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Nacimiento de Jesús

"Oyeron los pastores a los ángeles cantando la presencia de Cristo encarnado; y corriendo hacia él, como a su pastor, le contemplan como un cordero inmaculado, lactando del pecho de María y le cantan este himno: (etc)"

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“Oh! Gloriós de la Florida Vara,
dau-nos ajut en tot moment”

No olvidemos la Navidad en esta “cuesta de Enero” magnificada hoy por la llamada “crisis”! La liturgia y el calendario tradicional nos ayudan, recordando que el ciclo navideño y la exposición hogareña del Belén duran hasta la fiesta de la Candelaria (2 de Febrero), cuando el Niño ya crecidito es presentado al Templo. Sólo evocando esas cosas divinas ya se despiertan en nuestro interior los arquetipos (energéticos, vivientes) pulsando por ser reconocidos y escuchados: la dinámica interna del ser humano se puede ver como una permanente ebullición en aras de renacer: una “economía de salvación” que ya funciona siempre de por sí cuando nosotros no interferimos oponiendo resistencia. Apostemos, pues, de entrada, por la naturalidad y la espontaneidad de esta dinámica humana interior que llamamos “natividad” (“segundo nacimiento” o renacimiento, rebirthing, etc.). El Pesebre, del cual estamos dando las claves, es un precioso mapa (mándala) utilísimo para esa tarea.

Hoy se nos aparece San José, el “glorioso de la divina vara”, el “carpintero”, el “padre” que no es el verdadero Padre, en suma: el comadrón, el obstetra. Él nos orienta y nos guía en todo este proceso. Se encarga de proteger la gestación de la “Virgen”, de proteger al Nasciturus, y a ambos después de realizado el parto. Él es maestro porque sabe escuchar los consejos del cielo, canalizados por Gabriel, el arcángel. Así Dios salva la “Sagrada Familia” de las dudas del propio José frente al peliagudo tema de la virginidad, la salv de la matanza de Herodes, y la conduce a Egipto (a donde van todos los sabios –Moisés, Orfeo, Pitágoras, Platón, Plutarco- a iniciarse en los divinos misterios. Toda la historia de este nuestro patrón (o guía interno) es muy orientativa…y mágica! hasta la actualidad (véase su presencia y autoría en el patronazgo de Josep Gaudí, y de su reconocida obra barcelonesa, la basílica de la Sagrada Familia, un prodigio de devoción, arquitectura y máketing urbano, de cuyo simbolismo ya he escrito anteriormente.

Hay un aspecto de este santo que repele en general y, particularmente, a la mentalidad moderna. Es por su respeto a la “virginidad de la mujer” (con la que sin embargo se casa). También resulta chocante su famosa castidad, puesta siempre en primera línea por la mentalidad religiosa corriente. Ambas cosas deben ser bien comprendidas desde el enfoque espiritual y simbólico en que aquí nos situamos, donde la sexualidad no se excluye, antes todo lo contrario, tal como lo atestigua la ya comentada presencia de la “mula” (o asno) dando vida y aliento al Niño en el pesebre.

El obstetra tiene una función sacerdotal. No posee a la Virgen en sentido genital. Ella es sólo poseída por el Padre (el macho divino que la fecunda mediante su Espíritu Santo). San José, por lo tanto solamente cuida y protege a la Virgen (que es nuestra alma receptiva y hermosa). Le consigue y adereza el habitáculo prenatal, la “cueva”. La orienta dándole consejo, ideas heredadas de la tradición ancestral que él (como descendiente del rey David, y como maestro de oficio) representa. Además del conocimiento teórico, además de orientarla (léase nuestra alma enterándose de lo que está ocurriendo con todo este proceso, que tiene aspectos traumáticos- aporta el conocimiento práctico sobre la fecundación por el “Espíritu”, es decir: sobre la respiración en sentido profundo, sagrado y trascendente. Ya que todo nacimiento, si lo pensamos bien, tiene el proceso de la respiración como eje y centro. No en vano subrayamos una y otra vez la importancia de conocer y practicar el que hemos optado por llamar Arte de la Energía (del “aliento”, “hálito” o “espíritu”…el arte de sintonizarnos con la “respiración cósmica”) traduciendo a nuestra lengua y comprensión  moderna, los términos chi-kung y/o prana-yama, que son entre los muchos otros existentes, los más relativamente reconocidos en ciertos ambientes de la modernidad.

