la mentira, déspota por excelencia.

La crisis del Estado, cuyos actos iremos viendo, lleva por título “A toda velocidad hacia ninguna parte” en palabras de Carlos Moya. Estamos aquí para verlo, comprenderlo, y transmutarnos en la belleza y la bondad que somos por nacimiento. Ayudándonos los unos a los otros, como hermanos que somos, hijos de Lo Mismo. Los tiempos están a favor. La vida es un hermoso diseño Sur-Réel. Cada uno en su casa, y la “Consciencia Superior” en la de todos.

Basta de manipulación por el pánico!

Basta de manipulación por el pánico!

A los capaces de comprender qué cosa es la verdadera salud conviene animar a comprender que la situación actual del mundo es una gran ocasión para conseguir dicha salud auténtica, en toda profundidad y verdad. El cosmos en nuestros días nos está apretando con fuertes dolores que generan stress, miedo y enfermedad a la población. Comprender lo que está pasando es un gran primer paso en el camino de la sanación. Hay muchos aspectos aparentes, pero todos coinciden en la idea de un parto cósmico, individual y colectivo, con el que se nos invita a renacer, cambiando de raíz el punto de vista sobre nosotros mismos, el mundo y la vida: un cambio radical de conciencia, una metanoia, que vienen propugnando desde la Antiguedad más remota todos los más sabios de Oriente y Occidente, desde las estepas de Tartaria hasta las tierras calientes del Sur.

Lo primero es desarticular el terror, y quiero referirme a una de sus formas más engañosas que en estos días parece tener mucho éxito. Denunciarlo es también ir desactivándolo.

Basta, pues con el abuso perpetrado por el lobby científico-laboratorio-mediático que genera esa oleada de pánico con el virus de marras, con toda la liturgia paranoica que genera! No digo que no haya enfermedad y que no deba paliarse con los medios materiales de que se disponga. Pero otra cosa es colapsar el funcionamiento mismo de los medios de curación generando la ola de pánico, abusando del poder comunicativo y exacerbando todavía más la fragilidad y el miedo que el Estado, llamado de Bienestar, viene provocando desde hace décadas como resultado colateral de su pringosa y errónea concepción de la salud.

Semejante forma solapada de terrorismo se realiza con la connivencia casi automática de la clase política: una red de grupos oligárquicos de distinto color que, con su simulada pelea por el poder miserable, mantienen distraída a la población de manera casi permanente. Estos grupos manipulan la política, la desfiguran, camuflándose en partidos políticos y en las instituciones y cargos públicos, para influir en la población en interés propio (individual y de grupo) totalmente olvidados del bien común, que es el Bien del Alma Humana, tal como lo afirman nuestros clásicos desde la Antiguedad más remota.

Hay una galaxia de voces autorizadas (médicos, prohombres públicos e investigadores)-remito simplemente a lo que aportan la reciente entrevista a Sucharit Bhakdi, y el artículo de Javier Aymat, La Histeria Interminable– que por ser críticas con el desmán, poco trascienden a los medios), digo gente con conocimientos científicos y experiencia  en la responsabilidad pública, que critican ese tipo de manipulación mediática que se está haciendo. Ellos aportan datos comparativos con los años anteriores,junto con las gripes y pandemias precedentes, demostrando que la presente -tan cacareada- arroja incluso menos contagios y defunciones que las anteriores, las cuales transcurrieron sin el sobre-añadido de la alarma global y las medidas preventivas de confinamiento y colapso.

Todo eso no es decir que no pasa nada. Volvemos al inicio: estamos en una crisis mundial importante donde van cayendo las viejas estructuras (tanto externas como mentales) para acceder a un punto de vista nuevo sobro nosotros mismos el mundo y la vida, más acorde con lo real y la verdad. Hay muerte, sí! Afecta principalmente a los viejos, claro! Las formas de vida urbanas actuales debilitan a la población y la vuelven proclive a enfermar, cierto! Pero todo eso no es para exacerbar el miedo con añadidos fantasmagórico-infantiles. Antes es para reflexionar como adultos, serena, humilde y pacientemente, considerando cada uno como aprovecha esos dolores de parto que le vienen regalados (cada uno según las necesidades particulares de su evolución liberadora), y como a partir de ello puede ayudar al prójimo.

