Eugenio Cano: CIVILIDAD Y URBE IDEOPLÁSTICA

Incluyo a continuación la recensión que escribió Eugenio Cano (en la revista Exitbook 07) sobre mi libro La Ciudad Cautiva (ver Miscelánea), de la cual he tenido noticia recientemente. Me parece interesante porque, además de ideas sustanciales, incluye reflexiones desde el punto de vista del arte contemporáneo:

El entendimiento intuitivo, que comprende por medio de una total empatía e identificación espontánea con la cosa comprendida, era considerado en la ciudad antigua indispensable para el conocimiento de la realidad. El símbolo y los entramados cognoscitivos supraconceptuales donde éste gobierna, constituyen el ámbito propio de dicha intelección directa. El pensamiento clásico lo distinguía muy bien del pensamiento racional, en el que reina por derecho el concepto, inserto en la linealidad unívoca del discurso lógico. En el mundo clásico, la intuición no niega la razón; sus campos respectivos de dominio no son incompatibles sino complementarios: discriminativo uno y unitivo el otro; lógico éste y analógico aquél. Mantener viva la sintonización armónica entre estas dos facultades del ser humano para comprender, en la medida de lo posible, los más complejos ámbitos de la realidad, es una tarea en la que el profesor José Olives Puig se desempeña a fondo a lo largo de las páginas de su brillante, culto y, por múltiples razones, paradójico, además de ideológicamente controvertido ensayo. Obra ambiciosa y de largo aliento, tiene como protagonista central, (o tal vez sólo como excusa sobre la que hacer pivotar, articular y organizar un inmenso caudal de variados conocimientos), la historia de la ciudad, convirtiendo a esta última en arquetipo y modelo para una doble operación, que aúna la reflexión especulativa filosófica y la meditación ideoplástica. Este difícil reto es abordado con la ayuda de una metodología de tipo interdisciplinario, que se aplica sobre materiales procedentes de las antiguamente llamadas ciencias del espíritu -desde que en 1883 W. Dilthey las calificara así- y hoy conocidas como ciencias sociales. La proveniencia de las aportaciones que informan el ensayo es múltiple y variada: la historia de la arquitectura y del urbanismo, la filosofía de la historia y la historia de la filosofía, el arte y la estética, las investigaciones y trabajos de campo de la arqueología, la etnografía y la antropología, abriéndose además a una panoplia de fuentes que vierten su caudal desde la psicología, la sociología, la ética, el derecho y la teoría política hasta la historia y la filosofía de las religiones y de la espiritualidad. La compleja orquestación, derivada del hábil manejo de tan variado y heterogéneo aporte documental, es realizada por nuestro autor desde una particular perspectiva humanista, cuyo singular carácter a menudo desborda las limitaciones de orden racional que caracterizan –según opinión generalizada hoy- la disciplina estrictamente filosófica, hacia territorios psíquicos menos acotables dado su carácter eminentemente vivencial, accesibles sólo a la intuición y a la experiencia, y cuyo ámbito sería el propio de una hermenéutica de lo sagrado. La docta claridad y aparente sencillez de su amable prosa sirve al autor para realizar los más sutiles transformismos intelectuales y juegos de máscaras filosóficos, sustentados en un discurso proteico que desarrolla su intención pedagógica en varios planos a la vez, siendo su virtud mayor el logro de una síntesis, sin menoscabo alguno de la inherente complejidad, que permite al autor e invita al lector a destilar utilidades para la vida actual, extraídas de pensamientos olvidados, perdidos o deliberadamente marginados por la modernidad.

En la segunda mitad del pasado siglo distinguía Leonardo Benévolo, desde el prestigio de su magisterio teórico, dos sentidos principales asociados a la idea de ciudad. De una parte, señalaba, el término ciudad indicaría un tipo de organización concentrada e integrada de la sociedad, que comenzó hace 50.000 años en el Cercano Oriente; de otra, dicho término serviría también para designar la escena física urbana, espacial y material de esa misma sociedad. Añade el profesor Olives dos sentidos más a aquellos otros señalados por el arquitecto y destacado historiador italiano: la ciudad considerada como obra de arte en sí misma y la ciudad entendida como símbolo de carácter netamente arquetípico. A la correspondencia bilateral entre la forma física y la organización social trazada por Benévolo añade nuestro autor nuevos términos: valores espirituales y sentido de la belleza, arte y contenidos simbólicos, que aportan un caudal de nuevas interacciones y concomitancias a dicha relación, ampliando enormemente el campo semántico y la complejidad antropológica tenidos en cuenta al abordar en su ensayo la idea de ciudad.