Los santos, como José “esposo de la Virgen”, están para ser invocados. Lo hacemos con la incantación de  su nombre, repetido con la máxima intención y profundo sentimiento desde nuestro corazón iluminado. Ellos acuden siempre gustosos en ayuda aportando imágenes y/o palabras y/o/ sensaciones en forma de energías y/o “consejos” con la libertad de poder tomarlos en cuenta y seguirlos. Podemos, como hoy se diría, “canalizar” su mensaje, encarnando su presencia. Los santos cristianos -el santoral del calendario- son aspectos o energías de Dios (así como en el budismo se dice que los bodhi-sattvas son los distintos aspectos de Buda). Están de la parte de Dios: eso significa de lo bueno, de lo hermoso, de lo creativo y luminoso. Son, por tanto, parte inextricable de nosotros mismos, de nuestra alma superior, haciendo de intermediarios en este canal de luz, belleza y alegría que somos cada uno de nosotros interiormente conectando lo de arriba con lo de abajo (el Cielo con la Tierra y la Tierra con el Cielo). Las enseñanzas que, siguiendo la tradición, impartimos de una generación a otra, sólo sirven para despertar en nosotros el proceso de la transformación interna, para conectarnos con estas inteligencias energéticas realmente presentes en lo invisible. Entre ellas, San José ocupa un rango destacado junto a la caterva de los que ya en vida realizaron una sólida conexión con lo superior y divino (la Iglesia Triunfante).

Ya podemos ir comprendiedo que el belén o pesebre, como todo dispositivo simbólico vinculado a la religión y a la tradición popular, cumple funciones ambiguas que operan en distintos rangos. Todo depende de nuestra capacidad y nuestra actitud ante el mensaje tradicional que nos presenta. Aquí nos interesa la aplicación directa a la realización en sentido espiritual: la efectividad transformadora de estos simbolismos en la economía interna de cada uno. Las otras significaciones más corrientes y reduccionistas están también presentes, pero debemos aprender a trascenderlas.

El pesebre no es solamente un juego religioso infantil, una escenografía ficticia para mentes retardadas o perezosas. No es solamente un dispositivo sentimental, que hace vibrar buenas emociones. Tampoco es la escenografía –más o menos documentada y aproximada- de un hecho histórico acaecido en la antigua Palestina…Todos estos puntos de vista son reflejos de la verdad que contiene, pero solamente reflejos indirectos, que nos remiten a la verdad interior de nosotros mismos, de las energía vivientes que bullen en el fuero interno y pugnan por armonizarse, gozar y nacer realmente en un plano superior del cosmos y de nosotros mismos. Nuestro punto di vista no niega, antes trasciende y realiza de moso efectivos los contenidos que nos ofrecen la liturgia cristiana y la religiosidad popular. Los contenidos de la tradición religiosa, a pesar de los defectos que puedan acarrear, y de lecturas literales (o materializadas) que siempre los acompañan, deben ser respetadísimos, por el gran papel que tiene en la transmisión a través de las generaciones y los siglos.

Frente al legado tradicional se sitúa la soberbia de la mentalidad moderna (que impregna nuestra educación recibida). Ya nos hemos referido anteriormente a ese tipo de actitud mental representada por el novedoso “caganer” recientemente introducido en el belén… Ahora bien, ya que el simbolismo todo lo integra –y el mandala todo lo contiene- la negación de todo eso debemos aprovecharla para ayudarnos a trascender el sentido literal de las cosas. accediendo a la otra lectura superior (espiritual, simbólica) de este tipo de realidades a las que nos estamos refiriendo. Por la cincidentia oppositorum ocurre que aparentes contradicciones y negatividades tienen también su papel positivo en la evolución de nuestro ser. El pesebre no es lo que parece a primera vista, ni nosotros tampoco.

