Del Árbol de la Vida al esquema corporal

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El Arte de la Energía integra al TaiChiKung  importantes conocimientos y métodos de la Kabbalah, que es la tradición sagrada ancestral común a las culturas hebrea, cristiana y musulmana. Coincide plenamente con los contenidos de las tradiciones del ExtremOriente y es para nosotros una manera más directa y accesible de acceder a ellos en muchos casos. Hay una Tradición Primordial de la Humanidad, que descubrimos a través de disciplinas “transversales-no-religiosas” como el TaiChiKung, vinculadas originariamente a ese legado ancestral que hoy llamamos vulgarmente “chamanismo”. Es sabido que tradicionalmente el TaiChiKung ha sido practicado y enseñado por maestros taoistas, budistas, confucianos, musulmanes y otros muchos que hoy no sabemos, ya que el Asia es un gran crisol de intercambios y culturas, y tanto los hebreos como los cristianos tuvieron en la China comunidades desde época remota. Accedemos, por lo tanto, a la enseñanza y sus contenidos por donde nos resulta más cómodo y directo.

En este caso aprendemos a reconocer en nuestro cuerpo sutil (que es el cuerpo tal como lo sentimos) las energías vibratorias de los Diez Esplendores (en hebreo, “sefiroth”), que son los frutos del Árbol de la Vida. Ese árbol cósmico en el que aprendemos a reconocernos a través de nuestro cuerpo físico-mortal. Tales frutas salen en los cuentos y los mitos bajo el aspecto de manzanas de oro, que significa de luz, para poder alimentarnos de ellas interiormente.

A ese tipo de alimentación se refiere la palabra misma “kabbalah”, que en hebreo significa “recepción” (de luz, de comprensión, de bondad, de energía curativa, revelación, amor, unidad y tantas otras cosas venidas del Cielo). Con las prácticas y movimientos de la gimnasia sagrada, que es el TaiChiKung Arte de la Energía, activamos, dinamizamos y compartimos el alimento de tales frutas energéticas, que vibran en nuestro cuerpo, aún sin saberlo.

Para facilitarlo practicamos las incantaciones (o mantras) que son formas de hacer vibrar con la voz las células y tejidos de las distintas partes del cuerpo. Ese tipo de prácticas es común a todas las tradiciones espirituales de la humanidad…Usamos las “palabras sagradas” ancestrales y “reveladas”, porque son las más acordes con las cadencias vibratorias más auténticas y efectivas. En este caso las tomamos de la lengua hebrea, que es el lenguaje original de la Biblia, el más sagrado de los libros para los pueblos de origen judeocristiano, y patrón de los principales desarrollos artísticos y culturales de nuestra civilización de Occidente. Sobre la lengua “hebrea” hay mucho que decir, y de ello hablaremos en una próxima entrada, al compás de las necesidades que vayan surgiendo de las prácticas en curso.

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