Basta de manipulación por el pánico!

A los capaces de comprender qué cosa es la verdadera salud conviene animar a comprender que la situación actual del mundo es una gran ocasión para conseguir dicha salud auténtica, en toda profundidad y verdad. El cosmos en nuestros días nos está apretando con fuertes dolores que generan stress, miedo y enfermedad a la población. Comprender lo que está pasando es un gran primer paso en el camino de la sanación. Hay muchos aspectos aparentes, pero todos coinciden en la idea de un parto cósmico, individual y colectivo, con el que se nos invita a renacer, cambiando de raíz el punto de vista sobre nosotros mismos, el mundo y la vida: un cambio radical de conciencia, una metanoia, que vienen propugnando desde la Antiguedad más remota todos los más sabios de Oriente y Occidente, desde las estepas de Tartaria hasta las tierras calientes del Sur.

Lo primero es desarticular el terror, y quiero referirme a una de sus formas más engañosas que en estos días parece tener mucho éxito. Denunciarlo es también ir desactivándolo.

Basta, pues con el abuso perpetrado por el lobby científico-laboratorio-mediático que genera esa oleada de pánico con el virus de marras, con toda la liturgia paranoica que genera! No digo que no haya enfermedad y que no deba paliarse con los medios materiales de que se disponga. Pero otra cosa es colapsar el funcionamiento mismo de los medios de curación generando la ola de pánico, abusando del poder comunicativo y exacerbando todavía más la fragilidad y el miedo que el Estado, llamado de Bienestar, viene provocando desde hace décadas como resultado colateral de su pringosa y errónea concepción de la salud.

Semejante forma solapada de terrorismo se realiza con la connivencia casi automática de la clase política: una red de grupos oligárquicos de distinto color que, con su simulada pelea por el poder miserable, mantienen distraída a la población de manera casi permanente. Estos grupos manipulan la política, la desfiguran, camuflándose en partidos políticos y en las instituciones y cargos públicos, para influir en la población en interés propio (individual y de grupo) totalmente olvidados del bien común, que es el Bien del Alma Humana, tal como lo afirman nuestros clásicos desde la Antiguedad más remota.

Hay una galaxia de voces autorizadas (médicos, prohombres públicos e investigadores)-remito simplemente a lo que aportan la reciente entrevista a Sucharit Bhakdi, y el artículo de Javier Aymat, La Histeria Interminable– que por ser críticas con el desmán, poco trascienden a los medios), digo gente con conocimientos científicos y experiencia  en la responsabilidad pública, que critican ese tipo de manipulación mediática que se está haciendo. Ellos aportan datos comparativos con los años anteriores,junto con las gripes y pandemias precedentes, demostrando que la presente -tan cacareada- arroja incluso menos contagios y defunciones que las anteriores, las cuales transcurrieron sin el sobre-añadido de la alarma global y las medidas preventivas de confinamiento y colapso.

Todo eso no es decir que no pasa nada. Volvemos al inicio: estamos en una crisis mundial importante donde van cayendo las viejas estructuras (tanto externas como mentales) para acceder a un punto de vista nuevo sobro nosotros mismos el mundo y la vida, más acorde con lo real y la verdad. Hay muerte, sí! Afecta principalmente a los viejos, claro! Las formas de vida urbanas actuales debilitan a la población y la vuelven proclive a enfermar, cierto! Pero todo eso no es para exacerbar el miedo con añadidos fantasmagórico-infantiles. Antes es para reflexionar como adultos, serena, humilde y pacientemente, considerando cada uno como aprovecha esos dolores de parto que le vienen regalados (cada uno según las necesidades particulares de su evolución liberadora), y como a partir de ello puede ayudar al prójimo.

Recuérdese el célebre aviso de las azafatas al iniciar el vuelo”Colóquese primero cada uno la mascarilla de oxígeno, antes de ayudar a que los demás se la pongan”. Aquí el oxígeno se refiere a la comprensión y a la Verdad. Ese tipo de mascarilla es simbólica: nada que ver con el actual tinglado comercial de morriones.

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