El pesebre o belén, heredado de San Francisco de Asís y también de los monjes del Templo de Jerusalén, es un genial diseño que ha transitado en el cristianismo popular hasta hoy, para exhibir contenidos de alta significación espiritual (transformadora, alquímica), utilísimos para todos los despiertos con ganas de aprender, practicar y renacer a otro cuerpo y a otra vida. Un “cuerpo de gloria”, “cuerpo de luz”, “cuerpo de Cristo”…Una vida eterna, siempre siendo en el aquí y ahora, en la Presencia (sin pasado ni futuro), expandida, real, viviente, respirante…Mucho más cercano todo ello que nuestra yugular.

El tipo de enseñanzas transmitidas por San José quedan hoy en general para la clerecía cristiana circunscritas a lo que dicen los cuatro evangelios canónicos (que ya es mucho) y a los comentarios de los padres y seguidores. No recogen los “secretos del oficio”, que seguro conocía y enseñaba el Maestro Carpintero. Recordemos simplemente que los “carpinteros” en los contextos de sociedades arcaicas, son los arquitectos o “maestros de azuela” (mestres d’aixa). Sus productos van desde el vaciado de un tronco para hacer una canoa, la construcción de una cabaña, hasta la construcción del Caballo de Troya, el Arca de Noé, el Palacio de David, o el Templo de Salomón, pasando por la de una balsa, un bote, una carabela, o por la admirable arquitectura de troncos, tablones y llatas, que es la suiza o la nórdica, entre muchas otras. Si nos fijamos en todo ese tipo de productos constructivos que se realizan con el hacha de carpintero (la azuela y otras herramientas más sofisticadas) veremos que el objeto es siempre fabricar un contenedor para el cuerpo humano, o para una colectividad de individuos (familia, felgresía, partida, equipo, parroquia, pueblo, grupo, etc). No es de extrañar, pues, que simbólicamente hablando, la “carpintería”sagrada trate precisamente de obtener, vigilar, conservar el claustro materno (útero, vientre, cueva, tumba) donde se produce el nacimiento del ser humano.

Los “secretos del oficio” que el simbolismo de José evoca, se nos hacen presentes en otra clave con el segundo José de la historia sagrada, que es el de Arimatea. Este importante personaje es el que se encarga de comprar la tumba de Jesucristo, es decir, simbólicamente, el claustro materno (excavado en la roca en forma de silo, tal como ha sido documentado arqueológicamente) para el “segundo nacimiento”, simbolizado en este caso por el Sepulcro Vacío, la Resurrección y la Ascensión a los cielos. Juntando el simbolismo de los dos Josés comprendemos que su “oficio” es también la cosmología. Ya que el cosmos es en realidad el útero que debemos aprender a reconocer para el “segundo nacimiento”. Aprender la cosmología es reconocer y vivenciar el modelo del universo, en el cual hemos sido ya dados a luz por el primer nacimiento, y del cual estamos aprendiendo a liberarnos con ayuda del belén que, ni más ni menos, es un cosmograma para el segundo nacimiento. Las diferentes matrices son siempre artefactos para ser trascendidos: para nacer a otra dimensión.  La cosmología (la arquitectura sagrada y la ciencia de los antiguos constructores) nos enseña una nueva manera de ubicarnos con respecto a nosotros mismos, a los demás y al mundo. Una manera que convierte a todo ello en algo inteligible, interesante, energético, lleno de posiblilidades creativas: lleno de amor, en suma. En La ciudad cautiva hallará el lector estudioso abundante referencia a este tema.

Terminamos el capítulo recordando que Joseph, en hebreo significa “añada Dios un nuevo Nacimiento”, tal como lo leemos en el Diccionario de la Biblia de Herder (que escribió habitando en el desván de dicha editorial, el padre capuchino e ilustre hebraísta Serafín de Ausejo). San José es, pues, el obstetra y su arte constructiva lo podemos seguir aprendiendo hoy de las tradiciones sagradas de Oriente (desde los hesicastas del Monte Athos en Tesalia, hasta la obstetricia sagrada del Extremoriente a la que ya nos hemos referido, pasando por el pranayama y los yogas tántricos de Asia) y Occidente (la geometría pitagórica, el platonismo, y la arquitectura simbólica de los “constructores del templo de Jerusalén”).

