LAS HUMANIDADES VII: La Autoridad entendida como sintonía con la verdad

556864_369603479796049_157195212_n(Krishna en la función de Autoridad espiritual se presenta como el Divino Cochero que guía al Poder temporal, representado por el príncipe Arjuna en el mito del Mahabharata expuesto en la forma del célebre diálogo entre ambos contenido en la Bhagavad-Gità. La imagen, aunque popular y dulzona, dice mucho. Presentamos a continuación un nuevo capítulo de Joaquín Muñoz)

De acuerdo con las especulaciones que compartimos –el viernes pasado- alrededor de la iconografía de las Tres Gracias, podemos concluir que sólo puede enseñar el sabio, aquel que ha adquirido previamente un conocimiento y lo ha hecho suyo; aquel que ha investigado y contemplado; aquel que ha recorrido el camino que va del sombrío mundo de la caverna platónica al hermoso y soleado mundo de la superficie…  No puede por tanto educar, desde el punto de vista clásico-tradicional, aquel que carece de lo que Olives denomina «Autoridad» (Auctoritas).

Define a ésta como “sintonía con la verdad”[1], recordándonos que es más que la mera posesión de la verdad: es la interiorización de ésta, el ajuste vibracional con ella, su encarnación en la propia persona y vida.  La sintonía con la verdad implica acercarse a ella con el intelecto, no sólo con la razón.

De hecho, la contraposición polarizada entre estos dos órganos cognoscitivos[2] suele utilizarse para meditar en torno a la relación analógica que existe entre Autoridad y Potestad, entre contemplación y acción.  Afirma Olives que “el intelecto se halla al lado de la función de autoridad, mientras que la razón, al estar enfocada hacia la comprensión de lo exterior (sea lo sensible, sea lo discursivo), utilizando el análisis separador, el «etiquetaje» conceptual, y vinculada por leyes duales de la lógica, es el instrumento principal de la acción humana. [Por ello] la razón está estrechamente ligada a las cuestiones de poder, a la «política» en sentido corriente, y a la capacidad de organizar lo pragmático [a la Potestas]”[3].

Sin embargo, no debe olvidarse que este dualismo entre Autoridad y potestad, entre intelecto y razón, no es más que un recurso didáctico-especulativo.  Una vez más, Olives propone la complementariedad frente a la dualidad: “Autoridad tiene quien conoce la naturaleza y las leyes que afectan una cosa o un proceso.  La autoridad legitima el ejercicio de cualquier actividad y es condición de su eficacia”[4], es una condición previa necesaria para que la acción (el hacer propio de la Potestas) esté encaminado hacia el éxito.

Para profundizar en la relación entre estas dos facultades y funciones, nos remite a la analogía desarrollada por Coomaraswamy[5] en torno al simbolismo de la relación entre Atena y Hefesto: “Este último es el divino artesano, forjador de todas las armas de los dioses olímpicos y prototipo del artífice, el técnico, el especialista, el «hombre procedimental».  Es, sin embargo, cojo: no le funciona una pierna.  Su hermana, «la de ojos garzos», diosa de la visión arquetípica, nacida de la mente divina, es la que concibe y dicta las ideas que el herrero cojo plasmará en la materia con pragmática eficacia. (…)  Ella es autoridad para su hermano Hefesto, quien ejecuta, y quien por sí solo, faltado de inspiración y guía, no podría hacer nada eficaz ni valioso[6].

Una enseñanza similar –y con una imagen, en mi opinión, más sugerente- es la que se transmite en una antigua fábula china, “El ciego y el cojo”, normalmente atribuida a Huai Nan Zi en la que se narra como dos hombres, de por sí desvalidos (un ciego y un cojo), deciden unir sus facultades para iniciar el camino de un largo viaje que les salvará la vida, alejándoles de los feroces enemigos que están conquistando su reino.  Por separado, ninguno de los dos habría podido alcanzar su destino…  Pero, al colaborar, sus aptitudes de complementan y sus carencias o defectos quedan superados por la aportación del otro.

El intelecto dispone de la capacidad de “ver” y, por tanto, está facultado para guiar: está dotado de autoridad…  Pero es cojo, es estático, carece de arte, de “saber hacer”.  En cambio, la razón tiende a avanzar por el camino, puede dar muchos pasos, es tremendamente activa pero está ciega, desconoce a dónde ir: así es el poder.  Intelecto y razón, por sí solos, son insuficientes pero, cuando colaboran, cuando ocupa cada uno su lugar, cuando Autoridad y potestad conviven en armonía, guiando el uno y ejecutando el otro, entonces –y sólo entonces- posibilitan el auténtico desarrollo del potencial humano a nivel personal y comunitario que da lugar a la eudaimonia.

Pero, insiste Olives, para que el hombre y la sociedad (micro y macrocosmos) funcionen correctamente la relación entre Autoridad y potestad, entre contemplación y acción, debe ser de armonía funcional, no de absoluto sometimiento: “la única fuerza que en realidad incluye la autoridad es (…) la fuerza de la verdad, la fuerza que tiene mostrar una conexión con lo real, con lo objetivo. (…)  La autoridad no exige obediencia, no manda”[7]. Y, aludiendo a Mommsen, sentencia:  “La autoridad es más que consejo y menos que orden: consejo que no es prudente desdeñar”[8] porque ese compromiso con la verdad es una fiel guía hacia la felicidad humana[9].

