Trabajos Master-UIC con los Diccionarios de Símbolos (VIII)

Beatriz Lucaya.: <En relación con el capítulo VII de La Ciudad Cautiva, <que lleva por título> “La llave y el cetro” he buscado en el Diccionario de símbolos de J. Chevalier el simbolismo de la llave. Es del todo evidente en relación con su doble papel de abertura y de cierre. Es a la vez un papel de iniciación y de discriminación, lo que indica con precisión la atribución de las llaves del Reino de los Cielos a San Pedro. E l poder de las llaves es el que permite unir y desunir, poder efectivamente conferido a san Pedro por Cristo. Este poder está simbolizado en los escudos papales por dos llaves, una de oro,  otra de plata, que fueron precedentemente los emblemas del dios romano Jano. Este doble aspecto del poder corresponde a la autoridad espiritual y a las funciones reales, cuyo fin respectivo es, según Dante, la ascensión al Paraíso celestial y al Paraíso terrenal.

Daniel Huchet. : Sueño una rosa roja se vuelve blanca al caer el rocío de la mañana. El amor como un sacrificio del presente en pos de la pureza del alma del mañana.

Joan Rabal Bosch.: La última búsqueda en el Diccionario de símbolos, he decidido dedicarla al concepto arquitectónico de la torre, muy vinculado con mi trabajo de investigación acerca de los edificios góticos. La idea de la torre nos conduce al relato bíblico acerca de la torre de Babel, construida por los hombres para intentar alcanzar el cielo y superar al propio Dios. En este caso se trata de un símbolo de la soberbia, el orgullo  y la ambición de los hombres que intentan convertirse en dioses a través de la tecnología. La simbología de la torre la encontramos en muchas culturas, no sólo en el cristianismo y simboliza el intento de canalizar el poder divino hacia la tierra.

J.O.P.: Recuerda que todo símbolo, o arquetipo, encierra ambivalencia. No puedes captarlo bien sin ver las dos vertientes… en el caso de la torre, sobre todo tal como ella aparece incorporada al templo cristiano, el simbolismo nos remite a la idea de eje cósmico, de columna uniendo el cielo con la tierra, y convocando a todos a oración mediante el son de las campanas: unificando un espacio visual y acústicamente… Las dos torres formando pareja nos remiten a otro simbolismo ancestral, referente a los límites del mundo creado (el templo), a las “columnas de Hércules”, a las que flanquean la puerta del templo de Salomón, etc. Dualidad que signa todo el dinamismo cósmico, sexuándolo todo: positivo/negativo, masculino/femenino, arriba/abajo, diestra y siniestra. Esto último, por ejemplo, es quizá lo más pertinente a las dos torres de muchos templos cristianos, flanqueando la fachada de poniente, evocando los dos modos principales de la influencia divina: la gracia (la mano derecha para bendecir) y el rigor divino (su mano izquierda para enmendarnos, rectificarnos y transformarnos). Para la tesis te recomiendo, entre muchos otros, El Simbolismo del Templo Cristiano, de Jean Hani (Ed. Olañeta, Palmade Mallorca).

Evaristo Aguado Raigón.:  A lo largo de este curso, he puesto las simientes para el pensamiento reflexivo, la vuelta a los clásicos de la cultura occidental, y he descubierto el mundo oriental. Además me he dado cuenta que las civilizaciones, por muy distintas que parezcan, tienen un tronco común basado en la dignidad del hombre. He logrado quitar muchos prejuicios que tenía con respecto a otras civilizaciones. En definitiva he ganado en mayor amor a la libertad. Por esto he pensado en estos días en los símbolos de esa libertad.

En la Antigua Grecia se solía representar a una mujer muy bella con un gato a sus pies (hay q tener en cuenta que este animal no soporta la más mínima sujeción), también se suele relacionar al viento con este incomparable valor, porque es algo que permanece siempre libre y voluble. Según tengo entendido también simbolizan la libertad la paloma blanca con una ramita en el pico y cadenas rotas; y aquí se une la paz y la libertad. Rompamos las cadenas, sí, pero las verdaderas cadenas, las que nos impiden conocer la verdad y el bien y, por tanto, nos impiden ser libres para elegir el verdadero bien placentero, el que nos produce una felicidad permanente a pesar del dolor y del sufrimiento.