El respeto que muestra San José ante la Virgen, nos reafirma en la sacralidad y belleza natural de nuestra alma de luz. La proverbial castidad, entendida en sentido superior (más allá de la literalidad, no siempre negativa, con que lo entienden los clérigos cristianos de la modernidad occidental) la entendemos como la no-interferencia de la mente-pensamiento, que obstaculiza, contamina e incluso llega a impedir el acto de renacer en un sentido espiritual. Cuidemos pues de la virginidad de nuestra alma y confiemos en la ayuda que siempre está recibiendo del cielo.

José Olives Puig
Cardedeu, 26 de Enero 2012

3

El nacimiento del Niño Jesús en la cueva de Belén, simbólicamente hablando, se refiere a un nacimiento que se produce en nosotros mismos. Pero “¿cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿Acaso puede entrar de nuevo en el seno de su madre y volver a nacer?” pregunta Nicodemo (Jn 3,4) y nosotros con él. Y al formular ese tipo de preguntas hallamos inmediatamente la respuesta. Se trata obviamente de un segundo nacimiento, un nacimiento en sentido espiritual, que es virtual pero real. El auténtico renacimiento (rebirthing) del ser humano. Lo recomiendan todas las religiones y escuelas de conocimiento desde la más remota antigüedad hasta hoy.

Pues bien, pero…¿qué significa nacer? También esta cuestión, que parece obvia, merece ser meditada. Hay distintos puntos de vista, todos interesantes. Para mí el primero es la idea de pasaje a través del túnel uterino. Un pasaje que nos lleva a otro espacio, otra dimensión de la vida, del mundo y de uno mismo. La Navidad es la primera Pascua (que significa “pasaje”). Ahí está involucrada toda la familia: la “sagrada familia” (el Padre, la Madre, el “padre putativo”, el Espíritu Santo, el buey, la mula, etc), una extensa familia que es la de uno mismo. La que hemos tenido en la tierra la simboliza (más o menos bien), pero la real es la familia interna de nuestros arquetipos y energías vivientes dentro de nosotros, que se suscitan y activan con el relato sagrado, cuando lo escuchamos, leemos y consideramos meditativamente; cuando comprendemos que el Pesebre es una radiografía del interior de nuestra psiqué. Pero recordemos de entrada que se trata de pasar a otro estado: en este caso, un estado fantástico, inconcebible desde los coordenadas de la mente humana! Este renacimiento es el que nos conduce al llamado “reino de los cielos”, “reino de Dios”, y aun con otros nombres, que para muchos ya empiezan ser habituales: “nirvana”, “shunyata”, “wu-chi”,  “campos del elixir” (o “campos elíseos”, “islas afortunadas”, o “de los bienaventurados”) etc.

Aquí, la miríada de denominaciones y simbolismos tradicionales, heredados de aquí y allá, no deben confundirnos. Todo ello se trata de un pasaje al interior más profundo de nosotros mismos, representable como el Centro, o el Corazón. En el Belén se nos aparece como una cueva en la que nace el Niño, el nuevo ser divino que es engendrado en las profundidades de uno, y por eso es llamado también “el Hijo del hombre”… Son tantas cosas las que están involucradas en ello! Solamente unas pocas (aun siendo muchas) quedan reflejadas en las palabras, los relatos, los iconos. El simbolismo es un lenguaje torpe, escueto, insuficiente, para designar el contenido al que nos remite, tan vasto y rico como es este Reino al que estamos invitados. La principal idea del pesebre es, por lo tanto, que el renacimiento es posible en vida para todos nosotros (ya nacidos) y que este pasaje es la tarea principal que nos está encomendada en esta vida. El Evangelio y la predicación de Jesucristo y los apóstoles (junto con los restantes mensajes sagrados de la tradición sagrada universal) son para transmitirnos esta auténtica noticia, esta Buena Nueva.

Cantamos de nueva en la misa perenne (o diaria) que celebramos en nuestro corazón: “De ti nacerá, oh María! El Hijo Eterno de Dios”. Y, por lo escrito anteriormente, ya comprendemos que este pasaje se produce siempre en el Tiempo Presente, aquí y ahora, mediante nuestra Presencia consciente, sintiente y viviente.