Recurriendo a la etimología de Autoridad, nuestro autor se reafirma en su tesis: “la palabra auctoritas viene del verbo latino augeo, que significa «guiar», y también «hacer aumentar» o «acrecentar».  En efecto, por su papel de guía el sabio hace aumentar el conocimiento de uno y los demás, haciendo aumentar la riqueza individual y colectivamente en cuanto al goce de la buena vida, la paz y la felicidad”[10].

Sin embargo, es importante recordar que la inversión de lo excelso supone la aparición de lo perverso y que, por tanto, cuando la potestad quiere guiar o la autoridad decide actuar, reinar, transformando la Autoridad en autoritarismo, se están poniendo los pilares del desastre.  A este tipo de inmixión o confusión de funciones es a lo que Olives denomina «la rebelión de los reyes» o «el síndrome absolutista»[11] y considera, a ambos, como el inicio de una etapa de fundamentalismo y violencia[12].

Para evitarlo, propone una visión clásico-tradicional del gobierno en la que se toma, como modelo hermenéutico-simbólico a seguir, el gobierno del universo, ejercido en todo momento por su Autor, y que –como pauta divina- debe ser imitado en el microcosmos que es el ser humano y proyectado hacia la dimensión colectiva que es toda comunidad[13].  Este gobierno, que podemos adjetivar como «natural», fue descrito en los antiguos mitos cosmogónicos para que pudiera ser trascendido, interiorizado y aplicado a cada ser humano, promoviendo así la realización espiritual-personal[14].

La natural relación entre Autoridad y potestad se encuentra inscrita, por tanto, en lo más profundo del universo y de nosotros mismos.  Basta con detenerse un instante y auto-contemplarse: ¿qué es previo, el «hacer» o el meditar, evaluar y decidir «qué hacer»?  Primero decidimos, nos fijamos un objetivo, una meta, guiamos nuestra acción y, sólo después, iniciamos el movimiento y nos planteamos el modo más eficaz de realizarlo.  La mayoría hemos adquirido la experiencia de que actuar sin meditar previamente no suele dar buenos resultados…

Por eso mismo, debería sernos sencillo comprender  -por correspondencia o analogía- que el buen gobierno dependerá de la sumisión del poder temporal a la autoridad espiritual, de la razón al intelecto, de la acción a la contemplación, así como de la consiguiente fluidez y armonía entre ambas funciones[15].

Transmitir estos conocimientos, guiar al hombre hacia la comprensión del mundo que le rodea y de sí mismo, velar por el conocimiento y ordenación de las partes, promover el buen gobierno de uno mismo y de los demás dentro de los condicionamientos de tiempo y lugar en que se encuentren inmersos… Esas son las tareas que corresponden a quienes detentan la Autoridad, auténticos maestros del  humanismo porque –conscientes de que no todos los deseos del hombre traen la felicidad- se preocupan de transmitir la escala de valores que conduce a estados de dicha y plenitud duraderos y provechosos para el prójimo[16].  Ellos son los depositarios de la tradición, de los símbolos, mitos y ritos, de los medios de conocimiento y realización espiritual propios de una civilización, una comunidad o un pueblo[17], que llevan a su destinatario a religarse consigo mismo, con quienes le rodean, con el universo y con su creador al descubrir esas estructuras o ritmos comunes a todo lo creado que hacen posible el conocimiento analógico.

Es esta religación –que nos hace más humanos- lo que nos permite calificar a la hermenéutica simbólica como filosofía mística, así como destacar el valor religioso de las humanidades entendidas en su sentido clásico-tradicional.


[1] Olives:2006, 393

[2] Hemos tratado sobre ellos en el cap. 4.c.iii

[3] Olives:2006, 419

[4] Olives:2006, 393

[5] Cfr. Coomaraswamy:1983, 45-50

[6] Olives:2006, 393-394

[7] Olives:2006, 394

[8] Olives:2006, 398

[9] Cfr. Olives:2006, 417

[10] Olives:2006, 417

[11] Olives:2006, 395

[12] Cfr. Olives:2006, 397

[13] Cfr. Olives:2006, 160

[14] Cfr. Olives:2006, 409

[15] Cfr. Olives:2006, 401

[16] Cfr. Olives:2006, 401-402

[17] Cfr. Olives:2006, 425

Comentarios a La Ciudad Cautiva, cap.VII: La llave y el cetro.

Incluyo a continuación los comentarios de los alumnos de Master (UIC): Ciudad, persona y civilización, en base a la lectura de La Ciudad Cautiva, con las correspondientes respuestas y ampliaciones.

Gemma Alsina.: En este capítulo se nos muestra como la sociedad ha ido degenerando (…)a partir de  la finalización (…) de la cristiandad: se produce un rechazo a la autoridad espiritual dejando de existir la autoridad políticamente reconocida.  La idea de autoridad está ausente en la sociedad y la política actual. Algunos intelectuales del S.XX, entre ellos Arendt (…) tratan la autoridad  como un importante tema de reflexión política entendiendo que la religión es indisociable de la autoridad. (…) La autoridad es una relación de la mente humana con el conocimiento realLa negación de la autoridad es crucial en este cambio que genera el mundo moderno: el plano político institucional (organización) y la mentalidad humana. La mezcla de lo espiritual con lo temporal, la usurpación de las funciones (…), acarrea situaciones políticas de gran peligrosidad.

Las teorías políticas modernas se caracterizan por no reconocer más que el poder, <cuando> la autoridad es necesaria para el buen gobierno.