Recuérdese el célebre aviso de las azafatas al iniciar el vuelo”Colóquese primero cada uno la mascarilla de oxígeno, antes de ayudar a que los demás se la pongan”. Aquí el oxígeno se refiere a la comprensión y a la Verdad. Ese tipo de mascarilla es simbólica: nada que ver con el actual tinglado comercial de morriones.

Descreer para volver a ver

Descreer para volver a ver

En el momento actual a mí y a muchos nos duele la política. Nos duele sobre todo porque es difícil ubicarse en ella con amor e inteligencia. El escenario político actual en Cataluña, en España, en Europa y más allá es demasiado complicado para poderse gobernar con las antiguas fórmulas. Por primera vez en nuestro recuerdo los dirigentes en general –al menos los más conscientes- reconocen no saber a dónde va todo eso, ni cómo gestionar las problemáticas que se plantean. Prima entonces la inhibición ante el reto local y mundial. Y en vez de dar el paso al frente que las dramáticas situaciones parecen exigir, se tiende a dar un paso atrás volviendo a las fórmulas políticas más rutinarias y aún exagerándolas: no viendo más que el corto plazo y procurando todos el poder a la manera “maquiavélica” sin lealtad, sin escrúpulos, usando de la mentira.

Un paso al frente: he aquí la solución, cuando las cosas van mal dadas. Pero conste que ese avance no es el cambio que nos propone el escenario político aquí y allá. Hoy todos hacen campaña propugnando un cambio, que solamente significa desbancar al otro, principio del mal. Eso es más de lo mismo. Lo que importa hoy es volver a comprender que el quid de la política es el reconocimiento de la unidad, o mejor, de la no-dualidad, de toda comunidad humana, de toda nación, de todo estado o entidad globalizada. Porque es en ese cambio que el género humano reconocemos la cosa común: y es eso lo que constituye la “polis”, toda polis, sea al nivel que sea dónde queramos reconocerla.

Eso comporta un cambio de conciencia. Las complicadas situaciones de la escena política hoy lo exigen. Porque de otro modo ya no hay soluciones, y todo nos aboca a acabar de destruir el viejo cadáver de nuestra vida comunitaria peleando estúpidamente unos contra otros, todos en nombre de la razón y el derecho, desde el egoísmo. Así no se consigue ninguna patria ni sociedad que sea viable. Con la división y el odioso dualismo no puede jamás reconocerse lo común, base de la comunidad, esencia de lo humano. El bien común es tan importante y tan grande que no podemos volver a reconocerlo en la política más que a través de una conversión de la mirada. Dirigiendo la atención, en medio de los fregados, en otra dirección.

Intuimos que en la situación actual de nuestros países y del mundo no hay más solución verdadera que ese cambio de punto de vista. Y lo podemos llamar “cambio de conciencia” porque no se trata ya de inventar y aplicar ninguna nueva fórmula en el plano de la acción. De todo eso ya hay mucho: jamás había habido en el orden político tanta herramienta y habilidad de regimiento, gobierno y gestión como la hay hoy día, ayudando la ciencia, la informática, la comunicación de masas…Poner la mirada en otra dirección es lo que se hace cuando después de tantas vueltas uno reconoce que no es capaz de hallar solución en el laberinto. La salida es por el centro: nuestra consciencia de ser humano en el presente, aquí y ahora, puesto que en ella podemos reconocer de nuevo el bien común…siempre pre-existente en todo tipo de problema.

Hay que tener en cuenta para ello, que ese cambio de conciencia, ese paso al frente es en cierto modo un paso atrás. Porque significa atender a lo que aparece como lo más pequeño. Ver que el ser humano que somos cada uno de nosotros es necesariamente el centro de la polis, tal como el mundo está diseñado. No somos, desde luego, el centro de la sociedad y la política desde nuestro ego. Pero sí lo somos en tanto que nos percatamos de esa preexistencia del bien común. Cuando la reconocemos en lo concreto, más acá de todo conflicto, discrepancia o impasse en la relación. En verdad se trata de un cambio de conciencia. Y no es difícil porque la madurez de los tiempos está a favor para que podamos llevarlo a cabo.

En este caso la “marcha atrás” es salir de la arrogancia que genera en nosotros el haber accedido a tener opinión en temas difíciles que en el fondo ignoramos. Por eso es fácil, en el sentido que únicamente se pide el amor a la verdad. Es decir, reconocer que las opiniones no son más que sistemas de creencias, pensamiento condicionado, pero que la verdad, inefable, es siempre anterior y preexiste a todo ese batiburrillo de saberes, a veces útiles, pero que hoy en la política usamos principalmente para pelearnos y estúpidamente intentar medrar.

