Quién soy Yo?

El dibujo ya dice mucho. La frase dice más.

El camino del Conocimiento (conocimiento de Sí Mismo) es la vía de los Misterios. Son tan grandes las sorpresas y los descubrimientos, que revolucionan todos los esquemas, pautas y nociones adquiridos. Incluso las concepciones que dábamos por sentadas y creíamos “espirituales”.

El principal Misterio es la Unidad…cuando no hay Dos…ni Yo ni el Otro, o bien Yo soy Tu y Tu eres Yo. Pero eso, no basta con con comprenderlo cerebralmente. Asumir la Identidad Verdadera es la máxima revolución: reconocer un nuevo cuerpo, sentirlo, abrazarlo, quererlo en todas sus partes y campos energéticos. Eso (Ese, Esa) está siendo siempre Aquí y Ahora.

El obstáculo en ese camino son las partes de nosotros que no nos gustan: las relegamos al infierno, a lo inconsciente, a lo feo y rechazado en la profunda caverna del “corazón”. El obstáculo, esa esfinge, ese monstruo que no nos gusta, en realidad nos interpela (como a Edipo, cuando quiere penetrar en Tebas, la Ciudad Sagrada). La respuesta es el amoroso reconocimiento, ya que la fiera es la otra parte de mí que pide ser integrada. En ella Dios me acecha y me guiña el ojo, más allá de la perplejidad y los dolores, como el Gran Amigo.

El Amor es siempre con Sígo Mismo, porque en realidad no hay otro. Los grandes maestros Dante-Virgilio-Eneas (Orfeo, Platón y tutti quanti de la Antigüedad Entera) nos enseñan cómo proceder por el camino de la Caverna, al Inframundo Subterráneo, a través de la Noche y las sombras. Para recuperar el Gran Misterio, Nuestro “Padre” (o “Madre”) perdido, quién no ha dejado de querernos y siempre nos aguarda para seguirnos engendrando más y más conscientemente…Pero en el Amor tan grande que nos une, siempre volvemos a la pregunta que nos salva de la ilusión dualista: Quién Soy Yo? El Verdadero Amor no existe sin la comprensión, sin el Conocimiento. ¿Quién soy Yo?…o simplemente ¿Quién?

Esa última pregunta (en lengua hebrea ¿Mi?) concentra y resume toda la cábala. Otro gran maestro que siempre nos guía, Moisés, al formularla en el monte Horeb, recibe la respuesta: Yo soy el que Es (Ehyeh asher ehyeh). La imagen que acompaña estas palabras sagradas (ese mantra) es la de una Zarza Ardiendo.

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