Entenderla (…) implica reconocer la importancia política y comunitaria de la dimensión interior del hombre, de su naturaleza espiritual. El compromiso con la verdad y la guía hacia la felicidad humana son pues las principales funciones de la autoridad. La pérdida de autoridad ha comportado un anormal desarrollo en los medios de poder generados por la sociedad moderna (informática, militar, científica, etc.): todo ello sin autoridad se halla fuera de control. Para un buen gobierno es indispensable una articulación entre autoridad y poder. Por tanto, la crisis (…) política es a la vez una crisis intrínseca del hombre; este no sabe a qué atenerse, no sabe <distinguir> lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto, no sabe adónde va…

Me ha llamado la atención en este capítulo VII de La Ciudad Cautiva la descripción y el plano de la caverna platónica desde el punto de vista del simbolismo cosmológico. Una vez más, aparece el símil del mandala, <en ese caso> tridimensional, arquetipo de una matriz materna: la caverna figura en los mitos d origen, de renacimiento y de iniciación de numerosos pueblos.

Me interesa principalmente el tema del poder/ autoridad dentro de las organizaciones. La organización es compleja debido a que en ella hay muchas personas, que hacen muchas cosas, que manejan muchos recursos, etc. Lo importante de las organización es la diferenciación existente entre lo que es organización formal de lo que es organización informal. La parte formal podríamos decir que es la parte “visible” de la organización aquella que está perfectamente configurada mediante, organigramas, reglamentos, etc. Mientras que en la parte informal es donde aparecen los valores personales, las buenas intenciones, los comportamientos espontáneos… las organizaciones son comparables con el gobierno de la Ciudad.

MªJosé Díez Chueca.: Este capítulo muestra muy bien la relación entre las dos funciones básicas de la política: la autoridad y el  poder. La autoridad depende de la amplitud de conocimiento y es la condición para la acción buena. La autoridad no exige obediencia, no ejerce el mando, simplemente aconseja al poder temporal, simplemente va guiando al poder porque conoce la naturaleza humana y las condiciones de su felicidad. Me ha parecido muy acertado el paralelismo entre autoridad (simbolizada por la llave) y poder (simbolizado por el cetro) y las dos facultades anímicas: intelecto y razón. El intelecto es la función de la autoridad y la razón está ligada al poder. La razón es necesaria para la acción pero está ciega ante las necesidades espirituales. El buen gobierno depende de la sumisión del poder temporal a la autoridad espiritual y de la fluidez y armonía entre ambos. El poder ha de estar sometido a la autoridad igual que la razón se ha de someter al entendimiento, manteniendo siempre cierta autonomía. Es motivo de reflexión cómo la autoridad va guiando al poder porque conoce la naturaleza humana y las condiciones para su felicidad. Es contrario a lo que podría pensar el pueblo llano, el vulgo, que la autoridad es quien dicta las órdenes. Los sabios, los sacerdotes, el clero, ejercen  una función de orientación en la política porque tienen las claves espirituales de la felicidad y transmiten los conocimientos del alma humana. Entender la idea de autoridad implica reconocer la dimensión interior del hombre. Para recuperar la autoridad hay que recuperar la dimensión religiosa del hombre y el interés por el conocimiento y la filosofía.

Me parece muy interesante el matiz que se hace sobre el poder, ya que al comentar las teorías del liberalismo se entiende como poder negativo, coercitivo. Pero el poder también tiene algo positivo, un aspecto esencial sin el que las comunidad humana no podría existir: “Este poder emana directamente de la comprensión de las cosas, del mundo, de  uno mismo y de los demás, y se manifiesta con ganas de compartir lo que se ha comprendido, la bondad y el beneficio que reporta el conocer la verdad, así como el afán de ayudar al prójimo haciéndolo partícipe. Sin la experiencia de este poder el hombre no puede ser feliz. [….] Se trata del poder de la gracia, que no exige, no pide nada a cambio pero moviliza y arrastra por su bondad y por el goce que genera y transmite” (LCC, cap.VII).

Sergi Font: He volgut fer una analogia en la creació del so a través del cos per aconseguir la veu i els conceptes d’autoritat i poder. L’autoritat són els pulmons. Ells són els encarregats de portar l’aire, l’energia i de graduar-ne la intensitat. Sense pulmons no hi ha veu. El poder és el coll. El coll a través de la tensió dels plecs vocàlics. A vegades volem crear el so amb el coll. Creiem que forçant més la veu i el coll podrem tenir el mateix so, però no és així. Falta l’energia que ve dels pulmons.

Gemma Alsina.:

Indagant en el llibre de La Ciutat Captiva el pensament polític clàssic-tradicional, he anat descobrint al llarg de la lectura una ciutat que, més enllà d’un espai construït també remet a l’estructura de la ment humana, la convivència i la organització comunitària, on és precisament la política, on apareix com una nova forma de pensar la societat, el cosmos i també nosaltres mateixos. Es dona, llavors, un sentit a la civilització i la cultura, recuperant el pensament arcaic, l’humanisme d’Occident i les filosofies de la cultura oriental, on l’urbanisme i la ciutat es desenvolupen des de l’època remota.

L’ànima s’ha comparat moltes vegades a una ciutat-paradís, que es perd i es recupera. La ciutat ha estat considerada en els seus orígens una imatge de l’home i del cosmos. Els pobles antics, els mayas, els asteques, els egipcis, els sumeris, els xinesos, els hindús, els grecs, els romans  van establir els seus assentaments mitjançant rituals màgics religiosos, que convertien les noves urbs en ciutats sagrades, que connectaven l’humà amb el diví.