Empezando por lo más bajo o terrestre, fijémonos ahora en el buey, en nuestro buey o toro interior, usando del simbolismo. Éste es el animal interno que sabe concentrarse, realizar un trabajo sin distraerse, arando recto, penetrando la “tierra” con las potentes pezuñas o con la reja del arado que él arrastra. Se refiere a nuestra capacidad de concentración, de penetrar en la tierra de nuestro cuerpo y nuestra individualidad (psique, energías y sensaciones internas, etc.) para ahondar en ella y fecundarla dejando que penetre la luz por las brechas y surcos que mentalmente vamos abriendo hacia lo más interior del antro de nosotros mismos. En la leyenda mariana (monte Toro de Menorca, Nuria en Cataluña, etc.), él aparece como el guardián de la montaña/cueva, el que guía hacia la luz que irradia dentro de la caverna/vientre de la Virgen. Sin concentración ni esfuerzo ningún trabajo en sentido espiritual e interno es posible. Hemos de adquirirla con el ejercicio, y tanto más cuanto que las formas educativas oficiales nunca nos la enseñan (sólo enseñan la concentración en objetos externos).

El buey y su contraparte, la mula (que simbólicamente hay que identificar más bien como un asno, o burro) se sitúan junto al recién nacido, calentándolo con su aliento regular y ritmado en la noche más fría de todas las noches (solsticio de invierno). El nacimiento tiene que ver con la respiración (nuestra respiración, prana-yama, chi-kung) y con la presencia de estos “animales” internos. El burro, si lo observamos bien, por su forma, sus costumbres, su rebuzno y sus andanzas en la historia sagrada y otros mitos, representa la energía sexual y el color rojo de la sangre (color que etimológicamente se le relaciona en el bestiario sagrado, tal como Guénon bien lo explica). Todo ello confluye en el corazón. Los dos animales asistiendo al Niño nos evocan los tres elementos clásicos del Arte de la Energía extremoriental, que son los tres aspectos principales del trabajo que nos interesa:  la concentración atenta (shen), la respiración (chi), y la energía sexual (ching). Ninguno de los tres puede faltar en este pasaje que es el nacimiento a un nuevo estado del ser, a un nuevo “cuerpo” (cuerpo de Cristo, cuerpo de gloria, cuerpo inmortal, etc), que poco a poco iremos reconociendo, alimentando, y a la vez “comiendo” para transformarnos totalmente identificados y fundidos con el. En la alquimia interna del taoísmo chino llamamos a este proceso “la endogenia del Inmortal”…o de “lo Inmortal”, ya que por ser Dios en Nosotros (Em-manu-El) es tanto Niño como Niña (Ser total, completo, perfecto, andrógino). Atentos pues a nuestra respiración, a nuestro corazón, estamos activando al buey y la mula que dan calor al Niño, al que prodigiosamente siempre está naciendo, viviente, tan frágil como autosuficiente, “así venido” (Tathágata).

Ahora bien, lo más importante es que este “segundo nacimiento” se produce “desde arriba”. Es milagroso, prodigioso! No es obra humana. No lo engendra San José. Lo engendra el Padre mediante su Espíritu viviente. A éste último lo representamos como una paloma que en la sumidad de la cueva manda luminoso semen fecundante al vientre de la Virgen, sentada a plomo debajo de él, en el centro del antro (si queremos ser fieles al protocolo del pesebre). Porque “quién no naciere de arriba no podrá entrar en el reino de Dios” (Jn 3,3). El Espíritu y la Virgen (Cielo y Tierra) forman tríada con el Hijo que nace. Y no se escandalice nadie por la asimilación de la Virgen a la Tierra, porque en esta divina copulación la tierra es “tierra de luz” y nada tiene que ver con el concepto corriente. Y celebrando el nacimiento (que es a laa vez hierogamia) los ángeles, volando por los alrededores de la cueva, cantan “gloria a Dios en las Alturas y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad”.