Entonces ¿cómo reconocer eso previo, que nos hace humanos, conscientes del bien común: de eso tan principal, que compartimos con nuestros contemporáneos y semejantes? …si no es cambiando el punto de vista, apeándonos de la opinión, de las fes, de las supuestas certezas, aunque a nuestro ego eso le parezca imposible. Es fácil. Tiene que ver con la verdadera sabiduría, la de Sócrates y los sabios. Se la puede llamar ignorancia previa a toda opinión. Se la puede llamar humanidad por encima de razón. O también, ignorancia superior a nuestros saberes, habilidades y competencias. Es saludable, hay que probarlo, funciona y da frutos. Eso sí: no como ideología, antes como experiencia en el aquí-y-ahora.

Desde esa marcha atrás, que es despertar y cambio de conciencia en las situaciones concretas, se transforma el escenario de toda política. Desde aquí vislumbramos la manera de sanar nuestra dolencia comunitaria. Desde aquí todos los medios de gestión, habilidades de comunicación y creatividad sociopolítica, se van poniendo a favor para bien. Descubrir la verdad no implica perder opiniones, creencias ni saberes, antes sí, ponerlos en su sitio, admitir que se rectifiquen y dejar de usarlos para generar más dolor.

Si hoy a muchos nos duele la política en sus planteamientos dualistas, conflictivos, en sus problemáticas insolubles, es ciertamente para invitarnos a ese gran cambio que los tiempos están urgiendo. En tanta crisis podemos hallar la energía para una gran transformación en el sentido evolutivo de la humanidad. Y todo cambio en ese sentido nunca puede ser de tipo mecánico, inconsciente, guiado desde fuera por alguien otro. Si como nos recuerda la física cuántica el mundo es ante todo consciencia, el cambio se produce desde esa misma consciencia cuando vamos siendo capaces de reconocernos en ella poniéndonos al servicio, escuchándola y fluyendo con ella. Eso es lo natural: lo más ecológico. Nos resitúa directamente en la visión del bien común, eso preexistente que hace nuevas todas las cosas. Paradójicamente parece que se nos invita a descreer para volver a ver, ignorar para verdaderamente conocer. Y desde aquí, todo lo que ya sabemos se va volviendo útil y se pone al servicio.

 

José Olives Puig

Cardedeu, 17.04.19

 

 

Origen de actuales banderas hispanas

Origen de actuales banderas hispanas

He aquí mi síntesis de la mutación emblemática que precede a las dos banderas que hoy más se usan en nuestros lares. Todo tiene su origen en los palos de gules  en campo de oro que marcan -en número variable- el escudo de los reyes de Aragón, quienes a partir de Alfonso II el Casto (1162) serán a la vez condes de Barcelona. Y se dice que fue su hijo, Pedro el Católico, quien recibió del papa Inocencio III semejante blasón con los colores pontificios, como señal de haberle sido infeudado el reino.

Al llegar la Edad de la Revolución los palos verticales del referido escudo decaen en sentido horizontal. Probablemente porque las banderas modernas proceden de las que se usaban en las embarcaciones de la armada, la cual, por lo que se refiere a España, tiene los inicios en la flota mediterránea del reino de Aragón.

La caída de la vertical a la horizontal es significativa: marca gráficamente a finales del Antiguo Régimen la aparición del Estado territorial; que es el Estado en el sentido moderno, nacional y constitucional.

Ese proceso de evolución emblemática refleja pues el intríngulis de la Revolución moderna -tema ése que aquí sólo podemos aludir. Y, entre otras muchas cosas, pone de manifiesto que las banderas de España y Cataluña, cada una en su rango, son aspectos o variantes de una misma cosa, de un mismo ser -de un mismo impulso- histórico, que curiosamente fluye a la España moderna desde ese reino de Aragón, hoy casi relegado al olvido.

 

Ampliar la política: mi reciente propuesta en diari Ara

Ampliar la política: mi reciente propuesta en diari Ara

Ampliar la política

Josep Olives Puig (article publicat al diari Ara 30.03.15)

 

Per entendre el que està passant al món i a casa nostra, jo trobo insuficient la política tal com la tenim plantejada. Convé, al meu entendre una ampliació del seu marc de referència. Perque no només hi sont rellevants les qüestions “polítiques” que avui tenim com objecte d’opinió i debat en els mitjans i parlaments.

