SOBRE EL TRABAJO CON LOS DICCIONARIOS DE SÍMBOLOS (II)

(A los alumnos de Máster de la UIC y otros alumnos y amigos:)

Estos dos diccionarios que hace poco os he presentado como “futuros amigos y compañeros de trabajo”, lo van a ser efectivamente, y lo dicho no es en vano. Yo no contaba con el impedimento de no tenerlos disponibles en la biblioteca… En todo caso, quienes los tenéis ya localizados o, todavía mejor, adquiridos, podéis ir realizando el trabajo.
Estamos aprendiendo el uso de una nueva (vieja) forma de lenguaje -el lenguaje analógico- sin la cual es imposible comprender las cosas que estamos intentando transmitir y compartir. Ese lenguaje, tradicional por excelencia, está presente en todas las “grandes religiones civilizatorias de la humanidad” y es la clave para descubrir el sustrato común de todas ellas (el verdadero contenido espiritual). Sabéis ya que se compone de símbolos, mitos y ritos: vehículos variopintos riquísimos, multifuncionales que, en el contexto académico funcionan simplemente como “iconos intelectuales” para nuestro estudio y meditación. Es en ese sentido que los dos diccionarios (el de Chevalier-Gheerbrant <Herder> y el de Cirlot <Siruela>) son un elemento metodológico de primer orden: nos ayudan a curarnos de la “castración” racionalista y reconectarnos con la “inteligencia del corazón”.
Mi propuesta es:

1) observar cada uno en la lectura-estudio-meditación de La Ciudad Cautiva, en los acontecimientos cotidianos y en los sueños, qué figuras o temas se destacan.

2) Buscar los principales en los diccionarios (el agua, el fuego, la nube, el pájaro, la virgen, la doncella, el rey, la guerra, el sol, la luz, la geometría, etc. etc. etc.), seleccionando bien (uno, dos o tres…).

3) Eso implica desarrollar la habilidad en los “encadenamientos”, parte esencial del método analógico (que el diccionario, con su sistema gráfico de flechitas-“links” ayuda también a aprender). Sin ellos la búsqueda misma es imposible (p. ej.: motocicleta>caballo; coche>carro; ascensor>elevación, escala, ascenso; gobierno, presidente>rey; presidenta, ministra, directora> reina; búfalo>toro, buey; etc.)

4) Apuntar, entre las variopintas descripciones de los autores recogidas en ambos diccionarios, los elementos (ideas, frases, conceptos, imágenes) que más personalmente a uno le “tocan”, “intrigan” y llaman la atención.

5) Unos elementos simbólicos nos llevan a otros: a otras consultas y búsquedas, con lo cual vamos aprendiendo a fluir con un nuevo (viejo) modo de pensamiento valiosísimo, que intuitivamente conocíamos y manejábamos de niños, y que la enseñanza “intelectual” moderna desconoce por ignorancia. De esto seguiremos hablando.

6) apuntar en la “breve nota escrita quincenal” los títulos (o entradas) de los principales items buscados en el diccionario (con algún escuetísimo comentario, si conviene), para poderlos recordar, meditar y comentar, también de palabra.

Buen trabajo o, como dice Mowgli, buena caza!

José Olives
Cardedeu, 10.02.11

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