La historia sagrada no tiene desperdicio. No hay ni una sola palabra que no merezca meditación, ni una sola imagen o forma que no sea vehículo de la energía, de la luz, del amor del nuevo ser que se engendra y nace dentro de cada uno de nosotros. A la vez debemos familiarizarnos con el lenguaje simbólico, comprendiendo que los mitos, las escenas del calendario en la realidad se solapan unos con otros. Se trata de algo que las distintas formas, imágenes y palabras (los símbolos, mitos y ritos) solo imperfectamente y desde muy lejos pueden aludir. De modo que no debemos sorprendernos cuando de pronto el Nacimiento nos remite a la otra Pascua, que es la de Pasión y Resurrección…O cuando todo ello se produce ya en la Anunciación de Gabriel a María, cuando ella concibe respondiendo al saludo: “He aquí la esclava del Señor: hágase en mi según tu palabra” (Lc 1,38). La transformación de nosotros mediante la alquimia interna se produce en la simultaneidad del eterno presente, donde el antes y el después se hacen actuales aquí y ahora. Casamiento, concepción, nacimiento, pasaje, muerte/resurrección, nuevo cuerpo, nueva vida…nos hallamos en plena intelección, a años luz del racionalismo, funcionando con el “cerebro derecho” (la intuición intelectual pura) y aprendiendo la humildad de “no saber” ante la belleza y grandeza de esa posibilidad real de transformación que late en nosotros y pugna por ser dada a luz.

Trovado por José Olives Puig
En Cardedeu el 21.01.12, día de Santa Inés,
la que acude en ayuda de todos los partos.
(continuará)

Trovado por José Olives Puig

1

Sabido es que la simbología es la clave para comprender y encarnar en uno mismo el sentido verdadero de las tradiciones religiosas. Superamos entonces la visión infantil, insuficiente, y conectamos directamente con nuestro ser auténtico, con la energía y el potencial ilimitado que llevamos dentro de nosotros, para el bien propio, la curación de nosotros y los demás.

Yendo pues directamente al sentido espiritual de la Natividad, ahora nos preguntamos: ¿podemos realmente renacer? ¿Es posible cantar con el salmista un “cántico nuevo”? …dejar del todo los viejos esquemas? …una visión del mundo y de nosotros, que a pesar de su oficialidad y cientificidad, está totalmente equivocada? Podemos salir de la ciudad cautiva, donde vivimos como esclavos, impotentes, temerosos, críticos, rebeldes, fastidiados? Podemos dejar de deambular por el mundo inhóspito y “volver a casa”, encontrar nuestra propia cueva para nacer?

La simbología (inagotable) del Belén, y la liturgia de la Navidad, que es su contexto y complemento, nos enseñan una manera directa de hacerlo… o de dejar que se haga en uno, ya que se trata de un nacimiento prodigioso. Para nosotros, seres humanos ya nacidos, se trata verdaderamente de renacer.

La simbología (el lenguaje analógico) se expresa, como sabemos, con el triple dispositivo, que son los símbolos propiamente dichos, los mitos (la historia sagrada) y los ritos (en nuestro caso, el Belén, o Pesebre, y la liturgia de Navidad). Ese tipo de lenguaje, común a todas las tradiciones sagradas de la humanidad, está hecho de arquetipos, “ideas/energía” de tipo platónico. No es convencional, no es inventado por el hombre: Refleja la estructura interna del cosmos y de nosotros mismo, las leyes de la naturaleza, dinámicas, transformadoras.

Empezaremos pues por recordar los símbolos archiconocidos, pero sólo superficialmente considerados hasta hoy: el Niño, la Estrella, la Virgen, San José, el Espíritu (el hálito divino o respiración cósmica), la cueva (o caverna), el pesebre (lugar de comer), la dorada paja, el buey y la mula (o burro), los ángeles, los pastores, el cordero, los reyes, el oro, el incienso, la mirra… Y tantas cosas más que, teniendo las claves, van a desencadenar en cada uno el flujo interno de la energía, potente, creador, comprendiendo y vivenciando el proceso en uno mismo. Se trata de una Pascua, que significa un pasaje, comparable al que hacemos a través del sangriento útero cuando venimos a este mundo. Dolor y amor. Muerte y resurrección. …Aparque la mente lógico-científica su habitual soberbia, porque, señores, estamos entrando ya en el antro sagrado. Hay que descalzarse, porque aquí se revelan los misterios y entramos en contacto directo con nuestro Ser, con la Deidad. Y vamos a hacerlo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen.

En Cardedeu, a 13 de Diciembre de 2011

(continuará)

 

2

A mí lo que más me sorprende de la Natividad del Señor –viéndola directamente en mi mismo, mediante el simbolismo- es que lo No-Nacido (Dios) pueda “nacer” en la Caverna de mi corazón. Ya que de eso se trata en el prodigioso teatro (auto-sacramental) del belén o pesebre, que construimos y contemplamos en casa durante estos días.