Les imatges en el llibre de La Ciutat Captiva són una constant: ens ensenyen a pensar, a actualitzar la memòria  i la manera de filosofar mitjançant la geometria, on les idees  de Plató i Pitàgores cobren protagonisme ajudant d’una manera pràctica a deixar enrere tot allò que ens fa presoners a la “ciutat captiva”.

La ciutat captiva pels ciutadans pot ser una presó o bé un alliberament i un desenvolupament creatiu de l’ésser humà. De nosaltres depèn que la ciutadania pugui ser alliberada i recobri novament la justícia com era abans a la ciutat que encarnava l’ordre, la raó i el ser. Ajudant a recuperar antics conceptes com col·laboració, ajuda i servei als altres, responsabilitat, compromís personal… podrem alliberar-nos de les opressions. La ciutat, o polis, seria una empresa alliberadora de l’home.

A mesura que ens hem anat endinsant al llarg del temps i conseqüentment de la història, hem pogut constatar com les ciutats han crescut d’una forma caòtica sofrint una desvinculació del pensament clàssic-tradicional, canviant, fins i tot, l’essència  de moltes paraules, que han anat perdent el seu significat original.

La ciutat és una manera de pensar el territori, de pensar la comunitat política, la polis, i també de pensar l’ànima humana.

Sergi Font i Domènech.:

“El primer lloc de transformació és a la nostra ànima”(LCC, cap.VII) Ho relaciono molt amb les acampades que hi ha hagut aquests dies i amb la sentència de Sòcrates: que per canviar el món els primers que hem de canviar hem de ser nosaltres. Hem perdut la voluntat de conèixer-nos interiorment; ho volem solucionar amb un coneixement exterior (la imatge)…Recuperar la dimensió religiosa dels homes, o almenys l’interès per a la filosofia.

A la nostra societat sembla que l’autoritat la posem en els mitjans de comunicació com encarregats de “vigilar” al poder? L’autoritat en el nostre Estat la donem al rei? Però no està “fundada” aquesta autoritat? és ell qui hauria de fer de Samuel?

J.O.P.: Els mitjans de comunicació en realitat funcionen com a “quart poder de l’Estat”, més que com autoritat. Estan en relació directa amb els tres poders. Sobre tot amb l’executiu i el legislatiu, que sense ells no poden expressar-se ni exercir la seva influència. Els mitjans son part del poder polític estatal de les nacions contemporànies.

L’autoritat, al no estar institucionalment reconeguda (a part de la que és inherent al parlament i a la judicatura), funciona de manera difosa: apareix en tots aquells moments en que una espurna de saviesa i sentit comú penetra a les ments dels dirigents i torna bones les seves accions polítiques. Qui encarna avui aquesta autoritat? Com sempre, és la tradició i els seus portaveus, però això es produeix de manera “socialment inconscient”, en la vida privada dels individus: a casa, a la societat civil,no en l’escena política oficial, sempre entre bastidors… Funciona, però només per via “underground”. Externament segueixen predicant els portaveus religiosos, els científics, els pensadors, etc.´però cap d’aquests col·lectius és reconegut per l’Estat modern com una autoritat que estigui per sobre de les seves decisions i les seves polítiques. Encara que formalment democràtic, segueix sent un estat absolutista, heredat dels monarqes rebels…

És veritat que la monarquia moderna, o constitucional, conserva algom de l’antiga funció d’autoritat. La prova és que en alguns casos la seva intervenció autoritzada és decisiva: com ho va ser a Espanya davant l’intent de pronunciament militar del 22F… però d’aquí a pensar que un reietó dels moderns pugui tenir l’autoritat espiritual d’un profeta, i que el poble i els dirigents obeeixin les seves inspiracions sense problema, hi ha una llarga distància!

S.F.D.: En la línia de recuperar el coneixement per la nostra dimensió religiosa… hi ha la dimensió interna dels homes, la de l’ànima. També es pot relacionar amb la dimensió energètica dels homes. Una dimensió que no l’estem treballant.

J.O.P.: Efectivament, recuperar l’interès per la vida interior, pel cultiu de la virtut i el desenvolupament de la consciència, significa a la vegada elevar el nostre nivell energètic. No és debades que hem elegit com a títol del blog on estem escrivint “Art de l’Energia”, traduint el terme xinès txikung (chi-kung, o qi-gong).

Evaristo Aguado Raigón.:

A lo largo de estos meses, en algunas ocasiones me he referido a mi gusto por leer autores centroeuropeos del periodo de entreguerras. Ellos recogen por una parte la nostalgia y la inseguridad que sienten por la caída del Imperio Austrohúngaro que acababa con la herencia del Sacro Imperio y donde se habían mezclado culturas, razas y religiones distintas y única a la vez; de otra sienten miedo ante lo que se avecina o ya ha llegado.

Efectivamente, la revolución bolchevique ya había triunfado e incluso Stalin había alcanzado el poder  y el fascismo había llegado al poder en Italia y Alemania. Todos estos autores, muchas veces llenos de amargura, reflejan la sociedad de su época y recogen la forma de pensar y de actuar de Stalin y Hitler primordialmente. Tanto uno como otro siempre hablan de “desafío del poder”,   “la preparación para la lucha por el poder”,  de “la lucha por el poder”, “a las puertas del poder”,  “la conquista del poder”. Yo no había reflexionado en estas frases que los tiranos totalitarios repiten. No había caído en que hablan siempre de poder y nunca de autoridad.