Un símbolo de libertad es la mariposa. ¡Qué bello símbolo!, ella revolotea por donde quiere, se posa en las ramas de las flores, y en las grietas de mi corazón, refrescando al mover sus alas el fuego de pasiones descontroladas que producen sufrimiento. Un corazón con alas es otro símbolo hermoso que representa la libertad. Mi corazón vuela buscando a los seres queridos y los encuentra teniendo una alegría inmensa. Dios, la estatua de la libertad, la paloma alada, la flor en el cañón de un fusil, el círculo con las cuatro líneas (el hippie usado en los 60’s, la V con los dedos y mostrando los otros tres. Hay miles de símbolos de la libertad: cada ciudad y país tiene su héroe libertador y su simbología.

J.O.P.: Bien, pero debemos distinguir entre símbolo y alegoría. Aunque a veces la frontera no es nítida, la alegoría se diferencia del símbolo por su fuerte componente artificial o convencional. La mayoría de veces es un mero signo que nos remite a un concepto (como las señales de tráfico, etc). En las introducciones a los dos Diccionarios de Símbolos por mi recomendados se explica este punto tan importante.

E.A.R.: La verdad es que la libertad que he tratado de simbolizar es la que me hace en cierta manera semejante a Dios.

Y hoy no acaba el estudio de los símbolos; comienza, miro con nuevos ojos e interpreto lo que veo y escucho con el lenguaje de los símbolos. Muchas gracias…

José Mª Xipell.: Para terminar el trabajo de meditación con los símbolos he pensado en contemplar la disertación de Chevalier sobre el signo zodiacal al que pertenezco, y sobre la capital influencia en mi vida: Acuario.

Realmente las aguas tienen muchísimo que ver con mi vida (¿casualidad?); en primer lugar, es el elemento con el que mejor me identifico debido a sus dobles acepciones, como señala Chevalier: el agua puede estar fría y caliente, en calma o enfurecida, tranparente o turbia…siempre implica cambio, movimiento, lucha. En segundo lugar soy un gran amante de los ríos; el mar fascina a todos por su inmensidad, pero el río requiere una contemplación más detallada, constante y concienzuda. Para poder comprenderlo debemos observarlo con detalle, admirar la complejidad que lo estructura desde sus piedras milenarias hasta la fugacidad de sus habitantes…y en medio siempre el agua, abriéndose paso con constancia, transformándolo todo con la vida que concede y con la muerte de su furia en las épocas de lluvia…y yo en medio de esas aguas, pescando, paseando, observándolo todo como un niño pequeño que no se siente nada. Entonces me convierto en agua. En el agua que se enfureció en el gran diluvio. En el agua alegre que serpentea por un riachuelo. En el agua apacible de las marismas. En el agua que en ocasiones se estanca y se pudre. En el agua que da la vida a todas las cosas…y entonces soy feliz…me olvido de aquello que me preocupa y vuelvo repuesto para afrontar mi vida hasta poder disfrutar de nuevo la paz que me transmite el agua, hasta poder volver a ser agua…

Tatiana Cucurull.: Para terminar este trabajo con el Diccionario de símbolos he querido compendiar todos los elementos que he ido trabajando a lo largo de los seminarios. Todos los elementos naturales que he estado meditando –principalmente árboles- tienen un sentido muy real y muy concreto en mi vida: el jardín. Desde que tengo memoria, ese jardín de mi infancia, de mi adolescencia y juventud, ha permanecido invariable, como esperando a que llegase. Mis recuerdos, mi inocencia y mis felicidades tienen como telón de fondo aquellos árboles: el alto ciprés, el viejo olivo, el olor a hierba fresca y recién cortada…todo ese perfecto y sencillo orden se agolpa en mi felicidad; a ese jardín vuelvo cuando estoy desesperanzada, como recuperando el Paraíso perdido, buscando refugio en esta “ciudad natural” tan distinta a la “ciudad” en la que vivimos, contaminada por el odio, por la falta de contemplación y de afecto a los demás…¿Quién no necesita su “isla afortunada”, la paz interior, un lugar de descanso? Yo puedo encontrar todo esto en este pequeño lugar, donde parece que el tiempo no existe, donde los problemas pueden esperar; donde puedo ver la vida de otra forma, donde estoy tranquila y convencida de que todo puede arreglarse, y que vale la pena ser feliz.

 

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