Qué significa “nacer”…en sentido espiritual? …en ese sentido que tanto afirman las escrituras sagradas y los portavoces del Cielo en Oriente y Occidente. Podemos nacer a Algo, que se caracteriza precisamente por el hecho de no haber nunca nacido y estar siempre siendo? …Y no se escandalicen los beatos del sentido literal de las palabras!  Si digo “Algo” para referirme al gran misterio que yo soy, y que todos nosotros somos, no es para despersonalizarlo, antes todo lo contrario. Puedo preguntarlo de otro modo: ¿cómo el Ser, infinito (sin límite alguno), eterno (siempre siendo) se puede hacer Niño (semilla, germen, óvulo, embrión, bebé) para nacer en la humilde caverna de mi interior, de mi mente humana, de mi individualidad histórica concreta?  ¿cómo “nace” en mi “corazón” (en mi mente, en mi pecho, en mi sensibilidad) una conciencia crística, iluminada, búdica, no-dual?

Resuena en el templo una y otra vez la antífona no menos absurda: “De ti nacerá, oh María, el Hijo Eterno de Dios”…y toda la liturgia de estos días gira en torno  de paradojas, de disparates lógicos, que precisamente por serlo tienen tanta miga.  Si el Hijo es eterno, esto significa que está siempre siendo. Que Él es antes de la creación del mundo y de todo cuanto hay. Entonces, por qué cantamos que “nacerá”?  Qué pinta aquí ese tiempo futuro del verbo nacer? La tradición popular en Cataluña lo remedia diciendo que “el Nen Jesús neix cada dia”. Eso está bien, y nos lleva directamente más allá de las palabras. Nos sitúa directamente en la auténtica metafísica, en ese estado contemplativo donde los verdaderos significados son reconocidos y encarnados.

Me digo pues con San Anselmo: credo quia absurdum!  Aunque a mi la fe nunca me ha faltado, intuyendo desde siempre –gracias a Dios- el sentido espiritual de las absurdidades y paradojas que nos brindan los símbolos, los mitos y los ritos de la religión y las tradiciones sagradas. El más tonto del pesebre es ese personaje voltairiano, recientemente añadido, que el vulgo venera como “el caganer”, el que se c… en todo eso, porque es incapaz de reconocer lo que está más allá del sentido literal, más allá de la visión infantil de la historia sagrada.

La “visión infantil” del belén es, en ese sentido, la que aquí estamos aprendiendo a trascender. Eso lo hacemos al recibir y comprender las claves interpretativas: el simbolismo, que hace vibrar en nuestro interior todas esas realidades, dimensiones y energías vivientes. Activa la psiqué, nos despierta del sopor, nos conecta con el campo de conciencia que es nuestro Ser verdadero, aquí y ahora, siempre presente.

Lo llamamos Em-manu-el, que significa “Dios en Nosotros”, y no solamente “Dios con nosotros”, tal como a veces lo enseñan algunos, como si de pronto Dios (Jesús) no fuera sino uno más en el colectivo sociológico. Ahora bien, semejante Presencia, no se activa en uno sin recuperar por otra parte una saludable “visión infantil” del belén, que a muchos nos fue transmitida en la primera infancia. Una visión directa, vibrante, altamente emotiva, candorosa, no-crítica, devota.  Sin este tipo de actitud, sanamente “infantil” el belén (el pesebre) no desvela sus misterios. Gaudí la tuvo y explícitamente la plasmó sin ningún tipo de vergüenza en la fachada primera (la fachada NE, llamada del Nacimiento) de la célebre basílica, que le inspiró San José, su patrón, y dedicó a la Sagrada Familia.

Además del Niño, están la Madre (María) y el verdadero Padre, que no es San José, como es bien sabido.

Cardedeu 27.XII.11 día de San Juan Evangelista

(continuará)

Sugerente foto de la catedral de Lausana, que acaba de mandar Sergi Cera!!!