En nuestra Ciudad Cautiva he encontrado la respuesta a mi falta de reflexión. Ellos no ejercieron nunca la autoridad, ostentaron el poder. Jamás tuvieron autoridad porque ejercieron la violencia, jamás ejercieron la verdadera política porque no buscaron el bien común. No utilizaron la fuerza de la verdad. Desplegaron un poder pervertido moralmente. Utilizaron las mejores virtudes de los ciudadanos – fidelidad, obediencia, honorabilidad, honradez,  valentía- para alcanzar su objetivo: el poder sin autoridad. No les interesaban las personas. Se valieron de un principio que sigue imperando en nuestra sociedad “quien manda tiene razón”.

En estos momentos, estoy cansado de los que dicen ejercer la política. Me ha reconfortado el principio de la política, la razón de ser de la misma que se establece en el aparatado “Samuel o la autoridad espiritual” Este principio es la felicidad del hombre. ¡Cuánto ganaríamos si  la autoridad espiritual ayudara a cada uno a encontrar la felicidad conociéndose a sí mismo!

Llevo unos años que, entre otras actividades, realizo coaching con numerosos directivos de empresa. Mi labor es fundamentalmente socrática, hacerles preguntas que les ayude a una mejor comprensión de sí mismo. En muchas ocasiones cuentan complejos problemas y cuando les dices pero tú ¿en qué fundamentas tu vida? … si de verdad sienten el ansía de autoconocerse, surge la apertura del corazón, que los lleva, quizá primero al dolor, pero después a la paz, al bienestar, a la felicidad.

Joan Bahr .: Tal vez ingenuamente he entendido que la separación entre autoridad y poder, tiene su explicación, en el modo más práctico de separar en el hombre, su conexión mundana, de su conexión divina. El dirigente, para ejercer, no debería enajenarse del mundo y de sus comportamientos mundanos. Y no debería hacerlo para estar cerca de su pueblo, comprenderlo, amarlo y ser amado por él. Nuestro monarca, verbigracia, es muy dado a este tipo de comportamientos y querido por su pueblo en general. Al otro lado, la autoridad, si está muy entreverada con el mundo del que tiene que distanciarse para velar por él, carecerá de la claridad que requiere para asesorar providencialmente. He aprendido en este capítulo la sensatez de esta separación para preservar un buen gobierno. Mientras el dirigente, está muy vinculado al mundo por la relación de poder con él, la autoridad se autosatisface en su sabiduría y no precisa de reconocimiento expreso. Luego, mientras el dirigente es corruptible, la autoridad no lo es, por este motivo, la acertada eficiencia de este binomio ancestral en la forma de gobierno.

Catherine Lecuyer.:

¡Qué interesante es meditar sobre la diferencia entre autoridad y poder! Tiene muchas implicaciones en la vida de la política, de la empresa, de la familia y de la persona misma. La crisis de confianza actual a todos estos niveles (incluso a nivel de la propia persona), ¿no es consecuencia de la crisis de la autoridad que es síntoma de haber dejado de “conocer la naturaleza y las leyes que afectan una cosa o un proceso (…), de tener “sintonía con la naturaleza de las cosas, en último término, con la verdad”?

La perdida de la autoridad, conduce a la perdida de la fe humana en quién nos deberían guiar a lo largo de nuestro viaje vital (los padres, los educadores, los jefes, los políticos, etc.). Cuando ocurre la perdida de la fe humana en la autoridad, caemos en un estado de cinismo generalizado.  Todo vale, todo depende, todo es relativo.  Entonces los que mandan pasan al plano del poder y pondrán orden a través de castigos y imposiciones, los cuales acaban generando anticuerpos que tienen el efecto opuesto al deseado.  O bien implementan “incentivos”, que suelen ser insostenibles porque son recompensas que generan comportamientos condicionados, no libres, y crean dependencia hacia las personas, las instituciones o los gobiernos que los promueven.

Si estuviese en la próxima charla, me gustaría sacar el tema de la separación de los poderes temporal y espiritual, y relacionarlo con el tema de la autoridad y del poder.  ¿Es correcto atribuir la autoridad al ámbito espiritual y el poder al ámbito temporal?   No tengo claro si es así, creo que en ambos ámbitos, hay situaciones para ejercer la autoridad y otras para ejercer el poder.  El matiz es que el poder de cada cual no debe nunca exceder su jurisdicción.

J.O.P: correcto! Muy bien explicado. En realidad los dos llamados “poderes”, son la autoridad y el poder. Hablando con propiedad estas son las dos funciones arquetípicas de todo gobierno (coordinación, liderazgo, dirección, etc). Tomamos la autoridad y el poder en el plano empírico de sus manifestaciones concretas, instituídas -por ejemplo el episcopado, el papado, laclerecía cristiana, por  una parte, y los príncipes, magistrados, ediles, próceres de las ciudades reinos y dominios de esa misma cristiandad- entonces veremos que dentro de estos dos tipos de actores concretos, se reflejan también los dos arquetipos principales. De tal modo, que resulta siempre que en el plano material observamos inevitablemente cierta mezcla. Ahora bien: toda la calidad, la eficiencia y la durabilidad de la acción y las obras políticas, depende de este margen de fluctuación entre la función de autoridad y la función de poder. Cuanto más nítidamente discriminadas y diferenciadas están ambas funciones, más fácil resulta su armónica combinación, y más sólido y duradero es el ámbito de civilización (el reino, el imperio, la nación, la organización) que de ellas depende. Juega aquí un principio alquímico, también actuante dentro del matrimonio: cuanto mejor distinguidos y discriminados están los dos polos interactuantes, más energética, vitalizante y luminosa es la chispa (el vínculo) que se genera entre ellos, mejor se combina su interacción creativa.