Considerar la ciudad como una obra de arte y de entre todas ellas, tal vez, la más completa creada por la humanidad, no impide que podamos ver su bifronte y ambigua realidad: belleza y miseria, autonomía y dependencia, riqueza y malestar social. Tomada en los orígenes míticos y legendarios como imagen arquetípica del universo y también como modelo del microcosmos humano, la ciudad antigua podía dilatarse y ser expandida simbólicamente en el macrocosmos hasta coincidir con él y reducirse también hasta homologarse analógicamente con el cuerpo y con aspectos psicológicos y espirituales propios de la interioridad del ser humano. Desde el punto de vista del simbolismo, esta flexibilidad geométrica y su correspondiente, por así decir, ductilidad analógica confiere a la ciudad un potencial ideográfico, unas virtualidades cosmogramáticas, que la convierten en apta para varias utilidades: ser interpretada y empleada como esquema ordenador y relacional de contenidos semánticos, o bien entendida como soporte para la simbolización, la reflexión y la memoria, o también utilizada como vehículo plástico para la enseñanza y la difusión de ideas, conceptos todos coincidentes con lo que en la India y en su círculo de influencia se entiende como mandala.

A lo largo de la historia, distintas sociedades proyectarán, sobre la plasticidad de estas cualidades mandálicas, los trazados y planos de muy diversas formas de ciudad, fundamentados simbólicamente en sus correspondientes ideas y teorías sociopolíticas que son aquí cuidadosamente analizadas, unas y otras, por el autor. Olives Puig, interesado en destacar y discernir filosóficamente las controvertidas relaciones entre el poder y la autoridad o la justicia y la ley, y las de éstas con la conformación espacial y material de la ciudad -por mencionar tan sólo algún ejemplo de entre los muchos temas por él tratados- tiende la línea maestra de su ensayo entre dos refutaciones razonadas, cargadas de sugerencias y de potenciales intelectuales generativos: en una de ellas da respuesta al influyente historiador del siglo XIX Fustel de Coulanges y en la otra disiente amistosamente del pensamiento racionalista ilustrado, representado en el laicismo conservador de Hannah Arendt. De Fustel rechaza, entre otras cosas, sus teorías políticas evolucionistas y sus deliberadas mistificaciones eurocentristas, tendentes a justificar la superioridad moral y política de la civilización europea -desde un contexto como el suyo, en pleno s.XIX, de imperialismo colonialista- supuestamente nacida del “milagro griego”. De Arendt, de quien pondera no pocas cosas, critica sin embargo la estrechez del reduccionismo político típico del pensamiento liberal que, al separar la esfera de lo político de las demás actividades humanas, encalla en un dualismo incompetente, incapaz de captar los matices y ambigüedades de las grandes ideas y arquetipos.

La distancia histórica que separa la ciudad antigua imaginada por Fustel, de la ciudad moderna en la que se genera la ideología liberal de la que en parte se nutre la filósofa judeo-alemana, discípula de Heiddeger, de Husserl y de Jaspers es recorrida por medio de una densa narración ensayística. Partiendo de las ideas vertidas -en su muy recomendable obra titulada La idea de ciudad– por el arquitecto polaco J. Rykwert, de quien es manifiesta y explícitamente deudor, el cosmopolita profesor Olives se apoya, para encuadrar la exposición de los temas que jalonan su discurso, en autores capitales para la comprensión de la historia de la ciudad, cuyo pensamiento puede ser considerado a la vez el fruto y el fundamento conceptual de la época en la que viven: Séneca, Dante, Moro o Rousseau por sólo citar alguno.

La finalidad última del ejercicio intelectual realizado en el ensayo consiste en la localización de las raíces, exposición de las ideas y transmisión de las claves, valores y principios que, según el autor, promocionan el establecimiento del bienestar ciudadano y de la felicidad individual del ser humano, concebida ésta como fin supremo. Esta aspiración idealista a la felicidad, de tradición eudaimónica, tiende a hacer compatibles las órbitas de lo espiritual, lo ético y lo material y a coordinar sus diferentes exigencias, tanto en lo que afecta a la individualidad del ser humano como en lo que le constituye y define como ser social y político. A la sintonización precisa de todos estos aspectos, realizada desde un pensamiento muy madurado, dedica el profesor y decano de Humanidades de la Universidad Internacional de Cataluña, Olives Puig, las páginas de este insólito libro, en el que la tersura clásica de su discurso apenas oculta una palpitante vena eternalista y hermetizante, situada entre la reforma metafísica guenoniana de la tradición, el simbolismo perennialista y el gozoso ideal de bienestar cultivado desde una cierta heterodoxia teosófica. Todo ello unificado y armonizado bajo la autoridad humanista del pensamiento clásico, lo que podría parecer una manera de volver a resucitar aquello que Panofsky denominaba, con no poca ironía, la sacrosancta vetustas. Olives rechaza explícitamente, en ese sentido, cualquier tentación nostálgica y afirma su compromiso con la actualidad, que depara, según él, enormes posibilidades creativas y a la que oferta la perentoria sugerencia de relativizar la noción de progreso y dona los sabios consejos contenidos en la estimulante actualización del pensamiento clásico y tradicional en que consiste esta obra, tan singular como difícil de clasificar.

 

 

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