Hi ha tota una altra esfera de reflexió i acció “polítiques”, que és la persona humana mateixa. A simple vista podem constatar que aquest és un terreny a ordenar, que està políticament verge. La persona, el ciutadà, és avui lo que falta per posar en solfa i saber governar. És lo que està fallant en tots els problemes que se’ns plantejen.

Aquesta desatenció a la “política de la persona” contrasta amb l’extraordinària sofisticació dels mitjans d’organització, govern i gestió que hem sabut crear a les societats modernes democràtiques. D’això ja prou que en tenim i en sabem. Ho hem estat desenvolupant al llarg dels últims segles mitjançant l’enginyeria político-administrativa que comportava el procés revolucionari modern. Ho hem exportat a tots els paisos del món, organitzant més o menys el conjunt com una societat de nacions feta a imatge de nosaltres, i ho seguim exportant arreu amb la nostra gent experta. També hem inculcat aquest tipus de coneixement polític a la ampla classe mitja generada precisament amb aquest mateix procés d’enginyeria social. Això ha fet la cultura “política” avui generalitzada, i de tot això ja en sabem molt entre tots.

Però tota aquesta competència en matèria “política” sembla també que resulta insuficient, perque no genera a nivell local ni global la pau i l’harmonia que els ciutadans normalment desitjem com el primer resultat de la comprensió i l’acció política. Falla evidentment el factor humà, i això és un comentari habitual, que moltes vegades posa el punt final a aquest tipus de reflexions, tot acompanyant-lo d’una expressió beatament conformista. I és aquí on vé la meva proposta: la d’ampliar la teoria i la praxis polítiques al factor humà. Incloure’l a la reflexió i a la possibilitat de ser ordenat, de fer-li recuperar la pau i la satisfacció que necessita per a poder viure i no només sobreviure. Tot això l’enginyeria política del creixement econòmic no ho aporta. Ho podem ja reconèixer d’una vegada sense problema, nosaltres, gent del segle XXI, encetant el III mil·lenni, agobiats de tanta riquesa i tanta misèria conjuntades i mal repartides, afligits de tant progrés i retrocés a la vegada.

Cal doncs incloure la persona humana a l’àmbit de la reflexió política. I si som capaços d’acceptar sense escandalitzar-nos aquesta idea aparentment ingènua, veurem que efectivament la persona humana és un factor-clau a la política. És més, aprofundint la comprensió de la realitat de les coses, arribarem a poder reconèixer que la persona humana és el centre mateix de la política. I donarem la raó a Plató i als antics savis, quan afirmen que l’home és la primera i més bonica ciutat a ser ordenada i gaudida, model i arquetip de totes les altres que puguem construir.

Seguint aquesta reflexió, veiem llavors que l’ampliació de l’esfera política a la persona humana comporta inmediatament una altra ampliació que li és simètrica: l’ampliació del concepte de persona. Una ampliació, que la re-situa -que ens re-situa a cadascú de nosaltres- més enllà dels límits individualistes (abstractes) que la ideologia moderna ha conferit a la persona al llarg dels últims segles.

La persona, cadascú de nosaltres, som efectivament una petita “ciutat”, una petita “comunitat política”, una “micròpolis”. Perque dés que vam néixer estem interaccionant amb els altres, sense els quals ni tant sols existiriem. Els portem a dintre (a la ment i als genes), àdhuc quan ja no estàn entre nosaltres, o viuen lluny. Formen part constant de les nostres consideracions, dels anhels i les expectatives. En suma: no som res sense el proïsme. La persona humana és una realitat vivent, interactiva, simultàniament individual i col·lectiva. Només amb això ja intuim que l’amor, i no l’enginyeria social, s’anirà resituant al centre de la política. Vàlga’m Déu! Que ningú s’espanti! Ho afirmen Plató i els més savis.

Heus aquí doncs la doble ampliació de la política que aquí proposo: ampliar-ne l’àmbit a la persona humana. I ampliar la idea de nosaltres mateixos més enllà de l’individualisme i el consegüent egoisme. Per aquest camí hi ha molt a fer i a descobrir. És l’assignatura pendent dels nostres dies.