La reflexión especulativa sobre estos temas tan importantes, actuales y profundos se realiza a la vez en los distintos niveles de la ciudad: la organización sociopolítica, el teatro del mundo, y la economía particular de la persona (microcosmos) que sólo puedo comprender partiendo de mi mismo. Es importante recordarlo, como venimos haciéndolo durante todo el curso, para no limitar el planteamiento a un sólo plano (por ejemplo: el Papado y el Imperio en los tiempos de la cristiandad), porque entonces la verdadera comprensión resulta casi imposible. De un modo particular, en Occidente, la manera dramática como las dos funciones se han confundido y solapado exageradamente en las mismas personas o agentes, dificulta enormemente la visión de los arquetipos en la trama argumental de nuestra historia. En Egipto, en la India, en la China… civilizaciones muchas veces milenarias, la lectura de la trama argumental es mucho más fácil.

Joan Rabal Bosch.: Después de varios meses sumergido en la lectura de La Ciudad cautiva, llegamos al final del libro y del recorrido a través de la historia del pensamiento político. El viaje me ha resultado muy interesante. Me ha servido mucho desde el punto de vista personal para conocer más acerca del pensamiento análógico y para entender que cada uno de nosotros somos una pequeña ciudad que necesita de un correcto gobierno para conseguir el fin último que es la felicidad. A través de los diferentes autores que van apareciendo a lo largo del libro vemos como con el fin de la cristiandad como sistema de organización social Occidente entra en una época de crisis, que degenera en las monarquías absolutistas primero, en las posteriores revoluciones y en los imperialismos del siglo XIX, el nazismo y el comunismo, etc.

Parte del porqué Occidente entra en esta dinámica de crisis y conflicto constante se explica en este último capítulo, cuyo tema es la diferencia entre la autoridad, fundamental para el correcto funcionamiento de cualquier sociedad, y el poder. Este último, que hoy en día se encuentra aislado de la autoridad, es el que genera las tiranías dejando de lado el buen gobierno y el bien común, que debe ser el fin de cualquier sociedad. Pese a este destierro de la autoridad, esta se encuentra de forma más o menos consciente en las pequeñas polis que somos cada uno de nosotros. Nuestro trabajo ahora debe ser, a través de la tradición y mediante la meditación y la profunda reflexión potenciar nuestras virtudes para mejorar nosotros mismos y ayudar a mejorar a los que nos rodean.

Beatriz Lucaya.: El cuento del vestido del emperador ilustra de una manera fácil el tema de la autoridad y su relación con el poder y el como se llega a manipular a las masas. (…) Sobre el tema de que la autoridad no es poder, he reflexionado (…) como profesora: me gano la autoridad y de paso puedo ejercer poder con mis alumnos en mis clases bien dadas y en el ejemplo que les pueda dar. Sólo si ejerzo esa autoridad bien usada puedo ganarme el poder con ellos. Pues si yo me comprometo con la verdad, podré guiar a mis alumnos en hacerles crecer individualmente y formaré a esos futuros dirigentes de esa ciudad que espero que no sea “cautiva” más bien que les de paz.

J.O.P.: Claro, la auténtica política es la que tiene el centro y el origen en el corazón humano: en el de cada uno de nosotros cuando tenemos abierto el “canal de luz” que nos conecta con las luces superiores que fluyen  como lluvia de gracia desde más allá de la “caverna”.

La idea de que este nuevo tipo de Estado, el moderno, surge como forma de rechazo a la autoridad espiritual, nos muestra lo limitado que se queda el hombre  no pudiendo dar un sentido más profundo al verdadero concepto de Estado, lo deja desnudo , como al emperador con su traje nuevo.

J.O.P.: Éste tema, Beatriz, es hoy difícil…sobre todo porque a la mayoría que opina sobre política le falta información para poderlo comprender, y la minoría cultivada (principalmente los especialistas) no quiere ni plantearlo: es una bomba que hace estallar el Estado desde sus fundamentos. La cuestión  más importante, que vosotros sí podéis empezar a captar, es que, previamente a la instauración revolucionaria del Estado moderno, no existe un sólo estado, sinó varios: son los célebres estamentos, correspondientes a las (tres o cuatro) funciones básicas que hemos venido estudiando en nuestra incursión al pensamiento clásico-tradicional y laidea de la “ciudad sagrada” que conlleva.

En efecto, los antiguos estamentos  son en realidad distintos estados (y así se los llama frecuentemente), con leyes distintas y formas de organización distinta, derechos y deberes distintos, etc. Una civilización tradicional (o una ciudad antigua, pueblo tribal, sociedad arcaica o primitiva) es en realidad una forma de articulación inteligente y estable entre los distintos estados. Eso fue en Europa la cristiandad. La rebelión monarquista desfigura el modelo y lo corrompe. La revolución lo destruye e intenta implantar por doquier el Estado único, homogeneizador, autoritario aunque formalmente se quiera demócrata, preñado de luchas internas y externas, ávido de explotación y crecimiento sin límites. Este Estado único se construyó por abolición de los tres restantes, tomando como base el Tercer Estado.

