SOBRE EL VALOR DE LOS DICCIONARIOS (I)

Carta a los alumnos de Master de la UIC

Queridos alumnos,
En cuanto a la dificultad de algunos de vosotros experimentada ante el rico vocabulario de mi libro La Ciuad Cautiva, hay que explicitar ahora un elemento de nuestro método que, sin ser esencial, es académicamente importante. Y tanto más, en el proceso de decadencia que afecta a todo el mundo universitario en general al querer “profesionalizar” a toda costa las distintas carreras, dando al traste con lo que hasta recientemente ha sido la parte esencial: la formación intelectual en el patrimonio humanístico de la tradición europea. Nuestra asignatura se encarga también de eso en parte. Es decir, que comporta un trabajo de ampliación del vocabulario y la cultura intelectual general como aspecto troncal de la formación profesional en el nivel de postgrado. Para ello os recuerdo que en el nivel que estamos trabajando, cada uno debe tener al alcance en la mesa de trabajo los buenos diccionarios de la lengua al uso (para el cast. el Dicc. de la R.Academia, el de Julio Casares y el de María Moliner, llamado “…de uso del castellano”. Los tres cubren aspectos distintos, que podemos comentar el próximo día) y consultarlos cada vez que uno se topa con un término que no comprende, venciendo ipso facto la natural pereza. Sólo así se puede colmar la laguna formativa a la que nos referimos, y subir a otro nivel. No hay que arredrarse en esta tarea, que a primera vista parece pesadísima, porque si lo hacemos en las primeras diez o quince páginas de un libro, veremos que en lo sucesivo la consulta se vuelve mucho más espaciada y cómoda. En todo caso, un universitario a vuestro nivel debe casarse con el diccionario y comprender que la etimología (el significado verdadero y original de las palabras partiendo de las raíces que las conforman) es la parte superior de la filosofía (la forma de pensar creativa y correcta).

Una segunda propuesta, de cara al próximo encuentro, se refiere a la competencia en el uso de la analogía, herramienta indispensable. Para ello debéis “saludar y visitar” a dos “futuros amigos” que aparecen en la bibliografía; los dos principales diccionarios de símbolos que deben manejarse a vuestro nivel actual: son el de Chevalier-Gheerbrant (que hice traducir por mis alumnos, revisé, completé y edité hace años en Herder con un prólogo mío) y el de Juan Eduardo Cirlot. Ambos tienen valiosísimas introducciones al simbolismo (lenguaje analógico), excelente complemento y refuerzo del trabajo que estamos realizando. Respecto al trabajo complementario con ellos propongo de momento lo siguiente, de cara a nuestro próximo encuentro:
1) Mirarlos bien, hojearlos y ver que tipo de cosas se pueden buscar allí. 2) Auscultarse uno mismo en el trabajo de meditación y lectura, reconociendo algún elemento simbólico que se  destaque en el propio trabajo-estudio-vida-sueños. 3) Leer lo que dicen esos diccionarios sobre ello o algún ítem que sea afín (ya que funcionan inmediatamente los encadenamientos y debemos aprender a transitar por ellos sin perdernos). 4) Apuntar lo que a uno le resulta más interesante y significativo, desestimando  lo que no viene al caso. Eso último, resumirlo en una frase al final de la nota de lectura a entregar en el próximo seminario.
Gracias por vuestra atención.
Cordialmente,
José Olives

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