Me sugiere el título que aquí le he puesto, por el fuerte contenido simbólico. La arquitectura del templo entrevista tras las cortinas es como el orden y la belleza que vislumbramos más allá del Velo de Maya… Trascendiendo la “ilusión de los sentidos” podemos empezar a vivenciar la realidad del mundo como el verdadero templo,  nuestra casa común y primera, natural, proporcionada, significativa, penetrada de la luz/energía que siempre nos da vida e ilumina, desde arriba, desde el Más Allá, de dónde venimos, a donde vamos, en donde somos de verdad. ..

He aquí el primer video de una serie en que ese gigante de la psicología nos habla de la realidad del Mundo Imaginal, y de como es posible la alquimia que consiste en hacer consciente el poso inconsciente y subdesarrollado de nuestra psiqué.

He aquí una foto que hice en el templo/escuela de Shanghai, que estaba en obras. Aparece presidiendo en el patio la estatua de Confucio, este gran sabio (junto a Lao-tse fundador de la civilización china histórica) cuya ciencia (sociopolítica) expresa los mismos  principios y valores que podemos hallar en nuestros clásicos, desde Cicerón y Séneca hasta Stºtomás y Raimundo Lulio (Ramon Llull). Pongo a continuación el hermoso ppt que me ha mandado desde Milán Raimondo Corsi de Turri. Gracias!

Confucius+estampes

Iniciación ArtEn XII.11

Iniciació ArtEn XII.11

Obras recientes en S’Orri

Con la ilusión de aumentar el espacio de acogida para los que queráis compartir con nosotros la experiencia y el gozo de la salud y las enseñanzas tradicionales cerca de la naturaleza en la alta montaña, estamos completando felizmente esta nueva etapa de obras en nuestra casa-refugio. Una etapa consistente en el tejado de la zona del antiguo “badiu”, que continuará en otras obras que ya estamos preparando, a las cuales estáis invitados los que deseéis colaborar en el proyecto.

Terapia Arte de la Energía

Aunque el Arte de la Energía (chikung, tai.chí, kung.fu, etc) es más conocido como un tipo de enseñanza que se imparte de maestro a discípulo mediante clases, cursos, talleres, etc., también se aplica tradicionalmente a la terapia individual en consulta privada, a fin de resolver problemas corporales (dolores, contracturas, molestias, trastornos, lesiones) emocionales o mentales (stress, insomnio, ansiedad, temor, etc). Por ello, paralelamente a las clases que estamos impartiendo en Cardedeu y la Seu d’Urgell, ofrecemos consultas individuales, que podéis concertar de modo gratuito en las Jornadas de Puertas Abiertas que celebramos próximamente.  Adjuntamos los detalles en los siguientes carteles:

rètol Herbolaris Olives Babler

Olives-Herbes… CAT

Actividades para Otoño

Ofrecemos además de lo ya anunciado en la anterior entrada,

  • nuevas Clases de Meditación a cargo de Lisette en el Espai Vital de Cardedeu los martes de 20, 30 a 21,30 h.  y el miércoles de 9,30 a 10,30 h.
  • terapia individual Arte de la Energía (chikung) en Cardedeu, ampliada con la colaboración de Lisette y algún que otro detalle que encontraréis en los retocados carteles adjuntos.
  • enseñanzas y terapia individual Arte de la Energía (chikung) en la Seu d’Urgell (Lérida), que anunciaremos en breve con más detalle.

Sigue abierta la oferta de intercambio enseñanza/trabajo en S’Orri para los que queráis aumentar el nivel energético  con ocasión de las primeras heladas de Otoño, y alimentaros de la belleza que Venus nos regala en los nuevos colores tostados y dorados que ya iluminan el bosque de conníferas y deleitan los corazones. El tejado está ya casi terminado y estamos con la canalización y aprovechamiento de las aguas pluviales de cara al futuro, con el acicate de la impresionante sequía que afecta esta parte de la montaña en estos momentos. Empezamos a considerar la incorporación de asnos y cabras a nuestro terreno, que a parte la compañía y la hermosura de su presencia, pueden ofrecer -según los entendidos del lugar- el mejor cortafuegos contra los incendios (el primer peligro actual en los alpes pirenaicos poblados de bordas) dada su voracidad sin manías con toda clase de hierbas, incluidos los espinos (els arços), las zarzamoras (les romagueres) y las rosas caninas (les gavarreres).

Olives-Herbolarios CAST

Olives-Herbolaris CAT

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