B.L.: ¿Cómo es posible que surja algo bueno de un inicio que ya empieza ausente de lo verdaderamente importante?¿Cómo van los políticos modernos a ejercer la autoridad si la han perdido y ellos mismos han rechazado a la autoridad espiritual?

E n la página 392 de LCC he releído y meditado varias veces el ultimo párrafo “…el paradigma científico del racionalismo liberal comporta el olvido del pensamiento analógico. Entonces cae en la literalidad y se somete a la dictadura de las apariencias…” Es en este momento en que todo depende de cómo uno lo lea y es cuando caemos en el relativismo y subjetivismo que hoy nos tiene cautivos, no vemos más allá de lo literal ya que falta lo espiritual que es la única fuerza de la Verdad.

Francamente acabar su libro me ha dejado dos sensaciones: por un lado, la sensación de haber hecho un largo recorrido a través del tiempo de los verdaderos fundamentos del buen gobierno y por otro lado me he quedado con ganas de seguir. Muchas gracias por haber tenido la oportunidad de aprender , aunque sólo sea un poco , de su gran profundidad en el conocimiento y en el intentar comprender los símbolos y signos de nuestros tiempos.

J.O.P.: Todo este trabajo, para los que tan bien habéis sabido corresponder, no ha sido más que un inicio. Hay que seguir en esta línea (meditación y estudio) partiendo de las enseñanzas del pensamiento clásico-tradicional, que iréis reconociendo por doquier en forma de símbolos, mitos y ritos. El camino está trazado, la baraja en este juego está trucada, el éxito es seguro!!!

Daniel Huchet.: Gracias a la lectura atenta de este capítulo he podido comprender la necesidad de un gobierno que siga el sabio consejo de la autoridad espiritual y que ésta encuentra su fundamento en la historia, en la institución y en la religiosidad. Que la razón de nada sirve si no conecta con el corazón místico de la religiosidad que es la doctrina del Amor, de lo Bello y de lo Bueno.

Quisiera aclarar tantas cosas… Suerte que tenga toda la vida por delante para poder descifrar la simbología del mundo gracias a las nuevas lentes que me he ido confeccionando a lo largo de la asignatura. Lentes de una óptica tan clarificadora que me inducen no sólo a ver allende lo concreto sino que con arreglo a su nitidez consiguen dar luz y forma al movimiento solidario, a la acción que se desencadena por la conexión con el intelecto, por el resorte del corazón.

Todo está en nosotros, el principio y el fin:

“¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!

Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba.”

(San Agustín de Hipona).

El cambio empieza por uno mismo. Todo empieza por uno mismo.

José María Xipell Font.: -Me gustaría hacer una breve consideración –sintética y resumida- sobre el último capítulo, debido a la intención a dar mayor espacio a la meditación del símbolo, y que me parece que es la clave del problema de nuestra ciudad cautiva contemporánea: el problema de la autoridad y todas sus implicaciones, ligadas estrechamente a la Verdad.

La falta de autoridad en base a la verdad ,y pervertida por el ansia de poder de nuestros mandatarios –y por la pasividad y falta de compromiso de nosotros, los ciudadanos- nos ha llevado a ser esclavos de un sistema que se alimenta en su maldad: no sólo no reconocemos una autoridad, si no que no podemos encontrar una ciudad segura y abierta, como la polis celestial de las doce puertas; ya no brilla el fuego en el altar del centro de la ciudad, sino que brilla el interés egoísta de cada individuo; ya no existe el pacto, ni la verdadera solidaridad, ni la dialéctica, sólo el insulto y el desprecio para pasar por encima de nuestros semejantes…nos hemos convertido en una ciudad ególatra, sin proyectos en común y sin un poder que se base en la verdad. Sólo importa uno mismo.

¿Cómo puede la ciudad volver a ser libre? La solución, desde mi punto de vista, pasa por recuperar la verdadera autoridad: no es suficiente una transformación del sector poderoso y dirigente al modo revolucionario, si no que los que debemos cambiar somos los ciudadanos: volver a la solidaridad y al amor, construir un proyecto de ciudad en común para experimentar un proceso de conversión interior, y poder reestructurar la polis, teniendo en cuenta qué queremos y a quién elegimos para comenzar la reconstrucción. Y lo más importante: no nos demos por vencidos, cambiemos a quienes tenemos cerca, influyendo en cada vida y en cada persona, que es como verdaderamente se cambia la Historia.

MªJesús Castel.:   Como ya comenté en el pasado ejercicio, cada vez he ido entendiendo mejor la obra en la que hemos estado trabajando y honestamente he de decir que la lectura de los dos últimos capítulos, capítulo VI (La ciudad utópica) y éste último, me han dado una visión global de todos los contenidos que hemos ido tratando a lo largo del curso. Me ha parecido muy interesante toda la explicación de la relación entre las dos funciones básicas de la política, la autoridad y poder, así como el paralelismo con  las dos facultades anímicas, el intelecto y la razón y los símbolos que las representan, la llave y el cetro. Resulta curioso que la sociedad política del liberalismo rechace por completo la autoridad espiritual pero que sin embargo la sociedad real siga considerado la vida humana inconcebible sin esta autoridad (…). Si la  sociedad de a pie sigue creyendo en la autoridad, sigue ésta en cierta medida influyendo en la vida política y, por tanto, en el Estado. ¿Sigue siendo así en la sociedad del siglo XXI?

