Simbología del Belén, o Pesebre, para celebrar la Pascua de Navidad renaciendo

Trovado por José Olives Puig

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Sabido es que la simbología es la clave para comprender y encarnar en uno mismo el sentido verdadero de las tradiciones religiosas. Superamos entonces la visión infantil, insuficiente, y conectamos directamente con nuestro ser auténtico, con la energía y el potencial ilimitado que llevamos dentro de nosotros, para el bien propio, la curación de nosotros y los demás.

Yendo pues directamente al sentido espiritual de la Natividad, ahora nos preguntamos: ¿podemos realmente renacer? ¿Es posible cantar con el salmista un “cántico nuevo”? …dejar del todo los viejos esquemas? …una visión del mundo y de nosotros, que a pesar de su oficialidad y cientificidad, está totalmente equivocada? Podemos salir de la ciudad cautiva, donde vivimos como esclavos, impotentes, temerosos, críticos, rebeldes, fastidiados? Podemos dejar de deambular por el mundo inhóspito y “volver a casa”, encontrar nuestra propia cueva para nacer?

La simbología (inagotable) del Belén, y la liturgia de la Navidad, que es su contexto y complemento, nos enseñan una manera directa de hacerlo… o de dejar que se haga en uno, ya que se trata de un nacimiento prodigioso. Para nosotros, seres humanos ya nacidos, se trata verdaderamente de renacer.

La simbología (el lenguaje analógico) se expresa, como sabemos, con el triple dispositivo, que son los símbolos propiamente dichos, los mitos (la historia sagrada) y los ritos (en nuestro caso, el Belén, o Pesebre, y la liturgia de Navidad). Ese tipo de lenguaje, común a todas las tradiciones sagradas de la humanidad, está hecho de arquetipos, “ideas/energía” de tipo platónico. No es convencional, no es inventado por el hombre: Refleja la estructura interna del cosmos y de nosotros mismo, las leyes de la naturaleza, dinámicas, transformadoras.

Empezaremos pues por recordar los símbolos archiconocidos, pero sólo superficialmente considerados hasta hoy: el Niño, la Estrella, la Virgen, San José, el Espíritu (el hálito divino o respiración cósmica), la cueva (o caverna), el pesebre (lugar de comer), la dorada paja, el buey y la mula (o burro), los ángeles, los pastores, el cordero, los reyes, el oro, el incienso, la mirra… Y tantas cosas más que, teniendo las claves, van a desencadenar en cada uno el flujo interno de la energía, potente, creador, comprendiendo y vivenciando el proceso en uno mismo. Se trata de una Pascua, que significa un pasaje, comparable al que hacemos a través del sangriento útero cuando venimos a este mundo. Dolor y amor. Muerte y resurrección. …Aparque la mente lógico-científica su habitual soberbia, porque, señores, estamos entrando ya en el antro sagrado. Hay que descalzarse, porque aquí se revelan los misterios y entramos en contacto directo con nuestro Ser, con la Deidad. Y vamos a hacerlo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen.

En Cardedeu, a 13 de Diciembre de 2011

(continuará)

 

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A mí lo que más me sorprende de la Natividad del Señor –viéndola directamente en mi mismo, mediante el simbolismo- es que lo No-Nacido (Dios) pueda “nacer” en la Caverna de mi corazón. Ya que de eso se trata en el prodigioso teatro (auto-sacramental) del belén o pesebre, que construimos y contemplamos en casa durante estos días.

Qué significa “nacer”…en sentido espiritual? …en ese sentido que tanto afirman las escrituras sagradas y los portavoces del Cielo en Oriente y Occidente. Podemos nacer a Algo, que se caracteriza precisamente por el hecho de no haber nunca nacido y estar siempre siendo? …Y no se escandalicen los beatos del sentido literal de las palabras!  Si digo “Algo” para referirme al gran misterio que yo soy, y que todos nosotros somos, no es para despersonalizarlo, antes todo lo contrario. Puedo preguntarlo de otro modo: ¿cómo el Ser, infinito (sin límite alguno), eterno (siempre siendo) se puede hacer Niño (semilla, germen, óvulo, embrión, bebé) para nacer en la humilde caverna de mi interior, de mi mente humana, de mi individualidad histórica concreta?  ¿cómo “nace” en mi “corazón” (en mi mente, en mi pecho, en mi sensibilidad) una conciencia crística, iluminada, búdica, no-dual?

Resuena en el templo una y otra vez la antífona no menos absurda: “De ti nacerá, oh María, el Hijo Eterno de Dios”…y toda la liturgia de estos días gira en torno  de paradojas, de disparates lógicos, que precisamente por serlo tienen tanta miga.  Si el Hijo es eterno, esto significa que está siempre siendo. Que Él es antes de la creación del mundo y de todo cuanto hay. Entonces, por qué cantamos que “nacerá”?  Qué pinta aquí ese tiempo futuro del verbo nacer? La tradición popular en Cataluña lo remedia diciendo que “el Nen Jesús neix cada dia”. Eso está bien, y nos lleva directamente más allá de las palabras. Nos sitúa directamente en la auténtica metafísica, en ese estado contemplativo donde los verdaderos significados son reconocidos y encarnados.

Me digo pues con San Anselmo: credo quia absurdum!  Aunque a mi la fe nunca me ha faltado, intuyendo desde siempre –gracias a Dios- el sentido espiritual de las absurdidades y paradojas que nos brindan los símbolos, los mitos y los ritos de la religión y las tradiciones sagradas. El más tonto del pesebre es ese personaje voltairiano, recientemente añadido, que el vulgo venera como “el caganer”, el que se c… en todo eso, porque es incapaz de reconocer lo que está más allá del sentido literal, más allá de la visión infantil de la historia sagrada.

La “visión infantil” del belén es, en ese sentido, la que aquí estamos aprendiendo a trascender. Eso lo hacemos al recibir y comprender las claves interpretativas: el simbolismo, que hace vibrar en nuestro interior todas esas realidades, dimensiones y energías vivientes. Activa la psiqué, nos despierta del sopor, nos conecta con el campo de conciencia que es nuestro Ser verdadero, aquí y ahora, siempre presente.

Lo llamamos Em-manu-el, que significa “Dios en Nosotros”, y no solamente “Dios con nosotros”, tal como a veces lo enseñan algunos, como si de pronto Dios (Jesús) no fuera sino uno más en el colectivo sociológico. Ahora bien, semejante Presencia, no se activa en uno sin recuperar por otra parte una saludable “visión infantil” del belén, que a muchos nos fue transmitida en la primera infancia. Una visión directa, vibrante, altamente emotiva, candorosa, no-crítica, devota.  Sin este tipo de actitud, sanamente “infantil” el belén (el pesebre) no desvela sus misterios. Gaudí la tuvo y explícitamente la plasmó sin ningún tipo de vergüenza en la fachada primera (la fachada NE, llamada del Nacimiento) de la célebre basílica, que le inspiró San José, su patrón, y dedicó a la Sagrada Familia.

Además del Niño, están la Madre (María) y el verdadero Padre, que no es San José, como es bien sabido.

Cardedeu 27.XII.11 día de San Juan Evangelista

(continuará)

2 pensamientos en “Simbología del Belén, o Pesebre, para celebrar la Pascua de Navidad renaciendo

  1. Amb afecte, esteu presents aqui i ara. Des de la caverna montblanquina, compartim el foc sagrat amb vosaltres.
    Mª del Mar i Domi

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