Para dar respuesta a la pregunta formulada debemos tener en consideración que el buen gobierno depende de la sumisión del poder temporal a la autoridad espiritual y de la fluidez y armonía entre ambos. Además, tal como se considera en el pensamiento clásico-tradicional, la autoridad es necesaria para que la pequeña ciudad que es la persona sea feliz. Actualmente el poder no está sometido a la autoridad y por lo tanto no tenemos un buen gobierno. Sin embargo, hay personas que se pueden considerar felices por lo tanto sigue habiendo gentes que creemos en la autoridad espiritual y con el tiempo creo que se conseguirá influir en la vida social y política y en el poder.

La Ciudad Cautiva acaba con un párrafo <de Hannah Arendt> que merece un tiempo para reflexionar: “Estamos en peligro de olvidar […] vamos a quedar privados de una dimensión: la dimensión de la profundidad en la existencia humana. Porque recuerdo y profundidad son lo mismo, o mejor dicho: no puede el hombre profundizar sino a través del recuerdo”. Estoy totalmente de acuerdo con esta afirmación, la sociedad actual tiende a rechazar todo lo pasado y a olvidar las tradiciones para ensalzar todo lo nuevo y futuro. Creo que se ha de conseguir un equilibrio: los avances y el bienestar de nuestra sociedad actual se han de valorar pero sin olvidar todo lo que fue.

Respecto al término “tradición”, me ha parecido muy interesante la definción que se hace. Así, si se entiende la tradición como la transmisión de los medios de conocimiento, es inevitable ligar los conceptos autoridad (espiritual), tradición y religión, llegando así a la idea fundacional y la creación de la comunidad humana.

La lectura del libro junto con las extensas explicaciones recibidas en clase y los elaborados comentarios de los compañeros en éste blog me han hecho reflexionar, mostrar interés por el pensamiento clásico-tradicional y cuestionarme aspectos de la sociedad actual que de otro modo quizás no hubieran llamado mi atención. Por todo ello, gracias a todos.

…quiero ampliar a explicación del mito de la Caverna, y las diferencias o similitudes entre las dos formas de representación, la rectangular y la esférica, que se exponen en La ciudad Cautiva; <así mismo>, la relación de los conceptos autoridad, tradición y religión.

Tatiana Cucurull.:

“La función de autoridad en sí misma no ejerce mando alguno, ni violencia, ni tan siquiera tiene que comprometerse con la ganas de influir en la política” (LCC, cap.VII)

La autoridad no debe ser coercitiva sino que, en realidad, la idea de autoridad debería llevarnos a la idea de verdad. La autoridad debe ser objetiva y nunca lleva consigo exigir obediencia pues pasaría a ejercer la función de poder. El hombre, como sujeto libre, puede asentir o rechazar la verdad que conlleva la autoridad: en su mano está someterse o no –concepto que en nuestra sociedad contiene una concepción peyorativa- a la figura de un mandatario que considera verdadero-bueno, a quien queda vinculado en cuanto su deseo de ser un ciudadano feliz.

“La autoridad espiritual propiamente dicha es precisamente aquella función de conocimiento, o mejor, de autoconocimiento, que guía al hombre hacia la comprensión de sí mismo y, por tanto, a la felicidad” (LCC, cap.VII)

Todo hombre tiene la necesidad innata de conocerse a sí mismo. A través del autoconocimiento y de la propia contemplación, que es lo más importante y esencial, podemos acceder a todas las cosas, desde lo más terreno hasta Dios mismo, y encontrar en cada cosa la verdad, en cuya atracción natural se encuentra la verdadera autoridad.

“Un gobierno será legítimo en la medida en que el poder se halle en sintonía con la autoridad” (LCC, cap.VII)

Gobierno y autoridad deberían ir siempre de la mano. El gobierno debe conseguir el bien común de la comunidad -conocer la naturaleza humana y las condiciones de su felicidad-. La autoridad debería ser el ejercicio del poder reconocido y entregado por los propios ciudadanos, algo que dista mucho de ser real en nuestro tiempo, con el ejercicio de una democracia pasiva y deformada: es la única que puede ayudar al gobierno y al ciudadano a lograr su sintonía.

Pablo Díaz Hevia.: He aprendido en este capítulo, así como en todo el libro, la noción verdadera de política. Hoy en día la sociedad vive en la mentira y no en la verdad. La verdadera política consiste en poder gobernarse con eficacia, consiguiendo paz, desarrollando la dimensión espiritual y reconociéndola como clave en el proceso de gobierno interior, en dos palabras, teniendo vida interior. He visto como hoy en día la mentira vive en las personas al obviar totalmente esta dimensión espiritual y por consiguiente vivir en el desgobierno. Sin esa dimensión espiritual la verdadera política es imposible.

He visto también todas las analogías genialmente explicadas entre autoridad y poder. He comprendido como los que hoy se llaman la clase política tienen como fin el poder y no la autoridad. La verdadera autoridad empieza en uno mismo con un gobierno eficaz, luego está la autoridad familiar, luego la espiritual y así progresivamente. El poder ha de estar encuadrado en la autoridad y esta tiene la verdadera fuerza, la de la verdad. La autoridad guía al poder y si no hay una relación clara entre ellos hay corrupción y decadencia. He comprendido como el poder sin autoridad está fuera de control y en el mundo de hoy en día necesitamos recordar para no volver a cometer errores.

El hombre busca casi por instinto la felicidad, y esta sólo se puede conseguir con autoridad espiritual sobre uno mismo. El hombre para ser feliz ha de mirar para adentro, ha de seguir la autoridad espiritual, ha de recuperar la doctrina del amor, del beneficio, de lo más bonito que sale del corazón.